23174(28-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23174  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado Ponente:   

                                                                  DR. ALFREDO GOMEZ QUINTERO                                                  Aprobado  Acta  No.  240   

Bogotá   D.   C.,    veintiocho (28) de noviembre de dos mil siete (2007)   

VISTOS  

Decide la Sala el recurso extraordinario de  casación    interpuesto   por   el   defensor   contractual   de   MARÍA    YURI    BOLAÑOS   GUTIÉRREZ  contra  la sentencia del 9 de julio de 2004 por medio  de  la  cual  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Florencia confirmó  –parcialmente1-  el  fallo  condenatorio  proferido  contra  MARÍA YURI BOLAÑOS  GUTIÉRREZ  por  lavado de  activos  (Art. 247 A del Decreto 100 de 1980, adicionado por el art. 9 de la Ley  365  de  1997)2.   

Se  impusieron  las siguientes penas:   setenta  y  dos (72) meses de prisión, multa de 500 s.m.l.m.v., e interdicción  de   derechos   y   funciones   públicas   por   igual   término  de  la  pena  principal,  se  negó  el  subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de la pena pero se le  concedió    la    sustitución    de    prisión    efectiva    por    prisión  domiciliaria.   

         HECHOS   

A  raíz  de  un  informe presentado por la  Unidad  de  Información y Análisis Financiero UIAF, del 9 de agosto de 2001 en  el  que  se  dio  cuenta  que  varias  cuentas  bancarias del Banco Caja Social,  pertenecientes  a  diferentes  clientes, entre otros a  MARÍA   YURI   BOLAÑOS   GUTIÉRREZ,   presentaron  operaciones  sospechosas  en los meses de agosto, septiembre y octubre del 2000,  toda  vez  que  se  hacían  consignaciones importantes de dinero de manera casi  simultánea  en  las  mismas  oficinas  (sucursales) de las ciudades de Bogotá,  Medellín    e    Ibagué    y    el   dinero  era retirado, de la misma manera (casi simultánea) por los  beneficiarios en la ciudad de Florencia.   

Esa situación alertó a las autoridades que  iniciaron  rastreos  para detectar la licitud de las operaciones, principalmente  porque  se  trataba  de  cuentas  con  saldos  irrelevantes  y  sin  movimientos  significativos de dinero.   

Al detallar los movimientos se encontró que  fueron   consignados   $565   000  000  a  diferentes  cuenta  habientes del banco de la ciudad de Florencia  y  que todos ellos estaban relacionados de alguna manera con la empresa de taxis  del  Caquetá  “Caquetaxi  S.A.”,  a más de que se detectó que los dineros  tenían   como   destinatarios   a  Reynel  Guzmán  y  Oscar  Silva  Calderón,  principales accionistas de la central de taxis.   

En   la   cuenta  de  la  sentenciada  se  depositaron cincuenta millones ($50 000 000) de pesos, así:   

Fecha     /  hora             

Valor             

Ciudad    /  oficina  

23/8/2000  14:45:00             

$15     000  000             

Medellín   Suc.  Belén  

23/8/2000  14:50:09             

$20     000  000             

Medellín   Suc.  Belén  

24/8/2000  10:02:55             

$15     000  000             

Medellín   Suc.  Belén  

La      procesada      retiró  el  dinero  y  lo  entregó  al  señor        Reynel        Guzmán:    el  mismo   23   de   agosto   le  entregó  treinta   y  cinco  millones  ($35.000  000)  y  el  29  de  agosto  siguiente,  en  la ciudad de Ibagué, consignó en cuenta del señor Guzmán los  otros quince millones ($15 000 000).   

La  estrategia de  la  defensa  se  fundamentó  en  decir que el dinero provino de la venta de dos  taxis  al señor Guzmán y que la contratación fracasó por el accidente de uno  de los vehículos.   

ANTECEDENTES  

La  Fiscalía  Séptima  Delegada  ante  la  Unidad  Nacional para la extinción del derecho de dominio y contra el lavado de  activos  profirió  resolución de apertura de investigación el 6 de febrero de  2002 (fls. 1 – 4 / 4).   

Durante  el curso del proceso se sometieron  al  trámite  de  sentencia  anticipada  algunos  de  los sindicados3;  el 19  de  diciembre  de  2002  profirió  resolución  de  acusación por el delito de  lavado   de   activos  contra  MARÍA  YURI  BOLAÑOS  GUTIÉRREZ  y  Diana  Marcela Acosta Perilla (Fls. 32  –  84  /  10),  que fue  confirmada  el  17  de  febrero  de 2003 por la Unidad Delegada ante el Tribunal  Superior    del   Distrito   Judicial   de   Bogotá   (Fls.   48   –       62       /       segunda  instancia).   

El Juzgado Penal del Circuito Especializado  de  Florencia  tramitó  el juicio y profirió sentencia condenatoria contra las  acusadas    el    13    de    febrero    de    2003   (fls.   113   – 132 / 12).   

La  defensa de las sentenciadas impugnó y  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Florencia, en sentencia del 9 de  julio  de  2004  lo  confirmó en relación con MARÍA  YURI   BOLAÑOS   GUTIÉRREZ  (Fls.  3  –   21   /  13.   Cuaderno  del  Tribunal).   

El  defensor  técnico  de  MARÍA    YURI    BOLAÑOS   GUTIÉRREZ  interpuso  y sustentó en término la demanda de casación (fls. 45 –  84  / 13) que se declaró ajustada  el  9  de  febrero  de  2005  y  se  corrió traslado al Ministerio Público que  conceptuó   el   pasado   24   de  septiembre  de  2007  (Fls.  9  –     38     cuaderno     de    la  Corte).   

LA    SENTENCIA  IMPUGNADA   

El fallo (Individual y colectivo) concluyó  que  la sentenciada participó como miembro coordinado por los accionistas de la  empresa  de  taxis  Reynel  Guzmán  y  Oscar Silva Calderón, accionistas de la  central   de   taxis   de   la   ciudad   de   Florencia,   en  la  transferencia      de      dineros  destinados   a   grupos   al   margen   de  la  ley  (f.a.r.c),  en  cuantía  de total de $565 000 000 y  que  fueron  consignados  desde  oficinas  bancarias de las ciudades de Bogotá,  Medellín e Ibagué por personas no identificadas.   

En  la  cuenta  de  la  sentenciada fueron  depositados,  en  la  ciudad  de Bogotá, en el mes de agosto de 2000, cincuenta  millones  ($50  000  000)  de  pesos  que  pretendió  justificar  aduciendo que  provenían   de   la   venta   de   dos   vehículos   taxis  al  señor  Reynel  Guzmán.   

El  juzgador no dio crédito a la versión  de la sindicada porque la encontró contradictoria:   

La vendedora individualizó dos vehículos  pero  el  comprador refirió placas diferentes;  no encontró razonable que  –habiéndose realizado  el  negocio  jurídico en la ciudad de Florencia, domicilio de los contratantes-  una   tercera  persona  desde  Medellín   hiciera   los   pagos,   además   de  que  no  se  identificó  correctamente  en  los  reportes  de  la  oficina del depósito, por cedulación  falsa,      por     nombre     falso.   

Precisó  además que, uno de los taxis se  destruyó  unos días antes de la transacción (pérdida total por choque) y sin  embargo  el  dinero  se  consignó  unos  días  después  en  la  cuenta  de la  vendedora;   en  fin,  que  la transacción se había hecho por “cuarenta  millones  ($40  000  000) de pesos”, mientras que en la cuenta de la procesada  se consignaron Cincuenta millones ($50 000 000), etc.   

Las    explicaciones    –contradictorias  unas, irrazonables  las  otras-  permitieron  al juzgador afirmar que la procesada prestó su cuenta  bancaria  para  aparentar  la  procedencia  lícita  de  los  dineros, que en su  totalidad   se   consignaron   a   nombre   de   cuenta  habientes  que  tenían  por misión entregarlos a  Reynel     Guzmán,     quien     –al  igual  que  otros  procesados- aceptó la responsabilidad y se  sometió al trámite de la sentencia anticipada.   

        LA IMPUGNACION   

Cargo  primero.   Falso  juicio  de  existencia por suposición   

Aduce el actor que el tipo penal de lavado  de  activos  es  una  conducta  punible  autónoma,  que contiene un ingrediente  normativo  que  condiciona  la  conducta  a  i)   establecer las actividades ilícitas que originan la  procedencia  mediata  o inmediata del objeto del delito (dinero en este caso) y,  además,   ii)   se  requiere  que  el  sujeto  activo  tenga pleno conocimiento del origen y destino  ilícito  de  los  recursos,  porque  sólo  de  esa manera se puede soportar el  juicio  de  culpabilidad  de  la  conducta  en  tanto  no se puede asumir que el  procesado  pretenda  legalizar o dar visos de licitud a los recursos, porque ese  juicio trasciende al elemento subjetivo del tipo.   

En  este  caso, a la luz del artículo 323  del  C.P.,  es  claro que no se demostró con certeza de qué actividad ilícita  provino  el dinero, si de actividades connaturales con el tráfico de migrantes,  con  la  trata  de  personas, con la extorsión, el enriquecimiento ilícito, el  secuestro  extorsivo, la rebelión, el tráfico de armas, o de delitos contra el  sistema  financiero,  contra  la  administración pública, o de alguna conducta  vinculada  con el producto de los delitos objeto de un concierto para delinquir,  o   de   actividades   relacionadas   con   el   tráfico  de  drogas  tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias  psicotrópicas…,  en  fin, no se determinó la  procedencia  de  los bienes objeto del blanqueo de capitales, siendo carga de la  administración  de  justicia  demostrar los delitos que son la fuente mediata o  inmediata de los recursos en el delito de lavado de activos.   

Por  esa  imprecisión, suponer demostrado  sin  existir  prueba  alguna que demuestre el origen de los dineros, el Tribunal  adujo   que  era  la  rebelión  la  fuente,  en  la  medida  que  los  recursos  pertenecían     a     un     grupo     alzado     en     armas    (f.a.r.c.).   

Violó indirectamente los artículos 9, 12  y  323  del  C.P.,  cuando  adujo  que el dinero se depositó desde la ciudad de  Medellín,  destacándose el ejercicio de acciones encaminadas al ocultamiento y  encubrimiento  de  gruesas  sumas  de dinero consignadas de manera fraccionada y  que  eran  de  “ilícita  providencia”,  sin  lograr  explicar, con acierto,  origen   ilícito  alguno  de  las  múltiples  posibilidades  previstas  en  la  norma.   

Supuso  la procedencia ilícita del dinero  por  una  “conjetura  o  malicia de carácter subjetivo de la Corporación”,  sin  contar  con  recaudo  probatorio  que  respalde  la tesis del Tribunal para  demostrar   la   fuente  mediata  o  inmediata  de  los  recursos  de  tránsito  bancario.   

Al  no  estar  demostrado  el  ingrediente  normativo  del  tipo,  el  actor  solicita  casar  el fallo y proferir sentencia  absolutoria.   

Cargo  segundo.   Falso  juicio  de  existencia por omisión   

La tesis defensiva se fundamentó en que el  tránsito  de  los  dineros  depositados en la cuenta de la señora MARÍA  YURI  BOLAÑOS GUTIÉRREZ tuvo su  génesis  en  la  negociación  por cuarenta millones ($40 000 000) de pesos, de  dos  vehículos  automotores  de  su  propiedad  que  fueron  vendidos  a Reynel  Guzmán,  y  el  excedente de diez millones ($10 000 000) que fueron consignados  en  la cuenta de la procesada lo fue por error del agente que actuó por encargo  del comprador.   

El sentenciador no se inclinó por la tesis  de  la  defensa  y  fundamentó  la  condena  en  la prueba indiciaria;  no  obstante,  soslayó  que también existe otro fundamento probatorio –contraindicios-  con  base  en  los  que  es  dable  predicar la inocencia de la  sentenciada.  En efecto:   

i)   Las  consignaciones  en  la  cuenta  corriente de la sentenciada por quince, veinte y  quince    millones   respectivamente   no  reflejan  la  mecánica delictual del “pitufeo” puesto que  no  se fraccionaron cantidades de dinero inferiores a diez millones de pesos que  es  el monto establecido para no firmar el formato de denuncia del origen de los  recursos consignados en cuenta.   

La   inferencia  que  se  saca  de  ello  (contraindicio)  consiste  en  que  no  se trató de una operación de lavado de  dinero  porque  no  se  utilizó  la  técnica  del  “pitufeo” puesto que se  suscribieron  los  formatos  de  reporte  de  la  consignación  mayor  de  diez  millones.   Por  ello la Corte debe creer  en la tesis defensiva.   

ii)  De la  devolución  que  hiciera  la  sentenciada  el  29 de agosto, al consignar en la  ciudad  de  Ibagué  quince millones ($15 000 000) de pesos en cuenta del señor  Guzmán,  lo  que  se infiere es que devolvió el exceso en la consignación por  parte  del  Agente  del  comprador  en  la ciudad de Medellín;  ese dinero  provenía  de  la negociación de los taxis, la negociación se había hecho por  cuarenta  millones  de  pesos y en la cuenta de la compradora fueron depositados  cincuenta  millones,  por  un  error  del  agente  del comprador en la ciudad de  Medellín.   

Como  la  devolución se hizo a través de  una   nueva   operación   bancaria   declarada   legalmente   por  MARÍA  YURI BOLAÑOS GUTIÉRREZ a nombre  del  señor  Reynel  Guzmán,  de  ello  se  concluye  que  no  se trató de una  operación  tendiente  a  ocultar dinero, sino de una negociación legítima con  ocasión  de  la transferencia de los taxis, que en últimas tampoco se realizó  por  cuestiones  ajenas  a  los  contratantes:   el  accidente  de  uno  de  ellos.   

iii)   En  últimas,  como  la  negociación de los taxis no se realizó, esa fue la razón  que   justificó   la   devolución   total   del   dinero   al   señor  Reynel  Guzmán.   

Esos    argumentos    en    contrario  (contraindicios)  conducen  a  desquiciar  la  legalidad  del  fallo  objeto del  recurso.    Como   normas  violadas  citó  el  artículo  232  del  C.  de  P.P.  que  se refiere a la necesidad de prueba para  fundamentar  la  decisión de mérito y la selección indebida del artículo 323  del C.P..   

Un  nuevo  análisis  de  la  prueba  de  exculpación   o  de  contraindicios  implica  la  absolución  de  MARÍA  YURI  BOLAÑOS  GUTIÉRREZ;   es en tal sentido como solicita casar la sentencia impugnada.   

Cargo  tercero.   Falso  raciocinio,  exclusión  de  la  duda  razonable y aplicación indebida del artículo 323 del  C.P.   

Argumenta  el  libelista  que no es dable  inferir  responsabilidad  penal  o participación en los hechos delictivos (como  lo  hizo  el  Tribunal  en la página 16 de la sentencia), por la amistad que se  predica  entre  la  sentenciada y el señor Reynel Guzmán, sencillamente porque  las  reglas  de  la  experiencia  indican  que  se  pueden generar negociaciones  lícitas entre los amigos.   

El Tribunal dedujo, de manera absurda, que  la  negociación  de  los vehículos no existió y que fue una trama ideada para  justificar  los  movimientos  del  dinero;   sin  embargo,  la amistad y el  conocimiento  previo  entre  la sentenciada y Reynel Guzmán permite colegir que  la   negociación   de   los  vehículos  se  realizó  sin  las  comprobaciones  documentales que reclama la sentencia del Tribunal.   

Al   detectar  algunas  inconsistencias  (como  que  i)  uno de los taxis objeto de la  negociación  se  accidentó  el  20  de  agosto  de 2000 y la consignación del  dinero  desde  la  ciudad  de  Medellín  a  la cuenta corriente de la vendedora  MARÍA    YURI    BOLAÑOS   GUTIÉRREZ   se  realizó  el  día  23  de  agosto  siguiente,  ii)   que   la   procesada   refirió  –por  los  números  de  placa-  los  vehículos  vendidos,  mientras  que  el  comprador  Reynel Guzmán  refirió   números   diferentes,   iii)   que  la  primera  devolución  del  dinero  en  cuantía de  Treinta  y  cinco  millones  ($35  000  000)  se hizo el 23 de agosto de 2000 en  efectivo,  en  la  ciudad  de  Florencia  Caquetá  y  por  esa  razón no dejó  constancia  alguna sobre el origen de la devolución), el Tribunal dedujo que la  negociación  de  los  taxis  y  la  posterior  devolución  del  dinero fue una  estrategia  defensiva ineficaz para tratar de probar la legalidad de la tenencia  del dinero.   

Sin embargo, dice, las inconsistencias que  detectó  el  Tribunal  no  son más que “dicotomía insular” imputable a la  falencia  del  comprador,  bien  por  el  transcurso del tiempo, por la presión  sicológica  de  la  diligencia  de  indagatoria o por omisiones connaturales al  proceso  intelectivo de recordación, que en todo caso no prueban alguna falacia  o estrategia para construir una coartada.   

En suma, el Tribunal tuvo como demostrada,  sin  estarlo,  la  fuente ilícita de los recursos que transitaron por la cuenta  de  la  procesada  y  fundamentó  el  criterio de certeza de la responsabilidad  penal          en          indicios         contingentes         “conjeturas”,      “malicias”,   “suposiciones”  que  afectaron  el  razonamiento, sin estar acreditada ni definida actividad ilícita  alguna de donde provino ese dinero.   

Es  por  ello  que  la Corte debe casar la  sentencia  condenatoria  y  proferir  fallo absolutorio, por duda, a favor de la  sentenciada.   

EL    CONCEPTO    DEL    MINISTERIO  PÚBLICO   

En  relación  con  el  primer  reproche,  recordó  que  el  delito  subyacente  es el de rebelión y que esa conducta fue  considerada  desde  la  resolución  de  acusación  y  también  en  las  actas  suscritas  entre  la  fiscalía  y  todos  los procesados (entre ellos el propio  Reynel  Guzmán,  fl.  153  / 7), que sirvieron de base para proferir sentencias  condenatorias   contra  quienes  se  sometieron  al  trámite  de  la  sentencia  anticipada,  pues,  aceptaron  expresamente  que  los  dineros  provenían de la  actividad de rebelión.   

En   esas   actas   de  aceptación  de  responsabilidad  penal  se  aprecia  la existencia de informes sobre la presunta  relación  de  empresas que podrían estar prestándose para ser utilizadas como  testaferros     de     las    f.a.r.c.,  a más de ello, los juzgadores (individual y colegiado) citaron  los   informes   de  inteligencia  militar  que  dan  cuenta  de  este  tipo  de  relaciones.      En    el    sistema    penal    colombiano    –dijo- hay libertad probatoria y los  informes  de  inteligencia  militar  y  de  policía  judicial son válidos como  criterio orientador de la investigación.   

Estimó que no se requiere que la conducta  delictiva  base  esté  “judicialmente  declarada”,  que  el  tipo  penal no  requiere  de ese “reconocimiento judicial” para encontrar la relación entre  la  específica  conducta  delictiva  base  y  el  lavado  de  dinero,  sino una  “razonable  ilación” entre el actuar y las diferentes manifestaciones de la  conducta punible de lavado de activos prevista en el artículo 323.   

Para demostrar la responsabilidad penal se  requiere  apreciar  las  exculpaciones del procesado y si no son satisfactorias,  basta  con  una  apreciación  razonable  de los diferentes medios de prueba del  expediente  para  poder  inferir  válidamente  que  se trata de una conducta de  lavado de dinero.   

El  Ministerio  Público  recordó que la  demostración  del  origen  del dinero no está sujeta a un específico elemento  de  prueba  y  tampoco  a  un  pronunciamiento  judicial sobre el punible que lo  origina;    sin  embargo,  dijo,  el  elemento  normativo  del tipo referido a la procedencia del  dinero de una actividad ilícita, sí aparece demostrado.   

En  relación  con  el  segundo  y tercer  cargos  adujo  que, al margen de la técnica de fundamentación de cada censura,  el  argumento  del  recurrente es una réplica abierta a las consideraciones del  juzgador  y  las  motivaciones  del  fallo  vienen  precedidas  de  doble amparo  presuntivo de legalidad y certeza.   

       LA CORTE CONSIDERA   

Es competente la Corte Suprema de Justicia  para  resolver el recurso extraordinario de casación propuesto por el opugnador  contra   la   sentencia   proferida   por  el  Tribunal  Superior  de  Florencia  –    Caquetá,   de  conformidad  con el artículo 205 de la Ley 600 de 2000, sin perjuicio del poder  oficioso  que  le confiere el artículo 216 en concordancia con el artículo 206  y el numeral tercero del artículo 207 ib.   

Cargo  primero.   Falso  juicio  de  existencia por suposición   

Sin  soslayar  el  argumento  cierto  del  Ministerio   Público   y   de   las  sentencias  de  instancia,  en  el  sentido  de  haber  demostrado a  cabalidad  que el dinero que se manejó en las cuentas de la sentenciada provino  de  una  organización  al  margen  de la Ley y que eran producto destinado a la  financiación     del     terrorismo,   porque   así   lo   aceptaron  expresamente  algunos  de  los  sentenciados  que  se  sometieron al trámite de sentencia anticipada en aras de  obtener  beneficios  punitivos,  argumento  probatorio  que  de plano excluye la  suposición  probatoria  que  alega el libelista, la Sala reitera la tesis de que el lavado de activos es  una           conducta           autónoma4:   

Para   fundamentar   adecuadamente   la  imputación  por lavado de activos basta con que el sujeto activo de la conducta  no     demuestre     la     tenencia     legítima     de    los    recursos,  para  deducir  con  legitimidad y en sede de sentencia  que  se  trata  de  esa  adecuación  típica  (lavado  de  activos),   porque   en   esencia,  las diversas conductas alternativas  a  que  se refiere la conducta punible no tienen como referente “una decisión  judicial  en firme”, sino la mera declaración judicial de la existencia de la  conducta punible que subyace al delito de lavado de activos.   

Dicho de otra manera, para incurrir en la  conducta  de  lavado  de  activos  basta  con  que el  sujeto   activo   oculte  o  encubra  la  verdadera  naturaleza,  origen,  ubicación,  destino,  movimiento  o  derecho  sobre tales  bienes   o   realice  cualquier    otro    acto   para   ocultar   o   encubrir   su   origen        ilícito,   para   incurrir   por   esa  sola  conducta    en   las   penas   previstas   en   la  norma.   

Suponer  que,  para  poder sentenciar por lavado de activos tiene que demostrarse en el proceso  con      “una     decisión     judicial     en  firme”  el  delito  matriz  (las  actividades  de  tráfico   de   migrantes,   etc.),  es  tanto  como  garantizar  la  impunidad  en  los  eventos en que el procesado logra simular la  conducta   subyacente   y   sin  embargo…adquiera,  resguarde,  invierta, transporte, transforma, custodia o administra determinados  activos  de  los  que  es deducible que provienen de  actividades al margen de la ley.   

No   es   dable   asociar  la  demostración  “con  certeza”  de  la  actividad  ilícita  antecedente,   o   la   “prueba”   de  la  conducta  subyacente  o  el   requerimiento  de  una  declaración  judicial  “en  firme”  que  declare la  existencia  del  delito  base  para  fundamentar  el elemento normativo del tipo  en  la conducta de lavado  de  activos.  La Sala  reitera   la   tesis   de   que   lavar  activos  es  una      conducta      punible      autónoma         y         no  subordinada.   

El  lavado de activos, tal como el género  de  conductas  a  las  que  se  refiere  el  artículo  323,  es  comportamiento  autónomo5  y  su  imputación  no  depende  de  la  demostración,  mediante  declaración  judicial  en  firme,  sino  de la mera  inferencia  judicial  al  interior  del proceso, bien en sede de imputación, en  sede  de  acusación  o  en  sede de juzgamiento que fundamente la existencia de  la(s)  conducta(s)  punible(s)  tenidas  como  referente en el tipo de lavado de  activos.   

El  reproche  a  la  conducta de lavado de  activos  se  fundamenta  de manera alternativa cuando el sujeto activo adquiere,  resguarda,  invierte,  transporta,  transforme, custodia, administra… da a los  bienes  producto  de  una  conducta  delictiva  de  las  descritas  en  la norma  apariencia  de  legalidad,  o  los legaliza, o cuando  los  oculta  o  encubre  la  verdadera naturaleza, oculta o encubre el verdadero  origen,  oculta o encubre la verdadera ubicación, el  verdadero  destino,  el  verdadero  movimiento  o  derecho  sobre  tales bienes,  o  encubre  u  oculta el origen ilícito.   Es  un tipo penal paradigma de alternatividad en la manera  de ejecución de la conducta:   

En  concreto,  suponiendo  que  jamás  se  detecta,   con   certeza,   la   verdadera   naturaleza  del  dinero6,  de  todas  maneras  habrá  que  concluir  que  la  conducta de la sentenciada es lavado de  activos,    puesto    que   el   comportamiento   consistió   en   aparentar  la  legalidad, en ocultar el origen ilícito  de  determinada  suma  cuando  la  procesada  prestó  su  cuenta  bancaria  para  que hicieran un depósito a su nombre en la ciudad de Medellín,  para  luego entregar el efectivo al destinatario (quien aceptó expresamente, al  igual   que  otros  coprocesados,  que  el  destino  era  la  financiación  del  terrorismo y aceptó los cargos).   

Cuando  el tenedor de los recursos ejecuta  esa  mera  actividad  (aparentar  la  legalidad del activo) y oculta su origen e  inclina  su  actividad al éxito de ese engaño, orienta su conducta a legalizar  la  tenencia  del  activo, es claro que incurre en la conducta punible porque su  comportamiento  se  concreta  en  dar  a  los bienes  provenientes     o    destinados    a    esas    actividades    apariencia    de  legalidad;      es     decir,    encubre  la verdadera naturaleza ilícita del producto.   

Una  atenta  lectura  del tipo penal (art.  323)  pone  en  evidencia  que,  cuando no se prueba el amparo legal del capital  portado,   invertido,   resguardado,  transformado,  etc.,  cuando se oculta el  origen  del  mismo,  es  dable  colegir que adecua su  conducta al lavado de activos.   

En  suma,  la  conducta  de  ocultar  o encubrir el origen del capital  basta  para  la  adecuación  típica,  pues, en coherencia es dable predicar el  permanente  deber  jurídico de los asociados de justificar el amparo del activo  que  adquieran,  resguarden,  transporten,  transformen, custodien, administren,  etc..   

Por  ello, la Sala ratifica el criterio de  que  la conducta de lavado de activos es una conducta autónoma y no derivada de  la  imputación  y  condena  (al  procesado  o  a  terceros)  por  una  conducta  antecedente o subyacente.   

2.  El  lavado  de activos, o blanqueo de  capitales  como también se le denomina, consiste en la operación realizada por  el  sujeto  agente  para  ocultar  dineros de origen ilegal en moneda nacional o  extranjera  y  su  posterior  vinculación a la economía, haciéndolos aparecer  como legítimos.   

Lo  anterior significa que dicha conducta  típica  puede ser realizada por cualesquier persona a través de uno cualquiera  de   los  verbos  rectores  relacionados  en  la  norma  -adquirir,  resguardar,  invertir,  transportar, transformar, custodiar, administrar- bienes provenientes  de  los  delitos  de  extorsión, enriquecimiento ilícito, secuestro extorsivo,  rebelión,  o relacionados con el tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o  sustancias   sicotrópicas,   así   como  también  del  tráfico  de  armas  y  comportamientos  delictivos  contra  el  sistema  financiero, la administración  pública  y  los  vinculados  con  el  producto  de  los  ilícitos objeto de un  concierto  para  delinquir  -conductas  estas  últimas  adicionadas en la nueva  normatividad  y  que  no  aparecían  descritas  en  el precepto derogado-, como  también  lo fueron las actividades de tráfico de migrantes y trata de personas  por  el  Art.  8º  de  la  Ley  747  de  2002;  darle apariencia de legalidad o  legalizar  tales  bienes,  ocultar  o  encubrir  su verdadera naturaleza, origen  ubicación  o  destino,  movimiento  o derechos sobre los mismos; o realizar  cualquier  otro  acto  para ocultar o encubrir su origen  ilícito”7.   

La técnica legislativa de redacción de la  norma  con  inclusión  de  verbos  alternativos  y de un listado de actividades  ilegales   (entre   ellas   la  financiación  del  terrorismo,  Artículo  323,  Modificado  L.  747  / 2002, art. 8°, Modificado L. 1121/2006, art. 17) implica  mayor   cobertura   para   fundamentar   adecuadamente   la   imputación.   Así:   

i)  Es dable  entender,  por  una  parte y a título de ejemplo, que si la conducta consistió  meramente  en  invertir,  o  consistió  en  transformar,  en  transportar, o en  administrar     bienes     y,     además,     se  demuestra  que son producto de una de las actividades  ilegales  a las que se refiere la norma, es predicable la imputación por lavado  de activos.   

ii)   Pero  también  es  dable  aducir,  por  la autonomía del juicio de reproche, que hay  lavado  de  activos  cuando no logra establecerse el  origen del capital porque el procesado lo oculta (con  relativo   éxito),   no   obstante,   la   fiscalía  y  el  juez  lo  infieren  y  así  lo  declaran con  algún  referente  probatorio  (directo  o indirecto) más o menos aproximativo,  que  permita  fundamentar del origen ilícito de la fuente que genera el recurso  (delitos enlistados en el artículo 323).   

En  estos  eventos,  de  todas  maneras  la  conducta  del  procesado  se  centra  en  ocultar  su  origen,    en   dar   apariencia   de   legalidad,   en   encubrir   el   origen  ilícito, sin que ello impida inferir que proviene de  una   actividad   ilegal   de   las   enlistadas   en   la   norma  (ingrediente  normativo).    Es   decir,  la  actividad  ilegal  subyacente  no   requiere  de  decisión  judicial  que  la  pruebe,  sino  de  inferencia lógica que la fundamente.   

Por    ello,   dada   la   autonomía  de  la conducta de lavado de  activos,  el  objetivo  del  proceso  penal  (determinar  la responsabilidad por  lavado   de  activos)  se  cumple  aunque   no   se   pueda   establecer   de   manera  plena  la  actividad  ilegal  subyacente  (fuente  del  recurso).   

Es  por ello que, demostrar el amparo legal  del  capital  que  ostenta  o  administra,  etc.,  es  cuestión  a la que está  obligado    el    tenedor    en    todo  momento;   y  cuando  no  demuestra  ese amparo legítimo es  dable   inferir,  con  la  certeza  argumentativa  que  exige  el  ordenamiento  jurídico  penal,  que  la  actividad   ilegal  consiste  en  “…encubrir  la  verdadera  naturaleza,  origen,  ubicación, destino, movimiento o derecho sobre  tales  bienes”,  de  manera  que  por  esa  vía se  estructura  la  tipicidad  y  el  juicio  de  reproche a la conducta de quien se  dedica a lavar activos.   

iii)   Es  claro  entonces  que para sentenciar por lavado de activos no se requiere de una  decisión   judicial   que   involucre   al   procesado   en  la  comisión  del  comportamiento  subyacente  (delito  base), entre otras razones porque el delito  base  puede ser cometido por terceros (éste es el caso) y no necesariamente por  el  lavador  del  activo.   La  norma tampoco exige de la existencia de una  condena   (contra   el  procesado  o  contra  terceros)  por  el  comportamiento  subyacente que genera el activo.   

Se insiste:  la imputación por lavado  de  activos  es  autónoma  e independiente de cualquier otra conducta punible y  para  fundamentar  la  imputación  y  la  sentencia  basta  que  se acredite la  existencia  de  la  conducta  punible  subyacente  a  título  de mera inferencia por la libertad probatoria  que marca el sistema penal colombiano.   

iv)   La  inferencia  que  hace  el  fiscal  y/o  el  juez  en  relación con la actividad  ilícita      subyacente      estructura,     con  suficiencia,  el  elemento  normativo  del  tipo (que  tengan  su  origen  mediato o inmediato en actividades de…), para acreditar la  existencia  de  la  actividad  ilegal  que  sirve  de  fuente de la tenencia del  activo.   

Con  esa  fundamentación  (probatoria  o  inferida)  producto de la apreciación de los elementos materiales probatorios y  de   la  evidencia  con  la  que  cuenta  el  proceso,  basta  para  fundamentar  adecuadamente   la   imputación   y   la   condena8;  la carga de desquiciar  la   imputación   corresponde   al   procesado   en   ejercicio  legítimo  del  contradictorio.   

v)    La  diferencia  en  esta  materia  entre  el  lavado  de  activos  (art. 323) con el  enriquecimiento   ilícito   de   particulares  (art.  327)  radica  en  que  en  éste el actor ostenta la  personería  del  bien  (para  sí  o  para  otro), mientras que en aquél  no  ostenta personería pero lo  porta,  lo  resguarda,  oculta  su  origen,  etc.,  y  se  detecta  –al  menos  a  título de inferencia-  que  el  bien  está  asociado  con  las  actividades  ilícitas referidas en la  norma.   

En  suma,  el  enriquecimiento  ilícito de  particulares  es  un  delito fin en sí mismo, mientras que el lavado de activos  encubre  actividades  cuya  gravedad  es  mayúscula  y  ello  se  refleja en la  determinación  penológica.   Se  trata  de  dos  conductas  que,  si bien  atentan  contra  el  mismo bien jurídico, difieren en su estructura y elementos  normativos,    en    el    fundamento    y   la   naturaleza   del   juicio   de  reproche.   

vi)   Finalmente,  tampoco  es cierto que el fallador haya  supuesto  la  prueba del  elemento   subjetivo   del  tipo,  porque  si  bien  la  sindicada  simuló  una  transacción  de  taxis  para  demostrar  la  legítima  tenencia del dinero que  manejó  en su cuenta corriente (cfr. Infra, segundo cargo), las inconsistencias  del   dicho   relevadas   en  la  sentencia  develaron  que  se  trató  de  una  coartada.   

Por  ello,  la  Sala  encuentra acertado el  análisis  del  sentenciador  (individual  y  colegiado) en el sentido de que la  conducta      de      MARÍA     YURI     BOLAÑOS  GUTIÉRREZ  reunió las condiciones del tipo penal de  lavado  de  activos.   (tipicidad  plena,  antijuridicidad y culpabilidad).   

El cargo no prospera.  

Cargo  segundo.   Falso  juicio  de  existencia por omisión   

El  libelista fundamentó la crítica por  omisión de la pruebas de “contraindicios”.   

Cuando  se  formulan  reparos a la prueba  indirecta  (indicios o contraindicios), es pacífico que al actor le corresponde  acreditar  el  tramo  lógico  de la construcción de la prueba indiciaria en el  que    se    presentó    el   error   de   juicio   del   fallador:    Le   corresponde   demostrar  (y    aquí   no   se   hizo)   que   el  error  tuvo su fuente en la apreciación material de la prueba  del  hecho  indicador,  en  el  proceso  de  inferencia  o  en poder estimativo,  suasorio, del indicio, o del contraindicio.   

La crítica a la prueba inferencial no es  una   instancia  de  alegación  abierta;   al  impugnante  le  corresponde  demostrar     errores    trascendentes     de     lógica    si  se  trata  de  evidenciar  críticas a la inferencia, no puede  limitar  la  censura,  como  en  este caso, a la presentación de una “tercera  opción” de apreciación de pruebas.   

Lisa  y  llanamente,  el libelista llamó  “contraindicios”  a  la  particular  manera  como él estima las pruebas, al  hilo de la tesis defensiva:   

La condena tiene su núcleo argumentativo  en  el hecho probado de que por la cuenta bancaria de la sentenciada transitaron  dineros  depositados  (sin razón) desde la ciudad de Medellín y que la señora  BOLAÑOS GUTIÉRREZ retiró  y  entregó al destinatario Reynel Guzmán en la ciudad de Florencia (Caquetá),  quien  aceptó  que  se  trataba  de  recursos destinados a la financiación del  terrorismo.   

El “contraindicio” omitido –según  el censor- no es más que la  tesis  que  sostuvo  la procesada:  Que el depósito de dinero en su cuenta  obedeció  a la negociación por cuarenta millones ($40 000 000) de pesos de dos  vehículos de su propiedad.   

El  núcleo  de  la censura es indefinido,  radica  en  minimizar las contradicciones exculpatorias que detectó el juzgador  y que siguen siendo irrelevantes para la defensa:   

i)   El  hecho  de  que  fuese  consignado  el  dinero en Medellín si la negociación se  realizó  en  Florencia  (domicilio de los contratistas), el depósito excedente  en  diez  millones  ($10 000 000), la discrepancia del referente de negociación  por  la  falta  de identidad entre los vehículos que refieren la vendedora y el  vendedor, siguen siendo nimias contradicciones para el libelista.   

ii)   Las  sumas  consignadas individualmente, por exceder de diez millones de pesos, no se  adecuan  a  la  mecánica  delictiva  conocida  como pitufeo, porque exceden del  monto  exigido  por la superintendencia bancaria (financiera) que exige reportar  las transacciones que superen esa suma.   

Ese  par de réplicas le sirven al censor  para  aducir  –de forma  ilimitada-  que  no se trató de una operación de lavado de dinero porque quien  consignó  reportó la operación;  sin embargo, soslayó el recurrente que  una  y  otra  vez  demostró  el  sentenciador  que  la persona que consignó no  reportó su verdadera identidad (nombre y cédula).   

En  suma,  el pitufeo (entendido como las  consignaciones  sucesivas  en  cuantías inferiores a diez millones de pesos) es  sólo   una   manera  de  ocultar  las  transacciones  de  múltiples  sumas  de  dinero;   otra  alternativa de lavar dinero consiste en realizar depósitos  superiores  a  ese  monto simulando una declaración bancaria con datos falsos e  identidad    ficta.     El    “pitufeo    o  estructuración”    puede    realizarse    de   diferentes   modos9.   

La Sala precisa que la censura, más allá  de  la omisión de la prueba indirecta (indicios), se contrae a la presentación  de  las  íntimas  conclusiones del libelista, quien afirmó insistentemente que  no  se  trató  de  una operación para ocultar dinero, que fue una negociación  legítima  con  ocasión  de  la transferencia de dos vehículos taxis y como la  negociación  no fue exitosa la procesada devolvió el dinero… sin embargo, el  señor  Reynel  Guzmán  (comprador)  admitió  por  su  parte que se trataba de  dineros  vinculados  con  la  financiación  del  terrorismo  y se sometió a la  sentencia anticipada.   

No prospera la censura.  

Cargo  tercero.   Falso  raciocinio,  exclusión  de  la  duda  razonable y aplicación indebida del artículo 323 del  C.P.   

Cuando se alega el falso razonamiento como  causal  de impugnación de la sentencia, es carga del libelista demostrar la sin  razón  del  argumento  del  juzgador  que se traduce en atropello abierto a las  reglas   básicas  de  la  sana  crítica  (sentido  común,  lógica,  ciencia,  experiencia).   Este específico sentido de quebranto normativo no se puede  contraer a la contradicción entre el demandante y el juez.   

Sin entrar a controvertir las motivaciones  del  cargo,  la Sala comparte los postulados en que se funda:  es legítima  la  negociación  (de  los  taxis)  entre  dos amigos;  no es censurable la  negociación en confianza, sin registros.   

Sin embargo, dadas las contradicciones en  que  incurrió  la  defensa  (véase  supra,  segundo  cargo)  y  la aceptación  explícita  de responsabilidad por parte de la mayoría de los miembros de grupo  dedicado  a  lavar  dinero  destinado a la financiación del terrorismo, la Sala  encuentra  acertada  la  manera  como  el  sentenciador (individual y colectivo)  articuló los medios de convicción del proceso.   

En  esta censura –al      igual      que  la  del segundo cargo-  el  actor  se  apartó  de   la   técnica   de  fundamentación  del  error  in      iudicando,     presentó    una   manera   insular,  alternativa,    de  apreciación  de  las  pruebas  del  proceso que de ninguna manera compromete la  legalidad del fallo objeto del recurso.   

El cargo no prospera.  

En  mérito  de  lo  dicho  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal y  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

       RESUELVE   

1.-          NO              CASAR    la   sentencia   del  9  de  julio  de  2004 proferida por el Tribunal Superior del  Distrito       Judicial       de      Florencia      –      Caquetá.   

2)         SOLICITAR  al  señor  Juez  Penal del  Circuito  Especializado  de  Florencia (Caquetá), de ejecución de la pena, que  surta  las  comunicaciones  de  que  trata  el  artículo  472 del la Ley 600 de  200010.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                 MARIA     DEL     ROSARIO     GONZALEZ    DE  LEMOS   

                                            Comisión    de  servicio   

             AUGUSTO         J.        IBAÑEZ  GUZMÁN                                                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

  YESID RAMÍREZ BASTIDAS                                             JULIO   ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

                    

                                                                          

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1El  Tribunal   absolvió   por   duda   a   la   procesada   Diana   Marcela  Acosta  Perilla.   

2Art.  323 de la Ley 599 de 2000.   

3Reynel  Guzmán,  Oscar Silva Calderón, Luís Fernando Calderón,  Jairo  Escobar  Cortés,  Liliana  Patricia  Zúñiga  Gómez  y Millar Carvajal  Torres.   

4Sentencia del 05/10/2006, rad. Núm. 25248   

5Cfr.  CORTE    SURPEMA    DE    JUSTICIA,   Sentencia   del   19/01/2005,   rad.   No.  21044.   

6Cuestión  que  aquí no ocurre porque se tiene prueba testimonial,  por  aceptación  de  cargos de otros coprocesados, de que estaba destinado a la  financiación del terrorismo.   

7CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, auto de colisión de competencia del 27/10/2004, Rad. No.  22673.   

8Cfr.  Sentencia del 28/2/2007, rad. Núm. 23881   

9Ver  resolución de acusación (segunda instancia, página 11).   

10Cfr.  Página 110 del fallo de primera instancia.     

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