22338(20-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 22338  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado en acta N° 102  

Bogotá D.C., veinte (20) de junio de dos mil  siete (2007)   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  HAROLD         ENRIQUE         AVENDAÑO         MOLINA,   contra  la  sentencia  proferida  el  4  de  diciembre   de  2003 por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla,  que modificó la  dictada  por  el  Juzgado  4°  Penal  de Circuito de esa capital, en sentido de  condenarlo  a  la pena principal de 6 años 6 meses de prisión y a la accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de los derechos y funciones públicas por  igual  término  que  la  pena privativa de la libertad, como autor y penalmente  responsable del delito de homicidio preterintencional.   

HECHOS  

En  la  sentencia  de  instancia, se hizo la  siguiente síntesis:   

“En la madrugada  del  22  de julio de 2002, a las 4:00 horas, aproximadamente, en la calle 52 con  carrera   4C,   barrio  Las  Américas  de  esta  ciudad,  en  la  tienda  “La  Gustadera”,  donde  departían  varios  amigos  tomando  licor, se suscito una  discusión  y  posterior  pelea  entre HAROLD AVENDAÑO MOLINA y EDUARDO ESTRADA  GONZÁLEZ  quienes  después  de  intercambiar  varios golpes, el primero de los  nombrados,  le  propinó  al  segundo  una  puñalada (arma cortopunzante) en el  abdomen  parte  baja del lado izquierdo, por lo cual fue recluido en el Hospital  Universitario  de Barranquilla, donde falleció el 21 de julio de 2002, después  de haber sido reintervenido quirúrgicamente.”   

Por los hechos anteriormente narrados, el 11  de  febrero  de  2003 la Fiscalía General de la Nación a través del Fiscal 32  Delegado   ante  los  Juzgados  Penales  de  Circuito  de  Barranquilla,  dictó  resolución  de acusación en contra de HAROLD ENRIQUE  AVENDAÑO  MOLINA  como  probable  autor del delito de  homicidio simple.   

El   Juzgado  4°  Penal  de  Circuito  de  Barranquilla,  mediante  sentencia  de julio 15 de 2003, condenó a HAROLD  ENRIQUE AVENDAÑO MOLINA a la pena  de  13  años  de  prisión  como  autor  responsable  del  delito  de homicidio   

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla,  mediante  sentencia del 4 de diciembre de  2004,  al  decidir  el  recurso  de  apelación,  modificó  la sentencia en los  términos  señalados  precedentemente y contra dicha sentencia, el defensor del  procesado interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

El  defensor  del  procesado  HAROLD  ENRIQUE AVENDAÑO MOLINA presentó  demanda  de  casación,  en  la que, inicialmente, asegura que el fallo debatido  viola  la ley sustancial por infracción directa “en  el  concepto  de  aplicación indebida, debido a manifiestos errores de hecho en  la apreciación de las pruebas obrantes en el expediente.”   

Sostiene que no se encuentra acreditado en el  expediente  que  el  procesado  hubiera  ideado  o  planeado matar a la víctima  EDUARDO  ESTRADA GONZÁLEZ, pues, como se puede observar, después del accidente  HAROLD no intentó rematar a  su  vencido  amigo, por el contrario, se alejó del sitio con la anuencia de los  familiares  y  amigos  que  presenciaron  la  sangrienta  pelea cuerpo a cuerpo.   

Considera  que  en  el  presente  caso  se  configura  la  legítima defensa, pues la disputa a muerte con observadores y la  manera  de  actuar  cuerpo  a  cuerpo  es excluyente de responsabilidad. Agrega,  “que  no  hubo  delito  de homicidio, sino lesiones  personales  excluyente  de  responsabilidad  penal,  todo  lo  anterior  como se  demostró  en  la  etapa  del  juicio  que  no  existe  respaldo probatorio para  condenar.” Por consiguiente, señala que el Tribunal  dejó de aplicar el numeral 6° del artículo 32 del Código Penal.   

Puntualiza  que a lo anterior debe añadirse  que  la  víctima  era  de  mayor  corpulencia,  aspecto  que  demuestra  que el  procesado  actuó  por  la  necesidad  de  defender  un derecho propio contra la  injusta  agresión  provocada  por  la víctima. En resumen, el procesado jamás  pensó   intencionalmente   causar   daño,   que   genera   la   muerte   a  la  víctima.   

2.-  De  otra  parte,  enuncia  como segundo  cargo,  que  cuando se trate de sentencia condenatoria el juez no podrá agravar  la  pena,  en  ningún  caso,  salvo  que el fiscal, el Ministerio Público o la  parte  civil,  la  hubieren  recurrido.  Sostiene,  que  en el presente caso, la  sentencia  impugnada  no  tiene  en  cuenta  la  tasación  de  la pena impuesta  inicialmente,  pues  se  trata de una condena mínima y al sancionar la conducta  preterintencional se acoge a una sanción máxima.   

A  juicio  del  recurrente la pena mínima a  imponer  para  el delito de homicidio preterintencional corresponde a la tercera  parte,  es  decir,  4  años  y 3 meses. Agrega, que el criterio del Tribunal es  simplista  y  tuvo  por  objeto  eludir  la  evaluación  correspondiente a este  aspecto  de  la  sentencia, “en conclusión solicito  valor  (sic)  los  testimonios recepcionados en la etapa del juicio y cotejarlos  con  las actas de necropsia y levantamiento de cadáver, para alcanzar la verdad  de  la  causa  de la víctima y la correspondiente responsabilidad de su autor y  partícipes,  como  se  ha  demostrado  la  sentencia raya en desconocimiento de  estos  medios probatorios, para radicarse en una duda sospechosa de presunción,  en lo que se tiene como prueba o vínculo probatorio.”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Como lo ha reiterado la jurisprudencia de la  Sala  en  múltiples  ocasiones,  la posibilidad de que se admita una demanda de  casación,  se  afianza  en  el estricto cumplimiento de los requisitos formales  establecidos  en  el  artículo  212  del Código de Procedimiento Penal y de la  notoria  evidencia de la violación de los derechos fundamentales, por lo tanto,  es  necesario que la exposición de los cargos sea clara y señale con exactitud  los    errores   en   que   pudieron   haber   incurrido   los   juzgadores   de  instancia.   

La  demanda  que  sustente  el  recurso  de  casación  necesariamente  debe  caracterizarse por permitir colegir sin temor a  equivocaciones   los   errores  en  que  pudieron  incurrir  los  juzgadores  de  instancia.   Los   cargos   a   la  sentencia  acusada  deben  ser  de  objetiva  comprensión,  porque  así  lo  exige la naturaleza y alcance de las normas que  gobiernan el recurso extraordinario.   

1.-  Sin  embargo,  en  el caso que ocupa la  atención  de  la  Sala,  no  es  fácil  descifrar  el  verdadero alcance de la  impugnación,  pues  varios  reparos merece la censura, que desde su enunciado y  posterior   desarrollo   desconoce   los  lineamientos  jurídicos,  lógicos  y  argumentativos   que   imperan   en   casación,  que  la  hacen  de  inexorable  inadmisión.   

Inicialmente,  el  escrito,  libre  de  toda  formalidad,  invoca  la  causal  primera  de  casación, pero omite señalar con  claridad  y  exactitud  si conduce la demanda por la violación directa o por la  violación  indirecta  de la ley sustancial, aspectos que tampoco se infieren de  su precario ejercicio argumentativo.   

En  efecto,  es  preciso  recordar que si el  actor  pretende  el  ataque  con  base  en  la  violación  directa,  resulta de  exigencia   obvia   aceptar  en  su  integridad  los  hechos  que  declara  como  demostrados  el  fallo  impugnado,  para  que  a  partir  de  esa conformidad se  edifique  la  censura;  en  consecuencia, existe aquiescencia absoluta del actor  con  la  declaración  de  los hechos y la apreciación de las pruebas realizada  por  el  juzgador, toda vez que en la causal prevista en el cuerpo primero de la  causal  primera  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal, la  discusión  gira  en  torno  de  la  selección  de  la  norma  sustancial  o su  interpretación,  ya  sea  por  no  aplicarse  la  pertinente al caso o bien por  haberse  aplicado una que no le correspondía, ora por interpretar erróneamente  la  correctamente  seleccionada.  Es  evidente,  entonces,  que  los  anteriores  parámetros no fueron acatados por el censor.   

Ahora bien, si su intención era la de ubicar  la  discusión  en  torno a la violación indirecta de la ley sustancial, le era  forzoso  demostrar  un error manifiesto y señalar la trascendencia del mismo en  el  fallo y señalar que la infracción en la sentencia se originaba en un error  de  hecho  por  falso juicio de identidad o falso juicio de existencia ora falso  raciocinio  o,  a lo sumo, a un error de derecho por falso juicio de legalidad o  convicción.   

De  esta  manera,  la  censura, no solamente  incurre  en  los  defectos  aludidos,  sino  que, desborda el cauce normal de su  alegación  para  dedicarse  a  efectuar  apreciaciones personales, en ocasiones  distantes  a  la realidad procesal, en posición francamente inadmisible en sede  de casación.   

2.-  Así mismo, tampoco escapa a los yerros  de  lógica  y  de razón, el planteamiento que hace en torno a la dosificación  punitiva  efectuada  por  el Tribunal, al modificar la sentencia de primer grado  en  el  sentido  de  degradar el delito de homicidio simple a preterintencional,  pues  no  atina  a  presentar  el  cargo  en  debido  forma,  como tampoco de su  argumentación se desprende.   

No obstante lo anterior, no le asiste razón  en  su  protesta,  toda  vez  que,  el  Tribunal,  en  la  sentencia  de segunda  instancia,  observó los parámetros para la determinación de la pena, previsto  en  el numeral 5° del artículo 60, que señala “Si  la  pena se disminuye en dos proporciones, la mayor se aplicará al mínimo y la  menor   al  máximo  de  la  infracción  básica.”.  Obsérvese,  en  consecuencia,  que  el Tribunal disminuyó la mayor parte de la  proporción  al  mínimo establecido en el artículo 103 del Código Penal, esto  es,  a  13 años le redujo la mitad quedando una pena imponer de 6 años 6 meses  de  prisión;  por  consiguiente,  ningún yerro ofrece el ejercicio aritmético  del que discrepa el actor.   

Finalmente,  la  Sala  debe  recordar que la  casación   no  es  una  tercera  instancia,  donde  resulta  posible  entrar  a  controvertir  las  conclusiones fácticas o jurídicas del fallo impugnado, sino  que,  el  recurso  extraordinario  comporta  la  realización  de un juicio a su  legalidad   que  impone,  como  tal,  demostrar  que  la  decisión  contraviene  ostensiblemente  el  ordenamiento  jurídico,  no  se  trata, pues, de una nueva  oportunidad   para   debatir   los   hechos   o   discutir  las  pruebas  de  la  responsabilidad,  sino  donde  se  justiprecia  la juridicidad de las decisiones  adoptadas por los juzgadores de instancia.   

Adicionalmente,  de la revisión del proceso  no  se  observa la existencia de causales de nulidad o atentados sensibles a las  garantías   fundamentales   que  obligue  a  la  Sala  a  tomar  una  decisión  oficiosa.   

Por  las consideraciones antes señaladas se  inadmitirá   la   demanda  mediante  el  presente  pronunciamiento  que  no  es  susceptible de recurso alguno.   

Atendidas  las  razones  expuestas, la Corte  Suprema de Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda de casación presentada  a  nombre  del  procesado  HAROLD  ENRIQUE  AVENDAÑO  MOLINA,  por  las razones expuestas en la parte motiva  de esta providencia.   

2.-   Declarar   desierto   el   recurso  extraordinario   de   casación   y   devolver  el  expediente  al  Tribunal  de  origen.   

CÓPIESE, COMUNÍQUESE y  CÚMPLASE   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                                                    JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                             JAVIER ZAPATA ORTIZ    

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *