22263(22-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22263   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 79  

Bogotá, D. C., veintidós (22) de septiembre  del dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala si es procedente admitir las demandas de casación  que  presentaron  los  defensores  de  ARMANDO RODRIGO  CAICEDO   CAICEDO,  ARMANDO  RICARDO    FÉLIX    MONCALEANO    y   ÉDGAR STAND OSPINA.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

En  virtud  de una visita practicada por la  Oficina  de Investigaciones Especiales de la Procuraduría General de la Nación  al  Instituto  Colombiano  de  Vivienda  de  Interés  Social  y Reforma Urbana,  INURBE,  se  pudo establecer que a partir del mes de julio de 1996 la entidad, a  través   de   su   gerente   ARMANDO  RICARDO  FÉLIX  MONCALEANO  MONTOYA y del subgerente administrativo y  financiero,      ARMANDO      RODRIGO      CAICEDO  CAICEDO,  celebró  irregulares  contratos de fiducia  con  varias  cooperativas  por  valor superior a los cuarenta y tres millones de  pesos,  dinero  garantizado  en  certificados  de  depósito  a  término que no  pudieron  ser  redimidos  dada  la  situación  calamitosa  de  esas  entidades.   

Por  esta  razón,  y  además porque tales  contratos  desbordaban el objeto propio del instituto, aquella Oficina compulsó  copias   a   la   Fiscalía   General  de  la  Nación  para  que  iniciara  las  averiguaciones correspondientes.   

Adelantada  la  investigación,  el  7  de  septiembre  de  1998  un  fiscal  seccional  de  Bogotá  acusó  a los señores  MONCALEANO   MONTOYA   y  CAICEDO   CAICEDO   como  coautores  del  delito  de  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros,  decisión  que  fue confirmada el 7 de enero de 1999 por un fiscal delegado ante  el  Tribunal  Superior  de la misma ciudad. Así mismo, el 30 de agosto del 2000  confirmó  idéntica  medida  tomada el 12 de marzo de 1999 contra MIGUEL ÁNGEL  PENAGOS  MARTÍNEZ,  la  que,  sin  embargo,  modificó  en  cuanto  al grado de  participación  que  lo  redujo  al  de cómplice del señalado delito. El mismo  día  –30  de agosto del  2000-  ratificó  la  acusación  formulada  el  12  de  marzo  de  1999  contra  ÉDGAR  STAND  OSPINA  como  autor  de  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros.  También fueron  convocados  a  juicio  MIGUEL  ALBERTO  MORENO OSPINA, por resolución del 15 de  marzo de 1999, y GLORIA CASTRO GARAVITO, del 15 de junio de 1999.   

Adelantada la etapa del juicio, el 8 de mayo  del  2002  el  Juzgado Cuarenta y Cinco Penal del Circuito de Bogotá condenó a  los    señores   MONCALEANO   MONTOYA   y      CAICEDO     CAICEDO  a  16  años  de  prisión  y  multa  por valor equivalente a 300  salarios  mínimos  legales  mensuales,  como coautores materiales del delito de  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros,  en  concurso  homogéneo y  sucesivo;  a  GLORIA CASTRO GARAVITO, como determinadora de esas conductas, a 11  años  y  3  meses  de  prisión  y  multa  en cuantía de 500 salarios mínimos  legales  mensuales;  a MIGUEL ALBERTO MORENO OSPINA, cómplice de la ilicitud, a  6  años  de  prisión  y  multa  por  valor  de  30  salarios  y a ÉDGAR   STAND   OSPINA,  como  autor  de  peculado  culposo,  a  19  meses  y  15  días de arresto y multa de 50 salarios  mínimos   legales   mensuales.   Todos   fueron   condenados,   además,  a  la  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la  pena  privativa  de libertad, y al pago solidario de los perjuicios ocasionados.   

Respecto de MIGUEL ÁNGEL PENAGOS, decretó  la  nulidad  de  lo  actuado  y  ordenó compulsar copias para que continuara su  juzgamiento  por  cuerda  separada,  decisión  que fue revocada por el Tribunal  Superior  el  18 de septiembre del 2002, quien dispuso que, rota en todo caso la  unidad  procesal,  el  A quo  debía dictar sentencia sobre el cuaderno de copias.   

La sentencia, apelada por los defensores de  todos  los  procesados,  excepto  el  de  MIGUEL  ALBERTO  MORENO  OSPINA, quien  recurrió  en  nombre  propio,  fue  confirmada  el 7 de febrero del 2003 por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que  redujo  la  condena al pago de perjuicios  respecto    del   señor   STAND   OSPINA.   

LAS DEMANDAS Y SUS CONSIDERACIONES  

A   nombre   de  ARMANDO  RODRIGO  CAICEDO  CAICEDO.   

Cuatro cargos formuló su defensor contra la  sentencia de segunda instancia:   

El  primero,  con  apoyo  en la causal tercera de casación, por violación del derecho de defensa,  porque  el  Tribunal no examinó sus argumentos de impugnación separadamente de  los     que     presentó    la    defensa    del    coprocesado    MONCALEANO  MONTOYA,  lo  que le impidió  conocer  las  pruebas  que el juzgador tuvo en cuenta para confirmar el fallo de  condena.   

No  sólo se ignoraron sus argumentos, sino  que  apenas  se  dedicaron  unos  pocos renglones a examinar la situación de su  representado  pues  la  mayor  parte  del  fallo  se  ocupó  de  la  del señor                     MONCALEANO,   con   lo  cual  no  se  le  permitió  saber  si lo dicho respecto de éste se aplicaba igualmente al señor  CAICEDO.   

          Solicitó  que,  en consecuencia, se declare la nulidad parcial del  fallo  y  se le ordene al Tribunal dictar uno nuevo, en el que realice el examen  individual    de    la    apelación    presentada    por    el   defensor   del  procesado.   

          El        segundo       –primero subsidiario- porque se violó  de  manera  indirecta la ley sustancial por haber incurrido el fallador en error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia por omisión, lo hizo consistir el  recurrente  en  la  falta  de valoración de los contratos de fiducia celebrados  desde  el  año de 1991 y con vigencia hasta finales de 1997, de manera que como  el  doctor  CAICEDO trabajó  en  el INURBE entre agosto de 1996 y abril de 1997, no tuvo participación en el  desarrollo  de  la  política  de  inversión de las directivas ni en el proceso  licitatorio, gestionado y ejecutado por otras administraciones.   

          Después  de  reproducir algunos párrafos de la providencia en los  que  el  Tribunal  se  refiere  a  la  naturaleza  del  contrato  de fiducia, de  transcribir   otros   de   la  Sala  de  Casación  Civil  relacionados  con  la  responsabilidad  del  fiduciario,  dijo  que  si  no  se  hubiera desconocido el  encargo  fiduciario,  “muy  seguramente”  se  habría  condenado  al  doctor  CAICEDO  por  el  delito de  peculado  culposo  por  no  haber exigido de las fiduciarias el estudio de todas  las cooperativas en las que se realizaron las inversiones.   

          Agregó  que  de  concluirse que las sociedades fiduciarias tenían  responsabilidad  sobre  esas  inversiones,  al  procesado  se  le hubiese podido  aplicar  el  numeral  5º del artículo 32 del Código Penal por haber realizado  el  hecho en legítimo ejercicio de un cargo público o por exceso en esa causal  de  ausencia  de  responsabilidad,  en  términos  del  numeral  7º  del  mismo  artículo.   

          El        tercero       –segundo  subsidiario-  se basó en la  segunda  parte  de  la  causal primera de casación, en la modalidad de error de  hecho  por  falso  juicio de existencia por omisión respecto de los testimonios  de Eduardo Díaz, Alberto Maldonado y Ana Betulia Guzmán.   

          Luego  de  transcribir los fragmentos de las declaraciones que a su  juicio  desvirtuaban  las  explicaciones  suministradas  por los gerentes de las  fiduciarias,       quienes       –dijo-  sostuvieron  que el procesado los obligaba a invertir en las  cooperativas  según las autorizaciones que recibían, porque señalan que tales  autorizaciones  no  eran  de cumplimiento forzado, concluyó el libelista que de  no  haberse  desconocido  el  encargo  fiduciario  que venía desde 1991, “muy  seguramente”    el    doctor    CAICEDO  habría  sido condenado por peculado culposo por no exigir de las  fiduciarias   el   estudio   de  las  cooperativas  en  que  se  realizaron  las  inversiones.   

          En  el  cuarto  reproche   –tercero subsidiario- el demandante le  censuró      al      Tribunal      no      haber      valorado     –falso   juicio   de  existencia  por  omisión-  la  prueba  testimonial  y documental que demostraba que el procesado  sí  tuvo  en cuenta los estudios técnicos y financieros que se realizaban para  la  inversión  en cooperativas y anuló autorizaciones atendiendo informaciones  suministradas por las fiduciarias.   

          Reprodujo   al  efecto  una  conclusión  consignada  en  el  fallo  recurrido,  según  la cual el estudio técnico y financiero de las cooperativas  se  omitió  intencionalmente,  no por descuido o negligencia, razón por la que  se  cuestiona  no  la  inversión  prohibida  de  dineros  del  INURBE  sino  la  actuación  consciente  orientada a que terceras personas se beneficiaran de los  recursos  de  la  entidad,  propósito  evidenciado  en  la omisión del estudio  jurídico y económico previo.   

          Destacó  el  casacionista  que  los  testimonios  de  Luis Eduardo  Arbeláez  y  Omar  Feris, que aluden a tales análisis y a la anulación de las  autorizaciones  de  inversión  que como consecuencia de ellos dispuso el doctor  CAICEDO,  así  como  una  comunicación  que  la  financiera  Avancemos  le  dirigió a éste en la que le  informa   que  hay  suficientes  activos  para  garantizar  el  retorno  de  las  inversiones,  no  fueron  apreciadas  por  el Tribunal. De haberlas considerado,  dijo,  al  procesado  se le hubiese condenado por peculado culposo por no exigir  de  las  fiduciarias  el  estudio  de  las cooperativas en que se realizaron las  inversiones.   

          Corolario  de  estos  tres últimos cargos, presentados en subsidio  del  primero,  solicitó  se case el fallo impugnado y en su lugar se condene al  doctor  CAICEDO  CAICEDO por  el  delito  de peculado culposo o, en su defecto, se le absuelva en cumplimiento  de lo previsto por el artículo 32 del Código Penal.   

          Advierte   la   Sala   que   la  demanda  respecto  del  primer cargo, formulado como principal,  y  el  cuarto,  presentado  como  tercero  subsidiario,  satisface las exigencias legales y, por ello, será  admitida.   

          No  sucede  lo  mismo  con  los  otros  dos,  pues  en el       segundo       –primero subsidiario- el demandante no  sólo  omitió  indicar  el  contenido  de  los  documentos  no valorados por el  Tribunal  y  lo  que  ellos  acreditarían,  sino  que, de manera confusa por lo  menos,  aludió  a las semejanzas y diferencias que la jurisprudencia ha hallado  entre  los  contratos  de  fiducia  pública  y los de fiducia mercantil, y a la  identidad   entre   la  primera  y  el  encargo  fiduciario,  sin  precisar  las  consecuencias  que  de tales comparaciones se derivarían para el caso concreto,  como  no  sea  la  simple  manifestación  de que con la ausencia de diferencias  entre  estos  últimos  “se  demuestra  la  negligencia  de las fiduciarias al  eximirse de responsabilidad”.   

          Tampoco  señaló  cómo la responsabilidad de la fiduciaria daría  lugar  a imputársele al procesado el ilícito en la modalidad de culposo ni por  qué  se configuraría la causal de exclusión de responsabilidad prevista en el  numeral  5º  del  artículo  32  del Código Penal o su exceso en términos del  numeral  7º  ibidem,  lo que deja el cargo huérfano de fundamentación, motivo  por  el  cual  desatiende la exigencia contenida en el numeral 3º del artículo  212  del  estatuto  procesal  que  conduce, como lo manda el artículo 213 de la  misma obra, a la inadmisión de la demanda.   

          Similar  defecto  se  advierte  en  la parte final del cargo      tercero      –segundo  subsidiario- pues no hizo el  libelista  el  mínimo  intento  por  demostrar por qué ha debido condenarse al  señor  CAICEDO por peculado  culposo.  Y  en  la  parte  inicial,  las citas testimoniales que dijo no fueron  valoradas  por el Ad quem no  tienen    relación    con   la   conclusión   expresada   luego   –que  “estas  pruebas dejan sin piso  las  disculpas  desplegadas por la mayoría de los gerentes de las fiduciarias y  la  responsabilidad  que  pretenden  trasladar a mi patrocinado”-, temas a los  que  nunca  antes  aludió y que aparecen inconexamente planteados, amén que de  aquellas  citas  tampoco  se  deduce  que  las  autorizaciones  fueran  o  no de  obligatorio cumplimiento.   

          La  falta  de  claridad  del  cargo,  tanto como la de una adecuada  fundamentación,  implican  igualmente  la  inadmisión  de  la  demanda en este  específico punto, como lo ordena el citado artículo 213 procesal.   

A nombre de ARMANDO RICARDO FÉLIX MONCALEANO  MONTOYA.   

Como la demanda reúne en su integridad las  exigencias  previstas en el artículo 212 del Código de Procedimiento Penal, se  declarará ajustada.   

A  nombre de ÉDGAR STAND OSPINA.   

Acertada la vía escogida por el demandante  para   acudir   ante   esta   sede   –casación  discrecional  o  excepcional-  porque  la pena máxima prevista para el peculado culposo no cumple el requisito  para   formular   la   casación  común;  bien  sustentado el motivo que adujo para que la Corte revise la  sentencia  –la garantía  de  los   derechos  fundamentales-;  adecuado el  motivo  seleccionado  para reprochar la falta de aplicación del principio de la  duda  probatoria  –causal  primera,  cuerpo  segundo- y desarrollado el cargo con  apego  a  la técnica casacional, la Corte declarará que este libelo cumple las  exigencias   legales   y,   por   ello,   ordenará   imprimirle   el   trámite  correspondiente.   

              En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

          1.  INADMITIR la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   ARMANDO   RODRIGO  CAICEDO  CAICEDO,  con  relación    a    los    cargos   primero   y   segundo  subsidiarios.   

          2.    DECLARAR    AJUSTADAS  las  demandas  presentadas  por  los  defensores  de ARMANDO  RODRIGO CAICEDO CAICEDO -respecto  de  los  cargos  principal y  tercero  subsidiario-  y de  ARMANDO  RICARDO FÉLIX MONCALEANO MONTOYA   y   ÉDGAR  STAND  OSPINA.  En consecuencia, córrase traslado al señor Procurador Delegado  en   lo   Penal   por   el  término  de  veinte  (20)  días,  para  que  rinda  concepto.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Comuníquese    y  cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

Impedido   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                          JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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