22500(01-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22500  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  09   

Bogotá,  D.C.,  primero (1°) de febrero de  dos mil siete (2007).   

V I S T O S :  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  NELSON JOSÉ GRANADOS GONZÁLEZ,  contra  la sentencia dictada por el Juzgado 2º Penal del Circuito Especializado  de  Bucaramanga  imponiéndole  condena  y  que el Tribunal Superior de la misma  ciudad confirmara integralmente.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.            Los  primeros fueron sintetizados por el  Procurador Primero Delegado para la Casación Penal así:   

“En  el  informe  suscrito por el entonces  Subteniente  del  Ejército Nacional Nelson José Granados González, comandante  de  la  contraguerrilla Zeus, se indica que en la vereda Clavel del municipio de  Puerto  Wilches,  Santander,  el  día de 23 de agosto de 2000, y a consecuencia  del  enfrentamiento entre el grupo de las fuerzas militares y de los miembros de  las  autodefensas  de  Colombia,  AUC,  resultó  muerto  un integrante de estas  últimas, identificado como Alexander José Larios.   

Posteriormente  fue presentada denuncia ante  los  superiores  de  la  fuerza  y declaración jurada del oficial del Ejército  Yotti  Arroyo Kevin, quien señaló a Granados González como promotor de grupos  armados  al  margen  de  la  ley.  Sostiene  el  testigo que lo consignado en el  informe  del  subintendente Granados no corresponde a la realidad de lo ocurrido  porque  no  existió combate sino montaje, y que la muerte de Larios fue causada  por  sus  mismos  compañeros,  previo  acuerdo  de  Granados  con ellos, con el  propósito  de  mostrar resultados positivos que eran exigidos por el Comandante  del  Batallón          Antiaéreo Nueva  Granada, con sede en Barrancabermeja.”   

2.            Puestos en conocimiento del Juzgado 24 de  Instrucción  Penal  Militar de Barrancabermeja los anteriores episodios dispuso  el   inicio   de   investigación  preliminar  en  auto  del  28  de  agosto  de  20001  y  evacuadas numerosas pruebas, el 17 de enero de 20012  ordenó  su  remisión  a  la  Fiscalía  habiéndole  correspondido  a la Unidad Nacional de  Derechos   Humanos   de   Bogotá  la  apertura  de  la  instrucción,  mediante  resolución del 23 de julio de 2001.   

3.            Dicha  oficina  vinculó  al  proceso  a  través   de   indagatoria   a   NELSON   JOSÉ  GRANADOS  GONZÁLEZ3  y  a  Óscar  Yesid  Cortés  Martínez  mediante  declaratoria de persona ausente4,  a  quienes  resolvió  la situación jurídica con detención preventiva en resoluciones del  1°        de        agosto       de       20015  y  del 14 de febrero de 2002,  en   su   orden6.   

4.            El  12  de febrero de 2002 se ordenó el  cierre   parcial   de  la  investigación  respecto  de  NELSON  JOSÉ  GRANADOS  GONZÁLEZ7  y  el  11  de  marzo  de 2002 la Fiscalía lo acusó en calidad de  determinador  de  homicidio  agravado  (artículos  103  y  104, numeral 4° del  Código  Penal  de  2000)  y  coautor  de  concierto  para  delinquir,  falsedad  ideológica  en documento público y uso de documento público falso (artículos  340,  inciso 2°, 219 y 222 ibídem), decisión que surtió ejecutoria el 1° de  abril          del         mismo         año8.   

5.            Tramitado  el  juicio por el Juzgado 2º  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bucaramanga,  en  sentencia  del  3  de  diciembre   de   2002  condenó  a  GRANADOS  GONZÁLEZ  por  los  cargos  antes  especificados,  a  las  penas  principales  de  treinta (30) años de prisión y  multa  de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, a la  accesoria  de  inhabilitación de derechos y funciones públicas por el término  de  diez  (10)  años,  y  al  pago  a  favor  de  Alba Larios Peinado del valor  equivalente,  en  moneda nacional, a quinientos (500) gramos oro por concepto de  perjuicios                   morales9.   

6.            Dicho pronunciamiento fue apelado por el  defensor  de GRANADOS GONZÁLEZ y el Tribunal Superior de Bucaramanga, a través  del  fallo  recurrido  en  casación,  expedido  el  18 de diciembre de 2003, le  impartió  confirmación  aclarando que las falsedades documentales se reducen a  falsedad  ideológica  en  documento  público  agravada  por el uso10.   

LA DEMANDA:  

Primer cargo:  

Con  fundamento  en  la  causal de casación  contenida  en  el  numeral  3°  del  artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal    de   2000,   el   demandante   solicita   la  nulidad   de   esta  actuación  en  aplicación  del  artículo  306  ejusdem,  por  estimar  que se conculcó a NELSON JOSÉ GRANADOS  GONZÁLEZ   el  derecho  de  defensa,  consagrado  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  debido a que no obstante autoincriminarse en el curso  de  la  declaración que inicialmente le recibiera el Juez de Instrucción Penal  Militar  el  6  de  octubre  de  2000,  en  lugar  de  suspender la diligencia y  convocarlo  a  versión  libre  o  a  indagatoria, continuó interrogándolo sin  designarle defensor, ni enterarlo del derecho a nombrarlo.   

Tampoco  la  Fiscalía  cuando  recibió las  diligencias    declaró   la   inexistencia   del   citado   reconocimiento   de  responsabilidad  penal  y,  por el contrario, recaudó las declaraciones de Luis  Francisco  Ramírez  Sierra  y Óscar Yesid Cortés Martínez a quienes también  les  desconoció  el derecho a ser interrogados, sin previa juramentación, ante  sus manifestaciones autoinculpatorias.   

El Juez 2° Penal del Circuito Especializado  de  Bucaramanga  anuló  la  aceptación  de  cargos  bajo juramento de GRANADOS  GONZÁLEZ,  pero otorgó validez a las manifestaciones testimoniales de Ramírez  Sierra  y  Cortés  Martínez,  a  pesar  de  ser nulas de pleno derecho dada su  formación  en  detrimento  del  debido proceso y, por ende, ser ilegales, y con  base  en  ellas  impartió  condena  a  NELSON  JOSÉ GRANADOS GONZÁLEZ sin que  infundieran certeza sobre su responsabilidad penal.   

En  consecuencia, solicita la nulidad de las  declaraciones mencionadas.   

Segundo cargo.  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  consagrada  en  el  artículo  207, numeral 1° del Código de  Procedimiento   Penal   de   2000,   acusa  la  sentencia  impugnada  de  violar  indirectamente  por  indebida aplicación los artículos 31, 103, 104, 286 y 291  del  Código  Penal,  y  232  del Código de Procedimiento Penal de 2000, y a su  vez,  por  falta  de aplicación de los artículos 7° y 245 del citado estatuto  procesal  que  consagran el principio del in dubio pro  reo   y   la   presunción   de   inocencia,   en  su  orden.   

Asegura que el Tribunal transgredió la norma  sustancial  contentiva  de  dicha  garantía  al  aceptar  la existencia de duda  probatoria  razonable  y simultáneamente concluir declarando la responsabilidad  penal de su representado.   

Adicionalmente   atribuye   a   la  citada  corporación  variados  yerros  en  la  ponderación  probatoria  del  siguiente  tenor:   

Considera  que  incurrió  en error de hecho  “…por  falso  juicio…”,  más  adelante menciona el de identidad, al dar  crédito  exclusivamente  a  las  declaraciones  de  los  oficiales Óscar Yesid  Cortés  Martínez  y  Luis  Francisco  Ramírez  Sierra  en  cuanto comprometen  penalmente  a  NELSON JOSÉ GRANADOS GONZÁLEZ, no obstante admitir tácitamente  que  fueron  obtenidas  con  violación  de  los  requisitos  legales  pues  las  autoinculpaciones  por ellos exteriorizadas no se dieron dentro del marco de una  indagatoria según correspondía.   

A  continuación  censura  al Ad─quem   por   haber  apreciado  dichos  testimonios  en  contraste  con  el dictamen obtenido en la inspección judicial  practicada  al fusil galil AK-47 N° P.4586, según el cual dicha arma no había  sido  disparada en forma reciente, circunstancia con base en la cual descarta el  combate  entre  los  guerrilleros y los paramilitares, y, extiende la crítica a  la  omisión  de  ponderación  de la constancia dejada por los peritos sobre la  existencia  de  residuos  de pólvora en el pistón del citado artefacto y de la  apuntada  en  el  acta  de  levantamiento del cadáver del 23 de agosto de 2000,  realizada  por  la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía de Bucaramanga,  alusiva  al  hallazgo  al  lado  derecho  del  cuerpo  del occiso de un fusil de  similares  características  y  de  un proveedor con 14 cartuchos “calibre 762  por   39”,  imágenes  traídas  al  expediente  en  impresión  fotográfica,  actividad   intelectiva   en   cuyo  desarrollo  considera  fue  desatendida  la  obligación  de  valorar  conjuntamente  el  caudal  probatorio, contenida en el  artículo 238 del  Código de Procedimiento Penal.   

          Seguidamente   invoca  el  dictamen  de  balística  forense  y  los  testimonios  del  Mayor  Édgar  Román  Herrera Fetecua, de Luis Alfonso Pérez  Mahecha  y  de los soldados presentes en el teatro delictual, Ríchard Cárdenas  Gerrero,  Óscar  Manuel Pallares Meneses y Járrison Darío Gálvez Cabeza que,  asegura,  de  haber sido apreciados hubieran despejado las dudas que soportan la  condena  impartida  en  contra de su representado y habrían permitido reconocer  que  la muerte de la mencionada víctima se produjo en legítimo combate, previa  la  utilización  de  su  parte  del  arma antes referida, e igualmente habrían  conllevado  a  deducir  que  “…en momento alguno se le dio muerte a LARIOS y  vino  y  se  le  dejó  en  el  sitio  como  un  regalito  según  afirma ARROYO  KEVIN…”,  a  quien  cataloga  como  testigo  de oídas, cuya aceptación por  parte  del Ad─quem también  reprocha.   

En consecuencia, solicita a la Sala casar la  sentencia impugnada y, en su lugar, absolver al procesado.   

         

CONCEPTO     DEL     PROCURADOR    1°  DELEGADO:   

1.            En  relación  con  la  primera  censura  señala  que  el defensor recurrente desconoció la técnica que rige el recurso  extraordinario de casación por las siguientes razones:   

Al  plantear  la  nulidad  de las diferentes  declaraciones  ofrecidas  por NELSON JOSÉ GRANADOS GONZÁLEZ en razón de haber  pretermitido  el instructor castrense el deber de advertirle del derecho a estar  asistido  de  un defensor cuando depuso en su contra y por haberlo oído a pesar  de  no  contar  con  dicha  asesoría, incumplió la obligación de demostrar la  trascendencia  del  vicio  en  la  sentencia  y desconoció que técnicamente ha  debido  proponer  la  concurrencia  de  un  error de derecho por falso juicio de  legalidad  de  dichas  pruebas, según lo tiene establecido la jurisprudencia de  esta   Sala11.   

Admite que la irregularidad destacada por el  libelista  efectivamente  tuvo  ocurrencia  y  afectó el derecho de defensa del  procesado   y  configura  omisión  del  deber  de  advertencia  por  parte  del  funcionario  receptor  de  las  declaraciones rendidas por NELSON JOSÉ GRANADOS  GONZÁLEZ,  pero  como justamente en razón de ellas los juzgadores de instancia  se negaron a otorgarles crédito su importancia anulatoria declina.   

Refuta  la existencia de irregularidad de la  misma  especie  en  relación con las declaraciones de Óscar Yesid Cortés y de  Luis  Francisco  Ramírez  en  vista de su condición de testigos dentro de esta  actuación  más  no  de  incriminados,  clasificación  tenida en cuenta por el  Tribunal  al  darles  mérito  por  haber  sido  obtenidos  con las formalidades  legales.   

2.            El segundo reproche del libelista alusivo  a  violación indirecta de la ley derivada del error de hecho consistente en que  el  Tribunal a pesar de reconocer la existencia de duda sobre la responsabilidad  de  GRANADOS  GONZÁLEZ  culmina  el  fallo  imponiendo  condena, lo descalifica  porque  en dicha providencia no sólo se constata la ausencia de declaración de  tal   tenor   sino   la  inclusión  de  afirmaciones  opuestas  conforme  a  la  trascripción  que inserta, luego, considera, en realidad el actor se confundió  al  asimilar la supuesta admisión de incertidumbre probatoria a la crítica del  juzgador  a las irregularidades observadas en el recaudo de las declaraciones de  Cortés y Granados.   

Niega la demostración del error de hecho por  falso  juicio  de identidad también enunciado en el libelo, ante la ausencia de  comprobación  de  la  distorsión  material del contenido de algún elemento de  convicción.   

El argumento de la omisión en las sentencias  del  resultado  del análisis pericial efectuado al fusil AK 47 hallado cerca al  occiso,  alusivo  al  descubrimiento  de  residuos de pólvora en el pistón, lo  controvierte  afirmando  que en la sentencia de primera instancia (fls. 64 y 65,  cuaderno  original)  dicha  prueba  fue  objeto  de valoración integral así no  hubiera  sido  citada  expresamente  en  el  texto  invocado  por  el  censor, y  adicionalmente   llama   la  atención  sobre  la  falta  de  trascendencia  del  mencionado  descubrimiento  en  el asunto debatido en razón de no conducir a la  determinación  del  tiempo  de  utilización  de  dicho artefacto e indicar tan  sólo  la  existencia  de residuos de pólvora cuya permanencia es usual a pesar  de ser sometido a limpieza.   

Para el Delegado los elementos de convicción  recaudados  y  su  ponderación  conjunta  permiten  concluir  “…que  no  se  registró   combate  o  enfrentamiento  armado,  y  que  el  integrante  de  las  autodefensas  fue  ultimado  sin  que mediara causa diversa al abyecto motivo de  generar  resultados  operacionales….”  por  parte  del  miembro de la fuerza  pública procesado.   

Encuentra  que  el  demandante  se  limita  controvertir  los  análisis probatorios vertidos en las decisiones de instancia  olvidando  la  doble presunción de acierto y legalidad inherente a ellos, y sin  lograr  demostrar  la  configuración  de los errores de hecho postulados con lo  cual despoja de éxito el ataque.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

Primer reparo:  

Fueron  varios  los  motivos aducidos por el  actor  como  constitutivos  de  nulidad  por vulneración del derecho de defensa  consagrado   en   el   artículo   29   de   la   Constitución   Política,   a  saber:   

1.            Dentro del contexto de la causal tercera  de  casación  planteó  equivocadamente  la  supuesta ilegalidad del testimonio  recibido  en  el transcurso de la indagación preliminar a NELSON JOSÉ GRANADOS  GONZÁLEZ  a  partir  del  momento  en que declaró contra sí mismo, pues si en  opinión   del  casacionista  el  instructor  estaba  obligado  a  suspender  la  diligencia   para   convocarlo   a   versión  libre  o  a  indagatoria,  previa  información  sobre el derecho a estar asistido por un defensor, y lo pretendido  era  demostrar  la  estructuración  de  vicios  en  la práctica de dicho medio  probatorio,  ha  debido  el  libelista  acudir  a  las  directrices de la causal  primera,  cuerpo segundo, por cuanto la supuesta irregularidad se identificaría  como  un  error  de  derecho por falso juicio de legalidad, dado que el referido  yerro  en caso de revestir características de irregularidad en el procedimiento  probatorio,   eventualmente   se   identificaría  como  un  vicio  in  iudicando en razón de que el error se  produciría  con  la  apreciación en la sentencia de una prueba que vulnera sus  propios  ritos legales de formación, opinión exteriorizada en el mismo sentido  por el Procurador Delegado.   

No  desconoce la Sala que si bien es cierto  el  Juez  38  de  Instrucción  Penal  Militar  de  Barrancabermeja  advirtió a  GRANADOS  GONZÁLEZ  en  el  curso  de  las  diligencias  de “…ampliación y  ratificación…”  bajo  juramento,  del  informe  del  23  de agosto de 2000,  origen   de   esta   actuación,  realizadas  en  el  curso  de  la  indagación  preliminar12,  del  contenido  del  artículo  431 del Código Penal Militar que  consagra  el  derecho  del  testigo  a  no  autoincriminarse ni a inculpar a sus  parientes   dentro   del   grado   especificado   en  dicha  norma  ─desarrollo    de    la    garantía  constitucional  del  artículo  33,  igualmente  incluida  en  el  artículo 267  del      Código     de    Procedimiento    Penal    de    2000─,  no  es  menos cierto que oídas las  manifestaciones   de   tinte   autoinculpatorio  del  deponente  el  funcionario  castrense  no  estaba  autorizado  para  continuar  interrogándolo sobre ellas,  según  destaca  el  libelista,  sino  que  en  obedecimiento  del artículo 454  ibídem  se  imponía  oírlo  en  versión  libre con asistencia de su defensor  según  mandato  del  artículo  29  constitucional,  u  ordenar  la apertura de  instrucción  para  someterlo  a  indagatoria  conforme  manda  el artículo 491  del   Código  de Procedimiento Penal Militar (artículo 333 del Código de  Procedimiento  Penal  antes  invocado), deberes cuyo incumplimiento no cabe duda  afectó el derecho de defensa del procesado.   

Empero,  no cumplió el casacionista con la  carga  de  evidenciar  la  trascendencia de tal defecto en los fallos producidos  por  los  funcionarios  judiciales  de instancia y que en este caso integran una  unidad  jurídica  inescindible  dada su mutua complementación, es decir, cómo  de  no  haber  sido  apreciado  el  medio catalogado como ilegal, necesariamente  dichas   providencias   habrían   sido   favorables   a   los   intereses   que  representa13,  actividad  que  de todas maneras le era inalcanzable si en cuenta  se  tiene  que en la sentencia de primera instancia fue expresamente desvalorado  el  referido  elemento  probatorio,  conforme al contenido del siguiente pasaje:   

“Como aparece obvio, a pesar que ya en la  averiguación   existía   prueba  que  comprometía  a  NELSON  JOSÉ  GRANADOS  GONZÁLEZ  en  conductas punibles, se optó por el funcionario instructor oírlo  en  declaración  y  sin  resquemor  alguno  por  las manifestaciones que en esa  diligencia  hacía el testigo, ni se suspendió la misma ni tampoco se le impuso  del   derecho   a   la  no  auto  incriminación,  con  lo  que  ciertamente  se  desconocieron  sus  garantías  constitucionales  y  legales,  acto  en  que  se  incurriera posteriormente.   

Por  esa  razón,  el Despacho no  tendrá  en cuenta las ampliaciones y ratificaciones  que  el  6  de octubre y el 2 de noviembre de 2000 rindiera NELSON  JOSÉ  GRANADOS  GONZÁLEZ  ante el Juzgado Treinta y Ocho de Instrucción Penal  Militar  (folios  61  y  75 cuaderno 1) y no se referirá en este fallo a ellas,  esto  es,  porque  en  su aducción se desconoció la garantía constitucional y  legal ya dicha” (Énfasis agregado).   

          El   Tribunal   convalidó   dicha  tesis  en  el  texto  inserto  a  continuación:   

“En  ese orden es evidente que el Juez 38  de  Instrucción  Penal  Militar  sí  incurrió  en lamentable equivocación al  recibirle  declaración,  sobre  todo a los oficiales Granados y Cortés, cuando  lo  que  se imponía era escucharlos en versión libre o en indagatoria abriendo  la  investigación,  con  el  lleno de los requisitos legales, irregularidad que  vicia  de  ilegalidad  la  prueba  en lo que a ellos toca, y por eso el a quo no  tuvo  en cuenta en el fallo las versiones juramentadas de Nelson José Granados,  error  de procedimiento que no afecta las demás pruebas aducidas legalmente, ni  tampoco  toca  con  la  estructura  del  proceso,  sino  que  es  de  garantía,  vicio  que  se  subsanó  al  no tener en cuenta en el  fallo  las declaraciones de Granados González para hacerles producir efectos en  su contra” (Destacado fuera de texto).   

2.           Decae  también  el  segundo  motivo  de  censura  anclado  en  la  causal  tercera  de  casación  en  cuyo desarrollo el  libelista  incurrió  en  análogo  desconocimiento de la técnica casacional al  antes  descrito,  pues  se  limitó  a  calificar  de nulos de pleno derecho los  testimonios  recibidos  durante  la  etapa preprocesal a Luis Francisco Ramírez  Sierra      y      Óscar      Yesid      Cortés     Martínez     ─éste sí fue posteriormente vinculado  al    proceso    mediante    declaratoria    de    persona   ausente─  por  haberse  autoincriminado  y  se  abstuvo   de   demostrar   la  incidencia  de  dicha  anomalía  en  el  sentido  condenatorio  del  fallo  impugnado,  pruebas  estas  que observa la Sala fueron  explícitamente  acogidas por los juzgadores de instancia y concretamente por el  Ad─quem  con el argumento  válido  que  al  testigo  no  lo ampara la excepción constitucional y legal al  deber  de  declarar  en asunto penal cuando se le pide hacerlo sobre situaciones  que  comprometan  penalmente  a  otras  personas, como efectivamente ocurrió en  este caso.   

Evadió el demandante la exigencia técnica  de  demostrar  la  trascendencia de dichas declaraciones en la confección de la  condena  e ignoró que ellas no fueron su exclusivo pilar pues el fallo también  fue  cimentado  expresamente  en  los  testimonios  del Subteniente Jotty Arroyo  Kevin  y de los soldados Darío Alexander Mendoza, Ríchard Cárdenas Guerrero y  Óscar   Manuel   Pallares   Meneses;  en  el  experticio  practicado  al  fusil  AK─47,  N° P4586 hallado  cerca  al  occiso;  y,  en  el  material  fotográfico obtenido en la escena del  crimen.   

Por tanto, la Sala desestima el reproche que  al amparo de la mencionada causal de nulidad elevó el recurrente.   

Segunda censura:  

Eligió  el  actor  la  causal  primera  de  casación,   cuerpo   segundo,   al   sostener   que   los  juzgadores  violaron  indirectamente  los artículos 31, 103, 104, 286 y 291 del Código Penal, y 232,  7°  y  245  del   Código  de  Procedimiento  Penal, con fundamento en los  siguientes argumentos:   

1.            Afirma   que  el  juez  plural  violó  indirectamente  la  norma  sustancial que consagra la garantía del in  dubio pro reo al aceptar la existencia  de  duda  probatoria  razonable  y  proferir  fallo  condenatorio,  ataque  cuya  formulación  resulta  desacertada  pues ha debido recurrir al cuerpo primero de  la  causal primera de casación, y enunciar transgresión normativa directa, sin  que  la  Sala  desconozca  la  posibilidad  de que pueda ser indirecta pero bajo  presupuestos  diferentes  a  los  contemplados  por  el casacionista14.   

        La  incorrección  de la postulación del cargo deviene además, de  la     inexistencia    dentro    del    fallo    impugnado    de    aceptación   de   duda  acerca  de  la  existencia  del  hecho  o  la  responsabilidad  del  procesado, según destacara  acertadamente  el  Delegado  transcribiendo  el  párrafo en el cual el Tribunal  hiciera        declaración       completamente       opuesta       ─texto   que  también  fue  incluido  contradictoriamente   en   la  demanda─ del siguiente tenor:   

“En  síntesis, la prueba acopiada a que  se  hizo  mención,  analizada  a la luz de la sana crítica, es suficiente para  tener  por  desvirtuada  la  presunción  de inocencia que ampara al procesado y  como  la Sala encuentra contrario a los reparos formulados por el censor, que se  reúnen  los  requisitos exigidos por el artículo 232 del C. P. P. la sentencia  condenatoria  proferida en contra de Nelson José Granados González (…), debe  confirmarse,  pues  los  elementos  de  juicio  legalmente allegados al proceso,  conllevan  a la certeza de su responsabilidad y su conducta fue subsumida en los  tipos penales infringidos a que se hizo alusión.”   

2.           La  señalada  violación  normativa  la  atribuye  adicionalmente  el casacionista a las diversas modalidades de error de  hecho  en  que  incurrieron  los  juzgadores  al  ponderar el caudal probatorio,  reparo  en  cuyo  desarrollo  mezcla  algunas  de  las especies admitidas por la  jurisprudencia    de   esta   Sala   ─falso   juicio   de   identidad   y   falso   raciocinio─  respecto  de los mismos elementos de  convicción     ─los  testimonios    de    Óscar   Yesid   Cortés   Martínez   y   Luis   Francisco  Ramírez─, falencia que la  Sala  superará  desentrañando  del discurso sustentatorio cuál yerro postuló  en cada caso.   

          2.1.                      El  error  de hecho por  falso  juicio  de  identidad  lo  hace consistir en el  crédito  otorgado  a  las  manifestaciones a través de las cuales los testigos  acabados  de  citar  inculparon  a  su  representado,  a pesar de haber admitido  tácitamente  los  juzgadores  la  ilegalidad  derivada de su recepción en acto  diferente  a  la  indagatoria y sin la asistencia de defensor, contexto procesal  éste obligatorio en casos en que los declarantes se autoinculpan.   

El   primer  obstáculo  que  surge  para  reconocer  la  existencia  de  la  señalada  equivocación es la inclusión del  argumento  de  la  ilegalidad  de  las  citadas  pruebas  que,  según  se dejó  expresado,  ha  debido  aducirlo  el  recurrente dentro del marco conceptual del  error de derecho por falso juicio de legalidad.   

De   todas   maneras,   en  busca  de  la  constatación  en  el  desarrollo  del  cargo  de  las  pautas jurisprudenciales  fijadas    por    la    Sala    para    el   efecto15,  se  establecerá qué dijo  el   Ad─quem   de   los  testimonios   de   Luis   Francisco  Ramírez  Sierra  y  Óscar  Yesid  Cortés  Martínez:   

“…quien  (alude  al  mencionado en primer  lugar)  refiere  que  el  comandante  de  Batería B teniente Cortés Martínez,  coordinó  con  las  AUC  la  baja  de  un  bandido, y así se le informó a los  comandantes  de  las contragurerrilas Zeus y Aquiles, decidiendo que el teniente  Granados  al  mando de Zeus efectuara la infiltración y montara la emboscada en  el  sitio  de los hechos, el cual (sic) se cumplió conforme se había hablado a  las  4:30  de  la  mañana,  encontrando  el  cuerpo  del bandido al realizar el  registro,  versión  que  es plenamente corroborada por el teniente Óscar Yesid  Cortes  quien  es terminante en sostener que Granados coordinó con el sujeto 80  la  baja  del  sujeto que ellos mismos realizarían, y al efecto se emboscó con  su  contraguerrilla  en  el sector del kilómetro 16, todo para dar un resultado  ante el comandante del Batallón.”   

Consultado  el  plenario  se  extraen  las  siguientes aseveraciones testimoniales:   

    

* Del    teniente    Luis    Francisco   Ramírez   Sierra16:     

“El  comando  de la Batería al mando del  teniente  Cortés  Martínez  Óscar  Jesith, coordinó con los presuntos de las  A.U.C.,  la  baja de un bandido, el cual (sic) nos informó a los Comandantes de  la  contraguerrilla  Zeus y Aquiles y se decidió que la contraguerrilla Zeus al  mando  del  Teniente Granados, efectuara infiltración y montara emboscada en el  sitio  en  donde  ocurrieron  los  hechos,  el  cual  se cumplió como se había  hablado,  cuando  eran  las  cuatro  y  treinta  aproximadamente, se efectuó la  maniobra  y registro encontrando el cuerpo del bandido ahí, mi posición en ese  momento  era como a siete kilómetros a lo cual reaccioné acercándome al sitio  de  los hechos, cuando el teniente Granados reportó la situación que se estaba  presentando,  seguidamente  se reportó al batallón y monte (sic) el helipuerto  para  esperar  al  personal que fuera a recoger el cuerpo del occiso, dejando en  claro  que  yo  no  estuve  presente  y  que mi relato obedece al comentario del  Comandante  de la Contraguerrilla Zeus, el comandante con quien se coordinó esa  emboscada fue con el “Chiquito”.”   

    

* Y,  del teniente Óscar Yesid Cortés Martínez:     

“Con base en una información recibida de  fecha  21  de  agosto  por parte de las Contraguerrillas Zeus y Aquiles sobre el  sector  del  Barrio  Arenal  se pudo establecer que por el sector del Kilómetro  16,  se  encontraba  presencia  de grupos de Autodefensa, la cual se informó el  día  22  de  agosto,  a  las  diez  de la mañana, en el programa realizado con  invencible  seis, en donde se informo (sic) que Aquiles y Esparta se encontraban  en  el  Kilómetro  ocho y que la Contraguerrilla Zeus efectuaría una emboscada  en  el  Kilómetro  16 para verificar dicha información, a las veintidós horas  se   efectuó  nuevamente  el  programa  con  invencible  acerca  con  (sic)  la  situación  que  estaría efectuando la contraguerrilla Zeus, siendo el programa  del  día  23  de  Agosto, a las cinco de la mañana; Zeus da la información en  donde  se  encuentra  una  baja  de  un individuo al cual se le incauta un fusil  AK─47  y  munición,  de  allí   se   efectuó   el   desplazamiento   hacia   el  kilómetro  16  de  la  Contraguerrilla  Esparta  y  Aquiles  al  mando del Teniente Ramírez y de parte  mío,  la  información  fue  recibida del informante del pueblo, el cual hacía  parte  de  las  Autodefensas,  el  cual  llamaba  ochenta,  dejando  en claro la  maniobra  coordinada  directamente  por  Granados,  y  que  la baja fue dada por  ellos.”   

Contrastados  los  textos  anteriores no se  evidencia   que  el  Tribunal  haya  tergiversado,  cercenado  o  adicionado  su  contenido  material  con  el  fin  de  hacerles  producir  efectos objetivamente  distintos  a  los establecidos con ellos, luego la ausencia de demostración del  vicio  de  apreciación  sostenido por el libelista obstaculiza la demostración  del  quebranto normativo propuesto, pues como lo precisa la Delegada, no sujetó  el ataque a las condiciones técnicas indispensables.   

          2.2.                      Censura  el  casacionista  el acogimiento de las  declaraciones  de  los dos oficiales antes mencionados y el crédito asignado al  resultado   obtenido   en   la   inspección   judicial   practicada   al  fusil  AK─47 N° P.4586 sobre la  inexistencia  de vestigios de su utilización en tiempo próximo al homicidio de  Alexander  José  Larios,  por  cuanto  con  base en tales elementos se infirió  erróneamente  que  el  deceso  no  se  produjo  en  el  curso  de combate entre  guerrilleros   y   paramilitares,   actividad   intelectiva  del  Ad─quem  que  descalifica  en  razón  de  haber  omitido  del análisis del dictamen la afirmación sobre la existencia de  residuos  de pólvora en el pistón de dicha arma que contradice la inicialmente  consignada  y  por no haber valorado conjuntamente el acerbo probatorio conforme  estaba obligado legalmente a hacerlo.   

A  través  de tan imbricada argumentación  podría  pensarse  que  postuló el recurrente un error  de  hecho  derivado  de  falso  raciocinio  en  cuanto  disiente  del crédito otorgado a las mencionadas probanzas y de las inferencias  incriminatorias  extraídas  de  otras,  empero  en  momento  alguno enuncia los  principios  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las máximas de la  experiencia   que   informa   la   valoración  probatoria  de  acuerdo  con  la  sistemática   procesal   penal  vigente  al  momento  de  producirse  el  fallo  constitutivas  del  método  de  la  sana  crítica  y  mucho menos avanza en la  indicación   de   cuál   postulado   fue  desconocido  por  el  Ad─quem,    deficiencias   que   tornan  impróspero            el            cargo17.   

La  tacha  formulada  en  los  anteriores  términos  carece  de  fundamento,  además,  porque  el  mérito otorgado a los  citados  elementos  de  convicción  fue  el  producto  del análisis conjunto y  esmerado  del  abundante  material probatorio allegado, conforme se extracta del  fallo de segunda instancia:   

“En lo que respecta al reparo que formula  el  censor  a  la declaración del subteniente Jotty Arroyo Kevin en la que dice  que  el a quo sustentó el fallo como único soporte de la condena, siendo sólo  de  oídas  y  nada  creíble y por tanto no constituye plena prueba, la Sala no  comparte  tal  apreciación  sesgada  porque  si  se examina con detenimiento el  fallo  cuestionado  fácilmente  se  advertirá  que  su  fundamentación  recae  también  y  en  forma  principal,  en  los  testimonios de Óscar Yesid Cortés  Martínez  (fs. 69 al 74 C. N° 1) y Luis Francisco Ramírez Sierra (fs. 65 a 68  C.  N°  1), contestes en afirmar que la muerte de Alexander José Larios fue un  montaje  que  se  coordinó  con  las  autodefensas  para  presentar  un logro o  resultado  positivo  que  calmara  las  exigencias  del comandante del batallón  Nueva  Granada,  quien se quejaba de los pobres resultados de la contraguerrilla  que  comandaban.  Pero  además  tuvo  en cuenta los testimonios de los soldados  Darío  Alexander Mendoza (f. 49 C. N° 1), Richard Cárdenas Guerrero (f. 52 C.  N°  1)  y  Óscar Manuel Pallares Meneses (f. 55 C. N° 1), en algunos aspectos  como  el desplazamiento de vehículos a alta velocidad y que pasaban los retenes  sin  que  fueran  revisadas porque contaban con autorización y la coordinación  del  6,  entre  otras  cosas,  la  circunstancia  de que el fusil AK─47 que portaba Larios no fue disparado  recientemente  según  la  conclusión  del  perito  (f.  10 C. N° 1), elemento  probatorio  que permite establecer que el fuego provino de sus compañeros y que  su  muerte  no  fue  consecuencia  de  la  respuesta militar, sino del resultado  previamente convenido.”   

Y si bien el perito encargado de examinar el  fusil  AK─47,  N° P4586,  marca  Galil,  recogido  como  evidencia en el lugar en donde fue descubierto el  occiso, conceptuó:   

“…el   arma   no  ha  sido  disparada  recientemente,  en  el  pistón  presenta residuos de pólvora, el pistón es el  que   permite  el  retroceso  de  la  vainilla…”18,   

conclusión  cuya primera parte descalifica  el  censor  dada  la contradicción que a su juicio encierra si se contrasta con  la  segunda, le faltó demostrar que en el crédito otorgado a dicho hallazgo el  Ad─quem   desconoció  determinadas  reglas  de  balística  forense  u  otros  postulados  de  la sana  crítica,  y  la  incidencia  del  yerro  en  la  inferencia  extraída  de él,  desatinos que el Procurador Delegado también advirtió.   

          Sin  consistencia  alguna atacó el casacionista el mérito otorgado  al  testimonio  de Kevin Arroyo, pues tan solo adujo como argumento el que fuera  de  oídas,  desconociendo  que  el  Ad─quem   le   asignó   crédito   pero  por  haber  sido  convalidado  testimonialmente  por  los  oficiales  Luis  Francisco  Ramírez Sierra y Óscar  Yesid Cortés Martínez, conforme a previa trascripción.   

Carece de fundamento, entonces, el anterior  reproche   

2.3.          El  demandante  esboza  un  error   de   hecho   por   falso  juicio  de  existencia  bajo  el  supuesto  de  que  los juzgadores dejaron de apreciar el  dictamen  de  balística  forense  y  los  testimonios  de los soldados Ríchard  Cárdenas,  Óscar  Manuel Pallares y Járrison Darío Gálvez Cabeza, y los del  Mayor   Édgar   Román   Herrera   Fetecua   y   el   de  Luis  Alfonso  Pérez  Mahecha.   

Ha   establecido  la  Sala  que  para  la  configuración  del  tal yerro es imprescindible que en la ponderación judicial  se  desconozca  un medio de prueba de cuyo señalamiento específico o del hecho  contenido  en él debe ocuparse el casacionista, exigencia en este caso cumplida  por el actor.   

También   ha  determinado  que  se  hace  ineludible  que  ese  contenido  con fuerza persuasiva material, sea confrontado  con  el de los elementos probatorios que sí fueron valorados y con los hechos y  premisas  que  se  fijaron  a  partir de los mismos, con miras a enseñar que se  declaró   probado   un   acontecimiento   que   no   corresponde   a   lo   que  demostrativamente  arroja el proceso, así como que no constituye el presupuesto  de  la  norma  de derecho sustancial que se aplicó o que en virtud de la verdad  procesal  trastocada  por  el  yerro  debe  dársele un entendimiento diverso al  correspondiente                precepto19.   

Es  necesario,  entonces,  volver  a  las  providencias  censuradas  y  al  encontrar  en  ellas fragmentos sintéticos del  pluricitado  dictamen  pericial,  y  de  los  testimonios de Ríchard Cárdenas,  Óscar  Manuel  Pallares y Járrison Gálvez Cabeza, invocadas para demostrar la  confabulación  existente  entre  el  procesado y las autodefensas irregulares a  cuyos  miembros permitía movilizarse sin control alguno por el área sometida a  su  vigilancia,  se  diluye  por  completo el ataque, pues en su materialidad no  fueron excluidas.   

La  crítica que formula al desconocimiento  de  los  testimonios  del  Mayor Édgar Román Herrera Fetecua y de Luis Alfonso  Mahecha  no  tiene  ninguna  vocación  para quebrar el fallo pues no indicó su  contenido  ni el hecho que cada una de ellas comprueba, en evidente desatención  de  las  exigencias  de  orden  técnico inherentes al recurso extraordinario de  casación,  por  consiguiente,  debe  convenirse con el Delegado que el reproche  fue desafortunado.   

3.            Finalmente  al  no  haber  logrado  el  libelista  demostrar  los  errores  por él enunciados, sus razonamientos quedan  reducidos  al  esfuerzo  argumentativo  por hacer valer su criterio muy personal  sobre  la interpretación de los hechos juzgados, según apreciación anticipada  del Ministerio Público.   

El elevado grado de certeza del interés de  NELSON  JOSÉ GRANADOS GONZÁLEZ en la muerte de Alexander José Larios fuera de  combate  entre  miembros  del  Ejército  Nacional  asignados  a  actividades de  contraguerrilla  por él comandados e integrantes de grupos paramilitares con el  propósito   de  calmar  la  insistente  exigencia  de  “resultados”  de  su  superior,  actividad  concertada con éstos últimos no sólo para la ejecución  de  dicho  delito  sino  para  la  realización indiscriminada de otros, y de su  compromiso  en  la  falsedad inserta en el contenido del informe oficial por él  rendido  para  ocultar  el  verdadero origen de dicho homicidio, es una realidad  que  subyace  en el proceso revelada con claridad y coherencia por los oficiales  Luis  Francisco  Ramírez  y  Óscar  Yesid  Cortés  quienes en el texto de sus  declaraciones  previamente  copiadas,  en  su  calidad  de  Comandantes  de  las  Contraguerrillas  Aquiles  y  Esparta,  respectivamente,  por  encontrarse en el  kilómetro  8  del  área  delictual,  percibieron  los  sucesos  inmediatamente  siguientes  al  supuesto  combate ocurrido en el kilómetro 16, en donde operaba  NELSON  JOSÉ  GRANADOS  GONZÁLEZ  comandando la Contraguerrilla Zeus, sin que,  valga  precisar,  se  hubiesen  autoincriminado,  pero  sí  inculpando al aquí  procesado.   

Contribuyendo a la consolidación de tal haz  probatorio   incriminatorio  se  allegaron  las  declaraciones  juradas  de  los  soldados  Darío  Alexander Mendoza, Ríchard Cárdenas Guerrero y Óscar Manuel  Pallares                    Meneses20 sobre los hechos indicativos  de  los  nexos  punibles  existentes entre NELSON JOSÉ GRANADOS GONZÁLEZ y los  paramilitares  ocupantes  del  área  en  donde  se  perpetró  el  homicidio de  Alexander  José  Larios;  la  declaración  jurada del Subteniente Jotty Arroyo  Kevin,  delator  ante  las autoridades militares de los episodios investigados y  sobre  los  cuales el acusado prontamente había rendido informe tendencioso; la  fotografía             N°             321    reveladora    de    la  inexistencia  de  perforaciones  en  el  uniforme  con  el  cual  fue hallada la  víctima   en  completa  discordancia  con  los  orificios  de  entrada  de  los  proyectiles  en  el  tórax  registrados  en  la  fotografía  N° 922,   medios  probatorios    éstos    sobre    los    cuales    fue    edificado   el   fallo  condenatorio.   

Por  lo  tanto, al verificar la Sala que el  análisis  ponderado  de  las  pruebas  acogidas  por  los  juzgadores confluyó  lógicamente  en la declaración de la plena demostración del supuesto fáctico  de  las  normas de derecho sustancial que aplicaron, esto es, los artículos 103  y  104, numeral 4°, del Código Penal de 2000, y 340 y  222  del Estatuto Punitivo de 1980, y de la ejecución  dolosa  de  NELSON  JOSÉ  GRANADOS  GONZÁLEZ  a  título de determinador en el  primer  caso  y  de coautor en los restantes, impide por completo casar el fallo  impugnado.   

         

A  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E :  

1.           NO   CASAR  la  sentencia impugnada. Y,   

2.            ADVERTIR  que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de  origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                                                 ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                              JORGE    L.    QUINTERO  MILANÉS   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                         JULIO           ENRIQUE          SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                           JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

Excusa justificada  

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

    

1  C.  orig. N° 1, fol. 6.   

2  C.  orig. N° 1, fol. 89.   

3  C.  orig. N° 1, folios 186-197 y 219-223.   

4  C.  orig. N° 2, folios. 56-58.   

5  C.  orig. N° 1, folios 229-249.   

6  C.  orig. N° 2, folios 88-97.   

7  C.  orig. N° 2, Fol. 81.   

8  C.  orig. N° 2, folios 110-133.   

9  C.  orig. del juicio, folios 51-72.   

10 C.  del Tribunal, folios 13-33.   

11  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 27 de febrero de 2001, rad. N° 15.042.   

12 C.  orig. N° 1, fol.. 61-64 y 75-77.   

13  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 26 de enero de 2006, rad.  N° 23.706.   

14  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 10 de marzo de 2004, rad. N° 18.328.   

15  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 26 junio de 2002, rad. No. 11.451.   

16 C.  orig. N° 1, fols. 65-68.   

17  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 16 de marzo de 2005, rad. N° 18.235.   

18 C.  orig. N° 1, fol. 10.   

19  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 28 de abril de 2004, rad. N° 20.507.   

20 C.  orig. N° 1, Fol.. 49, 52 y 55.   

21 C.  orig. N° 1, fol. 24.   

22 C.  orig. N° 1, fol. 27.     

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