23610(31-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23610   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 064.  

Bogotá D.C., agosto treinta y uno (31) de dos  mil cinco (2005).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de casación discrecional presentada por el defensor del  procesado     JAVIER    MONROY    ARIZA,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  San  Gil el 26 de noviembre de 2004, confirmatoria de la  dictada  por el Juzgado Tercero Penal del Circuito del Socorro el 22 de abril de  2002,  por cuyo medio lo condenó como autor penalmente responsable del concurso  homogéneo  de  delitos de lesiones personales en Jorge  Aldemar y Pedro Adolfo Pérez  Camacho.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          En  la noche del 5 de julio de 2000, JAVIER  MONROY  ARIZA se dirigió a la casa de su propiedad con  el  propósito  de  establecer  quién había violentado un sello de ingreso que  imposibilitaba  la  reconexión  del  servicio de agua, sitio donde Pedro  Adolfo Pérez Camacho admitió haber  procedido  de  tal manera, lo cual determinó un enfrentamiento entre ambos, que  culminó con la lesión del primero.   

Al  día  siguiente,  en  una  hondonada que  comunica  los  barrios José A. Morales y La Esmeralda del municipio del Socorro  (Santander),  JAVIER MONROY se  encontró  con Jorge Aldemar  y    Pedro    Adolfo   Pérez   Camacho  y  luego  de  una  discusión,  aquél  sacó  un  “trampero”  (arma hechiza), forcejeó con  los   contendientes   y  disparó,  hiriendo  a  Jorge  Aldemar.   Entonces,  Pedro  Adolfo  Pérez intentó agredir al procesado, pero este  lo golpeó con la misma arma en la frente.   

A    Aldemar  Pérez  le  fue dictaminada una incapacidad superior a  noventa   días,  deformidad  física  permanente  en  el  cuerpo  por  cicatriz  quirúrgica,   perturbación   funcional   del   órgano  de  la  locomoción  y  perturbación  permanente del órgano de la digestión. A su vez, se estableció  una   incapacidad   sin   secuelas   de  quince  (15)  días  para  Pedro Adolfo Pérez.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         La  Fiscalía  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo marco  vinculó   mediante   injurada   a   JAVIER   MONROY  ARIZA,  resolviéndole  su  situación  jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posible  autor  del  concurso  de  delitos  de  tentativa de  homicidio,   porte   ilegal   de  armas  de  fuego  de  defensa  personal  y  la  contravención especial de lesiones personales.   

Cerrado el ciclo instructivo, el sumario fue  calificado  el  2  de  enero de 2001 con resolución de acusación en contra del  procesado  como  probable  autor  del  concurso  de comportamientos punibles que  sustentaron la medida de aseguramiento.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Tercero Penal del Circuito del Socorro, despacho que una vez surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo  el  22  de abril de 2002, por cuyo medio  condenó    a    JAVIER   MONROY   ARIZA  a la pena principal de dos (2) años y ocho (8) meses de prisión,  multa  de  siete mil pesos ($7.000), a la accesoria de interdicción de derechos  y  funciones  públicas  por  un lapso igual al de la pena privativa de libertad  como   autor   penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de  lesiones  personales  en Jorge Aldemar y  Pedro  Adolfo Pérez Camacho.  En   la  misma  providencia  se  lo  condenó  al  pago  de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios,  fue  absuelto  por el delito de porte ilegal de  arma  de  fuego  de defensa personal y le fue concedido el subrogado penal de la  condena de ejecución condicional.   

La  decisión  anterior fue impugnada por la  Fiscalía,  el Ministerio Público y la defensa. El Tribunal Superior de San Gil  la  confirmó  mediante  fallo  del  26 de noviembre de 2004, mismo que es ahora  objeto  de  impugnación  extraordinaria  por parte del defensor de JAVIER  MONROY  ARIZA a través de la vía  discrecional.   

LA DEMANDA  

          Los  siguientes  son  los  argumentos  expuestos por el censor en su  demanda,   encaminados   a  conseguir  la  admisión  del  libelo  por  la  vía  excepcional y a que se case el fallo atacado.   

          1.        Procedencia del recurso de casación discrecional.   

          Argumenta  el censor que el fallo impugnado quebrantó la estructura  del  debido  proceso,  en  cuanto  vulneró  el  principio de culpabilidad al no  reconocer  que  su  asistido  disparó  el  arma  con  la  convicción  de estar  repeliendo  una  agresión  inminente  e injustificada de sus antagonistas, esto  es,  que  actuó  en  una  situación  de  “legítima  defensa presunta”.   

          Agrega  que  si  JAVIER MONROY  fue  acechado  por  los  hermanos  Pérez  Camacho,  uno  de quienes lo habían golpeado la noche  anterior, resultaba razonable que aquél hubiera disparado su arma.   

          Además,  si  en los fallos de instancia se acepta que hubo forcejeo  entre  víctimas y victimario, dice el casacionista, puede concluirse que no hay  certeza  acerca  de que el procesado haya disparado su arma con la intención de  lesionar  a  Aldemar Pérez y  que  bien pudo ocurrir una situación fortuita, circunstancias que conllevaban a  proferir  un  fallo  absolutorio  por ausencia de culpabilidad, o bien, por duda  acerca de la misma.   

          2.        La demanda.   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el  recurrente formula tres cargos por violación indirecta de  la  ley  sustancial  por  falso  raciocinio,  los  cuales  postula  y desarrolla  así:   

2.1.          Cargo primero: Falso raciocinio respecto  de  la  declaración de Verónica Amorocho.   

          Afirma  el  defensor  que  el Tribunal violentó las “reglas   de   la   sana   crítica,   de   la   lógica   y   de  la  experiencia”,  pues  no  tuvo  en  cuenta que con el  testimonio  de  la  tía  de  las  víctimas, Verónica  Amorocho,    se    estableció    que   Jorge     Aldemar     y    Pedro  Adolfo  Pérez  Camacho  no tenían  motivo  para  estar en el camino frecuentado por JAVIER  MONROY  ARIZA,  sino  que lo acechaban para agredirlo,  motivo   por   el   cual  éste  reaccionó  en  un  estado  de  “legítima                defensa               subjetiva”.   

          Estima  violado  el numeral 10º del artículo 32 del estatuto penal  que     reconoce     la     “legítima    defensa  presunta”,  así  como  el artículo 334 del Decreto  100 de 1980.   

          También  aduce  que  su  representado  se  encontraba  en  un lugar  despoblado,  lo cual lo facultaba para “defenderse de  un  ataque  presunto  de  quienes lo acechaban”, esto  es,  actuar  de  conformidad  con  “la  figura de la  legítima  defensa presunta”, según puede concluirse  de  acuerdo  con las reglas de la sana crítica, la lógica, el sentido común y  la experiencia.   

          Afirma  que  de no haber sido por el referido yerro, el fallo sería  absolutorio  y  por ello solicita que en tal sentido se profiera la sentencia de  reemplazo una vez casada la providencia impugnada.   

2.2.          Cargo segundo: Falso raciocinio respecto  del  testimonio  de  Claudia Yaneth Ardila.   

          De  manera  similar a la censura precedente, el defensor reclama que  si   bien   el   Tribunal   tuvo   en   cuenta  el  testimonio  de  Claudia  Yaneth Ardila, lo cierto es que no  dedujo  a  partir de su declaración la situación de legítima defensa presunta  en  la  que  se  encontraba  su  asistido,  en  cuanto los hermanos Pérez  Camacho  lo acechaban en un paraje  despoblado y ello motivó que reaccionara agrediéndolos.   

          Entonces,  solicita  la  casación del fallo atacado, para que en su  lugar   se   profiera   sentencia   absolutoria   en   favor   de   JAVIER MONROY ARIZA.   

2.3.          Cargo tercero: Falso raciocinio respecto  de   la   declaración   de   Pedro   Adolfo  Pérez  Camacho.   

          Aduce  el casacionista que no se aplicó el precepto que se ocupa de  regular  la  garantía  fundamental  del  in dubio pro  reo,  pues  con  base en el testimonio de Pedro  Adolfo Pérez Camacho se estableció  que  medió  un  forcejeo  entre  el  procesado y Jorge  Aldemar  antes  de  que  se  produjeran  las lesiones,  circunstancia  que “imponía reconocer duda razonable  respecto  de si el disparo que lesionó a JORGE ALDEMAR PEREZ CAMACHO se produjo  voluntariamente         por        parte        del        procesado”.   

          Concluye   que  la  indebida  valoración  del  referido  testimonio  impidió  que  se  aplicara  el  principio in dubio pro  reo, lo cual determinó que de manera equivocada fuera  declarado  que  se  había  conseguido  la  certeza  exigida por la ley sobre la  materialidad    del    ilícito    y    la   responsabilidad   de   JAVIER   MONROY  para  proferir  fallo  de  condena en su contra.   

          Finalmente  agrega  que  debió  valorarse  el forcejeo respecto del  arma  rudimentaria  que  culminó  con  el  disparo  que  hirió  a Jorge  Aldemar,  de  conformidad  con  las  leyes  de  la  física y la mecánica a fin de establecer si la referida acción  fue realizada intencionalmente o no por su representado.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto,  el  defensor solicita se case la  sentencia   objeto   de  impugnación  y  se  profiera  en  su  reemplazo  fallo  absolutorio    en    favor    de    JAVIER    MONROY  ARIZA.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Inicialmente  es  necesario  precisar  que  en  punto del recurso de  casación,  la  norma  procesal  vigente  para cuando se cometió el concurso de  delitos  era  el  artículo 1º de la Ley 553 de 2000 (Diario Oficial No. 43.855  del  15  de  enero  de  2000,  de  cuyo texto sólo fue declarada inexequible la  expresión         “ejecutoriadas”  mediante sentencia C-252 del 28 de febrero de 2001, con efectos  a    partir    del    17    de   marzo   de   20011)  que dispuso la viabilidad de  la  referida  impugnación  “en  los procesos que se  hubieren  adelantado  por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad    cuyo    máximo    exceda    de    ocho  años”  (subrayas  fuera  de  texto),  disposición  idéntica  a  la que luego fue adoptada por el legislador en el artículo 205 de  la  Ley 600 de 2000 (Diario Oficial No. 44.097 del 24 de julio de 2000), vigente  para  cuando  fue  proferido  el  fallo  de  segundo  grado  (26 de noviembre de  2004).   

En aquellos casos en los cuales la sentencia  de  segunda  instancia  no es proferida por los mencionados tribunales, o que el  delito  por  el  cual se procede tiene pena privativa de la libertad inferior al  quantum  señalado  en  precedencia o sanción no restrictiva de la libertad, el  inciso  3º  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000 (artículo 218 del Decreto  2700  de  1991  modificado por el artículo 1º de la Ley 553 de 2000) faculta a  esta  Sala para admitir discrecionalmente las demandas de casación presentadas,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          Desde  luego,  cuando se trata de la casación discrecional es deber  del    impugnante    exponer    con    claridad   y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir  la  Corte, ya para proveer un pronunciamiento con criterio de autoridad respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien  para  unificar posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina,  ora para abordar un tópico aún no desarrollado, con  el  deber  de  indicar  de qué manera la decisión solicitada tiene la utilidad  simultánea  de  brindar  solución  al  asunto  y a la vez servir de guía a la  actividad judicial.   

Pero  si lo pretendido por el demandante es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho    invocado,    así    como    su    desconocimiento    en   el   fallo  recurrido.   

También  se  tiene  que  el censor no puede  acudir  simultáneamente  a  las dos especies de casación (ordinaria o común y  discrecional)  en  cuanto  son excluyentes, dado que la segunda es sucedánea de  la  primera,  esto es, únicamente procede en la medida en que no resulte viable  la casación ordinaria.   

         Advertido    lo    anterior,  se  observa  en  el  caso  de  la  especie que por tratarse de un  concurso  homogéneo de delitos de lesiones personales  con  incapacidad superior a noventa (90) días, deformidad física permanente en  el  cuerpo  por  cicatriz quirúrgica, perturbación funcional del órgano de la  locomoción   y  perturbación  permanente  del  órgano  de  la  digestión  en  Jorge   Aldemar   Pérez  e  incapacidad  de  quince  (15)  días  en  Pedro Adolfo  Pérez,  comportamientos cuyo extremo máximo punitivo  tanto  en  el  derogado  estatuto penal como en la Ley 599 de 2000 no supera los  ocho  (8)  años de prisión, sólo es procedente el recurso de casación por la  vía discrecional.   

Ahora,  si  bien  el  censor al inicio de su  argumentación  aduce  que  presenta  demanda  por la vía excepcional contra el  fallo    proferido   por   el   ad   quem,  pronto  se  advierte  que  no  cumple  su  cometido de ofrecer un  discurso  orientado  a  demostrar  alguna  de las posibilidades para que la Sala  admita  discrecionalmente  su  libelo,  pues simplemente se limita a expresar de  manera  imprecisa  que fue violado el debido proceso de su asistido en cuanto se  vulneró  el  principio  de  culpabilidad  por  no  reconocer  que se encontraba  convencido  de  estar  repeliendo una agresión inminente e injustificada de sus  antagonistas,   esto  es,  que  actuó  en  una  situación  de  “legítima defensa presunta”.   

          Así,  pues,  el  recurrente  no identifica en concreto la temática  que  debe  abordar  el  pronunciamiento,  no  dice si sobre el particular ya hay  jurisprudencia  y,  de  ser  así,  cuáles son las decisiones que se ocupan del  asunto  y  cómo  se relacionan con el caso objeto de estudio, omisión que a la  postre  le  impide  identificar  el  punto dudoso, la existencia de providencias  contradictorias,  o  el  vacío que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y  cómo  el  desarrollo  del concepto reclamado tiene la doble utilidad de servir,  tanto    para    este    trámite,    como    para   la   solución   de   casos  similares.   

Tampoco del cuerpo de la demanda se consigue  establecer  con  precisión  la  denuncia  de  agravio  alguno  a  los  derechos  fundamentales  del  acusado, pues el defensor de manera vaga plantea un error de  prohibición  directo  de  tipo  permisivo  (defensa subjetiva o putativa), pero  reclama  el  reconocimiento de una “legítima defensa  presunta”,  sin  percatarse que tales institutos son  sustancialmente  diversos  y  corresponden a distintos supuestos fácticos y, lo  más  importante,  sin  adelantar  esfuerzo  alguno  en  punto  de  demostrar la  denunciada     violación     del    principio    de    culpabilidad    de    su  procurado.   

Lo expuesto permite deducir que el recurrente  no  cumple  con  las exigencias legales dispuestas para que proceda la admisión  discrecional  de su libelo de casación, además de que tampoco la Sala advierte  durante  el  trámite  o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  los derechos  fundamentales  o garantías del procesado JAVIER MONROY  ARIZA, como para que ello impusiera el ejercicio de la  facultad  oficiosa  que  sobre  el  particular  le  asigna  el legislador a esta  Corporación.   

          Si  lo anterior es así, como en efecto lo es, encuentra la Sala que  el  libelo  acusa las graves fallas destacadas, que no pueden en modo alguno ser  enmendadas  por  la  Corte,  pues ello lo impide el principio de limitación que  rige   el   trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano  su  inadmisión  de  conformidad   con   lo   dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   JAVIER   MONROY  ARIZA,  por  las  razones  expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Cfr.  Auto   del  22  de  octubre  de  2001.  Rad.  18631.  M.P.  Dr.  Carlos  Gálvez  Argote.     

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