22006(30-08-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  22006   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 73.  

          Bogotá  D.C.,  agosto  treinta  (30)  de  dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

          La  Sala  decide  el  recurso  de  reposición  interpuesto  por  el  “apoderado  judicial  de  la  Nación; Ministerio de  Comercio  Industria  y  Turismo”, contra la decisión  adoptada  por  esta  Sala  de  fecha  mayo  19 del año en curso, por cuyo medio  declaró  la  prescripción  y extinción de la totalidad de la acciones penales  seguidas  en  contra  de  los  procesados en el presente trámite y dictó otras  decisiones inherentes a esa determinación.   

FUNDAMENTOS  DEL  RECURSO   

          En  sustento  de su pretensión, el recurrente señala que el objeto  del  recurso  radica  “en  lo  relacionado  con  las  anotaciones   y   cancelaciones,   que   se  derivan  de  lo  decidido  en  esta  providencia”.   

Para tal efecto, elabora una recuento de las  diferentes  decisiones adoptadas en el decurso del proceso sobre el registro del  bien  inmueble,  cuya enajenación se habría surtido en forma irregular, siendo  la  última  determinación  la  del  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Buenaventura,  por  medio  de la cual se dispuso la cancelación de la escritura  de  enajenación  del  predio  en  favor de “Petrobun  Ltda.”.   

Esa determinación, a su juicio, “se  debe  mantener,  por   cuanto  si  bien es cierto de una  parte,  los  cómputos  de las penas amparan a los enjuiciados de la imposición  de  una  pena, no por ello quiere decir que los inculpados no hayan incurrido en  los   ilícitos   que  se  investigaron,  juzgaron  y  recibieron  una  sanción  penal”.   

De esa manera, “la  Honorable   Corte   –Sala  Penal  debe  precisar  que el bien objeto del ilícito, pertenece a la Nación y  que  en  ese sentido, la determinación del Señor Juez debe mantenerse en firme  y  hacer  tránsito  a  cosa  juzgada para que opere tal determinación frente a  terceros  y  frente  a las pretensiones de la firma Petrobun S.A.”.         

Por  tanto,  solicita  la aclaración, en el  sentido  indicado,  del  considerando  de la página 13 y del tercer punto de la  parte  resolutiva  de  la  decisión  recurrida  y,  en  cuanto respecta con las  anotaciones,  se  deba  precisar su clase “por cuanto  si  se  refiere  a  la cancelación de la escritura pública, objeto o parte del  ilícito,  implica  entonces  que  la  firma  Petróleos  de  Buenaventura Ltda.  ‘Petrobun  Ltda.’, ahora ‘Petrobun        S.A.’,  puede  apropiarse  del  lote que le  fuera   arrendado,   con   un   nuevo  método  desconocido  por  la  ley  civil  colombiana”.   

          La  petición que eleva, aduce, encuentra soporte en el artículo 29  de   la   Carta  Política  y  “aclarará  en  forma  definitiva  el  ejercicio  pleno  de  los  derechos de propiedad por parte de la  Nación    Ministerio    de    Comercio   Industria   y   Turismo”.   

  CONSIDERACIONES DE LA SALA     

Sea   lo   primero   señalar  que  asiste  legitimación  e  interés  al   impugnante  para interponer el recurso que  concita  la  atención  de la Sala, pues de la revisión del expediente se puede  establecer  que  representa  los  intereses de la parte civil en el proceso, tal  como  fue  reconocido  en el auto de fecha noviembre 23 de 2001 proferido por el  Juzgado Primero Penal del Circuito de Bucaramanga.   

A efecto de obtener la constitución de parte  civil  del  ente  estatal  reseñado  y  de ser reconocido como su apoderado, en  aquella   oportunidad  el  profesional  fue  claro  en  expresar  que  procuraba  representar  los intereses de la “Nación, Ministerio  de  Comercio  Exterior”, afectada con la enajenación  supuestamente  irregular  del  predio,  suceso  que  a  la  postre originó esta  actuación penal.    

No obstante lo anterior, el Juzgado incurrió  en  un  lapsus calami en dicho  auto,  al  expresar,  en el numeral primero de la parte resolutiva, así como en  algunos  pasajes  de  las  consideraciones,   que el profesional actuaba en  representación   del   “Ministerio  de  Relaciones  Exteriores”,  a  quien  finalmente  tuvo  como parte  civil en el proceso penal.   

Dicho  error  del  Juzgado,  desde luego, no  puede  trasladarse  en  perjuicio  de  los  intereses del ahora recurrente, para  impedir su acceso legítimo a la vía impugnaticia.   

Aclarado lo anterior, corresponde ocuparse de  los  planteamientos  de  fondo sobre los cuales se cimienta la inconformidad con  el propósito de que se reponga la providencia.   

El recurrente no discute en relación con el  aspecto  focal  de  la  providencia  en  punto  de las diversas declaratorias de  prescripción   de  las  acciones  penales  y  las  consecuentes  cesaciones  de  procedimiento    que    comportaron   en   favor   de   los   procesados   sino,  específicamente,  en cuanto tiene que ver con el  efecto que sobre el bien  en  particular  deviene  de esas decisiones pues, a su juicio, el decreto de las  prescripciones  no  desnaturaliza la ilicitud de la enajenación, de modo que la  Sala  está  compelida a precisar que “el bien objeto  del  ilícito, pertenece a la Nación” y así impedir  que  se  concrete  la enajenación que tilda de irregular, la cual constituiría  una  forma  de  “apropiarse  del  lote  que le fuera  arrendado,    con    un   nuevo   método   desconocido   por   la   ley   civil  colombiana”.   

La petición del impugnante no persuade a la  Corte  en  el sentido de que deba modificar el contenido del auto interlocutorio  impugnado  porque no consulta con la naturaleza de la medida a la que se refiere  el  artículo 66 del estatuto procesal penal (61 del anterior), en relación con  la   “cancelación   de   los  registros  obtenidos  fraudulentamente”.   

Dicha  medida  es de carácter preventiva y,  por  ende,  provisional  dentro del proceso penal y tiene por objeto impedir una  cadena  interminable  de  defraudaciones  cuando se trata de bienes obtenidos en  forma  fraudulenta  por  aparecer  demostrados  los elementos objetivos del tipo  penal  que  dieron  lugar  a  su  obtención  o  a  gravámenes  que pesan sobre  ellos.   

De  esa  forma,  la  cancelación  de  los  registros  sólo  puede  adquirir  rango  definitivo  cuando  obre una sentencia  condenatoria  en firme, ello a fin de proteger los derechos de terceros de buena  fe  que  se  puedan ver comprometidos en actos posteriores, tal como lo precisó  la  Corte Constitucional en la sentencia C-245/93, por medio de la cual declaró  la   exequibilidad  condicionada  del  artículo  61  del  Decreto  2700/91,  al  señalar:   

“Reitera  la  Corte  Constitucional  la  jurisprudencia  de la Corte Suprema de Justicia en el sentido de exigir que para  adoptar  la  resolución  que  se  autoriza  por  el  artículo  demandado, debe  proceder  la  oportunidad  de la controversia por parte del mismo sindicado y de  los  terceros  incidentales  de  buena fe que pueden concurrir al proceso o a la  actuación   penal   para   hacer  valer  sus  derechos;  además,  el  término  ‘Cancelación’  debe entenderse en todo caso apenas  como  una  medida  que  puede  pronunciarse  por  el  funcionario judicial en el  desarrollo  del  proceso  y que sólo es irrevocable cuando se resuelva sobre la  responsabilidad  del sindicado, por virtud de una sentencia que haga tránsito a  cosa  juzgada.  En este sentido el derecho de propiedad adquirido con justo  título  y  conforme a las leyes civiles no se afecta con esta decisión que, se  advierte,  tiene el carácter preventivo o cautelar, precisamente en defensa del  orden jurídico.   

En   verdad   el   supuesto  ‘vínculo   obligacional’  entre los sujetos del título se ve  afectado,  pero no hasta el punto de que se desconozca la libertad negocial y la  iniciativa  privada ni el derecho de propiedad,  los cuales se deben romper  definitivamente  en  la sentencia o en cualquier decisión judicial que tenga un  carácter  definitivo,  cuando  aparezca demostrada la responsabilidad penal del  autor  del  hecho  típico, pues se trata de una medida de carácter preventivo,  asimilable  a  la  restricción temporal de la libertad dentro del procedimiento  penal,  por medio de las medidas de aseguramiento”1.   

         Si  bien  es cierto la declaratoria de exequibilidad condicionada se  adoptó  frente  a la norma del estatuto procesal penal anterior, tal situación  no  obstruye  una  intelección  en  el  mismo sentido respecto de la preceptiva  contenida  en  el  mismo  estatuto.   En  primer lugar, porque la medida de  cancelación  se  tomó en vigencia del anterior ordenamiento, esto es, el 29 de  enero  de  1999  cuando así lo determinó el Juzgado Primero Penal del Circuito  de  Buenaventura,  luego  de  lo cual sobrevino la declaratoria de exequibilidad  condicionada  y,  en  segundo  lugar,  porque  la  disposición  vigente,  en lo  esencial,  no  sufrió alteración con respecto a la del anterior estatuto a que  se  ha  hecho  mención,  en  cuyo  caso,  como  lo  ha sostenido la misma Corte  Constitucional,  los  efectos de las decisiones adoptadas se extienden hacia las  normas  ulteriores,  cuyos  contenidos  son  idénticos  o  mantienen  el  mismo  sentido,    con    carácter    de   cosa   juzgada   constitucional2.    

          Por  el  contrario,  lo que se advierte es que el actual legislador,  prevenido  de  las  consecuencias  nocivas  que la cancelación de los registros  podía  en  un  momento  determinado  entrañar  para  los  terceros de buena fe  dispuso,  a  tono  con  los  señalamientos  de  la  Corte  Constitucional en la  referida  sentencia  C-245/03,  salvaguardar  expresamente  sus derechos como lo  consignó  en  el  inciso cuarto del actual artículo 66, al precisar que:   “Las  anteriores  previsiones,  sin perjuicio de los  derechos  de  los  terceros  de  buena  fe,  quienes  podrán  hacerlos valer en  trámite incidental”.   

La  conclusión  que  surge  de lo anterior,  entonces,  es que cuando la cancelación se ordena en el proceso es de carácter  preventivo  y provisional, y que solo tendrá efectos definitivos cuando se haya  proferido  sentencia  que  haga  tránsito  a  cosa  juzgada,  por cuyo medio se  declare  la responsabilidad penal del procesado, como en forma igual lo precisó  esta Corporación en decisión anterior:   

“Ahora   bien,   en  armonía  con  las  previsiones  superiores, el artículo 61 del Código Procesal Penal (66  del actual) dispone que, al instante  en  que  se  demuestre  la  tipicidad  del  hecho  punible  que  dio  lugar a la  obtención  de  títulos  de  propiedad  sobre  bienes  sujetos  a registros, el  funcionario  que esté conociendo del asunto ordenará la cancelación de unos y  otros;   regulación  que  a no dudarlo se orienta a restablecer el derecho  transgredido,  volviendo  las  cosas  al estado anterior al delito y a evitar la  comisión   de   eventuales  defraudaciones  en  cadena,  objetivos  que  no  se  configurarían  de  prohijarse la tesis de adoptarse esta medida solamente en la  sentencia  condenatoria,  con  lo  cual  se  admitiría, además, al delito como  justo título para adquirir el dominio   

Sobre  este tópico es bueno recordar que a  través  de  la sentencia C-245 del 24 de junio de 1993, la Corte Constitucional  declaró  exequible  este  precepto,  a condición de que la cancelación de los  registros  se  disponga  como  medida  preventiva  mientras  está  en  curso el  proceso,  y  de  manera  definitiva  en la sentencia condenatoria”3.    

Es decir que, en  caso  de que se provea sentencia absolutoria, o una decisión interlocutoria que  haga  tránsito  a cosa juzgada en el mismo sentido, o que ponga fin al proceso,  la  medida  debe  ser  levantada,  porque  en  ese  instante  nada  justifica el  mantenimiento de la medida provisional.   

Como  en el caso que suscita la atención de  la   Sala,   en   el  interlocutorio  objeto  de  impugnación  se  decretó  la  prescripción  de  toda  las  acciones  penales, lo cual pone fin al proceso, la  consecuencia  obvia  de  tal  determinación era el levantamiento de las medidas  que  sobre el registro del bien se habían tomado en el decurso de la actuación  con  carácter  provisional,  tal  como  se decretó en el numeral tercero de la  parte  resolutiva de dicha providencia, lo cual determina que no se deba reponer  la providencia.   

Para  finalizar,  llama  la atención que el  recurrente  solicite  de  la  Sala que “debe precisar  que   el  bien  objeto  del  ilícito,  pertenece  a  la  Nación”,  en  tanto ello implicaría abrogarse una competencia que no es de  su       órbita      constitucional      ni      legal.             

Lo anterior resulta suficiente para concluir  que no se repondrá la providencia impugnada.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          NO  REPONER la  providencia  de mayo 19 del año en curso,  por las razones expuestas en la  anterior motivación.     

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    ALFREDO GÓMEZ QUINTERO       

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                    ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                     JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS           

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

       

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

                                                Secretaria   

      

1 Corte  Constitucional,  sentencia  C-245/03,  de fecha junio 24 de 2003; M.P. Dr. Fabio  Morón Díaz.     

2  En    ese    sentido    pueden    consultarse,    entre  otras,   sentencias   C-774/01,  de   fecha    25    de   julio   de   2001,  M.P. Dr. Rodrigo Escobar  Gil;   C-1046/01  del  4  de  octubre de 2001, M.P. Dr. Eduardo Montealegre  Lynett;  C-096/03,  del 11 de febrero de 2003, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa  y   C-030/03,   del   28   de   enero   de   2003,   M.P.   Dr.   Álvaro  Tafur  Gálvis.     

3  Radicación  N°  13.349,  proceso  de única instancia, auto de fecha noviembre  1° de 2000;  M.P. Dr. Edgar Lombana Trujillo.     

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