23173(05-09-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23173  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 092  

Bogotá, D. C., cinco (5) de septiembre de dos  mil seis (2006).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  CARLOS ARTURO GIL MELO.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por el  juzgador de primera instancia de la siguiente manera:   

“Tuvieron  ocurrencia  entre  las 19:30 y las 20:00 horas del día 12 de noviembre de 1997,  frente  a  la  casa  N°  20  de la manzana E del barrio el Bunde de esta ciudad  (Ibagué),  en momentos en  que  el señor Luis Alfonso Rada Soto se desplazaba en el vehículo Hyundai GLS,  modelo  95,  de  placas  FRA-095  de Fresno, color palo de rosa, de propiedad de  Andrea  Milena Campos Rada, en compañía de María Emilgen Pedraza Barrios y en  momentos  en que llegaba a una sastrería cercana al lugar de residencia de esta  última,  fue  sorprendido  por  un individuo que sin mediar palabra disparó en  varias  oportunidades sobre la humanidad del conductor, causándole varias   heridas  que a la postre le produjeron la muerte a pesar de los esfuerzos de los  facultativos”.   

2.  El Juzgado Tercero Penal del Circuito  de  Ibagué, mediante sentencia del 24 de abril de 2000, condenó a los acusados  Carlos   Arturo  Gil  Melo,  Elizabeth  Benincore  Castro y Jorge Eliécer Peña Ramírez a la pena principal  de  42  años  de  prisión,  a  la  accesoria de de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por el lapso de 10 años y al pago de los perjuicios, como  coautores  del  delito  de  homicidio  agravado,  imputado  en la resolución de  acusación, la cual quedó ejecutoriada el 2 de diciembre de 1998.   

3.   Apelado el fallo por el defensor de  los  procesados,  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué, el 3 de julio de 2004, lo  modificó  en  el  sentido  de condenar a los acusados a la pena principal de 27  años de prisión. En lo demás lo confirmó.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El   defensor  del  procesado  Carlos  Arturo  Gil  Melo,  con base en la  causal  primera  de  casación,  acusa  al  sentenciador  de  haber incurrido en  “manifiestos y graves errores de hecho y de derecho  en      la      aplicación      de      la     norma     sustantiva”.   

A   continuación,  en  el  subtítulo  que  denominó     “ERROR     DE    HECHO”,  dice  que  el  funcionario  de  primera instancia sustentó la  condena  en  el testimonio de la “inicial informante  sin  rostro” y que posteriormente se identificó como  Lucy  Isabel  Rodríguez Guzmán, quien nunca pudo ser contra interrogada por la  defensa  “porque en su primera declaración del 4 de  diciembre  de  1997, compareció a las 4 y 20 de la tarde y posteriormente a las  cinco y media de la tarde”.   

Afirma que el 2 de diciembre de 1997 apareció  un   manuscrito   anónimo   en   el  cual  se  consignan  unos  “chismes  de  una  pareja  y  de un tercero en discordia”  sin  que se hable “en forma baladí  del  señor  Gil  Melo”, escrito que, en su criterio,  pareciera  que  hubiese  sido  dictado a Lucy Isabel Rodríguez, “quien  no  es  una  persona  que  presuntamente  puede  dar certera  información de un hecho delictuoso”.   

Estima  que  la familia Rada Soto jugó papel  importante  en  la  redacción  de  dicho  manuscrito y en la declaración de la  citada  mujer,  pues  las  hojas del “papel anónimo  tienen  la  fecha  del  día  2  de  diciembre de 1997 y la declaración de este  personaje  es  a  los dos día siguientes, es decir, que no duró sino dos días  con  las ganas de que no se conociera su identidad, pero pudo más el dinero que  ser  un testigo protegido al menos por la Fiscalía”,  situación  que,  en su opinión, impide creer todo lo que ella dice, a quien no  pudo  contra  interrogar,  desconociéndose  cuál  interés  la rodeaba y si le  sacó provecho a la familia del occiso.   

Asevera  que  Lucy  Isabel  Rodríguez  en su  declaración  cita a Carlos Arturo Gil Melo  “en  forma ocasional y no delictual y  lo  hace  porque  no  tenía  los  medios para probar que es la persona que pudo  haber  contratado unos sicarios para acabar con la vida de Rada Soto”,  además  de que la fiscalía dirigió la investigación en una  sola  dirección, pues “no se detuvo a pensar que el  hoy  occiso  había  sido  víctima  de  un  atentado  criminal,  no se detuvo a  investigar  que  Rada  Soto  había tenido problemas con el marido de una de sus  amigas,  no  se  detuvo a investigar que el hoy occiso tenía la versatilidad de  tener  otras  mujeres  como  amigas y seguramente, supone este casacionista, que  esas  mujeres  tenían  amigos  o  maridos  que  pudieron, por qué no, lavar la  ofensa  que  les  había  hecho”,  como  tampoco  se  investigó  a  fondo  a  la  mujer  que  el  día  de los hechos lo acompañaba,  desconociéndose si en su declaración dijo o no la verdad.   

“La   parte  fundamental  de  la  declarante  Lucy  Isabel  Rodríguez, es que según ella la  señora  Elizabeth Benincore le había dicho que era su deseo, NO SU INTENCIÓN,  dar  muerte  a  su cónyuge Luis Alfonso Rada, para poder salir de la situación  económica,  que  porque  su  esposo  no  le  cubría  todos los gastos. Pero la  pregunta  es  si  con  la muerte del señor Rada Soto se le solucionaba la parte  económica  a  la  señora  Elizabeth?. Estimo o presumo que no, porque el mismo  dotaba  de  todo  a  su  señora  esposa.  Más bien esta mujer aparece como muy  alegre  en  sus dichos y en las personas que tenía alrededor de su vida, porque  menciona   hasta   amigos   que   venían  de  Bogotá  a  visitarla”.   

Así,   entonces,   considera  que  con  el  mencionado        testimonio,        que       es       de       “oídas”,   se   está  presumiendo  la  responsabilidad  de  su  defendido, la cual, en su criterio, no está probada y,  por  el  contrario,  se  ha  incurrido en la credibilidad de una “verdad que es falsa”.   

Le causa curiosidad que Lucy Isabel Rodríguez  sabía  de  la  vida  y de los detalles diarios de Elizabeth Benincore, conocía  que  ésta  tenía un amante, sabía que Jorge Eliécer Peña se iba a encontrar  con  Carlos  N.,  que éstos iban a realizar un trabajo, que iban a matar a Rada  Soto  y,  según  ella, hasta hizo una llamada al hoy occiso para prevenirlo del  atentado.  En  fin,  considera que faltó “el   examen   psiquiátrico   a  este  personaje     fantasioso    y    mentiroso”.    

En  su  opinión, dicha declaración no tiene  consistencia    alguna,   tratándose   de   una   mujer   que   “gozó  de los beneficios económicos de la señora Benincore, no es  más  que  una  oportunista  en  este  proceso  penal  y  no  se  le  puede  dar  credibilidad  a  la  parte  incriminatoria,  es  de  esas personas que viven del  chisme  y  de  ello  sacan  una  conclusión  como  presunta  verdad”,  motivos por los cuales no podía tenérsele como fundamento de  la condena.   

En  seguida,  en el acápite que el libelista  llamó     “ERROR     DE     DERECHO”,  afirma  que  pretende  “relevar el  alcance   dado   por   el   fallador  a  la  prueba  que  sí  procesalmente  es  objetiva”,  respecto  de  la  cual  hubo ausencia de  “ponderación” en cuanto  al fenómeno del in dubio pro reo. Añade que:   

“Se  desecharon  varias  pruebas,  pero  la  principal  la  relacionada con el examen de medicina  legal  a  la señora denunciante Lucy Isabel Rodríguez era la prueba reina para  determinar  lo  relacionado con la psiquis de esta mujer… En síntesis, tomado  el  testimonio  de  la  señora Rodríguez, se puede concluir que se ha dicho la  verdad  en este proceso. ¿Causa?. Aquí no sé qué pasa, pero han existido una  serie  de  situaciones raras, como el homicidio de uno de los hoy condenados. Es  muy  cierto  que  existen contradicciones por el haz testimonial; empero desdice  lo  sustancial  de  los  hechos y para esto se necesita que el señor Magistrado  nos case la sentencia”.   

Después de sostener que la pena impuesta a su  defendido  fue  exagerada,  refiere que el juzgador le dio al testimonio de Lucy  Isabel  Rodríguez  un  “valor  probatorio  que  en  ninguna   manera   podía  corresponderle”,  máxime  cuando  no  había  más  elementos  de  juicio  sobre  los cuales se fundara la  responsabilidad de su procurado.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  se  profiera uno absolutorio a favor de su  defendido.   

ALEGACIÓN     DEL    NO   RECURRENTE   

El  Procurador  Judicial  Penal  II  – 103 de  Ibagué,   en  su  condición  de  Agente  Especial,  solicita  a  la  Corte  la  inadmisión  de  la  demanda  presentada  a  nombre  del  procesado Gil  Melo, toda vez que, en su criterio, la  misma  no está elaborada con sujeción a los parámetros técnicos que la ley y  la  jurisprudencia  han  establecido para el efecto, además de que la sentencia  atacada  está edificada con fundamento en las pruebas legalmente recaudadas, de  las  cuales emerge la responsabilidad del acusado, y la normatividad aplicada se  ajusta a derecho.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Advierte la Sala que la demanda presentada a  nombre   de   Carlos  Arturo  Gil  Melo  no  reúne  los  requisitos  de  claridad y precisión que para ser  admitida establecen las normas que regulan la casación.   

Ante     todo     debe   reiterarse    que   la   demanda   de   casación   no   es  de  libre formulación, por lo que no es procedente toda  clase  de cuestionamientos a  una  sentencia  que  por   ser   la  culminación  de  un proceso está amparada por la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, sino que debe ser un escrito claro,  lógico,  sistemático  y coherente en el que, al tenor de los motivos expresa y  taxativamente  señalados  en  la ley, se denuncian errores bien sea de juicio o  de  procedimiento  en  que  haya  podido incurrir el sentenciador, procediendo a  demostrarlos dialécticamente y evidenciando su trascendencia.   

Tales  presupuestos no los reúne el libelo  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala,  pues  si  bien el actor anuncia que lo  sustenta  en  la causal primera de casación, de todos modos en su desarrollo no  se  respetan  los  parámetros  y las reglas técnicas que la ley ha establecido  para tal hipótesis.   

En   efecto,   el  defensor  del  procesado  Gil  Melo,  al  amparo de la  causal  primera  de  casación,  formula el reproche contra la sentencia dictada  por  el Tribunal Superior de Ibagué, toda vez que, en su criterio, incurrió en  “manifiestos y graves errores de hecho y de derecho  en      la      aplicación      de      la     norma     sustantiva”.   

Como  bien  puede  observarse, desde el mismo  inicio  surge  protuberante  la   deficiencia  y la falta de claridad en la  formulación  jurídica  del  cargo, evidenciándose así el desconocimiento que  el  actor  tiene  respecto  de  los  parámetros  técnicos que rigen el recurso  extraordinario de casación.   

Si  bien es cierto que el libelista fundó el  ataque  contra  la  sentencia de segunda instancia por los senderos de la causal  primera  de  casación,  también lo es que no señaló la vía de transgresión  de  la ley sustancial,  esto es, si fue de manera directa o indirecta, como  tampoco  indicó  cuáles  fueron los preceptos sustanciales vulnerados por  el  juzgador  y  su  sentido,   es  decir,  si  por  falta  de aplicación,  aplicación indebida o interpretación  errónea.   

Ahora bien, en el entendido de que la censura  la  postuló  bajo  los  lineamientos  de  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial,  por  cuanto  que manifestó, de manera enunciativa, que el Tribunal  cometió  “errores de hecho y de derecho”,   de  todos  modos  no  señaló  los  falsos  juicios  que  lo  determinaron.   

Se hace necesario recordar una vez más que el  error  de hecho, como lo ha indicado la Corte, en materia probatoria subyace una  actitud  frente  a  lo  descriptivo,  en  el  sentido  de  que  se transgrede la  información   suministrada  por  la  prueba  o  se  finge  la  que  ella  pueda  suministrar, generándolo tres falsos juicios, a saber:   

a)  Falso juicio de existencia, según el  cual,  el  juzgador,  al  momento de valorar de manera individual y conjunta las  probanzas,  supone  un medio de convicción que no obra en el diligenciamiento o  excluye  uno,  los  que  tenían  la  capacidad  de  probar  circunstancias  que  eliminan,    disminuyen    o   modifican   la   decisión   absolutoria   o   de  condena.   

b)  Falso juicio de identidad, en el que  incurre  el juzgador cuando en la apreciación de una determinada prueba le hace  decir  lo  que ella objetivamente no reza, erigiéndose en una tergiversación o  distorsión  por  parte del contenido material del medio probatorio, bien porque  se  le  coloca  a decir lo que su texto no encierra o porque se le hace expresar  lo que objetivamente no demuestra.   

c)    Falso   raciocinio,   cuando  el  sentenciador  se  aparta,  al  momento de apreciar los medios de convicción, de  los  postulados de la sana crítica, es decir, de las leyes de la lógica, de la  ciencia, de las máximas de la experiencia o del sentido común.   

Por su parte, en cuanto al error de derecho se  impone   reiterar   que   puede   ocurrir   por   dos   vías   distintas,  como  son:   

a)    Falso   juicio   de   legalidad,  “relacionado  con  el  proceso  de formación de la  prueba,  con las normas que regulan la manera legítima de producir e incorporar  el  elemento  de  juicio  al  proceso,  con el principio de legalidad en materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades exigidas  para    cada    medio.   O   como   lo   ha   dicho   la   Corte,   ‘el  error de derecho por falso juicio  de  legalidad  gira  alrededor de la validez jurídica de la prueba, o lo que es  igual,  de  su  existencia jurídica (concepto que no debe ser equiparado con el  de  existencia  material),  y  suele  manifestarse  de dos maneras: a) cuando el  juzgador,  al  apreciar  una  determinada  prueba,  le  otorga validez jurídica  porque  considera  que  cumple  las  exigencias  formales  de  producción,  sin  llenarlas  (aspecto  positivo); y b) cuando se le niega, porque considera que no  las   reúne   cumpliéndolas   (aspecto  negativo)”  1.   

b)   Falso juicio de convicción, cuando  se  niega  a  la  prueba  ese  valor  que  la  ley  le  atribuye,  o  se le hace  corresponder uno distinto al que la ley le otorga.   

Teniendo en cuenta las anteriores premisas, se  advierte,  entonces,  que  si  bien el libelista mencionó la existencia de unos  presuntos  errores de hecho y/o de derecho, de todos modos no precisó, respecto  de ambos yerros, cual fue la naturaleza del error.   

Ahora   bien,  si  la  inconformidad del  censor  estaba  destinada  a demostrar una transgresión de los postulados de la  sana  crítica  recaída  en la apreciación de la declaración que rindió Lucy  Isabel   Rodríguez   Guzmán,   aspecto  que  se  deduce  cuando  reprocha  las  conclusiones  que  obtuvo de dicho  testimonio,  ha  debido   fundar   el   ataque  a  través  del  error   de  hecho  por falso raciocinio, señalando cuál fue la regla de la lógica, de  la  ciencia   o   de   la   máxima   de  la   experiencia   vulnerada,   de   qué   manera  lo  fue  y su  incidencia   en   la   parte   dispositiva   del   fallo,   labor   que  tampoco  emprendió.   

De  otra parte, en cuanto a la afirmación,  según   la  cual,  el  Tribunal  “desechó  varias  pruebas”, es otra inconformidad que debió plantear  a  través  de  la violación indirecta de la ley sustancial, por error de hecho  generado  en  un  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  y  no  bajo los  argumentos  generalizados de un “error de hecho y de  derecho”,  sin  olvidar  que  era su deber precisar  cuáles  medios  de  prueba  fueron  desconocidos  y  la trascendencia del yerro  frente   a   las   conclusiones   adoptadas   en   la   parte   conclusiva   del  fallo.   

En     últimas,     se   advierte   que   la   inconformidad   del   actor   radica   en  la estimación  probatoria  que  los   juzgadores   le   otorgaron   a   los   medios  de  convicción,     en     especial    la    declaración   de   Lucy  Isabel  Rodríguez Guzmán,  la   que   califica  como  increíble,   y   de   los   cuales   dedujo   la  autoría y el grado de  responsabilidad  del  procesado en la conducta punible por la que fue condenado,  contraposición  de criterios que no es susceptible de ser atacada en esta sede,  por   cuanto  dentro  del  sistema  de  apreciación  probatoria  que  rige,  el  sentenciador  goza  de  libertad  para  justipreciarlos,  solo  limitado por las  reglas de la sana crítica.   

A más de lo anterior, desconoce que el fallo  llega  a esta sede precedido por la doble presunción de acierto y legalidad, es  decir,  que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  correctamente apreciadas y el  derecho estrictamente discernido.   

En esas condiciones, al no reunir las demandas  los     presupuestos    de    claridad    y    precisión,    la    Corte    las  inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que  el  estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S   U  E  L  V  E   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de CARLOS  ARTURO  GIL  MELO. En consecuencia, se declara desierto  el recurso extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                           ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                                   YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                       JAVIER   ZAPATA     ORTÍZ    

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

                                                             Secretaria     

1 Ver,  entre  otras,  casaciones  15042  del  27  de  febrero  de 2001; 21406 del 10 de  noviembre de 2004; 18103 del 2 de marzo de 2005.     

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