23382(20-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23382  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 049.  

         

Bogotá D.C., junio veinte (20) dos mil cinco  (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de los procesados  JOHN  JAIME  y  CONSUELO  LARGO LÓPEZ, HAROLD ANDRÉS  ARANGO  LARGO  y JAIRO ALONSO  ANTIA  ARANGO, contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  el  21  de  julio  de 2004,  confirmatoria   de   la  dictada  por  el  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la misma ciudad el 19 de marzo del mismo año, por cuyo medio  los  condenó  como  coautores  penalmente  responsables de los delitos  de  secuestro  extorsivo  agravado, hurto calificado agravado, porte ilegal de armas  de  fuego  de  uso  privativo  de  la  Fuerza  Pública y utilización ilegal de  uniformes e insignias.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  día  20  de  diciembre  de  1997,  hacia  las 10:30 p.m., en la  carrera  11 entre calles 14 y 15 de la ciudad de Pereira, el señor Horacio    Ramírez   Duque   cuando   se  movilizaba  en  un  vehículo,  fue  interceptado por varios sujetos armados que  descendieron  de  un  automotor  de  servicio  público.   Acto seguido, lo  condujeron,  junto  con  el  vehículo en el que se transportaba, hasta la finca  “Villa  Margot”,  ubicada  en  el corregimiento de Altagracia en la vía que  comunica  a  esa  capital  con el municipio de Alcalá.               A   la  familia  del  secuestrado  se  le  hizo  una  exigencia  de  cinco millones de dólares por su  liberación.   

El  23  de  abril  del año siguiente, en la  ciudad   de   Bogotá,  fue  capturado  por  efectivos  del  GAULA,  el  abogado  Héctor    Eduardo    Tautiva   Centuria,  quien brindó información que permitió la captura en Pereira de  Luis  Eduardo Sánchez quien,  a  su  vez,  condujo  a  las  autoridades  hasta la finca en donde se encontraba  oculto         Ramírez        Duque.   

          A   las   5:30  a.m.  del  día  siguiente,  integrantes  del  GAULA  ingresaron  al  referido  inmueble,  produciéndose en el acto un intercambio de  disparos  que  culminó  con  la muerte de dos de los captores que respondían a  los     nombres    de    Luis    Arcesio    Villegas  Ocampo    y    Rosemberg  Arenas;   al  cabo  del  enfrentamiento,  fueron  aprehendidos  Holmes Gil Pérez, Juan David Martínez,  JOHN  JAIME  y  CONSUELO  LARGO LÓPEZ, HAROLD ANDRÉS ARANGO LARGO y  JAIRO  ALONSO  ANTIA ARANGO,  quienes  se  encontraban  en el lugar.  Gracias al operativo  desplegado  por  los uniformados se logró el rescate sano y salvo del ciudadano  secuestrado.    

En  el  inmueble  se  encontró el siguiente  material  bélico:   dos  granadas, un fúsil AK-47, pistolas, revólveres,  uniformes  de  uso  privativo  de  las  Fuerza  Armadas;   así  mismo,  un  vehículo,  una  motocicleta  y  partes  del  rodante  en  el cual se movilizaba  Horacio  Ramírez  al momento  en que se produjo el secuestro.       

Con  fundamento en los hechos anteriores, se  dispuso  apertura  de  instrucción,  en  cuyo  marco fueron vinculados mediante  indagatoria  los  capturados,  a  quienes  se resolvió situación jurídica con  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva   sin   beneficio  de  excarcelación   por   los   delitos  de  secuestro  extorsivo  agravado,  hurto  calificado  agravado,  utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias y porte  ilegal de armas de fuego de uso privativo de las fuerzas armadas.   

En  el  trámite  de  la  instrucción,  el  procesado     Juan    David    Martínez,  aceptó su responsabilidad por los delitos de secuestro extorsivo  agravado y porte ilegal de armas de fuego.   

        

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  13  de  abril de 1999 con resolución de acusación en contra de  JOHN  JAIME  y  CONSUELO  LARGO LÓPEZ, HAROLD ANDRÉS  ARANGO  LARGO,  JAIRO ALONSO  ANTIA  ARANGO,  Héctor  Eduardo  Tautiva  Centuria,  Holmes  Gil  Pérez y Luis  Eduardo  Sánchez  Salazar,  por  los  mismos  delitos  comprendidos  en la medida detentiva y en cuanto a Juan  David  Martínez,  por  hurto  calificado  agravado  y  utilización ilegal de uniformes e insignias.   

          Contra  esta  decisión, se interpuso recurso de apelación sobre el  cual  se pronunció la Unidad de Fiscalías Delegada ante el Tribunal de Bogotá  el   9   de   diciembre   de  1999,  confirmando  el  calificatorio  de  primera  instancia.     

La  fase del juicio correspondió al Juzgado  Único  Penal  del  Circuito Especializado de Pereira despacho que, una vez  surtido  el  rito  pertinente,  profirió  fallo el 9 de marzo de 2004, por cuyo  medio  condenó  a JOHN JAIME y CONSUELO LARGO LÓPEZ,  HAROLD  ANDRÉS  ARANGO LARGO,  JAIRO  ALONSO  ANTIA  ARANGO,  Holmes Gil Pérez y Luis Eduardo Sánchez Salazar  a  la  pena  principal  de  veintiséis  (26) años de  prisión  y  a la accesoria de inhabilitación de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  lapso  como  coautores  penalmente responsable de los delitos de  secuestro  extorsivo agravado, hurto calificado agravado, utilización ilegal de  uniformes  e  insignias  y porte ilegal de armas de uso privativo de las Fuerzas  Armadas.   Por  su  parte,  al  procesado  Juan  David  Martínez  Valencia se le condenó a la pena principal  de  tres  (3)  años  de  prisión  e  inhabilitación  de  derechos y funciones  públicas   por  el  mismo  lapso,  como coautor del delito de utilización  ilegal  de  uniformes  e  insignias y se le absolvió del cargo por el delito de  hurto   calificado   agravado.    Finalmente,   al  sindicado  Héctor  Eduardo  Tautiva  Centuria  se le  absolvió    de    todos   los   cargos   imputados   en   la   resolución   de  acusación.   

La  decisión  anterior  se  apeló  por los  defensores  de  los  sindicados  afectados con la condena, por el Fiscal Primero  Especializado  de  Pereira  y  por  el  apoderado  de  la  parte civil.  Al  resolver  las  impugnaciones,  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  confirmó la  decisión mediante fallo del 21 de julio de 2004.   

Contra   la   sentencia  del  ad-quem,     interpusieron     recurso  extraordinario  de casación el defensor conjunto de los procesados JOHN   JAIME   y   CONSUELO  LARGO  LÓPEZ,  HAROLD  ANDRÉS  ARANGO  LARGO,  JAIRO  ALONSO  ANTIA  ARANGO  y  el Fiscal Primero Especializado de Pereira,  motivo  por  el  cual  se  surtieron   los  respectivos  traslados en forma  independiente  para  la  presentación de las demandas, allegándose únicamente  la del defensor.    

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo, el defensor conjunto de los procesados  JOHN  JAIME  y  CONSUELO  LARGO LÓPEZ, HAROLD ANDRÉS ARANGO LARGO y  JAIRO  ALONSO  ANTIA ARANGO  formula  tres cargos contra el fallo de segundo grado con sustento  en  la causal primera de casación prevista en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  pues  considera  que  viola  indirectamente  la ley sustancial.  Las  censuras son del siguiente tenor:   

1.   Cargo  primero: error de hecho por  falso juicio de existencia:     

          Para  demostrarlo señala el casacionista que en el fallo se ignoró  “una  gran  parte del caudal probatorio allegado, es  decir   lo   cercenó,   pues   le  ocultó  la  riqueza  persuasiva  de  dichos  medios”,  razón  por  la cual procede a transcribir  “todos  los  hechos consignados materialmente en los  medios  de prueba que olvidó el juzgador colegiado”,  con los que a su juicio hubiera cambiado el sentido del fallo.   

          Así,  extrae  algunos  aspectos  que  considera  importantes de las  indagatorias  de  Horacio  Ramírez  Duque,      Héctor     Eduardo     Tautiva  Cinturia,   Luis   Eduardo  Sánchez  Salazar, Holmes Gil  Pérez,   Juan  David  Martínez  Valencia  y  de  las  rendidas  por  sus  defendidos;  igualmente, de la declaración que rindió  en  la  audiencia  pública  Alfredo  Salazar Quintero  y subrayó la importancia del documento contentivo del  contrato  de  arrendamiento  suscrito  entre JOHN JAIME  LARGO  y  Carlos de la Fuente  sobre  el  inmueble en donde se produjo el rescate del  plagiado.   

          Luego,  en  el  acápite  de la trascendencia, sostiene que el falso  juicio  de  existencia  que  invoca  se  evidenció  al ser omitidos en el fallo  condenatorio  “los  hechos concretados en los medios  de prueba atrás plasmados”.   

          Específicamente,     indica,     estos     medios     de     prueba  estaban        orientados     a     corroborar     la     “existencia    de    ese    contrato   de   arrendamiento   y   su  perfeccionamiento,  situación  que no se ocupó de analizar el Tribunal, por lo  que    generó    un    primer    aspecto    negativo    en    contra   de   mis  prohijados”.  De ese modo, prosigue, así en el  aludido  contrato no esté incluido el número de cédula del arrendatario, ello  no  significa  que  no  hubiera  tenido  realización, como lo entiende en forma  equivocada el Tribunal.      

          Igualmente,  sostiene  que la circunstancia de que el contrato no se  hubiera  entregado  para  el  momento  en  que  rindió indagatoria JOHN  JAIRO  LÓPEZ LARGO, no puede derivar  en  indicio de responsabilidad en su contra “mientras  no  se  haya demostrado en dónde se encontraba ese documento cuando rindió esa  diligencia”,  más aún si se tiene en cuenta que en  las  fases  de  instructiva  y  en la del juicio no se pidieron explicaciones al  respecto,  por  lo  que  la  afirmación  del  Tribunal  no  tiene asidero en el  expediente.   

          Agrega  que  como  el  contrato  vencía  el 22 de abril de 1998, no  resulta  extraño  que  el  arrendador  fuera  a  reclamar  el  inmueble al día  siguiente.   En  esas  condiciones,  reitera,  no hay razón para que en el  literal   c).   del   aparte  7.1  de  la  sentencia  impugnada,  se  erija  tal  comportamiento    como   indicio   de   responsabilidad   en   contra   de   sus  defendidos.    Por   el   contrario,  la  falsa  identidad  y  “la    vinculación   con   los   hechos   relacionados   con   el  secuestro”  permiten  colegir  que precisamente esas  fueron  las  formas de que se valió el arrendatario para no dejar rastros de su  actuar, dificultando así su paradero.   

Por  otro  lado,  sus defendidos no vieron a  ninguna  persona  portando  armas  de  fuego  en  el inmueble, ni advirtieron la  presencia  de  tales, así como de equipos de comunicaciones en las habitaciones  en  donde  pernoctaron, lo cual no significa que necesariamente hayan tenido que  ver  tales  implementos, pues para inferir ello era indispensable que estuvieran  a la vista, lo que no está demostrado en el proceso.   

Termina  el cargo indicando que “Aunque  el  Tribunal  no  concluyó  qué pruebas lo conducían a  obtener  la  certeza  de  la  responsabilidad  de  mis  protegidos,  son embargo  (sic)  la decisión fue la de  confirmar  la sentencia recurrida, fallo que oculta la certeza y abre una amplia  y sustancial brecha para la duda”.   

Segundo  cargo,  “el  fallador imaginó un  hecho  contentivo  en el complejo probatorio, sin estarlo, falsa apreciación de  la prueba”:   

Comienza  por  señalar  el  libelista  que  “los  Hechos  que  supuso  el  Tribunal  que estaban  probados” fueron los siguientes:   

En primer lugar, que sin haberse interrogado  al   procesado  JOHN  JARIO  LARGO  LÓPEZ  acerca  del  motivo  por  el  cual no entregó en la diligencia de  allanamiento  el documento de la entrega del inmueble Villa Margot, “al  parecer” eleva tal situación a la  categoría de indicio.   

En  segundo lugar, precisa que aun cuando se  reconoce  en  el fallo que no hay prueba de que la voz de mujer que escuchaba el  secuestrado  era  la  de  CONSUELO LARGO, se  sostuvo que entre los implicados había por lo menos una persona  de  sexo  femenino,  de  lo que se valió para confirmar el fallo apelado.    

En  tercer  lugar,  destaca  que el Tribunal  admite  que  no  existe prueba de que los individuos que retuvieron inicialmente  al  secuestrado sean necesariamente los mismos que lo mantuvieron en cautiverio,  por  lo  cual  es  perfectamente posible que sus defendidos no pertenezcan a ese  grupo inicial, aspecto que tampoco aparece probado en el proceso.   

Remata  el  cargo aludiendo que “de  suma  importancia  resultan los medios probatorios echados de  menos  y  dados  por  incorporados a la actuación, con los cuales, entre otros,  atacados  en  diversos  cargos  en  la  presente  censura, concluyó el tribunal  indicios   de  responsabilidad  en  contra  de  mis  patrocinados”.   

Tercer  cargo:  error  de  hecho  por  falso  raciocinio:   

En  sustento de este reproche, el demandante  indica  que  el  Tribunal  no  podía  inferir  responsabilidad en contra de sus  defendidos  “bajo la principal circunstancia de haber  sido  capturados en la finca donde se rescató el secuestrado, echando al traste  su  propio  silogismo”,  y sin considerar las demás  pruebas  aportadas  al proceso y cuando “evidencia en  sus  extremos  que  la  conclusión  a  la  que se llegó desborda principios de  lógica”.                            

Además,   porque   en   sus  indagatorias  expusieron  las  razones   que  los  llevaron  a trasladarse al inmueble en  donde  se produjo el rescate del plagiado, lo que se refrenda indirectamente con  el  contrato  de  arrendamiento  aludido  e,  insiste,  en tanto no obra ninguna  prueba  que  los señale “siquiera como visitantes de  la  finca” y mucho menos para predicar que se trataba  de  las  personas  que  lo cuidaban, pues “no habría  razón  lógica  para que personas desconocidas de quienes tenían el control de  esa  empresa  criminal,  hubieran  contratado  o  permitido  la presencia de mis  defendidos”.     

A  lo  reseñado agrega que es indispensable  tener  en cuenta el estado de salud de JOHN JAIRO LARGO  LÓPEZ  y  la  dedicación al deporte del voleibol por  parte   de  HAROLD  ANDRÉS  ARANGO  LARGO.   

En  el  capítulo  que  denomina “forma de  violación”  agrega  que  a  consecuencia  del  error  de  hecho  “propuesto  en  sus diversas modalidades.  Falso raciocinio y  falsos  juicios  de  existencia  y de identidad” y la  violación  media  de  los artículos 232, 238, 284 y 287 de la Ley 600 de 2000,  se  aplicaron  en  forma  indebida los artículos 169, 170-2, 239, 240-1, 241-6,  346  y  366 del estatuto sustantivo, al tiempo que se dejó de aplicar el inciso  segundo del artículo 7° del primer ordenamiento en cita.   

Con  fundamento  en lo anterior, solicita se  case  en  forma total el fallo y, en su lugar, se dicte sentencia absolutoria en  favor                                   de                                   sus  prohijados.                  

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Cuestión previa.  

          Antes  de adoptar pronunciamiento en punto de la admisibilidad de la  demanda  presentada  a  nombre  de  los procesados JOHN  JAIME  y  CONSUELO  LARGO  LÓPEZ,  HAROLD  ANDRÉS  ARANGO  LARGO  y  JAIRO  ALONSO  ANTIA ARANGO,  advierte  la  Sala  que respecto de la acción penal derivada del  delito  de utilización ilegal de uniformes e insignias, por el cual se acusó y  condenó  a  todos  los  nombrados, así como a los procesados no recurrentes en  esta  sede  Luis  Eduardo Sánchez Salazar,    Holmes   Gil   Pérez   y      Juan      David      Martínez  Valencia, siendo además la única conducta por la que  se  condenó  a  este  último, toda vez que previamente aceptó responsabilidad  por  las  conductas de secuestro extorsivo agravado y porte ilegal de armas y se  le  absolvió del cargo por el delito patrimonial, ha operado el fenómeno de la  prescripción. Lo anterior, por las siguientes razones:   

De acuerdo con lo establecido en el artículo  83  de la Ley 599 de 2000 (que corresponde al artículo 80 del anterior estatuto  penal),  en la etapa instructiva la acción penal prescribe en un término igual  al  máximo  de  la pena establecida en la ley, sin que sea inferior a cinco (5)  años.   En  la etapa de la causa tal término comienza a contarse a partir  de  la ejecutoria de la resolución de acusación por un tiempo igual a la mitad  del  establecido  para  la  fase de instrucción, pero en ningún caso puede ser  inferior a cinco (5) años.   

          La  conducta  punible  referida  se  ejecutó  bajo  la vigencia del  Decreto  180 de 1988, el cual la sancionaba, a voces de su artículo 19, con una  pena  de  tres (3) a seis (6) años de prisión, igual a la establecida ahora en  el  artículo  346  de  la  Ley  599  de 2000, motivo por el cual el término de  prescripción  para  la  fase de instrucción es igual al último guarismo, pero  como  para   la  fase  del juicio de conformidad con las normas citadas, el  término  se  reduce  a  la  mitad  de éste, siempre y cuando no sea inferior a  cinco  (5)  años,  el  fenómeno  extintivo  opera en este último quantum.   

          Por  tanto,  si  la  resolución  de acusación de segunda instancia  proferida  en  el  presente  asunto  contra  los  procesados  en mención cobró  ejecutoria  el  9  de diciembre de 1999 (día en que se profirió la resolución  de  acusación  de  segunda  instancia),  es  claro que a partir de tal fecha se  reinició  el nuevo cómputo del término de prescripción por un lapso de cinco  (5)  años,  razón  por  la  cual es evidente que la acción penal derivada del  delito  de  utilización  ilegal  de  uniformes  e insignias prescribió el 9 de  diciembre  de 2004, circunstancia que así impone declararlo y, en consecuencia,  se  dispondrá  la  correspondiente  cesación de procedimiento por tal conducta  punible.   

          Debe  precisar  la  Sala  que  la  prescripción de la acción penal  señalada  en  precedencia  se  causó  en  tiempo  anterior a cuando el proceso  arribó  a  la  Corte  para  su  examen,  pues  el expediente fue recibido en la  Secretaría el 24 de febrero de 2005.   

          Acerca  de  los  efectos punitivos que acarrea el acaecimiento   de  la  prescripción  de  la  acción  penal  en  los  términos  expuestos, se  abordará a profundidad en el capítulo final de esta decisión.   

Cuestión    de  fondo.   

Corresponde en este acápite establecer si la  demanda  presentada  por  el  defensor  conjunto  de los procesados JOHN  JAIME  y  CONSUELO  LARGO  LÓPEZ, HAROLD ANDRÉS ARANGO LARGO  y   JAIRO  ALONSO  ANTIA  ARANGO  reúne  los  presupuestos  formales  para  su  admisibilidad,  de acuerdo con la previsión normativa contenida en el artículo  212 de la Ley 600 de 2000.     

La  demanda  en  cuestión,  como  fácil se  colige,  no  satisface  tales  requisitos  y,  en  esa  medida, la decisión que  corresponde  adoptar  es  la  de  inadmitirla  en atención a lo dispuesto en el  siguiente   artículo  de  la  Ley  en  cita.   Se  arriba  a  la  anterior  conclusión con fundamento en estos razonamientos:   

1.  Sea lo primero señalar que si bien  en  el  libelo  se  formulan tres cargos independientes, todos con arraigo en la  causal  primera  de casación, al estimarse que la sentencia impugnada incurrió  en  violación  indirecta  de  la ley sustancial, las falencias que se advierten  son generalizadas, lo que permite su tratamiento coetáneo.   

   

2.   En  la  parte final del escrito de  impugnación    (capítulo    V),    el    censor    anota    que   “Acorde  con  los  argumentos  consignados en la presente censura,  procedente  es  concluir  que  el fallador de Instancia superior vulneró la ley  sustancial  por  vía indirecta al haber actuado en oposición al error de hecho  propuesto  en  sus  diversas  modalidades.  Falso  raciocinio   y   falsos   juicios   de  existencia  y  de  identidad”  (subrayas  fuera  de  texto), pero lo  cierto   es   que   en  ninguno  de  los  tres  cargos  que  formula  de  manera  independiente,  desarrolla  una  propuesta  que  compagine  con la naturaleza de  tales yerros.      

Sobre  el  particular,  oportuno  se  ofrece  recordar  previamente el concepto que la Sala tiene en relación con cada una de  estas  modalidades  del  error de hecho y la forma de demostrarlos, para de ahí  establecer  el  gran  distanciamiento  que  se  advierte  con la exposición que  contiene el libelo.   

El  denominado falso juicio de existencia se  produce  cuando un medio de prueba es excluido de la valoración que efectúa el  juzgador  no  obstante  resultar  incidente de cara al fallo que se controvierte  (ignorancia  u  omisión)  o porque el juzgador lo inventa o crea a pesar de que  no  existe  materialmente  en el proceso, otorgándole un efecto trascendente en  la sentencia (suposición o ideación).   

En  este caso el recurrente está obligado a  identificar  el medio de prueba que en su criterio se omitió o se supuso;   luego  de  ello  debe  establecer  su  incidencia  de  cara  a  la decisión que  controvierte  y  a  favor  del  interés  que  representa, señalando las normas  sustanciales  que  a  su  juicio  fueron  aplicadas  indebidamente  o dejadas de  aplicar,  lo  que  además  le  impone  demostrar  que  la  determinación no se  mantiene        con        fundamento       en       otros       medios       de  persuasión.        

Por su parte, el falso raciocinio se origina  cuando  el sentenciador aprecia prueba trascendente, desconociendo las reglas de  la  sana  crítica,  esto es, postulados lógicos, leyes científicas o máximas  de experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

Por último, el falso juicio de identidad se  concreta  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de  la  prueba  para  hacerla  decir  lo  que ella no expresa materialmente. En este  evento,  se  le exige al censor que identifique la prueba sobre la cual recae la  incorrección   que   denuncia;    posteriormente,   debe  revelar  lo  que  fidedignamente  dimana  de ella de acuerdo con su estricto contenido material, a  lo  que  se  suma  la  obligación  de  precisar  en  qué  aspecto  radicó  la  tergiversación,  bien  porque  se suprimieron u ora porque se agregaron apartes  de  su  contexto con lo cual se le mutó su sentido.  Pero no es suficiente  con  ello,  pues  al  igual que en los dos errores anteriores, ha de tratarse de  una  prueba  trascendente  que  afecte lo declarado en el fallo, debiendo en esa  dirección  indicar  los  preceptos  sustanciales que se vulneraron por falta de  aplicación  o  exclusión  evidente  y  demostrar,  como  ya  se  dijo,  que la  decisión    no   se   mantiene   por   cuenta   de   los   demás   medios   de  persuasión.     

De lo anterior se colige con claridad que el  casacionista  no  desarrolló  en  ninguno de los tres reproches que instaura de  manera  separada,  alguna  de  las  modalidades  del  error  de hecho a que hizo  referencia.   Es   más,   en  lo  que  concierne  con  el  “falso  juicio  de  identidad”,  fácil  se  colige  que  es  una propuesta totalmente extraña al  libelo  y a la cual sólo se refirió en el aparte trascrito con antelación, en  donde habla de los tres yerros  indistintamente.   

Ahora  bien, en el primer cargo, dentro del  cual  supuestamente  desarrolla  un falso juicio de existencia por omisión, tal  como  lo  enuncia,  el  censor  prácticamente se limita a destacar específicos  contenidos  de  algunas  pruebas  que confirman la recurrente tesis defensiva de  que  la  presencia  en  el  inmueble de los cuatro procesados que representa, se  debió  a  que  tenían como objetivo su restitución por virtud del vencimiento  del  contrato  de  arrendamiento suscrito entre la propietaria y el arrendatario  CARLOS       DE       LA       FUENTE.   

Empero,  con  tal  desarrollo  no  se está  demostrando  que  el  juzgador  haya omitido apreciar probanzas incidentes en el  fallo,  planteamiento  mínimo  que  debió  acometer,  según  se  vio,  si  lo  que    pretendía   evidenciar   era   un   error  de  esta  índole.    

Por  otro lado, el censor hace abstracción  total  de  la  valoración que se hizo de las probanzas referidas en el fallo de  primera  instancia  en  donde,  luego  de  un  amplio  análisis  probatorio que  incluyó   las   pruebas  que  relaciona,  no  se  otorgó  credibilidad  a  esa  argumentación  defensiva.   No  se  debe  olvidar que en este caso los dos  fallos  conforman una unidad jurídica inescindible y que, por consiguiente, era  deber  del  casacionista  derruir  los  contenidos de ambos con el propósito de  sacar avante la censura.   

Ahora  bien,  lo  que  claramente  se logra  inferir  es que su   disertación, como lo reconoce el casacionista en  el  acápite  de  la “trascendencia”, está cifrada sobre una omisión, pero  no  de  las  probanzas,  sino de la particular “valoración” que tiene sobre  ellas.   

Lo  peor  es que esa actitud no la asume de  manera  exclusiva  en  el  primer  reproche,  porque  fácil  se advierte que la  reproduce,   aunque   con   una   menor   extensión,   en  los  dos  siguientes  reparos.   En  efecto, en todos los reproches propuestos como si se tratara  de  un  alegato  de  instancia, el demandante dirigió su actividad a cotejar su  particular  visión  sobre  algunas  pruebas  obrantes  en la actuación, con la  apreciación  otorgada  por los falladores, desconociendo la dual presunción de  acierto y legalidad de la sentencia impugnada.   

A  lo  anterior  se  suma  que  en las tres  censuras  se  refiere  prácticamente a los mismos medios de prueba, lo que pone  de  manifiesto  su  total  confusión  sobre  la  naturaleza  de  los errores de  apreciación    probatoria    propios    de   la   causal   de   casación   que  invoca.      

En el segundo cargo, en donde refiere que el  fallador   “imaginó  un  hecho  contentivo  en  el  complejo  probatorio”, de lo cual se podría inferir  que  alude  a  un  falso  juicio  de existencia por suposición, es evidente que  también  se dedica a exponer su criterio personal acerca de las mismas pruebas,  pues  no  es  que el juzgador haya supuesto los hechos que enuncia, sino que los  dedujo   indiciariamente   de   las   que   legalmente   fueron   aportadas   al  proceso.   

En el tercer reparo contenido en la demanda,  el  cual  enuncia  como  falso  raciocinio, el demandante continúa con la misma  tónica,  pues  lo  único  que  se  infiere  es  que  como  no  se  le  otorgó  credibilidad   al   dicho   de   sus   defendidos  per  se  fueron  desconocidos principios de la lógica, sin  siquiera  indicar  en qué se basa para hacer esa aseveración o el postulado en  especial sobre el cual apoya esa afirmación.   

De todo lo anterior se extrae con meridiana  claridad  que  el  demandante no desarrolló ninguno de los yerros que atribuyó  al  fallo,  pues su disertación se limita a contraponer su criterio personal en  torno  a algunas probanzas con el criterio plasmado por el sentenciador, lo cual  no    se    aviene   con   la   naturaleza   del   recurso   extraordinario   de  casación.                    

Es  evidente,  por  tanto, que           el impugnante  olvida  que  este trámite es extraordinario, y que, por consiguiente, no son de  recibo  las  argumentaciones  libres y espontáneas de los demandantes, en tanto  que  es  preciso  que  la  formulación  se  someta  a  las reglas taxativamente  señaladas  por  el  legislador,  en punto de denunciar errores trascendentes de  los  funcionarios  judiciales  que  pudieron  haber  afectado  garantías de los  sujetos  procesales,  vulnerando directa o indirectamente normas sustanciales, o  desconociendo    las    bases    fundamentales   de   la   instrucción   o   el  juzgamiento.   

Si  de  conformidad  con  el  principio  de  claridad  y  precisión que rige la presentación y fundamentación del cargo en  este  trámite, corresponde al actor dentro de la violación indirecta de la ley  sustancial,  identificar  la  especie  de  yerro  que reprocha y conforme a ello  desarrollar  la  censura, no compagina con el referido principio que respecto de  la  misma  prueba,  así  sea  en  diferente  reproche,  pero  sin  señalar  su  prioridad,  se  confunda la argumentación y acreditación propias de errores de  distinta  especie,  como  ha  ocurrido  en  este  asunto, con el falso juicio de  identidad, el falso juicio de legalidad y el falso raciocinio.   

         

3.   Como no existe duda en el sentido  de  que  la  demanda  acusa  las  graves  falencias técnicas destacadas, que no  pueden  en  modo  alguno  ser  subsanadas  por  la Corte, pues ello lo impide el  principio  de limitación que rige el trámite casacional, se impone de plano su  inadmisión  de  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600  de 2000.   

Cuestión final:  

         Corolario  de  la  cesación  de  procedimiento  determinada  por la  prescripción  de la acción penal derivada del delito de utilización ilegal de  uniformes  e  insignias  por  el  cual se condenó a los procesados JOHN  JAIME  y  CONSUELO  LARGO  LÓPEZ, HAROLD ANDRÉS ARANGO LARGO  y   JAIRO   ALONSO   ANTIA  ARANGO, Luis Eduardo Sánchez  Salazar,  Holmes  Gil Pérez y  Juan  David Martínez Valencia, corresponde marginar de  la  dosificación  punitiva  establecida  en el fallo, la pena que se les impuso  por razón de dicha conducta punible.   

         Para  tal  efecto  resulta  necesario  diferenciar  la situación de  Juan    David    Martínez   Valencia   de  los  demás  procesados  señalados,  en  tanto  que  a éste, a  diferencia  de los otros, se le condenó exclusivamente por dicha conducta a una  pena  de  3  años de prisión y a la accesoria de inhabilitación de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso (numeral 2° de la parte resolutiva de  la  sentencia);  motivo por el cual se cesará todo procedimiento y se declarara  la extinción de la acción penal a su favor.   

En lo que concierne a los demás procesados,  valga  decir,  JOHN  JAIME  y  CONSUELO  LARGO LÓPEZ,  HAROLD    ANDRÉS    ARANGO    LARGO,   JAIRO  ALONSO  ANTIA  ARANGO, Luis        Eduardo        Sánchez       Salazar       y    Holmes    Gil    Pérez,  condenados  a  la  pena  de 26 años de prisión por el delito de  secuestro  extorsivo  agravado  en concurso con hurto calificado agravado, porte  ilegal  de armas de fuego de uso privativo de las fuerzas armadas y utilización  ilegal  de  uniforme  e  insignias,  la cual resultó de imponer 24 años por el  primer  ilícito, considerado como el más grave, y 2 más por las restantes, se  procederá  a  establecer  la  proporción  que corresponde para cada uno de los  delitos  concurrentes  y  así determinar con exactitud el descuento que procede  por  el  delito  prescrito,  dado  que el sentenciador no hizo claridad sobre el  particular,  simplemente  aludió  a dos años por todos estos delitos de manera  genérica,  y  en  tanto  no  todas  las  conductas referidas comportan la misma  gravedad,   luego   no  sería  justo  establecer  arbitrariamente  proporciones  idénticas.   

A efectos de determinar la incidencia exacta  de  cada  uno  de  los  delitos  concurrentes respecto del monto incrementado (2  años),  resulta preciso partir de las penas mínimas asignadas para cada uno de  ellos;   posteriormente  se  sumarán  y,  con  base  en la proporción que  representen  frente  a  ese  total,  se  aplicará a los dos años de incremento  genéricamente impuestos por el juzgador de primer grado.   

De acuerdo con dicho procedimiento, para el  delito  de  hurto  calificado  agravado,  la  pena  mínima  prevista  en la ley  favorable  (Decreto  100  de  1980)  es de 28 meses, el porte ilegal de armas de  fuego  de  uso  privativo  de las fuerzas armadas, a su vez, se sanciona con una  pena  mínima  en  ese  mismo  estatuto  y  en la Ley 599 de 2000 de 36 meses y,  finalmente,  el  delito de utilización ilegal de uniformes e insignias también  tiene prevista una pena mínima de 36 meses.    

Sumadas las anteriores penas mínimas da un  total  de 100 meses, de modo que la proporción frente a ese total por el delito  cuya  prescripción  se declara es de un 36%, el cual aplicado sobre los 2 años  o   24   meses,   arroja   un   quantum  punitivo  exacto de       6 meses y 21  días  que  al  descontarse  de  los  26  años  impuestos  en el fallo para los  procesados  señalados  en  precedencia,  arroja  un  total de pena a imponer de  veinticinco     (25)     años,     cinco     (5)     meses    y    nueve    (9)  días.              

Finalmente, se declarará que en aplicación  del  principio  de favorabilidad de la ley penal, de acuerdo con el artículo 44  del  Decreto  100  de  1980,  la  pena  accesoria  de  interdicción  derechos y  funciones  públicas,  que  equivale  a  la actual inhabilitación de derechos y  funciones públicas, se impondrá por el término de 10 años.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.        DECLARAR   prescrita   la  acción  penal  derivada  de  la  conducta  punible  de  utilización  indebida  de  uniforme  e  insignias, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

          2.        ORDENAR,  en consecuencia, la cesación de  procedimiento   por   este  delito  en  favor  de  los  procesados  JOHN   JAIME   y   CONSUELO  LARGO  LÓPEZ,  HAROLD  ANDRÉS  ARANGO  LARGO,  JAIRO  ALONSO  ANTIA  ARANGO    (recurrentes   en   casación),  Luis  Eduardo  Sánchez  Salazar, Holmes Gil Pérez y Juan David Martínez Valencia (no recurrentes) por el mencionado delito.   

3.           PRECISAR  que,  por  razón  de la prescripción que aquí se decreta, el procesado Juan  David  Martínez  Valencia  no queda  sujeto  a  pena  por  razón  de  este proceso.  En cuanto a los procesados  JOHN  JAIME  y  CONSUELO  LARGO LÓPEZ, HAROLD ANDRÉS  ARANGO  LARGO,  JAIRO ALONSO  ANTIA  ARANGO,  Luis Eduardo  Sánchez  Salazar y Holmes Gil  Pérez,  condenados  por  el  concurso  de  delitos de  secuestro  extorsivo agravado, hurto calificado agravado y porte ilegal de armas  de  uso  privativo  de  las fuerzas armadas, la pena a imponer es de veinticinco  (25)  años,  cinco  (5)  meses  y nueve (9) días de prisión y la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el lapso de diez (10)  años, conservando vigencia las demás sanciones dispuestas.   

          4.        INADMITIR   las   demandas  de  casación  presentadas  a  nombre  de  los procesados JOHN JAIME y  CONSUELO  LARGO  LÓPEZ,  HAROLD ANDRÉS ARANGO LARGO y  JAIRO  ALONSO  ANTIA  ARANGO,  por los motivos consignadas en la parte motiva de esta providencia.   

          Contra  esta  providencia  sólo  procede  el recurso de reposición  respecto de la declaratoria de prescripción de la acción penal.   

          Cópiese,    notifíquese    y    devuélvase    al    Tribunal   de  origen.   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                     ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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