23693(08-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23693  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 55  

Bogotá  D.C.,  ocho de junio de dos mil seis   

          Decide  la  Corte  lo  pertinente con relación a la admisión de la  demanda  de  casación  discrecional interpuesta por el defensor de RULFO  CICERY  LUGO, contra la sentencia de  segunda  instancia proferida el 15 de diciembre de 2004 por el Tribunal Superior  del  Distrito Judicial de Neiva, mediante la cual confirmó la del Juzgado penal  del  circuito  de  Garzón,  que condenó al recurrente como autor del delito de  violación a los derechos de autor.   

HECHOS  

          Así fueron narrados en las providencias de instancia:   

          “La  señora Yineth Díaz Macías denunció ante la Fiscalía a la  Asociación  comunitaria  TV Chicora o TV Garzón, con sede en éste municipio y  a  través  de  su  representante legal Rulfo Cicery Lugo, porque desde mediados  del  año 1999 viene prestando de manera ilícita el servicio de televisión por  suscripción,   ofreciendo  una  variada  y  extensa  programación  de  canales  piratas,  entre otros Movie City, Cartoon Ned Words, Discovery Kid, etc., sin el  permiso  o autorización de la Comisión Nacional de televisión., sin pagar los  consiguientes  derechos  de autor y utilizando equipos monousuarios de Directv y  Sky.”   

ACTUACION PROCESAL  

          El  7 de mayo de 2001, Yineth Díaz Macías presentó denuncia penal  con  el  fin  de  que  la fiscalía investigara la infracción a los derechos de  autor  en que venían incurriendo Rulfo Cicery Lugo y Fanny Martínez, al emitir  ilegalmente  el  servicio  de  televisión  por cable a través de las firmas TV  Chicora   o  TV  Garzón  (fs.,  3  y  4).   

          El  24  de  mayo  siguiente,  la  fiscalía séptima de la Unidad de  delitos  contra  la  fe pública delegada ante los juzgados penales del circuito  de   Bogotá,   ordenó   la  apertura  de  investigación  previa  (fs.,  30),  en decisión ratificada el 5  de  septiembre  del mismo año por la Unidad Nacional de Delitos contra Derechos  de  Autor  (fs.,  44), a la  cual  le  fue  asignado el proceso en forma especial mediante resolución del 29  de agosto de 2001.   

          Luego  de  practicar diversas diligencias de inspección judicial en  las  cuales  se  constató  la  emisión  por TV Cable de señales de canales no  autorizadas,   el   día   25   de  septiembre  de  2001,  la  fiscalía  abrió  investigación  penal  y  ordenó  vincular mediante diligencia de indagatoria a  Rulfo  Cicery  Lugo  (fs.,  83).   

          Dado  que  el  delito por el cual se procede no requiere definición  de  la  situación  jurídica,  el  29  de  julio de 2002 la fiscalía cerró la  investigación   (fs.,  431  cuaderno  2),  la  que  calificó  el  19  de  noviembre  siguiente, acusando al  procesado  como  autor  de  los  delitos tipificados en los numerales 9 y 10 del  artículo  52  de la ley 44 de 1993 (fs., 484 cuaderno  2).   

          El  21  de  enero de 2003 la acusación quedó en firme al declarase  desierto  el  recurso  de apelación interpuesto (fs.,  540   cuaderno   2).             

          Tramitada  la  fase  del  juicio,  el  Juez  penal  del  circuito de  Garzón,  mediante  sentencia  del  6  de julio de 2004, condenó a Rulfo  Cicery  Lugo  a la pena principal de  un  año  de  prisión,  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  y a la de multa por valor de 1.074.000 pesos,  como   autor   del   delito   que   le   fuera   imputado   en   la  resolución  acusatoria.   

          Suspendió  condicionalmente  la  ejecución de la pena y se abstuvo  de  condenarlo  en perjuicios  (fs., 709 cuaderno  2).   

          El  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Neiva, al resolver el  recurso  de  apelación interpuesto por la defensa, mediante sentencia del 15 de  diciembre    de    2004,   confirmó   la   sentencia   recurrida   (fs., 4 cuaderno Tribunal).   

          Contra  esta  decisión,  el  defensor  del  procesado  interpuso el  recurso extraordinario de casación.   

DEMANDA DE CASACION  

          Con  apoyo  en  el inciso segundo del artículo 205 de la ley 600 de  2000,  el  demandante  recurre  la  sentencia  de  segunda instancia por la vía  excepcional   con   la   finalidad  de  defender  garantías  fundamentales  del  sindicado,  dado  que  el  delito por el cual se procede tiene asignada una pena  máxima    que    no   excede   de   ocho   años   de   prisión   (numerales   9   y   10   del   artículo   52  de  la  ley  44  de  1993).   

    

1. De    las    garantías    y    derechos   fundamentales.     

El demandante aduce que tanto en la decisión  de  primera  como  en la de segunda instancia, se desconoció por los juzgadores  la  garantía  fundamental,  con  incidencia  sustancial,  del  derecho penal de  acto.   

          Indica  que  el debido proceso es una categoría compleja e integral  en   la  que  se  distinguen  principios  normativos  y  derechos  y  garantías  fundamentales,  que le confieren sentido a la prevalencia del derecho sustancial  y  que  pueden  ser  objeto  de  defensa  a  través  de  la  causal  primera de  casación.   

          En  ese  sentido, agrega que el derecho penal de acto “fundante de  los  principios  de tipicidad y de adecuación típica inequívoca, al igual que  de  los principios de antijuridicidad material y adecuación culpabilista”, le  fue desconocido al procesado durante el curso de las instancias.   

          El  derecho  penal  de  acto,  dice  el  demandante,  enseña que lo  esencial  del  delito  es  la conducta humana y a partir de ella las categorías  dogmáticas  no  hacen  mas  que concretar el segmento de lo prohibido. De allí  que   solo   las  conductas  seleccionadas  a  través  de  los  tipos  penales,  distinguidas  por  sus  elementos objetivos, normativos y subjetivos, puedan ser  punibles.   

          Desde  ese  punto de vista y de lo probado en el proceso, emerge que  la  conducta  humana  desplegada  por Rulfo Cicery Lugo  no  se adecua al injusto típico descrito en la ley 44  de 1993.   

          En  efecto,  de acuerdo con el artículo 52 de la ley 44 de 1993, se  sanciona  con  pena  de  prisión  de  uno  a cuatro años, a quien “retransmita  sin  la autorización previa y expresa de su titular  las  emisiones  de  los  órganos  de  radiodifusión,  o a quien distribuya por  cualquier  medio,  sin autorización previa y expresa del titular, las emisiones  de  la televisión por suscripción.” (numerales 9 y  10)   

         

Si  así es, el recaudo probatorio no permite  concluir  que  el  procesado  hubiese  realizado  el tipo, pues aun sin que ello  implique discusión probatoria, es necesario tener en cuenta que,   

          “se  venía  en  trámite  todo  un  proceso de acreditación y de  solicitud  de  licencia y de la obtención del permiso por parte de la Comisión  Nacional  de  Televisión,  sin  que  por  tanto,  se  proyecte  en el tiempo la  comisión  de  un  hecho como ilícito por tales características, sino que hace  parte  de  toda una estrategia de consolidación de la empresa, para en últimas  obtener sus fines fundamentales.”   

          De  otra  parte,  conforme  a  las  piezas probatorias, es necesario  precisar  qué  se  entiende  por  “organismos  de  radiodifusión”,  o  que  significa  el  ingrediente  de  “permiso o autorización expresa para ello”,  pues  era  necesario de cara al expediente, verificar si la “retransmisión”  que  se  hizo,  la  cobijaba  la  licencia  concedida por el Consejo nacional de  Televisión  y  diferenciar  ese supuesto de los contratos que lo vinculaban con  el   cumplimiento   de   esa   actividad,  así  fuesen  ilegales  o  estuviesen  viciados.   

          Pero  no  solo  eso, queda en duda si fue la conducta descrita en el  numeral  9 del artículo 52 de la ley 44 de 1993 la que ejecutó el agente, o la  definida en el numeral 10.   

          Así  es,  porque  si el procesado “retransmitió” los programas  emitidos  por  los  “organismos  de  difusión”,  su conducta solo puede ser  valorada desde la perspectiva del numeral 9.   

“no puede dársele al mismo comportamiento  dos   tipos   penales   diferentes,  y  simultáneamente  condenarlo  por  tales  actuaciones,  ya  que  en  ningún momento mi procurado recepcionó, difundió o  distribuyó,  las  emisiones de televisión por suscripción, que son los mismos  organismos  de  radiodifusión,  tenía  al aire (sic) en el mismo momento de su  emisión,  y  no  se  puede  pregonar  entonces,  que incurrió en uno y en otro  comportamiento  punitivo  simultáneamente,  por  cuanto,  ni el a quo, ni el ad  quem,  estimaron  o  valoraron la dimensión y la trascendencia de lo que la ley  23  de  1982,  definió  y  relacionó como elementos configurantes de los tipos  penales  que  mas  adelante  fueron tipificados y que posteriormente mediante la  ley 44 de 1993, fueron desarrollados.”   

En fin,  

“Bien  habrá  de  comprenderse, desde una  perspectiva  rigurosamente  sustancial penal, y desde la perspectiva del derecho  penal  de  acto; que entre los  actos  propios desarrollados por mi procurado, la identificación de su proceder  no  puede  quedar  en  forma  vaga e imprecisa, como si se adecuara a uno u otro  tipo  penal,  para  posteriormente  en conjunto decir que se vulneró una y otra  norma.”   

         

De  otra  parte,  sin  que  ello  implique  controvertir  la  actividad  probatoria, el demandante señala que el procesado,  como  lo  aceptó  en  su  diligencia  de  indagatoria,  compró  a  Directv  13  decodificadores,  los cuales fueron instalados en TV Chicora y en otros pueblos,  en   señal  por  demás  evidente  de  que  los  adquirió  con  el  objeto  de  retransmitir  la  señal  de  los  operadores  como  organismos de transmisión,  consumándose el objetivo de su negociación.   

          Obró,  pues, Rulfo Cicery Lugo,   convencido   de   que   no   le  estaba  vedado  ejecutar  dicho  comportamiento  y  que estaba autorizado por el pago de derechos que realizaba a  su nombre o de terceros.   

    

1. Cargo único.     

Con  fundamento  en  la  causal  primera, el  demandante  acusa  a  la  sentencia  de haber infringido directamente la ley con  ocasión    de    la    indebida    aplicación   de   la   misma   (artículo  52,  ordinales 9 y 10 de la ley 44 de 1993).   

El  juzgador, a su juicio, aplicó una norma  que  no  es  la  que  comprende  la  situación  fáctica  que  fue  materia  de  juzgamiento.   

Luego de transcribir apartes de la sentencia  de segundo grado, en la cual se expresa que,   

“En punto de la consumación de la conducta  punible,   no  es  necesario  establecer  la  forma  de  contratación  para  la  utilización  de los derechos autorales (sic), al caso fue suficiente evidenciar  la  emisión  de  la señal de los canales codificados, la respectiva constancia  de  no  haber suscrito contrato para la utilización de los mismos y, finalmente  que  no  tuvo  autorización para usarlo y tampoco pagó por ello, no resultando  válida  la  afirmación  del  defensor  de que mediaba un contrato con DIRECTV,  porque  Cicery  Lugo  jamás probó esa relación contractual con esta empresa y  así lo destacó en primera instancia.”   

El demandante concluye que en la sentencia no  se  hace claridad acerca de la dimensión de la consumación del hecho punible y  de  la  identificación  de  cada  comportamiento  dentro  del entorno normativo  objeto de la sanción que se impone.   

Y en lo que considera la “demostración del  error  in  iudicando”, señala que se debe definir si los numerales 9 y 10 del  artículo  52 de la ley 44 de 1993, describen una sola conducta o si se trata de  comportamientos alternativos.   

No le cabe duda al demandante que se trata de  supuestos  diferentes, de manera que si se acepta ese punto de partida, también  tiene  que  admitirse  que  el  sindicado  no  podía  mediante un decodificador  “difundir las emisiones de televisión por suscripción”, pues   

“el  sistema  operativo,  tanto  para  el  sistema  de  televisión  por  cable  como  por el de emisión de un programa de  radiodifusión,  son  completamente  diferentes  y enfrentan una infraestructura  disímil  y excluyente, por cuanto, para retransmitir una señal o una emisión,  solamente  se requiere un decodificador en el lugar de origen, en tanto que para  la  emisión  de  una  televisión por suscripción, se requiere que en cada una  (sic)  de  los  receptores  del  servicio que se pretende sancionar, se tenga la  posibilidad  de  recibir  toda la programación de la emisión de la televisión  por  suscripción”.  (este  es  un  problema  no de  infracción de la ley, sino probatorio)   

Quiere  decir  lo  anterior que al Estado le  correspondía  demostrar  fehacientemente  el  comportamiento  delictivo o en su  defecto   absolver   al  procesado,  pues  no  podía  tipificar  una  conducta,  consistente  en  retransmitir  un programa de un organismo de radiodifusión sin  pagar  derechos  de  autor,  indistintamente  en  los  numerales 9 y 10 del  artículo   52   de   la   ley   citada,   como   si   se   tratara   de  varios  comportamientos.   

De  otro  modo,  es  cierto que el procesado  retransmitió  programas emitidos por organismos de radiodifusión privada y que  no  tenía  licencia  expresa  para  hacerlo.  Mas  no que el artículo 52 asuma  “la  conducta de quien de buen fe como mi procurado,  utilizó  decodificadores a los cuales tuvo acceso por consentimiento consensual  y  remunerado  por  parte  del  agente  distribuidor  de Directv, para la zona o  región del operador.”   

En  consecuencia,  al  no  haberse  aplicado  debidamente  la  ley,  solicita  de la Corte que case la sentencia y en su lugar  absuelva al procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La demanda se inadmitirá, por las siguientes  razones:   

Primero. Además de  los  requisitos  de  toda demanda (artículo 212 de la  ley  600  de  2000),  cuando  se impugna sentencias de  segunda  instancia  por  la vía de la casación discrecional, aparte de indicar  si  con el recurso se pretende defender garantías fundamentales o el desarrollo  de  la jurisprudencia, o ambas, el recurrente debe persuadir a la Corte para que  ejerza  su  poder discrecional en orden a la realización de las finalidades que  persigue   (artículo   205   de   la   ley  600  de  2000).   

Segundo.  El  demandante,  como  se  ha  indicado, busca  preservar  garantías  fundamentales y en concreto el derecho penal de acto, que  le  habría  sido  desconocido al procesado al aplicar indebidamente una ley que  no regula la conducta que él ejecutó.    

Pues bien.  

No se puede desconocer, como consecuencia de  la  íntima  relación  que existe entre el derecho penal material y formal, que  el  debido  proceso,  en  sentido  amplio,  se  manifiesta  como  un conjunto de  garantías  sustanciales  y  procesales  que  limitan  y  encauzan  la  potestad  punitiva del Estado.   

Desde ese punto de vista y  si  las  garantías,  en  general,  se entienden como “mecanismos que permiten  disfrutar,  ejercer  o  amparar el derecho respectivo”, entonces su defensa no  se  reduce  a la mera temática procesal, sino también a la de los mas elevados  principios  que definen el contorno del poder punitivo del estado y los límites  de la intervención penal.   

Sin embargo, que ello sea  así  no significa que las razones expuestas en la demanda sean suficientes para  persuadir  a  la  Corte  de  ejercer  su  poder discrecional, pues las glosas al  derecho  penal  de  acto  y  al  concepto  de conducta, si bien importantes, son  expuestas   para  criticar  la  selección  del  tipo  penal  y  la  consecuente  aplicación  del  mismo,  a una situación que según el demandante no se ofrece  posible.   

Desde este punto de vista  y  como  de lo que se trata es de velar por el correcto entendimiento de un tipo  penal,  la justificación de la casación excepcional ha debido cimentarse en la  necesidad   de  lograr  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  pues  con  este  propósito se busca   

“…  fijar  el  alcance  interpretativo   de   alguna  disposición,  o  la  unificación  de  posiciones  disímiles  de  la  Corte,  o  el  pronunciamiento  sobre  un punto concreto que  jurisprudencialmente   no   ha   sido   suficientemente   desarrollado,   o   la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y  jurídicas;  y,  además,  la incidencia favorable de la pretensión doctrinaria  frente  al  caso  y  la ayuda que prestaría a la actividad judicial, por trazar  derroteros  de  interpretación con criterio de autoridad “. 1   

             

O  procurar que la Corte  fije  el  alcance  interpretativo  de  la  ley, indicando además que no existen  pronunciamientos  al  respecto, o que la jurisprudencia actual es contradictoria  y  no  permite  resolver  el  problema  jurídico  planteado,  con  lo  cual  se  solventaría  la  posible  infracción  directa de la ley que tendría origen en  una     incorrecta     concepción     del     tipo    penal    en    el    caso  concreto.   

Pero  en razón a que el  demandante  se dedica a examinar en abstracto los fundamentos del derecho penal,  para  asumir  la  defensa  de  garantías  sustanciales,  no logra establecer su  conexión  con  los  cargos  formulados  y por lo tanto su planteamiento refleja  solo  sus  particulares  opiniones,  incluso  enseñando  hipótesis  que pueden  corresponder  a  modalidades de infracción indirecta, como cuando da a entender  que  no  se  tuvo  en  cuenta  las pruebas que indicaban que el procesado había  iniciado  los  trámites  para  obtener la licencia de transmisión y que por lo  tanto creyó que su comportamiento estaba permitido.   

          Esto  último  es  aun  mas evidente, cuando so pretexto de defender  garantías  fundamentales  y  de  cuestionar  el  proceso  de  subsunción de la  conducta  al tipo, critica que el tribunal no hubiese reconocido la buena fe con  que  actuó  el  procesado,  lo  cual  ya  no  es un problema relacionado con la  interpretación  del  tipo,  sino eminentemente probatorio, dirigido a demostrar  que el sindicado no actuó dolosamente.   

Por estas razones, que la Corte ha cuidado de  resaltar  en  el  extracto  de  la  demanda,  la  impertinencia  de sustentar el  interés  de  la casación discrecional desde esa óptica resulta desafortunada,  pues como ya la Sala lo ha expresado,   

“Los   giros  de  fundamentación  por  la  apreciación  de  la  prueba,  dada la indeterminación de los resultados por la  posibilidad   de  meras  discrepancias  valorativas,  no  pueden  ser  argumento  suficiente   para   reclamar   una   casación   sujeta  a  tan  singulares  necesidades.” 2   

          Tercero.  De  lo  expuesto  se  concluye que si bien la casación discrecional se puede interponer  con  el  fin  de defender garantías fundamentales, procesales y sustanciales, y  procurar  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, no por eso el demandante está  relevado  de  construir  una argumentación que enlace la finalidad que persigue  con  los  cargos  que  se  formulan,  pues  no  se puede a partir de un lenguaje  general  que  recorre  los  fundamentos  del  derecho  penal y su razón de ser,  derivar  consecuencias  que  corresponden  a  una  temática  diferente, como el  asignado al desarrollo jurisprudencial.   

          La  demanda,  por  lo  tanto,  debe inadmitirse, ya no solo por esas  razones,  sino porque la Sala no advierte violación de garantías fundamentales  que  de  oficio deba restaurar (artículo 216 de la ley  600 de 2000).   

Por lo expuesto, La Corte  Suprema de Justicia, Sala de casación penal,   

Resuelve   

          Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de Rulfo Cicery Lugo.   

          Vuélvase el expediente al tribunal de origen   

Notifíquese y Cúmplase  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO  O  PEREZ  PINZON                

Permiso  

MARINA         PULIDO        DE  BARON                  JORGE              QUINTERO  MILANES              

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  providencia  del  29  de  septiembre  de  2004, radicado  22572,   entre   otras.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  providencia del 24 de noviembre de 2005, radicado 23897.     

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