22325(18-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22325  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 048  

Bogotá D. C., dieciocho (18) de mayo de dos  mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Corte en sede de casación  respecto   de   la  eventual  trasgresión  de  una  garantía  fundamental  del  procesado HEBERTO LAUREANO DAZA GONZÁLEZ,  relacionada  con  el  quantum  de la pena accesoria que le fuera  impuesta  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de Valledupar, según  sentencia  condenatoria  fechada  el  2  de  octubre  de 2002, decisión que fue  confirmada,  el  6  de  noviembre de 2003, por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial de la misma ciudad.   

H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“Informan  las  constancias  procesales  que  Juan  Carlos Urbina Moreno, con 27 años de edad y  natural  de  Bogotá,  en  el  año de 1999 llevaba cuatro meses aproximadamente  residiendo  en  la  casa  de la señora Ena María Daza González, ubicada en la  carrera  15  N° 11-30, barrio San Joaquín de Valledupar, donde también vivía  Heberto    Laureano    Daza   González,  hermano de Ena María, con su cónyuge, inmueble que tenía tres  cuartos  internos  y  otros  externo  o  en  el  patio  y  cada  cual ocupaba su  respectiva  habitación,  pero,  más  o menos a las nueve de la noche del 31 de  octubre  de 1999, día de las brujas, Juan Carlos, al parecer, estaba solo en la  residencia  y  en  ese  instante  se presentó Heberto  Laureano  Daza,  comentan  algunos  que  en estado de  alicoramiento,  y su mujer, presentándose unos roces o incidentes entre éste y  el    amigo    de    la    familia   –Juan         Carlos–,  según  indican  algunos,  porque  éste  momentos  antes había  ingresado     a     la    habitación    de    Daza  González, ocasionando algunos daños en una cama, lo  que  no  le  gustó  a  Heberto  Laureano,  quien  tenía  varias  armas  de  fuego  en  su cuarto, como dos  escopetas,  un  rifle  y  un  revólver marca Llama Casidi, calibre 38 especial,  resultando  Juan  Carlos  Urbina Moreno herido con arma de fuego, con un impacto  de  proyectil  en  el  hemicuello izquierdo y por eso fue trasladado al Hospital  Rosario  Pumarejo de López de esta ciudad, donde falleció el 8 de noviembre de  ese mismo año, a causa de esa herida”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

1. Con base en el acta de levantamiento del  cadáver  y  en los medios de convicción allegados en la investigación previa,  la  Fiscalía  Novena de la Unidad de Reacción Inmediata de Valledupar, el 8 de  noviembre     de     1999,     profirió     resolución    de    apertura    de  instrucción.   

Practicadas  unas  pruebas y vinculado como  persona     ausente     Heberto    Laureano    Daza  González,  a  quien  se  le  designó un defensor de  oficio,  el  24  de  mayo  de  2000  se le resolvió la situación jurídica con  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva,  por  el  delito  de  homicidio.   

Allegados  varios medios de convicción, el  29  de  marzo  de  2001  se  clausuró  la  investigación y el 19 de septiembre  siguiente  se  calificó el mérito del sumario con resolución de acusación en  contra  de Heberto Laureano Daza González,   por  la  mencionada  conducta  punible,  decisión  que  cobró  ejecutoria el 10 de octubre del citado año.   

El expediente pasó al Juzgado Primero Penal  del  Circuito  de  Valledupar  que,  luego  de  dar  trámite al juicio, el 2 de  octubre  de  2002 dictó sentencia, a través de la cual condenó a Heberto    Laureano    Daza   González  a  la  pena  principal  de  13  años  de  prisión,  “a  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y  funciones  públicas  por  un  término  idéntico al de la pena privativa de la  libertad”  y  al pago de perjuicios, como autor del  delito de homicidio.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  acusado,  el  Tribunal  Superior  de  Valledupar,  el 6 de noviembre de 2003, lo  confirmó  integralmente,  toda   vez   que   dedujo   la   autoría   y  responsabilidad  de  Daza      González     en la conducta punible anteriormente mencionada.   

Contra esta determinación, el defensor del  procesado  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y presentó la  correspondiente demanda.   

2.   La  Sala  de  Casación  Penal,  mediante  providencia  fechada  el  28 de marzo del presente año, inadmitió la  demanda   de  casación.  No  obstante,  como  advirtió  que  en  la  sentencia  condenatoria  proferida  contra  Heberto Laureano Daza  González   se   le  impuso  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso igual al de la  pena  privativa  de la libertad, esto es, 13 años de prisión, quantum punitivo  que  podría  eventualmente  desbordar el máximo señalado por el legislador al  respecto,  circunstancia  que  comportaría  la  violación  de  los  derechos y  garantías  del  sentenciado,  dispuso surtir al Ministerio Público el traslado  establecido   en   la   ley   para   que   conceptuara   sobre   dicha   posible  trasgresión.   

Por   consiguiente,   como   el  presente  pronunciamiento  no  se  ocupa  de  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor  del  procesado,  la  cual,  como  se  dijo, fue inadmitida, no se hace  necesaria su síntesis en esta providencia.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR  CUARTO   

DELEGADO PARA LA CASACIÓN PENAL  

Sostiene el Ministerio Público que el tema  relacionado   con   las   penas  principales  y  accesorias  previstas  para  un  determinado  delito,  no  impide  la  combinación  de  preceptos  con el fin de  integrar  la  norma  más  favorable, motivo por el cual resulta valedero que de  cada  una  de  ellas  se  tome  lo  que  más  favorezca  al procesado frente al  tránsito legislativo.   

Por consiguiente, afirma que no existe duda  que  el  apotegma  jurídico  en virtud del cual la ley se aplica a partir de su  vigencia,  admite una importante excepción con fundamento en el artículo 29 de  la  Constitución  Política,  en  cuanto  ordena  que  las leyes sustanciales y  procesales   de  carácter  sustancial  favorables  al  procesado  o  condenado,  necesariamente     deben     aplicarse     con     preferencia     a    aquellas  desfavorables.   

Después  de  recordar  el contenido de los  artículos  51  y 52 de la Ley 599 de 2000, dice que de acuerdo con lo dispuesto  en  el artículo 44 del Decreto 100 de 1980, norma vigente para la época de los  hechos,  la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas no  podía, en ningún caso, tener una duración superior a 10 años.   

Por  ello,  estima  que  es “manifiesto  y  esencial  del  sentenciador  de primera instancia, y  también  del  Tribunal  al  confirmar  sin  reparos,  porque  al  determinar la  duración  de  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas,  hoy  denominada  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones  públicas,  por  un tiempo igual al de la pena principal de prisión,  esto  es,  trece  (13)  años,  se  incurrió  en  flagrante  violación  de las  garantías  fundamentales  debidas  al  procesado,  porque  se  debieron imponer  apenas  diez  (10)  años,  que  era  el tope máximo establecido por la antigua  legislación,  que  por  tratarse  de  la  ley vigente al momento de los hechos,  resultaba   aplicable  en  virtud  del  principio  de  favorabilidad,  razón  por  la  cual sugiere a la Corte casar parcialmente y de  oficio    la    sentencia,   con   el   objeto   de   enmendar   la   mencionada  irregularidad.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Examinada  la sentencia condenatoria que el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de Valledupar profirió, el 2 de octubre de  2002,     contra     Heberto     Laureano     Daza  González  y  que  fue  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  de  la  misma  ciudad, según fallo fechado el 6 de noviembre de 2003,  surge  evidente  que  la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  que  le fue impuesta por un lapso igual al de la pena principal, esto  es,  13  años,  desbordó no solo el limite máximo que establece el inciso 1°  del  artículo  51  de  la  Ley 599 de 2000, sino que también excedió los diez  años  que  sobre  dicha sanción contemplaba el artículo 44 del Decreto 100 de  1980,  norma  ésta  última  vigente para la época de ocurrencia de los hechos  juzgados y aplicable a este asunto por ser más favorable.   

Ante  esa  situación  y teniendo en cuenta  que,  de  conformidad  con lo preceptuado en el artículo 29 de la Constitución  Política,  “nadie podrá ser juzgado sino conforme  a  leyes  preexistentes  al  acto que se le imputa”,  norma  que  contempla  el  principio  de legalidad de las penas y, por lo mismo,  protege  la  libertad  individual  frente a la arbitrariedad de los funcionarios  judiciales   y   garantiza   los   principios   de   seguridad  jurídica  y  de  igualdad      ante     la     ley,1  surge  claro   que   la   pena   accesoria   que  se  le impuso a  Heberto    Laureano    Daza   González   lesiona   el   citado  principio  de  legalidad.   

En efecto, el artículo 52 del Código Penal  de  1980,  norma  aplicable,  como  se  dijo,  por  ser  más  favorable  que la  consagrada  en  la  Ley  599  de 2000,  establecía que la pena de prisión  implicaba  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por  un  período  igual  al  de  la pena principal, pero, a su vez, el artículo 44,  ibidem, señalaba que su duración máxima era de diez (10) años.   

En  otros  términos,  la pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  debía  ser  igual a la de  prisión,  pero  si ésta era superior a diez (10) años, la de interdicción no  podía  franquear  ese  límite,  parámetro  éste  último  que  sin  duda fue  desconocido  por  los  juzgadores de instancia, conllevando así a la violación  del principio de legalidad de dicha pena.   

Por  lo tanto, compartiendo el criterio del  Procurador  Delegado,  la Sala, haciendo uso de las facultades conferidas por el  artículo  216  del  Código  de  Procedimiento  Penal, casará  oficiosa y  parcialmente  el  fallo de segundo grado y, en consecuencia, disminuirá en diez  (10)   años  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,  hoy  denominada  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones públicas, impuesta al procesado.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.           CASAR   oficiosa   y   parcialmente  la  sentencia    impugnada    y,    en    consecuencia,   imponer   a   HEBERTO  LAUREANO  DAZA GONZÁLEZ la pena  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por el término de  diez (10) años, conforme a lo expuesto en esta providencia.   

2.           PRECISAR  que  las  restantes decisiones  adoptadas en el fallo impugnado se mantienen incólumes.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

        Salvamento de voto   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                          ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

          Excusa  justificada   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                           JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

       TERESA    RUÍZ  NUÑEZ   

               Secretaria     

1 Ver,  entre otras, casación 23491 del 8 de junio de 2005.     

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