23834(06-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23834   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 054.  

          Bogotá D.C., julio seis (6) de dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad   formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el procesado ÁNGEL   ADOLFO   PITRE   CORZO,  en  su  condición  de  abogado,  contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior  de  Barranquilla  de  fecha  septiembre 9 de 2004, mediante la cual confirmó la  dictada  por  el  Juzgado Octavo Penal del Circuito de la misma ciudad, por cuyo  medio  lo condenó por el delito de falsedad material de particular en documento  público.   

HECHOS   Y   ACTUACIÓN   PROCESAL    

          El  25  de febrero de 1998, en la ciudad de Barranquilla, la señora  Martha  Lia Cardona tomó la  póliza  de  vida  No. 8589137, por riesgo de muerte y muerte accidental, con la  compañía  de  seguros  SEGUROS  BOLIVAR  S.A., con una vigencia de dos años a  partir  del  2 de junio del mismo año y por un valor total de $ 110.187.500,oo,  a  favor  de  los  beneficiarios Joseph Edward Salazar  Cardona   y  Martha  Libia  Cardona,   su   hijo   y   hermana,  respectivamente.   

          El  16  de  abril  de  1999,  la  tomadora  del  seguro ingresó por  urgencias  al  Hospital  Universitario  de la misma ciudad, manifestando haberse  caído  de  un caballo.  Bajo su responsabilidad fue dada de alta ese mismo  día;   sin  embargo,  al  siguiente, supuestamente habría fallecido en la  morada    de    Fidel    Villamizar    tal  como  lo certificó el médico ÁNGEL  EDUARDO  PITRE  CORZO, señalando como causa de muerte  el  trauma  cráneo encefálico ocasionado por la caída del equino.  El 28  de   abril   siguiente,   la   señora   Martha  Luz  Idárraga,  en  representación  de los beneficiarios,  inició  el  trámite  de  reclamación  ante la aseguradora;  no obstante,  merced  a las gestiones emprendidas por la aseguradora se pudo establecer que el  deceso  en  realidad  no  había  ocurrido  y que la asegurada había viajado al  exterior.      

Con  fundamento en los hechos anteriores, se  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  marco  fueron     vinculados    ÁNGEL    ADOLFO    PITRE  CORZO, Martha Libia Cardona  Montoya   y   Martha  Luz  Idárraga,     a     quienes     se    resolvió  su  situación  jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva  por  los  delitos  de concierto para delinquir, falsedad  material   de  particular  en  documento  público,  falsedad  personal,  fraude  procesal, falsedad en documento privado y estafa.   

          Una  vez  cerrada  la investigación, se  calificó  el  mérito  del  sumario  el 8 de agosto de 2000, con resolución de  acusación   en  contra  de  ÁNGEL ADOLFO PITRE  CORZO,  por  los  delitos  de  falsedad  en  documento  privado,  fraude  procesal  y  falsedad  material  de  particular  en  documento  público,  de Martha Libia Cardona Montoya  por  falsedad personal, fraude procesal y tentativa de estafa y de  Martha    Luz    Idárraga    Cárdona  por  los  dos  últimos  delitos  mencionados  y  uso de documento  público      falso.             

Contra  la  decisión  anterior,  interpuso  recurso   de   apelación   el   defensor   de  PITRE  CORZO, pero al no haberlo sustentado oportunamente fue  declarado   desierto   mediante   providencia   de   fecha   septiembre   13  de  2000.     

          El  trámite del juicio le correspondió al Juzgado Octavo Penal del  Circuito  de  Barranquilla  despacho  que,  luego  de  surtirse  el  rito  legal  pertinente,   profirió   sentencia  por  cuyo  medio  condenó  a  PITRE  CORZO  como  autor  del  delito de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público a la pena de dos (2)  años   de   prisión   y   a   Marta  Libia  Cardona  Montoya  a  la  misma  sanción  como  autora  de  las  conductas  de falsedad personal, tentativa de estafa y fraude procesal, mientras  que  absolvió  de todos los cargos formulados en la resolución de acusación a  Martha    Luz    Idárraga    Cárdona.   

Contra  el  anterior  proveído  interpuso  recurso    de    apelación   exclusivamente   el   defensor   de   Marta  Libia  Cardona  Montoya,  sobre el  cual  se  pronunció  el Tribunal Superior de Barranquilla el 9 de septiembre de  2004, confirmando la decisión impugnada.   

Inconforme con la decisión del ad-quem    el   procesado   ÁNGEL   ADOLFO   PITRE  CORZO  interpuso  recurso  extraordinario   de  casación, el cual no le fue concedido por el  Tribunal  al  advertir  que  carecía  de  interés  para  impugnar por no haber  apelado la sentencia de primer grado.   

Contra  esta  determinación,  el  procesado  promovió  recurso  de queja, el cual fue resuelto por esta Sala el pasado 19 de  enero,   concediendo  el  medio  extraordinario  de  impugnación.   En  el  traslado  dispuesto  para  sustentarlo, el procesado presentó la demanda, sobre  cuya admisibilidad procede referirse.   

LA DEMANDA  

Con   el   fin  de  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  contra  el  fallo  del  Tribunal, el  procesado,  en  su  condición de abogado, formula un cargo, con fundamento  en  la  causal  primera,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  a  consecuencia   de  un  error  de hecho por falso juicio de existencia en la  apreciación probatoria.   

Señala  el  casacionista que el yerro tiene  que  ver  con  “la  prueba  grafológica practicada  sobre  las  pruebas  escriturarias   tomadas  al  suscrito”, pues  estima  que  para los efectos de dicho dictamen no se remitió  el  certificado  de defunción No. AO 43774 obrante en el proceso en el folio 95  del  cuaderno  original  1, que hubiera permitido confrontar las muestras que se  le  tomaron  en  desarrollo de su indagatoria, de modo que los sentenciadores de  instancia  “ignoraron  su existencia”,   dando  lugar  al  yerro  que  pregona  por  desconocimiento  del  “hecho   que   revela   la   prueba”.   

Con fundamento en lo anterior, indica que no  se  probó  dentro  del  proceso su responsabilidad en la falsedad del documento  que  se  le  atribuye,  producto  de  la omisión del Juzgado de conocimiento en  punto del decreto y práctica de la mencionada prueba.   

Lo  anterior,  a  su juicio, constituyó una  “vía  de  hecho  judicial”,  pues  se  le condenó sin existir plena prueba  sobre  su  responsabilidad, con lo cual, además, se le quebrantó su derecho al  debido proceso.   

El   juzgador   de   primera   instancia,  adicionalmente,  tampoco  tuvo en cuenta su negativa a reconocer el documento en  mención,  luego de que fuera interrogado al respecto por los sujetos procesales  en la audiencia pública.   

Así,  desde  su perspectiva, se vulneró el  inciso  segundo  del  artículo  232  del  estatuto  procesal,  por cuanto en el  proceso   no  obra  la  prueba  que  soporte  su  responsabilidad  en  grado  de  certeza;   por  el  contrario,  la  que existe determina que no realizó la  conducta  y,  en  consecuencia, no es responsable penalmente, motivo por el cual  es  acreedor a una sentencia absolutoria, que  corresponde, igualmente, con  el  resultado  del  experticio  grafológico practicado, en el sentido de que de  los  documentos  remitidos  para  el  cotejo no existe firma que coincida con la  suya;   conclusión que no fue considerada por ninguno de los juzgadores de  instancia.   

En   esas   condiciones,  predica  que  la  motivación  de la decisión adoptada en su contra es falsa, en la medida en que  está en total desacuerdo con la realidad del proceso.   

Acto seguido, sostiene que deja oficiosamente  a    consideración   de   la   Sala  “que  se  pronuncien  en  lo  relativo  a la entronización que de la duda en este proceso  han  hecho los  señores Magistrados de la Sala Penal del Tribunal Superior  del  Distrito Judicial de Barranquilla, con el contenido del fallo impugnado, lo  cual  apareja  como  consecuencia  la  perentoria obligación de reconocer el in  dubio  pro  reo  a  favor  del suscrito”.      

Como a su juicio la causal que propone está  debidamente   demostrada,  solicita  se case el fallo y, en su lugar, se le  absuelva del delito que se le endilga.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Es evidente que al casacionista no le asiste  interés  para  impugnar  la sentencia a través de esta forma extraordinaria de  impugnación   y   que,   por   ende,   la   demanda   se   debe   inadmitir  de  plano.   

Al respecto, previo a exponer los motivos en  que  se  fundamenta  la anterior afirmación, oportuno se ofrece precisar que si  bien  para  la fecha en que tuvieron ocurrencia los hechos (3 de junio de 1998),  de  acuerdo con la norma procesal vigente, esto es, el artículo 226 del Decreto  2700  de  1991, que refería a la “resolución sobre  la  admisibilidad del recurso”, no estaba prevista en  forma  expresa  la  posibilidad  de  inadmitir  la  demanda cuando el recurrente  carecía  de interés para impugnar, también lo es que por vía jurisprudencial  así  se  procedía,  por  tratarse  de  un  presupuesto  para  acudir  al medio  extraordinario  de  impugnación, como igualmente lo es para acceder a cualquier  recurso.   

Ciertamente,  es indiscutible que constituye  presupuesto  del  derecho  a  la  impugnación, el interés jurídico del sujeto  procesal  que  pretende, a través del ejercicio de los recursos, la reparación  de  un  desmedro  causado  con  una decisión judicial, por manera que lo que se  persigue  es  remover,  mejorar  o atemperar una situación que resulta gravosa,  criterio desde luego extensivo y aplicable a la casación.   

En  ese orden de ideas, la jurisprudencia de  la  Sala ha expuesto reiteradamente -de modo general- que la no interposición o  sustentación  debida  del  recurso  de  apelación  respecto de la sentencia de  primer  grado,  es señal de conformidad del sujeto procesal con el contenido de  tal  providencia,  razón  por  la  cual  carecerá  de  interés jurídico para  impugnar  la de segunda instancia quien invoque a última hora un agravio con el  fin de legitimarse en casación.   

En  otras  palabras,  si  cualquiera  de los  sujetos  procesales  se  abstiene de interponer o sustentar en tiempo el recurso  de  apelación  contra la sentencia de primera instancia, estando en condiciones  de  hacerlo,  se  ha  de  entender  que  se  muestra  conforme  con la decisión  proferida  y  el  ad quem no  puede, por su iniciativa, entrar a examinar su situación.   

La  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  sido  unánime  en  señalar  sobre  la  carencia de interés para acudir en casación  respecto  de  aquellos  casos  en  que no se agota el recurso de apelación, que  sólo    se   puede   prescindir   de   tal   exigencia,   en   los   siguientes  casos:   

1.-             Cuando   aparezca   demostrado   que  arbitrariamente    se    le    impidió    el    ejercicio    del   recurso   de  instancia.   

2.-             Cuando   el  fallo  de  segundo  grado  modifique  su  situación  jurídica,  de  manera  negativa, desventajosa o más  gravosa.   

3.-           Cuando  se  trate de fallos consultables  que causen perjuicio.   

4.-     Cuando el sujeto  procesal  proponga  nulidad  por  la  vía extraordinaria, siempre que medie una  demanda   en   forma,   pues  “la  aceptación  del  contenido  material  del  fallo,  revelada  a  través del silencio de la parte,  sólo  resulta válida si el procedimiento que lo sustenta es legítimo, y en la  circunstancia  de  ser la casación en nuestro medio, fundamentalmente un juicio  de      validez”1   

.  

La falta de interés para recurrir, cuando se  ha  dejado  de  impugnar  la  sentencia de primera instancia, con las salvedades  planteadas,  se predica de todos los sujetos procesales, sin privilegio distinto  del que pueda surgir normativamente.   

A  partir del anterior marco conceptual debe  precisar  la  Sala que ni el procesado ni su defensor, en la demanda que concita  la  atención,  interpusieron  recurso  de  apelación contra el fallo de primer  grado,  circunstancia  que  evidentemente  los  margina  de  la  posibilidad  de  efectuar  reproche  por vía del recurso extraordinario de casación, como aquí  lo  pretende  el  primero,  salvo  que  hubiere  estado  dentro de los supuestos  considerados como excepción a los que se ha hecho referencia.   

Sobre el particular conviene precisar que la  impugnación    extraordinaria   promovida   directamente   por   el   procesado  ADOLFO  PITRE  CORZO  en su  condición  de  abogado,  no está dentro de ninguna de las hipótesis referidas  en  precedencia  como  excepción  a la carga de impugnar la sentencia de primer  grado  y  sobre  los  mismos  aspectos  que  se  ventilan  a través del recurso  extraordinario.   

Efectivamente,   en  el  caso  materia  de  análisis,  pronto  se  advierte  que el fundamento del recurso de apelación se  circunscribió   a   los  argumentos   expuestos  por  el  defensor  de  la  coprocesada  Martha Libia Cardona Montoya,  quien en forma exclusiva apeló el fallo de primer grado en punto  de   los   medios   probatorios   que   fundamentaron   el   reproche  sobre  la  responsabilidad  penal  de  su  prohijada, algunos de los cuales difieren de los  que  a  su  vez  sirvieron  para fundar el juicio que recayó sobre PITRE  CORZO  y  que  se  pretenden ahora  cuestionar  mediante  la  invocación  de  la  causal  primera de casación, por  violación indirecta de la ley sustancial.   

El  principal  motivo  de disenso del único  cargo  planteado  en  el  libelo, radica en el supuesto error de hecho por falso  juicio  de  existencia  en  que se habría incurrido respecto del certificado de  defunción   expedido   por  PITRE  CORZO  en  su  calidad  de  médico  avalando  el  deceso de Martha  Lia  Cardona, punto sobre el cual  no  se debatió en apelación, ni lo podía abordar el Tribunal dada su limitada  competencia  funcional prevista en la ley y, en consecuencia, inoportuno resulta  esgrimirlo   en  este  momento  de  la  actuación  procesal  para  revivir  una  posibilidad  que  feneció  por  haberse  podido  discutir como fundamento de un  recurso           de          apelación          que          nunca          se  intentó.        

Ha  dicho  la Sala que de conformidad con la  preceptiva  del  artículo  204  de  la Ley 600 del 2000 (norma en vigor para el  momento  del  trámite  de  la  apelación  promovida  contra el fallo de primer  grado),  el  Tribunal  tiene  competencia  exclusiva para pronunciarse sobre los  aspectos  impugnados por el apelante e, igualmente, respecto de los que resulten  estrechamente  vinculados con ellos y como el punto sobre el cual se cimienta la  demanda  no fue abordado debido a la omisión de interponer el recurso vertical,  es claro que esa Corporación no podía pronunciarse al respecto.   

Por  tanto,  considera  la  Sala  que  si el  sindicado  se  mostró  conforme  con  lo  decidido en el fallo de primer grado,  carece   ahora   de   interés   para   habilitarse  en  sede  de  este  recurso  extraordinario,    omisión   que   privó   al   ad  quem  de pronunciarse y por ello, resulta improcedente  que  sin  aquel  necesario  debate  previo  lo  proponga  ahora en su demanda de  casación,  circunstancia  que  impone la inadmisión de la demanda por falta de  interés del impugnante.   

Resta señalar que la insular referencia del  libelo  en  el  sentido  de  que  se  vulneró el debido proceso con ocasión de  supuestos  defectos  en la apreciación probatoria dista de ser considerada como  una  propuesta  afín a la vulneración de garantías fundamentales y así tener  por  satisfecha  una  de  las  excepciones  que  se  han señalado, porque dicha  discusión  en  su  esencia  no  muestra una eventual nulidad de acuerdo con las  taxativas causales previstas en la ley.    

Lo anterior constituye razón suficiente para  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por el procesado ÁNGEL  ADOLFO  PITRE  CORZO y devolver el  expediente  al  despacho  de origen, como lo indica el artículo 226 del Decreto  2700  de  1991 (213 de la Ley  600  de 2000).  Además,  porque  no  se  advierte  que  se  haya  incurrido  en  violación de garantías  fundamentales     que     reclame    la    intervención    oficiosa    de    la  Sala.      

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el procesado  ÁNGEL ADOLFO PITRE CORZO en  su     condición    de    abogado,    por las razones expuestas en la anterior motivación.   

         

Contra  este  proveído  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                     ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Entre  otros,  auto  feb.11/99, rad. 9998, M. P. Fernando E. Arboleda Ripoll; casación  feb,24/2000,  rad.  10.809,  M.  P.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego;  casación  feb.13/2001, rad. 14.370, M. P. Nilson Pinilla Pinilla.     

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