21936(17-03-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21936  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 23  

          Bogotá,  D.  C.,  diecisiete  (17)  de  marzo  del  dos  mil cuatro  (2004).   

                                    VISTOS   

La Sala Penal del Tribunal Superior de Pasto,  mediante  interlocutorio  del  3  de  diciembre  del  2003,  resolvió  acumular  jurídicamente  las penas impuestas a Héctor Guillermo  Gómez  Santacruz dentro de los procesos adelantados en  su  contra.  Adicionalmente,  y en forma adversa a la solicitud del sentenciado,  le negó el derecho a la libertad condicional.   

En  el  acto de notificación, el sentenciado  impugnó  la  decisión  y,  luego,  su  defensor presentó la sustentación del  recurso.      

ANTECEDENTES   

1.   El  27  de  noviembre   del   2001,   Héctor   Guillermo  Gómez  Santacruz  fue  hallado  responsable  del  delito  de  concusión,   por  hechos  cometidos  el  1°  de  octubre  de 1999, mientras fungía como secretario de la  unidad  de  fiscalía  de  Tumaco. La pena que se le impuso fue de setenta y dos  (72)  meses de prisión. La sentencia fue proferida por el Juzgado Primero Penal  del Circuito de Tumaco.   

Impugnado  el  fallo,  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Pasto  le impartió confirmación plena el 25 de febrero  del 2002.   

2.  El 12 de abril  del  2002, el Tribunal de Pasto, con base en hechos ocurridos entre los meses de  diciembre  de  1998 y enero de 1999, condenó a Héctor  Gómez  Santacruz, en su condición de ex fiscal local  (encargado)  del  municipio  de  Tumaco,  a la pena principal de sesenta y cinco  (65)   meses   de   prisión,   también   por   el   delito   de   concusión.   

Esta  sentencia  fue recurrida. Por medio de  fallo  del 21 de agosto del 2003, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema  de  Justicia, aunque la refrendó, decidió disminuirle la pena al sentenciado a  cincuenta y nueve (59) meses de prisión.   

3.  El tres (3) de  diciembre  del  2003, como ya se dijo, el Tribunal de Pasto acumuló las penas y  le negó la libertad condicional.   

PROVIDENCIA  IMPUGNADA   

En  criterio del A  quo,    la   pena   definitiva   para   Gómez  Santacruz,  luego  de efectuada la  acumulación  jurídica, debe ascender a ciento cinco (105) meses de prisión y,  además,  la  concesión  de  la  libertad  condicional  por  él  solicitada no  procede. Los fundamentos de la decisión son los siguientes:   

1.   Sobre   el   total   de   las   penas  acumuladas.   

a. Para obtener este  total,  el  Tribunal se basó en lo dispuesto en el artículo 470 del Código de  Procedimiento  Penal.  De  acuerdo  con esta norma, cuando se procede a acumular  sanciones  deducidas  en  sentencias dictadas en diferentes procesos, “la pena  impuesta  en  la  primera  decisión  se  tendrá  como  parte  de la sanción a  imponer”.   

b.  Héctor  Guillermo  Gómez  fue condenado, independientemente, por dos delitos de concusión. En la primera sentencia se le  impuso  una  sanción principal de setenta y dos (72) meses de prisión, y en el  segundo  fallo  la  prisión  quedó  determinada  en  cincuenta  y  nueve  (59)  meses.   

c.  Al efectuar la  acumulación  jurídica  de estas penas, el Tribunal aplicó la regla del inciso  primero del artículo 470 del Código de Procedimiento Penal.   

A  la  pena  correspondiente  a  la  primera  decisión  –72 meses-, le  hizo  un  incremento  de  treinta  y  tres (33) meses, en consideración a “la  gravedad  de  las  conductas y demás razones expuestas en las sentencias”. De  este  modo, obtuvo un total de ciento cinco (105) meses como sanción definitiva  para     Héctor    Gómez    Santacruz.       

2.     Acerca     de    la    libertad  condicional.   

a. No existe prueba  cierta  en  el  proceso de que el sentenciado se haya dedicado al trabajo dentro  del centro carcelario donde se halla recluido.   

A  juzgar por la certificación que expidió  el  director  de  la  Cárcel Judicial de Pasto y su asesor jurídico, el señor  Gómez Santacruz no solicitó  autorización  al “consejo de trabajo” de la penitenciaría para desarrollar  labores útiles dentro del penal.   

b. El estudio como  factor de rebaja de pena, tampoco está demostrado en el proceso.   

Si  bien el sentenciado acredita que durante  el  tiempo de su reclusión presentó los exámenes preparatorios para graduarse  como  abogado  en  la  Universidad  de  Nariño,  esa  sola  circunstancia no le  confiere derecho a la rebaja punitiva prevista en la ley.   

De acuerdo con el artículo 96 del Código  Penitenciario  y  Carcelario  (Ley 65 de 1993), para que esa acreditación tenga  eficacia  probatoria,  se  hace  necesario  que  el  interno  haya solicitado el  permiso  a  las autoridades carcelarias con el fin de dedicarse a esta actividad  académica.   

                  LA IMPUGNACIÓN   

El  apoderado  del sentenciado, así como el  propio  Gómez  Santacruz en  escrito  complementario,  solicitan  que  la revisión de providencia apelada se  realice en tres sentidos:   

1. El artículo 31,  numeral  1° del Código Penal, ciertamente autoriza al juez para incrementar la  pena,    en    caso    de   concurso   de   conductas   punibles,   hasta en otro tanto.   

Pero  si  esta  norma  se  armoniza  con  el  artículo  4°  del  mismo  estatuto  punitivo,  debe  advertirse que una de las  funciones    de    la    pena    es    la    de    obtener    una   retribución  justa,  evaluable  a partir  del comportamiento del sentenciado dentro del penal.   

Esa apreciación no debe hacerse con base en  la  gravedad  de los hechos y el comportamiento pasado de la persona, que fue la  forma   como  procedió  el  Tribunal. El incremento de treinta y tres (33)  meses,  efectuado  al  acumular  las  penas,  tuvo ese fundamento equivocado. Se  imponía  tener  en cuenta, para ese efecto, la conducta del sentenciado durante  el período de privación de la libertad.    

2.  Además, cuando  se  fijó la pena correspondiente al primero de los delitos, se hacía necesario  tomar  como  referencia,  por  aplicación  del  principio de favorabilidad, las  normas  del  código  anterior, que era el que regía al tiempo de los hechos, y  no  las  del  actual.  El Tribunal desconoció este principio. A pesar de que la  norma  posterior no favorecía al implicado, confirmó la sentencia en la que se  le impusieron setenta y dos (72) meses de prisión.   

Por  los hechos ocurridos entre diciembre de  1998  y  febrero  de  1999, se le impuso al sentenciado esa pena excesiva. En el  Decreto  100  de  1980,  artículo  140,  la  pena  máxima  para  el  delito de  concusión  era  de  ocho (8) años de prisión (equivalentes a 96 meses). En la  Ley  599  del  2000, artículo 404, el máximo de esta pena está fijado en diez  (10) años de prisión.   

El  Tribunal, cuando confirmó la sentencia,  no   aplicó,   a  este  respecto,  el  principio  de  favorabilidad.  Por  esa razón ahora, al acumular las  penas,  se partió de una base exagerada. Si los dos delitos se hubieran juzgado  conjuntamente,  en  ningún caso la pena, por razón de las reglas del concurso,  habría   llegado   a   ciento  cinco  (105)  meses.  En  cambio,  “de  manera  inmisericorde”,   el  Tribunal,  por  efecto  de  la  acumulación  jurídica,  al   aumentar  en  treinta  y  tres  (33)  meses  el  básico  punitivo, se  sobrepasó en su sanción.    

3.  El tratamiento  que  dio  el  Tribunal  al  trabajo  y  al  estudio  del  sentenciado durante su  reclusión,      resulta     equivocado.     Gómez  Santacruz  se  halla en detención domiciliaria. Está  bajo vigilancia del Inpec.   

Si  bien  la ley 65 de 1993 obliga a obtener  las  certificaciones  de  trabajo y estudio, ello opera para el régimen interno  de  la  cárcel.  No  para  quienes  se hallan extramuros. En estos casos, quien  puede  dar  fe  de las actividades del convicto, es el funcionario del Inpec que  está  vigilando  su  permanencia  en  el  domicilio, o el juez de ejecución de  penas.   

Es  necesario  superar los formalismos de la  ley  65  de  1993.  Ellos  operan  para los internos, mas no para quienes purgan  penas  por  fuera  de la cárcel. Así se lo solicita a la Corte, en orden a que  se  reconozca,  como  motivo  para  la  redención  de  la  pena,  las horas que  Gómez  Santacruz ha dedicado  al   trabajo  o  al  estudio  durante el tiempo que ha estado privado de su  libertad.      

CONSIDERACIONES   

Por  las  siguientes  razones,  la  Sala  le  impartirá confirmación a la providencia impugnada:     

1. El artículo 31  del  Código  Penal,  faculta  al  juez para incrementar la sanción, en caso de  acumulación     jurídica,     hasta    en    otro  tanto. A esta regla se ciñó el Tribunal. Sin superar  la  suma  aritmética,  concluyó que resultaba ecuánime que la pena más grave  –72 meses- se incrementara  en  treinta  y  tres  (33)  meses  de  prisión  para que cumpliera sus fines de  retribución   justa   y  prevención general.   

El sentenciado y su apoderado, consideran que  la  ampliación  del  límite temporal de la sanción, hecha en esa proporción,  se  torna  exagerada.  Estiman  los  recurrentes  que  en la imposición de este  incremento,  no  podían  tener  ninguna  fuerza  determinante  factores como la  gravedad   de   las   conductas   y  las  circunstancias  en  que  ellas  fueron  cometidas.   

En  su  criterio,  su  comportamiento actual  dentro  del  penal,  reputado  como  bueno, era el elemento regulador que debió  utilizarse al momento de aplicar el artículo 31 del Código Penal.   

Se contesta:  

La acumulación jurídica de penas tiene como  presupuesto  partir  de  la  pena  más  alta fijada en una de las sentencias y,  sobre   ese   base,   incrementarla   hasta  en  otro  tanto.   

La   ley   le  otorga  al  juez  el  poder  discrecional  de  aumentar  la  pena  más  grave  de  la  forma  indicada.  Ese  incremento  no se hace en abstracto. Tiene fundamento en la clase de delito cuya  pena  va  a  ser  acumulada.  Lo que en ese momento juzga el sentenciador, es un  comportamiento  pasado.  La  adición  punitiva  tiene como referentes el delito  cometido,  las  circunstancias en que se produjo y las condiciones personales de  su  autor.  La  pena  fijada al momento de la acumulación jurídica, se deduce,  por  remisión,  de los fundamentos jurídicos y fácticos de las sentencias que  van a ser unificadas.   

Por  tanto, la incidencia del comportamiento  carcelario  del  sentenciado,  por  cuanto  es  un hecho posterior a la fase del  juzgamiento  propiamente  dicha,  no  opera  en  ese  momento,  pues  tiene  reservada  su  influencia  en  el  momento en que se discute la concesión de la  libertad  condicional  o  los  restantes beneficios previstos en la ley para las  personas que descuentan pena.   

2.  Sostiene  el  recurrente  que  en  la sentencia del 27 de noviembre del 2001, proferida por el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Tumaco, y confirmada en su integridad por  el  Tribunal  Superior  de  Pasto,  al  imponerle  setenta  y  dos (72) meses de  prisión  como  pena  principal,  no  se  dio aplicación a la más favorable al  acusado.  En  lugar  de  ceñirse  a  los  parámetros  del Decreto 100 de 1980,  artículo  140,  el  juez  y  el  Tribunal  se  basaron  en la Ley 599 del 2000,  artículo 404.   

Contesta la Sala:  

Esta  objeción  no  corresponde a la verdad  procesal.  En  el  artículo 140 del Decreto 100 de 1980, la pena para el delito  de  concusión  oscilaba  entre  cuatro (4) y ocho (8) asños de prisión. En la  Ley  599 del 2000, artículo 404, el mínimo está fijado en seis (6) años y el  máximo  en  diez  (10).  En  la  sentencia  cuestionada,  se  le  impusieron  a  Gómez  Santacruz  setenta y  dos  (72)  meses, equivalentes a seis (6) años de prisión. Esto indica que los  falladores    no    violaron    el    principio   de  legalidad  de  la  pena.  Se mantuvieron dentro de los  límites normativos señalados.   

Ahora  bien; aún en el supuesto de que se  hubiera      vulnerado     el     principio     de  favorabilidad,  circunstancia  que  no  ocurrió,  es  preciso  tener en cuenta que la sentencia proferida por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  de  Tumaco,  y  confirmada  por  el  Tribunal  Superior de Pasto,  mediante    la   cual   se   le   impuso   a   Gómez  Santacruz  una  pena  de  setenta  y dos (72) meses de  prisión  por  el  delito  de  concusión, es una sentencia ejecutoriada. Contra  ella,  ahora,  no  procede  ningún  recurso. Es una sentencia en firme, máxime  cuando  la  Corte,  en  providencia  de octubre del 2003, decidió no admitir el  recurso  de  casación  que  se  había  interpuesto para discutir su legalidad.   

Erróneamente   procedería  el  juez  que  decretara  la  acumulación  jurídica  de  penas  si  lo hiciera disminuyendo o  aumentando  las  sanciones  impuestas  en las sentencias objeto de integración,  como  si  actuara  a  la  manera  de  un funcionario de instancia, puesto que se  extralimitaría  en las funciones definidas en el artículo 31 de la Ley 599 del  2000.  Su  labor  está limitada, que fue como procedió el Tribunal, a tomar en  cuenta  la pena más grave e incrementarla hasta en otro tanto, como lo autoriza  el artículo 470 del Código de Procedimiento Penal.   

3.  Sostiene  el  recurrente  que la acreditación del tiempo laborado y dedicado al estudio, así  no  haya  sido certificado por las directivas del penal, debe tener validez para  efecto   de  la  redención  de  la  pena  que  viene  descontando  en  prisión  domiciliaria   Héctor  Gómez  Santacruz.   

Se contesta:  

Los  presupuestos  para conceder la libertad  condicional,  más  favorables  en  el  nuevo código que en el anterior, están  estatuidos  en  el  artículo  64  del  Código  Penal.  Esos requisitos son los  siguientes:  a)  que  la  persona  haya  sido  condenada  a pena privativa de la  libertad;  b)  que haya cumplido las tres quintas (3/5) partes de la condena; c)  que  de  su  buena  conducta  en  el  establecimiento  carcelario  pueda  el juez deducir, motivadamente, que  no existe necesidad para continuar con la ejecución de la pena.   

El sentenciado no comprobó, para efectos  de  la redención de la pena,  y  con  miras  a reunir en su favor el requisito objetivo de la norma, el tiempo  dedicado  al  trabajo  o al estudio durante el lapso en que ha estado privado de  su  libertad.  La  sola manifestación de haber estudiado o trabajado por cuenta  propia,  o  el  hecho  de  adjuntar un certificado de una entidad particular, no  puede ser tenido en cuenta como factor de reducción de pena.   

Es necesario, para ese efecto, ceñirse a lo  dispuesto  en  los  artículos  79  y  siguientes  y 94 y siguientes del Código  Penitenciario  y  Carcelario.  Sin  que obre la certificación a que se refieren  los  artículos  81  y  96  de  ese  mismo  código,  el tiempo hipotéticamente  laborado  o  dedicado  al  estudio  no  puede  ser  atendido  para  el  abono de  sanción.   

Quien  se  halla  en  detención o prisión  domiciliaria  puede  acceder a la redención de pena por trabajo y estudio; pero  no  está  exento  de  solicitar  la  autorización al Instituto Penitenciario y  Carcelario  para  trabajar  o  estudiar y de someterse a las reglas de control y  vigilancia   de   estos   programas  de  rehabilitación,  por  cuanto   al  funcionario  judicial  no  le  es  dable  suponer,  sobre  la  base de las solas  palabras  del  condenado, que se ha dedicado durante un tiempo determinado y una  jornada definida a estas actividades.     

En    el   caso   de   Gómez  Santacruz,  se  tiene  que  él no  solicitó  autorización  del  “consejo  de  trabajo” para dedicarse a estas  actividades.  como  lo  certificó  el  Director  de  la Cárcel de Pasto.    

Por  tanto, como lo estimó el Tribunal, su  sola  expresión de haber estudiado o trabajado, o el hecho de haber aportado un  documento  de  una  entidad  ajena  al  centro de reclusión, no puede servir de  fundamento  para  que  se le tenga este tiempo como parte cumplida de la pena en  la proporción indicada en la ley.   

En  estas  circunstancias,  y  teniendo  en  cuenta   que   Héctor  Gómez  Santacruz  no  ha  descontado  las tres quintas (3/5)  partes de la pena  que  se  le fijó, o sea 63 meses de los 105 impuestos, por cuanto a la fecha de  la  decisión impugnada sólo había purgado cuarenta y tres (43) meses y veinte  (20)  días,  no  procede  el  reconocimiento de la libertad condicional, por no  reunir   el   requisito   objetivo   del   artículo   64  de  la  Ley  599  del  2000.   

Con  base  en  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

CONFIRMAR        la  providencia  del  3  de  diciembre  del 2003, por medio de la cual la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Pasto  resolvió  decretar  la acumulación jurídica de las penas  impuestas     a     Héctor     Guillermo    Gómez  Santacruz   y   negarle  el  derecho  a  la  libertad  condicional.   

                           Notifíquese y cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Comisión de servicio  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO              ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO                                                              

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                       ÁLVARO O.  PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE L. QUINTERO M   

            

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                    MAURO SOLARTE PORTILLA   

                                                      Impedido   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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