23059(19-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23059  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 056.  

          Bogotá   D.C.,   julio   diecinueve   (19)   de   dos   mil   cinco  (2005).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda    de   revisión   presentada   por   el   defensor   de   JAIME  CRUZ  PARRA  contra la sentencia de  primer  grado  proferida  el  18  de marzo de 1996 por el Juzgado 10° Penal del  Circuito  de  Bogotá,  confirmada  el 30 de mayo del mismo año por el Tribunal  Superior  de  la  misma  ciudad,  mediante las cuales su procurado fue condenado  como   autor   penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  agravado  en  Rafael     Antonio    Marín    García.   

HECHOS  

Hacia  las  8  de la noche del 18 de mayo de  1994,  varios  sujetos provistos de armas de fuego irrumpieron en el consultorio  del     odontólogo     Rafael    Antonio    Marín  García,  situado  en  la diagonal 32 B No. 16-42 sur,  barrio  “Las  Colinas”  de  esta  ciudad.  Acto  seguido,  dichos individuos  dispararon  en  múltiples  oportunidades  contra  la  humanidad del profesional  ocasionándole su deceso inmediato.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con  fundamento  en  los  hechos anteriores,  inicialmente  se  dispuso  la  apertura  de  investigación  previa  y  luego se  declaró  abierta formalmente la instrucción, en cuyo marco fue vinculado   mediante  declaración  de  persona  ausente JAIME CRUZ  PARRA,  a quien se le definió su situación jurídica  con   medida   de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  beneficio  de  excarcelación como posible autor del delito de homicidio.   

Cerrada  la  investigación,  el mérito del  sumario  fue  calificado el 10 de julio de 1995 con resolución de acusación en  contra  del  procesado,  como  presunto  autor  del comportamiento delictivo que  sustentó la medida de aseguramiento.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  10° Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez surtido el  trámite  correspondiente,  profirió  fallo  el  18  de marzo de 1996, por cuyo  medio   condenó   a  JAIME  CRUZ  PARRA  alias       “Jaimito”,  junto  con  Frangil Eduardo Abella Casas  y  Jorge  Valencia Granados,  a  la  pena principal de cuarenta y tres (43) años de  prisión,  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  diez  (10)  años  y  al  pago  de  perjuicios,  al encontrarlo autor penalmente  responsable del delito por el cual fue acusado.   

El fallo anterior fue impugnado y el Tribunal  Superior  de  Bogotá lo confirmó mediante sentencia proferida el 30 de mayo de  1996,  confirmándolo  en  lo que fue objeto de impugnación, decisión que a la  fecha se encuentra ejecutoriada.   

LA  DEMANDA   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  revisión,  el  defensor  aduce  que con posterioridad a los fallos de primera y  segunda  instancia  han  aparecido pruebas nuevas, no conocidas al tiempo de los  debates,   que  permiten  acreditar  la  inocencia  del  condenado  JAIME CRUZ PARRA.   

En  ese  propósito  a la demanda anexó una  fotografía  actual  de  su  defendido  y otra del momento en que se cometió el  hecho  delictivo,  copias de los registros civiles de sus cinco hijos, fotocopia  de  los  resultados  del  examen  ICFES que presentó el 6 de noviembre de 1993,  carné  del  SENA  que  acredita  sus  estudios  como  técnico  en  control  de  producción,  constancia  de  haberse  capacitado en el curso “Microsoft Excel  5.0  nivel básico” y “auditorías de calidad”, certificaciones laborales,  constancia  expedida  por  el  acalde  del  barrio  Kennedy  en relación con su  residencia  en ese sector, dos declaraciones extrajuicio sobre su comportamiento  y  certificado  de  antecedentes  disciplinarios  expedido  por la Procuraduría  General     de    la    Nación.           

Igualmente  solicitó,  con  el  objeto  de  demostrar  que  la  persona  actualmente privada de la libertad por razón de la  condena  no  coincide con la descripción suministrada por los testigos de quien  era    conocido    como    “Jaimito”,  señalado  de  ser  uno  de  los  autores  materiales  del  hecho,  y que la vinculación de su  representado   como   persona   ausente   fue   apresurada,   la   práctica  de  reconocimiento    en    fila    de    personas   por   parte   de   Joaquín    Emilio   López   Morales   y  Juan Carlos López Buitrago y  del  condenado  también  por los mismos hechos Frangil  Eduardo  Abella  Casas;  así como la declaración  del  agente  investigador  del  CTI,  Roberto  Antonio  Bermúdez, quien en el proceso suministró el nombre y  número  de  cédula  de  su  prohijado,  lo  que  a  la  postre sirvió para su  vinculación           como          persona          ausente.       

          Con  base  en lo anterior, el demandante solicita declarar sin valor  los  fallos  de  primero  y  segundo  grado proferidos en contra de JAIME   CRUZ   PARRA,  a  quien  considera  inocente  del  delito  de  homicidio  del  odontólogo  Rafael Antonio Marín García.   

ACTUACION SURTIDA EN LA CORTE  

          Admitida  la  demanda  y  recibido  el  expediente  en  la Corte, de  conformidad  con  la  previsión  contenida  en  el  artículo  224 del estatuto  procesal  penal,  se  dispuso  surtir  traslado  a  los  intervinientes para que  solicitaran  la  práctica  de  las  pruebas  que consideraran conducentes a los  fines  de  la presente acción, habiendo hecho uso de tal oportunidad probatoria  en  forma exclusiva el apoderado especial del sentenciado, en donde insistió en  la práctica de las pruebas solicitadas en la demanda.   

          Mediante  proveído del 13 de enero del año en curso, la Magistrada  Ponente  dispuso  tener  como pruebas las aportadas con la demanda, y ordenó la  práctica  de  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas  y  la  declaración  del  agente  investigador Roberto Antonio  Bermúdez,  pues,  como  en  dicho  auto  se señaló,  “si  bien  han transcurrido más de diez años desde  la  fecha  de ocurrencia de los hechos (18 de mayo de 1994), lo que en principio  dificultaría  la  práctica del reconocimiento, es posible que en este caso los  declarantes  retengan  parte  de  la  información  vital  para establecer si en  verdad  CRUZ  PARRA  fue  uno  de  los autores de la conducta delictiva, pues se  trató  de  un  acontecimiento  que causó conmoción en el sector habida cuenta  tratarse   del   homicidio  del  odontólogo  mencionado  dentro  de  su  propio  consultorio;  además,  porque  la  descripción  que  brindan  los testigos del  individuo  conocido como “Jaimito”, quien habría intervenido en la conducta  es  bastante amplia y, porque en verdad se establece, que no existe coincidencia  entre  la  edad  que  manifiestan los testigos tenían dicho sujeto y la que, de  acuerdo  con  su  tarjeta  decadactilar,  aportada al proceso (folio 40), tenía  JAIME    CRUZ    PARRA    para    ese    momento    (33    años)”.   

          En  la  misma  decisión  se  negó  el  decreto  y práctica de las  pruebas  solicitadas  por el demandante consistentes en requerir información al  ICFES  y  a  la  Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil,  por considerarse  superfluas  para los fines de la acción.            

          Luego  de  señalarse  fecha y hora para su práctica, se recibieron  declaraciones  a  los  señores  Joaquín Emilio López  Morales  y Juan Carlos López  Buitrago,  con quienes posteriormente se llevó a cabo  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de personas del condenado JAIME   CRUZ   PARRA   en  el  centro  de  reclusión  donde  se  le  mantiene  privado  de  su  libertad  y se recibió la  declaración  del  señor  Roberto  Antonio  Bermúdez  Martínez.   

          Agotado   el   trámite   probatorio,  se  corrió  traslado  a  los  intervinientes  para que presentaran sus alegaciones conclusivas, como en efecto  se allegaron por parte de la defensa y del Ministerio Público.   

ALEGATOS   DE   LA  DEFENSA   

          El  apoderado  del  sentenciado comienza por solicitar de la Sala se  ordene  la libertad incondicional de su prohijado “en  consideración  de  su inocencia respecto de los hechos que motivaron el proceso  cuya  causa  adelantó el Juzgado Décimo Penal del Circuito de Bogotá (13532),  por  el  homicidio  cometido  en la persona del odontólogo RAFAEL ANTONIO MARIN  GARCÍA”.   

          Señala  que la causal tercera de revisión que invoca, se encuentra  corroborada  a  través  de  las pruebas decretadas y practicadas en el curso de  esta acción.   

          De  dichas  probanzas  se  infiere  “sin  dubitación  alguna”,  que  su defendido es inocente  del  delito  por  el  cual se le condenó y que no se trata de la persona que en  forma  equivocada  señaló  el  investigador  Roberto  Antonio Bermúdez en su informe.   

          Con  base  en los criterios de apreciación probatoria señalados en  el  artículo  277  del  estatuto  procesal  penal,  indica  que  revisten total  credibilidad  las  declaraciones  rendidas por Joaquín  Emilio  López,  tanto en la actuación original, como  en  la que se practicó en esta acción y en donde fue enfático en resaltar los  rasgos     particulares     del     sujeto     conocido     como    “Jaimito”,  tales como su “ojo  apagado” y la edad que tenía tal  individuo   para   la   época   en   que  ocurrieron  los  hechos  “de  unos  18  a 20 años” , lo que condujo a que en la diligencia de  reconocimiento  en  fila  de  personas,  conformada entre otros por JAIME  CRUZ PARRA,  llevada  a  cabo el 1° de junio del año en curso, no  lo identificara.   

          Lo   mismo   pregona   en  relación  con  el  testigo  Juan  Carlos López Buitrago, pues al igual  que  su  progenitor Joaquín Emilio López,  en su declaración no sólo hace revelaciones sobre la forma como  ocurrieron  los  hechos  y los integrantes de la pandilla, sino que también fue  elocuente   en   destacar   los   rasgos   particulares  de  alias  “Jaimito”,  haciendo  alusión  a  que  dicho  sujeto  tenía  “la vista izquierda apagada”  y  que  para  la  fecha  de  los  hechos  “tenía  como  unos 17, 18 o 19 años”,  por  lo que en la diligencia de reconocimiento en fila de personas con presencia  de   CRUZ  PARRA,  señaló  tajantemente que no era ninguno de los que integraban la fila.   

          Lo  anterior  le  lleva a colegir que “de  los  testimonios  de  los  señores  JOAQUIN  EMILIO LOPEZ MORALES y JUAN CARLOS  LOPEZ  BUITRAGO,  se  infiere  con  absoluta  seguridad que el señor JAIME CRUZ  PARRA,  detenido  en  el  momento  de  ir  a  tramitar  en la oficina del DAS la  expedición  de  un certificado de antecedentes judiciales, no es la persona que  fuera  condenada  por  el  homicidio  del  señor  MARIN  GARCÍA”.   

          Sobre  ese  particular, a su juicio importa traer a colación lo que  llegó  a  oídas  de  los deponentes, en el sentido de que a alias “Jaimito”        lo       habían  matado.   

          Posteriormente,   se   refiere   al   testimonio   de   Roberto  Antonio  Bermúdez Martínez quien  fungía  como  investigador  del  CTI  para  la  época  del homicidio y de cuyo  informe   se   originó   la   vinculación   de  CRUZ  PARRA,  al  haberlo  señalado  de  ser  el  individuo  conocido  como  “Jaimito”,  pero  sin  que  en el proceso aclarara de dónde obtuvo dicha información, esto  es, el nombre completo y el número de cédula de su patrocinado.   

          Sobre  dicho aspecto fue interrogado en la declaración del pasado 2  de  junio,  en  donde  advirtió que tales datos se los suministró Joaquín  López,  pero  éste  a  su vez,  destaca  el  defensor,  siempre  se  ha  referido al coautor de la ilicitud como  “Jaimito”   y   no   a  JAIME CRUZ PARRA, mucho menos  con  su  número  de  cédula  de  ciudadanía,  así  como  ninguno otro de los  informantes  en el proceso, “por lo que esta parte de  la   información   del  señor  BERMÚDEZ  no  tiene  consistencia  ni  lógica  probatoria,  lo  que  permite,  con algún sentido inferir que el dato lo sacó,  como   dice   creer   haberlo   hecho,   de   la   Registraduría”.           

          Lo  anterior  le  permite colegir que se incurrió en un error en el  procedimiento  de identificación de la persona que se vinculaba al proceso como  homicida,  por  existir  claras  características  físicas  y cronológicas que  descartaban  al  señor  JAIME  CRUZ PARRA,  identificado con la cédula de ciudadanía número 19.484.534, de  ser  el  alias  “Jaimito”,  lo  que  incluso también respalda el condenado en el mismo proceso Frangil  Eduardo  Avella Casas, al señalar  en   su   injurada,   de   forma  coincidente  con  los  testigos  aludidos,  la  particularidad  de  que dicho individuo tenía “en la  ceja   esto   caído   (el   sindicado   señala   el   párpado)”.   

          Así,   insiste   en   que  su  defendido  para  la  época  de  los  hechos   contaba con 33 años de edad y que no tenía ningún defecto en la  vista,  como  se verifica con las fotografías de la época en que tuvo lugar el  homicidio y las recientes que anexó con la demanda.   

          En  consecuencia,  la  Fiscalía  en  el  proceso  que  se adelantó  incurrió  en  error  al  librar  orden  de  captura, emplazar, declarar persona  ausente  y  dictar  resolución  de  acusación  a su defendido, lo que luego se  tradujo  en  una  condena  en  su contra, a lo que se suma que ninguna autoridad  trató   de  ubicar  a  JAIME  CRUZ  PARRA,  en  lo  que no habrían tenido ninguna dificultad, dado que éste  ha  sido siempre una persona estable, “por ser hombre  de  hogar, trabajador y estudioso”, como se demuestra  con  las  constancias  laborales, de la alcaldía y de estudios que adjuntó con  la demanda.   

          En  el  acápite  de las “pruebas documentales”, sostiene que de  acuerdo  con los documentos notariales, desde el mismo año de 1990 CRUZ  PARRA  ya residía en la carrera 88 A  No.  55-54  sur  de  Bogotá, en donde lo sigue haciendo con su familia, como lo  certificó   el   alcalde   de   la   localidad  de  Kennedy  en  la  constancia  referida.   

          Así  mismo,  en  virtud  de  las  certificaciones  expedidas por la  empresa  LAFAYETTE  del  27  de  octubre  de  2004, se verifica que su defendido  laboró  en dicha empresa desde el 11 de febrero de 1992 hasta el 30 de abril de  1996,  dejándose  constancia  además “que del 16 al  30  de  mayo de 1994 no presentó descuentos por concepto de ausencia al trabajo  o  permiso”, precisamente para la época en que tuvo  ocurrencia el homicidio.       

          Insiste  también  en  la  importancia  que tienen para este caso la  constancia  expedida  por  la  firma  EMPAQUES  INDUSTRIALES  COLOMBIANOS  S.A.,  resaltando  las  calidades  personales  y  laborales de su patrocinado.  En  igual  sentido,  las declaraciones extrajuicio, la expedida por la Procuraduría  General  sobre  su  carencia de antecedentes disciplinarios y las que corroboran  su constante esfuerzo por mejorar y capacitarse.   

          Colige    así    que   se   está   frente   a   una   “injusta  detención”,que  ha  traído  graves  consecuencia  de orden material, moral y familiar para su prohijado, por  lo  que solicita, para terminar, se reconozca que JAIME  CRUZ  PARRA no es la persona que cometió el crimen por  el  cual  se le condenó “y que consecuencialmente se  levanten  en  las entidades pertinentes los registros donde aparece mi defendido  como     implicado    y    condenado”.   

ALEGATOS DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Investigación  y  el  Juzgamiento  Penal  (e) señala que con fundamento en las  pruebas  allegadas  con  la  demanda  de  revisión y las practicadas durante el  período  probatorio de este trámite, la conclusión a la que se llega, es a la  de que la acción de revisión impetrada está llamada a prosperar.   

Expresa que los planteamientos del libelista  tendientes  a  que  se  remueva  la cosa juzgada, en tanto su defendido no es la  misma  persona que cometió el delito por el cual fue condenado, están llamados  a  prosperar.  Arriba  a  la  anterior  conclusión,  con base en los siguientes  argumentos:       

En primer lugar, por los resultados obtenidos  con  la diligencia de reconocimiento en fila de personas en el centro carcelario  en  donde  se  encuentra  privado  de  la libertad CRUZ  PARRA, en presencia del defensor, el representante del  Ministerio    Público    y    los   testigos,   toda   vez   que   “estos  últimos a la pregunta de si en la referida fila compuesta  por  siete  personas  de  características  similares,  se  hallaba el individuo  descrito      como      alias      ‘Jaimito’,  fueron  enfáticos  en  su  respuesta  al  manifestar  que  ninguno de los allí  presentes   era   dicha   persona”,   y   que   esa  particularidad  fue  confirmada  por  esos  mismos  testigos en sus atestaciones  recibidas previamente en esta acción.   

En  segundo  lugar,  con  fundamento  en  el  testimonio  de  Roberto Antonio Bermúdez, funcionario  del  CTI, quien redactara el informe por medio del cual  señaló    que    alias    “Jaimito”,   correspondía   a   JAIME  CRUZ  PARRA  con  cédula  de ciudadanía 19.484.534 de Bogotá, en  el  sentido  de  que  en esta última oportunidad adujo que los datos los obtuvo  por   intermedio   de   Joaquín   López,  misma  persona  que  a  los  tres o cuatro años le indicó que a  dicho sujeto lo habían matado.   

Y, en tercer orden, en virtud de las pruebas  documentales  aportadas por el demandante, conocidas con posterioridad al debate  penal,  por  medio  de las cuales se demuestra que CRUZ  PARRA   es  “una  persona  trabajadora,  honesta,  de  buen comportamiento social y familiar, radicado hace  20  años  en la localidad de Kennedy en Bogota, dedicado a su hogar, a su hijos  y a prepararse para mejorar sus condiciones de vida”.   

De  las  anteriores  probanzas “allegadas    con    posterioridad   a   la   finalización   del  proceso”,   infiere  el  Procurador  Delegado,  se  desprende  con  carácter  de  certeza  que CRUZ PARRA  no es la persona a quien los testigos señalaron como  coautor   del   homicidio   del  odontólogo  Marín,  por  lo que en la actualidad se encuentra detenido de  manera injusta.   

Para finalizar, sostiene que si se hubieran  conocido    estos    elementos    probatorios    ex  novo  en  su  momento “la  decisión   de   justicia   hubiera   sido  totalmente  diferente”,   motivo  por  el  cual  es  preciso  derrumbar  la  res  iudicata establecida en este asunto  a  partir de la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el 30 de  mayo de 1996.   

En esa medida, solicita de la Sala se declare  fundada  la  causal  invocada  “y  proceda según lo  normado  en  los  numerales  2  y  3  del  artículo  227  C.P.P.”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Ha  dicho  la  Sala que cuando el demandante  invoca  la  causal  tercera  de  revisión, esto es, por la aparición de hechos  nuevos  o  el  surgimiento de pruebas de igual naturaleza no conocidas al tiempo  de  los  debates  con virtualidad para acreditar la inocencia del condenado o su  inimputabilidad,  tales  novedosos  elementos  demostrativos  deben ser idóneos  para  acreditar  cualquiera de las finalidades antes precisadas a fin de derruir  el  soporte  probatorio  que  sustenta  la atribución de responsabilidad que se  considera injusta.   

También se ha puntualizado de tiempo atrás  sobre  el  particular  que  el  hecho nuevo “es aquel  acaecimiento  fáctico  vinculado  al delito que fue objeto de la investigación  procesal,  pero  que  no  se  conoció en ninguna de las etapas de la actuación  judicial  de  manera  que no pudo ser controvertido;  no se trata, pues, de  algo  que  haya  ocurrido  después  de  la  sentencia,  pero  ni  siquiera  con  posterioridad  al  delito  que  se  le  imputó al procesado y por el cual se le  condenó,   sino   de   un   suceso  ligado  al  hecho  punible  materia  de  la  investigación  del  que,  sin  embargo,  no tuvo conocimiento el juzgador en el  desarrollo  del itinerario procesal porque no penetró al expediente.   

Prueba  nueva es, en cambio, aquel mecanismo  probatorio  (documental,  pericial,  testimonial)  que por cualquier causa no se  incorporó  al  proceso,  pero  cuyo  aporte ex novo tiene tal valor que podría  modificar  sustancialmente  el  juicio  positivo de responsabilidad penal que se  concretó  en  la  condena  del  procesado.  Dicha  prueba puede versar sobre el  evento  hasta  entonces  desconocido  (se  demuestra  que  fue otro el autor del  delito)  o  sobre hecho conocido ya en el proceso (muerte de la víctima, cuando  la  prueba  ex  novo  demuestra  que el agente actuó en legítima defensa), por  manera  que  puede  haber prueba nueva sobre hecho nuevo o respecto de variantes  sustanciales  de  un  hecho procesalmente conocido que conduzca a la inocencia o  irresponsabilidad    del    procesado”1.   

Una  vez  precisado  lo  anterior,  a fin de  adoptar  la  decisión  que  en  derecho  corresponda  se impone por elementales  razones  de  método  descomponer  el  recaudo probatorio así: primero, pruebas  nuevas  aportadas  por  el  demandante;  segundo,  nuevos  elementos probatorios  recaudados  en  este  trámite  y,  tercero, aportes novedosos de declarantes ya  escuchados  en  el  proceso,  todo  lo  cual  será valorado respecto del acervo  demostrativo  que  sirvió  de  fundamento  al fallo de condena proferido contra  JAIME CRUZ PARRA.   

1.-            Pruebas   nuevas   aportadas   por  el  demandante.   

Es preciso aclarar que ostentan carácter de  prueba  nueva  los  medios  probatorios  aportados  por  la defensa junto con el  libelo,  esto  es,  las  fotografías  de  JAIME  CRUZ  PARRA,  una   actual -según el demandante tomada  en  el  año  2004-  y  otra  del  momento en que se cometió el hecho delictivo  -también  de  acuerdo  con  lo  que éste manifiesta de octubre de 1994-;   copias  de los registros civiles de sus cinco hijos; fotocopia de los resultados  del  examen  ICFES que presentó el 6 de noviembre de 1993; carné del SENA a su  nombre  que  acredita  sus  estudios  como  técnico  en control de producción;  constancia  de  haberse  capacitado  en  el  curso  “Microsoft Excel 5.0 nivel  básico”  y  “auditorías de calidad”; certificaciones laborales expedidas  por  las  firmas LAFAYETTE (3) y “Empaques Industriales de Colombianos S.A.”  (2);  constancia  expedida  por el acalde del barrio Kennedy en relación con su  residencia   en   ese  sector;   dos  declaraciones  extrajuicio  sobre  su  comportamiento  rendidas  por Eufrocina Bonilla Cardozo  y  Ana  Bertilda  del Carmen  Blanco   de   Comba  y;  certificado  de  antecedentes  disciplinarios expedido por la Procuraduría General de la Nación   

2.            Nuevo  elemento  probatorio recaudado en  este trámite.   

          A  petición  del defensor se dispuso en el curso de esta actuación  escuchar  en  declaración  a Roberto Antonio Bermúdez  Martínez,  quien  no  había rendido testimonio en el  proceso  penal  por  el  delito  de  homicidio  en  la  persona  del odontólogo  Rafael    Antonio    Marín   García   (R.  13532),  investigador del CTI a cuyo cargo estuvo adelantar las  pesquisas  necesarias  en procura de individualizar a los posibles autores de la  conducta  delictiva  y  quien aportó el informe de fecha octubre 13 de 1994, en  donde  se  limitó  a aducir, en el acápite de “observaciones”, respecto de  la     identidad     de    “Jaimito”,  señalado  de  ser  uno  de  los  individuos que participó en la  ilicitud, lo siguiente:   

“Los autores del homicidio en la persona de  RAFAEL  ANTONIO  MARIN  GARCIA,  según investigaciones realizadas y entrevistas  con   el   señor   JOAQUIN  EMILIO  LÓPEZ,  fueron:   JAIME  CRUZ  PARRA,  identificado   con   C.C.   No.   19.484.534   de  Bogotá,  Alias  ‘JAIMITO’…”.’          

          En  la  declaración  que  se  llevó  a  cabo  en  el curso de esta  acción,  al  ser  indagado en torno a la forma como obtuvo la información para  establecer    que   alias   “Jaimito”,    correspondía    a    la     identidad   de   JAIME    CRUZ    PARRA,   insistió   que  “esta   identificación   se   logró  mediante  la  Registraduría  Nacional y por la colaboración que tuvo el señor JOAQUIN LOPEZ  que  fue  la  persona que nos colaboró en esa investigación…no estoy seguro,  creo  que  solicite  a  la  Registraduría  y  me dieron ese dato”.      

          A  una  pregunta  del  defensor en la misma diligencia, destacó que  según   el   señor   Joaquín  López  una      de      las      características      de      “Jaimito”,  “era  que  tenía el ojo apagado inclusive hicimos  vigilancia  en  una  casa  en la que supuestamente vivía pero no logramos tener  contacto  con  él”.  Además que, según le dijo el  mismo  testigo,  tres  o  cuatro  años  después, “a  alias  ‘Jaimito’   lo  habían  matado”.      

          Es  importante  resaltar de lo dicho por este deponente que también  hace  alusión  al  dato  suministrado  por  su  informante  en relación con la  característica          especial          de         alias         “Jaimito”,   de   tener   un  defecto  evidente  en  uno  de  su  ojos  y  el  hecho  de  que no recuerda por el tiempo  transcurrido  desde la fecha en que presentó el informe la forma como obtuvo la  tarjeta  decadactilar  de  JAIME CRUZ PARRA.   

3.             Aportes  novedosos  de  declarantes  ya  escuchados en el proceso.   

          En  punto  de  la noción de hecho nuevo ha precisado la Sala que se  trata   de  “todo  acaecimiento  o  suceso  fáctico  vinculado  al  hecho  punible  materia  de  investigación,  del cual no se tuvo  conocimiento  en  ninguna de las etapas de la actuación judicial, de manera que  no  pudo  ser  controvertido”. Y que por prueba nueva  se  entiende  “todo mecanismo probatorio (documental,  pericial  o  testimonial)  no incorporado al proceso, que da cuenta de un evento  desconocido  (se  demuestra  por  ejemplo que fue otro el autor del hecho), o de  una  variante  sustancial de un hecho conocido en las instancias, cuyo aporte ex  novo  tiene  la  virtualidad de derruir el juicio positivo de responsabilidad (o  de  imputabilidad)  que  se  concretó  en  la  decisión de condena”2.   

No  obstante  lo anterior, encuentra la Sala  que  en  ocasiones también cuentan con el anunciado carácter novedoso aquellos  elementos  de  juicio  que  si  bien forman parte integral de un medio de prueba  oportuna  y  legalmente  aportado  al  proceso, suministran con posterioridad al  fallo  informaciones no conocidas y por tanto, no controvertidas ni valoradas al  tiempo  de  los debates con virtud para demostrar la inocencia o inimputabilidad  del   sentenciado,   como  ocurre  por  ejemplo  con  aquellas  ampliaciones  de  testimonios  que  sin  constituir  una retractación o variación esencial de lo  inicialmente  expuesto,  aportan mayores y contundentes datos capaces de develar  la  injusticia de las decisiones de fondo adoptadas en el proceso cuya revisión  se solicita.   

Así  pues,  si  bien  es  cierto que en las  declaraciones   rendidas  en  la  fase  de  la  instrucción  por  los  testigos  presenciales  del  homicidio  Joaquín  Emilio  López  Morales  y Juan Carlos López  Buitrago  (en ese entonces menor de edad), coincidieron  en  señalar  como  características  fisonómicas especiales del sujeto a quien  conocían  como  “Jaimito”  el  defecto  en  uno  de sus ojos, según relatan “un  ojo  apagado”, y  la  edad  que  podría  tener  para aquél entonces: “unos     dieciocho    años    aproximadamente”    y  que en las declaraciones obtenidas en el trámite de esta acción  prácticamente  reiteran en lo mismo, también lo es que para despejar cualquier  duda  sobre  el  punto  se  ordenó  a  expensas  del  defensor  la práctica de  reconocimiento  en  fila  de  personas  con  la  persona privada de la libertad,  JAIME  CRUZ PARRA, en el cual  ambos  testigos  fueron enfáticos en advertir que ninguno de los integrantes de  la     fila     correspondía    con    la    descripción    de    “Jaimito”.          

En  ese  orden  de ideas, oportuno se ofrece  precisar  que  aun  cuando  strictu  sensu  las  declaraciones  y el reconocimiento en fila de personas de los  aludidos  testigos  no  constituyen prueba nueva, habida cuenta que rindieron su  exposición  en  el  proceso  original, ninguna duda asiste en el sentido de que  aportan  mayores  y contundentes datos capaces de develar sin que quede asomo de  duda  alguna,  la  injusticia de las decisiones de fondo adoptadas en el proceso  cuya revisión se solicita.   

En  efecto,  con  posterioridad  al  fallo  ejecutoriado  estos  deponentes  y  en  especial  por  los  resultados negativos  obtenidos  con  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas,  han  suministrado  una  información adicional que despeja cualquier duda en punto de  que  la  persona  condenada  no fue uno de los coautores del homicidio, pero que  ahora  desvirtúa  de  manera ostensible la atribución de justicia contenida en  las sentencias objeto de revisión.   

Es  necesario  resaltar  que los mencionados  declarantes  no  varían  ahora  de  manera  alguna su testimonio inicial, ni se  retractan  de  lo  dicho  durante la investigación, en cuanto ahora informan de  manera  novedosa  que  la persona a quien se juzgó y condenó como “Jaimito”  a  quien  señalaron de ser  uno  de  los  autores  del  homicidio, no es JAIME CRUZ  PARRA,  lo  que no tuvieron oportunidad de precisar en  el expediente.    

Valoración probatoria   

Estima  la  Sala  que con base en las nuevas  pruebas  aportadas  por  la  defensa,  la declaración practicada en el curso de  este  trámite, la nueva información entregada por quienes ya habían declarado  en  el  curso  del  proceso  en  suma  con  la existente en el proceso original,  razonablemente  se  llega  a   conclusión  positiva sobre la inocencia del  señor  JAIME CRUZ PARRA en la  conducta punible por la cual se lo condenó.   

Efectivamente, del proceso original se tiene  que  lo  único  que  vinculaba  al  mencionado de ser el sujeto conocido con el  alias   de   “Jaimito”,  aparte  de  la  coincidencia  consistente  en  tener un nombre común en nuestro  medio  como lo es “Jaime”,  fue  lo  que  consignó quien para ese entonces fungía como funcionario del CTI  en  su  informe  del  13 de octubre de 1994, precisando que la identidad real de  dicho  individuo era la de JAIME CRUZ PARRA,  con  cédula  de  ciudadanía número 18.484.534 de Bogotá, cuya  tarjeta    de    preparación    de    la   Registraduría   fue   aportada   al  expediente.   

Sin  embargo,  bastaba  con  confrontar  un  elemental  aspecto  como  el  de  la  edad,  a  partir de la fecha de nacimiento  visible  en  el  documento  de  identidad de CRUZ PARRA  (27  de  febrero  de  1961) para poner en duda el dato  suministrado  por  el  investigador y no tener, en consecuencia, como plenamente  identificado  al  presunto  autor  de  la  conducta,  a  la  luz de la exigencia  prevista  en  el  artículo  356  del  Decreto 2700 de 1991, preceptiva para ese  entonces vigente.   

Lo anterior, porque de conformidad con dicha  referencia  del  documento  de  identidad de JAIME CRUZ  PARRA,  para  la fecha de la conducta delictiva (18 de  mayo  de  1994),  contaba  con  casi  33  años  de edad, mientras que todos los  deponentes  que  sindicaron a “Jaimito”  de haber sido uno de los coautores de la conducta o que realizaron  una  descripción  de  éste  en  el  proceso, de manera uniforme, refieren a un  joven  de  aproximadamente  18  años de edad, diferencia ostensible que bastaba  para    dudar    en    torno    a    la   información   suministrada   por   el  investigador.   

Ahora bien, toda incertidumbre respecto de la  ausencia  de  compromiso  penal  de  JAIME  CRUZ PARRA  en  la  conducta  por  la  que  fue  condenado, quedó  zanjada  con  los  nuevos elementos probatorios recaudados en este trámite, con  los  aportes  novedosos de los declarantes ya escuchados en el proceso y con las  pruebas  nuevas  aportadas  por  el demandante, señaladas en precedencia.    

En  cuanto a los nuevos elementos recaudados  en   este   trámite,   porque   merced   a   la  declaración  de  Roberto  Antonio  Bermúdez  Benítez,  se  pudo    corroborar    que   la   vinculación   al   proceso   de   JAIME  CRUZ  PARRA  que se suscitó por su  señalamiento   en   el   informe,   no   contó   con   bases   suficientemente  sólidas.   Tanto  fue  así  que tras advertir que quien le suministró la  identidad   del   aludido   fue  el  testigo  Joaquín  López,  lo cierto es que ello no encuentra eco con lo  expuesto  por  este deponente ni en su declaración inicial, en la cual nunca se  refirió  a  JAIME CRUZ PARRA  como  “Jaimito”, ni mucho  menos  en  su  declaración recibida en esta actuación, en donde no obstante el  paso del tiempo insiste en los términos de la primera.   

Es  más, como bien lo indica el defensor en  su  alegato,  ninguna  referencia  adicional  a  lo  expuesto  en el informe del  investigador,  apuntaba  en  el  proceso  hacia  la  posible  participación  de  CRUZ  PARRA  en  la conducta  delictiva.     

La  conclusión sobre la inocencia del ahora  privado  de  la libertad irrumpe con más fuerza de los aportes novedosos de los  declarantes  ya  escuchados  en  el  proceso,  quienes  a pesar del considerable  tiempo  transcurrido en sus respectivas declaraciones dentro de esta actuación,  reiteraron       la      característica      especial      de      “Jaimito”,  insistiendo  en que tenía  “un  ojo apagado”  y  que  su edad era de 18 a 20 años, pero fundamentalmente porque en diligencia de  reconocimiento  en  fila  de  personas,  llevada  a  cabo  en el establecimiento  penitenciario  el  pasado  1° de junio, con presencia del Agente del Ministerio  Público,   los   testigos   fueron  enfáticos  en  señalar  que  “Jaimito”,  no  era ninguno de los que  integraban  la fila, de la cual hacía parte JAIME CRUZ  PARRA.      

Cabe señalar al respecto que tales novedosos  elementos  demostrativos  se  ofrecen dignos de credibilidad, toda vez que no se  advierte  interés alguno en quienes los suministran en faltar a la verdad, más  aún  cuando  entregan  datos  pormenorizados del suceso investigado y coinciden  plenamente  con  lo  que  expusieron  en  el  proceso  original,  toda vez que a  consecuencia  de una muy deficiente actividad judicial  en  punto  de  la individualización del procesado, amén de la precaria defensa  técnica  que  tanto  en  el  sumario  como  en  el  juicio  tuvo el sentenciado  JAIME   CRUZ   PARRA,  no  consiguió    esclarecerse    la    verdadera    identidad    de    “Jaimito, lo cual condujo a la injusta  condena del mencionado ciudadano.   

          En  armonía  con el análisis probatorio anterior, cobran innegable  importancia  las  pruebas  nuevas  de  carácter  documental  aportadas  por  el  demandante,  por  virtud  de  las  cuales  se  corrobora,  como acertadamente lo  destacan   el   representante   del  Ministerio  Público  y  el  defensor,  que  JAIME  CRUZ  PARRA  es  una  persona       honesta,       trabajadora       y       con       ansias       de  superación.             

De  modo  que  la  conclusión  a  la  que  razonablemente  se  arriba  es  a  la  de  que la jurisdicción penal en sus dos  instancias,  sometió  a investigación y juzgamiento y luego condenó a persona  distinta  a  quien fue en verdad coautora de los hechos, en razón, se repite, a  los   defectos  en  la  identificación,  que  en  este  particular  asunto  era  fundamental  para establecer el compromiso penal de uno de los sujetos señalado  desde  el  comienzo  de  la investigación como uno de los presuntos autores del  homicidio  de  que fuera víctima Rafael Antonio Marín  García.   

          Así  las  cosas,  sin  dificultad  alguna  emerge  la inocencia del  sentenciado  JAIME CRUZ PARRA,  dada  su  clara  ajenidad  en los hechos de que aquí se ha dado cuenta, todo lo  cual  sustenta  la  prosperidad  de  la  causal  de  revisión  a cuyo amparo se  formuló  la  demanda  origen del presente trámite, esto es la tercera prevista  en  el  artículo  220  del estatuto procesal penal, para dejar sin efecto en lo  que  tiene  que ver con la condena al mencionado los fallos de primera y segunda  instancia,  consecuencia  procesal  inmediata  prevista  por  el  artículo  227  ejusdem,  decisión  que  la  Sala  adoptará  compartiendo  el  concepto  emitido  por  el Procurador Primero  Delegado para la Investigación y el Juzgamiento Penal (e).   

CUESTION  FINAL   

         En  punto  de  las  restantes  consecuencias de la rescisión de los  referidos  fallos,  de conformidad con la preceptiva contenida en el numeral 2º  del  artículo 227 de la Ley 600 de 2000, se dispondrá la restauración parcial  del  proceso  a  partir, inclusive, de la resolución de fecha marzo 15 de 1995,  por  cuyo medio la Fiscalía 16 Delegada ante los Jueces Penales del Circuito de  Bogotá   declaró   persona   ausente  a  JAIME  CRUZ  PARRA  sin  previa  y  legalmente haber procedido a su  individualización,  siendo  del  caso  precisar  que  las pruebas practicadas o  aducidas en forma legal a la actuación conservarán plena validez.   

         Para  tal  efecto,  se  dispondrá  que  las diligencias regresen al  Juzgado  10°  Penal  del  Circuito de Bogotá para que, previas las constancias  pertinentes  en  los  libros  radicadores, a su turno las remita a una Fiscalía  Seccional  con  sede  en  el  mismo Circuito, distinta de la que intervino en la  etapa  instructiva,  con  el fin de que se adopten las decisiones pertinentes en  cuanto  a  la situación del ciudadano JAIME CRUZ PARRA  y a los fines mismos de la investigación previstos en  el  artículo  331  del  estatuto procesal penal.  Conviene precisar que en  caso  de que la actuación llegue a la fase del juicio deberá corresponder a un  despacho   judicial   distinto   al   que   profirió   el   fallo   de   primer  grado.     

         Se   ordenará,   consecuencialmente,   la  libertad  inmediata  del  condenado.  Es de advertir que la libertad procederá en la medida en que no sea  solicitado por otro funcionario judicial.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

        1.                      DECLARAR  fundada la  causal   tercera   de   revisión  invocada  por  el  defensor  de  JAIME CRUZ PARRA.   

        2.                      DEJAR  SIN  EFECTO la  condena   impuesta  a  JAIME  CRUZ  PARRA,  contenida  en  las  sentencias  de  primera  y segunda instancia  proferidas  por  el  Juzgado  10°  Penal del Circuito de Bogotá  el 18 de  marzo  de  1996  y por el Tribunal Superior de la misma ciudad el 30 de mayo del  mismo  año,  respectivamente,  mediante  las  cuales se condenó a JAIME  CRUZ  PARRA  como autor penalmente  responsable  del delito de homicidio en Rafael Antonio  Marín  García,  así  como  la actuación surtida a  partir,  inclusive,  de la resolución del 15 de marzo  de  1996,  por  cuyo  medio la Fiscalía 16 Delegada ante los Jueces Penales del  Circuito  de  Bogotá  lo declaró persona ausente.  En los demás aspectos  estos fallos mantienen su firmeza.   

        3.                       REGRESAR  el proceso  al  Juzgado  de  origen para que, a su turno lo remita a una Fiscalía Seccional  con  sede  en  el  mismo  Circuito,  distinta  de  la  que intervino en la etapa  instructiva,  con el fin de que adopte las decisiones pertinentes en cuanto a la  situación    de    JAIME   CRUZ   PARRA  y a los fines previstos en el artículo 331 del estatuto procesal  penal.   

4.          DISPONER  la  libertad   inmediata   de   CRUZ   PARRA,  con  la  advertencia  de  que  sólo  produce  efectos  si no es  solicitado por otro funcionario judicial.   

         5.                      ORDENAR     la  cancelación  de  las  órdenes  de  captura  libradas en contra de JAIME  CRUZ PARRA por razón del referido  proceso.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

        Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Providencia  del 18 de febrero de 1998. Rad 9901. M.P. Dr. Carlos Eduardo Mejía  Escobar.  También  en  decisiones  del 1º de diciembre 1º de 1983. Rad. 1983.  M.P.  Dr.  Alfonso  Reyes  Echandía  y 22 de abril de  1997. Rad. 12460. M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll, entre otras.   

2   Providencia  del  9  de  febrero  de  2005.  Rad.  23018. M.P. Dr. Mauro Solarte  Portilla.     

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