23403(30-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23403  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No.  139   

Bogotá D. C., treinta (30) de noviembre de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el defensor de MARINA RIAÑO GÓMEZ, contra el fallo  del  12 de octubre de 2004, mediante el cual el Tribunal Superior de Bucaramanga  confirmó  íntegramente  la  sentencia  de  primera instancia, dictada el 13 de  septiembre   de   2003   por   el   Juzgado   Segundo   Penal  del  Circuito  de  Barrancabermeja,  que  condenó  a  dicha  procesada,  a  LUIS AMBROSIO SANDOVAL  VARGAS  y  a  JHON  MORALES  RIAÑO,  en  calidad  de  coautores  del  delito de  receptación,  a  la  pena  principal  de  dos (2) años de prisión cada uno, al pago de multa por valor de  $  1.660.000,  a  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el mismo  lapso;  y  les  concedió  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional de la  ejecución de la pena.   

HECHOS  

Fueron resumidos de la siguiente manera por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Barrancabermeja en la sentencia de  primera instancia:   

“Se  sabe  de  autos que el 29 de mayo de  2002  a  eso  de  las  diez  de  la  mañana,  cuando adelantaban operaciones de  registro  y  control, miembros de la Policía Nacional, Departamento de Policía  Santander,  Estación  de  Policía  Lebrija,  dirigidos por el Teniente WILLIAM  MOSQUERA  COSSIO,  Comandante  de  la  precitada  Estación,  sobre la carretera  Barrancabermeja-Bucaramanga,  en  el  sitio denominado “Restaurante Brisas”,  retuvieron  el  Camión  tipo estacas, marca Dodge, rojo, placas SWJ-957, cuando  transportaba  90  pimpinas  plásticas  con  capacidad  para 5 galones llenas de  gasolina de ilícita procedencia.   

En  virtud de estoa hechos fueron retenidos  ISMAEL  AMBROSIO  SANDOVAL  VARGAS,  conductor, JHON MORALES RIAÑO, ayudante, y  MARÍA  RIAÑO  GÓMEZ,  acompañante,  y dejados a disposición de la Fiscalía  General  de  la  Nación  con  el  rodante  (sic)  e hidrocarburo decomisado.”  (Folio 126 cdno. 1)   

LA  DEMANDA   

Luego  de  referirse  a  los  hechos y a la  actuación  procesal,  que relata de una manera crítica y defensiva, dos cargos  propone  el  defensor  de  MARINA RIAÑO GÓMEZ contra la sentencia del Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  con  fundamento  en  la  causal primera de casación  contemplada  en  el artículo 207 del Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de  2000,   por   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  errores   de  hecho  en  la  estimación  probatoria.   

PRIMER CARGO  

Hace consistir el reproche en “desconocer,  como  si  no  existiese  lo  manifestado  en  la injuradas por los señores JHON  MORALES  RIAÑO  e  ISMAEL  AMBROSIO  SANDOVAL  en donde señalan que la señora  MARÍA  RIAÑO  desconocía  totalmente  la  existencia  y transportación de la  gasolina, que ellos habían adquirido en Barrancabermeja”.   

Asegura  que  en su declaración, el agente  Fredy  Fernando  Buenahora  sólo  se  refiere a la manera como fue detectada la  gasolina  en  el camión; y que el policía Edwin Obed Giraldo Bohada agregó de  su  propia  inventiva  que  la  señora  MARÍA  RIAÑO  GÓMEZ  iba en el carro  “porque quería saber del negocio del transporte de  combustible”   y  que  trató  de  “corromper”    a    los   uniformados  ofreciéndoles  una suma de dinero, siendo todo ello una falacia, a partir de la  cual  no  es válido edificar ningún indicio, pues ese agregado sólo tenía la  finalidad de perjudicarla.   

Agrega   que   los  Jueces  de  instancia  decidieron   el  asunto  con  meras  conjeturas,  incurriendo  en  el  yerro  de  “tergiversar  la  prueba en su sentido, haciéndola  mostrar  lo  que  fenoménicamente  no  expresa”, lo  cual    condujo    a    la    sentencia    condenatoria   por   el   delito   de  receptación.   

SEGUNDO CARGO  

Recuerda el libelista que uno de los pilares  del  fallo  radica  en  que  no  existieron contradicciones entre los agentes de  policía   Fredy  Fernando  Buenahora  y  Edwin  Obed  Giraldo  Bohada,  quienes  participaron   en   el   operativo;  y  a  ello  contesta  que:  “cómo  van  a  existir contradicciones si el uno sufre de amnesia y  el  otro  deponente  llena  las lagunas con sus posesiones o corazonadas propias  que  sin  ningún  reato  pone  en boca o dicho por los aprehehdidos”.   

En       cambio      –agrega-      el      Ad-quem  encontró  contradictorias  las  versiones  de  los  implicados  ISMAEL  AMBROSIO SANDOVAL y JHON MORALES RIAÑO,  sólo  porque  no coinciden en todo su relato sobre lo que pensaban realizar los  días  martes  y  miércoles,  sin  ser ello relevante; y por ello no creyó que  MARÍA  RIAÑO  GÓMEZ,  propietaria  del  camión,  viajaba  en  él  sólo por  casualidad  y  desconocía  que  en  un compartimiento de la carrocería llevara  pimpinas con gasolina, cuya existencia ella ignoraba.   

Señala  como vulnerados los artículos, 22  (dolo)  y 447 (receptación)  del  Código  Penal, Ley  599  de 2000; y los  el artículos 7 (presunción  de       inocencia),       232      (necesidad   de   la   prueba)   y  238  (apreciación    de    las    pruebas)  del Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000; y solicita a  la  Corte  casar  el  fallo  impugnado en el sentido de absolver a MARÍA RIAÑO  GÓMEZ.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.  De conformidad con el artículo 205 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000, vigente al tiempo de los  hechos,   la   casación   procede   contra   sentencias  de  segunda  instancia  “en los procesos que se hubieren adelantado por los  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de  ocho  años,  aun  cuando  la  sanción  impuesta  haya  sido  una medida de  seguridad.”   

Como en el presente asunto, los implicados  fueron  acusados  y  condenados  en las instancias por el delito de receptación,  sancionado con prisión  de  dos  (2)  a ocho (8) años de prisión en el artículo 447 del Código Penal  (Ley  599  de  2000),  se concluye que el asunto no admite la casación común y  que,  por  tanto,  eventualmente podría aceptarse la  impugnación  extraordinaria  si  la  Corte  lo estima necesario “para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los  derechos fundamentales”.   

2. En ese orden de ideas, era necesario que  el  libelista  acudiera  a la casación excepcional que prevé el inciso 3° del  artículo   205   del   Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000),  expresando  la  necesidad  de  su  admisión para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia  o  para  la  garantía  de  los  derechos  constitucionales  que  hubieren  sido transgredidos en el trámite ordinario del  proceso,  únicos  motivos por los cuales puede ser admitida, correspondiéndole  decidir  a  la  Corte, en ejercicio de la discrecionalidad que la ley le otorga,  si la admite o rechaza.   

3.  Así  las  cosas,  en  tratándose  de  casación  excepcional,  es  imprescindible  dar a conocer a la Sala las razones  por  las  cuales  el  demandante  piensa que el recurso de casación excepcional  debe  ser  admitido,  motivos que no pueden confundirse con el desarrollo de los  cargos  concretos  que  se  eleven por alguna de las causales contra el fallo de  segundo  grado,  pues  si  así fuere, no existiría ninguna diferencia entre la  casación discrecional y la casación corriente.   

Ello  implica  que  el  estudio acerca del  aspecto   formal  de  la  demanda  se  efectuará  a  posteriori,  siempre  y  cuando previamente la Corte  haya  arribado a la conclusión de que es necesario tramitar, por excepción, el  recurso  extraordinario  en  pro  de  las garantías fundamentales o con miras a  desarrollar la jurisprudencia.   

4.  Cuando  se aboga por la efectividad de  los  derechos  fundamentales,  al libelista corresponde identificar la garantía  objeto  del  quebranto denunciado, así como la norma superior que la protege, y  vincular  su  afectación  con  las actuaciones del respectivo proceso; esto es,  señalar   en   forma   específica   en   qué   consistió   la   vulneración  alegada.   

En    lo    relativo   al   desarrollo  jurisprudencial,  se  ha  sostenido  que  es  deber del impugnante indicar si lo  pretendido  es  fijar  el  alcance  interpretativo  de alguna disposición, o la  unificación  de  posiciones  disímiles de la Corte, o el pronunciamiento sobre  un   punto   concreto   que  jurisprudencialmente  no  ha  sido  tratado,  o  la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y  jurídicas;  y,  además,  es  preciso  resaltar  la  incidencia favorable de la  pretensión  doctrinaria frente al caso y la ayuda que prestaría a la actividad  judicial,   por   trazar   derroteros   de   interpretación   con  criterio  de  autoridad.   

Como ninguno de esos aspectos fue abordado,  la  demanda,  presentada cual si se tratara de casación común, es improcedente  y  por ello será inadmitida, disponiendo consecuentemente la devolución de las  diligencias al Tribunal de origen.   

Nada  se  dice  sobre  el  adelanto  de la  jurisprudencia;  y  el  debido  proceso  no  se menciona, sin se argumenta en el  sentido  de demostrar la supuesta relevancia de algún defecto de garantía o de  estructura que hubiese ocurrido mientras se surtía el rito.   

Las omisiones destacadas en precedencia son  suficientes  para  inadmitir la demanda, máxime que tampoco en la sustentación  de  los  cargos se encuentra una referencia coherente y sistemática, o al menos  tangencial,  a  cualquiera  de los aspectos que eventualmente posibilitarían el  recurso extraordinario de casación.   

5.  El  libelista empieza a inobservar las  exigencias  sustanciales de la demanda desde el acápite destinado al resumen de  los  hechos,  puesto  que  se  separa abiertamente de los declarados en el fallo  impugnado,  para  en su lugar, emprender ahí mismo el análisis probatorio a su  acomodo,   y  narrar  los  acontecimientos  según  su  particular  concepción,  perdiendo  de vista que los hechos exigidos por la ley son los que constituyeron  el  objeto  de  juzgamiento  y  no  los  que  pudieron  haber ocurrido según la  opinión del casacionista.   

De  ese  modo,  el  censor  sucumbe  en el  desatino  de  tener  por  cierta  la  versión  que  le  interesa  acerca de los  acontecimientos,  pese  a  que  tales  afirmaciones  son precisamente la materia  sobre la que se discute y ha versado el debate probatorio.   

Amén de lo anterior, en realidad el libelo  cuyo  aspecto  formal  se  examina  no  alcanza  a  estructurar  una  demanda de  casación  admisible,  puesto  que  lejos  de  adentrarse  en el desarrollo y la  demostración  de  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, cual si se  tratara  de otro alegato de instancia, orienta su esfuerzo a exponer las razones  por  las  cuales  piensa que la procesada MARINA RIAÑO GÓMEZ es inocente, pero  con  total  distanciamiento  de  la lógica del recurso extraordinario, toda vez  que  hace  una  disertación  confusa, sin demostrar la incursión en errores de  hecho  o  de   derecho,   y   donde   campea   la  indefinición,  pues  no  es factible comprender si la protesta radica en que el  Tribunal   Superior   omitió   valorar   las   pruebas  que  menciona,  lo  que  constituiría      un     falso     juicio     de  existencia;   o   si   el   cargo   es   por   tergiversación  de  algún  medio  en  concreto,  configurando  un falso  juicio  de  identidad;  o si se  proponía  denunciar  la  valoración  divorciada  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  hipótesis que podría constituir un falso  raciocinio.   

6. No debe perderse de vista que el recurso  extraordinario  no  constituye  una especie de tercera instancia; no consiste en  someter  a  un  nuevo  juicio  al  procesado,  ni  en  sede  de  casación puede  postularse  un  debate  probatorio  generalizado y sin acatamiento de la lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el recurso extraordinario no fue  concebido  como  un  medio  adicional  para  litigar  libremente,  sino como una  excepcional  manera  de  llevar  a  conocimiento  del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción    ordinaria    el    fallo    proferido   por   el   Ad-quem,     por    las    causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

El recurso de casación se concibe como un  instituto   procesal  extraordinario  que  busca  remediar  o  poner  fin  a  la  violación  de  garantías  constitucionales  o  de  la  ley  sustancial, que se  hubiese  materializado  en  la  sentencia  de  segunda instancia, por errores de  juicio  o de actividad, y como tal comporta la elaboración de un juicio lógico  jurídico  sobre  la  sentencia  misma,  siguiendo  el  derrotero trazado en las  causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin  embargo,  sí es de esperarse que el casacionista  discurra  de  un  modo  claro, lógico, y profundo, hasta demostrar que el fallo  presenta  defectos  protuberantes  en su estructura jurídica, de tal suerte que  no es factible que mantener su vigencia.   

7. Las  impropiedades  advertidas  conllevan  a  inadmitir la demanda,  máxime  que  tampoco  en la revisión del expediente se observa la vulneración  de  alguna  garantía  fundamental,  que  amerite el ejercicio de las facultades  oficiosas  de la Sala de Casación Penal, en los términos del artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

  RESUELVE   

Inadmitir  la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  del  procesado  MARINA  RIAÑO  GÓMEZ.   

Contra  el  presente  auto  no procede el  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

Cúmplase  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                             MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

                 Permiso   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA            JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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