22758(23-02-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22758   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 012.  

          Bogotá,   D.C.,   febrero   veintitrés   (23)  de  dos  mil  cinco  (2005).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora del procesado CESAR  AUGUSTO  CARO  VILLAMIL,  contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Juzgado Cuarenta y Cinco Penal  del  Circuito de Bogotá el 25 de mayo de 2004, mediante la cual fue condenado a  la  pena principal de veintidós (22) meses y quince (15) días de prisión como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  de delitos de lesiones personales  culposas     agravadas    en    Humberto    Bautista  Gómez  y  Rosa Adriana Campo  Velandia, providencia que revocó el fallo absolutorio  dictado  el  29 de noviembre de 2002 por el Juzgado Quinto Penal Municipal de la  misma ciudad.   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto no casar la sentencia impugnada por  carecer  de  razón  los  argumentos  planteados por la defensora del procesado,  pero  sugiere  casar  parcialmente  y  de  manera  oficiosa el referido fallo en  cuanto se refiere a la condena en perjuicios.   

HECHOS  

Los  hechos motivo de esta actuación fueron  adecuadamente  declarados  por  el  ad quem en el fallo de segundo grado, así:   

“El 25 de abril  de  1999, aproximadamente a la 1:30 horas de la mañana, sobre la avenida ciudad  de  Quito  con  calle  69  de  esta  ciudad,  CESAR AUGUSTO CARO VILLAMIL, quien  conducía  bajo los influjos del alcohol y a exceso de velocidad el vehículo de  su  propiedad  tipo  automóvil,  marca  Chevrolet,  modelo  1992, de placa  BBI797,  invadió  el separador y atropelló a Humberto Bautista Gómez y a Rosa  Adriana  Campo Velandia, causándoles heridas que le representaron al primero 20  días  de  incapacidad  definitiva y perturbación funcional de miembro inferior  derecho  y a la segunda, incapacidad de 120 días y como secuelas una deformidad  física  que afecta el cuerpo de carácter permanente, al igual que una pérdida  anatómica        de        miembro        inferior        izquierdo”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

La  Fiscalía 289 Local de Bogotá declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  CESAR     AUGUSTO     CARO    VILLAMIL,  resolviendo  su situación jurídica con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva  con  beneficio  de libertad provisional como posible  autor  del  concurso  homogéneo  de  delitos  de  lesiones  personales culposas  agravadas.   

Una  vez cerrada la instrucción, el sumario  fue  calificado  el  24 de enero de 2001 con resolución de acusación en contra  del  procesado,  como  presunto  autor  del  concurso  de delitos que motivó la  medida asegurativa.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Quinto  Penal Municipal de Bogotá, despacho que una vez surtido el  rito  pertinente, profirió fallo el 29 de noviembre de 2002, a través del cual  absolvió  a  CESAR AUGUSTO CARO VILLAMIL por las conductas punibles objeto de acusación.   

Contra la decisión anterior la apoderada de  la  parte  civil  y la Fiscalía interpusieron recurso de apelación, pero sólo  fue  concedido  el  primero,  pues  el  otro se declaró desierto por carecer de  sustentación.   

Entonces,  mediante decisión del 25 de mayo  de  2004,  el  Juzgado  Cuarenta  y  Cinco Penal del Circuito de Bogotá revocó  íntegramente  la  decisión  impugnada  y, en su lugar, condenó a CESAR  AUGUSTO  CARO  VILLAMIL a las penas  principales  de veintidós (22) meses y quince (15) días de prisión, multa por  valor  de  veinte  mil  pesos  ($20.000)  y  suspensión  de  la actividad de la  conducción   por   el  término  de  quince  (15)  meses,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  pena privativa de libertad y al pago de la correspondiente  indemnización  de  perjuicios,  como  autor penalmente responsable del concurso  homogéneo   de   lesiones   personales   culposas   agravadas  en  Humberto  Bautista  Gómez  y Rosa Adriana Campo Velandia.   

          El   defensor   de   CESAR  AUGUSTO  CARO  interpuso  recurso  extraordinario de casación por la  vía  discrecional  contra  el  fallo  de  segundo grado, cuya sustentación fue  presentada  ulteriormente  por  otra  profesional  del  derecho designada por el  procesado.   

          El  2  de octubre de 2004, esta Sala admitió de manera discrecional  la  demanda  de  casación  únicamente  en  cuanto  se  refiere al primer cargo  propuesto,  orientado  a  cuestionar por la actora que como, en primer término,  si  había  mediado diligencia de conciliación entre procesado y lesionados, la  parte  civil no se encontraba legitimada para impugnar el fallo absolutorio y en  segundo  que,  por  tal  motivo, el ad quem  no  contaba con competencia para revocar la absolución y proferir  fallo  de  condena,  circunstancias  que condujeron a comprometer las garantías  fundamentales del procesado.   

En  la  misma  decisión  se  inadmitió  el  segundo  cargo  encaminado  a  censurar  la valoración probatoria, por no estar  vinculado  con  el  quebranto  de garantías fundamentales o con la necesidad de  que  se abordara tal aspecto apreciativo a fin de desarrollar la jurisprudencia.  En  el  curso  del  trámite  casacional  se  obtuvo  el respectivo concepto del  Ministerio Público.   

LA DEMANDA  

El cargo cuya admisión discrecional dispuso  la  Sala  es  planteado  por  la  defensora  al  amparo  de la causal tercera de  casación,  en cuanto estima violado el debido proceso de su asistido al haberse  concedido  y  resuelto  la “impugnación del fallo de  primera  instancia  absolutorio  por  un  sujeto procesal que no tenía interés  para   recurrir”  con  lo  cual  se  afectaron  los  intereses  de  CESAR AUGUSTO CARO VILLAMIL, quien resultó condenado en segunda instancia.   

Aduce   la  demandante  que  si  antes  de  proferirse  fallo  condenatorio,  el  sindicado y los lesionados suscribieron un  acta  de  conciliación,  la  cual  fue  a  la postre ratificada ante el juez de  primera  instancia  y  en  la  que  se  anotó  que  prestaba mérito ejecutivo,  asimilándola   a   un   título   valor,   tal  circunstancia  determinaba  que  “la  parte  civil  había perdido interés jurídico  para  seguir actuando en procura de una acción civil que carecía de objeto por  conciliación,   deshabilitándola   para   impugnar   la  sentencia  de  primer  grado”.  Por  ello,  agrega,  se  violó  el  debido  proceso    de    CESAR    AUGUSTO   CARO,  en  cuanto “dio pie a que se admitiera  un    recurso   que   no   tenía   sentido   ni   razón   de   ser”.   

En   apoyo   de   su   argumentación,  la  casacionista  afirma  que  en  providencia  del  24 de febrero de 2004, Radicado  11650,  con  ponencia  del Magistrado doctor Alvaro Orlando Pérez Pinzón, esta  Sala  precisó que al presentarse la transacción como modo de extinción de las  obligaciones,  la  parte  civil  pierde  todo  interés para reclamar contra los  fallos,  pues  de  conformidad con los artículos 43 y 48 del estatuto procesal,  la    naturaleza    de    su    pretensión    es    privada,    disponible    y  resarcitoria.   

Con  fundamento en lo expuesto, la defensora  solicita  a  la  Corte  casar  la sentencia de segunda instancia para anularla y  dejar  “en  firme  el  fallo  absolutorio  de primer  grado”,  pues  “el actor  civil  (…)  había perdido interés jurídico al haberse conciliado y obtenido  a   través   de   un   titulo   ejecutivo   el   pago   de   la  indemnización  aceptada”.   

Finalmente  dice  que,  aunque  las  razones  anteriores  son  suficientes  para revelar la necesidad de que se case el fallo,  “los   señores   Magistrados   podrán   advertir  adicionalmente  que dicha falta de interés jurídico de la parte civil, implica  también  falta  de  competencia del ad quem para resolver la alzada”  que  afectó  los  intereses  de  su defendido, “como  quiera  que si el recurrente carecía de interés no ha debido  concederse  el recurso de apelación y mucho menos ha debido resolverse el mismo  en  ausencia del presupuesto procesal indispensable para que el superior pudiera  asumir ese control funcional”.   

ALEGATO   DE  LOS  NO  RECURRENTES   

          Dentro   del  término  de  traslado  de  la  demanda  de  casación  dispuesto  en  favor  de  los  no  impugnantes,  la  apoderada de la parte civil  presentó  escrito  en  el cual afirma que si bien los perjudicados suscribieron  un  acta  de  conciliación,  lo  cierto  es  que  el  procesado  no cumplió la  totalidad  de  las  obligaciones  allí  contraidas, situación que impuso en la  fase  del  juicio  que  tanto  en primera como en segunda instancia se negara la  solicitud  de la defensa orientada a conseguir la extinción de la acción civil  por  indemnización  y  en  virtud  de  ello,  se  prosiguió  con el respectivo  trámite.   

          Y  concluye  señalando  que la recurrente se equivoca al considerar  que  la  parte  civil  carecía  de  interés  jurídico  para impugnar el fallo  absolutorio  de  primer grado y en razón de ello, depreca no casar la sentencia  impugnada.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación   Penal   solicita  en  su  concepto  no  casar  el  fallo  objeto  de  impugnación  por  estimar  que  carece  de  fundamento  la  argumentación  del  impugnante, de conformidad con las siguientes consideraciones:   

          Respecto  de la legitimidad de la parte civil para impugnar el fallo  absolutorio  de  primer  grado,  la  Delegada  expresa  que si bien se encuentra  acreditado  que los lesionados y el acusado llegaron a un acuerdo sobre el monto  de  los  perjuicios,  también está demostrado que tal convenio fue incumplido,  pues  así  lo informaron por escrito los perjudicados al juez de conocimiento y  también  lo  expusieron  en  la  audiencia  pública, al punto que durante esta  diligencia  se  decretó  la  extinción  de  la  acción  civil,  pero  al  ser  interpuesto  recurso  de  reposición contra tal determinación, se reconsideró  lo  decidido  y  se  continuó  con  la  audiencia.  La  anterior  decisión fue  confirmada  en  segundo  grado  con  base en lo dispuesto en el artículo 41 del  estatuto procesal penal.   

Agrega  que,  como  concurre  en la conducta  imputada  al  procesado una circunstancia de agravación punitiva, no procede la  extinción  de  la  acción penal por indemnización integral de conformidad con  lo  establecido  en  el  artículo  42  del  ordenamiento  citado y, además, en  atención  a  las  secuelas  derivadas del delito investigado, este no tenía la  condición  de querellable, lo que impedía la procedencia del desistimiento por  parte de los sujetos pasivos del ilícito.   

Destaca   la  Delegada  que  si  bien  los  funcionarios   judiciales   procuraron   conseguir  que  se  indemnizara  a  los  perjudicados,  es  lo  cierto que de conformidad con el artículo 41 del Código  de  Procedimiento  Penal,  se  trata  de  un  delito  que no puede ser objeto de  conciliación  por  no  admitir  desistimiento  ni  indemnización  integral, de  manera  tal  que  la  acción  civil  dentro del proceso penal se extinguió por  transacción  de  acuerdo  con  lo establecido en los artículos 2469 y 2472 del  Código  Civil,  en  cuanto  se  trata  de  uno  de  los  modos de extinguir las  obligaciones   (artículo   1625   ejusdem),  razón  por  la cual encuentra acertado que la demandante afirme  que  para hacer efectiva la pretensión indemnizatoria acordada los perjudicados  deben acudir a la jurisdicción civil.   

No   obstante,   de   conformidad  con  la  jurisprudencia   constitucional,   afirma   la   Delegada,  la  víctima  y  los  perjudicados   con   la  comisión  de  un  delito  no  sólo  tienen  intereses  pecuniarios,  pues  también  tienen derecho a la verdad y la justicia, esto es,  saber qué sucedió y exigir que no haya impunidad.   

Así,   el   acuerdo   económico   entre  perjudicados  y  acusado  tenía la virtud de resolver la pretensión económica  de  aquellos, pero no les quitaba legitimidad para seguir actuando en procura de  la  verdad  y la justicia. Por ello, correspondía a los funcionarios judiciales  velar  por tales derechos fundamentales, máxime si se tiene en cuenta que   el  artículo  137  de  la  Ley  906  de  2004  dispone que las víctimas están  facultadas    para   intervenir   en   la   actuación   penal   “en  garantía  de  los  derechos  a  la  verdad,  la  justicia  y la  reparación”.   

         

De  lo  expuesto concluye la Delegada que la  irregularidad  sustancial  no  tiene  existencia en cuanto la parte civil estaba  legitimada  para  impugnar  el  fallo  absolutorio  de  primer  grado, según lo  establece  el artículo 50 del estatuto procesal penal, motivo por el cual no se  violó  el  derecho  al debido proceso de CESAR AUGUSTO  CARO  VILLAMIL,  menos aún cuando en grado de certeza  estaba  demostrada  su  responsabilidad  en la comisión del concurso de delitos  por  el  cual  fue  condenado  en  segunda  instancia  y,  solicita  a  la Corte  desestimar el cargo propuesto.   

Adicionalmente considera la Procuradora que,  si  la  pretensión indemnizatoria ya estaba satisfecha con la transacción a la  que   llegaron  las  partes,  el  ad  quem  no podía pronunciarse en el fallo de condena sobre los perjuicios  derivados  de  los  delitos,  pues  con  ello  dio  lugar a la existencia de dos  títulos  sobre  la  misma obligación, proceder que comporta un “error   por   exceso   de  la  jurisdicción  que  viola  el  debido  proceso”,  cuando  ya  las  partes habían dispuesto  sobre el particular.   

          Para    corregir    el    yerro    considera   que   “debe  enervarse la condena en perjuicios casando respecto de ella el  fallo de manera oficiosa”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La  censura  de  la demandante se orienta a  cuestionar  que  el  Juzgado Quinto Penal Municipal de Bogotá hubiera concedido  el  recurso  de apelación interpuesto por la apoderada de la parte civil contra  el  fallo  absolutorio  proferido  en  favor  del  procesado  y a su vez, que el  ad quem hubiera desatado la  referida  impugnación,  en  cuanto  estima  que  la  parte  civil  carecía  de  legitimidad  para  atacar  la  sentencia.  Dentro  de  dicho marco jurídico, se  tiene:   

La  legitimación  en  el  proceso constituye uno de los presupuestos de  procedencia  de  la impugnación de las providencias judiciales, en virtud de la  cual,   es   preciso  que  el  recurrente  ostente  la  condición de sujeto procesal habilitado para actuar.   

Adicional  al anterior también se encuentra  la  legitimación en la causa,  presupuesto  que  exige  de  manera  imprescindible  que al impugnante le asista  interés  jurídico para atacar el proveído, esto es, que la decisión le cause  perjuicio  a  sus  intereses,  pues  no  hay  lugar  a  inconformidad  frente  a  providencias  que  le reporten un beneficio o que simplemente no lo perjudiquen.  Sobre  el  particular,  el artículo 186 del estatuto procesal penal dispone que  “los  recursos  ordinarios podrán interponerse por  quien tenga interés jurídico”.   

Ahora,  en  tratándose  de  la  parte civil  dentro  del  proceso  penal  se tiene que la facultad de ostentar tal condición  radica  en la persona natural o jurídica, que lo puede ser: El titular del bien  jurídico  objeto  de  tutela  que  resulta lesionado o puesto en peligro con el  comportamiento   ilícito   objeto   de  investigación,  ora  sus  herederos  o  sucesores,  o  bien  la  persona  jurídica afectada con el delito, así como el  representante   legal   del   perjudicado   cuando   este   no  tiene  la  libre  administración   de  sus  bienes;  titulares  de  la  acción  civil  que  para  ejercitarla  dentro  del  trámite penal deben acreditar alguna de las referidas  condiciones  y concurrir, por regla general, a través de abogado, en caso de no  contar con tal calidad.   

          Antes   de   la   sentencia   C-228/02   proferida   por   la  Corte  Constitucional,   mediante   la   cual  se  declaró  exequible  “el  inciso  primero  del  artículo 137 de la Ley 600 de 2000, en el  entendido  de que la parte civil tiene derecho al resarcimiento, a la verdad y a  la  justicia”,  una  vez  presentada  la  demanda de  constitución  de  parte  civil  y  reconocida  esta  como  sujeto  procesal, se  encontraba  facultada  para  participar  en  las diligencias, solicitar y aducir  pruebas,  presentar  alegaciones  e  interponer  recursos, a fin de acreditar la  existencia   de   la  conducta  investigada,  la  identidad  de  los  autores  o  partícipes,  la  responsabilidad  penal  de  estos,  así  como la naturaleza y  cuantía  de  los  perjuicios  causados  al  titular  de  la acción debidamente  reconocido  como  tal  dentro  del  trámite,  todo  con el único propósito de  conseguir la correspondiente indemnización en el fallo.   

En  consecuencia,  de  manera  reiterada  y  pacífica   la   Sala  sostuvo  que  el  interés  de  la  parte  civil  quedaba  circunscrito  exclusivamente  al  ámbito  pecuniario de carácter resarcitorio,  razón  por la cual resultaba ajeno a sus facultades que presentara peticiones o  ejerciera  recursos  que  no  tuvieran  como  finalidad  el restablecimiento del  derecho  y  el resarcimiento del daño ocasionado por el hecho punible; época a  la  cual  corresponde  la  decisión  de  esta  Sala1  citada por la demandante para  alegar  la  ilegitimidad de la parte civil en punto de la impugnación del fallo  absolutorio de primer grado.   

          En   efecto,   sobre  el  particular  se  dijo  que  “si  la  inconformidad  manifestada  por la parte civil no traduce en  forma  directa  y concreta una mengua o deterioro para sus aspiraciones en punto  al  reconocimiento  de  los  perjuicios,  carece  de  interés para controvertir  cualquier  decisión.  Lo  anterior significa al propio tiempo, que bajo ninguna  circunstancia,  salvedad  hecha que tenga indudable incidencia sobre la cuantía  o  valor de la garantía resarcitoria, le es dable a la parte civil impugnar una  decisión  con  miras  a  obtener que se modifique en perjuicio del procesado la  entidad  típica  del  delito  o la pena privativa de la libertad que le ha sido  inferida     o    las    circunstancias    tomadas    en    cuenta    para    su  determinación”2.   

A   partir   del   referido   fallo   de  constitucionalidad  sobre  el  artículo 137 del estatuto procesal penal, quedó  claro  que  el  interés  de  la  parte  civil  ya  no se encuentra circunscrito  únicamente  a  conseguir  la  indemnización  de  perjuicios, sino que también  comprende  el  interés  en  lograr  la  justicia y la  verdad.  Lo  primero,  orientado  no  sólo  a  que la  conducta  delictiva  no  quede  en  la  impunidad,  sino  a que se le imponga al  responsable  la  condigna sanción y a que se ejecute en su forma y términos de  cumplimiento.  Y lo segundo, para que se determine de manera precisa y exacta la  forma  como  tuvieron  ocurrencia  los  hechos,  tal  como insistentemente lo ha  precisado             la             Sala3.   

          Por  ello  la  intervención  del titular de la acción civil dentro  del  proceso  penal  puede  estar determinada por los tres intereses señalados,  esto   es,   por   la   verdad,   la  justicia  y  la  reparación,  o  bien por uno cualquiera de ellos, sin  que  la pretensión ajena al ámbito exclusivamente patrimonial torne ilegítima  su  condición  de  sujeto  procesal  o  imposibilite  su  intervención  en  el  trámite,  siempre que tenga los dos o uno u otro de los restantes intereses que  justifiquen su presencia dentro de la actuación penal.   

Desde luego que cuando la parte civil carece  de  interés  para  impugnar  porque  su  aspiración  no se encuentra demarcada  dentro  de  los  señalados  aspectos  y  pese  a ello el recurso es concedido y  desatado,  se viola el debido proceso, en la medida en que por el desbordamiento  de  sus delimitadas facultades se da lugar a la incompetencia funcional del juez  ad  quem y al agravio de los  intereses del procesado.   

A  efecto  de  establecer  si en este asunto  resulta  aplicable  lo  dispuesto  en  la  sentencia de constitucionalidad C-228  proferida    el    3    de    abril    de    20024 se tiene que si de conformidad  con  lo  establecido en el artículo 45 de la Ley 270 de 1996, Estatutaria de la  Administración  de  Justicia,  “las  sentencias que  profiera  la  Corte  Constitucional  sobre  los  actos  sujetos a control en los  términos   del   artículo  241  de  la  Constitución  Política  tienen  efectos  hacia  el  futuro a menos  que  la  Corte resuelva lo contrario” (subrayas fuera  de  texto),  la  citada  sentencia rige respecto de actos posteriores a la fecha  indicada.   

A partir de la anterior preceptiva se impone  dilucidar  si  los  actos  futuros cobijados por tal fallo de constitucionalidad  son:  los  hechos  que motivan un trámite de índole penal, la presentación de  la  demanda  de  constitución  de  parte civil, la admisión de esta dentro del  proceso  o  la interposición de un recurso ordinario o extraordinario por dicho  sujeto procesal.   

En  este  contexto observa la Sala que si la  mencionada  sentencia  se  ocupó  de ampliar el ámbito de interés de la parte  civil  dentro  del  proceso  penal,  para  llegar  a  concluir  que  además del  patrimonial  que  de  manera  reiterada  y pacífica le era reconocido, también  podía  pretender  que  se  consiguiera  la  justicia y se arribara a la verdad,  imprescindible  resulta  establecer  los  momentos procesales durante los cuales  corresponde  a  los  funcionarios  judiciales  valorar  tal  aspecto  dentro del  proceso penal.   

Entre   ellos,   irrumpen  al  menos,  los  siguientes:   

1)             Cuando   a   través  de  apoderado  o  directamente   por   ostentar  la  condición  de  abogado,  la  víctima  o  el  perjudicado,   inclusive  desde  el  inicio  de  la  investigación  preliminar,  presentan  demanda  de  constitución  de  parte civil, caso en el cual, podrán  optar   por   concurrir   en   procura   de  la  indemnización  de  perjuicios,  “que  conlleva  la  búsqueda  de  la  verdad  y  la  justicia”5,    o   bien,   cuando   con  posterioridad  al mencionado fallo de constitucionalidad, por ese mismo medio su  propósito  se  circunscribe  a  saber  lo ocurrido (verdad) y que se condene al  responsable  (justicia), en cuanto tienen la facultad de accionar en punto de la  indemnización  de  perjuicios  a  través  de  otras  vías  como la civil o la  contencioso administrativa.   

Obviamente, si la demanda de parte civil fue  interpuesta  con  antelación  a  tal  proveído  de la Corte Constitucional, la  víctima  o  el  perjudicado  sólo  podían  pretender  el resarcimiento de los  perjuicios irrogados con el delito, como aconteció en este caso.   

          2)  Cuando  se  decide  sobre  el  decreto  y  práctica  de pruebas  solicitadas  por  la  parte  civil,  momento en el cual es necesario precisar el  interés  que  le asiste a fin de evaluar especialmente la pertinencia del medio  probatorio demandado.   

Con anterioridad a la sentencia C-228/02 tal  interés  se  encontraba  circunscrito a la pretensión indemnizatoria. Luego de  tal   decisión,   corresponde   establecer   si  la  parte  civil  pretende  la  indemnización  de  perjuicios,  circunstancia  que la faculta para solicitar la  práctica  de  pruebas  orientadas  a  acreditar no sólo el ámbito patrimonial  derivado  del  delito,  sino también en pro de establecer la verdad y conseguir  la  justicia. No obstante, si el perjudicado o la víctima únicamente concurren  al  proceso  penal a fin de conseguir estas últimas, de conformidad con ellas y  no  con  la  aspiración  pecuniaria  deberá  evaluarse  la  pertinencia de las  pruebas solicitadas.   

          3)  Cuando  se  decide sobre la concesión de un recurso ordinario o  extraordinario  interpuesto  por  la  parte civil, circunstancia que antes de la  tantas  veces  mencionada  sentencia de constitucionalidad quedaba limitada a la  ponderación   del   interés  económico  resarcitorio  y  que,  luego  de  tal  providencia,  la  valoración  fue  ampliada,  dado  que  si  la  pretensión es  indemnizatoria,  se debe evaluar tanto el aspecto pecuniario como el interés en  conocer  la  verdad  y  obtener la justicia, o sólo estos últimos propósitos,  cuando la aspiración se oriente exclusivamente a ellos.   

De   conformidad  con  lo  anterior  puede  concluirse  que  no  es  sobre los hechos que originan un diligenciamiento penal  que  rige  la  referida sentencia de constitucionalidad, pues por regir hacia el  futuro  irradia  sus  efectos sobre los mencionados actos procesales durante los  cuales  es  necesario  ponderar el interés de la parte civil dentro del proceso  penal,  como  ocurre, entre otros, con la presentación de la respectiva demanda  o  cuando  se  analiza  la  concesión  de un recurso ordinario o extraordinario  interpuesto por dicho sujeto procesal, según se precisó.   

          En  el  asunto  que  concita la atención de la Sala se advierte que  los  hechos  ocurrieron  el  25 de abril de 1999; la demanda de constitución de  parte  civil  fue presentada el 18 de agosto de 1999 y se admitió mediante auto  del  20  de  los mismos mes y año. El fallo de primer grado fue proferido el 29  de  noviembre  de  2002  y  la sentencia de segunda instancia se dictó el 25 de  mayo de 2004.   

Del  anterior  recuento del devenir procesal  razonable  resulta  concluir que para el momento de presentación de la demanda,  la  parte  civil  únicamente  podía  estar  interesada en la indemnización de  perjuicios,  pero  para  cuando  impugna  el  fallo de primer grado –   acto   procesal   posterior  a  la  decisión    de    exequibilidad    –  su  interés  resulta  ser  más  amplio,  en cuanto, adicional al  interés  patrimonial,  concurre  también el de conseguir la verdad y evitar la  impunidad.   

Como  a  pesar  de  que  entre  procesado  y  lesionados  había mediado una transacción en punto del monto de los perjuicios  derivados   del  concurso  de  delitos  de  lesiones  personales  agravadas,  la  apoderada   de  Humberto  Bautista  Gómez  y Rosa Adriana Campo Velandia  impugnó la sentencia absolutoria de primer grado que favoreció a  CESAR  AUGUSTO CARO VILLAMIL,  la  cual  tornaba nugatoria la posibilidad de que le fuera impuesta una sanción  como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos por el cual fue  acusado  y  existía  prueba  demostrativa  de  su  responsabilidad  en grado de  certeza,  es claro que se encontraba legitimada para impugnar tal fallo a fin de  conseguir  que  los  ilícitos investigados no quedaran en la impunidad, para lo  cual  contaba  con  pleno  interés,  como  a  espacio  quedó  precisado en las  anteriores  consideraciones,  lo  que  de contera denota el acierto, tanto de la  concesión  del  recurso  de apelación como de la decisión del mismo por parte  del Juzgado Cuarenta y Cinco Penal del Circuito de Bogotá.   

         Por  tal  motivo  se  impone  concluir que si la parte civil en este  asunto  tenía  interés  en  conseguir  la  justicia  y  por  ello  impugnó la  sentencia  absolutoria, no hay duda que le asistía legitimidad para ello, pues,  como  ya  lo  ha  dicho la Sala, si la víctima o el perjudicado “persiguen  la indemnización de perjuicios también tendrán derecho  a   obtener   la   verdad   y   la  justicia  en  el  proceso  penal”6  y  en  tal medida, el ad quem  tenía  plena  competencia  funcional  para  pronunciarse sobre el  particular, como en efecto ocurrió.   

Ahora  bien, en cuanto dice relación con el  segundo  de  los  argumentos de la demandante, esto es, el referido a un posible  “desistimiento”  de  la  acción  penal  con  incidencia en la falta de interés que proclama de la parte  civil,  se  tiene  que si la acusación tenía como objeto la probable comisión  de  un  concurso de delitos de lesiones personales culposas, agravadas en razón  de  que  la ingestión de licor del sindicado tuvo injerencia en la comisión de  tales  comportamientos y por ello fue sentenciado CESAR  AUGUSTO  CARO VILLAMIL, es evidente que no procedía la  conciliación  entre  aquél  y  los  lesionados,  pues el referido instituto no  opera  respecto  de  cualquier  delito  o  en  cuanto  sólo  comporta intereses  patrimoniales,  sino  exclusivamente  en  relación  con  aquellos  punibles que  admiten  la figura del desistimiento o de la reparación integral, orientada eso  sí  a conseguir la terminación del proceso por extinción de la acción penal,  de  conformidad  con lo establecido en el artículo 38 del Decreto 2700 de 1991,  modificado  por  el  artículo  6º de la Ley 81 de 1993 y el artículo 41 de la  Ley 600 de 2000.   

Y ello porque no era viable el desistimiento  en  la  medida  en que no se trataba de un delito de aquellos para los cuales el  legislador  dispuso  como  condición  de  procesabilidad  la  querella de parte  según  la  clara  preceptiva  del  artículo  33  del  Decreto  2700  de  1991,  modificado  por  el  artículo  2º de la Ley 81 de 1993, el cual corresponde al  artículo 35 de la Ley 600 de 2000.   

La  conciliación  no procede exclusivamente  sobre  los  intereses  patrimoniales,  pues  tal  figura  está concebida por el  legislador,  como  ya  se  dijo, para que opere en el ámbito del proceso penal,  siempre  que  se  trate de delitos para los cuales proceda el desistimiento o la  indemnización  integral  y  requiere  de  la  aprobación  judicial  cuando  el  funcionario  la  considere  ajustada  a  la ley. En consecuencia, si como quedó  visto,   los  delitos  por  los  cuales  se  acusó  al  procesado  CESAR  AUGUSTO  CARO VILLAMIL no se avienen  con  tales  supuestos,  se  impone  concluir  que  en  este asunto no era viable  jurídicamente la conciliación.   

Tampoco  era procedente la preclusión de la  investigación  o  la  cesación  de  procedimiento por indemnización integral,  pues  la  concurrencia  de  la referida circunstancia específica de agravación  punitiva  lo  imposibilitaba,  dada  la expresa prohibición sobre el particular  contenida  en  el  artículo  39  del  Decreto  2700  de 1991, modificado por el  artículo  7º  de  la  Ley  81  de  1993,  precepto  sustancialmente similar al  artículo 42 de la Ley 600 de 2000.   

Ahora  bien,  el  artículo 1625 del Código  Civil   establece,   entre   otros  modos  de  extinguir  las  obligaciones,  la  transacción,  “contrato  en que las partes terminan  extrajudicialmente  un  litigio pendiente” (artículo  2469  del  Código Civil) el cual “puede recaer sobre  la  acción  civil  que  nace  de  un delito; pero sin  perjuicio  de  la  acción  criminal” (artículo 2472  ejusdem)  (subrayas fuera de  texto),  se  trata  de un acuerdo consensual, demostrable por cualquier medio de  prueba,  el  cual  “produce el efecto de cosa juzgada  en  última  instancia” (artículo 2843 ejusdem).   

Así  las  cosas,  advierte  la  Sala que el  documento  obrante  a  folios 69 y 70 del cuaderno correspondiente a la fase del  juicio,  por  contener  un  acuerdo  de  voluntades  sobre  asuntos  económicos  derivados  de  los  delitos  objeto de investigación y aparecer suscrito por el  procesado  y  los lesionados, con plena capacidad para ello, donde impropiamente  se  solicita  “la  cesación  de  procedimiento  por  indemnización  integral,  de conformidad a los prescrito en el artículo 39 del  C.P.P”,  no  corresponde  a  una conciliación, como  erradamente  fue  asumido  por el funcionario de conocimiento e inclusive por el  ad   quem,   sino   a  una  transacción  extrajudicial y en tal medida, de conformidad con las normas de la  ley civil, tiene la virtud de extinguir la obligación patrimonial.   

          Puede  concluirse  sin  lugar  a  duda que la transacción celebrada  entre  el  autor  de  los  delitos  y  las  víctimas  extinguió la pretensión  indemnizatoria  según lo dispuesto en el artículo 62 del Decreto 2700 de 1991,  similar  al  artículo  55  de  la  Ley  600 de 2000, pero tal aserto no permite  concluir  que  por  ello  la  parte  civil  dentro  del  proceso  penal  perdió  legitimidad  o  que  sus  titulares hayan dejado de ostentar su condición pues,  por   el   contrario,   de  acuerdo  con  lo  inicialmente  señalado  en  estas  consideraciones,  tal circunstancia conduce a establecer que la impugnación del  fallo  absolutorio suponía necesariamente el interés en la justicia, es decir,  en  conseguir  que las conductas investigadas no quedaran impunes y que su autor  soportara  la  correspondiente  sanción,  pretensiones  que  no son ajenas a su  interés  y,  por  tanto, a la legitimación en la causa de la parte civil, como  lo pretende la recurrente.   

Dado  que  la defensora cita en apoyo de sus  pretensiones  lo  decidido  por  esta  Sala  en providencia del 24 de febrero de  20007,  en  la  cual  se  precisó  que  al  extinguirse  la  obligación  patrimonial  por  transacción  dentro  del proceso penal la parte civil perdía  todo  interés  para  impugnar en casación, es suficiente señalar que a partir  del  fallo  de  constitucionalidad  que  se  ocupó  de  declarar  exequible  el  artículo  137  del  estatuto  procesal penal, la jurisprudencia varió sobre el  particular,  al punto de reconocer que son tres los intereses de la parte civil,  la  verdad, la justicia y la reparación, motivo por el cual la extinción de la  obligación  exclusivamente  patrimonial  no  es suficiente para deslegitimar su  actuación  en  el trámite, ni le impide en modo alguno impugnar las decisiones  que  le  sean  adversas en cuanto atañe a los otros dos intereses subsistentes,  como en efecto, ocurrió en el caso de la especie.   

          Lo  expuesto  permite  deducir  que cualquier disposición que de la  pretensión  patrimonial  hubiesen realizado los lesionados, no tiene injerencia  alguna  en  el ejercicio de la acción penal por parte del Estado y, además, no  desdibuja  su  condición  de  titulares  de  la acción civil, pues bien podía  interesarles,  se reitera, más allá del aspecto resarcitorio, la justicia y la  verdad,  todo  lo cual permite concluir que no asiste razón a los argumentos de  la  impugnante,  esto  es,  que  el  a quo  concedió  con  sujeción  a  las exigencias legales el recurso de  apelación  interpuesto  por  la  parte  civil  y el ad  quem     procedió    de    manera    correcta    a  desatarlo.   

Con  base en lo anterior, estima la Sala que  si  el  cargo  postulado  y  desarrollado por la recurrente carece de fundamento  debe ser desestimado.   

CASACION  OFICIOSA   

En  punto  de  la  solicitud  de la Delegada  orientada  a  que  se  case  de  manera  oficiosa  el  fallo  de  segundo  grado  únicamente  en  cuanto  se  refiere  a  la  condena  en perjuicios, se tiene lo  siguiente:   

Para  la solución del presente asunto no se  impone  establecer si la transacción celebrada entre sindicado y lesionados fue  cabalmente  cumplida  o  no,  en  cuanto  ello  tendría importancia sólo si se  tratara  de  un  punible  de  aquellos  que  admiten  conciliación por resultar  procedente  el  desistimiento  o  la  indemnización  integral, caso en el cual,  “si   no  se  cumple  lo  pactado,  se  continuará  inmediatamente  el  trámite que corresponda”, según  lo  preceptúa el  artículo 38 del Decreto 2700 de 1991, modificado por el  artículo  6º  de  la Ley 81 de 1993, cuyo texto es similar al del artículo 41  de  la  Ley 600 de 2000, circunstancia no predicable del concurso de delitos que  en este trámite fue objeto de investigación.   

Si  las  partes de manera libre, autónoma y  con  capacidad  llegaron  a  un  acuerdo  patrimonial,  esto  es, celebraron una  transacción,  es evidente que tal modo de extinguir la obligación civil tenía  la  virtud  de  marginar del proceso penal el debate en torno a los perjuicios y  su  correspondiente  indemnización,  dado que cualquier inconformidad acerca de  su    cumplimiento    correspondería    dilucidarla    a    la    jurisdicción  civil.   

          Como  se  encuentra  acreditado suficientemente en la actuación que  el  procesado  y  los  ofendidos llegaron a un acuerdo sobre el monto y forma de  pago  de  los perjuicios, se reitera, con independencia de que tal convenio haya  sido  cumplido  o  no,  es  lo  cierto  que  no  podía  el  Tribunal condenar a  CESAR  AUGUSTO  CARO VILLAMIL  al  pago  de  indemnización  alguna  pues,  como  se  dijo, tal tema de índole  privada  y  disponible  ya  había  sido marginado del debate propio del proceso  penal.   

Dado que pese a lo expuesto, el ad  quem  decidió en el fallo condenar al  procesado    a    pagar    a    Humberto    Bautista  Gómez  y  Rosa Adriana Campo  Velandia,  la suma de veintisiete millones novecientos  ochenta  y dos mil trescientos ochenta y seis pesos ($27.982.386) en un término  no  superior  a  doce  (12)  meses  contados  a  partir  de  la ejecutoria de la  sentencia,   es   evidente   que  vulneró  el  derecho  al  debido  proceso  de  CESAR   AUGUSTO   CARO,  al  ocuparse  de  un  aspecto  que  ya  había sido dilucidado por los interesados y  cuyas  discordias sobre el particular corresponde ventilarlas a la jurisdicción  civil   a   través   de   los   procedimientos   especiales   dispuestos   para  ello.   

          Para  remediar la referida incorrección y en vista que no existe en  el  actual  momento  procesal  solución diversa, se impone, en armonía con las  observaciones  del  Ministerio  Público, casar parcialmente el fallo para dejar  sin  efecto, por violación del debido proceso de CESAR  AUGUSTO  CARO el numeral cuarto de la parte resolutiva  de la referida decisión.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         1.                       DESESTIMAR  la demanda  de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  CESAR AUGUSTO CARO VILLAMIL  por    su    defensora    por    las    razones   expuestas   en   la   anterior  motivación.   

2.            CASAR oficiosa y  parcialmente  el  fallo  impugnado  para  dejar  sin  efecto, por violación del  debido   proceso  de  CESAR  AUGUSTO  CARO,   el   numeral   cuarto  de  la  parte  resolutiva  de  la  citada  providencia.   

3.            PRECISAR que los  restantes    ordenamientos    de    la    sentencia   impugnada   se   mantienen  incólumes.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

Aclaración de voto  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

Comisión de servicio  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Sentencia  del 24 de febrero de 2000. Rad. 11650. M.P. Dr. Alvaro Orlando Pérez  Pinzón   

2  Providencia  del  20  de  abril  de  2002.  Rad.  19088. M.P. Dr. Carlos Augusto  Gálvez Argote, entre otras.   

3  Providencias  del  20 de febrero de 2003. Rad. 13177. M.P. Dr. Fernando Arboleda  Ripoll;  12  de mayo de 2004. Rad 20078. M.P. Dr. Alfredo Gómez Quintero; 24 de  junio  de  2004.  Rad. 18384. M.P. Dra. Marina Pulido de Barón y 30 de junio de  2004. Rad 21281. M.P. Dr. Mauro Solarte Portilla.   

4  MM.PP.    Drs.    Manuel    José   Cepeda   Espinosa   y   Eduardo   Montealgre  Linett.   

5 Auto  del   9   de   febrero   de   2005.   Rad.   21003.   M.P.   Dr.  Edgar  Lombana  Trujillo.   

6  Auto  del  12  de noviembre de 2003. Rad. 19044. M.P.  Dr. Edgar Lombana Trujillo.   

7  Sentencia  del 24 de febrero de 2000. Rad. 11650. M.P. Dr. Alvaro Orlando Pérez  Pinzón     

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