22082(10-05-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22082  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 44                                                                              Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C.,  diez  de  mayo  de dos mil  seis.   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario de  casación   interpuesto   por   el  defensor  de  Juan  Guillermo   González   Agudelo  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Medellín el 30 de septiembre de 2003,  mediante  la cual confirmó la proferida por el Juzgado 20 Penal del Circuito de  la  misma  ciudad, que condenó al procesado a la pena principal privativa de la  libertad  de  36  meses  de  prisión,  como  coautor responsables del delito de  falsedad  material  de  particular en documento público en concurso homogéneo.   

Hechos     y     actuación    procesal  relevante.   

1. En el año de 1999, algunos contribuyentes  de  la  ciudad de Medellín alertaron a la Regional  de Impuestos y Aduanas  Nacionales  de  Antioquia  sobre  la  existencia  de  ciertas irregularidades al  interior  de  la  entidad. Las quejas indicaban que algunos empleados, asociados  con   particulares,   se  ofrecían  a  rebajar  las  obligaciones  tributarias,  argumentando  que podían hacer desaparecer sus cuentas del sistema informático  contable,   o   disminuir   sus   montos   significativamente,   a   cambio   de  contraprestaciones  económicas  que,  de todas maneras, serían más favorables  que  el  pago  total de los impuestos, logrando obtener de los representantes de  las   empresas  FRONTIMOTOS,  RENTACAMPEROS  Y  YAMAITAGUI,  y  del  comerciante  José   Giraldo   Botero,  millonarios desembolsos.     

2.  La  Fiscalía  inició investigación por  estos  hechos y vinculó a la actuación Héctor Muñoz  Vélez  (Contador  y  Asesor Tributario), Walter   Tangarife   Ramírez  (tramitador  externo),  y los funcionarios de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales  Juan    Guillermo    González   Agudelo       (de       la       División      jurídica      –   Subgrupo   de   orientación   al  contribuyente),  Juan  Enrique  Ramírez (funcionario  de  la  División  de  Desarrollo Humano), Bernardino     Gutiérrez    Tobón    y  Carlos   Mario   Morales   Galeano.    

3.  El  15  de  agosto  de 2001, la Fiscalía  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución de acusación  contra    Héctor    Muñoz    Vélez   por  los  delitos  de  falsedad  material de particular en documento  público  y  estafa, ambos en concurso homogéneo; Juan  Guillermo    González    Agudelo   y   Juan   Enrique   Ramírez   por  los  delitos  de concierto para delinquir, falsedad material de  particular  en documento público, estafa y cohecho propio, los tres últimos en  concurso   homogéneo;   Walter   Tangarife  Ramírez  por  los  delitos  de  concierto,  estafa  y  uso  de  documento   público   falso,   los  dos  últimos  en  concurso  homogéneo;  y  Bernardino  Gutiérrez  Tobón  y Carlos Mario Morales  Galeano  por los delitos de concierto y cohecho propio,  este     último     en    concurso    homogéneo1.    

4. Apelado este pronunciamiento, la Fiscalía  Quinta  Delegada  ante el Tribunal de Medellín, en decisión de 14 de noviembre  de  2001,  tomó  las siguientes determinaciones: 1) Confirmó la acusación por  los  delitos  de  estafa y falsedad material de particular en documento público  en  relación con los procesados Héctor Muñoz Vélez,  Juan   Guillermo   González  Agudelo  y  Juan  Enrique  Ramírez.  2)    Precluyó    investigación    a    favor    de   Juan  Guillermo González Agudelo, Juan Enrique Ramírez, Bernardino  Gutiérrez  Tobón  y Carlos Mario Morales Galeano, por  los  delitos  de  concierto para delinquir y cohecho. 3) Confirmó la acusación  contra   Walter   Tangarife   Ramírez   por  los  delitos  de  estafa y uso de documento público falso y la  revocó  por  el  delito de concierto para delinquir2    

5. Rituado el Juicio, el Juzgado Veinte Penal  del  Circuito  de Medellín, en sentencia de 21 de marzo de 2003, condenó a los  procesados   Héctor  Muñoz  Vélez,  Juan  Guillermo  González  Agudelo  y  Juan Enrique Ramírez, a la pena  principal  de  36  meses  de prisión, como coautores responsables del delito de  falsedad  material  de particular en documento público, en concurso homogéneo,  y  los absolvió por el delito de estafa.  A todos les negó la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  a  los dos primeros además la  prisión  domiciliaria.  A  Walter  Tangarife Ramírez  lo  condenó  a  30 meses de prisión por el delito de  uso  de  documento  público  falso,  y  lo  absolvió  por el delito de estafa,  negándole   también  el  subrogado y el sustituto en mención3.   

6.  Este fallo fue apelado por el defensor de  Héctor  Muñoz  Vélez  y  Juán  Guillermo González  Agudelo,  y  confirmado  por  el  Tribunal Superior de  Medellín,   mediante   el   suyo   de  30  de  septiembre  de  20034.  El defensor  de   Juan  Guillermo  González  Agudelo  recurrió  en  casación esta decisión y sustentó oportunamente el  recurso,  planteando cuatro cargos, uno principal al amparo de la causal tercera  (nulidad)  por  violación  del  deber  de  respuesta  de  los  argumentos de la  apelación,  y  tres  más, en el carácter de subsidiarios, dentro del marco de  la causal primera.   

7.  La  Corte  estudió  la procedencia de la  impugnación  en  decisión  de  18 de noviembre de 2004, y la admitió por vía  excepcional,  pero  solo  en  cuanto  tenía  que ver con el cargo planteado por  desconocimiento   del   deber   de  respuesta,  por  guardar  relación  con  la  protección  de las garantías fundamentales, en virtud de que no se cumplía el  requisito  punitivo  para  su  aceptación  por  la  vía  ordinaria5.     

Contenido  del  cargo  admitido.   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación,  en  actor  acusa  la  sentencia  impugnada de encontrarse viciada de  nulidad  por violación del debido proceso y el derecho de defensa, debido a que  el  Tribunal Superior, al decidir sobre los distintos aspectos de la apelación,  omitió  dar  respuesta  a las reparos planteados contra las decisiones del juez  de  primera instancia de negar al procesado el subrogado penal de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria.    

Explica  que  la  defensa,  al  impugnar  la  sentencia  de  primer  grado, cuestionó varios aspectos del mismo, entre ellos,  la  decisión de negar el subrogado y la prisión domiciliaria, argumentando que  la  intención  de  Juan  Guillermo  González Agudelo  en  ningún  momento fue la de rehuir la comparecencia  al  proceso,  “sino  que,  su estado de salud, le impidió estar lo atento que  hubiese  querido  él,  lo cual, en todo caso, lo suplió con la presencia de su  defensor  y  estando  atento en su casa a la incidencia del devenir procesal”.   

El  defensor también puso de presente que el  procesado,  durante la detención preventiva, realizó varios cursos de derechos  humanos,  derecho  internacional humanitario y de relaciones interpersonales, lo  cual,  sumado  a su buena conducta anterior, certificada en el proceso por   Luis  Javier  Ruiz Arango y Luz Marina Arango Palacio,  dejaban  al  descubierto que se trataba de una persona  que  no  pondría  en  peligro  la  sociedad  y  que  no  requería,  por tanto,  tratamiento  penitenciario,  argumentos  todos en los que sustentó la petición  de  revocatoria  de  la  decisión,  para  que  se  concediera  en  su  favor el  beneficio.       

No obstante esta clara petición, el Tribunal  ninguna  respuesta  dio  a  la  misma,  vulnerando  de esta forma las garantías  fundamentales  del  debido  proceso  y  el derecho de defensa, que garantizan la  controversia  de  las  pruebas,  la impugnación de las decisiones lesivas a los  intereses  de  las partes y el acceso a la segunda instancia, y desconociendo el  contenido  del  artículo 170 del estatuto procesal penal, que impone al Juez la  obligación   de   expresar  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de  sus  decisiones,  como  supuesto  necesario  para  permitir el adecuado ejercicio del  derecho de contradicción.   

Con  fundamento  en  estas  consideraciones,  solicita  a  la Corte anular la sentencia impugnada y dictar la de reemplazo, de  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 217.1 del Código de Procedimiento  Penal,  para  acoger  la  pretensión  de la defensa de conceder al procesado el  subrogado  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena, o en su  defecto,  la  sustitución de la reclusión en un establecimiento carcelario por  la prisión domiciliaria.   

Concepto  del Ministerio Público.   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal  considera,  en  relación  con  el  cargo  que  fue  objeto de  admisión6,  que  el  recurrente  tiene  razón  cuando afirma que el Tribunal  incurrió  en  una  causal  de  nulidad  por falta de motivación, puesto que el  fallo  impugnado,  en  verdad, no dio respuesta a las inquietudes planteadas por  el  apelante en punto al subrogado y la prisión domiciliaria, desconociéndose,  de  esta  manera,  el  derecho  constitucional al debido proceso, la defensa, la  contradicción,  la  doble  instancia  y  el  acceso  a  la  administración  de  justicia.   

Precisa  que  cuando el asunto de discordia  consiste  en  falta  de  motivación de la decisión, la nulidad debe resolverse  por  la  Corte, con fundamento en lo dispuesto en el artículo 217 de la ley 600  de  2000,  que  rige  la  impugnación  extraordinaria,  tal como lo planteó el  recurrente,  toda  vez que el vicio solo afecta la sentencia, siendo el Tribunal  de  casación  el  llamado a hacer efectivo el derecho material a través de una  decisión de reemplazo.   

Pide  a  la  Corte,  por  tanto,  declarar la  nulidad  parcial  del  fallo  impugnado, y entrar a pronunciarse sobre los temas  dejados  de  resolver,  sin  que ello implique la concesión del subrogado de la  suspensión  condicional, o la sustitución de la prisión en establecimiento de  reclusión  por  domiciliaria,  aunque  es del criterio que la Corte mantenga la  decisión  del  Juez  de  primera  instancia, pues sostiene que la condición de  servidor  público  del  sindicado,  los  propósitos  buscados  con el accionar  delictivo  y  la gravedad de la conducta falsaria concursal, imponían un juicio  negativo  sobre  su personalidad, que determinaban el cumplimiento de la pena; y  que  la  circunstancia  de  operar  delictivamente  desde  su  residencia  y  el  desconocimiento  de  las  actividades  a  las cuales podría estar dedicándose,  dejaban   en   entre   dicho  la  viabilidad  de  que  purgara  la  pena  en  su  domicilio.     

Alegatos  de  los  no recurrentes.   

La representante de la parte civil afirma que  la  falta  de  motivación  que el demandante propone como cargo principal no se  presenta,  porque  debe  admitirse la existencia de una aceptación tácita, que  da  lugar  a  la  unidad de decisión, razón por la que el cargo no tiene “la  virtualidad  de desquiciar la sentencia impugnada, en su esencia”, y que “la  supuesta  nulidad  presentada, no tiene tal calidad de permitir que se desate el  presente recurso”.   

   

SE        CONSIDERA:   

1.  En  la sentencia de primera instancia, el  Juzgado,  al  resolver  sobre  procedencia del subrogado penal de la suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria, aceptó que  los  requisitos  objetivos  para  su  otorgamiento,  vinculados con los límites  punitivos,  concurrían  en  el caso del procesado Juan  Guillermo    González   Agudelo,   pero   negó   su  reconocimiento  por  considerar  que  la  modalidad  del hecho y el perfil de su  personalidad,  prevenían  sobre  la  necesidad  de  ejecutar  la pena, y que su  actitud  frente  al  proceso  no  garantizaba  que  no  colocaría  en riesgo la  comunidad,  sobre  todo  si  se  tenía  en  cuenta  que no fue posible hacer un  seguimiento    sobre    las    actividades    a    las   cuales   podía   estar  dedicándose7.   

2. En el escrito de sustentación del recurso  de  apelación  interpuesto  contra  dicho fallo por el defensor, se adujo, como  argumento  principal,  que  no  existía  prueba cierta del compromiso penal del  procesado  en  los  delitos  imputados  (21  falsedades),  y  como planteamiento  subsidiario,  que  las condiciones requeridas para el otorgamiento del sustituto  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena o la prisión  domiciliaria  concurrían  en  toda su dimensión, como quiera que se trataba de  una   persona   trabajadora,   de  buena  conducta  y  excelente  comportamiento  carcelario,   “que   no   puede   ni   tiene   porqué  poner  en  peligro  la  comunidad”.            

Manifestó  que  si bien su defendido no pudo  estar  atento  como  hubiera  querido del trámite del proceso, ello se debió a  que  después  de  haber  estado  detenido en la cárcel de Bello por ocho meses  largos  y  haber  recobrado su libertad, cayó en un estado de depresión que lo  obligó  a  someterse a tratamiento psiquiátrico, como lo prueban los controles  médicos  que  adjunta,  condiciones  bajo las cuales no era mucho lo que podía  aportarle   al  juez  sobre  las  actividades  que  venía  desarrollando,  pues  permanecía  en su casa, al lado de su familia, tratando de recomponer su vida y  de superar su trauma.    

Agregó que durante el transitorio paso por la  cárcel  de Bello, dejó huellas de buena conducta, asistió a seminarios de paz  y   convivencia  con  énfasis  en  derechos  humanos  y  derecho  internacional  humanitario,  y  participó  con la universidad de San Buenaventura de Medellín  en  programas  de  relaciones  interpersonales,  haciendo  méritos  para que le  otorgaran  diplomas  de  asistencia  y  participación, todo lo cual, unido a le  existencia  en  el  proceso de testimonios que ponderan su don de gente, su amor  por  su familia y entrega al trabajo, indican que se trata de una persona que no  representa peligro para la sociedad.   

3.  El  Tribunal,  al  resolver  el  recurso,  aludió   en  forma  expresa,  en  el  acápite  destinado  al  resumen  de  las  alegaciones,  a  la solicitud vinculada con el reconocimiento de los sustitutos,  en  los  siguientes  términos:  “Por último, pone en conocimiento de la  Sala  el  hecho de que su defendido estuvo privado de la libertad y que luego de  ello  cayó  en  un  estado  de  depresión  al  punto  que recibió tratamiento  siquiátrica,  que  dejó  en el centro carcelario huellas de buena conducta, lo  anterior  para concluir que no existen fundamentos para afirmar la existencia de  tratamiento             penitenciario”8.  Sin  embargo,  en  la  parte  considerativa  de  la  decisión, omitió referirse a ella, dejando este aspecto  de   la   impugnación   sin   respuesta.     

4.  Profusa  ha  sido la jurisprudencia de la  Corte  en  la que se ha dejado establecido que la omisión del deber respuesta a  las  alegaciones  de la impugnación, consideradas sustanciales o trascendentes,  quebranta   el   derecho   de  contradicción,  y  por  esta  vía,  la  esencia  controversial  del  proceso  penal, erigiéndose en una irregularidad sustancial  que  debe  ser corregida por la jurisdicción, bien a través de la nulidad o de  otro  mecanismo  procesalmente plausible (complementación oficiosa por ejemplo,  cuando  sea  jurídicamente  posible),  con  el fin de restablecer el equilibrio  perdido. Al respecto, ha dicho:   

“Si  los  fundamentos  de  la impugnación  establecen  el  objeto  de  pronunciamiento  del  funcionario de segundo grado y  ellos  están  referidos a discutir términos y decisiones de primera instancia,  es  clara la relación de necesidad existente entre la providencia impugnada, la  sustentación  de  la  apelación  y la decisión del Juez de segunda instancia.  Providencia  impugnada  y  recurso, entonces, forman una tensión, que es la que  debe  resolver  el  superior.  Se  trata  de  una  de  las  manifestaciones más  decantadas  del  principio  de contradicción o controversia que rige el proceso  penal  y  que  explica  el  deber  legal  que  tiene  el  Juez  de integrar a la  estructura  del fallo el resumen de los alegatos presentados por las partes y el  de  analizarlos,  de  acuerdo  con  lo  previsto  en los numerales 3° y 4° del  artículo 180 del Código de Procedimiento Penal.   

“Si el derecho de contradicción hace parte  del  derecho de defensa y los dos son elementos que estructuran la garantía del  proceso  constitucional,  no  oír  a  las  partes  constituye una irregularidad  insubsanable,  un  acto  de  despotismo  jurisdiccional  que  socava  la esencia  controversial  del  proceso  penal y que por lo mismo no se puede tolerar. Si el  sujeto  procesal  tiene  la  carga  de  sustentar,  se logra el equilibro con la  imposición  al  Estado  de  escucharlo,  analizar  lo  que dice y ofrecerle una  respuesta                 motivada”9.   

5. Los aspectos de la impugnación que fueron  ignorados  por  el  Tribunal  al  resolver  el recurso de apelación interpuesto  contra  la  sentencia  de  primera  instancia,  son  de  indiscutible  carácter  sustancial,  pues  se  vinculan, como lo destaca la Delegada en su concepto, con  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la sustitución de la  prisión  carcelaria  por  la  domiciliaria,  y  por  ende,  con el derecho a la  libertad  y  las  condiciones  de  su  restricción,  siendo obligatorio para el  superior  dar  respuesta  a los mismos. De suerte que, al omitir hacerlo, en los  términos  absolutos que registra el proceso, la conclusión que se sigue es que  se  está  frente a un vicio in procedendo que afecta parcialmente la validez de  la sentencia.         

6.  La Sala, por tanto, declarará fundada la  causal  de casación invocada, por violación de las garantías fundamentales, y  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 217.1 del estatuto procesal  penal,   que   ordena  dictar  fallo  de  reemplazo  cuando  la  nulidad  afecte  exclusivamente  la  sentencia  impugnada, entrará a estudiar los aspectos de la  apelación   sobre  los  cuales el Tribunal omitió pronunciarse en segunda  instancia  (otorgamiento  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena  y  de  la  prisión  domiciliaria  como sustitutiva de la carcelaria), y a  tomar  la  decisión  que corresponda, atendidos los argumentos en los cuales se  sustenta la apelación.     

7.  Los  hechos  que  motivaron  el  fallo de  condena  se  relacionan  con la falsificación de veintiún recibos oficiales de  pago  de  impuestos,  dentro de un plan concertado por varios funcionarios de la  DIAN  del  nivel  central  y  la  ciudad  de Medellín, entre ellos Juan  Guillermo  González  Agudelo,  quien  para   entonces   trabajaba   en   la   División  Jurídica   Subgrupo  de  orientación  al  contribuyente  de  la Regional Antioquia (fls.1066-1077), para  obtener  de los contribuyentes que tenían deudas pendientes con la DIAN jugosos  estipendios,  a  cambio de la eliminación o reducción de sus cuentas, mediante  borrado    o    alteración   de   los   sistemas   de   información   contable  computarizada.   

8.  El Juez de primera instancia, al analizar  la  procedencia  de  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena,  aunque  no  fue  prolijo  en  sus argumentaciones, fue enfático en precisar que  “la  modalidad delictiva  dejaba mucho que desear sobre el rol que debía  cumplir  la función preventiva de la pena”, y que era imperioso ponerle freno  a  quienes,  sea  cual  fuere  su  perfil,  vendían  su  función  y  empleaban  posiciones  de  poder  para desacreditar las instituciones, como había ocurrido  en  el  presente  caso, situación que sumada al perfil de personalidad de todos  los  involucrados,  impedían  realizar  un juicio positivo sobre la procedencia  del subrogado.   

Y  al  estudiar la procedencia de la prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  prisión en un centro carcelario, adujo  como  argumento  principal  para desestimarla, que Juan  Guillermo   González   Agudelo  se  había  negado  a  comparecer  al  juicio,  y  que esta actitud procesal había evitado realizar un  seguimiento  de  las  actividades  a  las  cuales  venía  dedicándose, lo cual  impedía  inferir  fundadamente  “que  no pondría en riesgo a la comunidad ni  que evadiría el cumplimiento de la pena”.    

9. En el escrito de sustentación del recurso  de   apelación   interpuesto  contra  estas  dos  decisiones  (declaración  de  improcedencia   del   subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  declaración  de  improcedencia  de  la prisión domiciliaria), el impugnante no  estudió  separadamente  los  argumentos presentados por el Juez para negar cada  uno  de estos institutos, sino que replicó, de manera general, en procura de la  concesión  de  cualquiera de ellos, que la inasistencia del procesado al juicio  obedeció  a  quebrantos de salud, que en el proceso existía prueba de su buena  conducta  anterior,  que durante el tiempo que estuvo detenido su comportamiento  en  el  centro  de  reclusión fue bueno, que en la actualidad permanecía en su  casa,  al  lado de su familia, y que se trataba de un hombre enfermo, próximo a  cumplir  55  años,  sin trabajo y sin dinero, que no podía ser un peligro para  la comunidad.      

10.  Estos  argumentos  no  demuestran,  sin  embargo,  que  las  decisiones  cuya  corrección se cuestiona sean equivocadas.  Cierto  es  que  en  el  proceso existen testimonios que informan sobre la buena  conducta  anterior del procesado, y documentos que indican que durante el tiempo  de  reclusión  su  comportamiento  fue  bueno, pero este  concreto aspecto  (buena  conducta  personal,  familiar y social anterior y buen comportamiento en  el  centro de reclusión), no es el único factor llamado a ser tenido en cuenta  en  el  análisis  de procedencia de la suspensión condicional de la ejecución  de   la   pena,  ni  fue  el  que  determinó  su  denegación  en  el  caso  en  estudio.   

Los  factores condicionantes del otorgamiento  del  subrogado,  desde  el  punto  sujetivo, son, de una parte, los antecedentes  personales,  familiares  y  sociales  del  procesado,  y de otra, la modalidad y  gravedad  de  la conducta punible, exigencias que en lo sustancial consagran por  igual  el  estatuto  penal  anterior  y  el  actual10,  habiendo  sido  el asociado  con  la  modalidad  y  gravedad  del hecho, el que llevó al Juez en el presente  caso  al  convencimiento  de que se imponía ejecutar la sanción, atendidos los  fines  de  la pena y el papel que debía cumplir la prevención general frente a  conductas de tráfico y venta de la función pública.   

La Corte desconoce, en principio, las razones  de  inconformidad  del  impugnante en relación con estos específicos aspectos,  puesto  que  en el escrito de sustentación nada se dijo en relación con ellos.  Pero  si  es  analizado  el  hecho punible en su materialidad, la conclusión no  puede  ser distinta de la contenida en la sentencia de primera instancia, que la  Delegada  prohíja  en  su  concepto, consistente en  que la gravedad y las  especiales  modalidades  del  acontecer delictual, en el cual tomó parte activa  el procesado, aconsejaban la ejecución de la pena. En efecto:   

Si  son analizados los hechos en su contexto,  lo  primero  que se advierte es que no se está frente una falsedad aislada, con  implicaciones  sólo  en  el campo del bien jurídico de la fe pública, sino de  un  número  significativo  de  ellas,  cometidas en el marco de claros actos de  corrupción  administrativa,  que  erosionaron la transparencia y probidad de la  función  recaudadora  de  la  administración  pública,  las  confianza de los  contribuyentes,   y  socavaron,  en  cuantías  millonarias,  el  patrimonio  de  personas  naturales  y jurídicas que entregaron dineros a los integrantes de la  banda,  sin  que  los  mismos  ingresaran  a  las  arcas  del Estado, o hubiesen  regresado a sus  propietarios.   

       

Flaco  mensaje  enviaría  la  justicia  a la  sociedad  y  al procesado, en los ámbitos de la prevención general y especial,  si  se  llegara  a  aceptar,  como  lo  pretende el recurrente, que hechos de la  gravedad  e  implicaciones  del  que  es  objeto  de juzgamiento, se dejaran sin  sanción  penal  efectiva,  solo porque la conducta del implicado fue calificada  como   buena   durante  el  corto  tiempo  que  estuvo  detenido,  o  porque  su  comportamiento  personal,  familiar y social, era en apariencia intachable. Este  es  solo  uno de los factores a tener en cuenta en el estudio prospectivo que el  ordenamiento  jurídico  ordena  realizar  cuando  se  trata de decidir sobre el  otorgamiento   del   subrogado,  no  el  único,  y  en  el  presente  caso  las  características  y  circunstancias  del  hecho se erigen en elementos adversos,  que           apremian           la           ejecución          de          la  pena.            

11. Las razones que el juzgador adicionalmente  adujo  para  negar también el instituto de la sustitución de la prisión en un  centro  de  reclusión  por  la domiciliaria, tampoco sufren mengua frente a los  argumentos  que  el  apelante expone en el escrito de sustentación del recurso.  Es  un hecho que el procesado, en la fase del juicio, rehuyó los llamados de la  justicia  para  que  concurriera  a  las diligencias propias de esta fase, entre  ellas  la  audiencia,  y  que  esta  actitud procesal determinó que el Juez, al  dictar  sentencia,  no  contara con información actualizada sobre su desempeño  familiar,  laboral y social, que le permitiera realizar un juicio favorable a la  pretensión de otorgamiento de este sustituto.      

Los argumentos que la defensa presentó en el  escrito   de   apelación   del   fallo   de  primer  grado  en  procura  de  la  reconsideración  de  esta  decisión,  consistentes  en  que  el  procesado  no  compareció  al  juicio porque venía padeciendo de algunos quebrantos de salud,  y  que  durante  todo  este  tiempo  permaneció  en su residencia al lado de su  familia,  no  suplen la información que el juez echa de menos, ni tornan viable  el  reconocimiento  del beneficio, pues los documentos que aporta para acreditar  su  inasistencia  al juicio, además de que su contenido probatorio es precario,  no  informan  sobre  las actividades personales, familiares, sociales que venía  realizando,   y   las   simples   afirmaciones  de  la  defensa  sobre  su  buen  comportamiento,    no    prueban    que   las   conclusiones   del   Juez   sean  equivocadas.           

A  la  ausencia  de  información  sobre  el  desempeño  personal,  laboral,  familiar y social del procesado durante la fase  previa  al  proferimiento  de  la  sentencia,  que  determinó,  con  razón, la  decisión  del Juez de negar igualmente la prisión domiciliaria por ausencia de  elementos  de  valoración  que  permitieran  diagnosticar  que  el procesado no  constituía  un  peligro  para  la sociedad y no evadiría el cumplimiento de la  pena,  se  suma  el  hecho  de que el engranaje delictivo operaba en buena parte  desde    la    residencia    de   los   procesados11, lo cual vendría a erigirse  en  un  factor  adicional que se opone a la pretensión de que la pena pueda ser  ejecutada  en el lugar de residencia, como lo destaca con tino la Delegada en su  concepto.    

12.  Las  precisiones  que  vienen de hacerse  dejan  en  claro  que  las  decisiones  que  el Juez de primera instancia tomó,  relacionadas  con  la   declaración  de  improcedencia  de  la suspensión  condicional  de  la  pena  y  la  sustitución  de  la  prisión  carcelaria por  domiciliaria,  se  ajustan a las normas que las regulan y consultan la evidencia  probatoria.  Por  tanto,  la Corte les impartirá confirmación, en ejercicio de  la  competencia  funcional  que  como  juez  de  segunda  instancia  asume en el  propósito de corregir el vicio denunciado.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en nombre de la  república y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

Casar parcialmente la  sentencia   impugnada  para  adicionarla  en  el  sentido  de confirmar las decisiones tomadas por el Juez de  primera  instancia  en  el  fallo  de  21  de marzo de 2003, en relación con la  declaración  de improcedencia del subrogado penal de la suspensión condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión domiciliaria, respecto del procesado  Juan Guillermo González Agudelo.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               ALFREDO GOMEZ  QUINTERO               

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO                                  O.                                 PEREZ  PINZON                     

MARINA        PULIDO        DE  BARON              JORGE      L.     QUINTERO     MILANES          

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

Permiso  

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

1  Folios 2457-2571 del cuaderno original 10.   

2  Folios 2695-2719 ídem.   

3  Folios 2866-2938 del cuaderno original 11.   

4  Folios   2972   –  2984  ídem.   

5  Folios  5 –16 del cuaderno  de la Corte.   

6  La  Delegada   conceptuó   sobre   todos  los  cargos  planteados  en  la  demanda.   

7  Páginas 68 y 69 del fallo.   

8  Página 12 del fallo.   

9  Casación  11279 de 25 de marzo de 1999. En el mismo sentido, Casación 15997 de  28  de  septiembre  de  2001  y  Casación  18743  de 17 de marzo de 2004, entre  otras.   

10 Cfr.  Casación 20309 de 29 de mayo de 2003.   

11 En  la  residencia  de  Juan Guillermo González Agudelo fueron hallados archivos en  exel  de contribuyentes de la DIAN, recibos de pago de impuestos diligenciados y  recibos en blanco de papelería autorizada por la DIAN.     

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