23859(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23859  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  181   

Bogotá, D.C., veintiséis (26) de septiembre  de dos mil siete (2007)   

DECISIÓN  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  HÉCTOR  LEONARDO  MORALES  PÉREZ,  contra el fallo del 25 de  noviembre  de  2004,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior     de     Distrito     Judicial    de    Cundinamarca,    confirmó  la  sentencia adoptada por el  Juez   Penal   del   Circuito  de  Pacho, el 31 de agosto de 2005.   

HECHOS Y ACTUCIÓN PROCESAL  

1. El 11 de febrero  de  2001,  en  el  municipio  del  Rosal,  se  presentó  una riña entre varias  personas,  motivo por el cual falleció JOSÉ FERNANDO  OLAYA   SÁNCHEZ,  víctima  de  múltiples  heridas  causadas  con  arma  blanca,  por  parte  de  HÉCTOR  LEONARDO   MORALES   PÉREZ.     

2. La Fiscalía  3  Delegada  ante  los  Juzgados Penales del Circuito de  Funza,  el 30 de marzo de 2004, profirió resolución  de acusación por el punible  de    homicidio   simple  contra  MORALES  PÉREZ. La  etapa  del  juicio  la  adelantó el Juzgado Penal del  Circuito    de    Funza,   quien   lo   condenó,  a  la pena principal de trece  (13)   años   de  prisión,  como  autor  responsable  del  delito  imputado  e  inhabilitándolo  en el ejercicio de derechos y funciones públicas por un lapso  igual al de la pena principal.    

Contra  el fallo citado formuló recurso de  apelación    la    defensa    técnica;  alzada  decidida  por  el  Tribunal de  Cundinamarca,         al         confirmar la decisión del Juez. Durante  el  término  de  ejecutoria,  el  mismo  sujeto procesal, interpuso y sustentó  demanda de casación,  que hoy califica la Sala.   

RESUMEN DE LA DEMANDA  

El  actor  propone con base en el artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, dos cargos: i)  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad,     en    sentido    de    falta   de   aplicación  del  articulo  571  del Código Penal, afirmando que el Tribunal ignoró “un  bloque  testimonial”,  por  esa  razón,  rechazó  la  credibilidad  de los testigos y negó la atenuante de ira  que   tal   precepto   consagra;   ii)   error     de     hecho    por    falso  raciocinio sobre varios elementos de convicción, por  falta  de  aplicación del  artículo   57   del   Código  Penal,  porque  “el  sentenciador      razonó      equivocadamente      cuando      dedujo     dicha  inaplicación”.   

Come  metodología  la  Sala  aprenderá el  estudio por separado de los ataques.   

1. Falso juicio de  identidad:  Para  explicarlo  trascribe  apartes  del  fallo  del  Tribunal  donde  se señaló que “cuatro  testigos” demostraron un claro ánimo por favorecer  al   procesado;  acto  seguido  indica  que  su  prohijado  en  el  “segundo    tramo”   de  la  indagatoria,  narró  una serie de  circunstancias  de  las  que  fue  víctima  de ataques y lesiones: “me  dieron patadas y puños… los tipos decían que con las que  estábamos  eran  una  perras y que se las iban a comer, por eso me dio también  rabia”    

Se refiere a la declaración de OSCAR  ALBERTO  SANTOS  FLOREZ, de quien  dice  se  le dio total credibilidad, “segunda prueba  que  parcialmente  soslayó  el  fallador”, toda vez  que  el  grupo de los cuatro  atacó  al  procesado, uno de ellos sacó un puñal, fue grosero, se le cayó la  daga  que  fue  recogida  por  el sentenciado, que era amigo de infancia del hoy  occiso,  aspecto  según  el actor que “robustece la  credibilidad de sus asertos”.   

Otro  medio  probatorio identificado por el  libelista  como  la  “tercera prueba”   que   “sólo   fraccionada   mente  consideró   el   Tribunal”,  se  condensa  en  la  declaración   de   KAREN  JOHANA  ROMERO,  en  la  que manifestó que los amigos del encausado “se   enojaron   mucho   porque   los   otros  muchachos  habían  irrespetado   a   Lina”,  indicando  que  el  Juez  Colegiado le imprimió total credibilidad al señalado testimonio.   

Anuncia  el  libelista  que con las pruebas  atacadas  “se  ha  derrumbado  las  razones por las  cuales    el    fallador    restó    credibilidad    a    la    referida   masa  testimonial”.   Luego   transcribe   apartes   de  declaraciones  de  CARLOS,  GIOVANNI,  LINA  MARÍA y  YINA,  para sostener que el motivo de la riña fueron  los  insultos  de  un  grupo  a  otro  y que de “ese  bloque     testimonial    que    rechazó    errónea    y    parcialmente    el  Tribunal”   debe   admitirse   que   1)    que    era    el    “grupo  de  los cuatro”, 2)  que  la  persona  más  tomada era el  occiso,  3) que a las damas  las         insultaron        “grave        e  injustificadamente, y   4)     que por esa razón se agredieron.   

En conclusión, advierte que se apegó a la  jurisprudencia2   sobre   la  debida  argumentación  del  primer  ataque,  porque  identificó  las  pruebas,  afirmó  dónde  se  ubican,  qué  incidencia tiene  después  de  valorarlas;  todo  con  el  fin  de  que se admita la atenuante   de   la  ira,  rechazada  en  instancias.      

2.    Falso  raciocinio:        alude        a       variada  jurisprudencia3  sobre  el error seleccionado e indica que se incurrió en él por  las  siguientes  razones:  1)  cuando    el    tribunal    rechazó    los    testimonios    que   “pretenden  favorecer  al procesado”,  deducción  “ilógica”  en  palabras  del  demandante que atenta contra la sana crítica “pues  en  la riña  y en el tumulto… es perfectamente normal  que  uno  no  dé cuenta de precisar, quién golpeó a quién, quién hizo tal u  otra  cosa contra determinada persona”, por ende, no  puede   rechazarse   el   bloque  de  testimonios  de  los  cuatro  “por  el  hecho de que no precisaron la persona que mató a JOSÉ  FERNANDO OLAYA”   

Por  lo  anterior,  infiere  el  actor  que  “en  semejante  tumulto  de  madrugada  resultaría  francamente  sospechoso  que  un  testigo  precisara  quien agredió a quién en  concreto  y  la  forma como lo hizo”; argumentos que  coadyuvan   a   darle   soporte   al   primer  cargo  elevado  por  falso  juicio de identidad, al sopesar la  Sala la “masa testimonial”.   

Aseveró   que  las  consideraciones  del  Tribunal   “ofenden  los  principios  de  la  sana  crítica,  la  lógica,  el  conocimiento del ser humano como individuo (ciencia  del   ser   humano)”.   Es  por  ello  que  en  los  juzgamientos  no “deviene inexorablemente como punto  de   arranque…   un  juicio  ex  ante”;  por  que  “ningún  hecho  es idéntico a otro”  y  el  Tribunal cuando desechó el grupo de declaraciones citadas  contravino        el       artículo       2384  del  C.P.P.  Sustentando sus  aserciones  en  el  salvamento  de  voto  que hiciera uno de los magistrados del  Tribunal  en  donde  le  reconoce  el  estado de ira al sentenciado HÉCTOR LEONARDO MORALES PÉREZ.   

Concluye      que      “esas  agresiones,  en  suma,  tuvieron  toda la potencialidad de  engendrar  la  “rabia”  o  ira en el acusado, rapto pasional que presidió y  acompañó   al   homicidio”;  solicitando  que  se  case  parcialmente el fallo  recurrido y se le reduzca la pena resultante del estado de ira.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La censura presentada a favor de  HÉCTOR  LEONARDO  MORALES  PÉREZ, no  reúne  los presupuestos de coherencia y lógica-argumentativa puntualizados por  la  jurisprudencia  para admitir la demanda. Pues si bien, propone como punto de  partida  para  lograr  la infirmación del fallo de segundo nivel, la violación  de  la  ley sustancial, con fundamento en la causal primera del artículo 207 de  la  Ley  600  de 2000, en su desarrollo y demostración incurre en graves faltas  que  atentan contra la filosofía que inspira el recurso extraordinario, a pesar  que vehementemente afirmó cumplirla.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  unida  a  los  fallos,  tampoco  es  una  adición  de  ideas en busca de un fin  jurídico  subjetivo  o  hipotético del actor para asegurar la demostración de  los   cargos  seleccionados:  violación  de  la  ley  sustancia  por  vía  indirecta por errores de hecho en sentidos de falso juicio  de identidad y falso raciocinio.   

Como  metodología  la  Sala  abordará  las  censuras  en  forma independiente, a fin de brindarle al actor mayor claridad en  todo   lo   que   tiene   que   ver   con   las   falencias   contenidas  en  la  demanda.   

1. Falso juicio de  identidad:    el   que   advirtió   se   presentó  probatoriamente,  sin  haber  sido  reconocido  por las instancias como tal, por   

El           primer yerro del libelista consistió en  ignorar  el  principio  de  trascendencia  que  rige el recurso extraordinario de casación, sin el cual, la  cesura  se torna insustancial, al no demostrarse la conexidad existente entre el  vicio alegado con relación a la decisión impugnada.   

Siendo ello así, la identidad de la prueba  puede   socavarse  de  tres formas distintas e incompatibles : i)   falso   juicio   de  identidad  por  tergiversación,  al cambiarle el juzgador el sentido  literal   al   medio   probatorio,   ii)  falso  juicio  de identidad por adición,  consistente  en  que se le añade a la prueba aspectos fácticos no comprendidos  en  ella, y iii) falso juicio  de    identidad    por    cercenamiento,  exteriorizándose  cuando  se exime del  contexto    probatorio   circunstancias   o   hechos   esenciales   –incluidos  objetivamente en el medio-  que  al haber sido suprimidos, desquician la decisión del juzgador: en las tres  modalidades  se  cambia literalmente la prueba para ponerla a decir lo que ella,  en  su propia naturaleza no dice o enuncia, vicio que conlleva a la declaratoria  de una verdad fáctica diversa a la revelada por los falladores.   

El           segundo  dislate  del censor, se concibe  al   no   haber   abordado   ninguna   de  las  modalidades  propuestas  por  la  jurisprudencia   (tergiversación,   cercenamiento   y   adición)   para  darle  consistencia,  claridad  y efectividad al ataque. Si no existe una coherencia en  la  selección  de tales motivos, todo lo afirmado por el impugnante se queda en  vagas  e  infundadas  apreciaciones probatorias, tal como ocurrió en el caso en  estudio.   

El           tercer   equívoco   se   determina  al  pretender  el demandante que se le imprima, a toda consta, credibilidad al grupo  de  testigos  de los cuatro,  en  contra de lo expresado por el Tribunal, con base, entre otras explicaciones,  en  un  salvamento  de voto en el que se dice los hechos se acoplan al estado de  ira.   

El  Juez  Colegiado,  sin  que  se pretenda  entender  que  es  un  argumento  de  fondo,  desecha la propuesta de diminuente  punitiva  elevada  por  la  defensa,  porque  los  requisitos no se acoplan a la  norma,  al  afirmar, por ejemplo, que “para la Sala,  la   actitud   del   hoy   occiso   no  constituye  un  comportamiento  grave  e  injusto”;  supuestos típicos que fueron rebatirlos  por   el  actor  con  su  particular  criterio,  cuando  aseveró:  “insultaron   grave   e   injustificadamente   a   las  referidas  damas”:  el  censor,  con  tal  actuar, acomoda los  elementos  descriptivos  del  tipo  de la ira con las pruebas, sin que medie una  propuesta  argumentativa  coherente  con  la  lógica  requerida  en  casación:  pretendiendo  minimizar  los  hechos  en  contra de lo valorado por el Tribunal.   

Más   aún   cuando  sostiene   que  “es  evidente  que  fueron  esos  insultos  los que  originaron  la  riña  en  cuestión”, imponiendo su  exclusiva  visión  jurídica  sobre la de los falladores y aislando su discurso  con  el  plasmado  por el Tribunal, con lo cual dejo indemne el ataque y carente  de fuerza demostrativa su propuesta.   

2.    Falso  raciocinio:  son  múltiples  las  falencias  que  se  constatan en el libelo:   

2.1.   Citó  jurisprudencia  sobre  el  forma  como  debía  sustentarse el error, pero en el  desarrollo del cargo la ignoró.   

2.2.    Sus  afirmaciones   son   producto   de  hipotéticas  y  eventuales  tesis,  algunas  ininteligibles  como  cuando  indicó:  “Nimios para  quiénes     tamañas     agresiones?     Es     curioso     que    –y  en  una  suerte de juego mental de  esencia  inconsciente-  paradójicamente  es tesis de “nimiedad” provenga de  dos  mujeres:  las  dos magistradas que hicieron mayoría y derrotaron al varón  que   salvó   parcialmente  el  voto”.   

2.3. Adujo que las  consideraciones    del   Tribunal   “ofenden   los  principios  de la sana crítica, la lógica, el conocimiento del ser humano como  individuo   (ciencia  del  ser  humano),  pero  dejó  estancado  su  discurso,  no  lo  perfeccionó,  solo  fue  un enunciado, jamás  comunicó  cuáles  leyes  de  lógica  paso  por alto el Juez Colegiado, ¿qué  postulado  de  la  ciencia  del  ser  humano  se  vulneró?, ¿en qué sentido?,  ¿cómo se aplica al caso concreto?   

2.4.  Impone  su  valoración  sobre  la  plasmada  por  el  Tribunal, sin que hubiese mediado una  coherente  sustentación  del  cargo,  al  decir  que  se atentó contra la sana  crítica  porque  en  una  riña  es  normal  que  nadie  se  de cuenta de nada:  “pues  en  la  riña   y  en  el tumulto… es  perfectamente  normal  que  uno  no  dé  cuenta  de  precisar, quién golpeó a  quién,  quién hizo tal u otra cosa contra determinada persona”. El  Juez  Plural  basó su criterio en el contenido de los diversos  declarantes,  cuestión  que  olvidó tener en cuenta el libelista; es por ello,  que su escrito se perfila como un alegato de instancia.   

2.5. Para rematar,  aquí     también,     desconoció     el     principio     de     trascendencia,  quedando  anquilosada la  demostración del yerro que evocó.   

Se  constata,  entonces,  que  el libelista  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por el Juez Colegiado, sin  ninguna  prevalencia  en la lógica-jurídica requerida para motivar la demanda,  con  lo  cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que inspira el recurso  extraordinario.   

Los  defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino a la Sala que inadmitir la  demanda    de    casación,   presentada   a   favor  de   HÉCTOR   LEONARDO  MORALES  PÉREZ,  de  conformidad con lo preceptuado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000; toda vez que, la censura no precisa de las mínimas y elementales  condiciones  de  coherencia,  claridad y precisión, indispensables en un debate  formulado contra las decisiones de instancia.   

Por  último, por expresa autorización del  articulo  216  del  Código  de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000, el dispone  que  “igualmente  podrá  casar la sentencia cuando  sea    ostensible    que    la    misma    atenta    contra    las    garantías  fundamentales”,   en  ilación  con  el  postulado  constitucional     de     favorabilidad;  la  Sala  en  virtud  de  la  facultad  oficiosa, ajustará a la  legalidad  la  pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  impuesta  en  el  fallo atacado al sentenciado HÉCTOR  LEONARDO MORALES PÉREZ.   

Lo  precedente,  toda  vez  que  la  pena  accesoria  se  tasó  en  un  término  igual  al  de  la  principal,  tope  que  contraviene  el  máximo  de 10 años previsto en el artículo 44, 4 del Decreto  100  de 1980, modificado por la Ley 365, 3 de 1997, al desbordar los límites de  duración  de  las  penas  allí  plasmadas;  sin  que se perciba en el contexto  probatorio,  una  nueva vulneración a las garantías fundamentales, que la Sala  le corresponda también declarar de oficio.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

RESUELVE   

Primero:         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada     a     nombre     de    HÉCTOR         LEONARDO         MORALES         PÉREZ.   

Segundo:              MODIFICAR  la  pena  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones públicas impuesta al  procesado  HÉCTOR LEONARDO MORALES PÉREZ,  en  el  sentido  de imponerla por un lapso igual a 10 años, por  las razones señaladas en la parte motiva de este proveído.   

Tercero:  contra   la   presente  providencia no procede recurso alguno.   

Cópiese,  comuníquese,   cúmplase y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

Cita medica  

                                                                                            

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

        Secretaria   

    

1  Ley  599  de  2000:  Ira o  intenso  dolor:  “El que  realice  la  conducta  punible  en  estado  de ira o intenso dolor, causados por  comportamiento     ajeno     grave     e     injustificado,     incurrirá    en  pena…”   

2 Corte  Suprema   de   Justicia:   citó   el   radicado  12.062  del  2  de  agosto  de  2001   

3   Corte  Suprema  de  Justicia: se refirió a los radicados 1.479 (23 de Noviembre  de  2000),  21.587  (25 de febrero de 2004) y 18.909 (3 de marzo de 2004).    

4 Ley  600   de  2000,  apreciación  de  las  pruebas.  “las  pruebas  deberán  ser  apreciadas   en   conjunto,   de   acuerdo   con   las   reglas   de   la   sana  crítica”.     

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