22467(31-10-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 22467  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  124  

         

Bogotá,  D.  C.,  treinta  y  uno  (31) de  octubre de dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Se  pronuncia  la  Corte  respecto  de  la  admisibilidad  formal  de las demandas de casación presentadas por la defensora  de   ANDRÉS   HUMBERTO   HOYOS  RÍOS  y      WILSON      FERNEY      RÚA  RAMÍREZ.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Tuvieron  ocurrencia  en  el  sector  de  Buenos  Aires, en los barrios El Vergel y Quinta  Linda,  durante  los  últimos  años  del siglo pasado y los primeros de éste,  donde  se originaron y estructuraron dos bandas conocidas por los habitantes del  sector  como  del  ´Vergel, Quinta Linda o El Solar´ y la otra denominada  como  el  ´Mayey  o  Cauces´,  cuyo  objetivo  era dominar el sector, entrando  incluso  en conflicto entre ellas mismas, imponiendo el miedo y la zozobra entre  los habitantes del barrio.   

“Estas bandas se dedicaron durante varios  años   a  extorsionar  a  los  transportadores  del  sector,  cobrándoles  una  ´vacuna´   quincenal  por  vehículo:  bus  o  colectivo  y  obligando  a  los  conductores  a  lavar  los  automotores  en un lugar que ellos habían destinado  para  ello,  atemorizando  a  los  transportadores,  quienes  se  veían  en  la  obligación  de  pagar  las sumas solicitadas por estos individuos y a lavar sus  vehículos  diariamente  en  el lugar señalado, quienes acudieron también a la  intimidación  ocasionándoles  daños  en  los vehículos e incluso la muerte a  algunos  de  ellos.   Además  ambas  bandas  solicitaban  el  pago  de  la  extorsión  y  exigían a los transportadores que no pagaran a la otra banda, lo  que   ocasionó   mayor   temor   entre  éstos.   Por  tales  razones  los  transportistas,  cansados con la ocurrencia de estos hechos y observando que por  parte  de  estas personas no existía el más mínimo respeto por la vida ni por  los  bienes  de  los  demás, recurrieron a las autoridades informando sobre las  ilícitas  conductas,  señalando además los nombres y lugares de ubicación de  los   integrantes   de   las   bandas,   pues   se   trataba   de  personas  del  barrio”.   

ACTUCIÓN    PROCESAL   

Por    los    anteriores   hechos,      un      Fiscal      Especializado      de   Medellín,   el   12  de   septiembre   de  2001,   calificó  el  mérito  de  sumario  así:   

a)   Profirió  resolución   de   acusación   contra   Andrés  Hoyos  Ríos,   Wilson   Ferney    Rúa   Ramírez,   Wilmar   Alberto   Flórez    Taborda    y   Ossier  Alexander   Álvarez   Marín     por    el    delito    de    concierto   para     delinquir     para   cometer    delitos    de   extorsión.   

b) De igual manera acusó a Andrés Humberto  Hoyos  Ríos y Wilson Ferney Rúa Ramírez por los delitos de homicidio agravado  y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

c) También acusó a Wilmar Alberto Flórez  Taborda por la conducta punible de extorsión.   

d) Y precluyó la investigación a favor de  Willian de Jesús Ballesteros Blandón.   

La  anterior  decisión,  por  virtud de la  apelación  interpuesta  por  uno  de  los  defensores  de  los  procesados, fue  confirmada  por  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Medellín,  según   resolución   del   4   de   diciembre   de  2001.   

2.   El  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Medellín, el 29 de abril de 2003, dictó sentencia  de  primera  instancia  en la que condenó, entre otros a Andrés Humberto Hoyos  Ríos  y  Wilson  Ferney  Rúa Ramírez a las penas principales de 28 años y 10  meses  de  prisión  y  multa  equivalente  a  2000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  como  coautores  de los delitos de concierto para delinquir  con  fines  de  extorsionar, homicidio agravado y porte ilegal de armas de fuego  de defensa personal.   

Apelado el fallo por la defensora de Wilson  Ferney  Rúa  Ramírez  y  Andrés Humberto Hoyos Ríos, el Tribunal Superior de  Medellín el 22 de agosto de 2003, lo confirmó.   

L A S      D E M A  N D A S   D E   C A S A C I Ó N   

Como  quiera  que las demandas de casación  presentadas  a  nombre  de  Wilson Ferney Rúa Ramírez y Andrés Humberto Hoyos  Ríos  guardan  unidad  temática e igual argumentación, la Corte hará un solo  resumen de los libelos.   

La  defensora de los citados procesados con  base  en  la  causal  primera  de  casación,  presenta  dos  cargos  contra  la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Cargo primero  

Bajo  el  amparo  de  la  causal primera de  casación  consagrada  en  el  numeral  1º  del  artículo  207  del Código de  Procedimiento  Penal,  acusa al juzgador de segunda instancia de violar en forma  indirecta  la  ley  sustancial al incurrir en error de hecho por falso juicio de  identidad,  “toda  vez  que  en  la  argumentación  interpretativa  de  la  prueba,  tanto  el  fallador  de primera como de segunda  instancia  incurrieron  en  agregados, mutilaciones, distorsiones y adiciones en  el  ejercicio de asignar el mérito persuasivo del aspecto objetivo fáctico del  medio de prueba”.   

Aduce  la  casacionista  que el juzgador de  primera  instancia  efectuó  una  valoración  errada  de la prueba testimonial  recaudada  en  el  diligenciamiento, toda vez que argumentó en su decisión que  “´en  razón  a  que  algunos  transportadores  se  opusieron  a  la  exacción,  la primera agremiación criminal, (se refiere a la  del  Vergel,  Quinta  Lindas o el Solar), decidió asesinar a uno de ellos, como  forma de escarmiento y presión´”.   

Al respecto, transcribe, en primer término,  apartes  de los testimonios rendidos por los testigos de cargo, es decir, Yeremy  Moncada  Alexis,  autor  material  del ilícito y del menor Jameson Alexis Rojas  Maldonado,  encargado  de recoger el revólver con que se cometió el homicidio,  resaltando  que  el  sentido  de  lo  depuesto  por  este  último fue objeto de  suposición en la parte motiva de la sentencia del a quo.   

En estas condiciones, asevera la recurrente  que  el  juzgador  de primera instancia incurre en el yerro planteado al esbozar  en  su  decisión  que Rojas Maldonado efectivamente se encontraba en el lugar y  en  el momento en que se ejecutó el mandato criminal endilgado a su poderdante,  cuando    en   realidad,   el   citado   testigo   manifestó,   “no  conocer  con anterioridad a Yeremy, que lo conoció el día que  mató al conductor, no sabe porque lo mató”.   

De  igual forma, resalta que Yeremy Moncada  Alexis,  autor  material  del  delito objeto de debate, aseveró que  “´el menor Jameson no sabía para que era el arma porque ellos  no  le habían dicho, cuando me entregaron el arma ya estaba hablado todo (…),  a  Jameson  solo  le  dijeron  que  me  esperara  a mí para que le entregara el  revólver´”.   

En  atención  a  lo  anterior,  colige  la  casacionista  que la providencia judicial incrementó materialmente el contenido  del  testimonio  rendido por el menor Jameson Alexis Rojas Maldonado, puesto que  éste   tan  solo  fue  un  testigo  “de  oídas”  y  su  dicho en ningún momento constituye respaldo a  la  versión  del  homicida,  sino que se limita a declarar lo que supuestamente  “le  comentó  el  confeso  Yeremy  Alexis  Moncada  Vanegas”.   

Así  mismo,  acota  que  los juzgadores de  instancia  omitieron  la  confrontación  de  ambas pruebas testimoniales, en lo  relativo   a   las   contradicciones   que,   considera,   existen   entre   los  deponentes.   

En  estas  condiciones,  concluye  que  la  tergiversación  del  medio  de  prueba  analizado  genera,  en consecuencia, la  creación  de  un  nexo  causal  indestructible  entre  el  autor  material y el  supuesto  determinador  de  la conducta, originándose así, el fallo de condena  en contra de su defendido.   

Por otro lado, resalta la recurrente que el  mérito   persuasivo  asignado  a  los  testimonios  referidos  deviene  de  las  adiciones  y exageraciones del contenido objetivo de la prueba, lo que llevó al  sentenciador   a   concluir   que  la  génesis  del  homicidio  la  constituyó  “la  guerra  sin  cuartel  que libraba a banda ´El  Vergel´  o  ´Quinta  Linda´  en contra de los transportadores y por la guerra  fraticida   entre   bandas”,  mutilándose,  en  su  criterio,   el   sentido  de  los  medios  de  convicción  cuando  prevén  una  interpretación contraria.   

Cargo segundo  

Acusa  al  Tribunal  de  violar  en  forma  indirecta  la  ley  sustancial al incurrir en error de hecho por falso juicio de  existencia.   

Acota  la  libelista que los testimonios de  José  Robinson  Saldarriaga  Ochoa,  Elkin  Rivera Pérez, Nohora Elena Aguirre  Buitrago,  Uber  Antonio  Quintero  Gutiérrez, Luz Elena Vanegas Vélez, Oliver  Antonio  Berrío  Pérez  y  Jhony  de  Jesús Cifuentes Hernández, no obstante  obrar  en  el expediente, su valoración fue omitida por parte de los juzgadores  de instancia.   

De esta forma, señala que de haberse tenido  en  cuenta  el  análisis de dichas pruebas, “con un  margen  alto  de probabilidad” se hubiera arribado a  una  conclusión  diferente, posiblemente, a una decisión similar a la adoptada  en  su oportunidad por el Representante del Ministerio Público cuando solicitó  se  decretase  la  resolución de preclusión de instrucción a favor del señor  Severino  Acevedo (persona vinculada al presente proceso), al considerar que las  declaraciones  del menor Jameson Alexis Rojas Maldonado resultan contradictorias  con la versión del confeso homicida.   

Por  último,  señala como normas violadas  por  la  actuación  judicial  los  artículos  29  y  228  de  la Constitución  Política;  los  artículos  1°,  2°,  6°,  13,  del  Código  Penal;  y  los  artículos  232,  233,  234,  237,  238  y  277  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

En  estas  condiciones, solicita a la Corte  casar  la  sentencia  impugnada y, en su lugar, dictar fallo absolutorio a favor  de su mandante.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Como lo ha dicho la jurisprudencia de la  Corte,  cuando  la censura se postula bajo los lineamientos de la causal primera  de  casación  por  error  de  hecho por falso juicio de identidad la discusión  está  referida  a cuestionar la apreciación probatoria en torno a su contenido  objetivo,  puesto  que  el  juzgados la tergiversó, la distorsionó o le dio un  alcance que no se deriva de su contenido literal.   

De ahí que se erija en  una  carga  para  el censor señalar sobre qué medios de pruebas se cometió el  yerro  aludido,  en  qué consistieron las distorsiones en el contenido material  de  la  prueba  al  punto  que  condujo  al  sentenciador  a declarar una verdad  distinta  de  la que revela su contenido y cómo de no haberse cometido el fallo  habría  sido  distinto  al que concluyó el sentenciador, error que lo llevó a  transgredir  una norma de derecho sustancial por aplicación indebida o falta de  aplicación.   

Del mismo modo, cuando la censura se postula  por  la  violación  indirecta de la ley sustancial por error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  corresponde  al  casacionista  identificar cuál fue el  medio  de  convicción  omitido  o  supuesto,  según  el  caso,  en  el acto de  apreciación  de  las pruebas y cómo dicha falencia influyó de modo mayúsculo  en  la  parte  resolutiva del fallo atacado al punto que se aplicó una norma no  llamada   a   solucionar   el  conflicto  o  se  excluyó  un  precepto  que  lo  gobernaba.   

Tales presupuestos no son un capricho de la  Corte,  sino  que  la misma ley contempla que en la demanda de casación se debe  enunciar  la  causal  “y la formulación del cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante  estime  infringidas”,  de acuerdo con lo  previsto en el artículo 212, numeral 3°, de la Ley 600 de 2000.   

Así mismo, recuérdese que el artículo 216  de  la misma normatividad contempla el principio de limitación, según el cual,  entre   otras,   la  Corte  no  pude  entrar  a  complementar  al  libelista  ni  desentrañar  el  verdadero contenido de la censura, máxime cuando la casación  es  un recurso extraordinario  y  rogado,  cuyo  fallo   llega    a    esta    sede    amparado    por   la  doble   presunción   de   acierto  y  legalidad,   esto   es,  que  los  hechos  y las  pruebas   fueron    correctamente   apreciadas   y   el   derecho  estrictamente   discernido,   correspondiéndole   al  censor  desvirtuar  dicha  presunción.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Corte,  se advierte que las demandas carecen de la debida claridad y precisión.  Veamos.   

Respecto  del primer cargo que postula bajo  lo  senderos del error de hecho por falso juicio de identidad, la censora en vez  de  señalar cuáles fueron los medios de prueba presuntamente tergiversados, en  qué  consistieron dichas distorsiones y su trascendencia en la parte conclusiva  del  fallo,  argumenta  que  el  sentenciador  apreció  erradamente  la  prueba  testimonial.   Acota  igualmente  que  el  juzgador  se  equivocó  al  dar  por  establecido  que  Rojas  Maldonado  se  encontraba  en  el  lugar  del acontecer  fáctico, cuando éste había afirmado no conocer a Yeremy.   

Del  mismo  modo,  expone  que  el juzgador  “incrementó”  materialmente  el  contenido  del testimonio Jameson Rojas Maldonado, pues éste  ostenta  el  calificativo  de  testigo de oídas. Así mismo, manifiesta que los  sentenciadores  omitieron  señalar  las  contradicciones  que  hay  en  los dos  testimonios…  Finaliza  diciendo  que  el  mérito  persuasivo  dado  a dichas  versiones tuvieron como génesis las distorsiones a que alude.   

En  otras  palabras,  de  tales  argumentos  infiere  la  Corte  que  la  inconformidad  de  la  actora  está en el grado de  persuasión  que  los  juzgadores  otorgaron  a los citados testimonios y de los  cuales  dedujo  la  tipicidad  de las conductas punibles y la responsabilidad de  los procesados.   

Como lo ha señalado la jurisprudencia de la  Sala,  la  simple  disparidad de criterios en torno al mérito dado a los medios  de  convicción  no  constituye  yerro  demandable  en  casación,  salvo que se  advierta  la  violación  de los principios que sustentan la sana crítica, cuya  transgresión  se  debe  postular  a  través  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio, evento que aquí no sucedió.   

En  cuanto  al  segundo cargo, que sustenta  bajo  el  título  de  error de hecho por falso juicio de existencia, si bien la  casacionista  señaló  cuáles fueron los testimonios presuntamente omitidos en  el  acto  de  la  valoración  probatoria,  también  lo  es que no demostró la  trascendencia  de  dicha  omisión en las conclusiones del fallo impugnado, para  lo  cual  se debía tener en cuenta igualmente las demás probanzas sustento del  juicio de responsabilidad.   

En  efecto, la fundamentación del cargo en  este  evento  se  quedó  en  el campo de la especulación, puesto que como ella  misma  lo  destaca  de  haber  sido  valorados  los  citados testimonios por los  juzgadores  de instancia, habría “un margen alto de  probabilidad   “   que   hubieran  llegado  a  una  conclusión distinta a la plasmada en la sentencia recurrida.   

En síntesis, la actora no logra evidenciar  la trascendencia del error en la actividad probatoria invocado.   

Tampoco    señaló    el   sentido   de   la   infracción  de  la  ley   sustancial,    es   decir,    falta   de   aplicación   o    aplicación   indebida,   ni   las   razones   por   la cuales  estimaba  como  infringidos  los   artículos   1°,   2°,  6°,  13  del Código Penal y  232, 233, 234, 237, 238 y 277 del Código de Procedimiento Penal.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa,  por cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   las  demandas  de  casación  presentadas por la defensora de  ANDRÉS  HUMBERTO  HOYOS  y WILSON   FERNEY   RÚA   RAMÍREZ.   En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA          JAVIER   ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *