23549(01-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23549  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 09  

Bogotá,  D.C.,  primero (1°) de febrero de  dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O   S  :   

Resuelve la Sala el recurso extraordinario de  casación  interpuesto por los defensores de EMMANUEL FILIBERTO MANZINI ALZAMORA  y  ALBERTO  STÉCKERL  GUTFREUND,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  el  30  de  septiembre  de 2004 por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Barranquilla, por medio de la cual confirmó el fallo condenatorio  proferido  el  17  de  marzo  del  mismo  año  por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  la citada capital, a través del cual se declaró a los procesados  autores penalmente responsables del delito de hurto.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.            El  22  de octubre de 1958 Alberto de la  Espriella  Vélez, en calidad de administrador del Consorcio Manzini, arrendó a  Juan  Uribe  Vargas,  Eduardo Jalube y José María Beltrán el inmueble ubicado  en  la  calle  47  # 44-129 de Barranquilla, y con el paso del tiempo el primero  cedió  a  Marceliano Pión Cantillo sus derechos de arrendador, quien en razón  del   incumplimiento   de   las   obligaciones   adquiridas  por  los  nombrados  arrendatarios,  mediante  apoderado,  demandó judicialmente la terminación del  contrato y la restitución del predio.   

El  libelo  fue  admitido por el Juzgado 6°  Civil  Municipal de la mencionada capital, en auto del 25 de septiembre de 1997,  en  el  cual  se ordenó también correr traslado a los demandados, trámite que  no  pudo ser cumplido por la imposibilidad de localizarlos, entre otras razones,  por el fallecimiento de Juan Uribe Vargas ocurrido en 1984.   

Ordenado el lanzamiento de los ocupantes del  inmueble  y  la  consiguiente  restitución al demandante, le correspondió a la  Inspección  2ª  de  Policía  cumplir  la  comisión impartida con tal fin, en  diligencia  que  se  inició  el  16 de junio de 1998, pero que no concluyó por  haberse  opuesto,  mediante  apoderado, Luis Aníbal Vélez Marrugo, cónyuge de  Noris  Cecilia  Uribe  Silva,  a  su  vez  hija  del  arrendatario Uribe Vargas,  alegando posesión del local por más de dos décadas.   

El  20 de junio del mismo año fue reanudado  dicho  acto  procesal  y como se declarara infundada la oposición, se ordenó a  Luis  Aníbal  Vélez  Marrugo  el desalojo del predio, aunque se convino con el  apoderado  del  demandante que se cumpliría el 30 de junio de 1998. En la misma  ocasión  el  representante  del  opositor solicitó una nulidad y como le fuera  negada, apeló tal decisión.   

El  17  de  julio  de  1998,  finalmente  la  Inspección  2ª  de  Policía  hizo  entrega  real  y  material del inmueble al  apoderado   del  demandante,  en  presencia  del  opositor  y  su  representante  judicial.   

El 24 de agosto de 1998, el Juzgado decretó  la  nulidad  de la actuación a partir del auto admisorio de la demanda, y el 23  de  febrero  de 1999 fijó el 10 de marzo siguiente para entregar el inmueble al  opositor  Juan Uribe Vargas, diligencia que rechazó ALBERTO STÉCKERL GUTFREUND  recurriendo  a su condición de arrendatario derivada del contrato celebrado con  EMMANUEL  FILIBERTO  MANZINI  ALZAMORA,  con  vínculos  de  parentesco  con  el  delegante del inicial arrendador, en ese momento fallecido.   

La  actuación  concluyó  el 18 de marzo de  1999  con  la orden del Juzgado de entregar el citado bien a Luis Aníbal Vélez  Marrugo  el 5 de abril siguiente, pero como no cumpliera el obligado, el Juzgado  comisionó  a la Inspección 10ª de Policía Urbana para el efecto y finalmente  el  9  de  marzo  de  2000,  previo allanamiento, el apoderado de Vélez Marrugo  recibió el inmueble.   

Al   percatarse   dicho  ciudadano  de  la  sustracción  del  referido  local  de  una  sierra  eléctrica  sinfín, cuatro  ventiladores  de  24 pulgadas, dos quemadores de gas, cuatro extractores de aire  contaminado  y  de la destrucción de dos hornos, bienes estos de su propiedad y  por  él utilizados en la actividad maredera que cumplía desde tiempo atrás en  el  citado lugar local, su esposa Noris Cecilia Uribe Silva denunció penalmente  a  EMMANUEL  FILIBERTO  MANZINI ALZAMORA y ALBERTO STÉCKERL GUTFREUND por estos  hechos.   

La actividad investigativa del Estado condujo  al  hallazgo en poder de Adán Olarte, dueño del aserradero “Los Araguatos”  de  Barranquilla,  de  la máquina mencionada en primer término, quien informó  que  la  había  comprado  en  el  mes de diciembre de 1999 a EMMANUEL FILIBERTO  MANZINI  ALZAMORA,  previo  ofrecimiento  de ALBERTO STÉCKERL GUTFREUND, por la  suma           de           $10’000.000.00.   

         

2.            Formalmente la Fiscalía Cincuenta y Ocho  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito de Barranquilla dispuso el  inicio   de   investigación  preliminar  en  resolución  del  5  de  abril  de  20001,   y  abierta  la  instrucción  vinculó  a  ella,  a  través  de  indagatoria,   a   ALBERTO   STÉCKERL   GUTFREUND2  y  EMMANUEL FILIBERTO MANZINI  ALZAMORA3,  sin  que se hubiera adoptado en su contra medida de aseguramiento  alguna4.   

3.             En  providencia  del  13  de  abril  de  20005,  se admitió la demanda de constitución de parte civil presentada  mediante apoderado por Noris Cecilia Uribe Silva.   

4.            Cerrada la fase instructiva la Fiscalía,  en   resolución   del  9  de  septiembre  de  20026, acusó a los sindicados antes  nombrados  en  calidad de presuntos coautores de hurto simple (artículo 239 del  Código Penal de 2000), decisión que no fue impugnada.   

5.            Tramitado  el  juicio por el Juzgado 6º  Penal   del   Circuito  de  Barranquilla,  en  sentencia  del  17  de  marzo  de  20047  condenó  a  ALBERTO  STÉCKERL  GUTFREUND  y  EMMANUEL  FILIBERTO  MANZINI  ALZAMORA  por  la  conducta  antes especificada, a la pena principal de  veinticuatro  (24)  meses  de  prisión,  a  la  accesoria de inhabilitación de  derechos   y   funciones   públicas  por  igual  término,  sanciones  que  por  favorabilidad   seleccionó  del  Código  Penal  de  1980,  y  cuya  ejecución  suspendió   condicionalmente.  Adicionalmente  les  impuso  la  obligación  de  “…pagar    por    perjuicios   $30’000.000.00….”, sin indicar el beneficiario.   

6.            Dicho pronunciamiento fue apelado por el  apoderado  de  la  parte  civil,  y el defensor de STÉCKERL GUTFREUND y MANZINI  ALZAMORA,  y el Tribunal Superior de Barranquilla, a través del fallo recurrido  en  casación,  expedido el 30 de septiembre de 20048,  le  impartió  confirmación  integral.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  :   

    

* Las demandas:     

Los  defensores  de  los procesados ALBERTO  STÉCKERL   GUTFREUND   y   EMMANUEL  FILIBERTO  MANZINI  ALZAMORA,  en  libelos  separados,   elevan   un  cargo  único  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  al  amparo  de la causal tercera de casación  prevista  en  el  artículo  207, numeral 3° del  Código de Procedimiento  Penal  de  2000,  que  dada  la forma coincidente como lo desarrollaron, la Sala  estima procedente analizar conjuntamente.   

          Proponen  nulidad  con fundamento en los siguientes motivos:   

    

1. Falta  de competencia de los funcionarios judiciales (artículo 306,  numeral 1° del Código de Procedimiento Penal de 2000).     

          Los   demandantes  consideran  equivocada  la  subsunción  que  los  diferentes  servidores  judiciales  que  han  actuado  dentro  de  este  proceso  ─con   excepción   del  Magistrado  del  Tribunal  Superior  de Barranquilla que salvó voto respecto de  fallo      confirmatorio      de      la      condena      impugnada─  hicieron  de los sucesos investigados  en  el  tipo  de  hurto simple, pues estiman que eventualmente configurarían el  delito  de  aprovechamiento  de  error  ajeno o caso fortuito (artículo 252 del  Código  Penal  de  2000  o  361  del  de  1980),  aunque más adecuadamente, la  contravención   especial   de  ejercicio  arbitrario  de  las  propias  razones  (artículo  1°,  numeral  1°  de  la  Ley  23  de  1991),  como  quiera que se  presentaron   a   raíz   de   las   discrepancias  derivadas  del  contrato  de  arrendamiento  celebrado  entre  los  procesados en calidad de arrendadores y de  Juan       Uribe       Vargas      ─fallecido─ y su  esposa  como  arrendatarios,  cuyo  incumplimiento  por  parte  de  los segundos  condujo  a  los  restantes a apropiarse de la maquinaria abandonada por aquellos  en el inmueble arrendado.   

          En  sustento  de  la demostración de los elementos del injusto cuya  estructuración  plantea,  transcribe el defensor de ALBERTO STÉCKERL GUTFREUND  las  manifestaciones  injuradas  de su representado y las ofrecidas por EMMANUEL  FILIBERTO  MANZINI  ALZAMORA, a su juicio reveladoras del propósito de estos de  contrarrestar   los   perjuicios   causados   por   el   incumplimiento  de  los  arrendatarios  mediante  la venta o intención de enajenación de algunos bienes  que  dejaron  en  el  local  en  litigio cuando fueron obligados judicialmente a  desocuparlo, omitidas por los jueces de instancia.   

         

          A  partir de la adecuación típica propuesta, consideran que siendo  los  funcionarios  competentes  para  conocer de la señalada contravención los  Inspectores  de  Policía,  la  garantía  del  juez  natural,  contenida en los  artículos   29  de  la  Constitución  Política  y  11  del   Código  de  Procedimiento  Penal,  ha  sido  vulnerada  en  este  caso y como desde la etapa  instructiva  se  vislumbró  pertinente  la formulación del señalado juicio de  tipicidad,    la    anulación    se    impone    desde    la   resolución   de  acusación.   

2.              La    comprobada    existencia    de  irregularidades sustanciales que afectan el debido proceso   

         En  desarrollo  del  ataque  argumentan  los  casacionistas  que el  pronunciamiento  de  la sentencia recurrida por una corporación sin competencia  funcional,  “…vulneró  de  lleno  el  debido  proceso…”  por haber sido  sometidos  los  acusados  a un juicio que no se ciñó a las leyes preexistentes  al  acto  imputado,  en  total  alejamiento de la Ley 23 de 1991, reguladora del  procedimiento   a   seguir   en   caso   de   contravenciones  especiales,  cuya  inaplicación conllevó dilatación injustificada del mismo.   

         En   relación   con   las   dos   causales   de  nulidad  alegadas  excluyen  la  posibilidad  de  convalidación dada su  categoría de garantías procesales de rango constitucional.   

         Las  normas  que  consideran transgredidas como consecuencia de los  defectos  procesales  postulados  son los artículos 1°, 6°, 9°, 10°, 12° y  239  del Código Penal de 2000, contentivos de los principios de dignidad humana  y  legalidad,  de los conceptos de conducta punible, tipicidad y culpabilidad, y  de la definición del hurto, respectivamente.   

         Con  igual  connotación invocan los artículos 1°, 2°, 6°, 9°,  11,  15,  16,  29,  39  y  76  del  Código de Procedimiento Penal de 2000,  alusivos   a   los  postulados  de  dignidad  humana,  integración,  legalidad,  actuación  procesal,  juez  natural,  celeridad  y  eficiencia,  finalidad  del  procedimiento,  investigación integral, y a los institutos de preclusión de la  investigación y competencia de los Tribunales Superiores.   

         Finalmente  solicitan anular la sentencia  de  segundo  grado  y  ordenar  el  reenvío del expediente en primer lugar a la  Fiscalía  para  que  ésta  a  su  vez  disponga  la  remisión al Inspector de  Policía del lugar de los hechos.   

    

* Concepto   de   la  Procuradora  2ª  Delegada  para  la  Casación  Penal:     

Se  inclina por la improsperidad del cargo,  en  primer lugar, porque considera equivocados los argumentos esgrimidos por los  libelistas  dentro  del  contexto de la causal tercera de casación, como quiera  que  los  desaciertos  que  atribuyen  a  los  sentenciadores  en  el proceso de  adecuación  típica  de  los  episodios investigados les obligaba a enmarcar el  ataque  en  la  causal  primera  por  violación  directa  o indirecta de la ley  sustancial,  ya  sea  por  incurrir en errores meramente jurídicos por falta de  aplicación,  exclusión  evidente  o  interpretación errónea, o por la errada  apreciación probatoria por errores de hecho o de derecho.   

El  inadecuado  desarrollo  de  la censura,  estima  que  se  refleja, además, en el cuestionamiento de los censores a   “…la  verdad probatoria declarada en las instancias…”, pero sin alcanzar  a  demostrar  yerro  alguno  que  permita  concluir  cuál  fue  la trasgresión  normativa sustancial indirecta producida.   

Después  de  insertar  partes  del  fallo  recurrido  prohíja  la correspondencia entre los supuestos fácticos declarados  por  el Tribunal y la conducta punible de hurto simple, previa la desestimación  de   la   tesis  de  la  defensa  sobre  la  configuración  de  la  pluricitada  contravención  que  también  descarta, aduciendo que los procesados en ningún  momento  fueron  titulares del derecho de retención (artículo 2000 del Código  Civil)    que   reclaman   sobre   la   sierra   sinfín,   pues   no   medió  contrato  de  arrendamiento  sobre dicha máquina, ni en  relación  con el inmueble en donde yacía, que les legitimara el acceso a ella,  luego  la  enajenación  de  dicho artefacto fue ilegal y se debió a la entrega  provisional  que  les  hicieron de él a raíz del lanzamiento oficial decretado  respecto  del  predio  en  donde  su  ocupante  Luis  Aníbal  Vélez Marrugo lo  conservaba  por  ser  su  verdadero  propietario,  según comprobó aportando la  factura  respectiva,  sin  que  el  incumplimiento  en  la  cancelación  de los  servicios  públicos  del  referido  inmueble,  alegada  por los procesados, los  facultara  para  venderlo,  pues  a  lo sumo podría llegar a constituirse en un  crédito  a  cargo  de  los  esposos Vélez y Uribe a favor del demandante en el  proceso  civil  de  restitución,  pero en ningún momento la permisión para la  apropiación.   

Niega que Vélez Marrugo hubiera abandonado  la  motosierra  en  el  local  del cual fue lanzado, según planteamiento de los  acusados  para  justificar  la enajenación que de ella hicieron posteriormente,  pues  si  la  dejó allí fue por orden judicial, según permite inferir el acta  de  entrega  elaborada  por  la  Inspectora Segunda de Policía de Barranquilla,  así hubiera omitido incluirla dentro del inventario respectivo.   

El adecuado encuadramiento de los sucesos en  el   delito  de  hurto  y  la  imposibilidad  jurídica  de  insertarlos  en  la  figura           contravencional   del  ejercicio arbitrario de las  propias  razones,  deja sin fundamento la falta de competencia de la Fiscalía y  de la jurisdicción ordinaria para investigarlos y juzgarlos.   

         En     conclusión,    recomienda    no    casar    la    sentencia  impugnada.   

    

* Planteamientos del no recurrente:     

Estima  infundada  la  causal  de casación  invocada  por los demandantes porque el vicio de procedimiento aducido no existe  como  quiera  que  el  caudal  probatorio  arrimado  antes  que  conducir  a  la  comprobación    de    la   citada   contravención   especial,   determina   la  estructuración del hurto en sus diferentes fases.   

Descarta el desplazamiento típico propuesto  por   los   libelistas,  aduciendo  la  ausencia  de  celebración  de  contrato  arrendamiento  alguno  sobre la maquinaria y demás elementos mencionados, entre  Luis  Vélez  Marrugo  o  su  padre,  y  los  procesados,  lo  cual  excluye  la  posibilidad   de   que   éstos   pudieran  llegar  a  ejercer      algún      derecho     ─como  el  de  retensión─   sobre   los  mismos,  vacío  que  conlleva  a  calificar  como  constitutiva  de  hurto  la  apropiación de tales  objetos,   además,   confesada   por   los   implicados  y  respaldada  con  el  descubrimiento,  en  el  curso de inspección judicial, de la sierra en poder de  Adán Olarte a quien se la vendieron.   

Con  estos  argumentos  se  opone  a  las  pretensiones de los recurrentes.   

    

* Examen de la censura:     

Tratándose   de  la  causal  tercera  de  casación  invocada  por  los  demandantes al plantear la existencia de presunta  nulidad  por falta de competencia de los funcionarios judiciales que han actuado  dentro   de   este   asunto,  derivada  del  error  en  que  incurrieron  en  la  denominación  jurídica  de  la  conducta  investigada,  es  necesario tener en  cuenta     que     la    Corte    ha    precisado9   

que  al  desarrollar  el  cargo  se  debe  postular  ya  la  violación  directa  de la ley sustancial, ora la indirecta, y  demostrarlas  conforme  a  las  pautas  técnicas  concernientes  a  cada una de  ellas.   

Y  si  bien  la  censura  fue acertadamente  enunciada  ─luego en este  punto   se  discrepa  de  la  Delegada─,   no  atinaron  los  libelistas  al  sustentarla  pues  omitieron  demostrar  si  los  juzgadores  incurrieron  en  alguna  de  las  transgresiones  normativas    antes    mencionadas   ─falencia   técnica   ésta   sí   advertida   por  el  Ministerio  Público─, dificultad que  superará   la   Sala  revisando  las  sentencias  en  orden  a  determinar  las  declaraciones     fácticas     en    ellas    contenidas    y    el    sustento  probatorio:   

El     funcionario     de     primera  instancia:   

    

* Descarta  explícitamente la expectativa  legítima    del    ejercicio    de    derecho    de   retención   ─consagrado en el artículo 2000 del  Código  Civil─ de los  procesados  sobre  la  maquinaria industrial del “arrendatario”, derivada de  la  “cláusula tercera” del contrato de arrendamiento (aunque se abstiene de  especificarlo),  por no cumplirse las exigencias señaladas por la doctrina para  el efecto10   

* .    

    

* Afirma  que  EMMANUEL  FILIBERTO MANZINI  ALZAMORA  y  ALBERTO  STÉCKERL  GUTFREUND dispusieron ilegalmente de los bienes  que  encontraron en el inmueble que les fue entregado, cuya preexistencia quedó  debidamente  acreditada con los testimonios creíbles de Alfredo Elías Santiago  Polo,  quien  reparó  la  sierra  sinfín  a solicitud de Adan Olarte, a su vez  comprador  de  ella  a  los  acusados  nombrados, negociación cuya realización  éstos  admitieron  en  el  curso  de  sus  indagatorias, sin que la ausencia de  registro    de    la    entrega    surtida   a   los   procesados   desvirtúe  la  ilícita apropiación,  pues  las  actas  elaboradas  por  la Inspección de Policía, el 17 de julio de  1998,  y  por el Juzgado 6° Civil Municipal el 10 de marzo de 1999, en el curso  del  respectivo  proceso civil, dan cuenta del funcionamiento de los hornos para  secar   maderas   de   donde   se   infiere   que   en  dicho  lugar  quedó  la  motosierra.     

    

* Deduce  de  las  maniobras  dilatorias  realizadas  por  los  procesados  dentro  de la actuación civil, su voluntad de  sustraer  y  disponer  de los bienes pertenecientes al ocupante del inmueble, y,  por  ende,  el  dolo  de  su  comportamiento, tornan jurídica la imputación de  hurto.     

El  Tribunal  Superior  convalidó  las  anteriores  premisas,  sin desconocer que lo hizo dentro de algunos márgenes de  confusión11,  que  de  todas  maneras no dejan duda de la confirmación de la  condena por el citado delito patrimonial.   

Rememoradas  las  anteriores  premisas,  la  Sala debe establecer  si  se  equivocaron  los  juzgadores de instancia al declarar la correspondencia  existente  entre  los  hechos  materia de juzgamiento y el delito de hurto, o si  debieron  calificarlos  como  constitutivos  de  la  contravención  especial de  ejercicio  arbitrario  de  las  propias  razones,  según  planteamiento  de los  demandantes.   

Con   tal  propósito,  se  fijará  la  interpretación  del  enunciado  legal  de  la  conducta  punible  mencionada en  segundo                    lugar12    elaborada    por   la  Sala.   

“Como  además  el censor afirma que la  conducta  investigada  corresponde  “al  ejercicio  arbitrario  de  las  propias  razones”,    es    necesario   efectuar   dos   precisiones:   (…).   

La  segunda, que tal comportamiento exige  “la  presencia  de  un elemento subjetivo específico, cual es el fin de ejercer  un  derecho,  y  de  una  concreta  circunstancia de realización de la conducta  ─hacerse   justicia  arbitrariamente    por   sí   mismo─,  la  que  en  tales condiciones sólo puede ser ejecutada por un  sujeto  activo  cualificado,  cual  es  el  TITULAR  del  derecho cuyo ejercicio  emprende  en  forma  violenta,  obviando  las vías legales establecidas para el  efecto”;  “presupone,  por  tanto, la existencia de un derecho que constituye un  presupuesto   y,   al   mismo   tiempo,   un   elemento   del  tipo”13 (subrayas  fuera de texto).   

…  

Con relación a que el único comportamiento  que  podría  imputarse  a  los procesados era el de ejercicio arbitrario de las  propias  razones,  baste señalar que tal conducta, como ya se advirtió, supone  que  quien la realiza cuenta con un derecho cuyo ejercicio adelanta por fuera de  los      canales      judiciales.”14   

Examinadas  las  pruebas  aportadas  a la  investigación,   bajo   el   contexto   anterior,  se  extraen  las  siguientes  premisas:   

    

* El contrato de  arrendamiento  que  dio  origen  al  proceso  civil de restitución del inmueble  ubicado     en     calle    47    #    44-129    de  Barranquilla,     se     celebró    el  22  de  octubre  de  1958  entre  el  arrendador  Alberto  de la  Espriella   Vélez,   en   calidad   de   administrador  del  Consorcio  Manzini  ─no  obra en el expediente  información        sobre        quiénes       lo       conformaban─,   y  los  arrendatarios  Juan  Uribe  Vargas,  Eduardo  Jalube  y  José  María Beltrán, contrato que posteriormente  cedió  el  arrendador a Marceliano Pión Cantillo, quien mediante apoderado, el  19   de  septiembre  de  1997,  demandó  judicialmente  su  terminación  y  la  restitución          del          inmueble15.     

    

* No   existe  constancia  dentro  de las diferentes actas levantadas por la Inspección 2ª de  Policía  de  Barranquilla, por comisión impartida por el Juzgado que avocó el  conocimiento  del  respectivo  proceso  de  restitución  de inmueble arrendado,  dentro  del  cual  fueron  reconocidas  únicamente las partes mencionadas en el  párrafo  anterior  ─25 de  septiembre  de  1997─, de la  entrega  de  la sierra sinfín y demás maquinaria industrial relacionada por la  denunciante  como  objeto de apropiación ilícita, a EMMANUEL FILIBERTO MANZINI  ALZAMORA ni a ALBERTO STÉCKERL GUTFREUND.     

Así   se   constata  en  los  documentos  elaborados  el  16  de  junio  de  1998,  en  cuyo  desarrollo  presentó formal  oposición  Luis  Aníbal  Vélez  Marrugo,  en  su  condición  de poseedor del  inmueble  durante  20  años,  por  ser  hijo de Juan Uribe Vargas, fallecido en  1984;  el  20  de  junio  del  mismo  año  cuando se reanudó la diligencia, se  declaró  infundada la oposición y se ordenó al acabado de nombrar el desalojo  del  predio, convenido para el 30 de junio siguiente, ocasión ésta aprovechada  por  su  apoderado  para solicitar una nulidad; y el 17 de julio de 1998, cuando  finalmente  se  hizo  la  entrega  real y material del inmueble al apoderado del  demandante,    en    presencia    de    Uribe    Vargas   y   su   representante  judicial16.   

    

* ALBERTO  STÉCKERL  GUTFREUND  y  EMMANUEL  FILIBERTO  MANZINI  ALZAMORA  surgen dentro del proceso civil solamente el 10 de  marzo  de 199917,  cuando  previa  la  declaratoria  de  nulidad  de la actuación a  partir     del     auto     admisorio     de     la     demanda     ─auto    del    24    de   agosto   de  1998─,    el   Juzgado  concurrió  al  inmueble  con fin de entregarlo al opositor Juan Uribe Vargas, y  lo  encontró  ocupado  por  STÉCKERL  GUTFREUND, quien alegó su condición de  arrendatario  derivada  del  contrato celebrado con MANZINI ALZAMORA, oposición  que  fue  rechazada  el  18 de marzo de 1999, y solamente hasta el 9 de marzo de  2000,   previo   allanamiento,  el  apoderado  de  Vélez  Marrugo  recibió  el  bien18.     

Indican   estas   pruebas,  adecuadamente  ponderadas  por  los  jueces  de  instancia,  que  si  los procesados en ningún  momento  arrendaron  el  inmueble  referido  a  Luis  Aníbal Vélez Marrugo, no  podían   ser  titulares  del  derecho  de  retención sobre los bienes muebles  que  éste  tenía  dentro  de  él  para  el ejercicio de actividades marederas  industriales,  luego  si  no  contaban  con la facultad para reclamarlos por las  vías  legales,  establecidas en el artículo 2000 del Código Civil19   

,  la  apropiación  ilícita  que de los  mismos  hicieron no constituye ejercicio arbitrario de las propias razones, dada  la  imposibilidad  de ser considerados como sujetos activos calificados de dicha  conducta, pues finalmente ellos se irrogaron un derecho ajeno.   

Descontada  la  correspondencia entre los  supuestos  fácticos  que  los  jueces declararon probados en la sentencia y los  elementos   típicos  del  punible  de  autojusticia,  el  yerro  por  falta  de  aplicación  de  la  norma  que  consagra  éste,  sugerido por los demandantes,  carece    de    demostración    y    desvanece    la    censura    por    ellos  emprendida.   

Adicionalmente, es de tener en cuenta que la  actividad  investigativa  del  Estado fue la que condujo al hallazgo en poder de  Adán  Olarte,  dueño del aserradero “Los Araguatos” de Barranquilla, de la  sierra  sinfín, quien informó que la había comprado en el mes de diciembre de  1999,  a  EMMANUEL  FILIBERTO  MANZINI  ALZAMORA, previo ofrecimiento de ALBERTO  STÉCKERL  GUTFREUND, por la suma de $10’000.000.0020,  es  decir,  cuando ya Juan  Uribe  Vargas  se había visto privado de usarla por orden del Juzgado 6° Civil  Municipal,  sin  que  en  ningún  momento  hubiera tenido relación contractual  alguno con dichas personas.   

Luego  la sustracción que de ella hicieron  los  acusados,  aprovechando  que le había sido entregada por orden judicial al  apoderado  del  arrendador  Marcelino Pión Cantillo y el parentesco que los une  ─la  esposa  de  EMMANUEL  FILIBERTO  MANZINI  ALZAMORA es madre de ALBERTO STÉCKERL GUTFREUND─, así como el conocimiento que tenían  de  la  potencial  prosperidad  de  la  oposición formalmente presentada por el  apoderado  de  Juan  Uribe  Vargas  y  la  solicitud de nulidad, seguramente los  indujo  a  enajenar  la  maquinaria  para  apropiarse  de  su  valor, sin que la  explicación  de  que  con  él  se  proponían cancelar las deudas de servicios  públicos  pendientes de pago, causadas durante el tiempo de ocupación de Uribe  Vargas,  justifique  su  proceder,  ni resulte aceptable el argumento de haberla  encontrado  abandonada  en  el  inmueble, pues la experiencia común enseña que  dicha  actitud  no  suele  ser  asumida en relación con un bien de considerable  valor   ─vendido  por  los  justiciables   en   la   suma   de  $10’000.000─, menos  aún  cuando  su propietario a través de las vías legales buscaba recuperarlo,  apreciaciones con las cuales está de acuerdo la Delegada.   

Así las cosas, indudable se ofrece concluir  que  al  insertar  el  Tribunal  los episodios investigados en el tipo de hurto,  descrito  en  el  artículo  349  del  Código  Penal  de  2000,  vigente cuando  ocurrieron  ─por  contener  una  pena  más  benigna  que  la  fijada en el articulo 239 del citado Estatuto  Punitivo4─,    ninguna  ilegalidad     resulta     predicable    de    ese  ejercicio.   

Desestimada  la  tesis  del  error  en la  denominación  jurídica  de  la conducta investigada formulada por los actores,  deviene  infundada  la causal de falta de competencia también alegada y como la  concurrencia  de  irregularidades sustanciales violatorias del debido proceso la  propusieron  bajo  el  mismo  argumento, la Sala, compartiendo el concepto de la  Procuradora  Delegada y atendiendo los alegatos de la parte civil no recurrente,  declara infundada la censura.   

En  suma,  la  Sala  no  casará el fallo  impugnado.   

A  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E:  

1.           NO   CASAR  la  sentencia impugnada. Y,   

2.                   ADVERTIR    que    contra    esta    providencia    no   procede   ningún  recurso.   

Notifíquese,  devuélvase al Tribunal de  origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                                                               ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                       JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                        JULIO          ENRIQUE          SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE  PORTILLA                                                         JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

    

1  C.  orig. N° 1, fol. 11.   

2  C.  orig. N° 1, fols, 65-71.   

3  C.  orig. N° 1, fols, 142-150.   

4  C.  orig. N° 1, fols. 152-157.   

5  C.  orig. N° 1, fols. 39-41.   

6  C.  orig. N° 1, fols, 195-201.   

7  C.  orig. N° 1   

8  C.  orig. N° 4, fols. 6-18.   

9  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Sents.  del  9  de febrero de 1994, rad.  N° 7.990; y del 3 de noviembre de 1999, rad. N° 12.064.   

10  “1.               Que  se  trate  de  restitución  del  inmueble  arrendado, lo cual  implica descartar cualquier tipo de relación jurídica sustancial;     

1. Que  la  causal  invocada  como  fundamento de la pretensión sea la mora en el pago de la renta;   

2. Que el reconocimiento del derecho  se  solicite en la demanda, que es la única oportunidad que se dispone” (Cita  la  obra  de  JAIME  AZULA CAMACHO, Manual de Derecho  Procesal Civil, Tomo II).     

11  “…a  pesar  de que no se discute que en tratándose del contrato de arriendo  entre  los  acusados  y  el  difunto  (?)  cabría  el  ejercicio del derecho de  retensión,  su  utilización  sin el lleno de los rituales deviene ilegal, y de  paso no justifica la conducta típica realizada.”   

12  Artículo   1°,   numeral   1°,   de   la  Ley  23  de  1991:  “Ejercicio    arbitrario   de   las   propias   razones.─  El que  en  lugar de recurrir a la autoridad y con el fin de ejercer un derecho, se haga  justicia  arbitrariamente por sí mismo, incurrirá en multa hasta de un salario  mínimo legal mensual.”   

13  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 13 de noviembre de 1999, rad. N° 12.064”   

14  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,   Sent.  del  29  de junio de 2005, rad.  N° 23.226.   

15  Anexos, fols. 2-16.   

16 C.  orig. N° 1, fols. 105-109, 81-84 y 114.   

17 C.  orig. N° 1, fols. 115-118.   

18 C.  orig. N° 1, fols. 119-123 y Anexos fol. 62.   

19  “ARTICULO  2000. OBLIGACION DE PAGAR EL PRECIO O RENTA>. El arrendatario es  obligado al pago del precio o renta.   

Podrá  el  arrendador,  para seguridad de  este  pago  y  de  las  indemnizaciones  a  que tenga derecho, retener todos los  frutos  existentes  de  la  cosa  arrendada,  y  todos  los  objetos  con que el  arrendatario  la  haya amueblado, guarnecido o provisto, y que le pertenecieren;  y se entenderá que le pertenecen, a menos de prueba contraria.”   

20 C.  orig. N° 1, fol. 26.     

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