22539(08-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22539   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 045.  

         

Bogotá D.C., junio ocho (8) de dos mil cinco  (2005)   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  HÉCTOR  FABIO MARÍN CORREA,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Pereira  el 19 de noviembre de 2003, mediante la cual confirmó el fallo dictado  por  el  Juzgado  Único Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad del  1°  de octubre del mismo año, por cuyo medio lo condenó como autor penalmente  responsable  de  los  delitos  de  doble  homicidio  agravado,  hurto calificado  agravado,  constreñimiento  ilegal, secuestro simple, violación de habitación  ajena y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  día  22  de  diciembre  de  2001, en el  municipio  de  Santuario  (Risaralda),  en  el sector de la Estrella, del barrio  Kennedy,  varios  sujetos ingresaron en la residencia de la familia Garcés  García  y  de  allí se llevaron  contra  su voluntad y mediante el empleo de armas de fuego al joven Fabián  Mauricio  Garcés  García  y a su  padre     Ricardo    Antonio    Garcés.  Posteriormente,  se  dirigieron  a  la  vivienda  de Gloria   Inés   Duque  Gómez,  en  donde  preguntaron  por  su  cónyuge,  pero  al  no  encontrarlo  optaron por llevarse  algunos electrodomésticos.   

Al día siguiente, en un recodo del río Mapa  en  el  mismo municipio, fueron hallados los cuerpos sin vida y mutilados de las  dos         personas        retenidas.         

Con  fundamento en los hechos anteriores, se  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  marco fueron vinculados mediante  diligencia  de  indagatoria HÉCTOR FABIO MARÍN CORREA  y CARLOS YILMER  MIRANDA  ROMERO  a quienes se resolvió su situación jurídica  con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva como posibles autores de  los  delitos  de  doble  homicidio  agravado,  secuestro, porte ilegal de armas,  constreñimiento  ilegal,  violación  de  habitación  ajena y hurto calificado  agravado.      

Una  vez cerrada la instrucción, el sumario  se  calificó el 5 de septiembre de 2002 con resolución de acusación en contra  de  los  procesados como presuntos autores de los mismos delitos que sustentaron  la medida detentiva.   

Contra   la  anterior  determinación,  el  defensor     de    MIRANDA    ROMERO    interpuso  recurso  de  apelación, el cual se abstuvo de desatar la  Fiscalía   Delegada   ante   el   Tribunal   de  Medellín  el  17  de  octubre  siguiente.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito Especializado de Pereira, despacho que  luego  de  surtir el rito pertinente, profirió fallo el 1° de octubre de 2003,  por  cuyo  medio condenó a HÉCTOR FABIO MARÍN CORREA  y CARLOS YILMER  MIRANDA  ROMERO,  a las penas principales de treinta y dos (32)  años  de  prisión y multa de 600 salarios mínimos legales mensuales vigentes,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos y funciones públicas por el  lapso  de  20  años  y  al pago de perjuicios morales y materiales en las sumas  estipuladas,  al  encontrarlos  penalmente  responsables de los delitos de doble  homicidio   agravado,   hurto   calificado  agravado,  constreñimiento  ilegal,  secuestro  simple,  violación  de  habitación ajena y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

La  decisión anterior fue impugnada por los  procesados  y  sus  defensores,  motivo  por  el  cual se pronunció el Tribunal  Superior   de   Pereira,   mediante   fallo   del  19  de  diciembre  siguiente,  confirmándola.   

Contra  el  fallo de segundo grado interpuso  recurso    extraordinario    de    casación   el   defensor   de   HÉCTOR  FABIO  MARÍN  CORREA,  quien  lo  sustentó  mediante  demanda,  sobre  cuya  admisibilidad  formal  se  ocupa  la  Sala.     

    

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  legal en la causal tercera de casación prevista en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el defensor  de  MARÍN  CORREA  formula un cargo en contra  del  fallo  impugnado,  pues  considera  que  fue  proferido dentro de un juicio  viciado   de   nulidad   “por  inmotivación  de  la  sentencia”.   

          Para  el  actor,  la  sentencia  del  Tribunal  no  da a conocer sus  fundamentos,  con  lo  cual se vulneró el derecho de defensa, porque si bien se  trata  de una providencia extensa que a primera vista parece rica en argumentos,  lo   cierto   es   que   “nos  encontramos  ante  la  sorprendente  realidad  de  una sentencia limitada a recapitular el contenido de  las pruebas”.   

De  esa  forma,  señala  el  recurrente, al  inicio  de  la  sentencia se indica que los argumentos del fallo de primer grado  son  lógicos,  coherentes  y ordenados, pero no se precisa en qué se basa para  llegar a esa conclusión.   

Posteriormente,  cuando  se  refiera  a  la  declaración   de   Gloria   Inés  Duque,  el  Tribunal  acepta  que  tiene  algunas  inconsistencias que no  alcanzan  a  desvirtuar  la acusación, pero sin que a esa altura haya efectuado  algún  análisis;   de esa manera, infiere que se llegó a una conclusión  sin  establecer  las  premisas lógicas que la sustentan.  En relación con  esta     prueba     también     observa     que     es     una     “recapitulación  de  sus  dichos”, lo  cual no equivale a un análisis.    

En lo que concierne con este testimonio, así  como  sucede  con  el  de  Diana  Cardona y  el  reconocimiento  en fila de personas, en la sentencia se acude  al  método  de  “paráfrasis”,  en  donde  el  sentenciador se sustrae a su  obligación  de  motivar  y  fundamentar,  para  en  vez  de  ello  realizar una  presentación   fáctica   del  suceso  que  en  las  pruebas  se  relata.    

Si   bien   ese   aspecto  fáctico  puede  considerarse  como la premisa menor del silogismo, no por ello tiene el valor de  demostrarlo.    Agrega   que   tras  proceder  de  la  forma  indicada,  el  sentenciador,  en  la  página 17, elabora “un atisbo  de  controversia  cuando  refiere a las aseveraciones el procesado y su defensor  acerca  de  un  hecho  sin  relación  alguna con lo que venía tratando, que no  equivale   al   análisis   de   las   pruebas  citadas  las  que  se  limita  a  transcribir”.   

De  igual  modo,  cuestiona que cuando en la  sentencia  se  alude a la prueba indiciaria también se recapitula la prueba sin  efectuar  inferencia  alguna.   Por  tanto,  si  su  defendido “estuvo  en el lugar es algo probado porque la testigo dice que lo  reconoció,  y  dice  que  vestían  prendas  de  las  AUC  y  que dijeron cosas  terribles,  pero  la  inferencia  no  aparece, simplemente la descripción de un  fenómeno o suceso criminal”.   

De  acuerdo con su exposición, colige que a  su    defendido    lo    condenaron   de   una   manera   absurda   “con  base  en  una   recapitulación de los acontecimientos,  que  viene  desde  el resumen fáctico, hasta los resúmenes de lo que dijo cada  uno   de   los   sujetos   procesales   hasta  desembocar,  finalmente,  en  una  recapitulación  de  pruebas,  recapitulación  que  pretende  pasearse  con  el  venerable    traje    de    la   motivación   razonada,   inexistente   en   la  sentencia”.   

A  juicio  del actor, entonces, ni en cuanto  concierne  con  su  defendido,  ni  en  lo que toca con el otro procesado, obran  argumentos  razonados  de  los  que  pueda  predicarse  motivación  del  fallo,  situación  que  redunda  en  desmedro del derecho de defensa, por cuanto impide  verificar  la  existencia  de un error en la valoración de las probanzas.    

Con  fundamento  en lo anterior, solicita se  case  la  sentencia  impugnada “declarando la nulidad  de  la  misma  para que se restablezca el derecho de defensa vulnerado de manera  grave  y  manifiesta”, y se devuelva la actuación al  Tribunal  de  origen para que la profiera con la debida motivación “a    favor   de   HECTOR   FABIO   MARÍN   CORREA”.        

                       CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Cuando  la  Sala  ha abordado el tema de los  defectos  en  la  motivación  de  las  decisiones  judiciales,  censura  que el  casacionista   enrostra  al  fallo  con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación,  ha  precisado que tal situación se verifica frente a una cualquiera  de las siguientes hipótesis:   

a)  Porque carece totalmente de motivación,  al  omitirse  las  razones  de  orden  fáctico  y  jurídico  que  sustenten la  decisión.   

b)  Porque la fundamentación es incompleta,  esto  es,  el  análisis  que  contiene  es deficiente, hasta el punto de que no  permite su determinación.   

c)  Porque la argumentación que contiene es  dilógica   o   ambivalente;   es   decir,   se   sustenta   en  argumentaciones  contradictorias  o  excluyentes, las cuales impiden conocer su verdadero sentido  y,   

d)  Porque  la  motivación  es  aparente  y  sofística,  de  modo   que  socava  la estructura fáctica y jurídica del  fallo1.   

Con  facilidad  se advierte que la propuesta  contenida  en  el  único  reparo  formulado  por el actor no está encaminada a  demostrar  uno  cualquiera  de  los  anteriores  supuestos,  sino  que revela el  propósito  de  que  la motivación se ajuste a su criterio personal, obviamente  favorable  para  el  interés  que dentro del proceso representa, lo que en modo  alguno  se  allana  a  la  causal  de  nulidad  que  alega,  ni  a la técnica y  naturaleza  del  medio  extraordinario  de  impugnación, en donde no hay cabida  para  debatir  posturas  personales  en  torno a la credibilidad que ofrecen los  medios  de  convicción  (aspecto sobre el cual estima se presenta la deficiente  motivación),  y  el discurso debe estar necesariamente orientado a demostrar la  existencia de errores que determinen la ilegalidad del fallo.   

Tal situación se torna evidente cuando en el  acápite  final  del libelo, en el cual el actor concreta su petición, solicita  casar  la  sentencia  para  que  se  declare  su nulidad y se ordene devolver el  expediente  al  Tribunal  de  origen  para  que  profiera  una nueva motivación  “en     favor     de     HECTOR    FABIO    MARIN  CORREA”,  de  lo cual se puede colegir que realmente  su  inconformidad  con  el  fallo  no  deriva  de  que  presente  defectos en su  fundamentación,  sino  que  ella  no  es  “favorable” para su representado,  situación  que  no  encaja dentro de ninguna de las alternativas señaladas con  miras  a  demostrar  la causal invocada y que tampoco cuenta con la entidad para  resquebrajar  el  fallo,  a  partir  de la esencia del recurso extraordinario de  casación.   

Es por ello que al interior de la censura en  vez  de  demostrarse  que  la sentencia evidencia defectos en su motivación, de  acuerdo  con  las  alternativas indicadas, se cuestiona la valoración que allí  se  efectúa  de  los  medios de prueba, para lo cual, incluso, se tergiversa su  contenido,  en tanto es ostensible que el sentenciador no se limitó a su simple  “paráfrasis”,  como  lo  indica  el actor, sino que las somete a una amplia  ponderación con el objetivo de establecer su mérito.   

Basta  un examen superficial de la sentencia  para  advertir  que el Tribunal consignó las razones que lo llevaron a apreciar  las  probanzas,  incluso  de  forma  extensa, lo cual resulta apenas obvio si se  tiene   en   cuenta   que  precisamente  sobre  ese  particular  se  enfocó  el  cuestionamiento  de  los  apelantes  a  la  sentencia  de  primer grado (los dos  procesados y sus respectivos defensores).    

Así  las  cosas,  se  colige  que  el fallo  impugnado  no  se  circunscribió  a  la  simple síntesis o recapitulación del  contenido  de  las  pruebas  y,  en  esa medida, causa sorpresa esta afirmación  infundada    del    actor,    a    la   que   prácticamente   se   contrae   la  censura.        

Ciertamente,  en  el  fallo se valoraron los  testimonios  de Gloría Inés Duque Gómez y   su   hija  Diana  Carolina,  así  como  el  reconocimiento en fila de personas que la primera  hizo  del  procesado.  Igualmente, se explaya en las razones por las cuales  no  se  concedió  credibilidad  al  argumento  defensivo  en  el sentido de que  “no  es lógico que siendo aquél tan conocido en el  sector,  no  se  hubiera hecho presente al sitio de los hechos con la misma ropa  que  tradicionalmente usaba, y dejando ver rasgos de su rostro que permitían su  identificación”2.   

De la misma forma, se ahondó sobre la prueba  indiciaria     que     el     a-quo    estructuró    en    contra    de    los   procesados   MARÍN  CORREA  (indicios  de  presencia y  oportunidad)     y     MIRANDA    ROMERO.     Luego     de    lo    cual    concluyó    que    “consecuentemente  con  lo  anterior,  es  obvio  que la sentencia  confutada  haya  desechado  las agregaciones o exculpaciones presentadas por los  sindicados,   y  por  el  contrario,  las  haya  tomado  como  referencias  que,  apreciadas  conjuntamente con los otros hechos indicadores, y los testimonios de  cargo   ya   enunciados,   hayan  servido  de  sustento  de  la  responsabilidad  atribuida”,   por   lo   que   confirmó  el  fallo  impugnado.                  

Es  decir  que  precisamente respecto de las  pruebas  sobre  las  cuales  el  actor  edifica  el  reparo  se advierte todo lo  contrario  en  la sentencia, al expresarse claramente su valoración, sin que se  hubiera  limitado  a  su escueta recapitulación, lo cual permite colegir que el  actor   en   procura   de   cuestionar  el  fallo  termina  por  tergiversar  su  contenido.       

Por  otro  lado, oportuno se ofrece precisar  que  tampoco  constituye  defecto  en  la  motivación  del  fallo  impugnado la  afirmación  del  Tribunal  en  el  sentido  de  que comparte la valoración del  a-quo  sobre  los  diversos  medios  de  prueba,  en  tanto  “fluye ajustada a la  ciencia  procesal,  es  ordenada,  lógica” y, porque  “aplicando las reglas de la sana crítica, desemboca  en  la  demostración de la autoría y la responsabilidad de los señores HECTOR  FABIO  MARIN  CORREA  y  CARLOS  YILMER  MIRANDA  ROMERO en los punibles que les  fueron atribuidos”.   

Se  arriba a la anterior conclusión porque,  en  primer  lugar, el ad-quem,  a  diferencia  de  lo  que  sostiene  el  casacionista, efectivamente expuso las  razones  que lo llevaron a compartir los argumentos del inferior, pues aduce que  “fluye  ajustada a la ciencia procesal, es ordenada,  lógica”  y  no  tendría  ningún  sentido, y mucho  menos  sería metodológico, como al parecer lo pretende el censor, exigirle que  para  tal  efecto repitiera los argumentos plasmados en el fallo de primer grado  en  punto  de  la  valoración de los medios de prueba sobre los cuales recae la  controversia.   

En  segundo lugar, es necesario precisar que  cuando  el ad-quem anuncia que  comparte  los  argumentos del inferior los asume como propios y, por ende, no es  indispensable  que exprese las razones que lo conducen a aceptarlos, de modo que  quien  pretenda  rebatir  dichos planteamientos, deberá remitirse a lo plasmado  por el a-quo.   

Es  más,  ni siquiera es imprescindible que  haya  una  manifestación  expresa  en ese sentido, pues siempre que se advierta  uniformidad  en  las  dos decisiones se integran como si se tratara de una sola,  fenómeno  que  en  materia  casacional se conoce como “unidad inescindible de  los  fallos”, de suerte que quien pretenda derruir la decisión está obligado  a  atacar  los  argumentos contenidos en ambas, pues de lo contrario se expone a  que  su  propuesta  fracase.  Y,  si en verdad obran tales argumentaciones en la  decisión    del    inferior,    complementarias   de   las   del   ad-quem,  no  se  podrá  atribuir  a  la  decisión             del             superior            “falta            de  motivación”.             

Otra cosa ocurriría si producto de la labor  de  cotejo  frente  a  las  dos  decisiones  se  logra  establecer  que no obran  argumentos  que  sustenten  algún aspecto en particular, o que son deficientes,  en  cuyo  caso  resulta  viable la propuesta que en la demanda objeto de estudio  invoca el casacionista.   

Lo  expuesto  conlleva  colegir  que  en  la  censura  no se cumple con el requisito formal previsto en el numeral tercero del  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  en  el sentido de que la demanda de  casación  deberá  contener  “la enunciación de la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y precisa sus  fundamentos”,   por  cuanto  no  se  desarrolla  la  propuesta  de  acuerdo  con  los  derroteros  de  la causal invocada, ni tampoco  evidencia algún yerro que determine la ilegalidad del fallo.   

          Por  todo  lo anterior, es evidente que la decisión que corresponde  adoptar  es  la de inadmitir la demanda presentada por el defensor del procesado  HÉCTOR FABIO MARÍN CORREA y  devolver  el  expediente  al despacho de origen, como lo indica el artículo 213  ejusdem.   Además, porque no se advierte que  se  hubiera  incurrido  en violación de garantías fundamentales que reclame la  intervención oficiosa de la Sala.      

         

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el  defensor  de HÉCTOR FABIO MARÍN  CORREA,  por  las  razones  consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

      Comisión de  servicio   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1Radicación  20756,  sentencia de fecha mayo 22 de 2003;  M.P.  Dra. Marina Pulido de Barón.   

2 Folio  20 del cuaderno del Tribunal.     

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