23932(27-10-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23932  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado acta número 82  

Bogotá.  D.C., veintiséis de octubre de dos  mil cinco.   

          Decide  la  Corte lo pertinente con relación a la admisibilidad de  la   demanda   de   casación  interpuesta  por  la  defensora  de  Juan  Carlos  Valencia Arbeláez en contra  de  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  superior  de Antioquia el 30 de  noviembre  de  2004, mediante la cual confirmó la del Juzgado segundo penal del  circuito  especializado  del  mismo distrito judicial, que lo condenó a la pena  principal  de  120  meses  de  prisión  como autor del delito de concierto para  delinquir.   

HECHOS  

          Así  fueron  narrados  por  el  Tribunal  en  la  decisión que se  impugna:   

          “Esta  causa se desprendió del proceso número 545 que impulsaba  la  Unidad  de Derechos Humanos de la Dirección Nacional de Fiscalías con sede  en  Bogotá,  contra  el  Mayor  del ejército Jesús María Clavijo Clavijo, el  teniente  Coronel  Luis  Alfonso  Zapata  Gaviria, y otros miembros de la citada  institución  militar  y  de  la  Policía Nacional, así como contra el confeso  paramilitar  Ricardo  López  Lora,  y  otros,  con  el  fin  de  investigar  la  conformación  de  un  grupo  paramilitar, de autodefensas o limpieza social que  operaba  en el oriente del Departamento de Antioquia, especialmente en los años  1996 a 1998.”   

          “El  día  23  de enero de 1998 fue capturado por integrantes del  Cuerpo  Técnico  de Investigaciones de la Fiscalía, en el Municipio de La Ceja  (Antioquia),  Ricardo López Lora, conocido en los círculos delincuenciales con  los        alias        de       ‘Robert’ o la  ‘Marrana’,    quien   comandaba   el   grupo  paramilitar  que  asolaba  la región del oriente Antioqueño, como consecuencia  del  allanamiento  realizado  al  inmueble  sito  en  la  calle  14  número  18  – 15, en donde residía,  y  además  se  incautó  material  bélico,  y  se retuvieron otras personas, y  además  incautaron a López Lora un Beeper Motorola Memo Express, código 7003,  de Electrónicas Bolivariana, serie 723NWK 4T2W.”   

          “La  Unidad  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de Bello,  realizó  las  primeras  investigaciones relacionadas con la identificación del  aparato   de  comunicaciones  incautado  al  confeso  paramilitar  “Robert”,  estableciendo  que  figuraba  asignado por la empresa prestadora del servicio de  Beeper  a  Aldemar  Echevarría  Durango,  y  de la misma empresa obtuvieron los  mensajes  dejados  en  el  año  1997 al citado jefe de las autodefensas, por el  capitán  Castillo  y por los agentes de la Policía nacional de la Unión, para  ese  entonces,  y  Valencia  Arbeláez,  a  la  sazón  adscrito  a la Sijín de  Rionegro; sucesos que generaron vinculación a esta encuesta.”   

ACTUACION PROCESAL  

1. Con base en las  diligencias  compulsadas  del proceso 545 que se instruyera en contra de Ricardo  López  Lora,  la  Unidad  de  Derechos  Humanos  de  la Fiscalía General de la  Nación,  mediante  providencia del 22 de octubre de 1999, abrió investigación  penal    en    contra   de   Juan   Carlos   Valencia  Arbeláez,  y  otros,  por  la presunta comisión del  delito  de  conformación  de  justicia privada, librando orden de captura en su  contra     (fs.,    1    cuaderno    5).   

2.   El  7  de  diciembre    de    1999,    Juan   Carlos   Valencia  Arbeláez  fue escuchado en diligencia de indagatoria  (fs.,  80  cuaderno 6), y el  16  del  mismo mes y año le fue resuelta su situación jurídica, imponiéndole  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como  autor del delito de  concierto  para  delinquir  con  fines  de  conformación  de grupos de justicia  privada    (fs.,    147    cuaderno   6).   

3.   El  23  de  noviembre  de  2000, luego de  clausurar  parcialmente la investigación, la  fiscalía  acusó, entre otros, a Juan  Carlos  Valencia de concierto para delinquir con fines  de  conformación  de  grupos de justicia privada (fs.,  268 cuaderno15)   

4. El 7 de mayo de  2001,  luego  de  asumir  formalmente  el  conocimiento  del proceso, el Juzgado  segundo  penal  del circuito especializado de Antioquia, denegó las solicitudes  de  nulidad  planteadas  por la defensa del sindicado, para finalmente, el 14 de  mayo   de   2002,  condenar  a  Juan  Carlos  Valencia  Arbeláez,  a  la  pena  principal  de  120  meses de  prisión  como  autor  del  delito  que  le  fuera  imputado  en  la resolución  acusatoria  y  multa  en cuantía de 4000 salarios mínimos legales (fs., 64 cuaderno 17).   

5.  Apelada  la  decisión,  el  tribunal  superior  de  Antioquia,  mediante  la  suya del 30 de  noviembre de 2004, la confirmó en su integridad.   

6. La defensora del  procesado  recurrió la sentencia de segunda instancia en casación.           

DEMANDA     DE  CASACION   

          Con  fundamento  en  la  causal primera de casación, la demandante  formula dos cargos contra la sentencia de segunda instancia:   

          Primero:           Violación    indirecta    de   la   ley   por   falso   juicio   de  identidad.   

          Es  evidente,  dice  la  demandante,  que al apreciar los medios de  prueba,  el  Tribunal  incurrió  en  un  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad al adicionar la prueba documental.   

            Advirtiendo  de antemano que no pretende anteponer su criterio al  de  las  instancias,  con el fin de desarrollar el cargo, aduce que es imperioso  resaltar  la  forma  como  el  Tribunal  le hizo agregados indebidos a la prueba  documental,  al dar por cierto que el sujeto apodado “pelusa” o “peludo”  es  Juan  Carlos  Valencia,  y que los mensajes enviados vía beeper probaban la  concertación  con  grupos  al  margen  de  la ley, liderados por Ricardo López  Lora.   

          Al  suprimir esos dos elementos de juicio que la prueba no contiene  –   la   identidad  de  “pelusa  y  la  idoneidad  de los mensajes para probar la participación en la  conformación  de grupos paramilitares –,  entonces  la  prueba  se contrae de tal modo que de ella solo se  puede  concluir  que el procesado no es “pelusa”, y que él no participó en  la conformación de grupos paramilitares.   

          Lo  que  indica  la  prueba, en su contenido original, es que no es  posible  deducirle  responsabilidad  alguna  al  sindicado,  porque  se parte de  especulaciones,  tal  y  como  en  su  momento  lo  expuso  el representante del  Ministerio Público en la diligencia de audiencia pública.   

          De   manera   que,   por   esas   razones,   el   Tribunal  aplicó  indebidamente,  como  consecuencia  de la apreciación errónea de la prueba, el  artículo  340  del  código  penal,  que  describe  el delito de concierto para  delinquir para conformar grupos al margen de la ley.   

          Segundo:           Violación  indirecta  de  la  ley  por  error  de  hecho  por falso  raciocinio.   

          Con  este  cargo  se pretende demostrar que el Tribunal se apartó,  al apreciar las pruebas, de las reglas de la sana crítica.   

          Después  de  señalar  cuáles  son  los  principios de la lógica  (necesidad,  contradicción, identidad, implicación y  dependencia)  y  las leyes de la ciencia (universalidad,         síntesis,         verificabilidad         y  contrastabilidad),   la   demandante  aduce  que  el  Tribunal infringió el principio lógico de implicación.   

          En  ese  orden,  indica  que  un argumento se estructura sobre tres  elementos:  un  punto  de  vista,  una fundamentación y un garante (la  manera  como  se  enlazan  la  máxima de la experiencia con la  fundamentación).   

          Así,  a  apreciar  el  contenido  de  los  mensajes,  el  Tribunal  concluyó  que  la  relación entre el sindicado y el líder paramilitar Ricardo  López  Lora,  se  demuestra  a  partir  de los mensajes enviados por Valencia a  López  Lora  a  través  del  beeper  83558  que  le  fue  incautado, y los que  recíprocamente recibía.   

          Sin  embargo,  además  de que ese beeper no es ni fue de propiedad  del  sindicado,  lo  cierto  es que los mensajes cruzados no demuestran nada. En  efecto,  que  significa  que en ellos se diga que “el negocio no resultó, los  muchachos  están  en  media hora en su casa”, o “si todavía no ha recogido  los  muchachos  espere  en  la  finca  que  para  ese  lugar va el patrón”, o  “solicito  apoyo para una ráfaga o quiere que lo sancione”. Nada, porque se  ignora quiénes son los muchachos, o qué significa una ráfaga.   

          Empero,  el  Tribunal  expresó,  con  base en esas pruebas y desde  luego sin fundamento, lo siguiente:   

                   “No queda  duda        de        que        ‘pelusa’, es  ni  mas  ni  menos,  el  agente  Valencia  Arbeláez, lo que se desprende de los  teléfonos  y códigos de beeper dejados a Ricardo López Lora con el fin de que  le  devolviera los mensajes, utilizando el teléfono de sus suegros, el 5310062,  y  el  de su abuela, el 5611524, y que dichos abonados telefónicos pertenecían  a  sus  parientes,  lo  reconoce  el  mismo  justiciable; así como utilizaba el  teléfono  del  comando  de  policía  en  donde  laboraba,  correspondiente  al  5310044, extensión 21…”   

          Mas  el  Tribunal  se  olvida  que  es  común  entre  el  grupo de  uniformados  compartir  en  sedes  afectadas por el orden público sus sitios de  residencia,  así  como  también  los  números de las entidades oficiales, son  utilizados por diferentes personas.   

          En  fin,  aún cuando Valencia perteneció a las filas de la fuerza  pública  en  el departamento de Antioquia, ¿cuantos Valencias mas no lo fueron  ?   De  manera  que  no  se  puede  asegurar que haya sido él quien puso o  recibió los mensajes.   

          En   conclusión,  ¿  cuáles  fueron  los  delitos  que  Valencia  fomentó  en  convivencia con grupos al margen de la ley, cuál el dolo con qué  actuó ?   

          De  ello  no se dice nada, porque “hay una falla de estructura en  el  proceso  argumentativo.  Al establecer la relación causal entre el punto de  vista  (la creencia de que Valencia Arbeláez intervino  y  estuvo  involucrado  en  un grupo paramilitar) y la  fundamentación  (los  mensajes de beeper),  se  observa  que  el  garante  (el nexo  entre  esos  dos  elementos), no está fundado en una  ley  de  la  lógica,  en  una  ley  de  la  ciencia  o  en  una  máxima  de la  experiencia.”   

             Como   se  comprende,  en  la  sentencia  se  elude  el  proceso  argumentativo  y  se  acude  a  una  falacia  a  través  de  la  “conclusión  inatinente,  consistente  en  sustentar  una  conclusión  particular apelando a  premisas que no guardan relación con esa conclusión.”   

          Si  se  excluye  este razonamiento de la sentencia, lo ocuparía el  argumento    lógico    que    desliga   a   Valencia  Arbeláez   de   la  responsabilidad  que  le  fuera  atribuida indebidamente.   

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  demanda  se  inadmitirá por no cumplir las exigencias formales  indicadas   en   los   artículos   212  y  213  del  código  de  procedimiento  penal.   

En efecto, la sistemática del recurso de  casación  se  explica  porque  su  razón  de  servir  de  sede  al  juicio  de  constitucionalidad  y  de  legalidad que se formula a la adjudicación normativa  que  en  el  ámbito  de  los derechos fundamentales debe realizar el juez en la  sentencia.   

A   partir  de  esa  comprensión,  puede  afirmarse  que  la  argumentación  del  recurso  no puede asumir la forma de un  ensayo  en  donde se manifiesten libremente opiniones o criterios en torno a las  conclusiones  tomadas  en  la  sentencia,  para imponer los propios, como quiera  desde  el  artículo  212 del código de procedimiento penal surge la carga para  el  demandante,  al  denunciar  la  ilegalidad  de  la decisión, de señalar la  causal  seleccionada,  con  expresión precisa, clara y coherente de los cargos.   

          La  demanda,  como habrá de verse, está lejos de acercarse a esas  exigencias.   

          En  efecto,  acorde  con  las  nociones  de  claridad, coherencia y  precisión,  cuando  el  demandante  recurre  a  denunciar  la  ilegalidad de la  sentencia  por  errores  de  hecho, tiene por deber indicar la clase de error en  que  el sentenciador incurrió, realizar una nueva apreciación de los medios de  prueba  destacando  y corrigiendo el error noticiado, con el fin de demostrar la  trascendencia   del   mismo   en  la  adjudicación  de  la  norma  de  derecho.   

          Tratándose  de  un  error  de hecho por falso juicio de identidad,  que  es  esencialmente objetivo, la demandante ha debido comparar lo que dice el  medio  y  lo  que de él dijo el juzgador, para destacar aquella adición que no  correspondería  a lo que la prueba objetivamente expresa. En ese orden, nada de  ello   se   logra   al   anteponer   –aun  cuando  la  demandante  advierte  que  no lo hará–   el   particular  criterio  de  la  recurrente  al  del  Tribunal, pues nótese que en la demanda no se indica cuál  sector  del  medio de prueba fue agregado, desde una visión objetiva del mismo,  sino  que  se  advierte  que  el Tribunal incurrió en un error al deducir de la  prueba  documental  que  “pelusa”  es el procesado, y que aquel se concertó  para fomentar la creación de grupos paramilitares.   

          En  ese  orden, como se comprende, la discusión ya no versa acerca  del  contenido  objetivo  de  la prueba, sino respecto de las inferencias que el  juzgador  dedujo  de  ella, razón por la cual el problema no ha debido asumirse  como  un error de hecho por falso juicio de identidad, sino como una cuestión a  controvertir desde la perspectiva del falso raciocinio.   

Es  evidente:  de  un  error  fundado en la  materialidad  de la prueba, como lo es el de identidad, la demandante derivó en  su  exposición  hacia un error de raciocinio, de manera que ha debido, para ser  consecuente  con  esta  noción,   destacar  que  en la apreciación de las  pruebas  el  juez  infringió las reglas de la sana crítica, las cuales el juez  está  en  el deber de exponer razonadamente a la hora de indicar el mérito que  se le asigna a cada prueba.   

            Por lo mismo, para reafirmar la idea, a  la    demandante    le    correspondía,    como    lo   ha   dicho   la   Sala,  establecer   “que  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,    cuál    fue    el   mérito   persuasivo   otorgado,   determinar    el   postulado   lógico,  la  ley  de la ciencia o la máxima de la experiencia  cuyo   contenido   fue   desconocido   en  el  fallo,  debiendo   a   la   par  indicar  su  consideración  correcta,  identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada y finalmente  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada   apreciación   de  aquella  prueba.”  1   

          Pero   no   lo   hizo.  Además,  una  argumentación  de  ese  estilo se requería para fundamentar los dos cargos. No  obstante,  pese  a que en el segundo anunció en términos generales cuáles son  las  leyes  de  la  lógica  y  de la ciencia, terminó censurando el juicio del  Tribunal  no  a  través  de  ellas, sino mediante interrogantes que opuso a las  inferencias  del  juzgador,  sin  destacar  en  concreto  cómo  se  produce  la  infracción de las leyes de la lógica o de la sana crítica.   

          Olvidó  que  se  requiere,  como lo ha enseñado la Corte, que por  ser  el  error  de  raciocinio  de  naturaleza  estimativa  o  valorativa, “su  acreditación  exige  demostrar  que los juzgadores, en el ejercicio intelectual  que   comporta  la  determinación  del  mérito  persuasivo  del  medio,  o  la  obtención   de   una   conclusión   probatoria   de   carácter   inferencial,  desconocieron  los  principios de la lógica, las reglas de la experiencia o los  postulados      de      la      ciencia.”     2   

         

          En   su   lugar,  la  demandante  pretende,  mediante  afirmaciones  indefinidas,  sustituir  la  demostración  a  la infracción a las reglas de la  sana  crítica,  como  se  denota  cuando  dice  qué  el Tribunal olvida que en  regiones  signadas  por  dificultades  en  el  orden  público,  los  agentes de  policía  comparten su residencia, lo cual daría lugar a que otros aprovechasen  para   que   les   envíen   mensajes  a  sitios  diferentes  a  sus  verdaderas  residencias.   

          No  obstante, esas es una afirmación insular de la demandante, que  corresponde  a  su particular punto de vista, o a una expresión de conocimiento  general,   que  desde  luego  no  surge  del  proceso,  sino  de  su  particular  pensamiento,  lo  cual por supuesto es insuficiente para destacar la infracción  a las leyes de la lógica por parte del Tribunal.   

          Al  no  haberse  formulado  la  demanda de acuerdo a las exigencias  formales, como al principio se dijo, se inadmitirá.   

          Fuera  de  ello, la Corte no encuentra garantías fundamentales que  deba oficiosamente restaurar.   

DECISIÓN  

          En  consecuencia,  La  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal,   

RESUELVE  

          Inadmitir   la   demanda   de   casación   presentada   a   nombre  de   Juan   Carlos   Valencia  Arbeláez.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MARINA PULIDO DE BARON  

                           Comisión de servicio   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ           ALFREDO  GOMEZ  QUINTERO   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO  O  PEREZ PINZON   

Comisión de servicio  

JORGE           QUINTERO  MILANES               YESID      RAMIREZ  BASTIDAS    

MAURO            SOLARTE  PORTILLA             JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  casación penal, auto del 26 de enero de 2005,  radicado 22119, M.P. Marina Pulido de Barón.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de casación penal, sentencia del 2 de mayo de 2003,  radicado   17375,   M.P.  Fernando  Arboleda  Ripoll.     

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