21701(01-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21701  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°   074  

         

Bogotá,  D.  C.,   primero  (1°)  de  septiembre de dos mil cuatro (2004).   

V   I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de revisión presentada por el apoderado de OMAR  FELIPE  ARANGO  MEDINA  contra  la  sentencia  proferida,  el  22  de  mayo  de  2002,  por  el Tribunal Superior de  Medellín,  en  la  que al confirmar la del Juzgado Quinto Penal del Circuito de  la  misma ciudad, fechada el 28 de Septiembre de 2001dicho año, lo condenó por  el delito de homicidio.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“En la hora de  las  once  de la noche del nueve (9) de septiembre de 2000, en vía pública del  casco  urbano  del  municipio de San Pedro de los Milagros (Ant.), el hoy occiso  ORLANDO  DE JESÚS ZAPATA JARAMILLO, recibió repetidas puñaladas en diferentes  partes  de  su cuerpo, concretamente en la zona torácica, las que le produjeron  su muerte minutos después.   

“El   autor  material  del  homicidio es el procesado de estas diligencias:  OMAR FELIPE  ARANGO MEDINA”.   

L  A      D  E  M A N D  A   

Luego  de  relatar  los  hechos  que fueron  materia   de   juzgamiento  y  de  precisar  unas  actuaciones  surtidas  en  el  diligenciamiento  que  se  adelantó  en contra de su representado, el libelista  asevera  que  los  testimonios  de  la  joven hija de la víctima, Lizeth Johana  Zapata,  y  de José Gildardo Ramírez González, empleado del occiso, fueron el  sustento  tanto de la acusación como de la sentencia condenatoria, toda vez que  derivó  en el fundamento “para demostrar la certeza  de la responsabilidad procesal”.   

Aduce  que  las  siguientes  declaraciones  también tuvieron mucha importancia:   

“JORGE  JHON  ZAPATA  JARAMILLO  hermano del ajusticiado; quien, como él mismo lo reconoce no  presenció  los hechos, pero aún así su versión equivocada tuvo relevancia en  la investigación y fallo.   

“JOSE GILDARDO  RAMIREZ   quien  para  la  fiscalía  y el juez, fue el testigo que aportó  todos  los datos de los hechos que luego fueron convertidos en prueba…; brinda  del   implicado   características   morfológicas   del   posible  responsable,  totalmente equivocadas…”.   

Así mismo critica los testimonios de Lizeth  Jhoana  Zapata,  hija  del  occiso y Alexander de Jesús Londoño, administrador  del  establecimiento  donde  ocurrieron  los hechos, medios de prueba que, en su  criterio,  no  ofrecían  la certeza para condenar a su poderdante, toda vez que  fueron contradictorios e imprecisos.   

Afirma   que   “se   equivocaron   en  la  investigación,   al   no   investigar   de  igual   manera,  tanto   lo   favorable   como   lo  desfavorable,  porque   se  ignoraron los testimonios de SANDRA MILENA, YUDY MILENA ARANGO MEDINA, JAIME  ARLEY    PÉREZ   y   MARIO   PATIÑO”,   versiones  que  demostraban  que  al  momento  de  ocurrir  de  los hechos, el hoy condenado no se encontraba en dicho  lugar, pues se hallaba en la finca de sus padres.   

Considera que los testigos dieron distintos  datos  sobre  la filiación del sindicado e “incluso  reconocen  a  persona diferente a la dada en la descripción física”,  destacando un defecto en la vista del reconocido, aspecto que  fue descartado por el juez en la audiencia pública.   

Después  de  relatar  nuevamente  algunas  actuaciones    procesales,   invoca    como    causal    de   revisión   la   descrita   en  el numeral 3° del artículo  220  del  Código  de Procedimiento Penal, agregando que la acción de revisión  “es  una  instancia  que  otorga el debido proceso,  para  los casos que no hayan tenido una solución, cuando hayan existido pruebas  no conocidas al tiempo de los debates”.   

Por último, a la demanda allegó fotocopias  de  los fallos de primera y segunda instancia y el respectivo poder. Así mismo,  adjuntó  las  declaraciones  extrajuicio de Sandra Elena Arango Medina, hermana  del  sentenciado,  y  de  su compañero permanente, Jaime Arley Pérez Londoño,  afirmando  que  estos medios de convicción no fueron conocidos al tiempo de los  debates.  Igualmente,  solicitó se recibieran los testimonios de José Gildardo  Ramírez González y de Alexander de Jesús Londoño.   

     

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.   De  conformidad con lo previsto en los artículos 220  y  222  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  la acción de revisión procede  contra  las sentencias que hayan hecho tránsito a cosa juzgada, para lo cual se  consagran  las  respectivas causales. Así mismo, se impone para el libelista el  cumplimiento  de  los  presupuestos  de forma y de contenido allí relacionados,  por  lo que el escrito mediante el cual se pretende la remoción del fallo no es  de   libre   formulación,   exigencias   que   de   no  ser  acatadas  conlleva  ineludiblemente a la inadmisión de la demanda.   

Por   ello,   entre   los   requisitos   formales   que   impone  el  último   inciso   del   citado   artículo  222,  se  establece que con el  escrito  se  debe  acompañar  copia  o  fotocopia  de la decisión de primera y  segunda    instancias    y   constancia   de   su   ejecutoria,   omisión   que  no es  posible  que   la    Corte    pueda    enmendarla,    dado    el   carácter rogado de la acción.   

En  este  caso  y en cuanto a dicho aspecto  formal,  el  actor  se  limitó  a  allegar copia de las sentencias de primera y  segunda  instancia,  olvidando  aportar  la constancia de su ejecutoria, defecto  que,  de  acuerdo  con  lo  que  preceptúa  el  artículo  223 ibidem, conlleva  necesariamente       a      la      inadmisión      del      libelo.   

2.   Al margen de lo anterior, una vez  más  debe  reiterar  la Corte que cuando la acción de revisión  se funda  en  la  causal  tercera, es decir, la aparición de hechos o pruebas respecto de  la  cuales  el  sentenciador no tuvo oportunidad de pronunciarse por no haberlas  conocido,   y  que  de  haberlo  hecho  habría  llevado  definitivamente  a  la  absolución  o  a  la declaración de  inimputabilidad del procesado frente  al  acontecer  fáctico  por  el  que  fue condenado, es deber del demandante no  sólo  relacionar   y   allegar   al  libelo  los   medios   de  convicción  en  que funda su pretensión, sino  también  demostrar que de haber sido oportunamente conocidas en el curso de los  debates  ordinarios  del  proceso,  la  solución  del  asunto  habría  sido la  absolución  o  la  declaración  de  inimputabilidad  del  sentenciado, dada la  contundencia demostrativa de tales pruebas.   

Además,   como   lo   ha   precisado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  no corresponde a la naturaleza y alcance de dicha  causal  la  pretensión  por  allegar  cualquier medio de prueba, sino aquel que  apunta  “a  establecer la inocencia del procesado o  su  inimputabilidad,  pues  la revisión, en cuanto a esta causal se refiere, no  ha  sido  instituida  para  dar lugar a la continuación del juicio que culminó  con  la  providencia  que  hizo  tránsito  a  cosa juzgada, o revivir el debate  jurídico-probatorio  que  se  llevó  a  cabo en el fenecido proceso, sino para  postular,  con  base  en  la  prueba  ex  novo,  un  cuestionamiento  serio a la  declaración  de  justicia  que  puso  fin  a  la controversia procesal mediante  decisión definitiva e inmutable.   

“Por esa razón,  como  presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio de la revisión,  cuando  de  la  causal tercera se trata, establece la ley la obligación para el  accionante     de     relacionar    ‘las  pruebas  que  se aportan para demostrar los hechos básicos de  la  petición’, esto es,  allegarlas  con  la  demanda  y acreditar al tiempo que tienen la virtualidad de  modificar  el  sentido  del  fallo,  es  decir,  que  reúnen  los  dos extremos  mencionados  en  precedencia:  novedad  y trascendencia, pues de no cumplir esta  carga,  ha  de  entenderse  que  lo  pretendido  es  prolongar el debate de modo  inútil  e  impertinente como si el juicio no hubiera fenecido con la ejecutoria  de  la  decisión  cuya revisión se demanda, imponiéndose, en consecuencia, la  inadmisión       del      libelo”.1   

En  el  presente  asunto, se observa que el  demandante  no sólo desconoce  los  soportes  filosóficos   y   doctrinales   de   este  instituto, sino  que   ignora   que  el  proceso  ya  terminó  con   sentencia  ejecutoriada  que  ha  hecho  tránsito  a cosa juzgada y que, por lo  mismo,   no  se  trata  de  una  instancia   más   en   la   que   pueda   repetir  o  ampliar  los  debates jurídicos o fácticos  cumplidos  en el diligenciamiento,  o  poner  en  tela   de    juicio    la    legalidad    de   las  pruebas  o  reexaminar  los  medios  de  convicción  que  sirvieron  de  fundamento  a  una  decisión que tiene el carácter de definitiva e inmutable.   

En  consecuencia,  toda  la  argumentación  dirigida  a  cuestionar  la  valoración  que  en  su oportunidad realizaron los  sentenciadores  de  primera  y  segunda  instancia  de los testimonios de Lizeth  Johana  Zapata,  hija  del occiso, José Gildardo Ramírez González, Jorge Jhon  Zapata  Jaramillo,  Oscar  Daniel Álvarez Lopera y Alexander de Jesús Londoño  y,  por  lo  tanto,  pretender  que  se  admita que su defendido no es autor del  delito  de  homicidio  por  el  que  fue condenado, no sólo no compagina con la  causal  aducida,  sino que en el caso de haber existido el yerro de apreciación  probatoria  que  reclama,  sólo  habría  podido  ser enmendado al interior del  proceso   y   a   través   de  los  recursos  ordinarios  o  extraordinario  de  casación.    

Igualmente, de manera equivocada pretende el  actor  darle  a  las  declaraciones  extrajuicio  de Sandra Elena Arango Medina,  hermana  del  sentenciado, y de Jaime Arley Pérez Londoño, las que allegó, el  carácter  de pruebas nuevas que no tienen, pues es evidente que dichas personas  rindieron testimonio al interior del proceso.   

Es más, observa la Sala que, contrario a lo  afirmado  por  el libelista, dichas declaraciones sí  fueron valoradas por  el  sentenciador,  concluyendo  que no ofrecían serios motivos de credibilidad.  Al respecto, el Tribunal afirmó:   

“Así, entonces,  es  mentiras  que  el  procesado  haya  estado  en  lugar  diferente a la escena  delictiva,  perdiendo,  por  tanto, crédito los testimonios de los allegados al  procesado  que  lo  ponen para los trascendentales momentos de los hechos de que  trata  este  proceso,  en zona rural de dicho municipio en la finca de su padre,  cayendo  de  este  modo  en  contradicción los testimonios de Jaime Arley   Pérez   y   su   esposa   SANDRA  ARANGO  MEDINA,  hermana  del  procesado,  pues mientras esta aduce que se encontraba su hermano,  el  procesado,  en  una  finca,  aquél  lo  coloca  en  otro  lugar”.   

Por consiguiente, debe la Sala insistir que  no  es  a  costa  de  cuestionar  el  haz  probatorio sobre el cual se fundó la  sentencia  atacada  como se puede lograr quebrar su intangibilidad, cuando de lo  pretextado  como  prueba  nueva,  que  no lo es, no se evidencia el más mínimo  elemento que permita vislumbrar la inocencia alegada.   

En  consecuencia, como el escrito no cumple  con  las exigencias que la ley ha impuesto para su admisión como demanda formal  de  revisión,  de conformidad con el artículo 223 del Código de Procedimiento  Penal, se impone su inadmisión.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.  Reconocer al doctor Josué David Molina  V.  como  apoderado  del  condenado OMAR FELIPE ARANGO  MEDINA.   

2.   INADMITIR  la demanda de revisión contra el fallo proferido, el  22  de  mayo de 2002, por el Tribunal Superior de Medellín, mediante el cual se  condenó  a  OMAR  FELIPE  ARANGO  MEDINA,   por  el  delito de homicidio.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                  ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                       ÁLVARO ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

                           Comisión    de  servicio   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                            MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Revisión  19252  del  11  de  marzo  de  2003,  M.  P.  Dr.  Fernando  Arboleda  Ripoll.     

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