23488(06-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23488   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº: 54   

          Bogotá D.C., seis de julio de dos mil cinco.   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte en relación con el  aspecto  formal  de  la  demanda de casación que bajo la modalidad excepcional  ha  presentado el defensor de  EDULFO ANTONIO PAYARES AYALA,  contra  la  sentencia proferida el 6 de octubre de 2004 por el Tribunal Superior  de  Montería,  por  cuyo  medio  revocó  la absolución que por dos delitos de  homicidio  culposo  agravado y uno de lesiones personales de la misma naturaleza  dictó  el Juzgado Penal del Circuito de Cereté, Córdoba, el 27 de febrero del  mismo  año  a  favor  del  procesado, y en su lugar lo condenó a las sanciones  principales  de 56 meses de prisión -pena que sustituyó por la domiciliaria- y  suspensión   del  derecho  a  conducir  vehículos  automotores  por  el  mismo  término,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilidad para ejercer derechos y  funciones públicas por dicho lapso.   

Del  mismo  modo,  lo  condenó  a  sufragar  solidariamente    con    el    tercero    civilmente  responsable  100 salarios mínimos legales mensuales a  título  de perjuicios morales por cada una de las víctimas del homicidio, y 10  salarios   de   la   misma   especie   por   las   lesiones   irrogadas   a   la  ofendida.   

HECHOS  

          A  eso  de las 9:30 de la noche, aproximadamente, del 3 de diciembre  de  2000,  fueron  arrollados  los  jóvenes  Amaury Segura Moreno, Diana Rodino  Villera  e  Iván  Villalba  Romero,  por  una  camioneta marca Toyota-Hilux, de  placas  ITS-325,  de propiedad de Raúl Antonio Payares  Esquivel     y     conducida    por    EDULFO  ANTONIO  PAYARES  AYALA, quien bajo  el  influjo de bebidas embriagantes y a alta velocidad se desplazaba por la vía  principal  del  municipio de Cotorra, Córdoba. A consecuencia de la gravedad de  sus  heridas, los dos primeramente mencionados dejaron de existir en la Clínica  Zayma  de Montería, a donde se les  condujo para buscar salvarles la vida,  en  tanto que al tercero se le diagnosticó lesión de ligamento colateral medio  de  su  extremidad  inferior  derecha  con  limitación  para  la flexión de su  rodilla.           

LA  DEMANDA   

          Diciendo      acudir      a      la      casación      excepcional  que tiene por  finalidad  garantizar  el  derecho  fundamental  de  defensa,  cuya  violación  ostensible  denuncia,  al  amparo  de la causal tercera un único cargo formula el censor en  el  entendido  de que la sentencia impugnada en sede extraordinaria se profirió  en juicio viciado de nulidad.   

          En   la   fundamentación  del  reparo,  luego  de  referirse  a  la  consagración  del  derecho  de  defensa  como  garantía  procesal  tanto en el  derecho  internacional  como  en  el  interno,  cuyo respeto y reconocimiento se  predica  en  todo  tipo  de actuaciones, a sus diversas concepciones -material y  técnica-  como manifestación del debido proceso, y en especial a la última en  cuanto  a  la  necesidad  de  que  el  juez  examine los argumentos del defensor  letrado  dentro  del  desarrollo  de  la  actuación,  bien  para  admitirlos  o  controvertirlos,   pero   con  “razones  válidas  y  juiciosas”,  se  duele  el censor de que no obstante  haber  alegado durante todo el trámite procesal la imprudencia de las víctimas  como  factor  determinante  de  la  producción  del  resultado nocivo que se le  endilga  a su asistido, el juzgador de segunda instancia prestó oídos sordos a  esas reflexiones.   

Le   bastó   al  Tribunal,  y  tuvo  como  “necesarias      y      suficientes”,  aduce,  las  alegaciones  del  apoderado  de  la  parte  civil  expuestas  en  el  escrito  sustentatorio de la impugnación promovida contra la  sentencia  absolutoria  de  primer grado, restringiendo así sus consideraciones  “a  rebatir  lo  que  allí se había propuesto, sin  ocuparse  de  los  razonamientos  que, con una misma base jurídica, presentó a  consideración  de  los  jueces  el representante judicial del incriminado en el  curso   de  la  audiencia  pública.”  El  juzgador,  agrega,  debe  escuchar  a los sujetos procesales y darles cabal respuesta a sus  intervenciones,  y  sobre  unas  mismas  bases de estudio, acoger o desechar sus  argumentos.            

          En  estricto  sentido,  la  lesión  al  derecho  de defensa en este  evento  se  concreta  al  hecho de haberse desatendido los argumentos defensivos  expresados  en  el curso de la vista pública por el representante los intereses  del  justiciable,  repite,  en  cuanto  que  en  la sentencia recurrida sólo se  abordaron  los  temas  que en el escrito impugnativo planteó el apoderado de la  parte  civil.  “Un  verdadero respeto a la garantía  fundamental  del  derecho  a  la defensa exige que el juez incorpore a su juicio  todas   aquellas  alegaciones  que,  fundadamente,  ha  hecho  el  defensor  del  encartado,  con  referencia  a toda la realidad procesal y con contemplación de  todo  lo acaecido en el proceso”, pues de otra manera  el respeto al derecho de defensa deviene formalmente aparente.   

          Puede  decirse,  entonces,  que  el  acto público de juzgamiento no  cumplió  la  función  de  servir  de escenario privilegiado para la discusión  probatoria  y  la defensa del encartado, afirma el casacionista, como quiera que  se  desconocieron  el  examen  probatorio  y  los argumentos fáctico-jurídicos  realizados  por  la defensa tendientes a sustentar su tesis de la imprudencia de  las  víctimas,  elementos  de  persuasión  que  no  fueron incorporados por el  juzgador   de   segunda   instancia   en   su  pronunciamiento,  “válidos  y  necesarios  para la formación de su juicio”,   como   que   ni   siquiera   sobre   los  mismos  emitió  su  opinión.   

          Como    los   alegatos   del   defensor   vertidos   en   la   vista  pública                “no       recibieron       adecuada  respuesta”  en  el  fallo  atacado  -concluye el libelista-, resulta evidente el  quebrantamiento  de  la garantía constitucional del derecho a la defensa y, por  lo  tanto, la sentencia de segunda instancia deviene nula. En apoyo de su tesis,  cita  el  actor los apartes pertinentes de un pronunciamiento de la Sala que, en  su sentir, se acomodan a sus planteamientos.   

          El  vicio  denunciado  es  trascendente,  agrega,  porque de haberse  acometido  un  análisis  crítico  integral de lo acontecido en el debate oral,  dándose   respuesta   a   sus   alegaciones   en   el  fallo  del  Ad-Quem,      seguramente      ningún  menoscabo   hubiese  habido  lugar al derecho de defensa, salvaguardándose  de  contera  el  principio  de contradicción. Una tal irregularidad, tiene como  sanción  la nulidad establecida en el Art. 304-3 del C. de P. Penal, finalmente  aduce.   

          Como  preceptos infringidos señala el demandante los Arts. 29 de la  Carta  Política,  8,  9  y 13 del C. de P. Penal y 170-3 y 4 del mismo estatuto  procesal.   

          Casar  la  sentencia  impugnada  decretándose  su  nulidad,  y como  consecuencia  de lo anterior ordenar la devolución del proceso al Tribunal para  que  reponga  la decisión incorporando en ella el examen de las alegaciones que  se echan de menos, es la aspiración del recurrente extraordinario.   

ALEGACIONES DE LA PARTE NO  RECURRENTE   

          Se  opone  en  primer  término  el  apoderado de la parte civil con  ocasión  del  presente  asunto a las pretensiones del casacionista, advirtiendo  que  en  ningún  vicio  constitutivo  de nulidad incurrió el Tribunal, pues el  ahora  recurrente  en  casación  no hizo uso del traslado que para alegar se le  dio  como  no impugnante de la sentencia de primer grado, a fin de presentar los  reparos  que  a  bien  tuviera  contra  los  cargos  aducidos  por  el apelante.   

En  segundo  lugar,  alega  que  si  en  la  sentencia   de   segundo   grado  el  argumento  basilar  para  revocar  la  del  A-Quo  fue  la  ausencia  de  circunstancias  de  fuerza  mayor  o  caso  fortuito  que  ampararan la conducta  desplegada  por  el procesado, incuestionable resulta que su tesis acerca de que  el  trágico  accidente  lo  propiciaron  las víctimas por su imprudencia no la  cogió   el  Ad-Quem  y,  en  consecuencia,  cabal  respuesta  se  le  dio  a sus alegatos, por lo que ninguna  razón  le  asiste  al  casacionista  para  predicar  la  lesión  al derecho de  defensa.  Al efecto, trae a consideración los apartes del fallo del Tribunal en  donde,  según  su  criterio,  se plasman los razonamientos que echan por tierra  las alegaciones del impugnante extraordinario.   

Del   mismo   modo,   hace  ver  cómo  el  pronunciamiento  de  la Sala en el cual se apoya el demandante en casación para  alegar  la lesión al derecho de defensa, no se aviene a los presupuestos en los  que  fundamenta  su  queja,  por  ser totalmente diferentes a los que en aquella  oportunidad  se  examinaron  para  concluir  en  la  afectación  de  la mentada  garantía  procesal,  amén  de  la  irregularidad  que entraña su petición de  devolución  del  expediente  al Tribunal para que proceda de conformidad, cundo  lo  que  procede  es el fallo sustitutivo que debe dictar la Corte conforme a lo  realmente  probado,  de  acuerdo  a  las previsiones del Art. 217-1 del C. de P.  Penal.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.  En  este  asunto,  el objeto del ataque casacional lo constituye  una  sentencia  de  segunda  instancia  dictada  en relación con los delitos de  homicidio   culposo   agravado   y   lesiones  personales  culposas,  igualmente  agravadas,  los  cuales,  en  su  orden,  a  la  fecha  de  su comisión tenían  previstas  penas,  el  primero  superior a 8 años -Arts. 329 y 330 del C. Penal  anterior,  la  misma  que  hoy  contemplan  los Arts. 109 y 110 de la Ley 599 de  2000-;  y el segundo inferior a ese quantum  -Arts.  340 y 341 de la codificación penal sustantiva derogada, y  120 y 121 de la actual-.   

          Como  lo  tiene  dicho  la Sala, el quantum  punitivo que hace procedente el recurso extraordinario  de  casación  se  determina de acuerdo con lo establecido como sanción para el  respectivo  delito  en  el  precepto  infringido, o para cada uno de ellos en el  correspondiente  tipo  penal  por  los  cuales  se  dictó  la  sentencia que se  pretende  impugnar,  y  la  señalada  en  los  artículos  que  estructuran las  circunstancias  específicas  que  se  tuvieron  en  cuenta  para  incrementar o  aminorar  la  pena  con  los  aumentos  máximos  o  disminuciones  mínimas que  pudieran computarse.    

          2.  Ahora  bien,  el  fallo  de  segunda  instancia  atacado en sede  extraordinaria  fue  proferido el 6 de octubre de 2004, valga decir, en vigencia  de  la  Ley 600 de 2000 que entró a regir el 24 de julio de 2001, cuyo Art. 205  -que  al  igual  que el Art. 1º de la Ley 553 del mismo año, modificatorio del  Art.  35  de  la  Ley 81 de 1993, que a su vez reformó el Art. 218 del C. de P.  Penal  de 1991- estableció que la casación procede en relación con sentencias  de  segunda  instancia  dictadas  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  el  Tribunal  Penal  Militar,  en  los  procesos  que  se  hubieren  adelantado      por     delitos     “que  tengan  señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo  exceda  de ocho años, aún cuando la sanción impuesta  haya   sido   una   medida   de  seguridad”.  Se  ha  destacado.   

          3.  Del  mismo  modo,  y de acuerdo con lo previsto en el inciso 3º  del  Art.  205  de la citada Ley 600 de 2000, de manera  excepcional  la Corte puede conocer de las demandas de  casación  instauradas  contra  sentencias  de segunda instancia “distintas  a  las  arriba  mencionadas”,  esto  es,  las  proferidas por delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad  cuyo  máximo  sea  de  ocho  (8)  años, o  inferior  a  dicho término; y también, contra fallos de segundo grado emitidos  por    los    Juzgados    Penales    del    Circuito,  independientemente  del  quantum  punitivo  establecido en la ley para el delito  objeto del mismo.   

          4.  Empero,  cuando  a voces del inciso 2º del referido precepto el  legislador  dispuso  que  “La casación se extiende a  los  delitos  conexos,  aunque  la  pena  prevista para éstos sea inferior a la  señalada  en  el  inciso  anterior”, lo que resulta  procedente  en  sede  de  impugnación  extraordinaria  contra las sentencias de  segundo  grado  proferidas  por los Tribunales Superiores de Distrito Judicial y  el  Tribunal  Penal Militar por delitos que tuvieren señalada una pena menor de  ocho (8) años, es la casación común.   

En  efecto,  dicha previsión legislativa no  significa  cosa  distinta  a  que  la  casación  ordinaria  se haga extensiva a  aquellos  delitos  conexos  en  relación  con los cuales ella no procedería en  principio  dada  la  penalidad  señalada  para los mismos en la correspondiente  disposición  violada,  “a condición obviamente que  algún  delito  sancionado con prisión cuyo máximo exceda de 8 años haya sido  parte  del objeto del proceso”, como tuvo oportunidad  la  Sala  de  precisarlo  en auto del 18 de noviembre de 2004, Rdo. 22.693, M.P.  Alfredo Gómez Quintero.   

          5.  Este es el evento que aquí ocupa la atención de la Corte, pues  la  condena  contra  el justiciable se profirió por conductas punibles conexas,  una  de  las  cuales  apareja  una  penalidad  máxima que supera los 8 años de  prisión  -dos  delitos  de  homicidio  culposo  agravado-, en tanto que la otra  -lesiones  personales  culposas  con  circunstancias  de  agravación- no rebasa  dicha cifra.    

          Sin  embargo, el demandante al recurrir el fallo dijo hacerlo por la  vía  de  la  casación  excepcional,  no  empece a que el ataque lo dirigió de  manera  global  contra  la  condena  que  se  le  impuso  a  consecuencia de las  imputaciones  a  las  cuales  se  contrae el pronunciamiento judicial de segunda  instancia,  situación  que  conforme  a  la  regla  que  viene de precisarse le  imponía  acudir a la casación común como medio de impugnación extraordinario  que  rige  el  caso  presente.               

          No  obstante,  y  al  margen  de  la  inadvertida formulación de la  censura  bajo  la  égida de la casación excepcional, es lo cierto que tanto en  uno  como  en otro evento el escrito que para aquel efecto presentó el actor no  satisface  en  lo  más  mínimo los presupuestos que para toda demanda en forma  establece  la  ley,  razón  por  la  cual su pretensión, por anticipado, está  llamada al fracaso.   

En   efecto,   cuando   de   la  casación  discrecional   se   trata  tiene  dicho  la  Corte  que  dado  su  carácter  de  excepcional,  dicho medio impugnativo está sometido a ciertas exigencias, entre  otras,  la que impone la fundamentación de las causas que motivan al recurrente  a  acudir  a  ella,  y  la  de  indicar  razonadamente  por  qué  la Sala ha de  pronunciarse  sobre el tema demandado; por consiguiente, no puede pasar por alto  que  dentro  del ejercicio de su discrecionalidad para decidir si admite o no el  recurso,   la   Corte   debe   verificar   el   requisito   de  la  necesariedad   del   mismo  a  efecto  de  determinar  si  se  justifica  para  proteger  el derecho fundamental objeto del  supuesto  quebranto,  o bien para establecer algún criterio jurisprudencial que  al  tiempo resuelva el caso concreto y constituya criterio auxiliar para futuras  decisiones judiciales.    

En  el asunto a examen, si bien el libelista  aduce  la  violación  de  la garantía fundamental al  derecho de defensa,  encuentra  la  Sala  sin embargo que las orientaciones del escrito no apuntan de  manera  clara  a  expresar  las  razones  por  las  cuales  se  haría necesario  autorizar  el  trámite,  puesto  que con los argumentos ofrecidos en la demanda  prácticamente   se   eliminó   esa   pretextada  vulneración,  cuando  de  la  categórica  afirmación  primigenia  acerca del total desconocimiento por parte  del  Ad-Quem de los alegatos  del  defensor  vertidos  en  la vista pública, concluye manifestando que lo que  ocurrió  fue  que los mismos “no recibieron adecuada  respuesta   en   el   fallo  ahora  impugnado”.  Tal  planteamiento  en punto de la demostración del quebranto argüido deviene en un  contrasentido,  y  lo  que finalmente sugiere es que no comulga con las premisas  conclusivas de la sentencia por no consultar con sus intereses.   

Y en verdad que el recurrente no demuestra el  vicio  argüido,   pues  si bien, como también lo ha precisado la Sala, el  juzgador,  amén de expresar las razones fáctico-jurídicas en las que sustenta  su  decisión,  tiene el deber de señalar los motivos por los cuales comparte o  no  los  alegatos  de  los  sujetos  procesales, puesto que no oír a las partes  constituye     “un     acto     de     despotismo  jurisdiccional”   que   deviene   en  irregularidad  insubsanable,  como  quiera  que  el  derecho  de  contradicción hace parte del  derecho  de  defensa,  y los dos son elementos estructurantes del debido proceso  constitucional,  para lograr aquel cometido debió entonces partir el censor por  mencionar  los razonamientos íntegros del sentenciador de segunda instancia que  lo  llevaron  a  la  flagrante  violación  de  la  garantía  fundamental  cuya  protección reclama.   

Así, la demanda no enfrenta la sentencia y,  por  ende,  el  análisis  presentado  no  acredita,  de  haber  existido alguna  irregularidad,  si ésta tenía la capacidad de invalidación que le atribuye; o  dicho  de  otra  manera,  el  casacionista no desarrolló adecuadamente el cargo  porque  si  la  acusación  consistía  en  la  insuficiente  motivación  de la  sentencia,  que  es  a  lo  que en últimas apunta su reparo, debió señalar en  primer   lugar   cuál  fue  el  contenido  de  la  sentencia  absolutoria,  las  valoraciones  y  conclusiones  del  A  quo  que  la  explicaban  y  que  por  lo  mismo  debían ser objeto de  contradicción,  cuál  era  el  alcance  de los temas que a su juicio no fueron  criticados  por  el  Ad-Quem  dentro   del   propio   texto  de  su  pronunciamiento,  para  lo  cual  le  era  imprescindible  traer  a la demanda sus argumentos, y cómo los que sí examinó  no tenían capacidad para lograr la revocatoria del fallo.   

          En  suma,  porque  el  rigor  técnico  está ausente del libelo que  apenas  se  ofrece como memorial contentivo de juicios contrapuestos al criterio  del  juzgador,  constituyéndose  por  lo  tanto  en  un  mero  escrito de libre  factura,  deviene  inepto para los fines de la casación, razón suficiente para  inadmitirlo    y    declarar    la    consiguiente    deserción   del   recurso  interpuesto.   

          Finalmente,  no  se  advierte  violación  de  garantía fundamental  alguna  que a voces del Art. 216 del C. de P. Penal conduzca a la Corte a actuar  oficiosamente.       

          En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de  EDULFO ANTONIO PAYARES AYALA  por   su   defensor,   conforme  a  las  motivaciones  expresadas     en     el     cuerpo     del    presente    proveído.   

          Contra  la presente decisión NO procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

          MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                         HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO     

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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