23515(08-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23515  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nro: 45   

          Bogotá D.C., ocho de junio de dos mil cinco.   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte en relación con el  aspecto  formal  de  las demandas de casación instauradas por los defensores de  ALIRIO  MACÍAS, DIMAS   PERDOMO   YAGUÉ   y  NELSON  BASTIDAS  MEDINA,  contra el fallo  del  27  de  julio  de 2004, obra del Tribunal Superior de Neiva, por cuyo medio  confirmó  integralmente la condena de 30 años de prisión que el Juzgado Penal  del  Circuito Especializado de Descongestión de esa ciudad le impuso a cada uno  de  los  procesados  en mención en sentencia del 28 de enero del mismo año, al  hallarlos  responsables,  en  calidad de coautores, de las conductas punibles de  rebelión y secuestro extorsivo agravado, en concurso.   

HECHOS  Fueron sintetizados por el  Tribunal de la siguiente manera:   

“La  congresista  CONSUELO  GOZÁLEZ  DE  PERDOMO  la  tarde  del  10  de  septiembre  de  2001 se  desplazaba  desde  Pitalito a Neiva en el vehículo Mitsubishi Montero de placas  CSO-251  de  su  propiedad  conducido  por  RAMÓN  TARCISIO  LUNA  CAMPO,  y su  secuestro  ocurrió  aproximadamente a las 6:30 p.m., al ser interceptados cerca  al  puente  de  La  Angostura ubicado sobre el río Neiva, por un Jeep Willys J6  carpado,  ocupado por dos personas, para luego de ser rodeados por otros sujetos  (siete  a  ocho),  pasado  el conductor a la silla de atrás, de inmediato en el  mismo  automotor  siguieron  por  la  carretera  central  y  más  delante de la  bifurcación  hacia el municipio de Algeciras, tomar el cruce vía corregimiento  de  Otás  del  municipio  de  Campoalegre;  LUNA  CAMPO  fue  liberado  al día  siguiente y ella aún permanece en cautiverio.   

“Se conoció luego  por  el  desertor  de  las  FARC,  AQUILES  ARTUNDUAGA  CRUZ (q.e.p.d.) quien se  entregó  en  forma  voluntaria, que el secuestro se ordenó por el secretariado  de  esa  organización  subversiva,  a  través de uno de sus cabecillas apodado  ‘Oscar       el  mocho’  de  la  cuadrilla  Teófilo  Forero,  actividad  cumplida  por  HUMBERTO  VALBUENA  MORALES, JAIBER  QUINTERO  ARTUNDUAGA alias Paco, MAHECHA, ARBEY OSORIO alias botija o matacruda,  el  indio,  sijin,  DIMAS  alias  el  burro, Ferley Quintero Artunduaga alias el  torcido  o  carlin y Aquiles alias Nelson quienes se desplazaron en la camioneta  de  placas  BHA-101 conducida por NELSON BASTIDAS MEDINA o FABIO NELSON desde el  Paraíso  Algeciras  hasta  la  vereda  Chía del municipio de Campoalgre, en el  camino  se  encontraron  con  LUIS EDGAR SUAZA BOHÓRQUEZ alias pollo malo quien  conducía  el  vehículo  de  su  propiedad  y  los  llevó hasta el lugar donde  esperaron  a  la  señora  GONZÁLEZ  DE  PERDOMO,  individuos  a los que se les  reportó  en  la  tarde por FERLEY QUINTERO ARTUNDUAGA alias el torcido y ALIRIO  MACÍAS  o ALIRIO VALBUENA el vehículo en que aquella se transportaba y la hora  de  salida;  el  encargado  en  Hobo  de  informar  su  paso fue otro hermano de  HUMBERTO     VALBUENA     de     nombre    JUAN    alias    JUANCHO.”   

LAS  DEMANDAS   

1. Demanda a nombre  de ALIRIO MACÍAS.   

Violación  directa de la ley sustancial por  aplicación  indebida  -error  de  subsunción- del precepto que define quiénes  son  coautores,  lo cual conllevó a que el Tribunal al confirmar la condena que  por  los  delitos  de rebelión y secuestro extorsivo agravado se le impuso a su  asistido  ALIRIO  MACÍAS, se  equivocara  en  la selección de la norma llamada a regular el caso, dado que su  participación   en   los   hechos   materia   de   juzgamiento  “realmente  lo  fue a título de cómplice, si se tiene en cuenta que  simplemente   contribuyó  a  la  realización  de  la  conducta  antijurídica,  prestando  una  ayuda  concomitante con la ejecución de la misma y atendiendo a  la  diferencia  que  jurisprudencial y doctrinariamente se tiene establecida, de  manera  clara  y  precisa, entre las dos figuras”, es  el  fundamento  de  la  única  censura  que  el  demandante  formula  contra la  sentencia recurrida en sede extraordinaria.   

El   Art.   29  del  C.  Penal,  aduce  el  casacionista  en  desarrollo  del  cargo,  establece  que  son coautores quienes  mediando  un acuerdo común actúan con división de trabajo criminal atendiendo  la  importancia  del aporte. En el secuestro de la señora Consuelo González de  Perdomo  existió  toda una organización jerárquica, cuya cabeza es el llamado  “SECRETARIADO”  de  las  FARC,  según  lo  reconoce  el  propio Tribunal al  referirse  a  la  vinculación de los jefes de dicha organización subversiva al  proceso  y  a  la  ruptura  de  la  unidad procesal para proseguir la actuación  respecto  de  ellos  por cuerda separada. Al efecto cita los apartes pertinentes  del fallo impugnado.   

Según  el  testimonio de Aquiles Artunduaga  Cruz,  principal testigo de cargo de la Fiscalía, la responsabilidad logística  en  la  ejecución  del secuestro de la señora González de Perdomo, atendiendo  la  orden  impartida  por  la  cúpula  del mencionado grupo sedicioso, estuvo a  cargo  de  los  apodados  “El  Mocho”,  “El  Paisa”  y Humberto Valbuena  Morales,  alias “Yerbas”, siendo este último quien escogió a los conocidos  con  los motes de “Matacaballo”, “Mahecha”, Dimas “El Burro” y Arbey  Osorio  para  llevar a cabo la retención de la nombrada dama. De acuerdo con la  atestación  del  citado  Artunduaga,  afirma  el  censor,  la ayuda que prestó  ALIRIO  MACÍAS se limitó a  servir  de  “campanero”, y  para  mostrar el pretextado yerro del juzgador, acude a la trascripción literal  del  segmento  del  fallo  en  el  cual  el  Tribunal  expone  sus argumentos en  relación con el concurso de personas en el ilícito.   

Erró  pues  el  Tribunal,  al desconocer la  diferencia  existente  entre  autor y cómplice, diferencia que explica el actor  con  fundamento  en  un  salvamento  de voto al pronunciamiento realizado por la  Sala en el año de 1983.   

Así  las  cosas,  concluye el libelista, la  norma  llamada  a  regular  el  caso atinente a su defendido es la que define la  complicidad  y  no  la coautoría, “norma esta que no  contempla  el  supuesto  fáctico  reconocido  en la sentencia (…)”,  por  lo  que  surge incuestionable la aplicación indebida del  Art.  29  del  C. Penal y, como obvia consecuencia, la inaplicación del Art. 30  ibidem,  preceptos  que  el  demandante reputa infringidos.   

Casar  la  sentencia impugnada y en su lugar  proferir  la  que  deba reemplazarla, es la petición que el censor le formula a  la Corte.   

2. Libelo a nombre  de DIMAS PERDOMO YAGUE.   

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  como cargo único contra la sentencia impugnada en sede extraordinaria  aduce  el  censor  del  citado  procesado  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial,  por  error  de hecho derivado de un falso juicio de identidad, como  quiera  que a las pruebas en las que se sustenta la condena atacada en ocasiones  se  le  hicieron agregados, contenidos probatorios o expresiones fácticas y, en  otras, se la tergiversó o mutiló.   

Si     el     testigo     Aquiles  Artunduaga  Cruz no era miembro de  las  FARC,  sostiene  el  censor  en  la fundamentación del reparo, a su relato  respecto  del  plagio  de  la  señora  González  de Perdomo no podía dársele  crédito,  como  se  hizo en el fallo impugnado, por ser una versión de oídas.  No  obstante,  al  responder el Tribunal a ese cuestionamiento, le otorgó plena  eficacia  probatoria a dicha atestación a pesar de que provenía de una persona  cuya  supuesta  condición  de  ex-miembro de las FARC y de su participación en  los  hechos  no se acreditó. Luego, ¿De dónde se hace derivar la credibilidad  de  su dicho? se interroga el actor. Lo anterior significa que la prueba ha sido  tergiversada  “para ponerla a decir lo que realmente  ella  no  expresa,  porque,  encontrándose  plenamente  probado  que  el señor  ARTUNDUAGA  CRUZ  no  participó  directamente en la ejecución del plagio de la  señora  GONZÁLEZ  DE  PERDOMO,  mal  puede  tenerse  por cierto todo su relato  vertido sobre el particular.”   

Que  el  citado testigo no fue presencial de  los  hechos,  es  afirmación  que con total certeza surge del contexto de todas  sus  declaraciones,  salvo  la  rendida  el 30 de marzo de 2002 ante funcionario  administrativo  que  para  ese  momento  no  se hallaba facultado para recibirla  -deponencia  que  al  tenor  de  lo  dispuesto en el Art. 29 de la Constitución  Política,  en  armonía  con  el  Art.  314  del  C. de P. Penal, el demandante  solicita   se  tenga  por  inexistente  ya  que  el  funcionario  dicho  no  fue  comisionado  por  autoridad  judicial  alguna  para adelantar la diligencia-. No  empece  sus  insistentes  ataques  a  la  mencionada  prueba,  el  juzgador  los  desestimó  otorgándole  a  ésta  “plena validez y  vocación  probatoria.”  Para  acreditar  su aserto,  cita los apartes pertinentes del fallo cuestionado.   

Seguidamente  el  casacionista,  tras  citar  fragmentariamente  las diversas declaraciones rendidas en desarrollo del proceso  por  Artunduaga  Cruz, da por  plenamente  demostrado que el citado testigo no participó en el secuestro de la  mentada  parlamentaria,  por  lo  que,  reitera,  ha  debido  tenérsele como un  testigo  de  oídas  ya  “que  no le consta en forma  personal  y  directa  lo  acontecido  en  esos  hechos, por lo que asegurarse lo  contrario  es  una  clara  mutilación  del  contenido  de  las  pruebas  y,  en  ocasiones,    tergiversación    del    contenido   fáctico   de   las   mismas  (…)”, testimonio que en su sentir no es suficiente  para  haber  confirmado  la  condena  que aquí cuestiona, dado que carece de la  capacidad  para  producir  certeza  en  relación  con la responsabilidad que en  relación con el evento juzgado se le atribuye a su defendido.   

Del mismo modo, tras citar también de manera  fragmentaria  el  examen  probatorio  que el Tribunal hizo de los testimonios de  Nofhar  Polanía  Losada,  Willington  Losada  Sánchez  y  Ramón Tarcisio Luna  Campo,    y    el   relato   que   sobre   los   hechos   hiciera   Artunduaga  Cruz  el citado 30 de marzo de  2002  -cuya  legalidad  cuestiona  el  demandante-,  sostiene que es evidente la  tergiversación  de la prueba con tal de darle solvencia al dicho del testigo de  cargo  mencionado  en  último  lugar,  pues  su versión por ser contraria a la  realidad  física, “no resulta creíble a los ojos de  la  sana  crítica”, máxime cuando lo declarado por  Polanía  Losada  y  el  menor  Willington  Losada  Sánchez  no coincide con la  atestación     de    Artunduaga    Cruz,  como para que se afirme que aquellos confirman el dicho de éste.   

Similar  crítica  realiza  el  demandante  respecto  del  testimonio  de Wilson Amaya Prieto, quien no empece confirmar las  exculpaciones     de    PERDOMO    YAGUE,   su   declaración   el  Tribunal  la  desestima  “sin  más  motivación  distinta  a  que  presume la mala fe y no la  buena  fe”  de ambos, con lo cual resulta cercenando  el contenido material de la prueba.   

Expuestas las tergiversaciones, mutilaciones  y  adiciones de que fuera objeto la única prueba de cargo que pesa en contra de  su  defendido  -el  testimonio  de  Aquiles Artunduaga  Cruz-,  cuyo  propósito  no era otro que confirmar la  condena,  resulta  evidente  que,  amén  de  ser un testigo de oídas, aquellos  vicios  le  restan  credibilidad a su dicho, insiste en sostener el censor, como  para   que   en   el  mismo  se  pueda  soportar  una  condena,  “el  cual  no  encuentra  ninguna  corroboración  en el plenario con  otras   pruebas   que  permitan  tenerlo  como  cierto  y  creíble.”   

De  haberse  superado  oportunamente  esos  yerros,  aduce  el censor en relación con la trascendencia de los reparos   alegados,  otra muy diferente hubiera sido la decisión que finalmente se tomó,  puesto     que     no     empece     la     “poca  credibilidad”  que ofrecía el dicho de Artunduaga   Cruz,   se  le  acogió  sin  reservas  en clara violación de los principios de presunción de inocencia y de  buena fe.   

Casar  la  sentencia recurrida y en su lugar  proferir   una  de  carácter  absolutorio  a  favor  de  su  defendido,  es  la  aspiración del demandante.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.  Los  libelos  por  cuyo  medio  los defensores de los procesados  ALIRIO MACÍAS y DIMAS    PERDOMO   YAGUE   pretenden   el  desquiciamiento  del  fallo  impugnado  en sede extraordinaria, no cumplen en lo  más  mínimo el rigor técnico que se precisa de toda demanda de casación, por  lo  que,  desde  ya  lo  anticipa  la Sala, habrán de inadmitirse imponiéndose  consecuentemente la deserción del recurso.   

1.1.  En  efecto,  respecto de la violación  directa  propuesta  por  el  representante  judicial  del primero, de entrada se  advierte  la equivocación del actor en la escogencia de la causal invocada para  enrutar  el  ataque,  porque  cuando a dicha vía se acude para denunciar vicios  que  atentan  contra  la  legalidad de la sentencia, se da por descontado que el  demandante  renuncia  a  cualquier  polémica  sobre  los aspectos fácticos del  caso,  estándole  igualmente vedado entablar debates en relación con el examen  probatorio   que   se   supone   admitido  en  la  forma  como  el  fallador  lo  asumió.   

Así,   de   la   afirmación  de  que  la  responsabilidad  logística  en  la  ejecución  del  secuestro  de  la  señora  Consuelo  González de Perdomo, según el testimonio de Aquiles Artunduaga Cruz,  principal  testigo de cargo de la Fiscalía, y atendiendo la orden impartida por  la  cúpula  de  las  FARC, estuvo a cargo de los apodados “El Mocho”, “El  Paisa”  y  Humberto  Valbuena Morales, alias “Yerbas”, siendo este último  quien   escogió   a   los   conocidos   con  los  motes  de  “Matacaballo”,  “Mahecha”,  Dimas  “El  Burro”  y  Arbey  Osorio  para  llevar a cabo la  retención  de  la  nombrada  dama y, conforme a esa misma atestación, la ayuda  que  prestó ALIRIO MACÍAS se  limitó    a   servir   de   “campanero”,  lo  cual  es contribución al hecho de simple complicidad y no  de  coautoría  como  se  afirma  en  el  fallo cuestionado, lo que realmente se  infiere  es  que  el  censor bajo una óptica diversa de los hechos y del propio  examen  probatorio  realizado  en  la  sentencia,  pretende  imponer su personal  criterio  acerca del grado de participación atribuido a su asistido, soslayando  los   razonamientos  que  el  juzgador  expuso  como  conclusión  en  torno  al  compromiso penal que le asiste al procesado.   

De  esta  manera rehusó el actor centrar el  debate  en  el  plano  de  lo estrictamente jurídico, pues en vez de desvirtuar  cómo  en  una  empresa  criminal  no  son coautores quienes mediando un acuerdo  común  actúan  con  división  de  trabajo,  de  acuerdo  con  la cita que del  segmento  de  la  sentencia  atacada  transcribe  en  la  demanda, se aventura a  predicar    que    su   defendido   simplemente   prestó   colaboración   como  “campanero”   en   la  ejecución  del  plan  al  margen  de  la  ley acordado, lo que en su sentir, se  repite,    constituye    participación    en    el    hecho    a    manera   de  complicidad.   

Menos  demuestra  el  libelista  que  a  la  situación  fáctica,  tal como la entendió el fallador, le resulte extraño el  precepto  que  se  le  aplicó,  en  cuanto  que  la  labor  del “campanero”   no   hace   parte  de  esa  división  de  tareas  previamente acordada por los coautores en una tal empresa  delictiva,  para llevar a efecto, como en este caso, el plagio al que se contrae  la  sentencia  impugnada.  Con  esta  actitud  desquicia  por completo el cargo,  puesto  que debía probar que el suceso plasmado en la sentencia no coincide con  los  supuestos  condicionantes de la norma que reputa violada, lo que derivó en  su  aplicación  indebida,  que  es  el  yerro  alegado.       

1.2.  Otro tanto ocurre con la demanda que a  nombre  de DIMAS PERDOMO YAGUE  promovió  su  defensor,  habida  cuenta  de  que  la  enunciación del cargo no  corresponde con su desarrollo.   

Ciertamente,  por  la  vía de la violación  indirecta,  denunció  el  actor  errores  de  hecho  en  la apreciación de las  pruebas  por  falsos  juicios  de identidad, no obstante lo cual reputa violadas  las  reglas  de  la  sana  crítica  por  merecerle  crédito  al  fallador  las  atestaciones  del  único  testigo de cargo que hizo su aparición en el proceso  no  empece  las manifiestas contradicciones en las que incurre, olvidando lo que  la  Corte  insistentemente  ha  dicho acerca del tema, que la credibilidad no es  tema  que  pueda  reprocharse en esta sede con vocación de prosperidad, a menos  que  el  examen probatorio se haya visto afectado de errores de raciocinio, caso  en  el  cual  al  libelista le corresponde indicar y acreditar las protuberantes  vulneraciones  a  los  principios  de  la lógica, las leyes de la ciencia o las  reglas  de  la  experiencia  o  el  sentido  común  en que hubiese incurrido el  Tribunal, ejercicio que el demandante omite realizar.   

Desconoce   el   recurrente   la   nítida  diferenciación  entre  el  falso  juicio de identidad  y      el      falso  raciocinio; el primero, vinculado estrictamente con el  contenido  material de la evidencia, nace en la contemplación de la prueba, por  tergiversación  o  distorsión  de  su  expresión  literal, al hacer decir por  agregación  o  cercenamiento  lo  que  en  realidad  no  dice,  en tanto que el  segundo,  de  naturaleza  axiológica,  surge en la valoración de la prueba por  vulneración  a  las  reglas  aplicables  del método de la persuasión racional  -lógica, experiencia y ciencia, como ya se anotó-.   

Ambos son errores de hecho, empero afectan de  manera  diferente  la  prueba  y  por tanto deben identificarse, desarrollarse y  demostrarse  conforme  a  su  propia  naturaleza.  Lo  que  en  verdad  hace  el  casacionista,  es  enfrentar  a  las  conclusiones  del  juzgador  las  propias,  olvidando  que  la valoración probatoria cuando ha sido realizada con sujeción  a  los  principios  de  la  sana crítica, es incuestionable en casación. En la  demanda  no  se  ofrece  un  solo  argumento  orientado a la demostración de la  irracionalidad  de  esa  valoración,  y  en  tales  circunstancias  es clara la  improsperidad del cargo.   

El dislate deviene mayúsculo cuando el actor  enseña  que  el  juzgador  le  confirió  validez  y  eficacia  probatoria a un  elemento   de  persuasión  -la  versión  de  Aquiles  Artunduaga    Cruz    del   30   de   noviembre   de  2002-    practicada   por  funcionario  no  facultado  para  llevarla  a  cabo  por no haberlo ordenado una  autoridad judicial, situación que impone tenerlo por inexistente.   

Una  tal  proposición  obligaba al censor a  denunciar  el  pretextado  vicio como violación indirecta, cierto es, pero como  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  y,  establecido el yerro,  demostrar  la  incidencia  del  desacierto  en  relación  con  los hechos y las  conclusiones  del  fallador,  para  lo  cual  debió  ocuparse,  como  lo  viene  reiterando  la  Sala,  del  examen  integral del plexo probatorio, excluyendo la  prueba  denunciada  como  ilegal, a efecto de acreditar que los demás medios en  que  se  sustentó  la  determinación  recurrida,  resultaban  inidóneos  para  mantener  la  presunción  de  acierto y legalidad con la que ella arriba a esta  sede, a fin de que la Corte profiriera el fallo de reemplazo.   

Por   modo   que,   ante   el   manifiesto  incumplimiento  de  los  requisitos  formales básicos previstos en el artículo  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  las  demandas  sometidas al examen  preliminar    de    la    Sala    que    vienen    de   reseñarse   deben   ser  inadmitidas.         

2. Libelo a nombre  de NELSON BASTIDAS MEDINA   

Como  la demanda presentada a nombre de este  procesado  reúne  las  exigencias  formales estipuladas en el artículo 212 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  se  declarará  ajustada  a  derecho,  y  en  consecuencia,  de  conformidad  con  el  artículo  213  idem,  se dispondrá su  traslado  y  el del expediente al señor Procurador Delegado en lo Penal, por el  término de veinte (20) días, con el fin de que rinda su concepto.   

         En mérito a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

         R E S U E L V E   

         1º.             INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas  a  nombre  de  los procesados ALIRIO  MACÍAS y  DIMAS  PERDOMO  YAGUE.  En  consecuencia,     respecto     de     los    antes    nombrados,    DECLARAR  DESIERTO  el  recurso,  por lo  anotado      en     la     motivación     de     este     proveído.     

          2º.  ADMITIR la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  NELSON  BASTIDAS  MEDINA. En consecuencia,  de  conformidad  con  el  artículo  213  del  Código  de  Procedimiento Penal,  córrase  traslado  de la misma, junto con el expediente, al Procurador Delegado  para  la Casación Penal Penal, por el término de veinte (20) días, con el fin  de que rinda su concepto   

          Contra este auto no procede recurso alguno   

Cópiese, notifíquese y  cúmplase   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                         HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO     

        Comisión de servicio   

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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