22418(08-07-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22418  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                     Magistrado  Ponente   

                              

                                                     Dr. ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                               

                                                     Aprobado Acta No. 59   

Bogotá,  D.C.,  ocho (8) de julio de dos mil  cuatro (2.004).   

VISTOS:  

Decide la Sala sobre la legalidad formal de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de RUPERTO ENRIQUE CASSIANI  ORTIZ,  contra  la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de Cartagena el  30  de  septiembre  de  2.003, confirmatoria en su integridad de la decisión de  primera  instancia  emitida  por  el  Juzgado  Quinto  Penal del Circuito de esa  ciudad  el  15  de  febrero de 2.002, por medio de la cual lo condenó a la pena  principal  de  siete  años  de  prisión  como  responsable  de  los delitos de  peculado    por    apropiación    y    falsedad    ideológica   en   documento  público.   

LA DEMANDA:  

Bajo  el  título  “Razones  generales  de  inconformidad”,  expone el actor los que considera configuran “errores” de  la sentencia impugnada.   

A  manera  de primer  cargo,  aduce el actor la vía directa de violación a  la  ley  sustancial, dado que los juzgadores admitieron la existencia de la duda  y  sin  embargo  emitieron  sentencia condenatoria. Extrae, a propósito algunas  extractos  de  la  decisión del Tribunal, para colegir de ellos que no estaría  demostrado  el  valor  total  de  lo  apropiado, como tampoco cuáles fueron los  documentos  falsificados,  pese  a  condenársele  por  un  faltante de cuarenta  millones de pesos.   

Con  base  en  lo anterior, recuerda cómo el  artículo  7  del  C. de P.P., dispone “que el sindicado se presume inocente y  que  toda duda deberá ser resuelta a su favor. Igual el art. 232 dispone que no  podrá  dictarse  sentencia  de  condena  si  no existe prueba que conduzca a la  certeza  del  hecho  punible. Normas que de aplicarse teniendo en consideración  las  admisiones  u  deficiencias  probatorias ya expuestas, habrían impedido la  sentencia de condena por el delito de PECULADO POR APROPIACIÓN”.   

Como   segundo  cargo,   acusa   violación   indirecta   de  la  ley  sustancial,  derivado  de  error  de hecho por falso juicio de identidad, “por  incorrecta apreciación del material probatorio”.   

Aduce el actor que la principal prueba en este  caso  ha  de  ser  la  técnica-contable,  en  relación  con la cual asegura no  existir   una   sola   afirmación   que   acredite  con  certeza  que  existió  apropiación,  pues  solamente  se  habla  en  diversos  momentos  de  presuntos  faltantes,   sin   que   se   puedan   equiparar  a  “probables”  faltantes.   

En  todo  caso,  aun  cuando  existieran  los  referidos   faltantes  no  es  posible  tomarlos  como  “dinero  apropiado”,  excluyéndose  de tal forma el delito de peculado que se imputa y sin que con el  testimonio  de la funcionaria de Telecom Nany Polo Guerrero logre precisarse que  las sumas a que alude su informe sean valores apropiados.   

En  general, para el censor, no basta con que  se  confesara  la presencia de algunos faltantes por razones de hurtos, para que  se  afirme  que  existe  certeza  en  cuanto  a  la  dimensión  de que habla la  acusación,  en  concreto  no existe prueba para el actor que soporte la certeza  para   emitir   una   condena,   imponiéndose   de  este  modo  la  absolución  deprecada.   

El    tercer  reproche  dice encaminarse por la vía directa y acusa  falta   de   aplicación   del  artículo  31  del  Código  Penal  vigente,  en  concordancia  con  el  art.  26  del  anterior  Estatuto,  bajo  un  criterio de  favorabilidad  de  orden  constitucional,  como  que  en su lugar aplicó “por  equivocada    interpretación    el    parágrafo    de    la    primera   norma  citada”.   

Visto  para  el  actor  que  a su asistido en  concreto  solamente  se  le atribuyó la existencia de dos faltantes, de acuerdo  con  el  criterio  del Tribunal se estaría frente a un concurso aparente que se  resuelve por la unidad del delito continuado.   

Según  el  censor,  se  equivocó  tanto  la  fiscalía  como  los sentenciadores al aplicar indebidamente la norma del delito  continuado   e inaplicar la norma alusiva al concurso homogéneo y sucesivo  correspondiente  al  Código  Penal  de  1.980.  Para  el libelista resulta más  favorable  la  presencia  de diversos delitos con penas mínimas, como sucede en  el  concurso,  que las de un solo delito de mayor entidad y por tanto sancionado  más drásticamente.   

En  su  concepto, con el método propuesto la  pena  nunca  llegaría  a los 7 años que fue en concreto lo que se impusiera al  procesado,  máxime  cuando “no fue investigado cada hecho” por parte de los  juzgadores  y  sin  que  pueda haber lugar a considerar que el delito continuado  responda  al  propósito de agilizar la investigación, o de llenar los espacios  vacíos de ella en lugar de primar la certeza.   

Se  dejó  pues  de aplicar la norma sobre el  concurso  real  y  el artículo 29 sobre el precepto preexistente al acto que se  imputa y la favorabilidad.   

Solicita  el petente se absuelva al procesado  por  duda,  acorde  con  los  dos  primeros  reproches  y se reduzca la sanción  punitiva  a  sus  justas  proporciones  en  tanto se “trataría de un concurso  homegéneo  sucesivo  de  pequeñas  apropiaciones (las que no fueron probadas),  evitándose  el  artificio de una unidad delictiva montada por la fiscalía para  evadir las exigencias de la prueba específica”.   

CONSIDERACIONES:  

Múltiples deficiencias en la presentación de  los  tres  cargos que el defensor del procesado CASSIANI RODRÍGUEZ ha propuesto  contra   la   sentencia,   conducen   en   forma   inexorable   a  su  necesaria  inadmisión.   

1.    En    efecto,    el    primero  de  los  reparos  que  se intenta  contra  el  fallo,  se  supone anclado en la primera causal de casación y acusa  vulneración  directa  de  la  ley  sustancial  sobre  la  base  de  haber  sido  reconocida    en    la   sentencia   la   duda   que   debería   favorecer   al  procesado.   

2.  Pero este enunciado del ataque se edifica  bajo el supuesto de   

no   obrar   en  el  expediente  la  prueba  demostrativa  de  los  delitos  de  peculado  y  falsedad incriminados, que así  habría  reconocido  el fallo, aun cuando entiende que en dicha decisión pese a  no  estar  demostrada  ”con  suficiencia  y  certeza  la  apropiación”,  se  culminó  asimilando  a  aquél  “los valores dados por las modificaciones sin  soporte  alguno”,  determinándose  el  monto  de  lo  apropiado  en  cuarenta  millones de pesos.   

3.  Desde  luego,  no  es  a  través  de los  fragmentos  de  la  sentencia  estratégicamente  escogidos  por el actor que se  puede  llegar  a  la demostración de un reproche que persigue se admita que los  juzgadores   reconocieron   la   duda   y   sin   embargo   emitieron  un  fallo  condenatorio.   

4.  Es  muy  evidente  que al procesado se le  acusó  y  la  sentencia  lo  condenó,  como  lo reseña el demandante, por los  referidos  delitos,  toda  vez  que  se  apoderó  de  recaudos  de tesorería y  facturación  de  la  oficina  de Telecom en Calamar en un monto algo superior a  cuarenta  millones  de  pesos,  elaborando  para  ello  planillas  y formularios  paralelos.   

Este  es  el  contenido del fallo, sin que en  momento  alguno  el  actor logre demostrar con las breves reseñas del mismo que  emplea,  que  se  hubiera  reconocido duda alguna en relación con los elementos  típicos  de los punibles que se le atribuyeron, como ha querido insinuarlo, sin  la expresión clara y concreta de argumentos para ello.   

La  duda,  cuyo  reconocimiento  en  el fallo  tendría   la  oportunidad  de  acusarse  como  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  debe  emerger con inequívoca claridad del contenido del fallo y no  de  la  interpretación  que  con  un criterio de conveniencia haga del mismo el  demandante.   

5.        La        segunda de las tachas acusa error de hecho  por falso juicio de identidad.   

En  sustento  de  la  misma,  toma múltiples  fragmentos  de  la  prueba  pericial  en  la  que se afirma en relación con los  diversos  rubros  la  presencia  de “presuntos faltantes”, bajo el entendido  que  de  dicha  constatación no podía el fallador concluir en la certeza sobre  los    mismos,   por   no   existir   una   sola   afirmación   que   así   lo  acredite.   

6. Se trata, en estricto sentido, desde luego,  de  un  problema relacionado con el mérito que el juzgador le hubo de otorgar a  la  citada  prueba,  esto  es,  con el grado de convicción que en el juicio del  juez  tuvo  esa  prueba,  como  igual sucede con la cita que hace del testimonio  rendido por Nancy Polo Guerrero.   

7. En todo caso, en una mínima referencia al  resto  del  material  probatorio,  cuestiona  también  el  demandante  que  esa  comprobación  se  hubiera  podido  extraer  de  la  confesión  del  procesado,  referida  a  una  pocas ocasiones en que reconoció se habrían producidos robos  en   la   entidad,   o   con   lo   expresado  por  el  coprocesado  Jorge  Luis  Cabarcas.   

8. Hace elocuente el actor, no la presencia de  un  falso  juicio  de  identidad,  en  el  entendido  que  este  consiste  en la  modificación  del  contenido  objetivo de la prueba, sino de su valoración, en  un  aspecto  que por escapar al supuesto de ataque intentado deviene desde luego  inadmisible.   

9. Las deficiencias en orden a la técnica que  en  materia  de  la  formulación  de  un  reproche  son exigibles en casación,  también    se    hacen   ostensibles   en   relación   con   el   tercer  cargo, en la medida en que a pesar  de  postularse  por  la  vía  directa,  resulta  impreciso  en  el  sentido del  quebranto  acusado,  en  el  objeto perseguido con su aducción y en sus propios  fundamentos.   

10. Comienza por postular falta de aplicación  del  artículo 31 del Código Penal de 2.000, no obstante que precisamente adujo  como  motivo  de  la  acusación el hecho de haberse adoptado en la sentencia la  figura  del  delito  continuado  descrito  en  la  nueva  normatividad, haciendo  incomprensible  el  sentido  del  quebranto  al  sostener enseguida precisamente  aplicación  por  equivocada interpretación del parágrafo del citado artículo  31.   

11.  A semejante falencia, de suyo suficiente  para  hacer  incomprensible  el final sentido del quebranto atacado, prosigue la  afirmación  de  un  pretendido  criterio de favorabilidad en la aplicación del  Código  Penal  vigente  para  la  época  de  los hechos, que no concreta en el  resultado  final  benéfico  que  el  sostenido  concurso  de hechos punibles le  habría  reportado  al  procesado  en  lugar  de  valorar  el  hecho como delito  continuado.   

12. No se ocupa en modo alguno el casacionista  de  clarificar las razones por las cuales el valorar los hechos como un concurso  de  delitos  y  no  como  una  sola  conducta  integrada  por  diversos actos de  apropiación,   le   reportaría  desde  el  punto  de  vista  punitivo  efectos  favorables al procesado CASSIANI ORTIZ.   

13.  A este respecto, basta con recordar que,  según  las  transcripciones  que el propio actor emplea, que en la sentencia se  partió  de  la  pena  mínima  base  de  cuatro  (4)  años,  la  cual  hubo de  corresponder  al  único  delito  de  peculado  por  el  que  se  le condenó al  procesado,  toda  vez  que  los tres (3) años restantes lo fueron en virtud del  delito concurrente pero de falsedad documental.   

En condiciones semejantes, no es comprensible  la  genérica afirmación de acuerdo con la cual resultaría más benéfico para  el  enjuiciado que las múltiples apropiaciones constitutivas de peculado fueran  valoradas  como  un  concurso delictivo y no como se hizo, como un único reato,  por  la  sencilla  razón  de  que,  según  lo visto, se partió de la sanción  mínima  prevista  en  la  ley,  mientras  que el incremento en “otro tanto”  señalado  para el concurso, muy al contrario de lo abstractamente expresado por  el   censor,  impondría  por  tal  causa  una  sanción  superior,  además  de  consiguiente  aumento  que  a su vez podría resultar por los punibles contra la  fe pública.   

Desde  esta perspectiva, surge ostensible que  el  demandante  carecería  de  interés,  además, para la proposición de este  reproche, otro motivo para su necesaria desestimación.   

La demanda, en condiciones tan deficientes, ha  de ser inadmitida.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

INADMITIR  la demanda de casación presentada  por el defensor del procesado RUPERTO ENRIQUE CASSIANI ORTIZ.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ           ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO           ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           

MARINA         PULIDO        DE  BARÓN               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

No hay firma  

YESID            RAMÍREZ  BASTIDAS                         MAURO SOLARTE PORTILLA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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