23209(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23209  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  109   

Bogotá,  D.C., veintisiete (27) de junio de  dos mil siete (2007)   

DECISIÓN  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada por el defensor de LUIS HUMBERTO  BERNAL  GUEVARA,  contra  el fallo del 29 de julio de  2004,   mediante   el   cual  el  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  modificó la  sentencia  adoptada  por  el Juez  Penal del Circuito de Chocontá, el 6 de  febrero de 2004.   

HECHOS Y ACTUCIÓN PROCESAL  

1.   El  11  de  noviembre  de  2002,  en  la  vía que comunica los municipios de Villapinzón y  Turmequé,  LUIS  HUMBERTO BERNAL GUEVARA,  disparó  su  arma de fuego  (escopeta) contra la humanidad  de    OMAR   HERNÁN   ROMERO   GARCÍA, causándole la muerte.   

2. El 14 de abril de  2003,   la   Fiscalía  Delegada  Tres  de  Chocontá,  profirió  resolución    de    acusación   contra  BERNAL  GUEVARA,  por  los  punibles  de  “Homicidio  y  fabricación, porte de  armas  de  fuego  o  municiones,  en  concurso de hechos punibles”;  providencia que fue recurrida por la defensa técnica y decidida  por  la  Fiscalía  de  segunda instancia el 4 de julio de 2003, al confirmarla,       “aclarando  que  la  imputación  se hace por el delito de homicidio  agravado”.   

El  6  de febrero de 2004, El Juzgado Penal  del  Circuito  de  Chocontá, condenó a LUIS HUMBERTO  BERNAL  GUEVARA,  a  la pena principal de cincuenta y  seis  (56)  meses  de  prisión, en calidad de autor material de los punibles de  homicidio  agravado  (reconociéndole  la  diminuente  punitiva  de ira) y porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.  Como  penas  accesorias la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  tiempo  igual  al de la pena principal, así como a la privación del derecho de  portar armas de fuego por un tiempo de doce meses.   

El 29 de julio de 2004, el Tribunal Superior  de  cundinamarca,  profirió  sentencia  en  la que modificó la decisión   recurrida por la defensa y la parte civil,   en   el   sentido   de   condenar   al  procesado  BERNAL  GUEVARA,  a la pena principal de  trescientos  seis (306) meses de prisión,    como    autor   responsable   del   delito   de   homicidio   agravado  en  concurso  con  porte   ilegal   de   armas   de  fuego  de  defensa  personal,    fijando   como   pena   accesoria   de  interdicción   de  derechos  y  funciones  públicas  un  lapso  de  10  años.   

RESUMEN DE LA DEMANDA  

El  libelista  presentó cuatro (4) cargos,  discriminados  así:  i) en  atención  a la causal primera de casación atacó el fallo de segundo grado por  desconocimiento   de  un  error  de  prohibición,  contextualizándolo  en  una  legitima  defensa, el cual sustentó en armonía con el artículo 32 del Código  Penal,   ii)  alegó,  así  mismo,  falta  de  congruencia  entre  la  acusación  y  el  fallo,  como cargo  subsidiario  iii) la tercera  censura    la  fundamentó  al  amparo  de  una  causal  de  nulidad  y  la  iv)  por violación directa  de  la  ley  sustancial,  en  sentido de exclusión evidente de la reformatio in  pejus consagrada en el artículo 31 constitucional.   

1.    Vía  directa:  para demostrar su  inconformidad    el    actor    trascribe    los    numerales   7   (estado  de  necesidad)  10 (error    sobre    las    justificantes,   inciso   1;)  y  11 (error de prohibición vencible e  invencible)  del  artículo 32 del C.P. Afirmando que  su  prohijado tenía viciada la percepción de la realidad toda vez que momentos  antes  había  sido  víctima de un hurto y su esposa sufrió graves vejámenes;  concluyendo   que  existe  una  “legítima  defensa  subjetiva”  y  que  “su  análisis  se  debería  efectuar  partiendo  de  la base de la existencia de un  error  indirecto  de prohibición”.Cita como ejemplo  la         defensa        putativa.   

Sostiene  que las conclusiones del Tribunal  son  equivocadas, que sus razonamientos no pueden ser de recibo porque no existe  prueba  que  los acredite; en igual forma, que el planteamiento al desestimar la  legítima  defensa resulta  también  fuera  de  lugar. Por ello, el comportamiento de su mandante configura  un  error  de tipo, por tal  razón   solicitó  a  la  Sala  “se  reconozca  la  existencia de la legítima defensa”.   

2.  La censura por  incongruencia  la  sustenta  al  informar  que  al  definírsele  la  situación  jurídica  a  BERNAL GUEVARA  se  acopló  su  conducta  en  el punible de homicidio  culposo,  al  calificarse  el  mérito del sumario se  advirtió  que era homicidio doloso simple,  el  Fiscal  de  segunda  instancia  declaró  que se estaba ante  un homicidio agravado por la indefensión     de     la    víctima.    El    Juez    dictó    “sentencia  por el delito de homicidio agravado pero cobijado con  la  diminuente  de  la  ira  e  intenso dolor”, para  luego el Tribunal no reconocer dicha diminuente punitiva.   

3. El tercer ataque  lo  formula  en  atención a la causal tercera de casación, por haberse dictado  la  sentencia  en  un juicio viciado de nulidad, toda vez que en la parte motiva  del  fallo  se  dijo que la agravante “no fue objeto  de  prueba,  pues  la  condiciones  de  indefensión  no  se  acreditaron  en  a  actuación”.   

4.  El  ataque por  violación  directa de la ley sustancial, por exclusión evidente, lo razona por  desconocimiento  de  la  prohibición  de  reformatio  in  pejus, reiterando que  “si  bien  es  cierto  la  apelación  de  a  (sic)  sentencia  fue  presentada  tanto  por  la  defensa  como por la parte civil, la  legitimación  para  recurrir  en  cabeza  de  este  último sujeto procesal, se  limita únicamente al tema de los perjuicios”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La censura presentada a favor de  LUIS HUMBERTO BERNAL GUEVARA, no reúne  los   presupuestos   de   técnica-jurídica   y   coherencia  exigidos  por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda.  Pues si bien, propone como punto de  partida  para  lograr  la  infirmación del fallo de segundo nivel, nulidades  y  vulneraciones  a  la  ley  sustancial    por    vía   directa,  en  su  desarrollo  y demostración incurre en graves fallas que  conspiran contra la lógica del recurso extraordinario.   

Como  metodología  la  Sala aprehenderá el  estudio  por  separado de cada censura y, aunque el libelista propuso como cargo  tercero  subsidiario  el  de  nulidad  (artículo 207, inciso 3 de la ley 600 de  2000),    se    estudiará    primero    según    lo   tiene   establecido   la  jurisprudencia.   

1.           Nulidad:   No   es  cualquier  discurso  jurídico  con  el  que se pretenda la declaratoria de una nulidad, ella en sí,  encierra,  unos presupuestos mínimos de argumentación, cobertura, precisión y  trascendencia,  sin  los  cuales  la  arremetida contra la legalidad del proceso  queda huérfana.    

El actor divide la sentencia condenatoria en  tres    acápites:    i)  dosificación  punitiva, ii)  parte   resolutiva  y  iii)  parte  motiva,  para  concluir  que  sobrevino  una  nulidad  con ese actuar del  Tribunal,  porque  la  agravante  no se demostró. La censura quedó inane al no  argumentar  la  lesividad  del  error,  no  determinar el yerro con claridad, no  deshilvana  la  causal  alegada  con  aquellas  que sustentan las nulidades y no  proponer  desde  que  momento  procesal  debe  declararse  la infirmación de la  decisión.  Es  evidente  que  la  propuesta casacional se dejó sin desarrollo,  demostración ni trascendencia.    

El Tribunal afirmó, sin que se entienda que  es  una  respuesta  de  fondo  a la demanda que “…  conforme  lo  expuesto  no  hay  la  menor  duda de que se trata de un homicidio  agravado  por  la indefensión, puesto que el procesado se aprovecho (sic) de la  situación  en  que  se encontraba el menor y de manera sorpresiva lo atacó por  la  espalda,  causándole  la  muerte  cuando nada claro se daba para llevarle a  pensar    que    se    trataba    el    grupo   de   atracadores”.   Se  verifica, entonces, que el libelista presenta una   alegación  producto de su propia percepción del derecho y de los hechos contra  lo   afirmado   por   el   Juez   Colegiado,   sin  ninguna  prevalencia  en  la  técnica-jurídica  requerida para sustentar las demandas, con lo cual todas sus  pretensiones   se   alejan   de   la   filosofía   que   inspira  el  instituto  casacional.   

2. Propuso por vía  directa  un  error  de  prohibición  al  habérsele negado la legítima defensa  “putativa”,  toda  vez  que  su  prohijado  se  estaba defendiendo de una injusta agresión generada por  unos   asaltantes   que   le   hurtaron   sus   bienes  y  le  ultrajaron  a  su  esposa.     

En todas aquellas conductas dolosas prevalece  una  representación,  conocimiento  y  voluntad  como elementos que integran el  acto,  en  consecuencia  “el  dolo hace parte de la  estructura  típica,  como  lo  hace  la ley al definir en el artículo 32-10 el  error  de  tipo,  que  se configura cuando el actor obra desconociendo (elemento  representativo)  que  en  su  hacer concurren los elementos objetivos del tipo o  persuadido   de   que   concurren   presupuestos  fácticos  de  una  causal  de  justificación”  (C.S.J. Sent. De segunda instancia  del 6 de julio de 2005, radicado No. 22.299)   

Son  manifiestas las falencias contenidas en  la  motivación  de  la censura, motivo por el cual la Sala no puede seleccionar  entre  las  variadas  hipótesis   previsibles  cuál  es  la que el censor  pretende  hacer  valer,  toda  vez  que  trascribe  y argumenta su ataque en las  causales  7,  10  y  11  del  artículo  32  del  C.  P.  Siendo  ello así, las  alternativas  pueden  ser, por ejemplo: i) error  de  tipo  vencible,  ii)  error  de  prohibición        vencible,       iii)  error de  tipo          invencible,         iv)  error  de  prohibición invencible.   

Ahora:  si  le  adiciona a su propuesta como  aspecto  negativo  de  la  antijuridicidad   la  causal  de  justificación  de   legítima  defensa, sin que desarrolle todos los conceptos dogmáticos  que   la   sustentan,   tales   como:   i)     la     existencia     de     una    agresión,    ii)    la    actualidad,   iii)    la   inminencia,   iv)   la  injusticia  de  la  agresión,  v) la realidad de la misma y  vi)  que se produzca contra  un  derecho  propio  o ajeno; pues todos los requisitos deben ser ensamblados en  un  mismo  discurso,  para  conectarlos  claramente  con  la  trascendencia para  evidenciar la vulneración a la ley sustancial por vía directa.   

Desde  otro  punto  de vista: si se somete a  estudio   un  error  de  tipo  invencible,  tendrá  que demostrarse que no concurre en la conducta imputada  a  BERNAL GUEVARA, un hecho  constitutivo  de  la descripción típica; sin embargo, si se quiere profundizar  en  el  estudio de errores de prohibición,  es  pertinente  hacer  énfasis  en  todos aquellos presupuestos  objetivos (causales) que excluyen la responsabilidad.    

El libelista motiva la censura proponiendo su  particular  y  exclusivo  pensamiento  jurídico  sobre  los hechos y las normas  aplicadas  por  las instancias a los mismos; queriendo a toda consta, tumbar las  reflexiones  jurídicas del Tribunal con hipótesis o planteamientos atados a su  propia  cosmología  de  los acontecimientos, por ejemplo, dice que “la  conclusión  a  la que arriba el Tribunal resulta equivocada  ya  que  pretende  configurar  un ánimo diferente del que motivó los hechos ya  que  equipara el hecho de salir en persecución de los antisociales, armado y en  compañía  de  sus  amigos, no implica necesariamente que su voluntad estuviera  inequívocamente dirigida a propinarles la muerte”.   

3. El cargo por incongruencia resulta igual o  más  enmarañado que los anteriores, al no identificar en forma precisa qué es  lo   que   pretende   en   su  “desarrollo”  al  concluir  que  “las   inconsistencias  relatadas  demuestran  que,  ni  el  ente  acusador,  ni  el  juez  de  conocimiento tuvieron nunca certeza sobre la manera  como  acaecieron  los  hechos  y  nunca  fijaron parámetros para que se pudiera  ejercer  el  derecho  de  defensa  por  lo  que, no existe congruencia y por tal  razón  debe  casarse  la  sentencia”. Tal y como se  demuestra  el  dislate  es  abrumador, al no identificar objetivamente dónde se  encuentra  la  inconsonancia entre decisiones, no determina la trascendencia del  error,  ni  mucho  menos  desarrolla  el  cargo  para  demostrar  la  ilegalidad  planteada,  máxime  si  se  tiene  que  la  Fiscalía  de   segunda  instancia  el  4  de  julio  de  2003,  confirmó  la  providencia  por  el  punible  de  homicidio  agravado   en  concurso  con  porte  ilegal  de  armas  y  el  Tribunal  de Cundinamarca el 29 de julio  de     2004,     lo    condenó    por    homicidio  agravado con el porte ileal de armas.   

4. La última propuesta descansa, en una vía  directa,   por   “desconocimiento  absoluto  de  la  garantía    constitucional    de    la   reformatio   in   pejus”,  motivándola  en  el  entendido  que  si bien es cierto apelaron  tanto  la defensa como la parte civil, ello no es óbice para que la parte civil  alegue  a  su arbitrio todo lo que se le ocurra pues está limitada “únicamente    al    tema   de   los   perjuicios”,  es  por  ello  que  se vulneró el principio de reforma en peor,  sosteniendo  tal  criterio al transcribir una jurisprudencia de la Sala del año  1992, sin indicar el número de radicado.   

Sostiene que se le agravó la situación a su  prohijado,  pero  no  demuestra  cómo acaeció tal acto contra la ley. Parte el  demandante  por  aceptar  que  la  apelación la realizaron tanto la parte civil  como  la  defensa, pero que no puede ser tenida en cuenta la primera porque ella  desbordó  su motivación cuando se refirió a temas como el de responsabilidad,  es  por  esto  que  “se  agravó  la situación del  procesado  en  su calidad de apelante único”.    

Atenta  contra el principio de la lógica de  no  contradicción  lo  afirmando  por el actor, entendiendo que si de verdad la  apelación  se  realizó  por  parte  de dos sujetos procesales (defensa y parte  civil),  mal  puede  a renglón seguido aseverarse que sólo fue uno, y de ahí,  entender  que  se vulneró el artículo 31 constitucional, con fundamento en una  jurisprudencia  de la Sala del año 1992, en donde se dice que la parte civil se  justifica    únicamente   por   su   “pretensión  resarcitoria”;              desconociendo  el  actor  todos  los  desarrollos jurisprudenciales  sobre  el  particular,  como  aquel  que  amplió el radio de acción a la parte  civil  en  lo  atinente  a la justicia, la verdad y al resarcimiento. (Sentencia  C-228 del 3 de abril de 2002)     

En consecuencia, postuló el cargo pero, como  ya  es  una  constante  del  libelo,  lo  dejó sin un desarrollo adecuado a los  parámetros  lógico-jurídicos exigidos por la jurisprudencia, ni presentó una  argumentación  trascendente  con  miras a verificar el yerro alegado; lo único  que  se advierte es un alegato sustentado en afirmaciones subjetivas que militan  contra  los fines y propósitos del instituto casacional, al no entender la Sala  que  es  lo que pretende el actor con tan variados, singulares y contradictorios  razonamientos.    

La   sumatoria  de  defectos  sustanciales  enunciados  atrás no le dejan otro camino a la Sala que inadmitir la demanda de  casación,  presentada a favor de LUIS HUMBERTO BERNAL  GUEVARA,  de  conformidad  con  lo  preceptuado en el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000; sin olvidar que, estudiado el proceso, no  se   percibe  en  su  contexto,  que  se  hubiese  violentado  alguna  garantía  fundamental  que  amerite  el facultativo ejercicio de la oficiosidad, en virtud  de  los  dispuesto  en  el  artículo  216 de la misma obra instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de LUIS  HUMBERTO  BERNAL  GUEVARA.   

Contra  la  presente providencia no procede  recurso alguno.   

         Cópiese,   comuníquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                              ALVARO    O.    PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                    JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                            JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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