23083(15-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23083   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 048.  

         

Bogotá  D.C.,  junio  quince (15) de dos mil  cinco (2005).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de los procesados  PEDRO   FABIAN   RAMIREZ   ROJAS,   FERNANDO   ANGULO  GUTIERREZ  y  NELSON  PEREZ  GAMBOA,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  el 16 de marzo de 2004,  confirmatoria  de  la  dictada  por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de la  misma  ciudad  el  10  de  septiembre  de 2001, por cuyo medio los condenó como  coautores  penalmente responsables del concurso de delitos de homicidio agravado  en  Aurelio  Moreno  Franco,  hurto  calificado  y  agravado  y  porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa  personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

En  la  madrugada del 25 de febrero de 2001,  PEDRO   FABIAN   RAMIREZ   ROJAS,   FERNANDO   ANGULO  GUTIERREZ,   NELSON  PEREZ  GAMBOA  y Héctor Julio Pinto  Ortíz   se   encontraban  consumiendo  licor  en  un  establecimiento  público  ubicado en la calle 21 con carrera 16 de Bucaramanga,  pero  como no tenían más dinero, FERNANDO    le    propuso    a    PEDRO   FABIAN  RAMIREZ  que  asaltara a un taxista a fin de continuar  con   la   reunión   y   le   entregó   un   revólver.  Este  y  NELSON  PEREZ  abordaron un taxi conducido  por  Aurelio  Moreno  Franco,  NELSON  se  ubicó  en  el  asiento    de    adelante    al    lado    del    conductor    y    PEDRO   se   sentó   en   la   parte  de  atrás.   

Entonces,  PEDRO  FABIAN  RAMIREZ  encañó  al  taxista y le exigió la  entrega     del    dinero,    el    cual    fue    tomado    por    NELSON  del  bolsillo  de  la camisa de la  víctima;  luego le pidió la entrega de la billetera, pero como el conductor no  contestó,  procedió  a  dispararle,  causándole  una  lesión  en  la región  temporal derecha que produjo su muerte.   

A pesar de que los homicidas emprendieron la  huida,  fueron  retenidos  por  varios taxistas que se encontraban en el sector,  quienes  los  entregaron a las autoridades de policía, las cuales aprehendieron  también  a los otros individuos que aguardaban por el resultado de la comisión  del delito.   

La   Fiscalía  Seccional  de  Bucaramanga  declaró  abierta  la  instrucción, en cuyo marco vinculó mediante indagatoria  a   PEDRO   FABIAN  RAMIREZ  ROJAS,  FERNANDO  ANGULO  GUTIERREZ,   NELSON  PEREZ  GAMBOA  y Héctor Julio Pinto  Ortíz,  resolviendo  la  situación  jurídica de los  tres  primeros  con medida de aseguramiento de detención preventiva sin derecho  a  libertad  provisional  como  posibles  coautores  del  concurso de delitos de  homicidio  agravado, hurto calificado y agravado y porte ilegal de arma de fuego  de  defensa  personal.  Respecto  del  último se abstuvo de imponerle medida de  aseguramiento y dispuso su libertad inmediata.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el  1º  de junio de 2001 con resolución de acusación en contra de  PEDRO  FABIAN RAMIREZ ROJAS, FERNANDO ANGULO GUTIERREZ  y   NELSON   PEREZ  GAMBOA  como  presuntos  coautor  del  concurso de delitos que  sustentó  la  medida de aseguramiento y con preclusión de la investigación en  favor   de   Héctor  Julio  Pinto  Ortíz.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito de Bucaramanga, despacho que una vez  surtido  el rito correspondiente profirió fallo el 10 de diciembre de 2001, por  cuyo  medio  condenó  a  los  acusados a la pena principal de treinta y un (31)  años  y nueve (9) meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por diez (10) años, como coautor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  objeto de acusación. En la  misma  oportunidad  los  condenó  a  pagar la correspondiente indemnización de  perjuicios.   

          Impugnada  la  sentencia por los defensores, el Tribunal Superior de  Bucaramanga  la  confirmó  mediante  fallo  del 16 de marzo de 2004, el cual es  ahora  objeto  de impugnación extraordinaria interpuesta por el defensor de los  procesados.   

LA DEMANDA  

El actor presenta un sólo libelo a nombre de  los  acusados  y  formula  cuatro  cargos contra el fallo de condena, los cuales  postula y desarrolla de la siguiente manera:   

          1.        Primer  cargo:  Violación directa de la ley sustancial por falta de  aplicación  del  numeral  6 del artículo 32 del estatuto Penal y del artículo  7º de la Ley 600 de 2000.   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo   segundo,   el   impugnante   afirma   que   respecto   de  PEDRO  FABIAN  RAMIREZ se dejó de aplicar  el  numeral  6º  del  artículo  32  de  la Ley 599 de 2000 que se refiere a la  legítima  defensa  e  favor  de  terceros  y  que  a  su  vez,  con relación a  FERNANDO    ANGULO    y  NELSON PEREZ no se aplicó el  artículo  7º  del  estatuto  procesal,  esto  es,  el  principio  in  dubio  pro  reo  y  la  presunción de  inocencia.   

En punto de la demostración del reproche, el  defensor  expone  que  “sin  tocar  la  prueba  y de  acuerdo  a  la  forma como sucedieron los hechos”, en  el    fallo   de   segundo   grado   el   Tribunal   anotó   que   RAMIREZ     ROJAS     y    PEREZ  GAMBOA  salieron  del bar sin estar  determinados  a  la  comisión  “de cualquier punible  por  parte  de  ANGULO  GUTIERREZ, menos de que éste les hubiera entregado arma  ninguna  para  su  comisión.  Expresan  que ellos salieron del bar a traer más  dinero  que  aquél  guardaba en su casa de habitación, sin avisar a los demás  contertulios  y  presentarse  la muerte del infortunado taxista al golpear éste  en  la  nuca  a  PEREZ,  hallándose  con  la  cabeza  gacha y deseos de vomitar  situación  que  motivó la reacción de RAMIREZ al ver que agredían a su amigo  y  trataba el conductor de tomar una macheta del piso del automotor, sin aceptar  si   disparó   o   no   el   arma  del  fuego  dada  la  abundante  ingesta  de  licor”.   

          De   lo   expuesto   concluye   que  “la  situación  de  legítima  defensa  de  terceros  es  clara  desde todo punto de  vista”  y  que  al  no haber sido reconocida por los  falladores  se  violó directamente la ley sustancial, pues si bien NELSON  PEREZ al subir al taxi tuvo nauseas  y  por  ello  fue  agredido  de  manera  desproporcionada por el conductor quien  intentó  sacar un instrumento cortante para proseguir con la agresión, resulta  legítima    la    reacción    de    PEDRO   FABIAN  RAMIREZ  de  disparar  contra  el injusto agresor para  defender a su amigo.   

El casacionista aduce que el Tribunal acepta  que  la  muerte  del  taxista  se  presentó  cuando  éste golpeó en la nuca a  NELSON   PEREZ,  esto  es,  reconoce   una   agresión   grave,  actual  e  inminente.  También  acepta  el  ad  quem  que  RAMIREZ     ROJAS     y    PEREZ  GAMBOA  no fueron determinados a la  comisión   de   algún   delito,   ni   que  FERNANDO  ANGULO  les hubiera entregado el revólver con el cual  se causó la muerte de la víctima.   

Entonces  expone  que  si  se  reconoce  la  situación  de legítima defensa en la que actuó PEDRO  FABIAN  RAMIREZ, no sólo desaparece su responsabilidad  respecto  del homicidio, sino también respecto de los otros comportamientos por  los cuales fue acusado y condenado.   

Adicional a lo anterior el censor señala que  la  reacción  del taxista fue desproporcionada ante los síntomas de vómito de  NELSON  PEREZ,  suceso  que  según  las  reglas  de  la  experiencia debía ser conocido por el conductor en  atención  a  su  frecuente  ocurrencia  como  consecuencia  de la ingestión de  alcohol  y  el  movimiento  del  vehículo.  Por tanto, estima que si el taxista  agredió   injustamente   a  NELSON  PEREZ,  se  encuentra  acreditada  la legítima defensa en la cual actuó  PEDRO   FABIAN   RAMIREZ,  situación  que  debió  ser  reconocida  por  los  falladores  y  a  la  postre  desvirtúa  que  hubiese  un  acuerdo  previo  para  cometer el delito contra el  patrimonio económico.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto,  el recurrente solicita a la Sala  casar  el  fallo  atacado  y  en  su  lugar  absolver a los incriminados por los  comportamientos objeto de acusación.   

          2.        Segundo   cargo   (subsidiario):   Violación   directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del  numeral  7º  del artículo 32 del  estatuto penal y del artículo 7º de la Ley 600 de 2000.   

          El  censor  manifiesta que se violó directamente la ley sustancial,  dado  que tal como se deduce de los hechos aceptados por el Tribunal en el fallo  y  los  cuales  transcribió  en  el desarrollo del cargo anterior, se encuentra  acreditado   que   PEDRO  FABIAN  RAMIREZ   actuó  en  legítima  defensa  al  disparar  sobre  Aurelio Moreno Franco.   

En  cuanto  atañe  a la acreditación de la  censura  afirma que “la situación de un exceso en la  justificante  – Legítima  Defensa  de  Terceros  – es  indiscutible,  y  al  no  haberla  reconocido  la  H.  Sala  Penal del Tribunal,  incurrió  en la causal anotada, por violación Directa de la Ley Sustancial, en  cuanto  no  aplicó  una  norma  de  carácter  sustancial que estaba obligado a  reconocer,  como  es  el exceso de la justificante, legítima defensa a favor de  terceros,  que  se encuentra consagrada, tal como se dijo en los numerales 6 y 7  del inc 2 del art 32 C.P.”.   

          Agrega,  que como quedó establecido en el cargo anterior, la muerte  de  la  víctima  fue  producto  de  la  lesión  causada  con arma de fuego por  PEDRO  FABIAN  RAMIREZ, quien  actuó    para    defender    a   su   amigo   NELSON  PEREZ  de  la  agresión del taxista y que si bien tal  defensa  puede ser considerada desproporcionada en razón al medio utilizado, se  imponía  dar  aplicación  al  precepto  que se ocupa de regular la sanción de  aquellas   conductas   que   se   producen   con   exceso   en   la   causal  de  justificación.   

          También  reclama  el  casacionista  que  respecto  de  NELSON     PEREZ     y     FERNANDO  ANGULO no se aplicó el principio  in  dubio pro reo, pese a que  el    Tribunal    reconoce    que   PEREZ  y  RAMIREZ  no  fueron     determinados    por    ANGULO  a  cometer el delito de hurto y que tampoco este les entregó arma  de fuego alguna.   

          A  partir de lo anterior, el impugnante solicita a la Sala reconocer  la  diminuente  punitiva  por  exceso  en  la  causal  de  justificación  de la  legítima   defensa   en   favor   de   PEDRO  FABIAN  RAMIREZ  y absolver a los otros dos procesados por los  delitos que motivaron la acusación y ulterior condena.   

3.            Tercer cargo: Violación indirecta de la  ley  sustancial,  por  falso  juicio  de  legalidad  respecto de las entrevistas  obtenidas por la policía de los procesados.   

          Bajo  la  égida  de la causal primera de casación, cuerpo segundo,  el  defensor  expone  que el Tribunal incurrió en un error de derecho por falso  juicio  de legalidad al tener en cuenta como soporte del fallo de condena objeto  de  impugnación,  las   entrevistas realizadas a sus defendidos por la Sub  Intendente    Nidia   Martínez   Arenas,  funcionaria  de  policía judicial, el mismo día de la captura y  durante  las  cuales confesaron la comisión del concurso de delitos por el cual  fueron  condenados,  sin  que  estuvieran  asistidos de defensor, sin que se les  hubiera  informado  el  derecho  fundamental a no autoincriminarse y sin que sus  firmas aparezcan dentro de las correspondientes actas.   

Indica   como   normas   quebrantadas  los  artículos  29  y  33  de la Carta Política, 232, 235, 314, 315, 318, 319 y 324  del estatuto procesal penal.   

Acto seguido, el casacionista transcribe las  referidas  entrevistas  y  censura que hubieran servido de base para proferir la  sentencia  condenatoria  pese  a  su  manifiesta  ilegalidad,  pues  si  bien el  artículo  315  del  estatuto  procesal  faculta  a los funcionarios de policía  judicial  para  que  en situaciones de flagrancia practiquen pruebas en el lugar  de  los  hechos,  lo  cierto  es  que  en  este  asunto tales entrevistas fueron  recepcionadas  en  las instalaciones del Departamento de Policía de Santander y  no  en  el  lugar  donde  tuvieron  ocurrencia  los sucesos que fueron objeto de  investigación,   circunstancia  que  en  su  criterio  viola  el  principio  de  legalidad  de  la  prueba,  lo  cual  junto con la inasistencia de defensor y la  falta  de  firma  de  los incriminados conduce a la inexistencia de tales medios  demostrativos.   

          Reprocha  el  censor  que  si el mismo día en que se realizaron las  entrevistas,  la  Fiscalía profirió resolución de apertura de la instrucción  por  cuyo medio ordenó vincular mediante indagatoria a sus procurados, carecía  de  sentido  que  una funcionaria de policía judicial los entrevistara al medio  día  sin  defensor y sin que suscribieran las actas, motivo por el cual asevera  que  la  Sub  Intendente  “podía  y pudo dar rienda  suelta  a  su  policiaca  imaginación,  relatando  hechos  y  acomodándolos de  acuerdo  a  su inventiva, con el fin de obtener méritos ante sus superiores por  el  éxito  de  un  supuesto  éxito (sic) investigativo”.   

          También  aduce el recurrente que por lo expuesto, el testimonio que  posteriormente  rindió  la  Sub  Intendente  carece  de  valor probatorio, pues  corresponde  a  la versión que ella misma configuró sobre la ocurrencia de los  hechos.   

Señala   que   en   las   “supuestas    entrevistas”,    la   Sub  Intendente  no anotó el documento que la identifica como miembro de la policía  judicial  y  por  ello  violó  las  previsiones  del artículo 316 del estatuto  procesal  penal que establece las formalidades que deben guardar los informes de  miembros de la policía judicial.   

De  acuerdo  con  lo  anterior,  el defensor  solicita  a  la  Sala declarar sin valor las tantas veces citadas entrevistas en  razón   de   su   ilegalidad,  otorgar  credibilidad  a  lo  expuesto  por  los  incriminados  en  sus injuradas y por tanto, casar el fallo atacado, para que en  su lugar profiera sentencia absolutoria en favor de sus asistidos.   

4.            Cuarto cargo: Violación indirecta de la  ley  sustancial por falso juicio de legalidad en relación con las declaraciones  de los miembros de la policía judicial.   

         El  recurrente  afirma  que  el Tribunal otorgó valor probatorio a  las  declaraciones rendidas por la abogada del Cuerpo Técnico de Investigación  Cecilia  Motta Acuña, así  como   por   el   Subteniente  Cesar  Alberto  Rivera  Ariza    y    el    Sub   Intendente   Yair  Eduardo  Ariza  Oyola, quienes una  vez  tuvieron  conocimiento  del suceso se trasladaron al Hospital Universitario  Ramón  González Valencia y allí entrevistaron informalmente a los sindicados,  sin  que  mediara  orden judicial que así lo dispusiera, sin levantar acta, sin  la  presencia  de  defensor  y  sin informarles el derecho que les asistía a no  autoincriminarse,  en  clara  violación  de  los parámetros de legalidad de la  prueba y violando su derecho de defensa.   

         Precisa  el  censor  que  de  acuerdo al artículo 314 del estatuto  procesal  penal,  las  entrevistas  de quienes pudieren tener conocimiento de la  posible  comisión  de  una conducta punible no tienen valor de testimonio ni de  indicio   y   que   sólo  pueden  servir  como  criterios  orientadores  de  la  investigación,  más aún cuando los mencionados investigadores no rindieron el  correspondiente   informe   bajo   certificación   jurada  de  acuerdo  con  lo  establecido en el artículo 319 de la normativa procesal penal.   

Acerca  de  la  trascendencia  del  yerro  denunciado,  el recurrente afirma que con base en las declaraciones rendidas por  los  investigadores  resultaron  desvirtuadas  las injuradas de los procesados y  que  por  tanto, si no se les hubiera tenido en cuenta como fundamento del fallo  de  condena  ante  su  evidente ilegalidad, el sentido de la sentencia sería de  absolución.   

Entonces,  el demandante solicita a la Sala  casar  la sentencia impugnada y en reemplazo de ella proferir fallo de carácter  absolutorio,  en  cuanto  se  encuentra  acreditada  la  situación de legítima  defensa  dentro de la cual actuó PEDRO FABIAN RAMIREZ  ROJAS  y  no existe prueba alguna de la coautoría de  los  otros incriminados respecto del delito de homicidio y tampoco con relación  al ilícito de hurto calificado y agravado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Cargos   primero   y   segundo:   Violación   directa   de  la  ley  sustancial.   

Dado  que  los  cargos primero y segundo del  libelo  son planteados de manera similar por el impugnante, en cuanto postula la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación de los  numerales  6º  y 7º del artículo 32 del estatuto penal y del artículo 7º de  la  Ley  600  de  2000,  la  Sala  procede a pronunciarse conjuntamente sobre su  presentación   formal,   en   la   medida   en   que  se  encuentran  análogas  incorrecciones técnicas, como sigue.   

Tiene  suficientemente decantado la Sala que  la  violación directa de la ley sustancial alude únicamente al error en el que  incurre  el  juzgador  al  aplicar  la  norma  llamada  a regular una situación  específica,  apreciando  los  hechos  materia  de juzgamiento que al momento de  definir   la   relación  jurídico  procesal  se  tienen  por  demostrados  con  fundamento  en  los  elementos  probatorios  oportuna y debidamente allegados al  diligenciamiento.   

Igualmente,   en  forma  reiterada  se  ha  puntualizado  que  tal   vía  de  quebranto de la ley sustancial (directa)  puede  ocurrir  a  través  de las siguientes modalidades: La primera, que tiene  lugar  cuando  se deja de aplicar la norma que corresponde, porque el juez yerra  acerca  de  su  existencia,  es  la denominada falta de aplicación o exclusión  evidente.  La  segunda, que se presenta cuando el sentenciador realiza una falsa  adecuación   de   los   hechos  probados  a  los  supuestos  que  contempla  la  disposición,  es  la  llamada  aplicación  indebida.  Y  la  tercera,  que  se  configura  cuando  no  obstante  ser  correctos los procesos de selección de la  norma  y  adecuación  al caso en estudio, el juez le atribuye un sentido que no  tiene  o  le  asigna  efectos  distintos  o  contrarios  a  su  contenido, es la  denominada interpretación errónea.   

Por  tanto,  cualquiera  sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  indefectiblemente  de  manera  inmediata sobre la normatividad, lo cual traslada  el  debate  a  un  ámbito  eminentemente  jurídico o de puro derecho, sea  porque  se  deja  de  lado  el  precepto  regulador  de  la  situación concreta  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  un precepto estructurado con  supuestos   distintos   a   los  establecidos  o  bien  porque  se  desborda  la  intelección  propia de la disposición aplicable al caso concreto, todo  lo  cual  exige  como  punto  de partida, la aceptación de la  realidad  fáctica  definida  en  las  instancias  e  inmodificable  dentro  del  proceso.   

Si  la  discrepancia  radica  en  el aspecto  fáctico  asumido  por los jueces como fruto de la ponderación de los elementos  de  juicio allegados al proceso, es evidente que en tal evento, por estar ligada  la  censura  con  la  actividad probatoria y su ulterior valoración, la vía de  ataque  legalmente  adecuada  es  la indirecta, dado que la infracción a la ley  sustancial  se  lleva  a  cabo  de  manera mediata, a través de la apreciación  probatoria,  según  la  índole  de los errores en que pueden llegar a incurrir  los sentenciadores en esa materia.   

En las censuras objeto de estudio se observa  que  si  bien el casacionista plantea la violación directa de la ley sustancial  y  precisa que “sin tocar la prueba y de acuerdo a la  forma  en  que  sucedieron  los  hechos”, el Tribunal  asumió    que   PEDRO   FABIAN   RAMIREZ  y  NELSON PEREZ  salieron   del  bar  sin  estar  determinados  a  la  comisión  “de  cualquier  punible  por  parte de ANGULO GUTIERREZ, menos de que  éste  les  hubiera entregado arma ninguna para su comisión. Expresan que ellos  salieron  del  bar  a  traer  más  dinero  que  aquél  guardaba  en su casa de  habitación,  sin  avisar  a los demás contertulios y presentarse la muerte del  infortunado  taxista  al  golpear  éste  en la nuca a PEREZ, hallándose con la  cabeza  gacha y deseos de vomitar situación que motivó la reacción de RAMIREZ  al  ver que agredían a su amigo y trataba el conductor de tomar una macheta del  piso  del  automotor,  sin  aceptar  si  disparó o no el arma del fuego dada la  abundante  ingesta  de licor”, lo cierto es que dicha  transcripción  tomada  del  fallo  de segundo grado no corresponde a los hechos  declarados en las instancias.   

          En  efecto,  sin  dificultad  se  advierte  que antes de acometer la  ponderación   de   los   elementos   probatorios   y   adoptar  las  decisiones  correspondientes,  el  Tribunal en la sentencia de segunda instancia procedió a  resumir  cada  uno  de  los  medios  de prueba, entre los cuales se encuentra el  siguiente aparte:   

“Vinculados  formalmente  a  las  investigación,  los inculpados varían sustancialmente las  versiones  primigenias,  negando a pie juntillas RAMIREZ ROJAS y PEREZ GAMBOA el  que  hubieran  sido  determinados  en algún momento a la comisión de cualquier  punible  por parte de ANGULO GUTIERREZ, menos de que éste les hubiera entregado  arma  ninguna  para  su comisión…”, de donde puede  concluirse  que la cita transcrita por el casacionista únicamente corresponde a  una  síntesis  de  lo expuesto por los procesados durante su injurada, pero sin  que  por  ello  pueda  tenerse  como  la  realidad  fáctica  declarada  por  el  Tribunal.   

Por  el  contrario,  dentro  de  la  misma  decisión  al  momento  de  declarar  los  hechos  objeto  de investigación, el  Tribunal  señaló  que  “del proceso se concluye que  el  25  de febrero del presente año se encontraban en el bar denominado la gata  caliente,  los  sujetos  Pedro  Fabián  Ramírez  Rojas,  Nelson Pérez Gamboa,  Fernando  Angulo  Gutiérrez y Héctor Julio Pinto; y en razón a que no tenían  más   dinero   para   seguir   tomando   bebidas   embriagantes,   Fernando  Angulo  le  propuso  a  Pedro  Fabián  salir a conseguir  dinero  y  le  entregó un arma de fuego y éste junto con Nelson Pérez tomaron  un  taxi,  procediendo  a asaltar al conductor Aurelio Moreno quien les entregó  el  dinero que llevaba en el bolsillo de la camisa, pero al negarse a entregarle  la  billetera  a Ramírez, quien ocupaba el asiento posterior, éste le disparó  causándole  una  herida  mortal en la región temporal  derecha,  la  que  la causó la muerte, emprendiendo los jóvenes la huida, pero  fueron  retenidos  por  unos  taxistas…” (subrayas  fuera de texto).   

          Así  las  cosas, es claro que como el recurrente edifica los cargos  estudiados  sin sujetarse a la realidad fáctica asumida por los falladores, tal  incorrección  le imposibilita ocuparse únicamente del problema jurídico de la  legítima  defensa,  de  la violación del principio in  dubio   pro   reo  o  del  exceso  en  la  causal  de  justificación  que  alega  en  pro  de  sus  asistidos,  falencia que impone la  inadmisión de los reproches.   

Habida   cuenta  que  también  el  censor  cuestiona   por   vía  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  la  configuración  de  duda  razonable,  le correspondía demostrar que el Tribunal  reconoció  en  las  consideraciones  de la providencia atacada la existencia de  dudas  trascendentes  de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad de la  conducta  o  la  responsabilidad  de  los  procesados  y, pese a ello, profirió  sentencia  de  condena  con exclusión evidente de la disposición normativa que  contiene  el  principio,  cuando  se  imponía en consonancia con su exposición  absolver,  reglas  a  las  cuales  el  impugnante  no  se sujetó y que permiten  advertir  una  vez  más  las  falencias  formales  en  la  presentación de los  reproches que determina su inadmisión.   

          En  suma, es evidente que el casacionista margina la declaración de  hechos    asumidos   por   el   ad   quem  y  a  su  capricho procede a realizar la ponderación exclusiva de  los  sucesos relatados por los procesados en sus injuradas, proceder inadmisible  en  punto de la especie de la causal invocada, esto es, la violación directa de  la  ley sustancial y que no deja a la Sala camino diverso a seguir que inadmitir  las censuras.   

De  conformidad  con lo anterior, los cargos  primero y segundo del libelo del demandante serán inadmitidos.   

Cargos tercero y cuarto: Violación indirecta  de la ley sustancial por falso juicio de legalidad.   

          Como  también  se  observa  un  planteamiento similar en los cargos  tercero  y  cuarto,  por cuyo medio el actor aduce la violación indirecta de la  ley  sustancial  por  error  de  derecho por falso juicio de legalidad sobre las  entrevistas  adelantadas por la policía judicial y las ulteriores declaraciones  rendidas  por  los investigadores, acomete la Sala de manera conjunta el estudio  y pronunciamiento sobre los referidos reparos.   

          Ab  initio  se vislumbra que en manifiesto  quebranto  del principio de autonomía de los cargos que rige esta impugnación,  según  el  cual,  a cada una de las causales y motivos de casación corresponde  una  propia  y  particular  estructura,  demandan  precisas  formalidades  en su  demostración  y  tienen  diversas  consecuencias,  el  defensor alude de manera  simultánea  a la violación indirecta de la ley sustancial y a la conculcación  del  artículo  29  de  la  Carta  Política,  sin  percatarse  que  la  primera  corresponde  a  la  causal  primera de casación cuerpo segundo, mientras que la  segunda  es  propia,  en  principio,  de  la  causal tercera, caso en el cual le  correspondía  plantear  los  reparos  de manera independiente y desarrollar una  argumentación  distinta  y  en  todo  caso  apropiada para cada uno de ellos de  conformidad con su naturaleza.   

Además, el casacionista estima violados los  artículos  232,  235,  314,  315,  319  y  324 del estatuto procesal penal, los  cuales  se  refieren  a  la necesidad de prueba, rechazo de las pruebas, labores  previas   de  verificación,  informes  de  policía  judicial  y  versión  del  imputado,  preceptos  que  no tienen la calidad de normas sustantivas, pues como  reiteradamente  lo  ha  dicho la Sala, con independencia del ordenamiento dentro  del   cual   se  encuentren  ubicadas,  sólo  tienen  el  carácter  de  normas  sustanciales  aquellas  que  describen conductas delictivas o hacen referencia a  la  punibilidad  o a la responsabilidad; a su vez, son normas procesales las que  sirven   como   medio   o   instrumento   para   arribar  a  los  fines  de  las  primeras.   

Por tanto, las citadas disposiciones no son  de  naturaleza  sustancial,  con lo cual olvida el demandante que de conformidad  con  la  preceptiva  contenida en el numeral 1º del artículo 207 de la Ley 600  de  2000,  la casación procede “cuando la sentencia  sea    violatoria    de   una   norma   de   derecho  sustancial”  (subrayas  fuera  de  texto),  cuya  cita resulta imprescindible (numeral 3º del artículo  212 ejusdem).   

Como  el  defensor  postula  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de derecho por falso juicio de  legalidad,  es  pertinente  manifestar que de tiempo atrás ha precisado la Sala  que   se  incurre  en  tales  yerros  cuando  el  fallador  aprecia  una  prueba  irregularmente   aducida   a   la  actuación  o  cuando  la  misma  adolece  de  irregularidades   que  afectan  su  validez;  también  se  presenta  cuando  el  funcionario  desecha  por ilegal una prueba que no ostenta tal irregularidad. En  el  primer  caso, corresponde al actor identificar el medio probatorio que tacha  de  ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o constitucionales que al ser  quebrantadas  determinan  su  ilegalidad  y  demostrar  que  ello  efectivamente  ocurrió;  en  el  segundo  es deber del demandante comprobar la legalidad de la  prueba  desechada  por  el  juzgador.  Además,  en los dos eventos, también le  compete  acreditar  la  trascendencia  del  yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es, demostrar que con la marginación de la prueba que se dice ilegal, las  restantes  pruebas  conducen  a  una  decisión  sustancialmente  diversa  de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada.   

Puntualizado  lo  anterior encuentra la Sala  que   si  bien  el  casacionista  cuestiona  la  legalidad  de  las  entrevistas  realizadas  a  sus  asistidos  el  día  del  suceso y señala los preceptos que  considera  vulnerados  como  formalidades  dispuestas  por  el  legislador  para  adelantar  la  investigación,  no  demuestra  que  al  marginar  los  elementos  demostrativos  cuestionados,  el  sentido del fallo sería diverso y favorable a  los  intereses  de  los  incriminados,  en  cuanto  no  realiza  el ejercicio de  ponderar  los  demás  aportes  derivados  del  acervo  probatorio que no estima  ilegal.   

          Ahora,  en  punto  de  la  acusada  ilegalidad  de las declaraciones  rendidas  por  los  investigadores  de  la  policía  judicial, el impugnante no  consigue  demostrar  por qué lo expuesto en ellas no corresponde a la realidad,  ni  por  qué  razón debían regirse por las reglas de los informes de policía  judicial,  circunstancia  que  permite advertir que se desentiende del principio  de  libertad  probatoria  que  rige  el  derecho  colombiano, según el cual, la  materialidad  del  delito  y la responsabilidad del procesado pueden acreditarse  con  cualquier  medio  probatorio,  a  menos  que  la ley exija prueba especial,  respetando siempre los derechos fundamentales.   

          Finalmente  encuentra  la Sala que el recurrente aduce la violación  del  derecho  de defensa de sus asistidos, cuya vulneración debía postular, en  principio,  como  ya  se  adviritó,  bajo  la  égida  de  la causal tercera de  casación,  asumiendo  desde luego, las cargas propias de tal reproche, proceder  que tampoco emprendió.   

Las  razones anteriores resultan suficientes  para disponer la inadmisión de los reproches objeto de estudio.   

Así  las  cosas,  estima  la Sala que si el  censor  no  ajusta  su demanda a las reglas dispuestas para postular y demostrar  las  censuras  que  presenta  contra  el fallo de segundo grado y, en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  el  trámite  casacional  la  Corte no se  encuentra  facultada  para  enmendar las falencias de aquél, de conformidad con  lo  dispuesto  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano la  inadmisión del libelo.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  ni en el fallo objeto del recurso  extraordinario  violación de derechos o garantías de los procesados, como para  que  tal  circunstancia impusiera el ejercicio de la facultad oficiosa que sobre  el  particular  le  confiere  el legislador en punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación   interpuesta   por   el   defensor   de   los  procesados  PEDRO   FABIAN   RAMIREZ   ROJAS,   FERNANDO   ANGULO  GUTIERREZ  y  NELSON  PEREZ  GAMBOA,  por  las  razones  expuestas  en  la anterior  motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

                  Permiso   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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