24193(12-12-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24193  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 98  

Bogotá,  D.C.,  doce de diciembre de dos mil  cinco.   

Decide la Corte si es admisible la demanda de  casación   interpuesta  por  el  defensor  de  Miguel  Rincón  Ramírez, en contra de la sentencia de segunda  instancia  proferida  por el Tribunal superior de Armenia el 1 de junio de 2005,  mediante  la  cual  condenó  al  procesado  a la pena principal de 10 años y 3  meses  de  prisión,  como  cómplice  del  delito de homicidio agravado y porte  ilegal de armas.   

HECHOS  

Así fueron narrados en la providencia que se  impugna:   

                     “El 27 de  febrero  de 2005, minutos después de las ocho y media de la noche, en el Barrio  Villa  Ruby, frente a la casa número 6 de la Tebaida (Quindio), Orlando Antonio  Rave  Taborda,  usando  una  pistola  Walter,  calibre 9 mm., para cuyo porte no  tenía  permiso  de  autoridad  competente,  causó  la  muerte del señor Mario  Serna,  en  cuyo  cuerpo  hicieron  impacto 8 proyectiles. El autor material del  hecho  fue  capturado  y  aceptó  los  cargos  que  la fiscalía le formuló en  audiencia preliminar.”   

                     “En la  investigación  adelantada por la Policía Judicial, se logró establecer que un  individuo  pidió al señor Miguel Rincón Ramírez que consiguiera a la persona  que  daría  muerte  a  Serna.  Rincón  habló con Orlando Antonio y lo puso en  contacto  con  el determinador, para que Rave ejecutara finalmente el homicidio.  Tanto  orlando  como  Rincón  actuaron  porque  se  les  prometió pago por sus  labores delictivas.”   

ACTUACION PROCESAL  

          1.   El   15   de   marzo  de  2005,  fue  capturado    Miguel   Rincón   Ramírez,  quien  preacordó  con  la  fiscalía  que aceptaría cargos como  cómplice  de  la  comisión  de  un  delito  de homicidio agravado por precio y  propiciando   condiciones   de   inferioridad   de   la   víctima  (artículos   103   y   104   numerales   4,  7  y  10  del  código  penal),  y  el  de  porte  ilegal de armas, ofreciendo  suministrar  la  identidad  del  determinador  a  cambio de una reducción de la  mitad de la pena.   

2.  Ante  el  Juez  Promiscuo  Municipal  de  la  Tebaida,  quien actuó con funciones de control de  garantías,   la   fiscalía   le  formuló  la  imputación  que  el  procesado  aceptó.   

         3.   Ante  el  Juzgado  de  conocimiento,  en  diligencia  llevada  a cabo el día 3 de mayo de  2005,   se   verificó  el  preacuerdo  que  los sujetos  procesales ratificaron.   

         

4.  Al realizar la  audiencia  de  individualización  de la pena, atendiendo el preacuerdo entre el  procesado  y  la fiscalía, la disminuyó en sus límites máximos, pero además  consideró  que  en la ejecución de la conducta influyó la extrema pobreza del  sindicado,  razón  por  la  cual  le  impuso un año y seis meses de prisión y  suspendió  la  ejecución  de la pena, bajo la “medida de aseguramiento” de  presentarse al despacho cuando se requiera.   

          5.  La  Fiscalía  apeló  la sentencia en  relación  con  la pena impuesta, la cual en su criterio fue individualizada con  extrema laxitud.   

          6.  Al  resolver  el  recurso, el Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Armenia modificó la sentencia y le impuso al  procesado,  finalmente, una pena de 10 años y 3 meses de prisión, junto con la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de funciones públicas por el  mismo    lapso,    por   la   comisión   de   los   delitos   que   le   fueron  imputados.   

DEMANDA DE CASACION  

Con fundamento en el artículo 181 de la ley  906  de  2004,  dos  cargos formula el demandante contra la sentencia de segunda  instancia.  En  el  primero, acusa a la sentencia de ser ilegal por contener una  interpretación  errónea  de  una  norma de derecho sustancial, y en el segundo  por  haber  incurrido  el  sentenciador  en  falsos  juicios  de existencia y de  identidad al apreciar la “prueba”.   

Primer        cargo.   

Apoyado  en  la causal primera de casación,  aduce   el   recurrente   que  el  delito  de  homicidio  agravado  (artículo  104  del  código  penal, modificado por el 14 de la ley  890  de  2004),  se  sanciona  con una pena mínima de  prisión  de  33  años  4  meses  y  una máxima de 50 años. Partiendo de esas  cifras,  el  juez,  para  individualizar  la  pena,  ha debido considerar que el  numeral  5  del  artículo  60  del código penal, señala que cuando la pena se  disminuye  en  dos  proporciones, la mayor se aplicará al mínimo y la menor al  máximo.  Por  lo  tanto,  si el artículo 30 del mismo estatuto, dispone que al  cómplice  la  pena  se  le  rebajará  de  una  sexta parte a la mitad, la pena  tendría  que  fijarse  en 16 años 8 meses, que corresponde al mínimo del tipo  penal para el cómplice.   

A juicio del demandante, al fijar la pena, el  Tribunal  se  limitó  a individualizarla entre los extremos punitivos del tipo,  respetando  el  cuarto  mínimo,  pero  considerando  tan  solo  el aporte de la  contribución,  que en su criterio no es un parámetro como tal, para fijarla en  20  años de prisión, a los cuales le sumó 6 meses mas por razón del porte de  armas, para luego si disminuirla en la mitad por el acuerdo.   

Desde  ese  punto  de  vista,  el demandante  considera  que el Tribunal interpretó erróneamente los artículo 30 y 60 de la  ley 599 de 2000.   

Segundo cargo  

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación  el  demandante  acusa a la sentencia de ser ilegal al haber incurrido  el  juzgador en sendos “errores de hecho por falsos juicio de existencia en la  demostración  de  la  prueba indiciaria y de raciocinio en la producción de la  misma prueba indiciaria.”   

Es  imperioso  señalar, dice el demandante,  que  para descartar la circunstancia de pobreza extrema prevista en el artículo  56  del  código  penal,  el  Tribunal  no  solo  dejó  de apreciar pruebas que  acreditan  ese  supuesto,  sino que además incurrió en un falso raciocinio, al  inferir  que  no  existía  relación  entre  la  pobreza  y  la comisión de la  conducta.   

En cuanto al error de existencia, sostiene  que   el   Tribunal  no  le  otorgó  valor  alguno  a  la  entrevista  que  con  intervención  de  la  defensa  sostuvo  el  sindicado  con investigadores de la  Policía  Nacional,  en  la  que  además  de  ofrecer  delatar al determinador,  señaló  que  contribuyó  a  la  ejecución  del  crimen  debido a su precaria  situación  económica, como igual no se consideraron los recibos de servicios y  la  declaración  de la compañera del sindicado, en la que habló de su pobreza  y de sus dificultades.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Primero:  La  Sala  penal  de  la Corte ha  señalado,  en una idea que alcanza con el nuevo sistema procesal penal su mejor  rendimiento,   que  la  casación  es  un  recurso  extraordinario  1,  que no  está  vinculado exclusivamente con la forma, sino con sus fines, por lo cual su  admisibilidad  depende  de  contenidos  formales  y  materiales.  En  efecto, al  respecto se ha expresado lo siguiente:   

“En  conclusión,  de  lo  expuesto  se  advierte  que  la  casación  no es tercera instancia, sino una sede única a la  que   se   accede   a   través   de   un  recurso  extraordinario  2   

y   como   tal  procede,  (i) contra sentencias penales de segunda  instancia  proferidas por los Tribunales superiores de Distrito Judicial, en las  que  se  resuelve  de  fondo el proceso, sea anticipadamente o como culminación  del  juicio  oral,  (ii) por  causales  taxativamente  señaladas  en  la ley, que condicionan al demandante y  limitan  el objeto de estudio que le corresponde hacer al Tribunal de casación,  salvo  cuando  se trate de graves infracciones a garantías fundamentales que la  Corte  advierta  y  esté  en  el  deber de restaurar como medio para lograr los  fines     del     recurso,    (iii)    sin  consideración  al  quantum punitivo del delito por el cual se  procede,  con  lo cual se termina con la distinción entre la casación común y  discrecional,  a  que alude la ley 600 de 2000, y (iv)  mediante  la presentación oportuna de la demanda que  satisfaga  los  requisitos  legales  de  admisibilidad e indique la necesidad de  cumplir  uno  o  mas  de  los  fines  del instituto.3   

          Desde  ese  punto  de vista, con miras a su admisión, el demandante  tiene  el  deber  o  la  carga procesal de elaborar un escrito que bien se puede  denominar   como   de   sustentación   mínima   4,   en  el  cual,  además  de  identificar  los  sujetos  procesales,  sintetizar  los  hechos,  la  actuación  procesal  y  la  sentencia,  se  debe  expresar  el  interés  que  le asiste al  recurrente;            la           causal5  a  cuyo amparo se abordan los  cargos  que  en  forma  precisa,  concreta  y  coherente  se  formulan contra la  sentencia  (principio  de autosuficiencia);  y  las  finalidades  que  se persigue con el recurso (la  teleología  del  recurso),  como paso  previo  para su admisión y posterior sustentación, entendida esta última fase  como  la  posibilidad  de  desarrollar puntual y específicamente los argumentos  consignados en la demanda.   

          Segundo:  De  acuerdo con el artículo 184  de  la ley 906 de 2004, presentada la demanda oportunamente ante el tribunal, le  corresponde  a  la  Corte  resolver  sobre  la admisión de la misma, estando en  posibilidad  de  inadmitirla,  bien sea porque el demandante carece de interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla los cargos de sustentación  o  cuando  de su contexto se advierta que fundadamente  que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de las finalidades del  recurso.   

          Estas  expresiones  y  el  contenido  mismo  del  artículo  citado,  indican  que el recurso sigue siendo esencialmente rogado, vinculado como el que  más  con  el  principio de limitación, como que no en vano el demandante tiene  por  carga  precisar  las  causales  y construir con precisión y coherencia los  cargos,   a  través  de  los  cuales  se  denuncia  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  de  la  decisión  que  se  impugna,  delimitando así el ámbito de  competencia de la Corte.   

          Pero   eso   no  basta,  pues  del  aparte  final  del  texto  legal  mencionado,   se   advierte   que  le  corresponde  al  demandante  indicar  las  finalidades  que  persigue  y de allí que por esta razón aun frente a demandas  en  apariencia  formalmente  correctas,  puede  la  Corte  inadmitirlas  para su  trámite, pues como recientemente la Sala expresó:   

“el recurso extraordinario de casación no  puede  ser  interpretado  sólo  desde,  por  y para las causales, sino también  desde  sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los  propósitos  del  proceso  penal  y  con  el  modelo  de Estado en el que él se  inscribe. 6   

“En  otros  términos,  las  causales  determinan    la    forma   en   que   procede   denunciar   la   ilegalidad   o  inconstitucionalidad  del  fallo y de conducir el debate en sede extraordinaria,  pero  ellas no son un fin en sí mismo para la viabilidad del recurso, pues esta  debe  determinarse  por  la  manifiesta  configuración  de  uno o varios de los  motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión           impugnada.”          7   

          En  conclusión,  la  demanda de casación requiere del cumplimiento  de  requisitos  formales  y materiales, de continente y de contenido, los cuales  la   Corte   debe   evaluar   a   la   hora   de   decidir   sobre  su  eventual  admisión.   

          Por   todo  ello,  puede  afirmarse  que  el  recurso  de  casación  (i)   es   un   medio   de  impugnación  esencialmente  reglado,  cuya  procedencia  está  condicionada  a  exigencias  formales  y de contenido, en cuyo caso la Corte está en el deber de  admitirla;   (ii)  de  igual  manera  lo  debe  hacer  cuando  encuentra un derecho fundamental que defender o  restaurar,  privilegiando  los  fines  sobre  las  formas, caso en el cual no se  impone  su  discrecionalidad,  sino  que  se  sujeta  a la cláusula especial de  sujeción  indicada  en  el  aparte  segundo  del  artículo  184 del código de  procedimiento  penal,  que  le  permite,  cuando  se  precisa del fallo, superar  defectos   formales,   para  destacar  los  más  elevados  fines  del  recurso.  8   

          Tercero:  La  demanda, en este caso, desde  el punto de vista formal y material debe inadmitirse.   

Desde  la  misma  causal  se advierte que el  concepto  de  ley  sustancial que se maneja es mucho mas amplio que el enunciado  linguístico  de  un  texto  legal:  incluye, como corresponde a infracciones in  iudicando,   la   falta   de  aplicación,  la  interpretación  errónea  o  la  aplicación   indebida   de   una   norma   del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional o legal, llamada a regular el caso.   

El   diseño  de  la  causal  –   que   no  incluye  la  infracción  indirecta  –, no concibe la  ley  como  la  manifestación  de  la  voluntad general, sino como la expresión  acabada  de  un  proceso democrático y participativo, en el cual las reglas que  las  conforman,  además  de  su coherencia interna y sistemática, respetan los  axiomas  fundantes  del  Estado  Social y Democrático de Derecho y los tratados  internacionales    de    derechos   humanos   que   conforman   el   bloque   de  constitucionalidad penal.   

Desde ese punto de vista, la efectividad del  derecho  sustancial  como  fin  de la casación, se acopla ahora con un concepto  dúctil  de  ley  que  permite  que  en  determinadas situaciones pueda dejar de  aplicarse,  cuando  de  por  medio están principios que la trascienden y le dan  sentido,  que  es  también  una forma de aplicar la ley, seguramente de un modo  mejor. 9   

Pues  bien, tratándose de un punto concreto  de  derecho,  relacionado con la aplicación de una norma de derecho sustancial,  el  demandante  está en el deber de indicarle a la Corte en forma específica y  fundada  de  dónde  surge  el  error  y  cuál  fue  la  norma  incorrectamente  adjudicada  (la  del  bloque  la  constitucional  o la  legal,  si  es  del  caso)  frente  a  una  situación  fáctica y probatoria que está en el deber de respetar.   

No obstante, el demandante, en este caso, se  limita  a  cuestionar  el fallo, indicando que el juzgador respetó los extremos  punitivos  del  tipo  penal, los máximos y los mínimos e incluso el proceso de  individualización,  pero  se  queja de que haya sido considerada la importancia  de  la  colaboración del cómplice como un elemento esencial para fijar la pena  en concreto.   

Desde  ese punto de vista ya el tema deja de  ser  un  problema  de  mera  hermenéutica,  pues  lo que discute en últimas el  censor  es  la  ponderación  del  aporte,  tema  sobre  el  cual, si tal era su  propósito,  ha debido confrontar la argumentación que al respecto hizo de ella  el  Tribunal  y  la  que correspondería tomando en cuenta una nueva visión del  problema desde una perspectiva de conjunto de la prueba evaluada.   

En ese sentido, el cargo es inconsecuente con  el   punto   de   partida  adoptado,  pues  no  corresponde  el  sentido  de  la  argumentación  a  un  punto  concreto de derecho por aplicación indebida de la  ley,  y  de él la Sala tampoco advierte que sea necesario intervenir en orden a  corregir  evidentes transgresiones del derecho sustancial como fin supremo de la  casación.   

Cuarto: En cuanto al  segundo  cargo, propuesto al amparo de la causal tercera, es necesario hacer las  siguientes precisiones:   

Tradicionalmente se tiene por establecido que  el  desconocimiento  manifiesto  de  las  reglas  de  producción, aportación y  apreciación  de  los  medios de prueba, conduce a errores de derecho o de hecho  que  pueden llevar a la infracción indirecta de la ley. De aquellos se ha dicho  que  pueden  ser  de  legalidad  y  de convicción, mientras que de éstos se ha  expresado  que son de existencia, de identidad o de falso raciocinio, razón por  la   cual   la   argumentación  debe  corresponder  a  la  modalidad  de  error  seleccionada   

Ahora  bien,  de acuerdo con el nuevo modelo  procesal  penal,  se  consideran  medios  de  conocimiento la prueba documental,  pericial,  de  inspección,  los  elementos materiales probatorios, la evidencia  física  o  cualquier  otro  medio  técnico  o  científico,  que  no  viole el  ordenamiento  jurídico,  y  cuya práctica se realiza con inmediación del juez  de  conocimiento  y  es  discutida  en  un  juicio  oral y público (Capítulo  III,  título  IV,  artículo  374  de  la  ley  906  de  2004),   los  cuales  deben  apreciarse  según  cada  concreto  medio  de  prueba,  pero  dentro  del  conjunto  de una argumentación  coherente y en sistemática.   

En ese contexto, entonces, han de denunciarse  los  errores  a  los  cuales  se refiere el demandante. No obstante y pese a que  sobre  ese punto la demanda presenta deficiencias insubsanables, pues en ella no  se  destaca  la  trascendencia del error ni la influencia que un falso juicio de  existencia  tendría  en  la aplicación de la ley sustancial llamada a regir el  caso,  la  verdad  es  que  esencialmente  lo  que  lleva a su inadmisión es la  carencia de interés, como en seguida se explicará.   

En   efecto,  entre  la  acusación  y  la  sentencia,  y  entre ésta y los cargos aceptados, luego de aceptado el acuerdo,  deviene  la audiencia para la individualización de la pena en los términos del  artículo  61  del código penal, de modo que ese esquema debe respetarse por el  recurrente a la hora de postular los cargos.   

Así, cuando el artículo 447 de la ley 906  de   2004,   señala   que  “si  se  aceptare  el  acuerdo  celebrado  con  la  fiscalía”,  el  juez  le  concederá  la  palabra  para que se refieran a las  condiciones  individuales, familiares, sociales, modo de vivir y antecedentes de  todo  orden”,  se  refiere a circunstancias que le permitan al Juez graduar la  pena  en  los  términos  del artículo 61 del código penal y no a aquellas que  modifican  los  extremos  punitivos del tipo penal o que circunstancian el hecho  tornándolo en uno diferente, en perjuicio del mismo acuerdo.   

Esta articulación del proceso debe acatarla  el  censor  para  que la argumentación sea coherente con el sistema, pues si se  aceptó  cargos  por  homicidio simple, por ejemplo, y el juez lo aprobó porque  no  se  desconocieron  garantías  fundamentales, la retractación de los cargos  resulta inviable.   

En  ese  sentido,  recientemente  la  sala  expresó:   

“En  tal  actuación  y  en  el marco del  principio  de  lealtad que las partes deben acatar, por surgir la aceptación de  cargos  de  un  acto unilateral del procesado, que decide allanarse a los que le  fueron  formulados  en la audiencia imputación con el fin de obtener una rebaja  significativa     en     el    quantum    de    la    pena     –como  ocurre en este caso–,  no  hay  lugar  a controvertir con  posterioridad  a  la  aceptación  del  allanamiento  por  parte  del  Juez,  la  lesividad  del  comportamiento,  o  a  aducir  causales  de  justificación o de  inculpabilidad.”   

“En  otras palabras, luego de que el Juez  de   control   de  garantías  acepta  el  allanamiento  por  encontrar  que  es  voluntario,  libre  y  espontáneo,  no  es  posible retractarse de lo que se ha  admitido  y  el  Juez de conocimiento debe proceder a señalar fecha y hora para  dictar  sentencia  e  individualizar la pena (artículos 131 y 294 de la ley 906  de  2004).  En  consecuencia,  es incompatible con el principio de lealtad, toda  impugnación  que busque deshacer los efectos del acuerdo o la aceptación de la  responsabilidad.”   

“Por  lo  mismo,  y  es  una  primera  conclusión,    la   demandante   carece  de  interés para controvertir en sede  de   casación   (y  desde  luego  también  en  las  instancias)  aspectos relacionados con el injusto y su  responsabilidad.   En   consecuencia,  la  Corte  se  abstendrá  de  considerar,  por esas razones, el tercer cargo de la demanda.”   

          Como  el cargo lo que busca es desconocer el acuerdo, ignorarlo para  crear  una  situación  nueva  bajo  la  modalidad  de  discutir el pacto con el  argumento  de  que  se  trata  de  una  conducta  circunstanciada, el demandante  carece   de  interés  para  proponerlo en sede extraordinaria.   

          En  conclusión,  por  los  defectos  formales  indicados  y  por no  requerir  la  Corte  del  fallo  para cumplir las finalidades del recurso, ni en  orden  a  defender  garantías  fundamentales  que  de  oficio  deba  restaurar,  inadmitirá la demanda.   

Decisión  

Por lo expuesto, La  Corte  Suprema de Justicia, en  sala de casación penal,   

Resuelve  

Inadmitir  la demanda de casación formulada  por  el defensor de Miguel Rincón Ramírez, contra la providencia de fecha y origen indicados.,   

Contra   esta  determinación  procede  la  insistencia en los términos del artículo 184 ley 906 de 2004.   

En  firme  la  decisión  se  remitirá  el  expediente al tribunal de origen.   

Notifíquese y Cúmplase  

MARINA   PULIDO   DE  BARON   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ           ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                  

Aclaración de voto  

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO               ALVARO                                 O.                                 PÉREZ  PINZON                     

JORGE        L.        QUINTERO  MILANÉS           YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

                                                                                               Permiso   

MAURO            SOLARTE  PORTILLA                 JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                            Permiso   

TERESA     RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

ACLARACIÓN DE VOTO  

Bogotá,  D.  C.,  13  de  enero  de  2006.   

Con  el  respeto que siempre profeso por la  posición  de la mayoría de la Sala, en esta oportunidad me permito exponer las  razones  por  las  cuales  aclaro  mi  voto, pues aunque estoy de acuerdo con la  decisión  que  culminó en la inadmisión de la demanda de casación presentada  por  el recurrente extraordinario con ocasión de este asunto, es mi parecer que  el  recurso  de insistencia  en  el  sistema  acusatorio  que  hoy  nos rige no tiene cabida, como quiera que  dicho  instituto  no se encuentra establecido en la nueva codificación procesal  penal como recurso ordinario o extraordinario -Arts. 176 a 198-.   

En mi sentir, el legislador partiendo de lo  dispuesto  para  tal efecto -la insistencia- en el Art. 33 del Dto. 2591 de 1991  para  la  revisión  de las sentencias de tutela por parte de los magistrados de  la  Corte  Constitucional  que  no  intervinieron  en  el  proceso de selección  pertinente,   introdujo  un  tal  mecanismo  en  el trámite casacional sin  echar  de  ver la disimilitud del procedimiento que impera en uno y otro evento,  pues  a  diferencia  de  lo  que ocurre en la regulación contenida en el citado  precepto,  bien  cabe  advertir  que  cuando ello ocurre en el proceso penal, el  magistrado  que  no  comparte la decisión de la mayoría está llamado a salvar  su  voto  o  a  aclararlo, lo cual consulta la lógica si con esa actuación del  magistrado  o  magistrados disidentes se obliga la Sala a revisar los argumentos  planteados en los respectivos salvamentos y/o aclaraciones.   

Empero,  además,  los  recursos  en derecho  procesal  y en la teoría general del proceso son mecanismos de impugnación que  el  legislador  reserva  a  las  partes  y  sujetos  procesales con capacidad de  intervención  en  el  debate, para hacer operante el derecho de contradicción,  situación  que  no  compagina con las estipulaciones previstas en el inciso 2º  del  Art.  184 de la Ley 906 de 2004, cuando sea el magistrado de la Sala el que  interponga el denominado recurso de insistencia.   

En  efecto,  si  la  determinación  de  no  seleccionar  una  demanda  de casación debe ser tomada en auto motivado por los  integrantes  de  la  Sala, no se concibe cómo a uno o a algunos de sus miembros  les  asista  la  atribución de impugnar una tal decisión, si para su adopción  hubieron de tomar parte en la discusión pertinente.   

Dicho canon establece:  

“Artículo    184.    Admisión.   

“(…)   

“No  será  seleccionada,  por  auto  debidamente motivado que admite recurso de insistencia  presentado  por  alguno  de  los  magistrados  de  la  Sala  o por el Ministerio  Público,   la  demanda  que  se  encuentre  en  cualquiera  de  los  siguientes  supuestos:  Si  el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de señalar la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se  advierta  fudadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso.   

“(…)”        

Ahora,  para  lo  que  interesa  al  caso  presente,  no  se  puede  olvidar  que  la norma en mención también faculta al  Ministerio  Público  para  interponer  el  llamado  recurso  de insistencia, en  tratándose  de  uno cualquiera de los supuestos que impiden la selección de la  correspondiente  demanda  de casación. Allí, es precisamente donde se alude al  Ministerio  Público  con interés para el recurso de insistencia, lo cual, como  se  dijo  antes,  no  tiene  cabida  toda  vez  que éstos -los recursos- están  definidos  en  la  novísima  legislación  procesal  penal  en  el Título 5º,  Capítulo  8º, Arts. 176 y Ss., y entre ellos no se encuentra relacionado el de  insistencia.   

Surge,  entonces, el interrogante: ¿Si no  está   consagrado  el  recurso  de  insistencia  como  uno  de  los  ordinarios  establecidos  en  el  Código,  será que se trata de uno de los extraordinarios  que tampoco está establecido como tal?   

Señores Magistrados,  

Sigifredo   Espinosa  Pérez   

Magistrado.-  

    

1 Así  mismo  la  Corte  Constitucional. Cfr. Sentencia C 668  de  2001,:  “ el recurso de casación es un juicio técnico jurídico, de puro  derecho  sobre  la  legalidad  de  la sentencia (errores in iudicando), sobre el  proceso   en  su  totalidad  o  en  diversos  sectores  del  mismo  (errores  in  procedendo),  y  excepcionalmente  sobre  las bases probatorias que sirvieron de  sustentación  para  dictar  la  sentencia acusada. De  ahí  que  la  casación,  como  un  juicio  sobre la sentencia que es, no pueda  entenderse  como  una  instancia  adicional,  ni  como  potestad  ilimitada para  revisar  el  proceso  en  su  totalidad,  en  sus  diversos aspectos fácticos y  normativos,  sino  como  una  fase  extraordinaria,  limitada  y excepcional del  mismo.” (resaltado fuera de texto)   

2 Cfr,  sentencia  C  252  de  2001,  en  la  cual  la  Corte Constitucional indicó que  “La  casación  penal,  entendida  como  medio  de  impugnación  extraordinario,  tiene  elementos  estructurales  y  de  contenido  propios  que  no  permiten  confundirla  con  otras instituciones; por tanto, no  puede  la  ley  modificarla  de forma tal que la desnaturalice o la convierta en  otra   figura   jurídica,   menos  eficaz  conforme  a  los  fines  que  se  le  atribuyen.”   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  sentencia  del  20  de  octubre de 2005, radicado 24026.   

4 Cfr,  Corte   Suprema  de  Justicia,  auto  de  junio  22  de  2005,  radicado  23701.   

5  El  artículo  181  consagra  tres causales: 1.  La falta de aplicación, interpretación errónea, o aplicación  indebida  de  una norma del bloque de constitucionalidad, constitucional o legal  llamada    a    regular   el   caso;   2.  Desconocimiento del debido proceso por afectación sustancial de  su  estructura o de la garantía debida a cualquiera de las partes: 3.  El manifiesto desconocimiento de las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la sentencia.   

Cuando   el   objeto   de   censura   es  exclusivamente   lo   referente  a  la  reparación  integral  decretada  en  la  providencia  que  resuelve el incidente, se deben tener en cuenta las causales y  cuantía establecidas en las normas que regulan la casación civil.   

6  La  Corte  incluso  había  advertido, con anterioridad, que el recurso le abría la  posibilidad   de   sobrepasar   defectos  formales  para  estudiar  ilegalidades  evidentes  del  proceso.  Cfr,  en  este sentido, decisión del 14 de febrero de  2004, radicado 21302.   

7 Corte  Suprema  de Justicia, sentencia del 20 de octubre de 2005, radicado 24026.    

8  (i)  la  efectividad  del  derecho  material,  (ii). el  respeto    de    las    garantías    de    los   intervinientes,   (iii)  la  reparación  d ellos agravios  inferidos  a  éstos  y (iv)  la unificación d ella jurisprudencia.   

9   Así,  por  ejemplo, el trazo lingüístico de la ley  puede  ceder  en  determinadas ocasiones cuando se hace necesario privilegiar el  principio  de proporcionalidad en el marco de la antijuridicdad material. En ese  caso,  por  supuesto, la regla cede ante los principios, que es una mejor manera  de interpretar la ley a partir de sus contenidos.     

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