23359(20-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23359  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 049.  

          Bogotá    D.C.,    junio    veinte    (20)   de   dos   mil   cinco  (2005).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   JAVIER  ALONSO  MONTEALEGRE  SALAZAR contra  la  decisión  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca, de fecha  agosto  20  de  2004,  por  cuyo  medio se abstuvo de conocer de las apelaciones  interpuestas  por  el procesado y por su defensor contra la sentencia anticipada  de  primer  grado  que  lo  condenó por los delitos de homicidio agravado en la  persona   de   Crisanto   Sánchez  Casas y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

  ANTECEDENTES     

El supuesto fáctico que generó la presente  actuación  fue  declarado  por  el  Tribunal,  en el proveído impugnado, de la  siguiente manera:   

“La  señora  María Nativa Soler Guerrero  contrató  por la suma de $ 300.000,oo, a Anderson Cifuentes Quinayas y a Javier  Alonso  Montealegre Salazar, con el fin de que dieran muerte a Crisanto Sánchez  Casas, compañero permanente de aquella.   

Para  lograr  su  objetivo  los homicidas se  escondieron      en      el      establecimiento      comercial     ‘Doña         Betty’  ubicado  en  la carrera 7 No. 7 D-04,  barrio  Ducales  del municipio de Soacha, en la misma residencia de la víctima,  y  el  día  1°  de  noviembre  de  2003,  percutieron en dos oportunidades una  escopeta  facilitada  por la cónyuge de Sánchez Casas, y le causaron la muerte  por  conjunción  de  1.  anemia  aguda a hemotórax bilateral, hemipericardio y  hematoma  retroperitoneal,  lesiones  secundarias a laceraciones viscerales y 2.  Shock   neurogénico   secundario   a   laceraciones   cerebrales”.   

Los hechos anteriores sirvieron de fundamento  para  que  se    iniciara  la  correspondiente  investigación  penal,  dentro   de   la   cual  fueron  vinculados  mediante  indagatoria  María  Natividad  Soler, Anderson Cifuentes Quinayas, JAVIER ALONSO  MONTEALEGRE  y  Fabio  Edwin  Riveros.   A  los  tres  primeros  se  les  resolvió  situación  jurídica con medida de aseguramiento de detención preventiva; a la  primera,  como presunta autora responsable del delito de homicidio agravado y, a  los  dos  siguientes,  como  autores  de  la  misma  conducta  y porte ilegal de  armas.   Respecto  del  último de los mencionados, la Fiscalía se abstuvo  de proferirle medida de aseguramiento.   

A  solicitud de los procesados afectados con  la  medida detentiva, se llevó a cabo diligencia de sentencia anticipada.   La  de  María Natividad tuvo  lugar  el  12  de  marzo  de  2004  (en  donde  aceptó  el cargo imputado en la  resolución  de  situación  jurídica),  mientras  que  la  de  los  procesados  Cifuentes    Quinayas   y  MONTEALEGRE SALAZAR se llevó  a  cabo  el  16  del  mismo  mes  y  año;   precisamente en el acta que se  levantó  con  ocasión  de  esta  última diligencia se consignó lo siguiente:   

“Del  material probatorio se desprende que  ustedes  son  responsables a título de coautores del delito de HOMICIDIO de que  trata  el  libro  segundo  II,  título  1, Capítulo Primero, Artículo 103 del  Código  Penal,  que a la letra dice:  el que matare a otro… Lo anterior,  AGRAVADO,  en las circunstancias establecidas por el artículo 104 numerales 4 y  7,  que  a  la  letra dice:  4) Por precio, promesa remuneratoria ánimo de  lucro  o  por  motivo  abyecto  o  fútil.   5)  Colocando a la víctima en  situación  de indefensión o inferioridad o aprovechándose de esta situación.  Lo  precedente  en concurrencia con el punible de PORTE ILEGAL DE ARMAS DE FUEGO  DE  DEFENSA  PERSONAL.  Artículo 365 C.P., siendo estos cargos por los que  debe   (sic)  responder  los  sindicados,   el   funcionario  procede  a  conceder  la  palabras  (sic)   si   es  su  deseo  aceptarlos  y  MANIFESTO  (sic): Si  aceptamos  los  cargos  que se me formulan y la responsabilidad  penal  que  ello  conlleva.  En este estado de la  diligencia  se  le concede el uso de la palabra a su defensor quien haciendo uso  de  la  palabra  manifestó:   Me  permito solicitar en forma respetuosa al  señor  Juez a quien por reparto le corresponde las presentes diligencias que al  momento  de  proferir  el  fallo  correspondiente  se  tenga  en  cuenta que mis  representados  son  personas  que no cuentan con antecedentes penales de ninguna  clase,  razón  para  que deba partirse de los mínimos para la dosificación de  la  pena  y  se  le  tenga  en  cuenta   las  rebajas por confesión en las  injuradas  y  al  acogerse a la sentencia anticipada en esta diligencia especial  de  formulación  de  cargos”  (negrillas  fuera  de  texto).   

Remitida la actuación para el proferimiento  de   sentencia  anticipada,  le  correspondió  al  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito,  despacho  que,  el  20  de  abril  del  año anterior, condenó a los  procesados    María    Natividad   Soler   Guerrero  a la pena principal de 17 años y 4 meses de prisión,  como  coautora  responsable del delito de homicidio agravado; y a los sindicados  Anderson Cifuentes Quinayas y  JAVIER    ALONSO   MONTEALEGRE   SALAZAR,  a  la  pena  de  17  años  y  8  meses de prisión, como autores  responsables  del  delito  de homicidio agravado en concurso con porte ilegal de  armas.   A   todos   los   señalados  los  condenó  a  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  pena principal;  así mismo, al pago de perjuicios en  las sumas indicadas.   

Contra   la   anterior   determinación,  interpusieron     recurso    de    apelación    el    procesado    MONTEALEGRE       SALAZAR,   su   defensor  y  el  de  María  Natividad Soler Guerrero, sobre los  cuales  se  pronunció  el  Tribunal Superior de Cundinamarca el 20 de agosto de  2004,  absteniéndose  de  conocer  respecto de las apelaciones interpuestas por  los   dos  primeros  “por  falta  de  interés  para  recurrir”  y  modificando  el  numeral primero de la  parte  resolutiva  de  la  sentencia impugnada “en el  sentido  de  condenar  a  María Natividad Soler Guerrero a la pena principal de  catorce  (14) años, cinco (5) meses y diez (10) días de prisión como autora y  penalmente   responsable   del   delito   de  Homicidio  agravado”.                    

La    decisión    anterior  es  objeto del recurso extraordinario de  casación      por      el      defensor      del     procesado     MONTEALEGRE    SALAZAR,   quien   lo  sustenta  mediante  demanda,  sobre  cuya  admisibilidad  formal se pronuncia la  Sala.   

LA DEMANDA  

          Propone  el  defensor  del procesado JAVIER  ALONSO  MONTEALEGRE  SALAZAR  dos  censuras  contra el  fallo  impugnado.   La  primera  tiene  sustento  en  la  causal tercera de  casación,  por  violación  al  debido  proceso  y la segunda, se soporta en la  causal  primera,  por  violación directa de la ley sustancial.  Los cargos  formulados son del siguiente tenor:   

          Primer  cargo:   Causal  tercera,  nulidad  por  violación  al  debido proceso:   

          Para  el  recurrente  el fallo  que   impugna  fue  proferido  dentro  de  un  proceso  viciado  de  nulidad  en  consideración  al yerro en que se incurrió al formular los cargos en contra de  su   prohijado,  el  que  a  su  vez  se  reprodujo  por  el  juez  a-quo   y   el  Tribunal,  al  condenarlo  acogiendo       esa       calificación       jurídica.          

          Todos   los  funcionarios  mencionados,  señala,  trasgredieron  el  debido  proceso  por  “motivación anfibológica, por  error  en  la  selección  del  tipo  subjetivo, donde prima la indeterminación  sobre  la  forma  de  intervención  de  JAVIER ALONSO MONTEALEGRE SALAZAR en el  hecho  punible”,  situación  que  en su criterio se  derivó  por  haberlo condenado como autor cuando en realidad su responsabilidad  en  la  conducta es a título de cómplice no necesario, con lo cual se vulneró  su  derecho  a  la  libertad  individual,  a  un fallo justo y se desconoció el  trámite  procesal propio de la sentencia anticipada;  además, es un yerro  trascendente   en   tanto   se   distorsionó   la   verdad   comprobada  en  la  actuación.   

          En  procura  de  demostrar el error invocado, alude que su defendido  no   conocía   la   intención   del  autor  material  del  hecho  Anderson  Cifuentes, tampoco participó en  la  determinación,  planeación  ni ejecución de la conducta, también a cargo  del  mencionado;  igualmente, en ningún momento tuvo en su poder, ni mucho  menos  disparó, el arma con la que se causó el homicidio, a lo que se suma que  no recibió contraprestación alguna de la determinadora.   

          Por   consiguiente,   sostiene   “JAVIER  ALONSO  MONTEALEGRE  SALAZAR  aceptó unos cargos equivocadamente formulados por  el   Fiscal   41  Seccional  del  Circuito  de  Soacha,  quien  estableció  una  participación    a    título   de   ‘coautor’,  cuando  en  realidad  actuó  a título de cómplice no necesario”.   

          La  colaboración  de  su  prohijado, continúa, se llevó a cabo en  fases  causalmente  menos importantes del proceso delictivo, pues simplemente se  limitó  a  acompañar  al  homicida  al lugar de los hechos, sentarse e ingerir  cerveza,  escuchar  la  narración  que les hizo María  Natividad  Soler,  observar la contratación que ésta  hizo    con   Anderson   y  acompañarlo  mientas  llegaba  la  víctima,  para finalmente apreciar cómo le  disparaba,  sin  que  hubiera  cooperado  efectivamente  en  la  comisión de la  conducta.   

De lo anterior no se percató ninguno de los  funcionarios  judiciales  señalados  al optar por condenarlo en forma genérica  como  coautor  material,  sin  consultar con el respaldo probatorio, pasando por  alto    la    indagatoria    de    María   Natividad  Soler  en  la  cual  manifestó  que contrató a N.N.,  alias  “Giovanny”,  para  que  eliminara  a  su  esposo,  pero como éste no le cumplió, “en el último  día  antes  de  que  violara  a  su  hija”  decidió contactar a Anderson  para  tal efecto, quien la noche  en  que  se  iba  a  efectuar  el  atentado,  apareció  con  un muchacho que no  conocía;     situación    que    corrobora    el    propio   Anderson.   

Ratifica lo anterior, prosigue, la diligencia  de  necropsia,  de cuyo contenido se infiere que el occiso no presentaba ninguna  herida  ocasionada  con  arma  cortopunzante “solo un  impacto   de   carga   múltiple  de  arma  de  fuego  en  la  región  parietal  derecha”,     arma     que    no    portaba    su  defendido.   

De  esta  manera, conmina a la Sala para que  revise  la  forma  de  participación  de  Montealegre  Salazar,  ya  que  no se trató del verdadero autor ni  participó  tampoco  como  coautor  del hecho.  Su participación, insiste,  fue  a  título de cómplice; además, indica que “Se  impuso  a  mi  defendido  una  agravación  punitiva  que  no  corresponde  a su  actuación,  la  coautoría,  que  solo  podía  imponerse  a  una determinadora  –coautora      que  individualmente    fue    castigada    debidamente   con   la   pena   aflictiva  anotada”.   

Así las cosas, reclama que se case el fallo  impugnado  decretando  la  nulidad  de  lo actuado “a  partir  de  la diligencia de formulación y aceptación de cargos para sentencia  anticipada   por  parte  de  JAVIER  ALONSO  MONTEALEGRE  SALAZAR”  y  que en su defecto se adecuen las penas a las que corresponden a  su responsabilidad como cómplice.   

Resalta,  a  continuación, que no es viable  agravar  la  pena  a su defendido de acuerdo con el supuesto genérico contenido  en  los  artículos  29  y  58-10  del  estatuto  sustantivo penal, “cuando  se  ha  condenado  en el grado de coautores, sin tomar en  consideración  que  uno  de ellos, JAVIER ALONSO MONTEALEGRE SALAZAR, no actuó  como      coautor     sino     simplemente     como     cómplice”.   

Estima   como   normas   infringidas,  los  artículos  29 y 31 de la Constitución Política, 3, 6, 9, 29, 30, 103, 104-4 y  365   de   la   Ley   599   de   2000  y  6  y  232  de  la  Ley  599  del  mimo  año.                                                            

          Segundo   cargo:  Causal  primera,  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo  283  de  la  Ley  600 de  2000:   

          A  juicio  del  censor, se incurrió en esta causal de casación por  no  haberse  concedido  a  favor  de  su  defendido  la  reducción  de pena por  confesión  prevista  en  el  artículo  referido, con lo cual se violó de paso  “el derecho constitucional fundamental a la igualdad  ante  la ley en virtud a que, pese a que la determinadora MARÍA NATIVIDAD SOLER  se  encontraba  en  igualdad de circunstancias, a ella sí se le concedió dicho  beneficio”.   

Lo  anterior, expresa, en tanto se cumplían  los  presupuestos  previstos en la norma para reconocer la gracia, puesto que su  defendido  no  fue  capturado en flagrancia, la confesión se hizo en la primera  versión  ante funcionario judicial, se acogió a las prerrogativas de sentencia  anticipada  y  fue  fundamento  de  su  responsabilidad declarada, de suerte que  tiene   derecho   a   un   descuento   punitivo   de   una  sexta  parte  de  la  pena.   

En  ese  sentido,  solicita se case el fallo  impugnado.                  

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Aclaración previa:   

          Sea  lo  primero  señalar  que  en  este caso por razón de que los  hechos  tuvieron ocurrencia el 1° de noviembre de 2003 y la decisión impugnada  se  profirió  el  20  de  agosto  de  2004,  no  se   remite a duda que la  normativa  aplicable  en punto del recurso extraordinario de casación es la Ley  600   de   2000.    Según  el  inciso  1º  del  artículo  205  de  dicha  normatividad,   este   medio  impugnaticio  “procede  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar, en los  procesos  que  se  hubieran adelantado por los delitos que tengan señalada pena  privativa   de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años”.   

          Procedencia del recurso:     

         

La Sala pronto advierte que el demandante no  se  sujetó  a  los  presupuestos  de  procedencia del recurso extraordinario de  casación  a  que refiere la norma en cita, al impugnar la providencia proferida  por  el  Tribunal Superior de Cundinamarca el 20 de agosto de 2004 y que, por lo  tanto,  la  decisión  que  corresponde adoptar es la de inadmitir el libelo, de  conformidad   con   la  previsión  normativa  contenida  en  el  artículo  213  ibídem;  conclusión a  la     que     se     arriba,     de     conformidad    con    los    siguientes  razonamientos:             

Es clara la norma transcrita en el sentido de  señalar  que  el  medio  extraordinario  de  impugnación,  bien  sea  bajo  la  modalidad  ordinaria  como  la  discrecional,  procede  única  y exclusivamente  contra                 “sentencias”                de                segunda  instancia.                   

En  el  caso  que  concita  la atención, se  advierte  que  la  decisión contra la cual se dirige la inconformidad en cuanto  al     procesado     JAVIER    ALONSO    MONTEALEGRE  SALAZAR,  no  ostenta  el carácter de “sentencia”  pues,  de  acuerdo  con  el artículo 169 de la Ley 600 de 2000, sólo adquieren  esa  categoría  las  providencias  que  “(..) deciden  sobre  el  objeto del proceso, bien en primera o segunda instancia, en virtud de  la     casación     o     de     la     acción    de    revisión”.   

Además,  como  lo  tiene  dicho  la  Sala  “no  basta  sólo  nominar  el  acto  procesal  como  sentencia,  sino  que,  tratándose  de  condena,  su  contenido  material  debe  responder  a  la  normatividad referida, objetivo que no se logra de otra manera  que  mediante  la  apreciación en conjunto de los diferentes medios probatorios  recaudados  para  fijar la reconstrucción histórica de unos hechos concretos y  detallados  que  calificados  jurídicamente permitan precisar la situación del  procesado   y   hacer  todas  las  declaraciones  consecuentes  en  torno  a  la  responsabilidad  del  procesado,  expresándose  claramente  las  condenas a las  penas   principales   o  sustitutivas  y  accesorias,  a  la  indemnización  de  perjuicios  y  la  procedencia  o  no  de los mecanismos sustitutivos de la pena  privativa   de   la  libertad,  con  anotación  expresa  de  los  recursos  que  procedan”1.   

     

Pues  bien,  tal  como  se  señaló  en  el  recuento   de   la   actuación   procesal,   contra  la  sentencia  de  primera  instancia   proferida  por  el  Juzgado Tercero Penal del Circuito el 20 de  abril  del  año anterior, por cuyo medio condenó a los procesados María    Natividad    Soler    Guerrero,  Anderson Cifuentes Quinayas y  JAVIER    ALONSO   MONTEALEGRE   SALAZAR,  interpusieron  recurso de apelación los defensores de la primera  y  del  último  en  mención y éste directamente;  empero, el Tribunal se  pronunció  de  mérito sólo en relación con la impugnación presentada por el  defensor  de  la  sindicada Soler Guerrero toda  vez que, en relación con las demás impugnaciones, dispuso en  el  numeral  primero  de la parte resolutiva de la providencia, consecuentemente  con      lo     expuesto     en     la     considerativa:      “ABSTENERSE   de  conocer  las  apelaciones  interpuestas  por  el  procesado   Javier  Alonso  Montealegre  Salazar  y  su  defensor,  por    falta    de    interés    para   recurrir”   (negrillas           fuera           de          texto).                

Lo  anterior,  implica  que  dicha decisión  proferida  por  el  Tribunal  ostenta  un carácter mixto, esto es, adquirió en  primer  lugar  el  rango  de sentencia con respecto de la procesada María  Natividad  Soler, dado ocuparse del  objeto  del  proceso,  decisión contra la cual cabía el recurso extraordinario  de  casación y, en segundo lugar, de auto interlocutorio en lo que tuvo con ver  con  la  decisión  consistente  en  abstenerse  de  resolver  las impugnaciones  independientes      presentadas      por      el      procesado     MONTEALEGRE  SALAZAR  y su defensor, contra  el  cual no era procedente el medio extraordinario, sino los recursos ordinarios  de  reposición  y  apelación,  en el evento de que tal determinación generara  inconformidad a los afectados.   

Ahora  bien,  se  sostiene  que  la  segunda  decisión  contenida  en  la  providencia  del  20  de  abril  de  2004 tiene el  carácter  de  auto interlocutorio, porque de acuerdo con los artículos 39 y el  numeral  2°  del  169 de la Ley 600 de 2000, resuelve un aspecto sustancial del  proceso,  mas  no  el objeto central, y fue proferida por un Juez  de   la   República,  sin  que  pueda  variar su naturaleza jurídica el simple  hecho de haberse adoptado dentro de una sentencia.   

Como  contra  esta decisión mixta el único  sujeto  procesal  que  interpuso  el  recurso  extraordinario fue el defensor de  JAVIER    ALONSO   MONTEALEGRE   SALAZAR,  se  concluye  sin  dificultad    que no se satisface el  presupuesto  de  procedibilidad  consistente  en  que  es  viable  sólo  contra  “sentencias”   

    

Por  otro  lado, oportuno se ofrece precisar  que  el Tribunal no incurrió en ningún yerro en el procedimiento que impartió  al  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  pues,  como  ya  se  ha  precisado  por  esta  Sala,  sus facultades se ven limitadas al estudio sobre la  temporaneidad  del  recurso,  sin  que  pueda abordar asuntos extraños a éste,  tales  como  el  interés para impugnar, los presupuestos de procedibilidad o el  incumplimiento  de  los  requisitos  formales  so  pretexto  de  no concederlo o  abstenerse  de  darle  trámite,  en tanto son aspectos del exclusivo resorte de  esta Sala.   

Precisamente   sobre  ese  particular,  en  decisión  reciente  cuya  ponencia correspondió a quien aquí cumple idéntica  función, se señaló lo siguiente:   

“Pues bien, precisado lo anterior se tiene  que  si  salvo  la  interposición  extemporánea  del recurso extraordinario de  casación,  las  demás condiciones de procedibilidad del mismo sólo pueden ser  ponderadas  por  la Corte al momento de calificar el libelo, según lo establece  el  artículo  213 de la Ley 600 de 2000, es claro que  la  competencia  del  Tribunal  respecto  de  la  concesión  de la impugnación  extraordinaria  se  encuentra  limitada  a  verificar  si  el  recurso  fue o no  interpuesto  dentro  de  la  oportunidad  legal  prevista  para ello.  En el primer caso, es apenas razonable concluir que su concesión  deviene  imperiosa,  sin menester de análisis diversos que desborden el ámbito  del  referido término para el ejercicio del derecho de impugnación”2 (subrayas fuera de texto).   

Lo   anterior   se  constituye  en  razón  suficiente  para  inadmitir  la demanda presentada por el defensor del procesado  JAVIER   ALONSO   MONTEALEGRE   SALAZAR  y  devolver el expediente al despacho de origen, tal como lo señala  el     artículo     213     de     la     Ley    600    de    2000.   Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente trámite y en la sentencia se haya incurrido en violación  de garantías fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta   por   el   defensor   de  JAVIER  ALONSO  MONTEALEGRE  SALAZAR, por las razones consignadas en la  anterior motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                     ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

     

    

1  Radicación  17691; sentencia de fecha abril 21 de 2004; M.P. Dr. Yesid Ramírez  Bastidas.   

2  Radicación 23087, auto de fecha enero 19 del año en curso.     

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