23773(29-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23733  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado  acta  número  052    

Bogotá,  D. C., veintinueve de junio de dos  mil cinco.   

          Decide  la  Corte  si  es  admisible la demanda de casación que el  defensor    del    procesado    ALMEIRO   FERNANDEZ  LIZARAZO,  formula  contra  la  sentencia  de segunda  instancia  proferida  el  25  de noviembre del 2004 por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Cundinamarca, confirmatoria de la de primera instancia del  Juzgado  penal del circuito de Chocontá del 8 de julio del mismo año, mediante  la  cual  condenó al procesado a la pena de veinticuatro (24) meses de prisión  y  multa  en  cuantía  de cien (100) salarios mínimos legales mensuales, entre  otras  determinaciones,  a  consecuencia  de hallarlo penalmente responsable del  delito de contaminación ambiental.   

HECHOS  

          Así    fueron    narrados    en    la    sentencia    de   segunda  instancia:   

                        “En  ejercicio  de  sus funciones como autoridad ambiental y con ocasión a (sic) las  actividades  adelantadas  para  la  protección  de  las cuencas hidrográficas,  entre  ellas,  el  seguimiento  del  impacto  ocasionado  al  ecosistema por las  industrias  que  realizan  el  curtido  de  cuero en la región, la Corporación  Autónoma  regional  (C.A.R.),  por  intermedio  de  funcionarios adscritos a la  regional de Zipaquirá, practicaron dos visitas.”   

                       “Los  resultados  de  tales  inspecciones quedaron consignados en (sic) concepto   técnico,  del  cual  se  desprende  que  dicha  factoría curte cueros, lo cual  comprende  los  procesos  de  ribera,  curtido,  recurtido,  teñido,  engrase y  acabado,   empleando   para   ello   un  bombo  de  piñones  y  varios  insumos  químicos.”   

                   “Parte de  la  curtiembre  se  encuentra  localizada  dentro  del  30  metros  de  ronda de  protección  del río Bogotá, empero, cuenta con área suficiente para reubicar  sus equipos e instalaciones.”   

                        “En  relación  con  el  impacto ambiental ocasionado, se indicó que dicha industria  no  realiza  un  manejo  adecuado  de los residuos sólidos, como quiera que son  empacados,  sin  separación  alguna,  en bolsas plásticas o sacos de productos  químicos,  y  de  otra  parte,  los  lodos  provenientes  de  las  albercas son  utilizados  como  abono, lo cual genera graves problemas en el suelo, mismos que  pueden    evidenciarse    en    la   textura,   estructura   y   porosidad   del  suelo.”   

                                            “Adicionalmente,   se  verificó  que  las  aguas  domésticas  e  industriales  son  vertidas  al  río  Bogotá, sin ningún tipo de tratamiento,  desde  dos  cajas  de  inspección,  cuyo mantenimiento se realiza cada mes, sin  que   exista  permiso  para  ello,  a  lo  que  se aúna la afección de la  calidad  del  aire,  generada  por  la descomposición de materia orgánica y la  emisión  de  químicos  provenientes  del  pelambre,  las  usa  residuales,  el  desencalado, las carnazas y grasas de descarne.”   

                                            “Finalmente,  se  hizo especial advertencia sobre el grave riesgo  que  representa  todo  lo  anterior  para  la  salud  humana, sobre todo, por la  absorción    de   cromo,   la   que   afecta   el   sistema   pulmonar   y   la  piel.”   

ACTUACION  PROCESAL   

          La  Fiscalía  tercera  seccional  de  la Unidad de Administración  Pública  y del Medio Ambiente de Bogotá, abrió investigación previa el 25 de  mayo de 2000, y el 27 de agosto de 2001, investigación penal.   

          El  15  de  octubre  de  2002 cerró el ciclo instructivo y el 2 de  diciembre  del  mismo año acusó al sindicado imputándole la posible comisión  del delito de contaminación ambiental.   

          El  Juicio  lo  asumió el Juzgado penal del circuito de Chocontá,  autoridad  que  el  16  de  junio  de  2003  dictó las órdenes necesarias para  preparar  el  juicio, celebrando la audiencia preparatoria el 3 de septiembre de  2003 y la pública el 22 de abril de 2004.   

          El    8    de    julio    de    2004,   condenó   a   Fernández  Lizarazo por los cargos que le  fueron  imputados  a  una  pena de 24 meses de prisión, multa equivalente a 100  salarios  mínimos  legales  e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones   públicas,   suspendiendo   condicionalmente  la  ejecución  de  la  sentencia.   

          El  Tribunal,  mediante  providencia  del  25 de noviembre de 2004,  confirmó la decisión de instancia.   

LA    DEMANDA   DE  CASACION   

          El  censor  considera  que  la  Corte debe dar curso a la casación  discrecional  con  el  fin  de  desarrollar  la  jurisprudencia y garantizar los  derechos fundamentales de su asistido.   

          En  cuanto al primer aspecto, sostiene que la Corte tiene por deber  unificar  la  jurisprudencia, toda vez que tanto la fiscalía como el juzgado de  conocimiento,  en los procesos que por el delito de contaminación ambiental han  instruido  y  juzgado,  frente  a  algunos  casos “han dado por absolver a los  procesados,  otras  por  encuadrar su comportamiento dentro de los parámetros o  descripción  legal  que  del  punible  hacía  el Decreto 100 de 1980, en otros  casos  ha  considerado  que  los  hechos  persistieron después de que entró en  vigencia  la  Ley 491 de 1999, que reformó el artículo 247 del Decreto Ley 100  de 1980, la que era más benigna que la Ley 599 de 2000”.   

          Además,  en la aplicación de una u otra disposición, se requiere  indudablemente  de la unificación de criterios en torno de la hermenéutica del  tipo,  razón por la cual es imperativo que la Corte aborde el tema a través de  sus  pronunciamientos  y siente criterios claros y definidos, todo con el fin de  unificar la jurisprudencia en tal sentido.   

          A  su  juicio,  ello  es  indispensable,  máxime  si  el  Tribunal  Administrativo    de   Cundinamarca,   en   reciente   decisión,   eximió   de  responsabilidad  a  los  curtidores  de  cuero  y  la  trasladó a las entidades  encargadas  de regular y vigilar el desarrollo de dicha actividad industrial, de  donde  se  infiere  que  su  conducta es lícita, al encontrarse amparada por la  causal  de  ausencia  de  responsabilidad  prevista  en  el  artículo 32-10 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  “siendo por ello la sentencia de primera y  segunda  instancia,  violadora de los derechos fundamentales del procesado” al  ir en contravía del pronunciamiento judicial que evoca.   

          En  relación  con  el  segundo  tema,  sostiene que hay lugar a la  casación  discrecional,  pues  en la sentencia de segunda instancia se dejó de  lado  el  principio  de favorabilidad al seleccionar la norma aplicable, máxime  si   (i) la principal  prueba  de  cargo  fue recopilada por la Corporación Autónoma Regional, sin la  concurrencia  de  su  defendido,  y  (ii)  las  pruebas  decretadas  en  el  juicio no fueron recaudadas. De  allí  infiere  que  si la prueba de cargo está constituida por los informes de  la  Corporación  Autónoma  Regional  y  corresponden  a  los resultados de las  muestras  presuntamente  recopiladas  en  octubre  de 1999, se debió aplicar la  norma  que describía el punible de contaminación ambiental para esa época. No  obstante, se le aplicó la que contempla una mayor punibilidad.   

          En  seguida,  con  apoyo  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  formula un  cargo  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  en  el  que  lo  acusa de ser  violatorio,  por  vía  indirecta,  de  disposiciones  de  derecho sustancial al  adecuar  la  conducta  en  la  descrita  en la Ley 491 de 1999, que modificó el  artículo  247  del  código penal de 1980, como consecuencia de haber incurrido  el  juzgador  en  errores  de  derecho en la apreciación probatoria, al otorgar  validez a pruebas allegadas sin los requisitos legales.   

          Con        ese        propósito,        señala       (i)  que  el  sindicado  explicó que el  error  en  que  incurrieron  los  industriales  del  cuero  se  debió  a causas  atribuibles  a  la  Corporación  Autónoma  Regional,  al  cambiar  el  método  tradicional  de  curtido  por  el  de  utilización  de  componentes  químicos;  (ii)  que se le confirió,  indebidamente,  validez  a las pruebas técnicas realizadas por funcionarios esa  entidad  ambiental,  pese  a  que  no  fueron  practicadas  con  el lleno de los  requisitos  legales;  (iii)  que  no  se  examinó  las  contradicciones  entre los informes rendidos por los  funcionarios   de   la   corporación   ambiental  y  aquellos  presentados  por  investigadores  del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad; y (iv)  que  se  ignoraron  los  trámites  administrativos  contratados  por  el sindicado, a fin de obtener la aprobación  del plan de manejo ambiental.   

          A  continuación hace una “relación de pruebas no apreciadas por  el  fallador  de  segunda  instancia”,  entre  las  que  menciona (i)   la   indagatoria  del  procesado;  (ii)  la respuesta emitida  por      el     Ministerio     del     medio     ambiente     y     (iii)  los oficios dirigidos a entidades  oficiales,  de  los  cuales dice no obtuvo respuesta, así y sin especificarlos.  De     las     consideradas     defectuosamente,    indica    la    (i)    diligencia    de   indagatoria,  (ii) las practicadas por la  Corporación  autónoma  regional  y (iii)   la   gestión   administrativa  adelantada  por  su  poderdante.   

          Advierte  que  se  infringió  el  derecho  de  defensa  porque  el  defensor  de  su  asistido  no  estuvo  presente  en  el  momento  mismo  de  la  recopilación  de  los  medios  de prueba cuya legalidad discute a través de la  demanda,  los  cuales  por  no  cumplir  los requisitos legales para su recaudo,  vulneran a su vez el debido proceso.   

          Aduce,  además, que si los juzgadores le hubiesen restado eficacia  jurídica  a  las  pruebas  aportadas  por  la Corporación, no les habría sido  posible  acreditar  la  materialidad  del  punible  ni  la  responsabilidad  del  procesado   como   autor   del   comportamiento   a  él  atribuido.     

          De  otra  parte, advierte que para cuando se profirió la sentencia  de  segunda  instancia, ya se había proferido el fallo del Tribunal contencioso  administrativo  de Cundinamarca, que condenó a la Nación por la contaminación  del  río  Bogotá,  de  manera  que  la  culpa de ello no puede atribuirse a su  defendido.   

          Concluye  solicitando  de  la  Corte,  “aceptar  el  cargo  aquí  formulado  y  conforme  al artículo 217 de nuestro estatuto instrumental penal,  declarar  en  qué estado queda el proceso, o disponer las medidas y provisiones  de conformidad con dicha norma.”   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

          El  delito por el cual se procede tenía señalada, para el año de  1999,    una   pena   máxima   de   ocho   años   de   prisión   (artículo   247  del  Decreto  100  de  1980,  modificado  por  el  artículo  24 de la Ley 491 de 1999). Por lo tanto, de  acuerdo   con   la   ley   procesal   vigente   para  ese  momento  (Decreto   2700   de   1991,   modificado   por   la   ley   81  de  1993), la senda para recurrir en sede de casación es  la   común   y   no   la   discrecional,   como  equivocadamente  lo  aduce  el  demandante.1   Ello  significa que, las elaboraciones relacionadas con el  interés  por desarrollar la jurisprudencia o defender garantías fundamentales,  a  las  que  hace  alusión  el  demandante,  pueden  entenderse como argumentos  adicionales  para  demostrar  los  cargos, pero no como un requisito que en este  caso deba exigirse para resolver la aptitud de la demanda.   

         Pero  eso por supuesto no significa que ante menores exigencias la  demanda  deba  admitirse, pues ella contiene defectos insubsanables que la Corte  no  puede  pasar  por  alto, máxime si no encuentra garantías ni derechos cuya  defensa  deba acometer oficiosamente, como corresponde al sentido constitucional  del recurso .   

         Y bien:   

         Ha  dicho la Corte en el marco de una elaboración ya reiterada de  manera  pacífica,  que  los  cargos  deben formularse en forma clara, precisa y  coherente,  no  para  realzar  los  momentos  formales  del  recurso,  sino para  reivindicar  su  contenido  material que mucho tiene que ver con el principio de  autosuficiencia  de la demanda a la hora de evaluarla y con el de limitación al  momento de resolverla.   

         Quizá  porque  el demandante se ocupó de realzar la necesidad de  que  la  Corte  interviniera  en  ejercicio  de  su  facultad  discrecional,  no  especificó  los  cargos  de  manera precisa, o talvez pensó que lo primero era  suficiente  para  proponer  un  juicio de legalidad y de constitucionalidad a la  sentencia,  planteando  un  examen en el único cargo en donde desde su punto de  vista  discute  la  apreciación probatoria, lo cual es distinto a denunciar una  ilegalidad, como en esta sede se exige.   

         

         Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo, pretextando  denunciar  errores  en  la  apreciación  probatoria, no sólo no desarrolla esa  temática,   sino   que   incursiona   en   diversos  ámbitos  que  no  guardan  correspondencia  entre  si,  como  que en el capítulo relativo a las “pruebas  defectuosamente  apreciadas”  incluye la diligencia de indagatoria respecto de  la  cual su reparo consiste en censurar que el Tribunal no le confirió crédito  alguno  a  la  explicación  del sindicado cuando afirmó que la culpa no fue de  él,  sino  de  la  Corporación  Autónoma  Regional, y también que se hubiese  desconocido  los  trámites  adelantados  para obtener autorización del plan de  manejo  ambiental  propuesto, cuando no el haber considerado pruebas practicadas  a espaldas del sindicado.   

         Además,  en lo que según el demandante constituyen “pruebas no  apreciadas  por  el  fallador  de la segunda instancia”, enumera nuevamente la  diligencia  de  indagatoria  y “múltiples oficios con destino a las entidades  oficiales”,  de manera que la confusión es evidente, pues no se sabe si de lo  que  se trata es de denunciar errores de hecho derivados de un falso raciocinio,  a  lo  cual  parece  referirse cuando menciona que el juzgador no le hizo caso a  las  explicaciones  del procesado, o un falso juicio de existencia, toda vez que  mas   adelante   dice   que   se   ignoró   lo   dicho   en  la  diligencia  de  indagatoria.   

         Como  si  eso  no  fuese muestra suficiente de los desaciertos del  censor,  en  los  acápites  correspondientes  a  lo  que titula como “nexo de  causalidad  entre  el  error y la parte resolutiva” y la “clase de error que  se  invoca”, censura que el tribunal hubiese apreciado las pruebas practicadas  en  el  curso  del  proceso  adelantado  por  la Corporación Autónoma Regional  incurriendo  en  un  error  de  derecho,  con  lo cual el cargo termina haciendo  referencia  a  conceptos  que  nada  tienen  que  ver con los temas que comenzó  tratando.   

         Por   supuesto   que   ese   confuso   punto   de  partida  de  su  argumentación  le  impidió  señalar la trascendencia del error y realizar una  nueva  apreciación  probatoria  superando  los  errores denunciados, lo cual la  Corte  no  puede  suplir,  salvo  a  riesgo  de  suplantar  al casacionista para  prácticamente  tener  que  reelaborar la demanda, con obvio desconocimiento del  carácter togado del recurso y del principio de limitación.   

         La  Corte  no  puede hacer menos que inadmitir la demanda, pues no  satisface  las  exigencias formales (artículos 225 y  226  del  decreto  2700  de  1971 y 212 y 213 de la ley 600 de 2000),  como  igual  hubiese ocurrido si es que de haber considerado su  opción de asumir discrecionalmente su estudio se hubiese tratado.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,   

RESUELVE:  

         Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada   por  el  defensor  del   procesado  ALMEIRO FERNANDEZ LIZARAZO.   

         Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Despacho de origen.   

MARINA  PULIDO  DE BARÓN   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ      HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

Permiso  

ALFREDO            GÓMEZ  QUINTERO     EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

Permiso  

ALVARO         O.        PÉREZ  PINZÓN            JORGE   L.   QUINTERO  MILANÉS   

YESID            RAMÍREZ  BASTIDAS              MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Según  el  artículo  218 del decreto 2700 de 1991, modificado por el artículo  35  de la ley 81 de 1993, la casación ordinaria requería de una pena privativa  de la libertad cuyo máximo fuese igual o superior a seis años..     

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