23327(02-03-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23327   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 014.  

Bogotá D.C., marzo dos (2) de dos mil cinco  (2005).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de casación discrecional presentada por el defensor del  procesado    HERNEY    VILLADA   MONTOYA,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Buga de fecha  agosto 30 de 2004, confirmatoria de la  dictada  por  el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Cartago el 28 de mayo del  mismo  año,  por  cuyo  medio lo condenó como autor penalmente responsable del  delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  20  de marzo de 2003, hacia las 11:50 horas de la mañana, en la  Urbanización  Bosques  Los  Lagos,  manzana  8,  casa  No.  28, de la ciudad de  Cartago  (Valle), lugar de residencia del señor HERNEY  VILLADA  MONTOYA,  miembros  de la SIJIN incautaron 23  papeletas  de basuco, 3 cigarrillos con marihuana, 9 tubos y 5 bolsas plásticas  impregnadas  por  una sustancia de olor característico a la primera mencionada,  20  bolsas plásticas pequeñas, un rollo para fabricación y empaque en bolsa y  una    gramera   marca   “kologn”.           

          Con  ocasión  de los hechos relatados, se abrió la correspondiente  investigación   penal,  en  cuyo  marco  se  vinculó  mediante  indagatoria  a  HERNEY  VILLADA  MONTOYA,  a  quien  se  resolvió  su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de  detención  preventiva sin beneficio de libertad provisional, como posible autor  del delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el 17 de julio de 2003 con preclusión de investigación a favor del  único   procesado;    decisión   contra  la  cual  interpuso  recurso  de  reposición  y  en  subsidio apelación el Agente del Ministerio Público dentro  del proceso.   

En  virtud  del  recurso  interpuesto,  la  Fiscalía  mediante  proveído  de fecha agosto 6 de 2003, repuso la preclusión  y,  en su lugar, profirió resolución de acusación en contra del procesado por  el delito cobijado en la media detentiva.   

Contra  esta  determinación, la defensa del  sindicado  interpuso  recurso de apelación, el cual fue declarado desierto el 8  de  septiembre  siguiente,  por  falta de sustentación.       

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de Cartago, despacho que una vez surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo  el  28 de mayo posterior, por cuyo medio  condenó   a   HERNEY   VILLADA   MONTOYA  a  la  pena  principal  de 4 años de prisión y a la accesoria de  inhabilidad  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo lapso, como autor  penalmente  responsable del delito objeto de acusación. En la misma providencia  le   fue   negado   el   subrogado   penal   de   la   condena   de   ejecución  condicional.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  defensor  del  procesado  y  el  Tribunal Superior de Buga la confirmó mediante  fallo  del  30  de  agosto  de  2004,  el  que  ahora  es objeto de impugnación  extraordinaria por parte de la defensa.   

LA DEMANDA  

El  censor  aduce inicialmente que interpone  “recurso  de  casación  discrecional”  contra  el  fallo  proferido por el Tribunal de Buga, para lo cual  formula un único cargo que desarrolla así:   

Único  cargo:  causal  primera,  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad:   

Señala  el casacionista que se incurrió en  la  causal invocada en razón de que se le otorgó mérito a una prueba allegada  sin  el cumplimiento de los requisitos formales exigidos por la ley “específicamente  por  cuanto  condenó  al señor Herney Villada  Montoya  con  fundamento  en  un  acto  policivo  que a pesar de que se pretende  configurar  como  registro  voluntario, todos los elementos de juicio evidencian  que  se  trató de un allanamiento y por lo tanto debió practicarse obedeciendo  el     marco    legal    establecido”.     

Luego    de   transcribir   in  extenso algunos conceptos doctrinales y  jurisprudenciales  acerca  de las consecuencias que acarrea la prueba ilegal, el  impugnante  expresa  que  refiere  al  acto  de  penetración  en  la morada del  procesado  por parte de los uniformados que la registraron, procedimiento que se  llevó  a  cabo  sin  el  cumplimiento  de  los  requisitos  que  estructuran la  diligencia de allanamiento.   

Lo anterior, sostiene, en atención a que si  bien  se estaba frente a un situación de flagrancia permanente, ella exigía el  condicionamiento    de   la   percepción   ex   ante  y  no  ex  post,  situación  que,  por  no  haberse  presentado,  obligaba  a  los  uniformados  a cumplir con los requisitos previstos en la norma en mención para  la práctica del allanamiento.   

Dicha percepción implicaba la existencia con  antelación  de un soporte investigativo válido y con capacidad de demostrar la  información  suministrada,  en  este  caso,  indicativos  de  la permanencia de  sustancia  estupefaciente en el inmueble que servía de residencia al sindicado,  de  modo  que  “tal información en primera instancia  debe  ser  corroborada mediante el seguimiento, la observación de la venta o la  percepción  de  particularidades  que  indiquen  la conservación de la materia  ilegal  en  el  inmueble,  con medios probatorios idóneos, es decir mediante el  despliegue   de   una   real   labor   de  inteligencia  policiva”.   Dicho  de  otro modo, señala el actor, es necesario que la  situación de flagrancia sea percibida con anterioridad.   

Si  ello  no  ocurre,  prosigue, es obligado  contar  con  autorización  judicial  motivada  para  proceder  al allanamiento,  porque  el  Estado no puede penetrar a las viviendas de las personas con base en  una  o  varias  llamadas  telefónicas, en tanto puede tratarse de informaciones  con  ánimo  malintencionado.   En  esa  medida,  no  resulta  de recibo lo  plasmado  en  el informe de aprehensión sobre el movimiento anormal de personas  y  del  morador  en la vivienda, pues de haber sido así no se explica la razón  para  que  no se le hubiera capturado en el preciso momento en que comerciaba la  droga.   

Tampoco está de acuerdo con la tesis de los  juzgadores  en  el  sentido  de  que el procesado otorgó consentimiento para el  registro  del  inmueble,  pues esa aquiescencia está viciada por la fuerza y el  miedo  que  sintió  “por  la sola presencia de tres  personas   armadas,   representantes   de   la   fuerza  pública”;   además,  dicho  requerimiento  en momento alguno tuvo como  objetivo  el  registro  de  la  vivienda,  como  lo  sostuvo  el procesado en su  indagatoria.   

De   cualquier   modo,   la   percepción  ex  ante  a  la  que  se  ha  referido,   también   es   necesaria  para  el  registro  voluntario;   en  consecuencia,  el  simple  consentimiento  no  es  suficiente  para autorizar el  ingreso de la fuerza pública a un inmueble privado.   

Así  las  cosas,  como  los  miembros de la  fuerza  pública  no  percibieron la situación de flagrancia y se procedió sin  orden  escrita  de  autoridad judicial competente “lo  que   se   dio   entonces  fue  una  penetración  o  registro  irregulares  que  estructuraron   un   acto   de   allanamiento   de   iniciativa   policiva   con  desconocimiento   y   atropello   de   todo   requisito   condicionante   de  su  validez”.   

No haber obtenido previamente los uniformados  orden  previa  de  un  fiscal,  la  que en su criterio seguramente no se hubiera  expedido  ante  la falta de elementos de juicio, constituyó también violación  del  artículo  28 de la Carta Política en relación con el derecho fundamental  a la libertad personal.   

En  procura  de  la demostración del cargo,  agrega,  basta  con  leer  el informe de policía por medio del cual se verifica  que  no  se  desplegó  ninguna  activad  de  inteligencia  o  investigativa que  precediera  al  procedimiento  que  reprocha,  pues la sola referencia de que se  recibió  una  información  no  es  suficiente  para  dar  viabilidad  al  acto  policivo,  a  lo que se suma las afirmaciones del procesado en el sentido de que  en  ningún  momento fue advertido por los uniformados sobre la realización del  allanamiento.   

Con  fundamento  en lo expuesto, solicita se  case    el    fallo    impugnado    y,    consecuentemente,    se   “profiera  fallo  estimatorio de sustitución según la preceptiva  legal  de  la  causal  invocada  que  excluya de la condena de prisión a HERNEY  VILLADA             MONTOYA”.     

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

Oportuno  se impone precisar que el presente  trámite  se  rige  de conformidad con la Ley 600 de 2000, habida cuenta que los  hechos  por  los  que se procede tuvieron ocurrencia el 20 de marzo de 2003 y la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual se dirige la impugnación se  profirió  el  30  de  agosto  de  2004,  es  decir,  bajo  la vigencia de dicha  normatividad.   

         

          De  conformidad  con  el  inciso  tercero  del  artículo  205 de la  referida  ley,  se  establece  que  esta  Sala, de manera excepcional y en forma  discrecional,  puede admitir la demanda de casación contra sentencias distintas  a  las  mencionadas  en  el  primer  inciso  de  dicha  norma, esto es, frente a  aquellas  “proferidas  en  segunda instancia por los  Tribunales  Superiores  de Distrito y el Tribunal Penal Militar, en los procesos  que  se  hubieren adelantado por los delitos que tengan señalada pena privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho años, aún cuando la sanción  impuesta     haya     sido     una     medida     de    seguridad”.   

Lo   anterior,   también   refiere  dicha  disposición,  a  solicitud  de cualquiera de los sujetos procesales y cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por la  ley.               

En  tal evento, la jurisprudencia de la Sala  ha  venido sosteniendo que se hace necesario que el demandante exponga, así sea  de  manera  sucinta  pero  clara, qué es lo que se pretende con la impugnación  excepcional,  debiendo señalar el derecho fundamental cuya garantía persigue o  el   tema   jurídico   sobre   el  cual  considera  se  hace  indispensable  un  pronunciamiento de autoridad por parte de esta corporación.   

También  se  ha  dicho  por  esta  Sala, en  relación  con  la exposición de los motivos que justifican el acceso a la vía  excepcional  de  impugnación,  que  en  ese  propósito  no es necesario que el  casacionista   exponga   fórmulas  sacramentales,  ni  que  elabore  un  aparte  específico  para  desarrollarlos,  pues  basta  con  que  puedan  deducirse del  contexto         de         la         demanda1.   

Pues  bien,  para  el  caso  que  concita la  atención,  se  tiene  que  el  defensor  de  los  procesados  acude  a  la vía  excepcional  del  recurso  extraordinario,  impugnando oportunamente un fallo de  segunda  instancia  que  si  bien  es  proferido  por  una  de  las  autoridades  judiciales  expresamente mencionadas en el primer inciso del artículo 205 de la  Ley  600,  no  así  procede  en  relación con un delito que, de acuerdo con la  misma  preceptiva,  satisfaga  el  requisito  de la pena máxima privativa de la  libertad  exigida  para  la viabilidad de la casación común, habida cuenta que  su  defendido  fue condenado por la conducta punible de tráfico, fabricación o  porte  de estupefacientes, prevista en el inciso segundo del artículo 376 de la  Ley  599  de  2000, la cual se sanciona con una pena de prisión de cuatro (4) a  seis                    (6)                    años                     de  prisión.                 

Lo anterior permite colegir que están dados  los  presupuestos  de  procedibilidad  para acceder al recurso extraordinario de  casación   por   la   vía   excepcional   que   propone  el  defensor  de  los  procesados.   

Ahora  bien,  en sustento de su pretensión,  como  se acopió en el acápite precedente, el actor invoca la causal primera de  casación,   pretextando   que  con  la  sentencia  impugnada  se  incurrió  en  violación  indirecta de la ley sustancial por error de derecho por falso juicio  de  legalidad con fundamento en que la prueba de registro voluntario al inmueble  residencia  del  procesado, llevada  a cabo por las autoridades de policía  y  que  permitió  la  incautación  del  estupefaciente,  no  cumplió  con  el  presupuesto   de   la   denominada   percepción   ex  ante,  entendida como el necesario despliegue de parte  de  estos  funcionarios, de labores de inteligencia previas de las cuales emerja  fundadamente  que  en  la  vivienda  se  realizan  actividades  delictivas, cuya  relación  debe aparecer necesariamente en el informe, no siendo suficiente para  dicho   procedimiento   con   referir  a  una  o  varias  llamadas  de  personas  indeterminadas.    Como   dicho   elemento   o  percepción  previa  no  se  configuró,  acota  el  censor,  era  indispensable  la  obtención de una orden  motivada  proveniente  de  la  autoridad  judicial  competente, en este caso del  fiscal, a que refería el artículo 294 de la Ley 600 de 2000.   

          

La jurisprudencia de esta Sala en múltiples  oportunidades  se  ha  referido  al  fenómeno  de  la  flagrancia, a partir del  estudio  de  sus  elementos  esenciales  y del trato especial que ha merecido de  acuerdo  con  la  legislación  de turno;  empero, el actor plantea un tema  que   suscita  gran  interés  y  sobre  el  cual  no  existe  mayor  desarrollo  jurisprudencial  no  obstante su enorme incidencia en los derechos fundamentales  de  la  libertad,  respeto a la propiedad privada, inviolabilidad de domicilio e  intimidad  consagrados  en  la Constitución Política como lo es, en efecto, la  realización  de  actividades  previas  de investigación que permitan fundada y  razonablemente  inferir  que es necesaria la práctica de la diligencia, bien se  trate  de  un  allanamiento  o  de  un  registro  voluntario,  pues lo contrario  otorgaría  patente  de  corso  para  que,  sin  elementos  de juicio serios, se  afectaran  los  derechos  referidos.   En ausencia de tales elementos, vale  decir,  dichos  funcionarios deben contar con una orden judicial expedida por la  autoridad  judicial competente, a voces no sólo del artículo 294 de la Ley 600  que  refiere  el  actor,  sino  de  la Constitución Política y de instrumentos  internacionales  ratificados  por el Estado colombiano que hacen parte del   denominado                               bloque                               de  constitucionalidad                        

Como esa pretensión se deduce del contenido  de  la  demanda  y  constituye  un  punto  sobre el cual no existe el suficiente  desarrollo  por  la  Sala, la decisión que corresponde adoptar es la de admitir  el  libelo y ordenar, en consecuencia, surtir traslado al Procurador Delegado en  lo  Penal  para  que  rinda  el  concepto  de conformidad con lo dispuesto en el  artículo         213        ibídem.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          ADMITIR    la   demanda   de   casación  discrecional   presentada  por  el   defensor  del  procesado  HERNEY  VILLADA  MONTOYA,  por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

           En  consecuencia,  se  dispone  correr  traslado  al Procurador Delegado, de conformidad con lo previsto en el artículo  213 de la Ley 600 de 2000.   

          Notifíquese y cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Véase,  entre otros, auto de fecha noviembre 18 de 2004, M.P. Dr. Herman Galán  Castellanos, rad. 22780.      

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