23312(07-04-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23312  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

Aprobada Acta # 022  

                               

Bogotá,  D.  C., abril siete (7) de dos mil  cinco (2005).   

VISTOS:  

          Resuelve  la  Sala  el conflicto negativo de competencias presentado  entre  el  Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Cundinamarca y el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de Soacha, a través del cual se niegan a  seguir  conociendo  del  proceso  seguido  contra LUZ ALEIDA RODRÍGUEZ VENEGAS,  FRANCISCO  ANTONIO  GONZÁLEZ LÓPEZ, CARLOS JULIO GARCÍA, LUIS SIMÓN TOBARÍA  MUÑOZ  y LUIS ALBERTO GARNICA RUBIANO, acusados de la comisión del concurso de  conductas  punibles  de  secuestro  simple,  hurto calificado y agravado y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

ANTECEDENTES:   

1.  Por  hechos  ocurridos  el  21  de  marzo de 2003 en Soacha, la Fiscalía 42 Especializada de  esa  localidad  mediante providencia de septiembre 15 de 2003 dictó resolución  de  acusación  contra los procesados antes mencionados como presuntos coautores  de  las  conductas  punibles  ya  referenciadas,  pronunciamiento  que  el 22 de  octubre  siguiente  confirmó la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Cundinamarca  al  resolver  el  recurso de apelación interpuesto por uno de los  defensores.   

2.  El  Juzgado  Primero   Penal   del   Circuito   Especializado   de  Cundinamarca  asumió  el  conocimiento  del  asunto el 11 de diciembre de 2003  y  adelantó las  audiencias  preparatoria  y de juzgamiento, habiendo finalizado la última el 29  de  septiembre  de 2004, pero sin dictar sentencia, ordenó enviar el proceso al  Juzgado  Penal  del Circuito de Soacha por competencia, proponiéndole conflicto  negativo  en  el  caso  de  no  aceptar  sus razonamientos, los cuales se pueden  resumir así:   

2.1. La Ley 906 de  2004  que  entró  a  regir  a  partir  del 1° de enero de 2005 dispuso que los  Jueces  Penales del Circuito Especializados conocieran de las conductas punibles  descritas  en  el  artículo  34,  variando  así  la  competencia que se había  asignado  a  esos despachos judiciales en el artículo 14 de la Ley 733 de 2002,  además  que  en  sus  artículos 6º y 533 estableció que sus disposiciones se  aplicarían  única  y  exclusivamente para las investigaciones y el juzgamiento  de  los delitos cometidos con posterioridad a su vigencia, lo cual significa que  el  nuevo sistema no se utiliza para aquellos procesos que se venían tramitando  bajo  la  Ley  600 de 2000, los cuales dicho sea de paso siguen su curso por ese  procedimiento,  sino para los delitos que se cometan con posterioridad al 1° de  enero del presente año.   

Las  disposiciones  que  se  aplican  a  los  procesos  que  nacen  con posterioridad a la vigencia de la Ley 906 de 2004, son  las  relativas  al  procedimiento acusatorio que a través de dicha normatividad  se  implantó  en  el  país  y  no  lo referente a la competencia, toda vez que  cuando  una  nueva  disposición modifica el conocimiento de los procesos, “la  readjudicación  funcional  se  produce  a  partir de la existencia jurídica de  dicha  normatividad”, pues el artículo 40 de la Ley 153 de 1887 establece que  las  disposiciones  de  tal  naturaleza  tienen  un  efecto general e inmediato.   

2.2.  La  nueva  normatividad  procesal  se aplica en algunos Distritos Judiciales, fijándose el  1°  de  enero  de  2007  como  el  momento  en que entrará a regir para los de  Antioquia,   Florencia,   Ibagué,   Neiva,  Pasto,  Popayán,  Villavicencio  y  Cundinamarca,  con  la significación que aún respecto de los delitos cometidos  con  posterioridad  al  1°  de  enero  de  2005 en cualquiera de esos distritos  judiciales  y  otros, la investigación y juzgamiento deberá seguir bajo la Ley  600  de  2000, pero lo relativo a la competencia debe ceñirse a lo dispuesto en  la Ley 906 de 2004 y entrar a aplicarse desde ya.   

Como  en  el caso a examen se procede por la  conducta  punible  de  secuestro simple y por conexidad con las demás imputadas  en  la  resolución  de  acusación  y  aquella  no es ya de conocimiento de los  Jueces  Penales  del  Circuito Especializados, en virtud de la cláusula general  de  competencia  establecida en el numeral 2° del artículo 36 de la Ley 906 de  2004 ordenó enviar el asunto al municipio de Soacha.   

3.  El  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  ese  lugar, mediante auto del 8 de febrero de  2005,  admitió el conflicto y, en lo esencial, fundamentó su desacuerdo en los  siguientes argumentos:   

3.1. El artículo 40  de  la  Ley  153 de 1887 señala, en efecto, que las normas relacionadas con las  ritualidades  procesales  y las que versan sobre jurisdicción y competencia son  de aplicación inmediata.   

3.2. De la lectura  del  artículo  52  del  Código  de  Régimen  Político  y  Municipal se puede  determinar  que  las  leyes no tienen vigencia sino dentro de los extremos de su  promulgación  y su derogación, “y dentro de este encontramos la actividad de  la  Ley.  Regla  general  que nos enseña que las reglas rigen para el futuro su  vigencia tiene lugar desde que se promulga”.   

3.3.  El artículo  533  de  la  Ley  906  de 2004 establece que el citado estatuto procesal regirá  para  los delitos  cometidos con posterioridad al 1° de enero de 2005; los  casos  de  que  trata  el  numeral  3º  del  artículo  235 de la Constitución  Política  continuarán  su  trámite  por  la  Ley  600  de  2000;  y,  que los  artículos  531  y 532 del presente Código entrarán en vigencia a partir de su  publicación.   

3.4.  Lo  anterior  significa  que  el nuevo Código regirá la gestión procesal para las conductas  punibles  sucedidas  luego  del  1°  de  enero de 2005, y sólo es aplicable de  acuerdo  con  su  artículo 530 en los Distritos Judiciales de Armenia, Bogotá,  Manizales  y  Pereira,  por  tanto ni para el Juzgado Primero Penal del Circuito  Especializado  de  Cundinamarca  ni  para  el  despacho  judicial colisionado ha  entrado en vigencia la Ley 906 de 2004.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE:   

La  Corporación  tiene  competencia  para  solucionar  el  conflicto cuyos extremos dialécticos quedaron expuestos, según  lo   dispone  el  inciso  2º  del  artículo  18  transitorio  del  Código  de  Procedimiento   Penal   de  2000,  y  lo  hará  de  acuerdo  a  los  siguientes  planteamientos:   

1.  La  ley 600 de  2000,  en  vigencia de la cual sucedieron los hechos que son objeto del proceso,  le  otorga  a  los Jueces Penales del Circuito Especializado la competencia para  conocer  del delito de secuestro simple, mientras que la ley 906 de 2004, por la  cual  se  reguló  el sistema procesal penal acusatorio que se adoptó a través  del  Acto Legislativo 03  de 2002, le asigna su conocimiento a los Juzgados  Penales del Circuito ordinarios.   

2.  La definición  del  conflicto  implica  determinar, entonces, si la cláusula de competencia de  la  nueva  ley  de enjuiciamiento criminal tiene vigencia general inmediata o si  en   atención   a   la  categoría  del  cambio  procesal  que  se  operó,  el  Constituyente  fijó  desde el Acto Legislativo unas reglas de vigencia que sean  las  llamadas  a  resolver  el tema de la ley procesal aplicable respecto de las  conductas punibles cometidas antes del 1º de enero de 2005.   

3. La gradualidad o  implementación  paulatina  del  nuevo  sistema  de  procedimiento  penal fue el  mandato asumido por el Constituyente derivado.   

“El presente Acto  Legislativo  –dijo  en  el  artículo 5º de la reforma constitucional—   rige  a  partir de su aprobación, pero se aplicará de acuerdo con la gradualidad que  determine    la    ley   y   únicamente  a  los  delitos  cometidos con posterioridad a la vigencia que en  ella  se  establezca.  La  aplicación  del  nuevo  sistema  se iniciará en los  distritos  judiciales  a  partir  del  1º  de enero de 2005 de manera gradual y  sucesiva.  El nuevo sistema deberá entrar en plena vigencia a más tardar el 31  de diciembre del 2008”.   

4. El desarrollo de  esa  disposición  corrió  por cuenta de la ley 906 de 2004, que con fundamento  en  los  criterios relacionados en su artículo 529, decidió comenzar a aplicar  el  sistema  a  partir  del  1º de enero de 2005 en los Distritos Judiciales de  Armenia,  Bogotá,  Manizales  y  Pereira; y determinó implantarlo a partir del  1º  de  enero  de  2006  en  los  Distritos  de  Bucaramanga,  Buga, Cali,  Medellín,  San Gil, Santa Rosa de Viterbo, Tunja y Yopal; desde el 1º de enero  de  2007  en Antioquia, Cundinamarca, Florencia, Ibagué, Neiva, Pasto, Popayán  y  Villavicencio; y, por último, desde el 1º de enero de 2008 en los Distritos  Judiciales  de  Barranquilla,  Cartagena, Cúcuta, Montería, Quibdó, Pamplona,  Riohacha,  Santa  Marta,  Sincelejo,  Valledupar  y en los demás que llegaren a  crearse.   

5.   No  alberga  ninguna  duda  la Corte, por lo tanto, sobre el hecho de que en la actualidad el  Código      de      Procedimiento      Penal      de      2004     sólo   es  aplicable  en  los  Distritos  Judiciales  de  Armenia,  Bogotá,  Manizales  y  Pereira,  respecto  de delitos  cometidos  a  partir  del  1º  de  enero  de  2005,  como  se  colige de manera  incontrovertible  luego de revisar los artículos 5º del Acto legislativo 03 de  2002, y 530 y  533 del Estatuto Procesal.   

En  los demás casos, es decir, en todos los  relacionados  con  delitos  cometidos  antes  del  1º  de  enero  de  2005, con  independencia  del  lugar  de  su  ejecución, y los perpetrados de esa fecha en  adelante  en  Distritos  Judiciales  distintos  a aquellos donde se implantó el  sistema,  rige  la ley 600 de  2000 y naturalmente las normas de competencia allí establecida.   

6. Así las cosas,  como  en  el  asunto  examinado  los hechos  de  los  cuales  se  ocupa la actuación acontecieron antes del 1º de enero de 2005 es evidente  que  la  ley  procesal  aplicable  es  la  600 de 2000, simplemente porque es la  decisión que adoptó el Constituyente de 2002.   

Se  asignará su conocimiento, por lo tanto,  al   Juzgado   Primero   Penal   del  Circuito  Especializado  de  Cundinamarca.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:   

DIRIMIR el conflicto  de  competencias planteado, asignando el conocimiento de este proceso al Juzgado  Primero  Penal  del Circuito Especializado de Cundinamarca, a donde se remitirá  la actuación para lo de su cargo.   

            

Comunicar  lo  aquí  decidido  al  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Soacha,  remitiéndole  copia  de la presente  decisión.   

En  contra  de  esta  decisión no procede  ningún recurso.   

CÚMPLASE.   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                         HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                             ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                       

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN              JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                     MAURO SOLARTE  PORTILLA                                      

Adición            de  voto                                                           No hay firma   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

ADICIÓN DE VOTO  

        Atendiendo  de  mi parte por primera vez pautas trazadas desde hace  rato  por  la Sala de ir perfilando criterios jurisprudenciales que sirvieran de  auxilio    al   juez   nacional   en   la   interpretación   del   sistema  acusatorio  colombiano  adoptado  por   el   Acto   Legislativo   03   de   2002,   incluí  algunas  reflexiones en el texto original que, en  votación  5-4, se decidió  ahora  excluir  pretextando  su  calidad  de  óbiter  dicta con clara afrenta a  aquella  iniciativa  y recientes decisiones, cabriola hegeliana que no puede dar  el  traste  con  aportes  serios  que  hago en la firme convicción de construir  inclusive  planteando  discrepancias con algunas providencias dictadas al amparo  de  las  referidas pautas que, aunque bien intencionadas, es posible que atenten  contra    la    eficacia   jurídica   y   social   de   la    política  pública  acogida en el   Acto  Legislativo  en  cita,  cambio de parecer al que me opuse con el argumento  del  vate de “podrán matar las flores más bellas del jardín pero no podrán  impedir que llegue la primavera”, y que materializo así:   

1.  Es propio  de  una  sociedad  en  cambio  característica  de  regímenes democráticos, la  existencia  de  ordenamientos  jurídicos de carácter dinámico que trascienden  de  su  esfera natural para entrar de lleno en la política y social, e implican  evolución    materializada    en    sucesión    de  leyes, las que tienen existencia y aplicación durante  el  período  de  su  vigencia  que  abarca  desde  la  promulgación  hasta  la  derogación,     y     en     donde     el     principio     de     irretroactividad  es manifestación del de  legalidad  penal,  máxima  expresión  de la seguridad jurídica, sólo a ceder  por  la  aplicación  retroactiva o ultraactiva de norma de similar estirpe más  favorable.   

         2.  Ha  entrado  a  regir  en el país una  nueva  manera  de  gestión  procesal  penal llamada desde los constituyentes de  1991,    la    jurisprudencia    y    la   doctrina   nacionales,   sistema          acusatorio          colombiano         característico   porque  si  bien  sigue  las  pautas  del  patrón  internacional              –especialmente  las  llamadas  Reglas Mínimas de las Naciones Unidas  para  el  procedimiento  penal  o  “Reglas  de  Mallorca”-  y el pensamiento  jurídico-procesal   penal   globalizado,  también  ha  sido  estructurado  con  abundante  contribución de la riqueza jurídica vernácula, que demanda para su  buen    suceso    en    todos   los   ámbitos   de   pensamiento   –juez,    intervinientes,   sociedad,  doctrinantes-    un    rotundo    cambio de visión-misión, de cultura y de mentalidad.   

3. Dígase también  que   en   el  propósito  de  esclarecer  el  sentido  de  una  norma,  resulta  indispensable    la    hermenéutica   de   su   exégesis   pero   –lo  que  es más importante-, además,  su  interpretación  finalista  y  sistemática  en  la  que resulta precioso el  espíritu  del  constituyente  y del legislador, la fuerza de la razón y, en el  campo      ya      de      la      praxis     judicial,     los     moduladores  de  su  actividad  (art.  27  cpp-2004),        especialmente        el        de        la       ponderación1   “para   evitar   excesos  contrarios  a  la  función  pública,  especialmente  a la justicia”, pues al  alero   de   un  cambio  procesal  revolucionario  dispuesto  como  política  pública  para  atacar de mejor  manera  el  fenómeno  delictivo,  no  se  puede  abrigar una especie de jubileo  criminal,  que a la manera de la condena condicional en su tiempo asimilada a la  postre  al  derecho  a  delinquir  por  primera  vez,  se  convierta  en cómodo  expediente   burocrático   bueno   tan  solo  para  aligerar  los  presupuestos  carcelarios.   

4.  Colombia quiso  adoptar  ese  sistema  de  gestión  de procesos penales a nivel de Constitución  Política fijándole marcos  precisos  en  tiempo (a partir  del  1º  de  enero  de  2005)  y  espacios  (en  los  Distritos  Judiciales  de  Armenia, Bogotá, Manizales y  Pereira),   traducidos   a   lenguaje  de  gradualidad  en  su  vigencia dando lugar a un trato diferente pero  no discriminante (mucho menos  discriminante       peyorativo)       y      conocido      por      todos     los    residentes    en    el  país2,  y  que  el  Tribunal  Constitucional  declaró  exequible  con la  modulación        de        su       aplicación  irretroactiva3   

entendida en lo atinente a lo vertebral  de  la  nueva sistemática que,  además,  por su rango resulta invulnerable  a cualquier pretensión legal de decaimiento.   

5. La articulación  dinámica  de  ese  sistema  dice  que  lo  integran  las  normas del Acto Legislativo 03 de 2002 y las leyes  dictadas        para       su       desarrollo4,     además    de   la  infraestructura  necesaria  para  su  implementación,  conforme  lo señaló la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  C-873  de  2003.  Y  el  método de su  implantación o dinámica del  proceso  mediante  el  cual  se  deberá  dar  eficacia  jurídica y social a la  reforma  constitucional,  fue  el  de  la  gradualidad  (art. 5º transitorio del Acto Legislativo), medida de  política  criminal  –como  la   calificó   el   Tribunal   Constitucional  en  el  pronunciamiento  atrás  citado—   que  lleva  a  tres       etapas  distintas:   

“(i)  Entre  el  momento de la aprobación del Acto Legislativo y el 1º  de    enero   de   2005,   regirá   el   sistema   preexistente;   (ii) entre el 1º de abril de 2005 y el 31  de  diciembre  de  2008, se presentará una etapa de transición durante la cual  coexistirán  los  dos sistemas en distintas regiones del territorio nacional; y  (iii)  a  partir  del  31 de  diciembre  de  2008,  deberá estar en ‘plena        vigencia’  el  nuevo  modelo  acusatorio  de  procedimiento  penal en todo el  país”5.     

Así,  pues,  el  referido Acto Legislativo  existe y cobró vigencia            –rige—   a  partir  de  su  aprobación  en  diciembre    de    2002,    aunque    su    eficacia  jurídica6  o aplicación la moduló el Constituyente  en  el sentido de que si bien comenzaría a surtir efectos jurídicos inmediatos  en  relación  con  la  conformación de una comisión encargada de preparar los  proyectos  de  ley  necesarios  para  desarrollarla  y el establecimiento de las  fechas      de      inicio     y     culminación     de     su     implementación,   otros  efectos  fueron  diferidos  en  el tiempo, como la desaparición del anterior sistema procesal, o  excluidos,  como  es  el  caso  de  la  prohibición expresa de aplicar el nuevo  sistema a hechos anteriores al 1º de enero de 2005.   

Es claro, entonces, que el Acto Legislativo  No.  03  de  2002  y  el  Código  de  Procedimiento  Penal de 2004 sólo        son        aplicables  –  con     contadas            excepciones,  algunas  de las cuales se detallarán adelante- en los  Distritos  Judiciales  donde  se introdujo el sistema acusatorio el 1º de enero  de  2005  y respecto de delitos cometidos a partir de esa fecha, mientras que en  los  demás,  rigen  la  ley  600  de  2000  y  el  Código Penal del mismo año  sin  el  aumento  general de  penas    ordenado    por    la    ley    890    de   2004,   cuya   aplicación   es   dependiente   de   la  vigencia  del  sistema,  de  conformidad  con  las  siguientes  razones:   

5.1.   El  constituyente   derivado  decidió  en  el  artículo  4º  transitorio  del  Acto  Legislativo 3 de 2002,  conformar   

“una  comisión  integrada por el Ministro de Justicia y del  Derecho,  el  Fiscal  General  de la Nación, quien la presidirá, el Procurador  General  de  la  Nación,  el Presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  el  Defensor  del  Pueblo,  el  Presidente del Consejo Superior de la  Judicatura,  o  los  delegados  que  ellos  designen,  tres  Representantes a la  Cámara  y  tres  Senadores  de  las  Comisiones Primeras, y tres miembros de la  Academia  designados  de  común  acuerdo  por  el Gobierno y el Fiscal General,  para  que,  por conducto de  este  último,  presente a consideración del Congreso  de  la  República  a  más  tardar el 20 de julio de 2003, los proyectos de ley  pertinentes  para  adoptar el nuevo sistema y adelante  el seguimiento de la implementación gradual del sistema”.   

Así mismo le otorgó como plazo al Congreso  hasta  el  20  de  junio  de  2004  para  la  expedición de esas leyes y, de no  hacerlo,  revistió de facultades extraordinarias al Presidente de la República  durante dos meses para proferirlas.   

Y    dentro    de    las   normas  necesarias  al  nuevo  sistema que  podrían  ser  expedidas,  se  relacionaron en la disposición constitucional la  modificación o adición   de   los  cuerpos  normativos  correspondientes  incluidos  en  las leyes estatutarias de la administración de  justicia  y   de  hábeas  corpus,  los  Códigos  Penal,  de  Procedimiento  Penal y Penitenciario, y el  Estatuto Orgánico de la Fiscalía.   

5.2. Con apoyo en  ese   precepto  superior,  el  Fiscal  General  de  la  Nación  radicó  en  la  Secretaría  General  del  Senado  de  la  República un proyecto de reforma del  Código   Penal  y  en  la  exposición  de  motivos, en lo concerniente a la propuesta de aumento de penas,  plasmó el siguiente argumento:   

“Atendiendo   los   fundamentos   del  sistema  acusatorio,  que  prevé  los  mecanismos  de  negociación      y      preacuerdos,  en  claro  beneficio  para  la administración de justicia y los  acusados,   se   modificaron  las  penas  y  se  dejó  como  límite  la  duración máxima de 60 años de  prisión,  excepcionalmente,  para  los  casos  de concurso y, en general, de 50  años”.   

5.3.  Importa  recalcar,  entonces,  que la reforma del Código Penal  tuvo   como   punto   de   partida   la  autorización   constitucional  para  la  expedición  de  las leyes que fueran necesarias para  la  puesta  en  marcha  del  sistema  acusatorio, cuya  iniciativa  se  dejó  en  manos  de  la Comisión Constitucional que se ordenó  conformar  para  la  redacción  de  los  proyectos de ley pertinentes, y que el  Fiscal  General  presentó al Congreso en el marco del artículo 4º transitorio  del  Acto  Legislativo, como lo entendieron también los Senadores que rindieron  el informe para primer debate:   

“Para  el  grupo de ponentes –es   lo   que  expresaron—, la presentación del Proyecto de Ley  Estatutaria  número  01 de 2003 (Senado), por la cual se modifica y adiciona el  Código  Penal,  tiene  como  punto  de  partida obligatorio el Acto Legislativo  número   003   de  2002  en  los  términos  ya  referidos,  pues  la  iniciativa  que ha sido presentada al  Congreso  es, precisamente,  el  resultado  de  la  actividad  desarrollada por la  referida   Comisión  Especial  para  armonizar  la  legislación  penal  a  las  características  del sistema acusatorio que fue objeto de la reforma a la Carta  Política.  De lo que se trata ahora es de presentar a  consideración  de  los  miembros de la Comisión Primera un proyecto de ley que  señale  con  claridad  los  puntos del Código Penal que deben modificarse para  adoptar el nuevo sistema”.   

Los  Parlamentarios,  antes  de abordar esa  tarea,         se         preguntaron        sobre        la        competencia de la Comisión para reformar  el  Código  Penal  y  proporcionaron  como  respuesta  una que anticipa que las  enmiendas  y adiciones a ese estatuto finalmente aprobadas por el Congreso de la  República,  al  igual  que  el  Código  de  Procedimiento  Penal, irían  a  aplicarse  gradualmente en los  Distritos   Judiciales   que   fueran   incorporando   el   sistema  acusatorio.   

“El  citado  texto  del artículo 4º del  Acto   Legislativo   003   de   2002  –afirmaron—  señala  con  claridad que la modificación y adición  de  los  cuerpos normativos correspondientes, incluidos  en  la  ley estatutaria de la administración de justicia, la ley estatutaria de  hábeas  corpus, los Códigos Penal, de Procedimiento Penal y Penitenciario y el  Estatuto   orgánico   de  la  Fiscalía,  tienen  el  propósito  exclusivo  de  adoptar el remozado sistema de procedimiento penal y,  por  tanto,  las  disposiciones  que  pueden  ser  objeto de valoración en esta  oportunidad  deben  guardar  relación  directa  con  aquellos asuntos que en el  Código  Penal  aluden  a  aspectos que permiten el cabal desarrollo del sistema  acusatorio.  Esta  conclusión,  a  la que también se  arribó  en  una reunión sostenida por los representantes de todos los ponentes  y  el  grupo asesor de la Fiscalía, resulta fundamental a la hora de establecer  el  contenido propio del proyecto de modificación del Código Penal, pues de lo  que  se  trata  es  de ejercer una serie de facultades que, no obstante su rango  constitucional,  fueron  especificadas  en  el  propio  acto legislativo que las  confiere  y  señalan el alcance de las iniciativas que pueden presentarse en la  materia”.   

         

Con   fundamento   en   las   anteriores  precisiones,   los  Senadores  Ponentes  advirtieron  que  el  proyecto  de  ley  presentado  por  el  Fiscal  General  contenía  una  serie de disposiciones que  excedían el ámbito de competencia de la Comisión Especial:   

“La   iniciativa   original   contiene  disposiciones  que  no  se  limitan  a reformular los aspectos procedimentales y  sustanciales   que   hacen   parte  del  Código  Penal  a  la  luz  del  cambio  constitucional  verificado.  No,  adicionalmente se presenta una serie de normas  que  introducen cambios a instituciones generales del derecho penal  (v. g.  la  imputabilidad),  varían  la manera como se castigan los actos preparatorios  del  delito  (v.  g.  el  concierto  para delinquir), o redefinen las diferentes  modalidades  de  ampliación  de  la  responsabilidad  penal  (el  concurso y la  tentativa).  Adicionalmente,  se  crean  capítulos  que  consagran nuevos tipos  penales  en  respuesta  a  diferentes  formas  de  criminalidad  propias  de las  sociedades   contemporáneas  que  no  tienen  relación  con  la  necesidad  de  fortalecer  el  sistema acusatorio (v. g. conductas relacionadas con los delitos  telemáticos,  los  delitos  contra  el  patrimonio  arqueológico  y las nuevas  formas de reproche frente al contrabando o el lavado de activos).   

“La  comisión  de  Ponentes –sigue      la     cita—    reconoce   la   importancia   de  desarrollar  una reflexión seria acerca de la manera como la legislación penal  sustancial  responde  a  los  retos  que imponen diferentes actores armados a la  comunidad.  Dicha labor puede guardar relación con la necesidad de crear nuevos  delitos  o  replantear la forma como deben aplicarse ciertos principios rectores  del  derecho  penal.  Sin  embargo,  el  marco  de la  competencia  expresamente  definida  por  el  constituyente  en esta oportunidad  está       relacionado       con      aspectos      puntuales      –de     carácter     marcadamente  procesal—  que  limitan  excepcionalmente   la   libertad   de  configuración  del  Congreso  y  desplazan la discusión de ciertos asuntos al contexto de otros  proyectos  de ley. Así, del  proyecto  original  sólo  se dejan los artículos que guardan íntima relación  con      la      implementación      del     sistema     acusatorio”.   

Dentro de ellos, los que intensificaban las  sanciones  para  delitos  de gran impacto social y el tope máximo de la pena de  prisión,   propuestas  respaldadas  en  la   Ponencia  bajo  el  siguiente  argumento:   

“La razón que sustenta tales incrementos  está  ligada con la adopción de un sistema de rebaja  de   penas   (materia   regulada  en  el  Código  de  Procedimiento   Penal)  que  surge  como  resultado  de  la  implementación  de  mecanismos          de         ‘colaboración’   con  la  justicia  que  permitan  el  desarrollo  eficaz  de  las  investigaciones  en  contra  de  grupos  de  delincuencia organizada y, al mismo  tiempo,   aseguren   la   imposición   de  sanciones  proporcionales  a  la naturaleza de los delitos que se  castigan”.   

5.4.  Ya  en  el  debate  parlamentario  precisaron  algunos de los ponentes en sus intervenciones  que  las  facultades  otorgadas  en  el Acto Legislativo a la Comisión Especial  presidida  por  el  Fiscal General de la Nación debían analizarse con criterio  restrictivo   y  en  esa  medida  limitar  el  trámite del proyecto de reforma al Código Penal a  lo  estrictamente  indispensable para poner en marcha el sistema  acusatorio.   

El   Senador   Carlos   Gaviria   Díaz  apuntó:   

“Esta  no  es  una iniciativa legislativa  cualquiera,  sino  que  es una iniciativa legislativa  que  deriva del artículo 4º del Acto Legislativo número 3 de 2002 que concede  esta  iniciativa  legislativa  es  con un fin determinado, circunscrito a que se  pueda  instrumentar  el  sistema acusatorio y por tanto  no  se  trataba  de  que nosotros no pudiéramos legislar o proponer reformas al  Código  de  cualquier  manera,  sino  en  el sentido y con la finalidad precisa  señalada en el Acto Legislativo 3 de 2002”.   

Sugirió   el   grupo   de  ponentes,  en  consecuencia,  desacumular  de  la  iniciativa  los  temas  no  vinculados  a la  implementación  del  sistema  acusatorio  dejando  reducido  el  articulado del  proyecto  a  sólo 11 normas.  Y  se  votó  la proposición  y la aprobó la Comisión Primera del Senado  de la República por unanimidad.   

Es  evidente,  pues,  que  el  proyecto de reforma del Código Penal que  admitió     tramitar     el     Congreso    quedó  circunscrito  exclusivamente a ciertos temas que en su  sabiduría  los  parlamentarios consideraron necesarios para la puesta en marcha  del  proceso penal acusatorio acogido por el Constituyente de 2002. Uno de ellos  fue   el   aumento   general   de  penas   que   se   adoptó   finalmente   en  el  artículo  14  de  la  ley  890 de 2004 –que se impuso sobre la idea inicial de  incremento    parcial—,  claramente  asumido  como  necesario  para  el  funcionamiento del nuevo sistema  procesal,     dadas     las    múltiples    posibilidades    de    rebaja  de  la  sanción  previstas en el  mismo,  como  se  desprende  de las intervenciones que se produjeron en el marco  del primer debate que se le dio al proyecto de ley.   

El Senador Héctor Helí Rojas, por ejemplo,  al  referirse  a  la disertación que recién había efectuado el Senador Darío  Martínez  Betancourt,  en  la cual dejó constancia sobre la intranquilidad que  le   generaba   fijar   la   pena  de  prisión  máxima   en  60 años, expresó:   

“Yo  tenía  la  misma  preocupación del  Senador  Martínez  en  relación  con  las  penas,  el  aumento  de  las  penas  obviamente  cuando  le hablan a uno de penas de 60 años en su máximo cuando se  trata  de  concurso  de  hechos punibles, pues eso genera resistencia en quienes  siempre  hemos  creído  que  la  pena debe tener funciones rehabilitadoras y no  sólo  vindicativas  o  expiatorias  y  en consecuencia dice pues una pena de 60  años  pues  nunca  se  va  a  pagar,  nunca  va  a  implicar  rehabilitación o  resocialización  y  queda  simplemente  como una pena expiatoria, pero aquí lo  que  habría  que  decir es que en el Código de Procedimiento Penal seguramente  tiene  que  ir un sistema de graduación de las penas que cambie sustancialmente  por  lo  que  sustancialmente  cambió  la función de la Fiscalía que ahora no  practica   pruebas,   que   ahora  no  cumple  funciones  judiciales  y  que  en  consecuencia  va  a  significar  que  haya  muchas posibilidades de negociación,     de     acuerdos entre los sujetos procesales con  miras  a  obtener un resultado aceptable y el proyecto también lo trata, una va  a   ser   la   situación  de  aquel  que  se  someta  a  que  el Estado investigue desde un comienzo y sólo  contra  el  sindicado,  contra  la defensa logre demostrar la responsabilidad, y  otro   el  de  aquellos  que  colaborando  con  la  justicia  o  haciendo  acuerdos  con   la  justicia  logren  solucionar  su  causa  en  menos    tiempo,    con  menos   recursos,   con  menos esfuerzo por parte del  Estado”.   

         El  Senador  Rodrigo  Rivera Salazar respondió a la misma inquietud  del doctor Martínez, en los siguientes términos:   

“…no se trata de un proyecto de aumento  de  penas,  sino de equilibrar en lo sustancial lo que ya por la implementación  del   sistema   acusatorio   se   desequilibró  en  lo  procesal,  el  sistema  acusatorio  es  un  sistema  básicamente de rebaja de  penas  y  de otorgamiento de beneficios y de negociación y de acuerdos entre la  Fiscalía  y  la  defensa  y  por  lo  tanto  en  su  concepción  el sistema se  desequilibra   por   lo   bajo,   si   no  hiciéramos  este  ajuste  Senador  Darío  Martínez,  le  quedaríamos debiendo penas a los  delincuentes,  quedarían  ellos con una cuenta, una especie como de cuenta a su  favor  para  delinquir  en  el  futuro  y  que se le perdonen los delitos porque  el  sistema  está  concebido  de  esa  manera, es un  sistema  de  rebaja  de  penas, un sistema de preacuerdos, de negociación entre  Fiscalía  y  defensa  y  la única manera de equilibrarlo para hacerlo serio es  que  se trabaje en lo objetivo, es decir, en la reforma  del  Código  de  Procedimiento  Penal  para materializar las pretensiones y los  instrumentos   del   sistema  acusatorio   pero   también  trabajemos  en  lo  sustancial,  de  manera  que  se  incrementen las penas para que el Estado no quede  indefenso,     para     que    el    Estado    no    quede    inerme”.   

5.5.   En  la  Ponencia  para  segundo  debate  del  proyecto,  en  la  cual  se  enfatizó  la  íntima relación existente  entre  su  articulado y la implementación del sistema  acusatorio, y en la cual se propuso un aumento general  de  las  penas  mínimas y máximas de las conductas punibles contempladas en el  Código  Penal para mantener  una        proporcionalidad       sancionatoria  razonable entre todas ellas, se propuso   

“la  modificación  de  la  vigencia  del  proyecto  con  el propósito de ajustarlo a lo señalado por el Acto Legislativo  03  de  2002  y,  en  consecuencia,  se  establece  que la presente ley  empezará  a  regir  a  partir     del     1º     de     enero     de     2005”.   

Sin ninguna duda el  fundamento de esa  sugerencia  tuvo  como  causa  la precisión hecha por el Senador Germán Vargas  Lleras  al  finalizar  el  primer  debate   del proyecto de reforma. La ley  regiría,   según   el   artículo  13  aprobado  en  esa  oportunidad,  “a  partir  del  momento  de  su  promulgación”,  y  al  respecto el parlamentario expresó:   

“Una observación que me acaban de hacer y  que  me  parece  pertinente, se habla de que la vigencia de este proyecto de que  las  disposiciones  entrarán a regir a partir de su promulgación, las  observaciones  válidas  es  que estas normas han de empezar a  regir   cuando   entre   a   regir   el   sistema,   no   cuando   la   ley  sea  sancionada,  con  esta  observación  Presidente yo le  rogaría    que    en    el    artículo    sobre    vigencia    se    haga   la  precisión”.   

5.6.  Ni  los  fundamentos  del  proyecto  de  ley  ni  el  entendimiento sobre su vigencia,  coherente con la previsión de  la     reforma     constitucional    sobre    la    entrada    a    regir  del  sistema acusatorio, sufrieron  ninguna  variación  como  consecuencia de las discusiones que tuvieron lugar en  la Cámara de Representantes.   

Los Parlamentarios que rindieron el informe  para  primer  debate  ante  su  Comisión  Primera  Constitucional,  en  efecto,  expresaron con toda claridad que   

“A  partir de la discusión y aprobación  de  la  iniciativa en la Comisión Primera y en la Plenaria del Senado, en cuyos  debates     reglamentarios     se     hizo     una     juiciosa     depuración  del  texto para adecuarlo al  propósito  del Constituyente  derivado  de  que el Congreso  de  la  República  adoptara la normatividad vigente a  la  implantación  progresiva  del  nuevo  sistema  de  juzgamiento  en  materia  criminal,   en   la   medida   en   que   la  reforma  constitucional  preservó  la  competencia  del legislativo para cumplir con esa  finalidad,  los aquí ponentes consideramos necesario  precisar   si  el  articulado  aprobado  en  los  dos  primeros  debates  guarda  correspondencia  con  aspectos  que  en el Código Penal aludan o se refieran al  cabal  desarrollo  del  sistema acusatorio, teniendo en  cuenta   que   el   marco   de  la  competencia  expresamente  definida  por  el  Constituyente  en  esta  oportunidad  está  relacionado  con aspectos puntuales  –de carácter marcadamente  procesal—  que  limitan  excepcionalmente  la  libertad  de  configuración  del  Congreso y desplazan la  discusión   de   ciertos   asuntos   al   contexto   de   otros   proyectos  de  ley.   

“Así  pues,  el  texto  aprobado  por el  Senado  está  conformado,  por  una  parte,  por  una  serie  de  disposiciones  relativas  a  la  dosificación  de  la  pena,  por otra parte a la creación de  nuevos  tipos  penales  o  a la modificación o adición de los existentes, y en  tercer  lugar  por  la modificación parcial de las disposiciones vigentes sobre  libertad   condicional   y  suspensión  de  la  ejecución  condicional  de  la  pena.   

“El primer grupo  de  normas, que corresponde a los artículos 1º, 2º,  3º,  4º  y  9º  (aumento  general  de penas), está  ligado  a  las  disposiciones  del  estatuto procesal penal de rebaja de penas y  colaboración  con la justicia, que le permitan un adecuado margen de maniobra a  la  Fiscalía,  de  modo  que  las  sanciones que finalmente se impongan guarden  proporción  con  la  gravedad  de  los  hechos, y a la  articulación  de  las  normas  sustantivas  con la nueva estructura del proceso  penal”.   

         Sobre la vigencia de la ley afirmaron:   

“Finalmente,   de   acuerdo   con   la  previsión  de  la  reforma  constitucional        sobre        la        entrada       en       vigencia    del   nuevo   sistema,   la  entrada  en  vigor  de  la  presente  ley  no debe ser a  partir  de  la  fecha de su sanción, sino del 1º de enero de 2005”.   

En el curso de los debates el Representante  Germán     Navas     Talero,    del    grupo    de    ponentes,    insistió  en  la  vinculación  entre el  incremento  de  penas  y la  puesta  en marcha del sistema  acusatorio,  y  el  Vicefiscal General de la Nación, por si quedara alguna duda  sobre  la  razón  de  la ley, dijo ante la Plenaria de la Cámara en el último  debate del proyecto:   

“El      actual      proyecto   de   ley,  insisto  hasta  la  saciedad,  únicamente tiene  una  justificación y una explicación: permitir poner  en  funcionamiento  el Código de Procedimiento Penal,  que  se  convertirá  en  ley  de  la  República  y  que  fue expedido por esta  Corporación”.   

5.7.   Los  artículos  14 y 15 de la ley 890 finalmente aprobados, en  su orden, preceptúan:   

“Artículo  14.   Las   penas  previstas  en  los  tipos  penales  contenidos  en  la Parte Especial del Código Penal se aumentarán en la tercera  parte  en  el  mínimo y en la mitad en el máximo. En todo caso, la aplicación  de  esta regla general de incremento deberá respetar el tope máximo de la pena  privativa  de  la  libertad para los tipos penales de acuerdo con lo establecido  en  el  artículo  2º  de la presente ley. Los artículos 230A, 442, 444, 444A,  453,  454A,  454B  y  454C  del  Código Penal tendrán la pena indicada en esta  ley”.   

“Artículo  15.  La presente ley rige a partir del 1º de enero de  2005,  con  excepción  de  los  artículos 7º  a 13, los que entrarán en  vigencia en forma inmediata”.   

Aunque  podría sostenerse, con apoyo en el  texto  de la última disposición, que el aumento general de penas consagrado en  la  primera  parte del artículo 14 transcrito entró a regir el 1º de enero de  2005  en  todo  el  territorio  nacional,  una interpretación como esa elude el  examen  de  las  razones que condujeron a la adopción de la ley e igualmente el  propósito  legislativo  al  expedirla,  que  no  fue otro que el de permitir la  implementación  del  Acto  Legislativo  03  de  2002  que  puso  en  vigencia  y  vigor gradual en Colombia  el  sistema acusatorio.   

“La          implementación   de   una   norma  hace  referencia  al  proceso por medio del cual la política que dicha norma articula  jurídicamente  es  puesta  en  ejecución;  se  trata  de una serie ordenada de  pasos,  tanto  jurídicos  como  fácticos,  predeterminados  por la misma norma  –o   por  aquellas  que  la    desarrollen-,   encaminados  a  lograr  la  materialización,  en  un  determinado  período de tiempo, de una política pública que la norma refleja.  Por        lo       mismo,       la       noción       de       “implementación”  tiene  una dimensión  jurídica,  una  dimensión  material o fáctica y una dimensión temporal, cuyo  contenido  habrá  de  ser  determinado  por el Legislador. Analíticamente, una  política    pública   primero   es   diseñada   y   luego   es   implementada.  La articulación jurídica  del    diseño    de    la    política    conlleva    que    la    implementación  futura  de  ésta no sea  sólo    política   sino   también   judicial”7.   

Si  eso  es  así,  y  se revela que lo fue  cuando  se  repasan todos los antecedentes vinculados a la ley y a los cuales se  ha  hecho  referencia  en  detalle, resulta imperativo asegurar que al  igual  que  el  acto legislativo 03 de 2002 y que el Código de  Procedimiento  Penal de 2004, la norma de aumento de penas, vigente desde el 1º  de  enero  de  2005, se aplica gradualmente en los Distritos Judiciales donde se  vaya  implantando  el  sistema  acusatorio.  Y es  importante  señalar que una norma que le hubiera permitido una vigencia general  e       inmediata       a       la       disposición       es      inconstitucional   por   contrariar   la  autorización  del  Constituyente  de reformar y adicionar el Código Penal para  permitir el desarrollo del sistema acusatorio.   

5.8.  Por iguales  razones   son   de   aplicación  gradual  los  restantes artículos de la ley 890 de 2004, incluidos del 8º  al  13.  En  consecuencia,  si se tiene en cuenta que el legislador definió que  éstos  últimos  entrarían  inmediatamente  en  vigencia (julio 7 de 2004), se  trata      de      un      mandato      con     reproche     de     inconstitucionalidad   pues  no  está  vinculado al funcionamiento del  nuevo  sistema  procesal  poner a regir con anterioridad al 1º de enero de 2005  un  aumento  de  penas  en  los  delitos  de  falso testimonio, soborno y fraude  procesal,  o  los  tipos  penales  de soborno en la actuación penal, amenazas a  testigo,   ocultamiento,   alteración   o  destrucción  de  elemento  material  probatorio  y el de impedimento o perturbación de la celebración de audiencias  públicas, creados en ese cuerpo normativo.   

No  sucede  igual,  sin  embargo,  con  la  conducta  punible  de  ejercicio arbitrario de la custodia de hijo menor de edad  que  introdujo  como artículo 230 A del Código Penal el artículo 7º   de  la  ley.  El  mismo  tuvo  como  orientación  facilitar  la introducción del sistema acusatorio al descongestionar  las unidades de Fiscalía  dedicadas  al delito de secuestro y aprovechar mejor los recursos investigativos  especializados   dedicados   a   la   lucha   contra   ese   flagelo8,   y   eso  significa  que  su  vigencia  no  se  encontraba  sujeta  a que operara el nuevo  procedimiento penal.   

La  ley  890  de  2004,  en  fin,  menos su  artículo     7º,    rige    solamente  en  los Distritos Judiciales donde se aplica el sistema acusatorio  adoptado a través del Acto Legislativo 03 de 2002.   

6. Ahora bien: si  se  comprende  que  el  Código  de  Procedimiento  Penal o ley 906 de 2004 y la  reforma  al Código Penal o ley 890 de 2004, son el producto de la autorización  dada  por  el Constituyente en el artículo 4º transitorio del acto legislativo  para  que  una  Comisión Especial presidida por el Fiscal General de la Nación  presentara  a consideración del Congreso “los proyectos de ley pertinentes”  para  el  desarrollo  del  sistema acusatorio, resulta imperioso concluir que la  vigencia   de  esas  leyes  no puede ser más amplia que  la del Acto Legislativo al cual se encuentran vinculadas.   

Eso significa simple y llanamente que si la  aplicación  de  las  normas  superiores  a  través de las cuales se adoptó el  nuevo      procedimiento     quedó     supeditada     a     la     gradualidad   que  estableciera  la  ley,  no  puede  ser  que  en  los  Distritos  Judiciales donde no  se     ha     implementado    y    donde,    por    lo    tanto,    no      rigen     dichos     preceptos  constitucionales,   se  plantee  la  vigencia  de  unas  normas  cuyo  vigor  es  dependiente de la aplicación de la reforma constitucional.   

En  otras  palabras: si el Acto Legislativo  que  adoptó  el  sistema  acusatorio es de aplicación  gradual  y  sucesiva,  de  acuerdo  con  las  fechas y  lugares  que  se  señalaron  en  el  artículo 530 del Código de Procedimiento  Penal  de 2004 en cumplimiento del respectivo mandato constitucional9,  las  leyes  expedidas  para  permitir su funcionamiento únicamente se aplican, al igual que  el  propio  Acto  Legislativo,  en  los  lugares  donde  sea implantado el nuevo  sistema    procesal,    con    excepción  de  algunos  preceptos  de  esas  leyes dictados para facilitar su  introducción,       tales       como      los      artículos      531   y   532  de  la ley 906 de 2004 (“descongestión, depuración  y  liquidación de procesos”, y  “ajustes en plantas de personal”), y  el  artículo  7º de la ley  890  del  mismo  año, por el cual se adicionó al Código Penal, como artículo  230  A,  el tipo  penal de ejercicio arbitrario de  la  custodia  de  hijo  menor  de  edad, con la idea de  descongestionar la unidad de  Fiscalía  dedicada  a  la  investigación  del delito de secuestro –como atrás se puntualizó— y con vigencia desde el 7 de julio de  2004,  que  es  la  fecha de publicación de la ley en el Diario Oficial 45.602.   

7.  La  anterior  conclusión   no  significa  negar  de  tajo  la  posibilidad  de que ciertas normas  procesales  de  efectos  sustanciales consagradas en la  ley  906  de 2004, y en particular las que versan sobre el derecho a la libertad  (v.   gr.:   medidas   de   aseguramiento,  revocatoria,  libertad  provisional,  subrogados),  sean  aplicadas  en  razón  del  derecho  fundamental     de    favorabilidad    (favor   libertatis)  en  las  actuaciones  penales  a las cuales no les es aplicable el sistema acusatorio, en virtud de la  resolución  judicial  de  la  antinomia  de    los    principios    constitucionales   de   la   gradualidad, tan en la base de la eficacia  del  nuevo  sistema,  y de la favorabilidad,   a   través   del   núcleo   esencial  más  fuerte10    del  último.   

Al  revisar  las  Actas  de  la  Comisión  Constitucional               Redactora11  y  el debate que tuvo lugar  en  el  Senado  de  la  República  el  26  de  mayo  de 2004 sobre el artículo  6º de la nueva ley procesal  (“legalidad”)  y  más  puntualmente   sobre   su   inciso   3º  12,    las  intervenciones  del  Fiscal  General  de la Nación evidencian que la idea de su  proposición    estuvo    orientada   a   evitar   la  “combinación”  de  los  sistemas procesales y más  exactamente   la   posibilidad   de   aplicar   normas  del  nuevo  de   efectos   sustanciales  —en ningún caso el sistema propiamente  dicho—   a   procesos  gobernados   por  la  ley  anterior,  y  las  de  varios  legisladores   su  convicción  sobre  la  circunstancia  de  que pese a una disposición como esa,  no   podría  evitarse  la  aplicación      del      principio      constitucional      de     favorabilidad.   

El  Senador  Rodrigo  Rivera  Salazar,  por  ejemplo, señaló:   

“Yo  había  planteado ayer una inquietud  que  no  fue  respondida  en  relación  con el inciso final del artículo sexto  donde   dice:  las  disposiciones  de  éste  Código  se  aplicarán  única  y  exclusivamente  para  la  investigación  y juzgamiento de los delitos ocurridos  con posterioridad a su vigencia.   

“Ese  inciso  entiendo  que tiene la sana  intención     de    evitar    el    principio    de  favorabilidad  en relación con los institutos de esta  legislación  que  puedan resultar más favorables que los actualmente vigentes,  en  algunos  casos  específicos,  por eso le pedimos ayer a la Fiscalía que si  tenía  alguna  especie  de  inventario, de paralelo que nos permitiera comparar  instituciones  actualmente  vigentes con las del nuevo Código para ver respecto  de   cuáles   podría   predicarse   un  criterio  de  favorabilidad,  para  estar  bien advertidos de dónde  abogados nos van a plantear esa clase de peticiones.   

“En la opinión que quiero también que la  responda  la  Fiscalía,  en la opinión de que este inciso final no alcanza por  ser  de  raigambre  legal, a desvirtuar el principio de  legalidad  que  está  contenido en la Constitución y  que  es  de  raigambre  constitucional  y  que  se predica no solamente frente a  normas  sustanciales,  sino  incluso  frente a normas procedimentales que tienen  efectos sustanciales.   

“Entonces  repito,  creo  que  hay  buena  intención  en el inciso, pero me parece que es una norma inocua y si es inocua,  quiero  que  lo digamos claramente, porque pues sobraría esa redacción y si es  inocua  y  tengo razón es esta aseveración, creo que es responsable y prudente  que  desde  ya  seamos previsivos en torno a cuáles van a ser las instituciones  frente  a las cuales nos van a presentar memoriales para aplicar el principio de  favorabilidad            constitucional”13.   

Si bien en una prédica posterior el Senador  Héctor  Helí  Rojas, también partidario de eliminar el inciso aunque por otra  razón,    descartó   la   favorabilidad  como  escenario  posible  debido a que en  ningún  momento  habría  coexistencia  de  leyes pues  cada  Código  regiría  casos  diferentes,  lo  cierto es que desde mi punto de  vista  tenían  razón  quienes  advirtieron sobre la aplicación inevitable del  principio  constitucional  de  favorabilidad de normas sustanciales o procesales  de  efectos  sustanciales  de la nueva ley de procedimiento penal a casos que se  rigen  por  la  ley  600  de  2000, siempre y cuando no  formen  parte de instituciones características del sistema acusatorio como pasa  con el principio de oportunidad.   

7.1. Según  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política   

“En  materia  penal,  la  ley permisiva o  favorable,   aun  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva o desfavorable”.   

Tradicionalmente  se  ha  entendido  que la  aplicación  de  la favorabilidad penal en su especie clásica, supone sucesión  de  leyes, que es como en condiciones normales éstas son reemplazadas por otras  que las derogan, adicionan o modifican.   

La   puesta  en  marcha   del  sistema  acusatorio,  sin  embargo,  se  decidió     hacerla     paulatinamente,  en  concordancia  con  el  programa  de  implantación  previsto  en el artículo 530 de la ley  906  de  2004.  Y  eso  condujo  a una situación muy particular, exótica si se  quiere,   en  la  cual  coexisten  dos  procedimientos  distintos  y  excluyentes  que  se aplican en el país  según   la   fecha  y  el  lugar  de  comisión  del  delito:  el  anterior,  a  casos  por  conductas  realizadas  antes del 1º de  enero  de  2005  o a partir de esta fecha en Distritos Judiciales donde no opere  el   sistema   acusatorio;   y,  el  nuevo,  para  delitos  cometidos a partir del 1º de enero de 2005 en los  Distritos     Judiciales    semillas    seleccionados para que funcione ese sistema.   

Frente  a  los  primeros rige la ley 600 de  2000  –y el Código Penal  del   mismo   año   antes   de  la  reforma  introducida  por  la  ley  890  de  2004—,  sin  que  pueda  desconocerse  por  ese  hecho  la existencia de una ley  procesal   posterior   (y   una  sustancial  también  posterior)  que  no se aplican debido a la novedosa fórmula que se adoptó para  introducir  el sistema acusatorio pero que podrían contener normas sustanciales  o  procesales  de  efectos  sustanciales  favorables al procesado de obligatorio  reconocimiento   según  el  artículo  29  Superior  que  autoriza  en materia penal la aplicación de normas  que  beneficien  la  situación  del  procesado  aunque no hubiesen regido en el  trámite del proceso.   

El anterior entendimiento es el que permite  comprender    la   aplicación   del   principio   de  favorabilidad por parte de los Jueces de Ejecución de  Penas  y  Medidas de Seguridad, facultad consagrada en el artículo 79-7 del Código de Procedimiento Penal de  2000  y en el 38-7 del Código  de Procedimiento Penal de 2004, en los siguientes términos:   

“Conocen  de la aplicación del principio  de    favorabilidad   cuando   debido   a   una   ley  posterior  hubiere  lugar a reducción, modificación,  sustitución, suspensión o extinción de la acción penal”.   

Esa  competencia, frente al problema que se  estudia,  no  la podrían ejercer dichos funcionarios si la solución se plantea  desde  un  instituto distinto a la favorabilidad y esto convierte la posibilidad  de  aplicar  en virtud de ese principio normas de la ley 906 o de la 890 de 2004  a  actuaciones  que se rijan por la ley 600 de 2000 y el Código Penal del mismo  año  sin  la reforma de 2004, en la única que permitiría la labor del Juez de  Penas  frente  a eventuales hipótesis de favorabilidad sustancial que quepan en  cualquiera  de  las  posibilidades  a que se refiere la norma atrás transcrita.   

7.2.  A mi juicio,  en    fin,    las    leyes    que    se    dictaron    para    la   dinámica    del    sistema   acusatorio  colombiano,   específicamente   las  antes  mencionadas,  son  susceptibles  de  aplicarse  por favorabilidad a  casos  que  se  encuentren  gobernados  por el Código de Procedimiento Penal de  2000,  a  condición de que  no se refieran a instituciones  propias  del  nuevo  modelo  procesal   y   los   referentes   de   hecho  en  los  dos  procedimientos  sean  idénticos.   

No se puede eludir aplicarlo, por ejemplo, a  situaciones  en  las  cuales  la  ley  906 de 2004 no contempla privación de la  libertad  en cierto caso mientras que la ley 600 sí, o en eventualidades en las  que  la primera consagra bajo determinadas condiciones la libertad provisional y  en presencia de las mismas la segunda la niega.   

Pero      resulta      repelente acudir a ese valor para invocar,  por  ejemplo,  rebaja  de pena “hasta la mitad” para quienes se sometan a la  terminación   del   proceso   que   regula  el  artículo  40  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y la aplicación del principio de oportunidad, por  lo siguiente:   

El   último  lo  consagró  el  artículo  250  Constitucional como  emblemático  del  sistema  acusatorio  colombiano,  no  ya como manifestación de la política criminal del  Estado  sino para desarrollar el plan de política criminal del Estado (art. 330  cpp-2004),   y  en  un  trámite  que  demanda  la  existencia del novedoso  Juez  de Garantías que sólo  existe   en   los   llamados   Distritos  laboratorios  o semilla.   

La     figura     del    allanamiento  o aceptación de cargos a que  se  refiere  el  inciso  1º  del  artículo  351  de  la ley 509 de 2004, no es  equivalente  a  la sentencia anticipada regulada en la ley 600 de 2000 porque la  cantidad   de  la  rebaja  de  pena  merecida,  que  puede  ser  “hasta  la  mitad  de  la pena imponible”  para  el  sindicado  que acepte los cargos en la audiencia de formulación de la  imputación,       tiene       que      lograrse      mediante      acuerdo  fiscal-imputado  (bilateral) como  no lo exige  el art. 40  del   cpp-2000   que   sólo   demanda  manifestación  unilateral   que   se  premia  con  una  rebaja fija:   

a)  Según  el  artículo  288-3  de  la  ley  509  de  2004, el Fiscal  deberá  expresar  oralmente en el acto de formulación  de   la   imputación   que  tiene  lugar  en  audiencia  ante  el  Juez de Garantías, la   

“posibilidad del investigado de allanarse  a  la  imputación  y  a  obtener rebaja de pena de conformidad con el artículo  351”.   

b) Como aún en las  eventualidades  de  finalización  anticipada  del proceso debe cumplirse con el  esquema  general del proceso y el principio de congruencia de conformidad con el  cual  no  se  puede declarar culpable al acusado por hechos que no consten en la  acusación14,       es      claro      que      cuando      se      aceptan los cargos imputados también debe  tener  lugar  la  presentación  del  escrito de acusación ante el Juez  de  conocimiento, que para el caso es  el  acuerdo  respectivo entre  Fiscal  e  imputado,  según lo señala con claridad el artículo al cual remite  la disposición antes transcrita.   

“La  aceptación  de  los  cargos   determinados  en  la  audiencia  de  formulación de la imputación –dice      la     norma—,  comporta  una  rebaja  hasta  de la  mitad  de la pena imponible, acuerdo que se consignará  en el escrito de acusación”.   

c) La remisión que  el  artículo  288-3  hace  al  351  no  es exclusivamente para lo atinente a la  rebaja  de  pena  sino  igualmente en relación con el señalamiento que hace la  norma  a  que  el  acuerdo se  consignará en el escrito de acusación.   

d) Si lo anterior  es  así  y  se  tiene en cuenta que en la hipótesis examinada los cargos no se  acuerdan  porque el procesado se allana a ellos, es evidente que el acuerdo  al cual se refiere el dispositivo  procesal  sólo  puede  ser sobre la rebaja de pena, de tal manera que la figura  recobra  –como  lo  dice,  además,  la rúbrica del título correspondiente del estatuto procesal (Título  II)-  la  bilateralidad  que  la distancia para hacerla diferente al supuesto de  hecho del artículo 40 de la Ley 600 de 2000.   

e) El allanamiento  a  los  cargos  en  la  audiencia  de formulación de la imputación o entre ese  momento   y   la   formulación   de  la  acusación,  implica  un  acuerdo  sobre  el  monto  de la rebaja de  pena,  que  no  es  función del Juez del conocimiento fijarla sino que surge de  una  negociación  entre las  partes  frente a la cual el papel del funcionario judicial es aprobar o improbar  el  acuerdo  que en ese caso se presenta como escrito de acusación, conforme lo  establece el artículo 343-2.   

Así las cosas, más allá de que la rebaja  de  pena  establecida  en la nueva ley para el allanamiento a la imputación fue  concebida  en  relación  con  delitos  cuyas  penas  mínimas y máximas fueron  aumentadas  en  virtud  de la ley 890 de 2004 y de que no es necesariamente más  ventajoso  un  descuento  de  “hasta  la mitad”  en un sistema donde no  está  prevista  la  rebaja  de  pena por confesión, que uno fijo de la tercera  parte  con opción de sumarle la rebaja pertinente por confesión, es manifiesto  que   la   aceptación   de   cargos   de   la  ley  906  de  2004  no tiene equivalente en la ley 600 de 2000  y  bajo  esa  circunstancia no es procedente aplicar para efecto de la rebaja de  pena en sentencia anticipada el principio de favorabilidad.   

         Finalmente,  dígase  que  al viejo recurso  de  casación  también  se  le  imprimieron  perfiles  nítidos  para  hacerlo  funcional  a  la  nueva  dinámica procesal del sistema  acusatorio       convirtiéndolo       en      similar      al      certiorari del derecho anglosajón, con un  trámite  oral,  sustentación  y  decisión  en audiencias, nueva distribución  operativa  de  la  Sala  de  Casación,  un recurso de insistencia, informalidad  atenuada  de  la  técnica y una amplitud mayor  de las causales para hacer  del  recurso  algo  más afín con el Estado Social de Derecho en su exposición  máxima de Estado Constitucional de Derecho.   

Atentamente,  

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

Magistrado  

Fecha ut supra.  

    

1  Ponderación   no   es  simplemente  el  acto  de ponderar sino que demanda del funcionario judicial una  hermenéutica   que   comprenda   el   tipo   de   Estado   y  todo  el  capital  axiológico   de  la  Constitución  Política  incluido el bloque  de  constitucionalidad,  como  también  la  parte dogmática del estatuto procesal.   

2  “Compartimos con el Gobierno el plazo prudencial de  cuatro  años  a partir de la promulgación del Proyecto de Acto Legislativo…,  para  permitir  el proceso de transición hacia la implementación de un sistema  de  corte  acusatorio…  En  este  término  se  deberán  llevar  a cabo foros  gubernamentales,  discusiones  académicas y publicidad a través de los medios,  para  enterar  a  los  funcionarios  del  aparato  judicial  y a la ciudadanía   sobre  la  reforma…”.  CÁMARA  DE  REPRESENTANTES,  Ponencia  para  primer  debate,  Comisión Primera  Constitucional, Gaceta del Congreso #148 del 7 de mayo de 2002.   

3 CORTE  CONSTITUCIONAL,  Sent.  C-  873  de  2003,  M.  P.,  Dr.  MANUEL  JOSÉ  CEPEDA ESPINOSA.  “Según se  advierte  del  análisis  sobre  el  trámite de la reforma, con las expresiones  sobre  las cuales el demandante puntualiza los cargos contra este artículo (5º  transitorio  del  A.L.  3/2002),  se  hizo  expreso el principio de irretroactividad  de  la  ley  penal  al  consignar     que     el    nuevo    sistema    se    aplicaría    únicamente  a los delitos cometidos con  posterioridad  a  la  vigencia  que  en la propia ley  establezca  y  se amplió en un año el plazo para que entrara en plena vigencia  el      nuevo      sistema”.      CORTE      CONSTITUCIONAL,      Sent.   C – 1092 de 2003, M.P., Dr.  ÁLVARO TAFUR GALVIS.   

4  NORBERTO     BOBBIO,     Teoría    general    del  derecho,  Bogotá,  Edit.  Temis, 1994, pág. 188. Y,  HUMBERTO   SIERRA   PORTO,   Valor  normativo  de  la  Constitución,     Bogotá,     Uniext,     págs.  27ss.   

5 CORTE  CONSTITUCIONAL,  Sent. C-873  de 2003, M.P., Dr. MANUEL JOSÉ CEPEDA ESPINOSA.   

6  La  existencia  de  una  norma  hace  relación  a  su  introducción  al  ordenamiento jurídico una vez se han  cumplido  los  requisitos  constitucionales  respectivos  para  su adopción; la  eficacia  jurídica  hace  relación   a  la  producción  de  efectos  de  la  norma;  y  la  vigencia  al  tiempo  en  el  que genera  efectos jurídicos obligatorios, a su entrada en vigor.   

7 CORTE  CONSTITUCIONAL,  Sent. C-873  de 2003, M. P., Dr. MANUEL JOSÉ CEPEDA ESPINOSA.   

8 Así  se  señaló  en  las  distintas  Ponencias  que  tuvieron  lugar  en  Senado  y  Cámara.   

9   Artículo  5º,  Acto  Legislativo  03  de  2002. “En ese  sentido,  como  se  ha explicado, el Congreso de la República eligió, en tanto  medida     de     política    criminal   instrumentalizada    en   una   norma  constitucional,  dar  aplicación  e  implementación  graduales   y   sucesivas   a  las  normas  constitutivas  del  nuevo  sistema,  en los términos de los  artículos  4 y 5  transitorio  del  Acto  Legislativo,  citado   varias   veces  en  esta  providencia”.   CORTE  CONSTITUCIONAL,  Sent.  C-  873 de 2003, M.  P.,  Dr.  MANUEL  JOSÉ  CEPEDA  ESPINOSA,  Corporación  que  también declaró  exequible    ese    Acto    Legislativo    a   través   de   las   Sents.  C-966  de  2003, C-1092 de 2003,  C-1200 de 2003, C-888 de 2004 y C-970 de 2004.   

10  GUSTAVO  ZAGREBELSKY,  El derecho dúctil    (Cap.    6,    El    derecho   por  principios),  Madrid.  Edit.  Trotta,  1995,  págs.  109ss.   

11  “Nuevamente  se recuerda por parte de la Presidencia, el mandato del artículo  5  del  acto  legislativo  en cuanto a la aplicación del nuevo sistema, para lo  cual  se  dio  lectura al citado artículo. En efecto, el doctor Osorio advierte  que  el  mandato constitucional de este artículo es dominante sobre la regla de  favorabilidad  y  debe entenderse  bajo la lectura pura y simple, según la  cual  solo será aplicable la normatividad  del nuevo sistema para aquellas  conductas  que  tengan  lugar  inmediatamente   después  de  la entrada en  vigencia  de  la  nueva  legislación.  Explicó  que  la  idea  es  empezar  la  aplicación  de  las  normas de procedimiento para las causas ocurridas a partir  de  la  entrada  en  vigencia  del  código  y las anteriores a ese momento  continuarían  tramitándose  bajo la legislación anterior con servidores “de  descongestión”  y evitando un solo trasteo de expedientes”. Acta No. 04 del  7 de febrero de 2003, Comisión Constitucional Redactora.   

12   El  siguiente  es  el texto de la disposición proyectada y  aprobada:   “Las   disposiciones  de  este  código  se  aplicarán  única  y  exclusivamente  para la investigación y el juzgamiento de los delitos cometidos  con posterioridad a su vigencia”.   

13  El   Senador   CARLOS   GAVIRIA   DÍAZ   continuó:  “¿Entonces  una  persona  que  haya  cometido un delito con anterioridad a la  vigencia  de este Código, no sería acreedora al beneficio de retroactividad de  las normas procesales con efecto sustancial?”.   

14 .  Artículo 448 de la ley 906 de 2004.     

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