23673(31-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23673   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº: 64   

Bogotá, D.C., treinta y uno de agosto de dos  mil cinco.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  en  relación  con el aspecto formal de la  demanda  de casación formulada por el defensor de OMAR  FRANCISCO  RODRÍGUEZ  BAUTISTA, contra el fallo del 10  de  junio  de  2004,  obra  del Tribunal Superior de Bogotá, que confirmó, con  modificaciones,  la  condena  de 100 meses de prisión que el Juzgado 33º Penal  del  Circuito  de  la  ciudad  le  impuso  al procesado como autor del delito de  acceso  carnal  violento,  para fijarla en 48 meses de prisión como responsable  de la ilicitud dicha, pero en modalidad de tentativa.   

HECHOS  

          Fueron    historiados    por    el   Tribunal,   de   la   siguiente  manera:   

“El 16 de marzo  de  2001,  el  procesado  en  mención  invitó  a Johana Paola Aguirre, a quien  había  conocido  hacía  pocos días, a su residencia de la Cra. 99B N° 73-81,  llegaron  a las 10:00 p.m., se tomaron media botella de ron y, se plantea, que a  eso  de  la  1:30  de  la  mañana,  a  cambio  de llevarla a su casa como se lo  solicitó,  empezó  a  propasarse con ella, a besarla y a tocarle los senos, la  subió  a  la  fuerza por la escalera a un segundo piso, la tiró a un colchón,  le  quitó  la  ropa interior y la accedió carnalmente, logrando ella romper un  vidrio  de  la  habitación  y  salir  a la calle donde por sus gritos llegó la  Policía.”              

          Por     tales     hechos,     RODRÍGUEZ  BAUTISTA   fue   vinculado   a   la   correspondiente  investigación  y,  definida su situación jurídica con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva,  la  Fiscalía 228 Seccional de la Unidad de Delitos  contra  la  Libertad  Sexual  mediante  Resolución  del  13 de julio de 2001 lo  acusó  como  presunto autor responsable de la conducta punible de acceso carnal  violento,  y  en tal condición juzgado y condenado en la forma como se reseñó  en el acápite inicial de este proveído.   

LA  DEMANDA   

          Nulidad  parcial  de  la  actuación por la comprobada existencia de  una  irregularidad  sustancial  que  afecta el debido proceso -Art. 306, ordinal  2°  del  C.  de  P.  Penal-  consistente  en  la  violación  del  principio de  investigación  integral,  es  la  única censura que el casacionista plantea al  amparo  de  la  causal  tercera,  pues estima que siendo de vital importancia la  valoración  siquiátrica  de  la ofendida en orden a establecer su personalidad  mitómana  y  maniacodepresiva,  esa prueba no empece a que se decretó dejó de  practicarse  “sin que se hubieran agotado los poderes  de  ordenación”,  lo  cual  se  tradujo en omisión  grave  con  influencia  directa y negativa en el fallo que, de haberse llevado a  efecto,   la   decisión   hubiese   sido  distinta  y  netamente  favorable  al  acusado.          

          En  la  fundamentación del cargo, sostiene el demandante que si con  el  mentado  elemento  de  persuasión  lo  que  se pretendía era determinar la  personalidad  y nivel de credibilidad de quien se reputa víctima de la ilicitud  dicha,  con  su no práctica incumplió el juez su obligación de investigar con  igual celo tanto lo favorable como lo desfavorable al reo.   

          Se  hacía  necesaria  la  práctica  de  la  mencionada  experticia  científica,  para  poderla  confrontar  con  el  restante  material  probatorio  obrante    en    el    proceso,    como    quiera    que   era   “evidente”  su conducencia, pertinencia y  utilidad,  en  cuanto  resultaba  definitivo conocer las condiciones personales,  subjetivas   y  patológicas  de  la  agraviada,  dadas  las  contradicciones  y  mendacidades  en  que  incurrió  en  desarrollo  del  trámite  procesal. Si se  hubiera  contado con el dictamen en cuestión, al contrastarlo con las probanzas  en  que  se  sustenta  el  fallo  de  seguro que ello hubiera incidido de manera  manifiesta  en  la  credibilidad  de la víctima y, por consiguiente, reitera el  censor,   la   sentencia   le   hubiera   sido   absolutamente  favorable  a  su  defendido.   

          Tras  citar  fragmentarios segmentos del fallo atacado e interpretar  lo  que  el  juzgador quiso decir en esos apartes de la providencia, termina por  manifestar   que   el   Tribunal  incurrió  “en  un  equivocado raciocinio.”   

No es que quiera oponer su personal criterio  al  del  Ad-Quem, advierte el  libelista,  sin  embargo  es su deber dejar en claro que lo que el Tribunal hizo  fue  una  evaluación  probatoria  de  manera  general y no pormenorizada de las  pruebas  incorporadas  a  la  actuación,  de  la  misma  forma  como lo hizo el  A-Quo,  pues no es cierto lo  que  en  la  sentencia  se  afirma  -producto  dizque de todas las declaraciones  recaudadas-  acerca  de  que  “con  los elementos de  juicio  con  los  que  se  cuenta  en  el  proceso,  se llega a la certeza de la  autoría  y de la responsabilidad en cabeza del procesado, en la modalidad de la  TENTATIVA.”   

Lo  que aquí importa significar, agrega, es  que  si  se hubiera practicado la prueba que echa de menos, ante la evidencia de  las  mentiras y alteración de la verdad por parte de la ofendida, el raciocinio  del  Tribunal  hubiese  sido otro; no que la delincuencia quedaba degradada a la  modalidad  de  tentativa,  sino que habría tenido que absolverse a su defendido  amparándolo  con  el  beneficio  de la duda, por no ser creíble el dicho de la  víctima.   

Tras  reseñar la foliatura en las que obran  las  pruebas  que asegura le son favorables al acusado, sostiene el actor que el  vicio  denunciado  es  trascendente en cuanto que “la  ausencia  dentro del proceso de la prueba técnica siquiátrica, la pericial, la  idónea,  la  que  no  admite  duda  por el grado de certeza que arroja sobre el  elemento  indubitado,  nos  deja  ver  el  gran  vacío probatorio en contra del  procesado  (…)”, prueba esta que de haberse tenido  a  la  mano,  hubiese cambiado el raciocinio del juzgador, itera, pues el único  elemento   de   juicio  que  lo  desfavorece  es  el  testimonio  mendaz  de  su  denunciante.   

Y,  a  manera  de  colofón,  argumenta  el  casacioncita  que  las  pruebas  en  las  que  se  soporta el fallo recurrido no  tenían  el  peso  suficiente para edificar la condena y quebrar el principio de  presunción  de  inocencia,  si se hubiera practicado la prueba extrañada, pues  por  lo menos hubiese conducido a la incertidumbre pero jamás a la certeza como  finalmente  concluyeron  los  falladores,  por  lo  que  en  un  tal supuesto se  derrumbaría  la  decisión,  erigiéndose entonces como único remedio procesal  la invalidación de la actuación.   

Como preceptos infringidos señala el censor  los  Arts.  306-2  del  C.  de  P. Penal, 10, 16, 20, 338 inciso final del mismo  estatuto y 29 de la Constitución Plítica.   

Casar  la  sentencia impugnada y declarar la  nulidad  invocada,  es  la aspiración del demandante, a efecto de retrotraer la  actuación  para  que  se  practique  la  prueba  echada de menos a fin de poder  confrontarla  con  la  que  obra  en  el  expediente;  o  en su defecto, ante la  imposibilidad  de  su  recaudo,  para  que  la  Corte,  por  vía de excepción,  profiera    el    fallo    que    en    derecho    corresponde    favorable   al  procesado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

El rigor técnico que ha de observarse en la  confección  de  toda  demanda  de  casación, cuya idoneidad faculta a la Corte  para  el  respectivo  examen de fondo del asunto, no se encuentra cumplido en el  libelo  que  a  nombre  del  procesado  OMAR FRANCISCO  RODRÍGUEZ  BAUTISTA  presentó  su  defensor, lo cual  impone su inadmisión de plano.   

Tratándose de la causal tercera, no basta la  enunciación  genérica  de  la nulidad pues, al igual que en los demás motivos  de  casación,  resulta  imprescindible  señalar  no  sólo  el  sentido  de la  violación  e indicar inequívocamente en cuál causal de nulidad cabe ubicar la  irregularidad   pretextada,  sino  también,  como  ya  lo  tiene  decantado  la  jurisprudencia  de  la  Corte,  especificar  el estadio procesal en el que se ha  producido,  y  cómo  no es posible enmendar la irritualidad de manera diversa a  la  de  quebrar  la  presunción  de  acierto y legalidad que ampara el fallo de  segunda  instancia,  ejercicio  este  último  con  el  cual  incumple el actor.   

Ha sido criterio reiterado de esta Sala, que  si  bien la invocación de la causal tercera de casación aparentemente no exige  en  su  elaboración  formalidades  rigurosas  en  cuanto  a  su  proposición y  desarrollo,  igualmente  es  cierto  que  no  se  trata  de  un escrito de libre  confección,  pues  al  igual  que  como  ocurre  con  los restantes motivos, el  alegato  debe  ajustarse  a parámetros lógicos de tal manera que se comprendan  con  claridad  y  precisión  los  argumentos de la nulidad, las irregularidades  sustanciales  alegadas,  la manera en que se quebranta la estructura basilar del  proceso  o  se  afectan las garantías procesales, así como la trascendencia de  tales  defectos  en  desarrollo  del  trámite procesal o, según el caso, en la  sentencia.   

Cuando se alega la vulneración del principio  de  investigación  integral,  tiene  dicho  la doctrina de esta Corte que no es  suficiente  con indicar someramente cuáles fueron los medios de convicción que  se  dejaron  de  practicar, ni cuál su fuente, sino que es deber del recurrente  precisar  -que  no  enunciar  genéricamente como aquí se hace- su pertinencia,  conducencia,  utilidad,  eficacia  y  trascendencia,  todo  lo  cual surge de la  confrontación  lógica  con  el  restante  acervo  probatorio  que sustentó la  sentencia,  de  tal  modo que se evidencie que de haberse practicado, su sentido  habría  sido,  de  uno  u  otro  modo,  favorable al acusado, hasta el punto de  hacerse  indispensable  derribar lo actuado para que las pruebas omitidas puedan  ser practicadas.   

Con el anterior ejercicio incumple el actor,  pues  le  bastó  con  señalar  las  pruebas  que,  en  su sentir, favorecen la  situación  de  su  asistido, y aún cuando en apretada síntesis comenta lo que  ellas  expresan, omite indicar cuál fue el fundamento fáctico-probatorio de la  condena  y  la estimación que de los mismos hizo el fallador para tenerlos como  soporte  de  su determinación, con el objeto de contrastar éstos con la prueba  extrañada,   para   ver   de  comprobar  el  desquiciamiento  de  las  premisas  conclusivas del fallo censurado.    

En  eso  se  queda  la  argumentación  del  demandante,  en  el  mero  señalamiento  general de la posible existencia de la  irregularidad  denunciada,  pero  sin que fuera capaz de desarrollar un discurso  jurídica  y  lógicamente  coherente  para  fundamentar  en  el escenario de la  casación  la  violación que denuncia, dando por sentada su ocurrencia a partir  de  su  simple enunciación, situación que conlleva a la evidente incursión en  el  error  lógico  denominado  petición de principio, al dar por demostrado lo  que apenas era el objeto de sus comprobaciones.   

Al margen de lo anterior, la informalidad con  la  que se asumió la postulación del cargo queda patentizada cuando se observa  que  del  planteamiento  de la pretextada irregularidad generadora de la nulidad  que  se  invoca,  abruptamente  y al interior de la misma censura se termina por  desarrollar  el  reproche  con  fundamento  en supuestos errores de apreciación  probatoria,  al  acusar  al  juzgador  de  haber  incurrido  en  “equivocado    raciocinio”,   alegación  propia  de  la  violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho por  falso  raciocinio,  reparo  que  es  menester  formular  al  amparo de la causal  primera;  cometido  que  tampoco  cumple,  en  cuanto  que  no sólo equivoca el  sentido  de  la  violación  aducida,  sino que, además, ni siquiera enseña de  qué   manera  resultaron  violentadas  las  reglas  de  la  sana  crítica  por  inobservancia  de  los  postulados  de la lógica, las leyes de la ciencia o las  máximas de la experiencia o sentido común.   

En  verdad  que  la  inconformidad del actor  estriba  en el grado de credibilidad que al sentenciador le mereció el dicho de  la  víctima,  no  obstante  su  mendacidad  y  las  contradicciones  que en sus  versiones  cabe  observar,  falencias  estas que también de manera genérica se  enuncian   en  la  demanda,  sin  precisar  en  qué  consistieron  las  mismas.   

La  fuerza  persuasiva  que  el  Tribunal le  otorga  a  determinado medio de prueba o al acopio probatorio en su conjunto, de  igual  manera  tiene  dicho  la Corte, resulta prevalente frente al criterio que  sobre  la  misma  materia exhiba el actor, toda vez que en nuestro medio no rige  el  sistema de tarifa legal sino el método de la sana crítica que le otorga al  juez  un cierto grado de libertad relativa o de discrecionalidad frente al plexo  probanzal  bajo  su  examen,  que le permite arribar a un estado de conocimiento  acerca  de la existencia del acontecimiento y de la responsabilidad penal; grado  de  convicción  que  bien  puede  ser  de certeza o de duda, de acuerdo con las  circunstancias  en que se desarrolló el evento concreto, limitado tan sólo por  los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la ciencia y las reglas de la  experiencia.       

En  suma, la demanda no muestra los yerros  que  en ella se denuncian, por consiguiente, porque no cumple a satisfacción el  requisito  de  precisión  y claridad tanto en la formulación del cargo como en  la  exposición  de  sus fundamentos a que se refiere el artículo 212 de la Ley  600  de  2000,  característica  que  le  da  la connotación de mero alegato de  instancia   mas   no   de   demanda   de   casación,  por  esta  razón  se  la  inadmitirá.   

         Por  último,  ha  de  señalarse  que revisada la actuación, no se  observó  la  presencia de ninguna de las hipótesis que permitirían a la Corte  obrar  de  oficio  de  conformidad  con  el  artículo  216  de  la  Ley  600 de  2000.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  OMAR  FRANCISCO  RODRÍGUEZ  BAUTISTA por su defensor.   En  consecuencia,  se  declara  desierto el recurso, conforme a las motivaciones  plasmadas  en el cuerpo de este proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

             

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                         ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                           ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN     

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                   TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                                             Secretaria   

             

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