24031(28-09-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24031  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado: Acta Nº 107  

          Bogotá,  D.  C.,  veintiocho  (28)  de  septiembre  de dos mil seis  (2006).   

V I S T O S :  

Resuelve  la  Corte el recurso de apelación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  doctor  EDUARDO  FRANCISCO REYES  TORRES,  contra la sentencia proferida el 22 de junio de 2005, por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de San Juan de Pasto, Nariño, que  lo  condenó  como  autor  responsable  del  delito  de  peculado culposo en que  habría  incurrido  durante su desempeño como Fiscal Once Seccional de la misma  ciudad,  a  las  penas  principales  de  nueve  (9)  meses  de  prisión,  multa  equivalente  a  siete  punto  cinco  (7.5)  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por   el   lapso   antes   indicado,   sanciones   cuya   ejecución  suspendió  condicionalmente.   

H   E   C   H   O   S  :   

El      Tribunal      A-quo los describió así:   

“Según   dan   cuenta  las  constancias  procesales,  entre el período comprendido entre el 4 febrero de 2002 y mediados  del  mes  de junio de 2003, aproximadamente, se evidenció que la Fiscalía Once  Seccional  de Pasto, a cargo del Doctor EDUARDO FRANCISCO REYES TORRES de manera  reiterada,  en  varias  informes  de  la  policía judicial, constitutivos de la  noticia  criminis  en comportamientos violatorios del bien jurídico de la salud  pública,  en la modalidad de tráfico de estupefacientes, que llevaba anexos el  decomiso   de   varias   sumas   de   dinero,  se  omitió  darles  el  trámite  correspondiente,    esto    es,    depositarlos    en    la    cuenta    oficial  respectiva.   

La  sumatoria  de las diversas cantidades de  dinero  dio  un total de $500.000.00 de los cuales de manera tardía se alcanzó  a consignar $432.000 a manera de restitución.   

Tal  función  debía  cumplirla  la señora  PATRICIA  LUCÍA  JIMÉNEZ  MAHECHA quien se desempeñaba como Técnico Judicial  II,  en  el  referido  despacho,  circunstancia  que  se  sumó  al  hallazgo de  papeletas  de  marihuana,  un celular, una gramera y diversas armas de fuego que  irregularmente  reposaban  en  el  escritorio  de  la  mencionada señora, quien  además  se  sustrajo del mentado despacho 512 denuncias, informes y solicitudes  a  los  que  no se les imprimió el trámite correspondiente, que se encontraban  en  3  bolsas  plásticas  y 2 cajas de cartón que habían sido encargadas a la  señora   OMAIRA   GLADIS   LEGARDA   ROSERO,   amiga   de  la  empleada,  quien  posteriormente denunciara esta irregularidad.”   

ACTUACIÓN  PROCESAL  :   

1.             Después  de  adelantadas  diligencias  preliminares,  la Fiscalía Sexta Delegada ante el Tribunal Superior de San Juan  de  Pasto,  en  resolución del 31 de marzo del 20041,   abrió   instrucción   y  vinculó  a  ella al doctor EDUARDO FRANCISCO REYES TORRES, mediante indagatoria  recepcionada  el  30  de  abril  del  mismo  año  que conllevó a resolverle la  situación   jurídica  en  providencia  del  4  de  junio  de  20042  en  que  le  impuso  detención preventiva por el delito de falsedad ideológica en documento  público, aunque no le fue hecha efectiva.   

2.            Posteriormente  la  misma  fiscalía, en  resolución  del  25  de  febrero de 2005, exoneró al procesado del cargo antes  especificado   y  lo  acusó  por  el  delito  de  peculado  culposo  previsto en el artículo 400 del Código  Penal del 2000.   

3.             Finalizado   el  debate  público,  se  profirió  el  fallo  condenatorio  objeto  de  impugnación  a resolver en esta  oportunidad.   

LA  SENTENCIA   DE  PRIMERA  INSTANCIA :   

El  Tribunal  concluyó  que se reunían las  exigencias  para condenar al doctor EDUARDO FRANCISCO REYES TORRES como autor de  la  conducta  de peculado culposo previo el análisis detallado de los elementos  típicos que la estructuran.   

1.            Verificó  la  demostración cabal de la  condición  de  sujeto  activo  calificado  del  doctor  EDUARDO FRANCISCO REYES  TORRES  y  del objeto material de protección de la norma que define el peculado  culposo  que  concretó  en  los  dineros  incautados  a  particulares  por  las  autoridades  de  policía  judicial,  generalmente  en situaciones de flagrancia  delictual,  y entregados a la Fiscalía Once Seccional de San Juan de Pasto para  su  custodia,  que  en  lugar  de  ser  consignados  en  la cuenta de depósitos  judiciales  respetiva  fueron  retenidos  por  varios  meses por Patricia Lucía  Jiménez Mahecha, a la sazón técnica judicial de esa oficina.   

2.            Predicó  del funcionario investigado la  conducta  culposa  consistente  en haber permitido que una de las empleadas bajo  su  subordinación se apoderara de los referidos dineros, debido a la violación  del  deber  objetivo  de  cuidado  impuesto  a  los  Fiscales Delegados ante los  Juzgados  Penales  del  Circuito  en  el  Manual  de  Funciones  contenido en la  Resolución  N°  0-0887 de mayo de 2002, específicamente en los numerales 7°,  10°  y  11°, que concretó en el incumplimiento de la obligación de custodiar  los  bienes  objeto  de  comiso  hasta  tanto  se  disponga  la  entrega  a  los  particulares   o   se   remita   a   las   autoridades   públicas  -criterio  que respaldó en jurisprudencia  de  esta  Sala3-,  que  le implicaba no sólo impartir la  orden  de consignar tales dineros en la cuenta oficial respectiva sino verificar  personalmente su ejecución, como corresponde al trabajo en equipo.   

3.             Estimó  inaplicable  el  principio  de  confianza  a  la  pretensión  defensiva  de  hacer  recaer  la  responsabilidad  exclusivamente  en  la empleada que se iba apropiando de los dineros que pasaban  a  su  custodia  pues  dentro  del  ámbito de competencia del acusado estaba el  controlar  la  actividad  cumplida  por ella, tarea de fácil desarrollo pese al  exceso de trabajo, por ser tan sólo dos los subalternos.   

4.            Consideró que el abandono permanente de  la  supervisión  de  la  mencionada  actividad,  como  quiera que los episodios  investigados  se  presentaron  durante  un año y cinco meses y fueron develados  por  personas  ajenas  a la Fiscalía, determinaron el daño patrimonial estatal  mencionado,  que  estaba  en  condiciones  de prever el doctor EDUARDO FRANCISCO  REYES  TORRES  dadas sus condiciones personales y profesionales, sin que tampoco  lo  disculpe el cumplimiento ejemplar de sus funciones estrictamente judiciales,  pues las de orden administrativo complementan aquellas.   

5.            Descartó  como  excusa del proceder del  funcionario  implicado  la  enfermedad  de Patricia Lucía Jiménez Mahecha como  quiera  que  el  hecho  de ser titular de la Fiscalía en donde se presentó, lo  obligaba  a  dirigir, organizar y controlar todas las actividades, y a velar por  la buena salud de sus colaboradores.   

FUNDAMENTOS     DE    LA   IMPUGNACIÓN :   

El  defensor  solicitó la absolución de su  representado  a  partir  de  la  diferencia  existente  entre  el proceso fijado  normativamente  para  el  manejo  de  los  títulos de depósito judicial en los  Juzgados,    a    su    juicio   tenido   en   cuenta   por   el   A-quo,   y  el  diseñado  para  la  misma  actividad en las Fiscalías, concentrándose en el último.   

1.             Se   remitió   a   sus   antecedentes  “históricos”,  entre ellos, la resolución N° 0037 del 16 de enero de 1995  emanada    de   la   Dirección   Seccional   de   Fiscalías   de   Nariño   y  Putumayo4,  al  reorganizar  la estructura interna con la creación de cuatro  Subunidades;  y  a  la Resolución N° 0691 del 4 de octubre de 1996 mediante la  cual  al  procesado se le asignó la representación de la Subunidad dedicada en  San  Juan  de Pasto a los “delitos contra la Ley 30 de 1986”, con la misión  de  canalizar la comunicación entre ésta y la Dirección o la Coordinación de  Fiscalías.   

2.            Evocó las circulares N° DSF-008        y        DSF-029,  emitidas  por el Director Seccional  de  Fiscalías  de  Neiva  el  25  de  enero  y  el  18  de  mayo de 2005, en su  orden5,  que  indican  que  por  la época de los hechos eran los Jefes de  Unidad  con  su  respectivo  Auxiliar los responsables del manejo de los citados  instrumentos.   

3.            Aludió a la resolución N° 0523 del 24  de  septiembre de 2001, mediante la cual fue designado como Jefe de Unidad Mario  Edmundo  Zarama  Concha,  quien  a partir del 1° de octubre siguiente empezó a  responder   por  el  manejo  físico,  registro  y  control  de  los  depósitos  judiciales,  y  argumentó,  que  si  EDUARDO  FRANCISCO REYES TORRES nunca tuvo  acceso  material a tales documentos, ni tampoco lo tuvo Patricia Lucía Jiménez  Mahecha,  no  es  posible  derivarle responsabilidad penal por no haber ejercido  control  sobre  éstos,  pues su obligación se limitaba a ordenar a la nombrada  colaboradora  que  efectuara  las  consignaciones y a revisar el cumplimiento de  dicha  instrucción  mediante  la revisión aleatoria de los procesos, actividad  que le permitió establecer que se estaba realizando bien.   

4.            Señaló  que  con base en los numerales  7°  y  11°  del  Manual  de Funciones de la Fiscalía, que asignan al Técnico  Judicial  II la tarea de colaborarle al Fiscal en la custodia y conservación de  los  bienes  vinculados  a  los  procesos  mientras  se  dispone  su  envío  al  competente  o  su  entrega,  el  procesado encomendó a Patricia Lucía Jiménez  Mahecha  la  consignación  de los dineros incautados en la cuenta de depósitos  judiciales,  la  remisión al Jefe de Unidad del título creado y la anexión de  una  copia  de  este  al  expediente respectivo, labor cuyas características le  impidieron  al acusado conocer la existencia de los títulos, de ahí que por el  hecho  de  haber utilizado dicha empleada un año y cinco meses en su ejecución  -lo  cual  se  debió  a los  quebrantos  de  salud  por  ella  padecidos  y  a  la falta de colaboración del  empleado  encargado  del trámite bancario-,  no  se  le  puede  atribuir  responsabilidad  al  doctor  EDUARDO  FRANCISCO  REYES  TORRES  por  la  demora  en  la constitución de los referidos  títulos,  ni  por la falta de control de los mismos, función ésta asignada al  Jefe  de  Unidad  o  Coordinador,  argumento  con el cual se opone al juicio del  Tribunal  en el sentido de que la omisión mencionada se debió a la negligencia  y abandono del control que le correspondía al acusado.   

5.              Dentro    de    este   contexto   de  responsabilidades   especiales,   estima   aplicable   a  la  situación  de  su  representado  el  principio de confianza, quien en razón del cúmulo de trabajo  judicial  y  la  prioridad que debía observar en la toma de decisiones de dicho  tipo,  confió  en  que  Patricia  Lucía  Jiménez  Mahecha  estaba consignando  oportunamente  los  dineros decomisados, que por tratarse de sumas pequeñas que  oscilaron    entre   $4.000.00   y   $50.000.00,   hicieron   imperceptible   el  descubrimiento  de  la  omisión  de  tal  deber,  planteamiento  que  apoyó en  jurisprudencia       de       esta       Corte6.   

6.              Evocó   los   testimonios   de   los  colaboradores  del  acusado,  Hernando  Ovidio  Villota Gómez y Patricia Lucía  Jiménez  Mahecha, quienes aludieron a la diligencia observada por su jefe en el  cumplimiento  de las funciones judiciales y a la confianza que tenía en el buen  desempeño  de  laboral  de ellos, luego no puede discernírsele responsabilidad  penal por la malicia o despreocupación de la Técnico Judicial.   

7.            Excluyó la aplicación en este caso del  principio  del  defensa  o  seguridad,  reconocido como límite del principio de  confianza   en   jurisprudencia  penal  que  invoca7,  por  cuanto  la  patología  cíclica  (afectivo-bipolar)  padecida  por  Patricia Lucía Jiménez Mahecha, sin la trascendencia suficiente  como  para  declararla  inimputable,  según se estableció pericialmente, no lo  inducía   a   desconfiar   del   cumplimiento  de  las  tareas  que  le  había  asignado.   

8.            Rechazó  insistentemente  la violación  del  deber  objetivo de cuidado predicada de su representado con el argumento de  que  la  tardanza en la consignación de las referidas sumas de dinero observada  por  Patricia  Lucía  Jiménez Mahecha, al transformarse en apropiación que es  materia  de  investigación  penal,  implica  que ella hizo todo lo posible para  evitar  que su Jefe la descubriera, a la vez que le obstaculizó el ejercicio de  la  vigilancia  necesaria,  además, con el fin de evitar la drástica reacción  que  sabía  adoptaría  en  caso  de  conocerla,  de  ahí que al percatarse el  procesado  de  la  citada  omisión  enseguida la denunció ante las autoridades  competentes  para  que  se  iniciara  la averiguación penal correspondiente, en  ningún    caso    promovida   por   agentes   externos   según   sostiene   el  Tribunal.   

9.            Destaca  que  el  procesado  dentro  del  ámbito  de su competencia funcional solía reunir a sus subalternos y exigirles  cuidado  con  los  procesos  con bienes incautados, amenazándolos con sanciones  disciplinarias en caso de desatención de dicha orden.   

10.           Refuta que el acusado hubiera previsto el  resultado  dañoso  de  la confianza que depositó en sus colaboradores, pues un  juicio       de       valor       ex-ante  de  la  situación,  permite  deducir que él confió en que cada uno de ellos actuaría  normativamente.  Además,  estima que Patricia Lucía Jiménez Mahecha ha debido  informarle  inmediatamente  de  su  precaria  salud  en cuyo caso seguramente el  doctor  REYES  TORRES  hubiera  adoptado  las  medidas necesarias para que no se  alterara la prestación normal del servicio.   

PLANTEAMIENTOS    DEL   NO   RECURRENTE :   

El  agente  del Ministerio Público Delegado  ante  el Tribunal Superior coadyuvó el recurso de apelación interpuesto por la  defensa    y    la   pretensión   absolutoria,   esgrimiendo   las   siguientes  razones:   

1.            La  función de custodia de los títulos  de  depósito  judicial  no  estaba  asignada al Fiscal procesado sino al Jefe o  Coordinador de las  Unidades de Fiscalía.   

2.            El control que le correspondía al doctor  EDUARDO  FRANCISCO  REYES  TORRES  con posterioridad a la constitución de tales  documentos  fue  obstaculizado  no  sólo  por  el  hecho  de  que se tratara de  cantidades  ínfimas  de  dinero  sino  por  el  comportamiento  de  la Técnico  Judicial  en  cuyo  idóneo  desempeño  laboral  él  confió  pero  que se vio  afectado  por  la  grave  enfermedad  mental  por  ella  padecida,  de  difícil  descubrimiento  pues  suele  tener  prolongados años de evolución antes de ser  detectada,  según  opinión  de  connotados  psiquiatras  que  citó.  También  influyó,  el indebido funcionamiento administrativo de la fiscalía en donde se  desarrollaron  los episodios investigados, la  carencia de sistematización  de  dicha  actividad,  atribuible  únicamente al Estado y específicamente a la  Fiscalía General de la Nación.   

3.            Niega  la  existencia  de  un  equipo de  trabajo  entre  el  funcionario  investigado  y  sus  subalternos  debido  a las  dificultades  de  comunicación  existentes  entre  ellos  y  generadas  por  la  severidad  del  primero  con  la  creencia  equivocada  que  de  esta  manera el  desempeño  de  sus  colaboradores  sería  más  eficiente,  así  como  por la  inadecuada   ubicación  de  sus  oficinas  en  pisos  diferentes  de  la  misma  edificación  -el procesado en  el  segundo, y sus empleados en el tercero-,   circunstancias   estas   que  le  impidieron  enterarse  de  las  circunstancias  especiales  ajenas al funcionamiento administrativo del despacho  que  estaban  incidiendo  desfavorablemente  y  que  el  Tribunal excluyó de su  análisis.   

4.            Cree  que  no fue la violación objetiva  del  deber de cuidado de EDUARDO FRANCISCO REYES TORRES la causa determinante de  la  temporal  apropiación  de  dineros  realizada  por Patricia Lucía Jiménez  Mahecha,  sino la enfermedad mental padecida por ésta, de imposible percepción  para  él  dada  su  formación  jurídica  extraña  a  la  psiquiatría  y que  justamente  ha  dado  lugar  al adelantamiento en contra de ella del proceso N°  74.972,  por  el  delito  de peculado por apropiación, bajo la dirección de la  Fiscalía  Diecinueve  Seccional  de Pasto, en el cual aún no se le ha resuelto  situación jurídica.   

5.             Considera   que  también  constituyó  escollo,  la  sustracción  que  hizo  Patricia  Lucía  Jiménez Mahecha de los  expedientes  relacionados  con  los  dineros  que  debían ser depositados en la  cuenta  de  la  Fiscalía, pues inicialmente los llevó a su casa y tan solo los  devolvió  cuando  ya se había iniciado la investigación, situación ésta que  impidió   el   control   que   sobre   los  mismos  debía  ejercer  el  fiscal  investigado.   

CONSIDERACIONES   DE   LA  CORTE  :   

1.            La Sala aborda el estudio de este asunto  de  acuerdo  al  principio  de  limitación,  contenido  en el artículo 204 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  conforme  al cual la decisión del  superior   provocada   por  la  interposición  del  recurso  de  apelación  se  extenderá  a  los  temas que resulten inescindiblemente vinculados al objeto de  la  impugnación  y,  cuando  se  trate  de sentencia condenatoria, no podrá en  ningún  caso  agravar  la  sanción,  salvo  que  el  Fiscal  o  el  agente del  Ministerio  Público  o la parte civil, teniendo interés para ello, la hubieren  recurrido.   

          2.        En   correspondencia   con   las   argumentaciones  de  la  defensa,  coadyuvadas  por  el  Ministerio Público, concentradas en la tipicidad objetiva  del  peculado  culposo  endilgado  al  doctor  EDUARDO  FRANCISCO  REYES TORRES,  especialmente  en  cuanto  a algunos de sus elementos estructurales -pues   no  discutieron  la  calidad  de  servidor  público  del  fiscal  acusado  ni que los dineros de los particulares  objeto  de  incautación  policial  en  cuantía de $500.000.00, cuya retensión  temporal  admitió Patricia Lucía Jiménez Mahecha cuando fungía como Técnica  Judicial  en  la Fiscalía Once Seccional de San Juan de Pasto, no hubieran sido  entregados   en   custodia   al   Estado-,  la Sala analizará los circunscritos a  la  violación  objetiva  del  deber  de  cuidado por parte del procesado y a la  relación   de   determinación  entre  ella  y  el  resultado  lesivo  para  la  administración  pública antes especificado, por cuanto a juicio del impugnante  no  encuentran  demostración  dentro de este asunto, y especialmente, porque el  señalado  daño  no  le  es imputable objetivamente a su representado por haber  obrado amparado por el principio de confianza   

          El  estudió  se  adelantará a partir de los precedentes judiciales  invocados  por  el  Tribunal y cuya aplicación excluye la defensa, esto es, las  sentencias  de casación pronunciadas por esta Sala el 12 de junio de 2000 (rad.  N°  11.541)  y el 14 de junio de 2001(rad. N° 12.443), recientemente moduladas  por  la  emitida  el  27 de julio de 2006 (rad. N° 25.536) sobre las siguientes  categorías jurídicas:   

          2.1.                      La posición de garante   

          En  la  providencia  invocada  en  último  término  se fijaron las  siguientes  pautas  de  interpretación  del  artículo  25 del Código Penal de  2000, regulador de dicha figura:   

“Posición  de  garante  es la situación en que se halla una persona,  en    virtud    de    la   cual   tiene   el   deber  jurídico  concreto  de  obrar  para  impedir  que  se  produzca el resultado típico que es evitable.   

Cuando  quien  tiene  esa  obligación  la  incumple,  y  con  ello  hace  surgir  un evento lesivo que podía ser impedido,  abandona   la   posición   de   garante.”   

(…)  

“…existe        posición  de  garante  en todos aquellos  eventos  en  los  cuales,  frente  a  cualquier  bien  jurídico,   la   persona   tiene   la   obligación  constitucional  o  legal  de  actuar   y  no  lo  hace,  pudiendo  y  debiendo  hacerlo  (primera  hipótesis)  (contemplada  en  los  incisos  1°  y  2°  del  artículo  25  del  Código de  Procedimiento   Penal-);  y  existe    posición   de   garante   en   los   casos   en   que,   frente      a     los     bienes     jurídicos     particularmente  mencionados  (se  refiere  a  la  vida  e  integridad  personal,  libertad  individual,  y  libertad  y formación sexuales, hipótesis  previstas  en  el  inciso  3°  con  sus  cuatro numerales, y el parágrafo), la  persona  asume  voluntariamente  la  protección real de otra o de una fuente de  riesgo,  dentro  del  propio ámbito de dominio; mantiene una estrecha comunidad  de  vida con otras; emprende la realización de una actividad riesgosa con otros  individuos;  o  crea  con  antelación  una  situación  antijurídica de riesgo  cercano   para  el  bien  jurídico  correspondiente.”  (Cursivas  y  énfasis  originales)   

          2.2.                      Deberes  del Fiscal en relación con los dineros  incautados puestos a su disposición   

El     marco     normativo    es    el  siguiente:   

    

* El artículo 153 de la Ley Estatutaria de la  Administración  de  Justicia, impone a los funcionarios y empleados judiciales,  entre otros, los siguientes deberes:     

“2.   Desempeñar   con  honorabilidad,  solicitud,   celeridad,  eficiencia,  moralidad,  lealtad  e  imparcialidad  las  funciones de su cargo.    

(…)  

5. Realizar personalmente las tareas que le  sean  confiadas  y  responder  por  el  uso  de  la  autoridad que les haya sido  otorgada  o  de  la  ejecución  de  las órdenes que pueda impartir, sin que en  ningún  caso  quede  exento  de  la  responsabilidad  que le incumbe por la que  corresponda  a sus subordinados (Texto idéntico fue reproducido en el artículo  142, numeral 4° de la Ley 600 de 2000).   

(…)  

11.  Responder  por la conservación de los  documentos,  útiles,  equipos,  muebles  y  bienes  confiados  a  su  guarda  o  administración  y  rendir  oportunamente  cuenta  de  su utilización, y por la  decorosa presentación del despacho.”   

    

* El   artículo   288   del   Código   de  Procedimiento  Penal  de  2000  regula  la  cadena  de  custodia respecto de los  elementos   materia   de   prueba   y   específicamente   en  el  inciso  final  dispone:     

“El   Fiscal   General  de  la  Nación  reglamentará  lo  relacionado  con el dinero, aplicación y control del sistema  de   cadena   de   custodia,   conforme   con   los   avances   científicos   y  técnicos:   

    

* La  Fiscalía General de la Nación produjo  en  la  Resolución  N°  0-0887  del  16  de  mayo  de 2002,  el Manual de  Funciones  a  nivel  de  Fiscal  Delegado  ante  Jueces  Penales  del  Circuito,  atribuyéndole las siguientes:     

“7.   Autorizar  el  pago  de  los  títulos  de  depósito  judicial  cuando  cesen  las  razones  que motivaron su  constitución.   

(…)  

10.  Responder  por  los bienes y elementos  vinculados  al  proceso,  mientras  se  ordena  su  envío  al  competente  o su  entrega.   

“11.  Dirigir,  coordinar  y controlar el  cumplimiento  de  las  funciones  de  los  servidores  adscritos a su despacho y  evaluar    aquellos   que   se   encuentren   inscritos   en   Carrera   de   la  Fiscalía.”8   

          No  cabe  duda,  entonces,  que  la  custodia  material  del  dinero  decomisado  por  las  autoridades  policivas  en  circunstancias  de  flagrancia  delictual  de conocimiento del Fiscal General de la Nación y sus Delegados, les  corresponde  a  ellos  hasta  tanto  se  ordene  su remisión al competente o su  entrega,  deber  que  implica  velar por su conservación mientras esto ocurre e  impartir  las  órdenes  indispensables  para  el  cumplimiento  cabal de dichos  cometidos,  sin  que en ningún momento pueda el Fiscal delegar dichas funciones  pues  le  está  expresamente  prohibido hacerlo, ni abstenerse de supervisar la  forma  como  las  ejecutan sus colaboradores por mandato suyo, menos aún cuando  la   competencia   del   Técnico  Judicial  II  en  esta  materia  es  de  mera  colaboración, conforme al siguiente texto del Manual de Funciones:   

“7.  Apoyar  al  Fiscal  en  todas  las  actividades necesarias para el desarrollo de la gestión judicial.   

(…)  

11. Colaborar en la custodia y conservación  de  los  bienes  y/o  elementos  vinculados  a  los procesos, mientras ordena su  envío al competente o su entrega.”   

         

Por    tanto:    al    haber   admitido  testimonialmente  Patricia  Lucía  Jiménez  Mahecha  que ella “no efectuó a  tiempo”  las  consignaciones en el Banco Agrario del numerario entregado en la  Fiscalía  Once Seccional de Pasto relacionado con las diligencias penales de su  competencia,  no obstante estar radicadas y obrar resolución en que se ordenaba  la  constitución  del  título  de  depósito  judicial  respectivo, demora que  según  ella  se  debió  al  exceso  de  trabajo  y  a  su  precario  estado de  salud9,  situación  que convalidó bajo juramento Hernando Ovidio Villote  Gómez,   Asistente   Judicial   I   de  la  misma  oficina  por  la  época  de  autos10,  hecho  que verificó el investigador del CTI quien según informe  N°  4638 del 1 de junio de 2004, estableció que el tiempo promedio de tardanza  en  la  constitución  de los depósitos judiciales dentro de los 18 asuntos que  inspeccionó  fue  de  ciento  cuarenta  (148) días11, así como conocida la falta  de  vigilancia  y  control  por  parte del doctor EDUARDO FRANCISCO REYES TORRES  sobre  los  mencionados  elementos  incautados,  pues  en este caso se limitó a  dictar   la  resolución  ordenando  la  constitución  del  depósito  judicial  respectivo  y  a  verificar  la  ejecución  mediante  la revisión aleatoria de  algunos   procesos,   según   sostuvo  en  la  indagatoria,  mecanismos  éstos  evidentemente  insuficientes para asegurar la protección de los dineros puestos  a  su  disposición, se concluye que el procesado se sustrajo a las obligaciones  legales  previamente establecidas por abandono de su posición de garante y como  consecuencia  de  ello afectó el bien jurídico de la  función  administrativa  pública  cuya  transparencia y eficiencia esperan los  asociados.   

No  eximía  al  fiscal  investigado  del  cumplimiento  de  los mencionados deberes su dedicación exclusiva y prioritaria  a  la  actividad  judicial  en  proporción  a  la  carga  laboral asignada a la  Fiscalía  a  su  cargo,  referida  por  sus  colaboradores. Tampoco  puede  entenderse  que ejerció la adecuada supervisión que se extraña, al formular a  éstos  recomendaciones  genéricas amenazantes sobre el buen desempeño general  de  sus  obligaciones,  pues  la  prolongada tardanza en la constitución de los  títulos  de  depósito  judicial  revela  que fueron insuficientes. Además, la  total  falta  de  implementación  de  la  cadena  de  custodia sobre los bienes  incautados,  verificada  en el curso de la inspección judicial practicada a los  archivos  y al escritorio de la Secretaría de la Fiscalía Once Seccional, el 5  de          agosto          de          200312,  es  decir,  antes  de  que  Omaira  Gladys  Legarda Rosero entregara las cajas de documentos de la Fiscalía  dejadas  por  Patricia  Lucía  Jiménez  Mahecha en su casa, acontecimiento que  tuvo  lugar  el  12  de  noviembre  del  mismo  año13,    permite   inferir   la  negligente  posición  asumida por el procesado frente a la custodia material de  los   dineros   distraídos   por   prolongado  tiempo  por  dicha  dependiente.   

En  estas  condiciones  resulta  fallido el  intento     de     la     defensa     -coadyuvado   por   el   Delegado   de  la  Procuraduría-  de  sustraer  a  su  representado de la  trasgresión  del  deber  objetivo  de  cuidado  relacionado con la custodia del  numerario  decomisado  con  el  argumento  de  que el registro, manejo físico y  control  de  los  títulos de depósito judicial no le correspondía al acusado,  en  su  condición  de  Jefe  de  la  Subunidad de Fiscalías de conocimiento de  infracciones  a  la  Ley  30  de  1986,  sino al Jefe de Unidad o Coordinador de  Fiscalías,  conforme  al organigrama diseñado en las resoluciones y circulares  por  él  invocadas, en la medida en que parte de un supuesto fáctico diferente  al  analizado  en este caso, si se tiene en cuenta que el comportamiento culposo  atribuido  al fiscal REYES TORRES en la resolución acusatoria y en la sentencia  de  primera  instancia,  siempre  se  ha hecho recaer sobre la indebida custodia  material  de  los  dineros  incautados  puestos  a  su disposición y en ningún  momento  sobre  los  títulos  de depósito judicial. No hay que perder de vista  que  el  deber  de  constitución  oportuna  de los mencionados documentos es de  competencia  exclusiva del Fiscal investigador pues justamente está orientado a  garantizar  la  protección  de  los dineros incautados, obligación específica  ésta omitida indebidamente por el acusado.   

2.3.         El principio de confianza   

        Este  postulado  invocado  por  la defensa y el Procurador Judicial  Delegado  ante  el  Tribunal  a  favor  del  procesado,  ha sido definido por la  doctrina  en  los términos acogidos y desarrollados por la Sala en la siguiente  forma14:   

“De  acuerdo  con  este  principio, no se  imputan  objetivamente  los  resultados producidos por quien ha obrado confiando  en   que   otros   se   mantienen   dentro   de   los   límites   del   peligro  permitido15   

.  

Se enuncia diciendo que toda persona, en el  diario  discurrir,  puede creer que las demás actúan dentro de las normas y de  acuerdo   con  los  requerimientos  socio-culturales  dominantes,  a  menos  que  “existan  datos  que  hagan pensar lo contrario”16   

.  

Este postulado, ab  initio  admisible,  no  es absoluto, pues para eventos  como  el  ahora  examinado,  varios motivos excluyen su aplicación. Por ejemplo  los siguientes:   

Uno. Porque la ley  puede  exigir  a  quien  confía  en  otro  que lo haga bajo su responsabilidad,  cumpliendo  con un cuidado especial, evento en el cual no se puede escudar en el  axioma mencionado.   

Dos.   En  la  división  vertical  del  trabajo, porque siempre hay una o más personas que se  encargan  de  vigilar  que  los “subordinados” hayan comprendido a cabalidad  las  instrucciones  dadas;  en  ese  sentido, el ámbito de competencia de estas  personas  que  se  encargan  de  vigilar  las  labores  de terceras personas son  garantes  a  efectos  de  que  estas  se  desempeñen  correctamente17   

.  

Tres.  Si uno de  los  requisitos  para esquivar la responsabilidad con fundamento en el principio  de   confianza   es   el   de   que   quien   lo   aduzca   se  haya  comportado  correctamente18,  cuando  se  infringe el derecho por incumplimiento de los deberes  que este impone, no es posible acudir a ese postulado.   

(…)  

Cuatro.   Por  último,  recuérdese  que  tampoco  puede  ser  exonerado  de  imputación  con  fundamento  en  el  principio de confianza, quien divide el trabajo con personal  sin  suficiente  cualificación  profesional para desplegar determinadas tareas,  pues  en  este supuesto se requiere de su parte aún más vigilancia, custodia y  supervisión               estricta.”19   

Excluida  la  posibilidad de la delegación  por  parte  del doctor EDUARDO FRANCISCO REYES TORRES de la custodia material de  los  valores incautados, es necesario precisar en qué forma interactuó con sus  colaboradores,  integrantes  de su equipo de trabajo conforme está concebido en  el  Manual de Funciones de la Fiscalía, así estuviera fragmentado en la Unidad  dirigida   por   el  procesado,  según  destaca  el  Ministerio  Público,  por  dificultades  comunicativas  entre  sus  miembros  y estar ubicados sus espacios  laborales  en  sitios  diferentes, factores estos perfectamente superables en el  caso  analizado,  pues  a  partir  de  dicho  punto  se  estudiará  si opera el  principio  de  confianza,  cuya  aplicación  han  solicitado  la  defensa  y el  Ministerio Público.   

          La  prioridad  laboral  otorgada  por  el  Fiscal a la productividad  judicial  y  de  la  cual  dieron  fe sus colaboradores Patricia Lucía Jiménez  Mahecha  y  Hernando  Ovidio Villota Gómez, no lo autorizaba para abstenerse de  ejercer  otras  medidas  de control sobre los dineros decomisados, diferentes al  dictado  de  las  resoluciones  mandando  la  constitución  de  los  depósitos  judiciales,  ni  para  confiar absolutamente en que la primera, en su condición  de  Técnico  Judicial  II,  así llevara vinculada a la Fiscalía General de la  Nación     doce     años,     estaba     ejecutando    oportunamente    dichas  providencias.   

Mucho  menos  podía  mantener tal actitud,  ante   el   reclamo   de   Benancio   Gilberto   Delgado  Rodríguez20  sobre  la  devolución  de  unas  cadenas  de  oro  que  le  fueron decomisadas en el 2001,  elevado  ante  el  Fiscal  acusado  en  vista de la desatención sistemática de  Patricia  Lucía  Jiménez Mahecha a resolverle su petición, ocasión en que el  procesado  se  limitó  a  decirle “…que viniera en un mes para ver si hasta  eso  ya  se  recuperan  las cadenas…”, relató vertido el 13 de noviembre de  2003,  cuando  finalmente  se  activó  la  investigación  penal  a raíz de la  devolución  de  los documentos depositados por Patricia Lucía Jiménez Mahecha  en casa de su amiga Omaira Gladys Legarda Rosero.   

No tenía razón el doctor REYES TORRES para  confiar  en  el  manejo  adecuado  de  los  dineros  en  referencia por parte de  Patricia  Lucía Jiménez Mahecha cuando a través del Coordinador de Fiscalías  Mario        Edmundo       Zarama       Concha21, se enteró en mayo de 2003,  que  no  había  sido  consignada  la  cantidad  de $523.000.00 decomisada en un  allanamiento  y  entregada  en  su  oficina, ante lo cual, según explicó en la  indagatoria           el           acusado22,  se limitó a interrogar al  respecto  a  Patricia  Lucía  Jiménez Mahecha y no obstante recibir respuestas  evasivas,  no  adelantó  ninguna  gestión  para  conocer  la forma en que ella  manejaba  los  bienes  incautados  y  para  evitar  que  este tipo de sucesos se  repitiera,  en  vista  de que la empleada procedió a hacer el depósito oficial  respectivo  antes de ser internada en establecimiento psiquiátrico en el mes de  junio  de  2003. Sin embargo, solamente hasta el 5 de agosto de 2003, realiza el  procesado  con la participación del nombrado Coordinador la primera inspección  a  los  archivos  y  al escritorio de Patricia Lucía Jiménez Mahecha, y decide  informar  al  Director  Seccional de Fiscalías del caos protagonizado por ésta  el 14 de noviembre de 2003.   

La   reducida  cuantía  de  los  valores  anómalamente  retenidos  por Patricia Lucía Jiménez Mahecha tampoco justifica  la  falta  de  interés  del  procesado  por  el  rumbo que ella les daba, ni le  permitía  razonablemente confiar en que su dependiente no omitiría la oportuna  consignación  en la cuenta oficial, según lo pretende la defensa. Tal actitud,  fue  la regla general en el diario laborar del acusado pues no hay prueba de que  hubiera ejercido control sobre las sumas elevadas.   

La  forma  clandestina como Patricia Lucía  Jiménez  Mahecha  distrajo  los  referidos  recursos  no  explica  la  falta de  supervisión  asumida  por  el fiscal investigado, quien no podía pretender que  la  “exigencia  genérica”  sobre  el  cuidado  de los procesos y los bienes  incautados,  fuera  suficiente  para  disuadirla  de  este  tipo de actuaciones,  según  pretensión  del  defensor.  Tampoco  el  hecho de que se tratara de una  empleada  antigua  en  la  institución  era factor suficiente para depositar en  ella  confianza  absoluta  y  descuidar  los deberes de control de su actividad,  como  corresponde  a  la  obligación  constitucional impuesta a los agentes del  Estado de proteger los bienes de sus asociados.   

3.           En conclusión, contrario a lo pretendido  por  la  defensa  y  el  Ministerio  Público, frente a obrar tan descuidado del  procesado  resulta  inaplicable  el  principio  de confianza en la medida en que  aproximó  el  peligro de la producción del resultado lesivo para la función y  la  administración  pública  previamente especificado, luego existe certeza de  que  el doctor EDUARDO FRANCISCO REYES TORRES incurrió en el delito de peculado  culposo  y  la  decisión  de  imponerle  sanción  penal por tal conducta será  convalidada.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E :  

1.                 CONFIRMAR       integralmente la sentencia condenatoria impugnada. Y,   

2.           ADVERTIR que en  contra de esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO   ENRIQUE       SOCHA      SALAMANCA                      JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  C.  orig. N° 1, fol. 103.   

2  C.  orig. N° 1, fol. 156-167.   

3 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sents, del 12 de junio de 2000, rad. N° 11.541; y del 14  de junio de 2001, rad. N° 12.443.   

4 Las  adjuntó,  según  se  observa a los folios 474 a 482, del cuaderno original N°  2.   

5  C.  orig. N° 2, fols. 484-486.   

6 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sent.  del 16 de septiembre de 1997, rad. N° 12.655.   

7 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sent.  del 20 de mayo de 2003, rad. N° 16.632.   

8  C.  orig. N° 1, fols. 154-155.   

9  C.  orig. N° 1, fols. 151 y s.s.   

10 C.  orig. N° 1, fols. 127-133 y 229-238.   

11 C.  orig. N° 1, fols. 185-188.   

12 C.  orig. N° 1, fols. 45-47.   

13 C.  orig. N° 1, fols. 5-7.   

14  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, rad. 25.536, ibídem.   

15  Enrique  Bacigalupo.  Principios  de  derecho  penal.  Parte  General.  Madrid,  Akal,  5ª  edición, 1998,  página 191.   

16  Margarita   Martínez   Escamilla.   La  imputación  objetiva  del resultado. Madrid, Edersa, 1992, página  334.   

17  David  Fernando  Panta Cueva. Algunas observaciones al  principio  de  confianza  en  la teoría de la imputación objetiva: problema de  autonomía    y    repercusiones   normativas.   En,  Universidad  de Guayaquil, Ara Editores, XVII Congreso  Latinoamericano,   IX   Iberoamericano,   I   Nacional   de   Derecho   Penal  y  Criminología.  Lima, Universidad de Guayaquil, 2005,  página 391.   

18  Margarita Martínez Escamilla, obra citada, página 335.   

19  Cfr.  Yesid Reyes Alvarado. Imputación  objetiva.   Bogotá,  Temis,  3ª.  Edición,  2005,  páginas 162/3.   

20 C.  orig. N° 1, fols. 8-9.   

21 C.  orig. N° 1, fols. 135-138.   

22 C.  orig. N° 1, fol. 112.     

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