23592(25-05-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23592   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 041.  

          Bogotá   D.C.,   mayo   veinticinco   (25)   de   dos   mil   cinco  (2005).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  DARIO  DE JESUS RINCON GOMEZ,  quien  fue  condenado por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de  Descongestión  de  Medellín mediante sentencia proferida el 26 de noviembre de  2003  como  autor  penalmente  responsable  del concurso de delitos de secuestro  simple  y  acto  sexual violento agravado, la cual fue confirmada el 5 de agosto  de 2004 por el Tribunal Superior de la misma ciudad.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a las 8:30 de la noche del 9 de abril de 2002 en el  barrio  Castilla  de  la  ciudad  de  Medellín,  cuando  la  menor Laura  Camila  Yepes Gutiérrez de 10 años  de   edad   regresaba   a   su   residencia,   fue   obligada  por  DARIO   DE   JESUS   GOMEZ  a  abordar  un  vehículo  y  luego  de  transportarla  por varios sitios se detuvo en un paraje  solitario  donde  la  amenazó  para  que  realizara  actos sexuales y tocó sus  partes  íntimas,  pero fue sorprendido por una patrulla de la Policía Nacional  que  le  solicitó  una  requisa de rutina y se percató de lo que ocurría ante  las voces de auxilio de la niña.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

La Fiscalía Seccional de La Estrella dispuso  la  apertura de instrucción, en cuyo desarrollo vinculó mediante indagatoria a  DARIO  DE JESUS RINCON GOMEZ,  resolviendo  su  situación  jurídica con medida de aseguramiento de detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posible  autor de los  delitos   tentativa   de   acceso   carnal   violento   agravado   y   secuestro  simple.   

Una vez cerrada la investigación, el sumario  fue  calificado  el  4 de noviembre de 2002 con resolución de acusación contra  el  procesado  como  presunto  autor  material  del  concurso de delitos de acto  sexual  violento  agravado  y  secuestro  simple.  Decisión  contra  la cual la  defensa interpuso con resultados adversos recurso de apelación.   

La   fase  del  juzgamiento  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Segundo Penal del Circuito Especializado de Medellín,  despacho  que  una  vez  surtido  el  rito  pertinente  profirió fallo el 26 de  noviembre  de  2003, por cuyo medio condenó a DARIO DE  JESUS  RINCON GOMEZ a la pena principal de catorce (14)  años  y  seis  (6) meses de prisión y a las accesorias de inhabilitación para  el   ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  diez  (10)  años  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de la patria potestad por cinco (5) años,  como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  por el que fue  acusado,  sentencia  confirmada  el 5 de agosto de 2004 por el Tribunal Superior  de Medellín.   

LA  DEMANDA   

La  acción de revisión se dirige contra la  sentencia    de    segunda    instancia,   confirmatoria   de   la   de   primer  grado.   

El  defensor  solicita  la  revisión  con  fundamento  en  el  numeral  3°  del  artículo  192 de la Ley 906 de 2004, por  considerar  que  hay  hechos  y  pruebas nuevas que acreditan la inocencia de su  asistido.   

          Afirma  que  el  único  medio  de  prueba  que  sirvió tanto en la  investigación  como  en  el  juzgamiento para establecer la responsabilidad del  procesado  fue  el  testimonio  de  la menor ofendida, sin que se haya tenido en  cuenta,  de  una  parte, que el testigo único resulta insuficiente en todas las  legislaciones  del mundo para arribar a la certeza y, de otra, que era necesario  recibir   tal   declaración   con   “beneficio  de  separación”.   

          Comenta  que  la niña se entrevistó con la familia del incriminado  y  dijo  que  la  denuncia  fue  obra  del  agente  de policía que conoció del  procedimiento    que    culminó    con    la   aprehensión   de   DARIO  DE  JESUS  RINCON, dado que tuvo un  fuerte  altercado  con  este,  pero  que  ella  está  en condición de volver a  declarar y decir sólo la verdad sobre los hechos investigados.   

          El  defensor  resalta que la víctima ya tiene quince años de edad,  es  una  mujer más madura y que las inconsistencias del proceso responden a una  manipulación, todo lo cual impone la revisión del expediente.   

Luego   de   valorar   fragmentos   de  la  declaración  de  la  víctima,  el  demandante  concluye que esta no fue sujeto  pasivo   de   actos  sexuales  violentos,  pues  “su  personalidad  es absolutamente la propia de una mujer de vida pública, fruto de  un hogar descompuesto”.   

          Igualmente,  el actor trae a colación los alegatos presentados a la  Fiscalía  en  pro  de  los  intereses  del  sentenciado y culmina afirmando que  “por  donde  uno  quiera leer este proceso encuentra  que  solamente  un  medio  probatorio  sirvió de fundamento imprescindible para  condenar  al  señor Oscar de Jesús Rincón Gómez a una pena tan cara. Por eso  es  que  resulta  de elemental justicia que la Corte Suprema de Justicia, revise  este  proceso  y  que  al  reabrir  la  investigación se llame a la joven LAURA  CAMILA  YEPES  GUTIERREZ, que es la única prueba dentro del expediente para que  libre  de  todo  apremio,  de  toda manipulación, ya más madura, de más edad,  precise    si   realmente   sobre   ella   el   condenado   ejerció   violencia  alguna”.   

          Finalmente,  el apoderado del sentenciado allega copia de los fallos  de   primera   y   segunda  instancia,  con  la  correspondiente  constancia  de  ejecutoria.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Sea  lo  primero  destacar  que  si  bien el  demandante  se  fundamenta  en  la causal de revisión establecida en el numeral  3º  del  artículo  192 de la Ley 906 de 2004, lo cierto es que tal precepto no  resulta  aplicable  a  este  asunto,  pues  el  artículo  533  de  la  referida  legislación   dispone   que  “el  presente  código  regirá  para  los  delitos cometidos con posterioridad al 1º de enero del año  2005”.   

Además, si la Ley 600 de 2000, vigente para  cuando  se cometió el delito y que aún rige, establece en el numeral 3º de su  artículo  220  la  misma  causal de revisión invocada por el defensor, sin que  entre  uno  y  otro ordenamiento se advierta en punto de la acción de revisión  una  situación favorable a los intereses del condenado, no hay duda que es esta  la norma aplicable al caso que concita la atención de la Sala.   

Dilucidado  lo  anterior  se tiene que si la  acción   de  revisión  tiene  como  finalidad  esencial  la  remoción  de  la  intangibilidad  propia  de  la  cosa  juzgada,  el  legislador  ha previsto como  supuesto  de  su  admisión  el estricto cumplimiento de especiales, rigurosas y  expresas  exigencias,  señaladas  en  el  artículo  222  del estatuto procesal  penal.   

Habida  cuenta  que  esta  acción  procede  únicamente  contra  providencias  ejecutoriadas  (sentencias,  resoluciones  de  preclusión  de  la  investigación  o  autos de cesación de procedimiento), es  deber  del  demandante allegar copia de las decisiones de primer y segundo grado  con su respectiva constancia de ejecutoria.   

Ahora, en tratándose de la invocación de la  causal  establecida  en  el numeral 3º del artículo 220 de la Ley 600 de 2000,  esto  es,  por  la aparición de hechos nuevos o el surgimiento de pruebas de la  misma  índole  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates  y  que  cuenten con  virtualidad  suficiente  para  demostrar  la  inocencia  del  sentenciado  o  su  irresponsabilidad,  tales  elementos  probatorios  novedosos deben ser aportados  junto   con  la  demanda  y  ser  idóneos  para  acreditar  cualquiera  de  las  finalidades ya señaladas.   

En el asunto objeto de estudio se observa que  el  actor  allega  copias de las sentencias de primera y segunda instancia, así  como  constancia  de  su ejecutoria, con lo cual satisface una de las exigencias  legales para la admisión del libelo.   

          No  obstante,  no aporta ningún medio de prueba que acredite hechos  nuevos  o  elementos  de juicio no conocidos al tiempo de los debates, en cuanto  sólo  dirige  su esfuerzo a exponer su particular valoración del testimonio de  la  menor ofendida, proceder que no se ajusta a lo establecido en el numeral 4º  del   artículo   222   de  la  Ley  600  de  2000,  que  exige  “La    relación   de   pruebas   que   se  aportan  para  demostrar  los  hechos  básicos  de la  petición” (subrayas fuera de texto).   

          Además,  de manera impropia, el defensor afirma que “se  hace  necesario  volver  a  oír  y  a  concretar  esta presunta  ofendida   para   que   de   una   vez  por  todas  diga  la  verdad”,  sin  percatarse  que  esta  acción  no  está instituida para  reabrir  una  y  otra vez los debates ya superados en el curso de las instancias  dentro  de  un  diligenciamiento culminado, en este caso, con fallo condenatorio  ejecutoriado, el cual ha hecho tránsito a cosa juzgada.   

          También  se  advierte  que  el apoderado olvida que la solicitud de  pruebas  dentro  de  esta  acción  sólo tiene lugar cuando una vez admitido el  libelo  por  cumplir  las exigencias legales dispuestas para ello, se solicita y  recibe  el  proceso objeto de revisión y, sólo entonces, se abre el trámite a  prueba  de  conformidad  con  lo  establecido  en  los  artículos 223 y 224 del  referido  ordenamiento  procesal  a  fin  de que “las  partes      soliciten      las      que      estimen     conducentes”.   

Por  tanto,  es  evidente que si el actor no  allega  los  medios  probatorios  novedosos  que  anuncia y de manera equivocada  pretende  que  la  Sala  en  este momento disponga el decreto y práctica de una  prueba  que  ya  obra  y  fue  valorada  en  el proceso, incumple las exigencias  formales  para  que  su  demanda  sea admitida, pues se reitera, esta acción no  está  dispuesta para reabrir debates ya surtidos en su oportunidad dentro de un  procesos  culminado,  ni  para  valorar  una vez más los medios probatorios que  fundamentaron  la  providencia  ejecutoriada, sino para remover la decisión que  hizo  tránsito  a cosa juzgada en procura de conseguir una declaratoria opuesta  y,  en  todo caso, favorable al condenado, a partir de la aparición de hechos y  pruebas que ostenten la condición novedosa exigida por la ley.   

Así  las cosas, como el libelo no satisface  las  exigencias  formales  establecidas para su admisión en artículo 222 de la  Ley  600 del 2000, se impone su inadmisión que es la consecuencia dispuesta por  el legislador en el artículo 223 del mismo estatuto.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      RECONOCER personería  al  doctor  León Enrique Ochoa Carvajal, como apoderado del señor DARIO  DE  JESUS  RINCON  GOMEZ,  en  los  términos   y   para   los   efectos   señalados   en   el  poder  que  le  fue  otorgado.   

         2.                      INADMITIR la demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  DARIO DE JESUS RINCON GOMEZ,  de  conformidad  con  las  razones  consignadas  en la  anterior motivación.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

        Comisión de servicio   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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