24061(21-03-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24061  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Acta número 25  

Bogotá  D.C.,  veintiuno de marzo de dos mil  seis.   

Decide la Corte lo pertinente con relación a  la  admisibilidad  de  la  demanda de casación propuesta por el apoderado de la  parte  civil contra de la sentencia proferida el 14 de febrero del año en curso  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Pasto, mediante la cual  modificó   la  del  Juzgado  penal  del  circuito  de  Mocoa,  que  condenó  a  Elías  Navarro Portilla como  autor   del  delito  de  homicidio  simple  en  concurso  con  porte  ilegal  de  armas.   

HECHOS  

Así  fueron  narrados en la decisión que se  impugna:   

          “El  29  de  enero  del año 2004, en la galería del municipio de  Mocoa   (P),   el   señor   Elías  Navarro  Portilla  accionó  un  arma  de  fuego en contra de su sobrino,  señor  Elver Andrés Navarro Cuarán, quien sufrió graves heridas que momentos  más  tarde  le  ocasionaron  la  muerte. Ocurrido el hecho, agentes de policía  capturaron     a     Navarro    Portilla,  encontrando  en sus pantalones el arma de fuego marca Smith &  Wesson,  calibre  38 largo, con salvoconducto expedido en el año de 1984 y tres  vainillas.”           

                            ACTUACION PROCESAL   

          Con  ocasión  de  la  captura  de  Elías  Navarro  Portilla,  ocurrida  el  día  29 de enero de  2004,  la  fiscalía  38  seccional  de Mocoa, abrió investigación penal en su  contra   por   la   posible  comisión  del  delito  de  homicidio  (fs., 6).   

          Después  de  escucharlo  en  diligencia de indagatoria al siguiente  día   (fs.,  9),  el  6  de  febrero  le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como  probable   autor   del   delito   de  homicidio  (fs.,  66).   

            El  once de mayo siguiente, la fiscalía  cerró   la   investigación  (fs.,  194),  mediante  decisión  que  fue  impugnada  en  reposición  por la  defensa,   pero   que   quedó   en   firme   a   raíz  del  desistimiento  del  impugnante.   

          El  siete  de junio del mismo año, la fiscalía acusó al sindicado  por  la  comisión  del  delito  de  homicidio simple y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal (fs., 225).   

          El   juicio  le  correspondió  adelantarlo  al  Juzgado  penal  del  circuito  de  Mocoa,  el  cual  llevó  a cabo la audiencia preparatoria el 7 de  septiembre  de  2004, y finalmente la pública el 21 de octubre de esa anualidad  (fs., 255).   

          El  12  de  noviembre  siguiente,  el Juzgado dictó la sentencia de  primera  instancia  mediante  la cual condenó a Elías  Navarro  Portilla  a la pena principal de 166 meses de  prisión  como  autor  de los delitos por los cuales fue acusado, a la accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el  mismo  término  de  la  pena principal, y al pago de los perjuicios ocasionados  con  la  infracción  que  estimó  en  32.295.306  de pesos los materiales y en  30.000.000  de pesos los morales (fs., 307).   

          El  Tribunal  Superior  de  Pasto,  mediante  providencia  del 14 de  febrero  de  2005,  al  conocer  del  recurso  de  apelación interpuesto por la  defensa,  confirmó  la decisión de instancia pero modificándola en el sentido  de  condenar  al  procesado  a  la pena principal de 34 meses de prisión por el  delito  de  homicidio  simple  circunstanciado  por  el  estado de ira e intenso  dolor,  y por el mismo lapso a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de derechos y funciones públicas.   

          En  cuanto  a  los  perjuicios  materiales  y morales los estimó en  10.382.551 pesos.   

           El  28  de  abril  de  2005,  luego  de  interpuesto  el  recurso  de  casación por la parte civil, el Tribunal decidió  que,  como  el  apoderado  no  identificó  la  naturaleza  de sus pretensiones,  resultaba   imperioso   precisar   los   aspectos   que  está  legitimado  para  controvertir en sede de casación.   

          Concluyó  que por la cuantía no podía impugnar lo relacionado con  la  indemnización  de  perjuicios, de manera que el recurso se admitía solo en  aquello  para  lo  cual tiene interés en hacerlo (fs.,  353).   

DEMANDA DE CASACION  

El apoderado de la parte civil, aduciendo que  lo  que  buscaba  era  obtener  la  verdad  y  la  justicia  material,  luego de  sintetizar  los  hechos,  la  actuación  procesal y la sentencia contra la cual  dirige   el  recurso,  presenta  dos  cargos  contra  la  decisión  de  segundo  grado.   

Con  base  en el cuerpo primero de la causal  primera  de  casación  (artículo 207 de la ley 600 de  2000),  el  demandante  acusa  a  la sentencia por ser  ilegal  al  haber  interpretado  erróneamente  el artículo 57 de la ley 599 de  2000.   

A juicio del censor el Tribunal le confirió  a  la  norma un alcance que no tiene, al afirmar que es distinto reaccionar ante  una  agresión  injusta  e inminente, que hacerlo ante un estado emocional, bajo  el  entendido  que  allá  la  reacción  debe ser inmediata, mientras que en el  segundo caso puede no serlo.   

Censura, entonces, la decisión del Tribunal,  porque  en  su  criterio  el  Tribunal  desbordó  el  contenido  normativo  del  artículo  57  de la ley 590 de 2000, que exige como supuesto que la respuesta a  la  provocación  sea  inmediata  como  consecuencia  de la relación de causa a  efecto y no cuando la ofensa ya ha pasado.   

Además,  y por último, estima que la norma  no  subsume  el caso, porque no existió ofensa, de manera que es inaplicable el  artículo 57 del código penal.   

Subsidiariamente,  acusa  a  la sentencia de  ilegal  por  infracción  indirecta  de la ley sustancial por “falso juicio de  existencia”.   

El Tribunal, dice el demandante, ignoró que  en  la  diligencia de audiencia pública, el procesado contestó que después de  incidente  presentado  entre  su  sobrino  y  su hijo, no tenía ningún tipo de  sentimientos,  y  ante  la  insistencia  del  fiscal  por  aproximarse  hacia la  cuestión  afectiva,  contestó:  “yo no le puse ningún problema a él, yo no  le  hablaba  pero era mi sobrino, el problema fue por no pagarme la plata que le  debía.”   

Si el Tribunal hubiese apreciado esa prueba,  habría  tenido que concluir que la atenuante de la ira no se estructuraba, pues  es  asunto  de  veras  difícil establecer el ánimo y el estado afectivo de las  personas.   

La trascendencia de éste defecto, concluye,  estriba  en  que  si se hubiese tenido en cuenta el medio de prueba indicado, el  fallo hubiese sido muy distinto al que el Tribunal profirió.   

De  prosperar,  entonces,  bien sea el cargo  principal,  o  el  subsidiario,  solicita a la Corte el demandante, confirmar la  sentencia de primera instancia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

    

1. Cuestión previa     

No fue afortunado el Tribunal al anticiparse  a  calificar el interés que le asiste al demandante para recurrir en casación,  incluso  antes  de  presentar  la demanda, pues tal decisión es privativa de la  Corte,  tal  como  lo  señala  el  artículo  213 de la ley 600 de 2000 y lo ha  explicado la Corte puntualmente en los siguientes términos:   

“Siendo ello así, la conclusión a la que  se  llega,  y que hoy acoge la Sala, es que el acto de concesión del recurso no  es  una  decisión  carente  de  contenido  (en  blanco),  como ha venido siendo  entendido,  sino  un  acto  dotado de sustancialidad, en el que el Tribunal debe  analizar  los  distintos  presupuestos  requeridos  para  la  interposición del  recurso,  con  el fin de determinar si debe o no concederlo, excepción hecha de  aquellos  que  solo  pueden  ser determinados frente al contenido de la demanda,  como  sería  el  caso  del  relacionado  con  la unidad temática, interés  para  recurrir  en  razón de la  pretensión,  o  en  razón  del  sujeto  procesal  que  la  impugna.  En  estos  supuestos,  la  llamada  a  pronunciarse  sobre el cumplimiento del requisito de  procedencia  del  recurso  es la Corte, en el momento de analizar la demanda.”  1   

Sin embargo, pese a ese defecto orgánico, la  irritualidad  no  compromete  la  esencia  del  recurso  y  no afecta garantías  fundamentales,  pues  teniendo  en  cuenta  solo los perjuicios, la Sala habría  llegado a la misma conclusión, la cual incluso hoy reafirma.     

1. La Demanda     

Se   inadmitirá   por   las   siguientes  razones:   

          2.1.  El interés  para recurrir.   

Desde  la  sentencia de constitucionalidad  número  228 de 2002, mediante la cual se declaró ajustado a la Carta Política  el  inciso  primero  del  artículo 137 de la Ley 600 de 2000, se dejó en claro  que  la  parte  civil  además  de  la  restitución  de los daños y perjuicios  ocasionados  con  la  conducta punible tiene derecho a buscar la aproximación a  la verdad histórica y a que se haga justicia material.   

En  ese  orden,  la  Corte  Constitucional  expresó lo siguiente:   

“…los derechos a la verdad, a la justicia y  a  la  reparación  económica reconocidos a las víctimas o perjudicados por un  hecho  punible,  pueden  tener como fundamento constitucional otros derechos, en  especial  el  derecho  al  buen  nombre y a la honra de las personas (artículos  1º,  15  y  21  del  C.P.),  puesto  que  el  proceso penal puede ser la única  ocasión   para  que  las  víctimas  y  los  perjudicados  puedan  controvertir  versiones  sobre  los  hechos  que  pueden  ser manifiestamente lesivos de estos  derechos  constitucionales,  como  cuando  durante  el  proceso  penal  se hacen  afirmaciones  que  puedan  afectar  la  honra,  el  buen nombre de la víctima o  perjudicado.”   

Justamente a partir de ese entendimiento, la  Sala  señaló  que como consecuencia de la distinción entre verdad, justicia y  reparación,  tratándose  de  los  dos  primeros objetivos, “bastará con que  acrediten  que  como  consecuencia de la conducta punible sufrieron un perjuicio  directo,   real   y   específico  así  no  sea  de  carácter  patrimonial.”  2   

En  otras palabras, cuando lo patrimonial no  está  en  discusión,  como  lo  afirma ahora el demandante, cuando se acude en  casación  para defender la verdad y la justicia, se requiere, para estar a tono  con  las  decisiones  indicadas,  que  el recurrente señale de dónde surge ese  interés  y  cuál  derecho constitucional se le vulnera, aparte del económico,  claro  está,  o  cómo  se  le  impidió  cumplir  con el deber de ayudar a las  autoridades  públicas  a  cumplir  con el más elevado propósito de lograr una  convivencia   pacífica   y   de   construir   un   orden   justo.  3   

Así  debe  ser, porque de otro modo, con el  pretexto  de  defender  la  verdad  y  la  justicia,  en un proceso en el que se  estableció  quién  fue  el  autor  de  la  conducta  y  se le asignó una pena  (verdad   y  justicia),  en  realidad  se  pretende eludir los requisitos que limitan el acceso al recurso de  casación  por  la  parte  civil cuando se trata de discutir solo los perjuicios  fijados en la sentencia.   

En  efecto, nótese que en la parte final de  la  demanda,  el  recurrente  señaló  que  como consecuencia de las cargos que  formula  contra  la  sentencia,  pretende  que se deje en firme la decisión del  Juzgado  de  instancia, que condenó al procesado a una indemnización por valor  de   62.   295.306   pesos,   cifra   que   es   mayor   a   la   que  fijó  el  Tribunal.   

Por  lo tanto, se reitera, sólo al enunciar  en  forma  clara,  expresa  y  coherentemente  de  cuáles  derechos  deriva  su  vocación  para  recurrir  en  procura de la verdad y la justicia, el demandante  permitirá  captar  el  interés  que le asiste y los fines que con la casación  persigue,  que por supuesto no podrán ser los de reparar los agravios inferidos  a   las   partes   (artículo   206  del  código  de  procedimiento penal).   

En  conclusión,  la  sola  mención  a esos  elevados  fines,  en  el  concreto contexto de lo pedido, es apenas un argumento  para soslayar su verdadero propósito, tal como quedó dicho.   

Por este motivo, de acuerdo con el artículo  213 de la ley 600 de 2002, la demanda debe inadmitirse.   

2.2. Los cargos  

Pero como si lo anterior no fuese suficiente,  nótese  que  los  cargos no satisfacen las exigencias de claridad, precisión y  coherencia  que  el  artículo 212 de la ley 600 de 2000 impone, como en seguida  se verá.   

2.2.1. Primer cargo  

La  interpretación  errónea  de  la  ley  sustancial,  surge cuando el sentenciador habiendo seleccionado adecuadamente la  norma  que  regula  el  caso  sometido  a  su  consideración,  se  equivoca  al  establecer  el alcance de la disposición, haciéndole producir unos efectos que  no se coligen de ella.   

Desde  esa  perspectiva, la formulación del  cargo  impone aceptar los supuestos fácticos que el Tribunal dio por probados e  indicar  cómo  en  el fallo se desatendió el sentido de la norma correctamente  seleccionada,  al  ser  erróneamente interpretada, respecto de la situación de  hecho que se dice gobernar.   

Con esa finalidad, el demandante menciona en  abstracto  la  norma cuya interpretación cuestiona, pero no demuestra de cara a  los  supuestos  fácticos juzgados, por qué la norma tiene una inteligencia tal  que  no  permite  extender  sus efectos a reacciones que no guarden relación de  inmediatez  con  la provocación grave e injusta de que se es objeto, o por qué  se  amplía  sus  efectos a partir de una inadecuada interpretación, lo cual en  ambos   casos   supone   aceptar  que  la  reacción  fue  consecuencia  de  una  provocación   que  no  guarda  simetría  en  punto  de  la  inmediatez  de  la  respuesta.   

No  obstante,  luego  aduce  que el juzgador  amplió  el  espectro  de  la  norma  a asuntos no regulados por ella, porque la  disposición  no  tiene  efectos  allí  en  donde no existe ofensa, con lo cual  traslada  el  problema de una errónea interpretación de la norma hacia el más  amplio   espectro   de   la   indebida  aplicación  de  la  misma  4, sobre la base  de  adentrarse  en  discusiones sobre lo fáctico, lo cual le está vedado hacer  para  conservar  la  coherencia  necesaria  con  la argumentación que la causal  primera impone.   

2.2.2. Segundo cargo.  

La   Jurisprudencia   de  la  Corte  tiene  establecido  que de los errores de hecho que conducen a la infracción indirecta  de  un  precepto  sustancial,  el  de existencia surge cuando el juzgador o bien  supone  una  prueba  que  no  se  encuentra  en el expediente o ignora la que se  encuentra  en  la  actuación,  siempre  que  en  uno  u  otro  caso  sea tal su  trascendencia   que   de   eliminarse   el   vicio   otra  sería  la  decisión  final.   

El  recurrente, en este sentido, se limita a  señalar  que el Tribunal no valoró apartes de las respuestas al interrogatorio  que  le  fue  formulado al sindicado en la diligencia de audiencia pública, sin  indicar  la incidencia del error a partir de una nueva apreciación de la prueba  en  conjunto,  en  la  cual  se  destaque  el yerro denunciado y se demuestre la  nociva  influencia  en  la  construcción  de  la  decisión  final, mediante un  sistema  de  comparación  que  rescate la correcta valoración de los medios de  prueba, considerados en sistemática y no aisladamente.   

Los cargos, tal como han sido planteados, no  tienen  ni  la  claridad,  ni  la  coherencia  para  realizar  el  principio  de  autosuficiencia  (artículo  212  del código  de  procedimiento  penal), indispensable para que la Corte  pueda  asumir  su  estudio  en  el marco de las limitaciones que en esta sede se  imponen   (artículo   216   de   la   ley   600   de  2000).   

Por  tales  razones  y  porque  además  no  encuentra  la  Corte  violaciones  de  las  garantías fundamentales que la Sala  esté  en  el  deber  de  proteger  y  que  le abrirían espacio a la actuación  oficiosa  (artículo 216 ley 600 de 2000), la demanda se inadmitirá.   

         

En consecuencia, La  Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación   Penal,   

Resuelve   

         

Inadmitir la demanda de casación presentada  por el apoderado de la parte civil.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

  NOTIFIQUESE    y  CUMPLASE   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                    ALFREDO GOMEZ QUINTERO         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                     ALVARO                                  O                                  PEREZ  PINZON                

MARINA        PULIDO        DE  BARON                       JORGE  QUINTERO  MILANES              

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Excusa justificada  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de casación penal, radicado 23701, auto del 22 de  junio de 2005.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  providencia  del  22  de  junio  de 2005, Proceso 22102.   

3  En  cuanto  a  los propósitos y deberes inherentes a la parte civil, Cfr, sentencia  C 228 de 2002.   

4   “La  aplicación indebida  de  la ley sustancial supone la existencia de un error  en  la  selección  del  precepto,  falencia que conduce a que la imputación no  guarde  correspondencia  con  el  tipo  penal. Trátase de aquellos casos en los  cuales  la  norma  no  contempla  los  hechos  reconocidos  por la sentencia. En  la interpretación errónea  se  parte de que se acepta el precepto aplicado en cuanto es el que precisamente  se  vincula  con  el  asunto  concreto pues que la norma elegida es la adecuada,  pero  que  se  yerra  en  su interpretación por cuanto se le da un sentido o un  alcance  que  no tiene. Cfr,  Sentencia  del  14  de febrero de 2000, radicado 16678, entre otras.     

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