23226(29-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23226   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 052.  

          Bogotá,   D.C.,   junio   veintinueve   (29)   de   dos  mil  cinco  (2005).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda  de  casación discrecional presentada por el defensor de los procesados  BERTILDA CLAVIJO DE SASTOQUE y JOSE VICENTE y FERNANDO  SASTOQUE  CLAVIJO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Juzgado  Cincuenta  y  Uno  Penal del Circuito de  Bogotá  el  11  de  agosto de 2004, confirmatoria de la dictada en primer grado  por  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  La  Calera,  mediante la cual fueron  condenados  como  autores  penalmente  responsables del delito de usurpación de  tierras.   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto no casar la sentencia impugnada por  considerar que las quejas del demandante son infundadas.   

HECHOS  

En  tres  ocasiones  durante  el  año 1997,  BERTILDA  CLAVIJO  DE SASTOQUE, JOSÉ VICENTE SASTOQUE  CLAVIJO  y FERNANDO SASTOQUE  CLAVIJO  retiraron  la  cerca  que  dividía el predio  poseído  por  ellos  y el terreno de propiedad de Juan  de  Jesús  Santiago  Santiago e ingresaron semovientes  de  su  propiedad a que pastaran allí, pese a que mediante providencia judicial  se  había  decidido  el  litigio  que sobre tal fundo se había suscitado entre  aquellos  y  éste,  ordenando  la  restitución  a  su propietario Juan de Jesús Santiago.   

La Fiscalía Seccional de La Calera y Guasca  declaró  abierta la instrucción, en cuyo marco vinculó mediante indagatoria a  BERTILDA    CLAVIJO    DE    SASTOQUE   y     JOSE     VICENTE     y  FERNANDO  SASTOQUE  CLAVIJO,   resolviéndoles   su   situación   jurídica   con   medida  de  aseguramiento  de  caución  prendaria  como  posibles  autores  del  delito  de  usurpación de tierras.   

Cerrado el ciclo instructivo, se profirió en  contra  de  los  procesados resolución de acusación el 26 de noviembre de 1999  como  autores  del  ilícito que sustentó la medida de aseguramiento, decisión  que  fue  confirmada  el  5  de  septiembre  de  2000 por la Unidad de Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal de Cundinamarca al conocer del recurso de apelación  interpuesto por la defensa.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de La Calera, despacho que una vez surtido el  rito  correspondiente profirió sentencia el 26 de marzo de 2004, por cuyo medio  condenó  a  los acusados a las penas principales de doce (12) meses de prisión  y  multa  de veinmte mil pesos ($20.000.oo) y a la accesoria de interdicción de  derechos  y funciones públicas por un lapso igual al de la pena privativa de la  libertad  como  autores penalmente responsables del delito objeto de acusación.  En   la   misma   providencia   los  condenó  al  pago  de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios  y les concedió el subrogado penal de la condena  de ejecución condicional.   

Impugnado el fallo adverso por el defensor de  los  procesados,  el  Juzgado  Cincuenta  y Uno Penal del Circuito de Bogotá lo  confirmó  mediante  sentencia  del  11  de  agosto  siguiente, la cual es ahora  objeto  de impugnación extraordinaria por la vía discrecional, ejercida por el  defensor de los incriminados.   

          Mediante  auto  del  16  de  febrero  de 2005, esta Sala admitió de  manera  discrecional la demanda de casación únicamente en cuanto se refiere al  propósito  de  desarrollar  la jurisprudencia con ocasión de ahondar sobre las  diferencias  entre  el  delito de usurpación de tierras y otros comportamientos  similares.   

En el curso del trámite casacional se obtuvo  el respectivo concepto del Ministerio Público.   

LA DEMANDA  

En  punto  de  la  temática  abordada en el  libelo  cuya admisión discrecional dispuso la Sala, el demandante afirma que la  tipicidad  del  delito de usurpación de tierras establecido en el artículo 365  del  derogado  Código  Penal,  “relacionado con los  inmuebles,  afirma  la  antigua  fórmula,  non contrectatur sed invaduntur, que  recoge  la  conducta de quien realiza el apoderamiento de ellos, no tomándolos,  sino   despojando   de   ellos   a  quien  los  tiene  en  su  poder”.   

Y   agrega   que   estima  “necesaria  la presencia del complemento subjetivo del tipo según el  cual   el   agente   debe   tener   propósito   de   apropiación  –   total   o   parcial   –  del  inmueble  al  cual pertenece el  objeto  material  de  la  infracción,  o  por lo menos la intención de derivar  provecho   del  mismo.  En  presencia  de  finalidad  diversa  desaparecerá  la  tipicidad  del  hecho  de  acuerdo  a  la  presente  norma.  Si el agente actúa  motivado  por  otra  finalidad,  su conducta podrá ubicarse en otro tipo penal,  por  ejemplo,  daño  en bien ajeno si el propósito es solo dañar; hurto si se  trata  de  apoderarse  del  mojón  para  obtener  provecho  de él; o ejercicio  arbitrario  de  las  propias  razones,  si  lo  que  se pretende es recuperar un  lindero,  o  incluso  ser atípica por no coincidir con el ingrediente subjetivo  requerido”.   

          También  aduce  que  en  la  actuación  se  acreditó que mediante  decisiones   judiciales   se   ordenó   entregar  al  querellante  Juan  de Jesús Santiago el predio sobre el  cual  versó  el proceso de declaratoria de nulidad del contrato de compraventa,  sin   especificar  linderos,  providencias  que  no  fueron  notificadas  a  los  procesados  y  que  por  tanto,  dado que estos habían construido una cerca con  alambre   dos   metros   más  arriba  del  lindero  cuya  entrega  se  ordenó,  Juan  de  Jesús instaló una  tercera  cuerda  de alambre, la cual le fue retirada y devuelta por Alvaro   Sastoque   Pinzón,   hasta  que  finalmente  este retiró en su integridad la cerca que había construido y dejó  en   un   sitio   visible   la  cuerda  de  alambre  colocada  por  Juan de Jesús Santiago.   

          Con   base   en   lo   expuesto   considera   que  fue  Alvaro  Sastoque  Pinzón,  ya  fallecido,  esposo  de  BERTILDA  CLAVIJO  DE SASTOQUE  y  padre  de  los  otros dos procesados, quien retiró la referida  cerca,   es   decir,   se   llevó   lo   suyo,   para  dejar  que  Juan  de  Jesús  Santiago  construyera su  propio  lindero,  pese  a  lo  cual,  si  bien  se  ordenó su vinculación a la  instrucción, esta no se produjo.   

          Igualmente  señala  que  “el  hecho  de  suprimir  su propia cerca del sitio donde la construyó el señor Sastoque, para  que  se  realizara  el  lindero  real,  no configura la conducta que tipifica el  delito  de  Usurpación  de Tierras. La conducta consiste en destruir, alterar o  suprimir  aquellos  mojones  que determinan los límites del predio, vale decir,  quitando  removiendo esas señales, con el fin de cumplir actos que corresponden  al  dueño”, en tanto que en este asunto, ninguno de  los procesados realizó tales comportamientos.   

De  lo expuesto colige que sus defendidos no  son  responsables  por  la conducta objeto de acusación, pues la única persona  que   decidió   levantar   la   cerca   fue   Álvaro  Sastoque,  quien  no  fue  escuchado  en diligencia de  indagatoria,  no  obstante  ser la persona contra quien se dirigieron los cargos  contenidos en las denuncias.   

Además,  sostiene  que el único delito que  pudo     haber     cometido     Alvaro     Sastoque  Pinzón  es  el de ejercicio arbitrario de las propias  razones,  por  haber construido la cerca dos metros más arriba del lindero real  del  predio  del  querellante, irregularidad que configura, como lo ha reiterado  la  Corte,  un error en la denominación jurídica que impone la declaratoria de  nulidad de lo actuado por violación del debido proceso.   

          A  partir  de lo anterior, el impugnante solicita a la Sala casar el  fallo  impugnado   y  declarar  la  invalidación  de  lo  actuado a fin de  corregir el yerro que denuncia.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación   Penal   solicita  en  su  concepto  no  casar  el  fallo  objeto  de  impugnación  por  estimar que los juzgadores no incurrieron en equívoco alguno  al  estimar  que la conducta realizada por los procesados se adecua al delito de  usurpación  de  tierras  por  el  cual  fueron  acusados y luego condenados, de  conformidad con las siguientes consideraciones:   

          Respecto  de  la  configuración  del  mencionado delito señala que  este  tiene  lugar cuando hay apoderamiento de una propiedad o de un derecho que  pertenece  a  otro,  empleando para ello la violencia y que la conducta consiste  en  destruir,  alterar  o  suprimir  los  mojones  o señales que establecen los  límites  de  un  predio determinado, o en cambiarlos de sitio, con la finalidad  de  apropiarse  en todo o en parte del bien, o de derivar un provecho que en las  anteriores condiciones se estima irregular.   

          Afirma  que  la  primera  parte  del  tipo  penal  se  refiere a una  modalidad  de  comisión  en la cual el propósito del autor es el apoderamiento  del  bien,  en  tanto  que  la  segunda  parte  corresponde a otra modalidad que  involucra  el elemento subjetivo de obtener un provecho particular en detrimento  de  un  tercero  al  modificar  los  linderos  o  demarcaciones  de  un  lote de  terreno.   

          Igualmente  precisa  que  el  objeto material sobre el cual recae la  conducta  es  un  bien  inmueble  sobre cuya demarcación se realiza la conducta  violenta  o  arbitraria  con  el  fin  de  desplazar  al propietario, poseedor o  tenedor legítimo.   

          También   expone  que  el  delito  de  usurpación  de  tierras  es  sustancialmente  diferente al de daño en bien ajeno, pues aunque ambos protegen  el  patrimonio  económico  como  bien  jurídico, aquél es más específico en  cuanto  sólo puede recaer sobre bienes inmuebles, establece determinadas verbos  rectores y exige ciertos ingredientes subjetivos.   

          En  punto  de  la  similitud  entre  el  delito  de  hurto  y  el de  usurpación  de  tierras  afirma  que  pese  a tener elementos en común como el  apoderamiento,  el  ánimo de lucro y la violencia en algunos casos, difieren en  la  naturaleza  del  objeto  material  sobre  el  cual recae la conducta pues el  primero  se  produce  respecto  de  cosas muebles, en tanto que el segundo tiene  lugar con relación a bienes inmuebles.   

          Finalmente,   en  cuanto  se  refiere  a  que  la  conducta  de  los  procesados  se  adecua  al  ejercicio  arbitrario  de  las  propias  razones, la  Delegada  considera  que  no  se  satisface  la  exigencia  de titularidad de un  derecho,  dado  que  los  procesados no tenían facultad alguna sobre el terreno  que  invadieron,  pues  mediante  providencia  judicial ya se había decidido el  litigio    que    tenían    con   Juan   de   Jesús  Santiago en favor de este.   

          Entonces,  considera  que  la  conducta de retirar las cercas con el  propósito  irregular  de alimentar el ganado de los sindicados en terreno ajeno  se  adecua al delito de usurpación de tierras, motivo por el cual acertaron los  funcionarios    judiciales    al    acusar    y    condenar    a    BERTILDA  CLAVIJO  DE  SASTOQUE  y  JOSE VICENTE y FERNANDO SASTOQUE  CLAVIJO por tal comportamiento.   

          Adicionalmente  indica  que no advierte violación de las garantías  de  los  procesados, pues se les garantizó su derecho a la defensa técnica con  la asistencia de varios profesionales del derecho.   

          Con  fundamento en lo anotado, la Procuradora Delegada solicita a la  Sala,   como   inicialmente   se   advirtió,   no  casar  el  fallo  objeto  de  impugnación.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Dado   que,  según  se  expresó  en  la  providencia  mediante  la  cual  se  admitió  discrecionalmente  el libelo y se  ordenó   surtir   el   correspondiente  traslado  al  Ministerio  Público,  es  “necesario  ahondar  a efectos del desarrollo de la  jurisprudencia  en  punto  de  establecer  las  diferencias  entre  el delito de  usurpación  de  tierras,  por  el que fueron condenados los procesados, y otras  conductas  punibles  que  comparten  algunos  componentes  afines  pues, como lo  indica  el  casacionista,  resulta importante el elemento subjetivo que contiene  el  primero  de  los  comportamientos  señalados, según el cual el agente debe  tener  el  propósito  de apropiación del inmueble, bien sea total o parcial, o  por  lo menos la intención de obtener un provecho de él, para diferenciarlo de  tipos   penales   como   el   de   daño   en   bien   ajeno,   hurto,  u  otras  conductas”,  tal será la temática que corresponde  dilucidar a la Sala, en cuyo marco jurídico se tiene:   

El   delito  de  usurpación  de  tierras  tipificado  de  manera  idéntica  tanto  en el artículo 365 del Decreto 100 de  1980  como  en  el  artículo  261 de la Ley 599 de 2000, constituye un atentado  contra  el  bien  jurídico del patrimonio económico, en virtud del cual, quien  lo  comete realiza uno o varios de los verbos rectores alternativos consistentes  en  destruir,  alterar,  suprimir  o cambiar de lugar las señales que trazan un  lindero entre bienes inmuebles.   

         Para  que  tales  conductas sean punibles, es preciso que el agente  actúe  determinado por el ingrediente subjetivo de apropiarse de la totalidad o  un   fragmento   del   inmueble,   o   bien,   de  conseguir  un  provecho  para  sí.   

         Ahora  bien,  no basta con la destrucción de los hitos para que se  configure  el  delito  objeto de estudio, pues si la finalidad pretendida por el  autor  es  ajena  a  los  referidos  ingredientes  subjetivos,  se  configurará  entonces  el  delito  de  daño  en  bien  ajeno,  de  una  parte, porque en tal  situación  no  se  afecta el derecho patrimonial que se tiene sobre el inmueble  y,  de  otra, porque lo que se lesiona es el patrimonio económico de la persona  a  quien  corresponde  el  derecho  de  propiedad  sobre  los mojones, en cuanto  objetos    materiales    sobre    los    cuales    recae    el    comportamiento  destructivo.   

De la misma manera, si la modificación del  lindero  constitutiva  de la alteración exigida en el tipo analizado es ajena a  los  ya  mencionados  ingredientes  subjetivos, la conducta podría adecuarse al  tipo  penal  de  daño  en  bien  ajeno,  en la medida en que los hitos resulten  deteriorados,  sin  que,  por  tanto,  se  cometa  el  delito  de usurpación de  tierras.   

Si  el  comportamiento  ejercido  sobre los  mojones  consiste  en  suprimirlos,  sólo  será  punible  cuando  la finalidad  pretendida  por  el  agente se ajuste a alguno de los ingredientes subjetivos ya  citados,  esto  es,  apropiarse  de  todo o parte del bien inmueble colindante u  obtener  un  beneficio para sí, de modo que cuando la supresión de los mogotes  obedece  a  motivaciones  diversas,  se  podría  presentar  un  delito de hurto  agravado  por  concurrir  la circunstancia específica establecida en el numeral  8º  del  artículo  241  de  la  Ley  599  de  2000,  es  decir,  por recaer la  apropiación  de  cosa mueble ajena sobre cerca de predio rural, siempre que tal  sea  la  característica  del  fundo  en  el  cual  tiene  lugar  la  mencionada  acción.   

La  diferencia  entre  la supresión de las  mugas  que  constituyen  el lindero y su alteración, radica en que en el primer  comportamiento  las señales son desaparecidas, con lo cual, también desaparece  la  línea  divisoria  entre  los inmuebles, en tanto que en la segunda acción,  las   marcas   no   son   retiradas  definitivamente  sino  que  son  objeto  de  modificación  en  procura  de  conseguir  la apropiación de un terreno ajeno o  derivar  provecho  de él, como ocurre cuando se varía el curso de una quebrada  que separa dos heredades.   

         Cuando  el comportamiento consiste en cambiar de sitio los mojones,  se  reitera,  es imprescindible para que un tal proceder se adecue al tipo penal  de  usurpación  de  tierras la presencia de uno de los tantas veces mencionados  ingredientes subjetivos.   

         Como   además   el  censor  afirma  que  la  conducta  investigada  corresponde  “al ejercicio arbitrario de las propias  razones”, es necesario efectuar dos precisiones: La  primera,  que para el año 1997, época de comisión de los hechos que motivaron  este  diligenciamiento,  la conducta de hacer justicia por sí mismo en lugar de  recurrir  a  la  autoridad  no  constituía  un  delito, sino una contravención  especial  de  conformidad con lo establecido en el artículo 16 de la Ley 228 de  1995,  cuyo  conocimiento  correspondía  a  los  jueces  penales  o  promiscuos  municipales  del  lugar donde se cometió el hecho, disposición aún vigente de  acuerdo  con lo preceptuado en las disposiciones finales (artículo transitorio)  de la Ley 600 de 2000.   

         La   segunda,   que   tal   comportamiento   exige  “la  presencia  de un elemento subjetivo específico, cual es el fin  de  ejercer  un  derecho,  y de una concreta circunstancia de realización de la  conducta  –  hacerse  justicia  arbitrariamente por sí mismo -, la que en tales  condiciones  sólo puede ser ejecutada por un sujeto activo cualificado, cual es  el  TITULAR  del derecho cuyo ejercicio emprende en forma violenta, obviando las  vías   legales   establecidas   para  el  efecto”;  “presupone,  por tanto, la existencia de un derecho  que   constituye   un   presupuesto   y,   al  mismo  tiempo,  un  elemento  del  tipo”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

Una   vez   efectuadas   las   anteriores  precisiones  conceptuales  en  procura de desarrollar la jurisprudencia, procede  la   Sala   a   abordar   la  censura  formulada  sobre  el  particular  por  el  censor.   

         Juan  de Jesús Santiago Santiago afirmó  bajo    la    gravedad    del    juramento    lo    siguiente:   “ALVARO   SASTOQUE   PINZON,   JOSE   VICENTE   SATOQUE  Y  BERTILDA  CLAVIJO” “metieron seis  (6)  novillas  de  raza  normando  las cuales pastan en el lote de mi propiedad,  dicho  ganado  está  en  la  finca desde el día lunes 22 de septiembre de este  año  (1997,  se aclara)”. Además, expresó que el  daño  sufrido  se concretó en la ocupación del predio y que los sindicados no  querían    retirar    el    ganado    de    allí2.   

         En   otra   ocasión   afirmó   en   un  escrito:  “ALVARO   SASTOQUE   PINZÓN,  VICENTE  SASTOQUE  CLAVIJO,  FERNANDO  SASTOQUE  CLAVIJO  y  BERTILDA  CLAVIJO  GUTIERREZ”,  “rompieron  la cerca que da acceso a la carretera y  entraron  abusivamente  unas  quince  reses  a comerse el pasto de mi propiedad,  esto  sucedió  recientemente o sea el día sábado primero del corriente mes de  marzo   y   hasta   la   fecha   de   hoy   cinco   de   este  mes  (marzo  de  1997,  se  aclara) las están  manteniendo      en      el      potrero     de     mi     propiedad”3.   

         

         De  lo  expuesto  se  concluye sin dificultad que el comportamiento  adelantado  por  los  procesados  BERTILDA CLAVIJO DE  SASTOQUE           y           FERNANDO       y       JOSE  VICENTE SASTOQUE CLAVIJO consistió  en  tumbar  la  cerca  divisoria  entre  el  predio  poseído  por estos y el de  propiedad    de    Juan    de    Jesús    Santiago  Santiago,  dando  lugar  a  que  semovientes  de  su  propiedad  ingresaran a terreno ajeno a pastar durante algún tiempo y en varias  ocasiones.   

         Siendo  ello  así,  estima  la  Sala  que  acertó el ad  quem  al exponer que “en  las  ocasiones  en que se produjo el derribamiento del cableado  se  procedió por parte de los acriminados a introducir ganado vacuno a su finca  a  pastar,  con  lo  cual  se  pregona  derivación de  provecho  del inmueble ya que las reses se alimentaron  de  la  hierba  existente  en  este terreno, comportamiento que igualmente se ve  reprimido  en  la  norma,  motivo  por  el cual la separación de su base de los  pilotes  y  el  alambre,  fue necesaria para poder derivar provecho del pastizal  existente  en  el predio de JUAN DE JESUS” (subrayas  fuera  de  texto),  de  lo  cual  concluyó  que “el  comportamiento  ejecutado  por  los  procesados  es  constitutivo  del delito de  usurpación     de     tierras     y     no    de    ningún    otro”.   

         En  efecto,  no  hay  duda  que  si bien el fallecido Alvaro   Sastoque   Pinzón  también  participó  en  el  derribamiento  del referido lindero, la intervención de sus  hijos   JOSE  VICENTE  y  FERNANDO, así como de su  esposa  BERTILDA  CLAVIJO  es   incuestionable,  según  puede  establecerse  con  las  intervenciones  que  mediante  escritos  o  declaraciones realizó Juan de  Jesús  Santiago  en el desarrollo de la actuación,  más  aún  cuando  el proceder de los incriminados se presentó por lo menos en  tres  ocasiones,  motivo  por  el cual no se aviene con el recaudo probatorio el  decir  del  defensor  de  que  el  responsable  de  la conducta que motivó este  diligenciamiento      fue     precisamente     el     fallecido     Alvaro  Sastoque  Pinzón  y  que  los  acusados son ajenos a tal comportamiento.   

        Ahora,  en  cuanto  se  refiere  a  la  alegación  de la defensa,  referida  a  que no se presentó el elemento subjetivo exigido por el tipo penal  de  usurpación  de  tierras,  estima la Sala que si se encuentra acreditado que  los  procesados  al  derribar  la  cerca  ingresaron  varias reses al terreno de  Juan de Jesús Santiago a  pastar,  consiguieron  el propósito de derivar provecho del inmueble, es decir,  concretaron  uno  de  los dos motivos definidos por el legislador como elementos  subjetivos   del  tipo  de  usurpación  de  tierras,  sin  que  entonces  tenga  importancia  alguna  aducir que su pretensión no era la de apropiarse en todo o  en parte del mencionado fundo.   

        Con   relación   a  que  el  único  comportamiento  que  podría  imputarse  a  los  procesados  era  el  de  ejercicio  arbitrario de las propias  razones,  baste  señalar  que  tal  conducta,  como ya se advirtió, supone que  quien  la realiza cuenta con un derecho cuyo ejercicio adelanta por fuera de los  canales  judiciales,  situación  que  no  se presenta en el caso de la especie,  pues  mediante  sentencia  del  24  de  septiembre  de 1991 el Juzgado Promiscuo  Municipal  de  La  Calera  ordenó  la  restitución  del inmueble sobre el cual  recayó  la  usurpación  a  Juan de Jesús Santiago  Santiago;  a  la  diligencia de entrega se opuso sin  éxito   BERTILDA  CLAVIJO  DE  SASTOQUE,  quien  a  través  de apoderado impugnó tal decisión, la cual  fue  confirmada  en  segundo  grado  el  19  de  febrero  de 1996 por el Juzgado  Diecisiete Civil del Circuito de Bogotá.   

        Por  tanto,  es  evidente  que  si  ningún derecho asistía a los  procesados    respecto    del    inmueble    de    propiedad   de   Juan  de  Jesús Santiago, dado que las  autoridades  judiciales  ya  se habían pronunciado sobre el particular en favor  de  este,  no se configura el presupuesto esencial para que el comportamiento de  destruir  la  cerca  e  ingresar  semovientes a pastar al referido predio, pueda  adecuarse  a  la conducta de ejercicio arbitrario de las propias razones como lo  pretende el censor.   

          Así   las   cosas,   estima  la  Sala  que  el  cargo  postulado  y  desarrollado  por  el  recurrente  no está llamado a prosperar y, por tanto, la  consecuencia  que  de  ello  se  deriva es que no se dispondrá la casación del  fallo atacado.   

          Por  lo  expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE  

1.             NO  CASAR  la  sentencia impugnada.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                               HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                  ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

Permiso  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN         JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                               MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Providencia  del 13 de noviembre de 1999. Rad. 12064. M.P. Dr. Fernando Arboleda  Ripoll.   

2 Fol.  1. c.o. No.1.   

3 Fol.  58. c.o. No. 1.     

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