23635(31-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23635   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº: 64   

Bogotá, D.C., treinta y uno de agosto de dos  mil cinco.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  en  relación  con el aspecto formal de la  demanda    de   casación   instaurada   por   el   defensor   de   LUIS  FERNANDO  PEREIRA LIÉVANO, contra el  fallo  proferido el 27 de julio de 2004 por el Tribunal Superior de Bogotá, por  cuyo  medio  confirmó  la condena de 48 meses de prisión y multa equivalente a  301  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, que el Juzgado 29 Penal del  Circuito  de  esta  ciudad  le impuso al sentenciado al hallarlo responsable, en  calidad  de  autor,  de  la  conducta punible de omisión del agente retenedor o  recaudador   tipificada   en   el   Art.   402   del   C.   Penal,  en  concurso  homogéneo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Como  Representante  Legal  de  la sociedad Promotora Integral de la  Salud  Colombiana  -Promiscol  Ltda.-,  LUIS  FERNANDO  PEREIRA  LIÉVANO  en su condición de agente retenedor  y  recaudador  omitió  cancelar  a  la DIAN dentro del correspondiente período  tributario,  a partir del mes de agosto de 1997 al año 2000, el importe que por  impuesto  a las ventas -IVA- y retención en la fuente, generaron las múltiples  operaciones mercantiles realizadas por la firma que regentaba.   

El  tributo  recaudado  y  dejado  de  pagar  conforme  a  lo  acreditado  en  el  proceso,  luego  de efectuada la respectiva  liquidación  y  el descuento del valor que por dicho rubro finalmente pagó por  el       año       2000      -$23’071.000.oo-,  ascendió  en  total  a  la  suma  de  $54’667.000,  cifra  esta  que  el acusado  destinó  para  solventar  sus  propias  necesidades  económicas  y  las  de la  empresa.   

          Vinculado  a la investigación como persona ausente, por resolución  del  19  de  marzo de 2002 PEREIRA LIÉVANO  fue  acusado  por  la Fiscalía 200 Seccional adscrita a la Unidad  1ª  de  Delitos  contra la Administración Pública y contra la Administración  de  Justicia con sede en Bogotá, como presunto responsable de infringir el Art.  402  de  la  Ley  599  de  2000 -Omisión del agente retenedor o recaudador- que  sustituyó  al Art. 22 de la Ley 383 de 1997, precepto aquél más favorable que  éste,  y  en  tal  condición  juzgado y condenado conforme a lo indicado en el  acápite    inicial    del   presente   proveído.        

LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la  causal  tercera,  dice el demandante acudir a la  casación   excepcional  en  defensa  de  las  garantías  fundamentales  de  su  asistido,  en  cuanto  estima  que  si  la Corte profiere sentencia de casación  viola  el debido proceso en la medida en que, de acuerdo con lo estipulado en el  Parágrafo   del  Art.  402  del  C.  Penal  -cuyo  tenor  literal  transcribe-,  incurriría         en         la        causal        de        “improseguibilidad”         allí  descrita.   

          En  desarrollo de la única censura que formula en su demanda, aduce  el  actor  que, en principio, no existe el error, el cual se configuraría si se  llegare  a confirmar el fallo del Tribunal, “en tanto  que  de llegarse a proferir un fallo de casación se estaría violando el debido  proceso,  es  decir  en  el  caso  en  que  no se case la sentencia.”   

          Las  preceptivas contenidas en la regulación normativa en mención,  establece  la  figura  de la compensación o devolución, agrega, situación que  en  el  asunto  a  examen  tuvo  su  ocurrencia  en  cuanto meridianamente puede  observarse  que  las  sumas  dejadas de consignar, origen de la denuncia penal y  consecuencialmente  de la sentencia del Tribunal, “ya  se   encuentran   compensadas   y   unas   en   proceso   de   compensación   o  devolución.”   

Si   bien  tiene  claro  que  el  trámite  casacional  no admite período probatorio, su aserto puede demostrarse a través  de  las  copias  que  en  su momento allegue. Su solicitud simplemente tiene por  objeto       acreditar      que      la      causal      de      “improseguibilidad”  que  alega operó en  este    evento    porque,    como    siempre    lo    indicó,   “existían   saldos   a   favor   con  los  cuales  se  cubrían  las  obligaciones   pendientes”,  pues  su  representado,  amén  de haber cancelado los impuestos, ha elevado solicitud de devolución y/o  compensación.   

Casar  la sentencia impugnada de acuerdo con  las  obligaciones  que  ya  se  le  han  cancelado  a  la DIAN por el sistema de  compensación  o  devolución,  salvo las que se reseñan en el cuadro de estado  de  cuentas  que  presenta en su escrito el propio demandante, las cuales dizque  se  encuentran  en  curso  de ser compensadas por dicha entidad, es la solicitud  que el censor eleva ante la Sala.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.  Si  bien  el  defensor  del  procesado  al  formular  la  demanda  dijo  acudir a la casación  excepcional  y  en  tal  sentido planteó la censura al argüir la violación de  garantías  fundamentales,  en  concreto  el  debido  proceso,  es lo cierto que  conforme  a la doctrina hoy imperante en la Sala lo procedente en este evento es  la  casación  común,  dada la naturaleza del delito por el que se adelantó el  proceso  y  la  fecha  a partir de la cual se produjeron los diferentes actos de  defraudación  patrimonial  al erario atribuidos al sentenciado -agosto de 1997-  y   su   cuantía   -algunos  de  ellos  por  valor  superior  a  $8’600.250,  cifra  esta equivalente a 50  salarios mínimos legales mensuales de esa anualidad-.   

En   efecto,   el  comportamiento  punible  endilgado  al  procesado  estaba  previsto antes de la entrada en vigencia de la  Ley  600  de  2000,  en  el  Art.  22  de  la Ley 383 de 1997, cuyos infractores  quedaban  sometidos  a las mismas sanciones estipuladas en la ley penal para los  servidores  públicos incursos en el delito de peculado  por  apropiación  y,  como  quiera que el valor de lo  apropiado  por  el agente retenedor y recaudador en este caso superó en algunos  eventos   el   equivalente   a  esos  50  salarios  mínimos  legales  mensuales  establecidos  para  1997,  año a partir del cual empezó a apropiarse de lo que  recaudó  por  IVA  y  retefuente,  se insiste, la pena máxima establecida para  aquella  ilicitud en el inciso 1° del Art. 133 del C. Penal de 1980, modificado  por el Art. 19 de la Ley 190 de 1995, era de 15 años.   

Dicho de otra manera, como el tope señalado  en  último  lugar  excedía  de  6  años,  una  tal situación en vigencia del  anterior  C.  de  P.  Penal  -Dto. 2700 de 1991- le permitía en ese entonces al  impugnante  extraordinario  acceder  a  la casación ordinaria de acuerdo con lo  que  preveía el Art. 218 del citado estatuto penal adjetivo, lo que hoy en día  no  es  posible  porque la casación común resulta viable, según lo preceptúa  el  inciso  1°  del  Art.  205  de la Ley 600 de 2000, contra las sentencias de  segunda  instancia proferidas por los Tribunales Superiores de Distrito Judicial  y   por   el   Tribunal  Superior  Militar,  en  relación  con  “los  procesos  que se hubieren adelantado por los delitos que tengan  señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo  exceda  de ocho años, aún cuando la sanción impuesta  haya  sido  una  medida de seguridad.”; y ese extremo  punitivo  establecido  en  el  Art.  402  de la Ley 599 de 2000 para la conducta  punible  por  la  que  aquí  se  procede, tipo al cual se adecuó finalmente el  comportamiento del justiciable, es tan sólo de 6 años.   

2. Sentadas las anteriores premisas, asumirá  la  Sala  el  examen del aspecto formal de la demanda, en el entendido de que lo  precisado  con  antelación comporta una situación de favorabilidad, pues, como  bien  es  sabido,  cuando  se  acude  a  la casación excepcional regulada en el  inciso  3°  de aquel precepto -modalidad impugnativa extraordinaria que procede  contra       sentencias      de      segunda      instancia      “distintas”   a  las  señaladas  en  el  mentado  inciso  1°  del  Art.  205  del  C. de P. P.-, se deben cumplir cargas  adicionales  en  cuanto  ha de convencerse a la Corte de la necesidad de ejercer  su  discrecionalidad  para  conocer  de un asunto que ordinariamente no tendría  casación  común, en garantía de los derechos constitucionales fundamentales o  para el desarrollo de la jurisprudencia.   

3.  Pues bien, la demanda a estudio debe ser  inadmitida  por no cumplir en lo más mínimo con los requisitos establecidos en  el  Art.  212 del C. de P. Penal, específicamente con el indicado en el ordinal  3°  del  precepto  en  mención que dice relación con el señalamiento claro y  preciso    de    los    fundamentos    de   la   censura   y   de   las   normas  infringidas.   

Ciertamente,  a  más  de enunciar la causal  bajo  cuyo  amparo  plantea  el  cargo,  la  tercera  que, como la propia ley lo  regula,  hace procedente la casación por haberse proferido la sentencia atacada  en  juicio  viciado  de  nulidad,  ningún  otro esfuerzo intelectual realiza el  demandante  para  señalarle  a  la Corte de qué manera resultó menoscabado el  debido  proceso,  que es el vicio que realmente le atribuye al juzgador, pues ni  siquiera  precisa  cuál  fue  la  irregularidad de carácter sustancial que dio  origen   al   desconocimiento   de   la   garantía   fundamental   que   reputa  conculcada.   

La postulación de vicios de una tal índole  en  sede  de casación, no escapa al cumplimiento de los requisitos que orientan  no  sólo  la  impugnación extraordinaria, sino el instituto mismo, de modo que  la  selección  de  la  causal  tercera  como  modalidad  de ataque no releva al  demandante  de  su  observancia  como  quiera  que  este  recurso no es de libre  formulación  que  le  permita  a  la  Sala  con  amplitud  entrar  a suplir las  deficiencias     argumentativas     o     a     enmendar    los    yerros    del  casacionista.   

Omitió  pues  el  libelista, identificar la  actuación   que   generó   la   violación   del   debido   proceso,   ya  por  resquebrajamiento  de  las  bases  de  la instrucción, ora las del juzgamiento.  Tampoco  indicó  el  momento  a  partir  del  cual  era  menester retrotraer la  actuación  para  hacer posible el restablecimiento de la legalidad del proceso.  Y  menos  estableció la trascendencia de la falencia alegada que diera lugar al  remedio                     extremo                     de                    la  nulidad.            

          En   meras   expectativas   funda   su   pretensión  el  actor;  su  planteamiento,  inclusive, deviene contradictorio, porque si admite que hasta el  momento  de proferirse la sentencia atacada en ningún desatino había incurrido  el   juzgador,   el   fundamento   de  la  censura  se  queda  sin  piso  habida  consideración  de  que  lo  que  se  demanda en casación es la legalidad de la  sentencia  cuestionada  y,  si no se ha cometido dislate alguno en el transcurso  de  la  actuación,  puesto  que  no  lo  denuncia, como tampoco al expedirse el  pronunciamiento  reprochado,  el  cual  dizque  tendría  lugar  si se llegare a  “confirmar” la sentencia  del  Tribunal  y  lograra  acreditarse  en  esta  sede  que a su defendido se le  aceptó  por la entidad ofendida su solicitud de compensación respecto al saldo  insoluto  del  tributo  a su cargo -manera inconcebible de alegar en casación-,  la  impugnación  carecería  de  objeto en cuanto que los fines para los cuales  está  instituida  conforme  a  lo reglado en el Art. 206 del C. de P. Penal, no  tendría cometido alguno en este caso.   

          Por  modo  que,  la  pretensión del censor está llamada al fracaso  porque  ningún  planteamiento  serio  y  digno de ser examinado de fondo por la  Corte  formula, al punto que, de acuerdo con la naturaleza de la causal alegada,  no  adujo la nulidad de la actuación o de parte de ella, como era de esperarse,  y  en cambio lo que solicita es la reforma de la sentencia conforme con el valor  que  llegare  a  admitirse  como  objeto de compensación respecto del saldo del  impuesto no cancelado y objeto de apropiación ilícita.   

          Así  las  cosas,  como  el  libelo  no  cumple  a  satisfacción el  requisito  de  precisión  y claridad tanto en la formulación del cargo como en  la  exposición  de  sus fundamentos a que se refiere el artículo 212 de la Ley  600  de  2000,  característica  que  le  da  la connotación de mero alegato de  instancia  mas  no  de demanda de casación, por esta razón se inadmitirá como  ya se anticipó.       

Por último, ha de señalarse que revisada la  actuación,  no  se  observó  la  presencia  de  ninguna  de las hipótesis que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el artículo 216 de  la Ley 600 de 2000.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  LUIS  FERNANDO  PEREIRA  LIÉVANO por su defensor.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso,  conforme  a las motivaciones  plasmadas  en el cuerpo de este proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

             

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                         ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                           ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN     

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                                  TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                                             Secretaria              

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