22758(06-10-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22758   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 84.  

         

Bogotá  D.C.,  octubre  seis (6) de dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  la  defensora del  procesado  CÉSAR  AUGUSTO  CARO  VILLAMIL,  contra la sentencia de segunda instancia proferida por el Juzgado  45  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  el  25  de mayo de 2004, mediante la cual  revocó  integralmente  el  fallo del Juzgado Quinto Penal Municipal de la misma  ciudad  del  29  de noviembre de 2002, por cuyo medio lo absolvió del delito de  lesiones personales culposas agravadas.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  ad-quem   de  la  siguiente  manera:    

“El 25 de abril de 1999, aproximadamente a  la  1:30  horas  de la mañana, sobre la avenida ciudad de Quito con calle 69 de  esta  ciudad, CESAR AUGUSTO CARO VILLAMIL, quien conducía bajo los influjos del  alcohol  y  a  exceso de velocidad el vehículo de su propiedad tipo automóvil,  marca  Chevrolet,  modelo   1992,  de placa BBI797, invadió el separador y  atropelló  a  Humberto  Bautista  Gómez  y  a  Rosa  Adriana  Campo  Velandia,  causándoles  heridas  que  le  representaron al primero 20 días de incapacidad  definitiva  y  perturbación  funcional  de  miembro  inferior  derecho  y  a la  segunda,  incapacidad  de  120  días y como secuelas una deformidad física que  afecta  el  cuerpo de carácter permanente, al igual que una pérdida anatómica  de miembro inferior izquierdo”.   

Con  fundamento en los hechos anteriores, la  Fiscalía  289  Delegada ante los Jueces Penales Municipales declaró abierta la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó,  mediante diligencia de indagatoria, a  CÉSAR AUGUSTO CARO VILLAMIL,  a  quien  le  resolvió  su  situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva  con  beneficio  de excarcelación como posible autor del  delito  de  lesiones  personales  culposas  agravadas  en  concurso  homogéneo.   

Una  vez cerrada la instrucción, el sumario  fue  calificado  el 24 de enero de 2001, con resolución de acusación en contra  del  procesado,  como  presunto  autor del concurso de delitos por el cual se le  resolvió su situación jurídica.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Quinto  Penal Municipal de Bogotá, el cual una vez surtido el rito  legal  pertinente,  profirió  fallo  el 29 de noviembre de 2002, por cuyo medio  absolvió  a  CÉSAR  AUGUSTO  CARO  VILLAMIL “de la  presunta   comisión  del  injusto  penal  de  LESIONES  PERSONALES  que  se  le  endilgaron por estas diligencias”.   

Contra  la decisión anterior, interpusieron  recurso  de  apelación  la apoderada de la parte civil y el representante de la  fiscalía,  concediéndose  el  primero  y declarándose desierto el segundo por  falta de sustentación.   

El Juzgado 45 Penal del Circuito de Bogotá,  mediante  proveído de fecha mayo 25 de 2004, revocó integralmente la decisión  impugnada   y,   en   su   lugar,   condenó   a  CARO  VILLAMIL,   como   autor  del  concurso  de  lesiones  personales  culposas y agravadas, a las penas principales de 22 meses y 15 días  de  prisión,  multa por valor de $ 20.000,oo y a la suspensión de la actividad  de  la conducción por el término de 15 meses;  igualmente, a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  principal y al pago de perjuicios de acuerdo con las sumas  estipuladas.    

El defensor anterior del procesado interpuso  recurso  extraordinario  de casación por la vía excepcional, el cual sustentó  la  nueva  apoderada,  mediante  demanda,  correspondiendo  establecer  en  este  momento si es viable su admisión.      ESCRITO DE INTERPOSICIÓN  DEL RECURSO    

          Señala  el defensor anterior del procesado que es procedente acudir  a   la   casación  excepcional  “en  los  términos  señalados  en  la  sentencia  C-252  del  28  de  Febrero  del  2001 y por ende  coherentes  al  art. 218, 223 del decreto 2700 de 1991, y restablecidos mediante  la sentencia constitucional de cita”.   

          El               “fundamento  provisional”  de  su  pretensión  radica  en  que a  CARO   VILLAMIL   se   le  desconocieron  los  derechos  fundamentales “frente a  la  presunción  de  inocencia  del  mismo  y  por  sobre todo a el (sic)  IN  DUBIO  PRO  REO,  frente  a  la  circunstancia  de  agravación  deducida  de las LESIONES PERSONALES CULPOSAS EN  ACCIDENTE  DE  TRANSITO  a  el  atribuidas  en la sentencia demandada, de manera  objetiva  y  sin  elemento  de prueba con el grado de certeza que lo configure o  determine  como quiera que no se le practicó prueba de  alcoholemia,  ni se tuvieron en cuenta los testimonios  que  determinaban su no ingestión de bebida alcohólica;  ni existe prueba  alguna  que determine su dicho y el de los testigos traídos por él mismo, ello  como   objeto   de  discrepancia  por  inaplicabilidad  FLAGRANTE  Y  OSTENCIBLE  (sic)   frente  al  acervo  probatorio  existente y el derecho sustancial que nos regenta, lo que constituye  el  desarrollo primigenio del recurso extraordinario interpuesto” (negrillas y subrayas tomadas del texto original).   

          Anota,  igualmente,  que  en  relación  con  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia    “   de   manera   subsidiaria”  pretende  que  se fije el alcance interpretativo de un  precepto  normativo  “cual  es el de la legalidad de  las  decisiones  judiciales de que trata el art. 6 del C.P., en desarrollo de la  presunción  de  inocencia de que trata el artículo 7 del C.P.P.”.   

Con  fundamento  en lo anterior, solicita se  conceda  el  recurso  interpuesto  por  la  vía  excepcional  y  se disponga el  traslado      pertinente      para      la      sustentación.              

  LA  DEMANDA   

          La  nueva  defensora  del  procesado,  dentro  del término previsto  legalmente,  presentó demanda de casación, en la que formula dos cargos contra  el  fallo, con soporte en las causales tercera y primera y un acápite previo en  donde  advierte  que  “la  presente  demanda se hace  acorde  con  los  parámetros y exigencias de la casación excepcional, en tanto  que  por  la  naturaleza  del  asunto  no  se  cuenta  con  la posibilidad de la  casación ordinaria”.   

          En   ese   mismo   capítulo  previo,  sostiene  la  libelista,  que  “se  demanda  en el interés de los actos judiciales  que   atentan   contra   las  garantías  individuales  y  constitucionales  del  procesado,  primero  por  el hecho de que se violenta el debido proceso mediante  la  dolencia  derivada  de la omisión probatoria, y segundo por haber permitido  la  impugnación  del  fallo  de  primera  instancia  absolutorio  por un sujeto  procesal     que     no    tenía    interés    para    recurrir”.   

          Primer   cargo,   nulidad   por   violación   al   debido  proceso:   

          Recuerda   la   casacionista   que   dentro  de  este  proceso  hubo  constitución  de  parte  civil  y  que  la  sentencia  absolutoria proferida en  primera     instancia    únicamente    fue    recurrida    por    ese    sujeto  procesal.   

            Del  mismo  modo,  aduce  que  dentro  del  proceso se llegó a un  acuerdo  conciliatorio,  antes  de  que  se  profiriera  la sentencia de segunda  instancia,     firmado    por    las    dos    víctimas,    que    “Incluso  el  juez, a efectos de ratificar la conciencia, voluntad  y  libre  disposición  de los perjudicados, celebra diligencia de ratificación  con cada uno de ellos”.   

          En   la   diligencia   celebrada   con   la   víctima  Rosa  Adriana  Campo  Velandia,  ésta  se  mostró  de  acuerdo  con  el  valor  de quince millones ofrecido, e indicó que  “quiero  acabar con la acción civil y lo único que  quiero  es que se cumpla con lo restante”; la segunda  víctima,    Humberto   Bautista   Gómez,  también  se  mostró  conforme con la misma suma ofrecida.   En   la parte final de dicha acta, agrega, se señaló que prestaba mérito  ejecutivo, asimilándola a un título valor.   

De  lo  expuesto,  colige  la  actora  que  “la  acción civil en el momento en que se concilió  voluntaria  y  concientemente  por  parte  de  las  víctimas,  hacía nugatoria  cualquier  pretensión  adicional,  es  decir  había  decaído  su  excepcional  posibilidad  de  intervención  en el proceso penal”,  haciendo  énfasis  en que dicho efecto atañe exclusivamente a la acción civil  y no a la penal.   

Por     consiguiente,     “con  la  firma  del  acuerdo conciliatorio, la parte civil había  perdido  interés jurídico para seguir actuando en procura de una acción civil  que  carecía  de  objeto  por conciliación, deshabilitándola para impugnar la  sentencia   de   primer   grado”.   Así  pues,  continua,   cuando  al  darse  curso  a  dicha  impugnación,  se  incurrió  en  violación  del  debido  proceso, “pues dio pie a que  se  admitiera  un  recurso que no tenía sentido ni razón de ser”.   

Precisa, igualmente, que en ese sentido obra  decisión  de  esta Sala de fecha febrero 24 del año en curso, con ponencia del  doctor  Álvaro  Orlando  Pérez  Pinzón, en donde se precisó que frente a una  conciliación,  la  parte  civil  pierde  todo  interés jurídico para reclamar  dentro del proceso.   

Como  corolario de lo anterior, solicita que  se  case  el  fallo  de  segunda  instancia  y  se  deje en firme el de primera,  “por  cuanto  el  actor  civil,  no  obstante que la  sentencia  de primer grado era absolutoria, había perdido interés jurídico al  haberse  conciliado  y  obtenido  a través de un titulo ejecutivo el pago de la  indemnización aceptada”.   

Indica,  finalmente,  que aunque las razones  anteriores  son  suficientes  para  revelar la necesidad de que se case el fallo  “los   señores   Magistrados   podrán   advertir  adicionalmente  que dicha falta de interés jurídico de la parte civil, implica  también  falta  de competencia del ad quem para resolver la alzada que culminó  afectando  los  intereses  de  mi representado, como quiera que si el recurrente  carecía  de  interés  no ha debido concederse el recurso de apelación y mucho  menos  ha  debido  resolverse  el  mismo  en  ausencia  del presupuesto procesal  indispensable    para    que    el   superior   pudiera   asumir   ese   control  funcional”.   

Segundo cargo, violación indirecta de la ley  sustancial, por falso juicio de existencia:   

En    el   que   denomina   “postulado  genérico”  anota la actora  que  “Pretendo atacar y controvertir la elaboración  de  la  prueba  indiciaria por haberse sustentado en un hecho indicador insular,  único  y  endeble  probatoriamente,  en  tanto  que otros elementos probatorios  desconocidos  en  su  existencia  por  el sentenciador, arrojan una considerable  duda   en   torno   a   la   solidez   demostrativa  del  primero”.   

Se  refiere  a  la  prueba  que sustentó la  agravante  del  estado  de  alicoramiento  del  conductor,  en el sentido de que  presentaba                  “aliento  alcohólico”,   al desconocerse otros elementos  de  prueba como son las deponencias de los contertulios de la reunión en la que  se  encontraba el procesado la noche de los hechos, quienes aseguraron que no le  vieron  ingiriendo  licor,  hasta  el  punto  de  que  fue  objeto  de  mofa por  ellos.   

Así  mismo,  se  desconoció  el informe de  tránsito  del  agente  de  policía  que primero llegó al sitio de los hechos,  quien  aseguró  que  el conductor salió por su propios medio del vehículo, lo  que  da a entender que “estaba conciente, orientado y  con    voluntad,    lejos    de    un    estado    de    ebriedad”.   

Y  también  que,  tras  el  accidente,  su  defendido  lo primero que hizo fue buscar su arma “en  una  clara  demostración de responsabilidad, orientación y conocimiento actual  de lo sucedido”.   

Para el caso en concreto, además, indica que  no  se  trataba  de establecer el grado de alicoramiento del procesado, sino que  actuó    bajo    el    influjo    de    bebidas    embriagantes,   “cosa  que con el señalado acervo probatorio que se omitió en su  consideración,  por  lo  menos  ha  debido llevar a la presencia de un grado de  incertidumbre  sobre  la  inclusión  de  la agravación punitiva”.   

Con base en lo anterior, solicita que se case  el  fallo  impugnado,  dosificándose  la  pena  prescindiendo  de  la agravante  referida.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Inicialmente  resulta  oportuno  señalar  que  el  inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000, establece que este medio impugnaticio  procede  contra las sentencia proferidas en segunda instancia por los Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y  por  el Tribunal Penal Militar, cuando se  proceda  por  “delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo exceda de ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

En aquellos casos en que el fallo de segundo  grado  no  es  proferido  por los mencionados tribunales, o que el delito por el  cual  se  procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior al quantum  señalado  en  precedencia  o  sanción no restrictiva de la libertad, el inciso  3º  del  artículo  205  del  estatuto  procesal penal faculta a esta Sala para  admitir    discrecionalmente    las    demandas    de   casación   presentadas,  “cuando lo considere necesario para el desarrollo de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

         

          En   punto  de  la  casación  discrecional  compete  al  demandante  expresar  con  claridad  y  precisión  los motivos por los cuales debe intervenir la Corte, ya para proveer  un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto de un tema jurídico  especial,  bien  para  unificar  posturas conceptuales o actualizar la doctrina,  ora  para  abordar  un  tópico aún no desarrollado, con el deber de indicar de  qué  manera  la  decisión  solicitada tiene la utilidad simultánea de brindar  solución   al   asunto   y   a   la   par   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Pero  si  lo pretendido por quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias  que,  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la  sola referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

También  se  tiene  que las dos especies de  casación  (ordinaria  y  discrecional)  no  pueden reclamarse simultáneamente,  pues  son  excluyentes,  en  cuanto  la segunda es subsidiaria de la primera, es  decir,  sólo  procede  en  la  medida  en  que  no  resulte viable la casación  ordinaria en el caso concreto.   

          En  el  asunto  objeto de estudio se advierte que el fallo impugnado  fue  proferido  por  autoridad  judicial  distinta  a  las  establecidas  en  el  mencionado  inciso  primero  del  artículo 205 del estatuto procesal penal para  que  proceda  la  llamada  casación  común;  en esas condiciones, la vía  impugnaticia  apropiada  para  acceder  al  recurso  extraordinario  es la de la  casación  excepcional,  tal  como  lo planteó el primer defensor en el escrito  por  medio del cual interpuso y adujo motivos en orden a justificarla y luego lo  hizo la casacionista en el contexto de la demanda.   

          Sin  embargo,  el primer escrito presentado por el defensor anterior  de   CÉSAR   AUGUSTO   CARO   VILLAMIL  sucumbe  en su propósito de exponer en debida forma los motivos que  posibilitan  el  acceso  al recurso extraordinario por la vía excepcional, pues  bajo  el  ropaje  de  una presunta vulneración de garantías fundamentales, que  finalmente  no  se concretan, y de la necesidad de desarrollar la jurisprudencia  sobre  un  punto  suficientemente  decantado como el del principio de legalidad,  sin  que  precise  en qué sentido es necesario abordarlo, subyace la intención  de  cuestionar  la  prueba en que se basó la imputación de la circunstancia de  agravación  punitiva,  propósito que no se aviene con los motivos expresamente  previstos  en el inciso tercero del referido artículo 205 del estatuto procesal  penal.   

          Sin  embargo,  la  situación  cambia  en  forma  favorable para los  intereses  del  procesado  con  la  presentación  del escrito sustentatorio del  recurso  extraordinario,  en  donde  al menos, en lo que respecta con la primera  censura,  la  demandante  logra  demostrar  que  es viable acudir a la casación  discrecional.   

          En  relación  con  el primer cargo que se propone en la demanda, la  casacionista     indica    en    el    aparte    que    denomina    “acápite  previo”, que se incurrió en  vulneración    del    debido    proceso,    al   permitirse   la   “impugnación  del  fallo  de primera instancia absolutorio por un  sujeto   procesal   que   no   tenía   interés   para  recurrir”,  lo  que  a  la postre se tradujo en un perjuicio concreto para su  defendido,   como   más  delante  lo  explica,  pues  a  raíz  de  esa  única  impugnación  emprendida por la parte civil, sujeto procesal, se insiste, que en  su  criterio  no  tenía  facultad  para  emprender  la  alzada, se terminó por  revocar  el  fallo  absolutorio,  con  el  agregado  de  que si el recurrente no  contaba  con  dicha  potestad,  tampoco  el Juzgado de Circuito que profirió el  fallo impugnado tenía competencia para resolverlo.   

          Como  se  puede  apreciar, la casacionista pone en tela de juicio la  legalidad  del  fallo  impugnado  desde una doble perspectiva que compromete las  garantías  fundamentales  de  su  representado,  en  tanto éste se suscitó no  obstante  evidenciarse  violación  al  debido proceso por permitirse impugnar a  quien  no contaba con facultad y porque esa circunstancia a la postre determinó  que  el  ad-quem  carecía de  competencia   para   pronunciarse   en   torno  a  un  recurso  en  su  criterio  irregularmente concedido.      

          Dicha  propuesta,  en  la  forma como está planteada, compagina con  uno   de   los  motivos  previstos  para  permitir  el  acceso  a  la  casación  discrecional,   por   presunta  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  reseñadas e invocadas por la demandante.   

          Además,  esta  primera  censura  cumple  a  satisfacción  con  los  requisitos  de  forma  exigidos en el artículo 212 del estatuto procesal penal,  por   lo   que   la   decisión   que   corresponde   adoptar   es   la   de  su  admisión.   

          No  sucede lo mismo con el segundo reproche de la demanda, en donde,  al  igual  que  lo  ocurrido  con el escrito de interposición presentado por su  antecesor  en  la defensa técnica del procesado, no se elabora un planteamiento  compatible  con   alguno de los motivos legales que den cimiento al recurso  extraordinario por la senda discrecional.   

          En  el segundo cargo, ciertamente, la casacionista sólo se ocupa de  revelar  presuntos yerros en la apreciación probatoria y para tal efecto invoca  la  causal  primera  de  casación por violación indirecta de la ley sustancial  debido  a  errores  de  hecho por falso juicio de existencia producto de haberse  omitido  medios  de  persuasión  que  a  su  juicio determinan la exclusión de  la   agravante  específica  del  delito  imputado,  consistente  en que al  momento  de  cometer  la  conducta  el  agente  se encontraba bajo el influjo de  bebidas  embriagantes,  pero  no  vincula  esa  temática con la vulneración de  garantías  fundamentales  o  con  la  necesidad  de  que  se aborde ese aspecto  probatorio para el desarrollo de la jurisprudencia nacional.   

          La  única  aseveración  con  que  cuenta la demanda al respecto se  plasma     en    el    ya    referido    “acápite  previo”,  cuando  se  indica que por tal falencia se  violó  el  debido  proceso, sin explicación alguna que demuestre el fundamento  para  arribar  a  esa  conclusión, de modo que, en últimas, no es más que una  afirmación  meramente  enunciativa  y  carente de respaldo que no cumple con el  cometido  de  vislumbrar  alguno  de  los  motivos  que  dé  acceso  al recurso  extraordinario         por         la         vía         excepcional         o  discrecional.               

          Así    las    cosas,   contrario   sensu  a  lo  señalado  en  relación  con   el  primer  reproche  contenido  en  el  libelo  presentado por la defensora, no asalta duda  alguna  para inferir que éste debe inadmitirse.              

          Lo  anterior constituye razón suficiente para que la Sala proceda a  la  admisión  de  la  demanda  sólo  en cuanto al primer cargo contenido en la  demanda  e inadmita el segundo, que es la consecuencia procesal señalada por la  ley en el artículo 213 de la Ley 599 de 2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.     ADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por la  defensora de CÉSAR  AUGUSTO  CARO VILLAMIL, únicamente en lo que concierne  al primer cargo.   

          En  consecuencia,  en  cuanto  atañe  a  esta  censura,  correr  el  traslado  al Procurador Delegado por el término de 20 días, de conformidad con  lo previsto en el artículo 213 del estatuto procesal penal.      

1. INADMITIR  el    segundo    cargo,   por   las   razones   consignadas   en   la   anterior  motivación.     

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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