21930(30-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21930  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta No. 058  

Bogotá  D.C.,  junio treinta (30) de dos mil  cuatro (2004).   

VISTOS:  

Decide  la  Corte  lo  correspondiente  a  la  demanda  de  casación  presentada  contra la sentencia del 29 de agosto de 2003  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Cali, que condenó a GUILLERMO ARGOTE  NARVÁEZ   como   autor   responsable   de  la  conducta  punible  de  homicidio  agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  El 10 de noviembre de 1998 hacia las 7 y  30  de  la  mañana,  dos  individuos  dispararon  en varias oportunidades   contra  Mercedes García Suárez cuando ella se encontraba en el local comercial  “Granero  La  Abundancia”,  ubicado  en  el barrio Meléndez de la ciudad de  Cali.  Y  enterados  los familiares de la víctima, de inmediato señalaron a su  esposo,  GUILLERMO  ARGOTE  NARVÁEZ, como el responsable del atentado porque la  celaba   constantemente   y   desde   tiempo   atrás  la  había  amenazado  de  muerte.   

2. La Fiscalía Veinte Seccional de la Unidad  Primera  de  Vida  de Cali  ordenó la apertura de investigación, vinculó  al  imputado  mediante  declaratoria de reo ausente y dictó en su contra medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  el  25  de  enero  de 1999 por la  conducta  punible  de  homicidio,  decisión  que  la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  adicionó  tipificando  la  delictividad  en  el  grado específico de  homicidio                   agravado1,  cargos  por  los  que  se le  acusó el 20 de agosto siguiente.   

          3.  El  Juzgado  Catorce Penal del Circuito de esa capital avocó el  conocimiento  de  la  causa,  celebró  la  correspondiente audiencia pública y  dictó  sentencia  de  primer  grado  el  13  de  septiembre de 2001, condenando  congruentemente  con  la  acusación  a  GUILLERMO  ARGOTE  NARVÁEZ  a  la pena  principal  de  veintisiete  (27)  años  de   prisión,  a  la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el término de diez (10)  años    y    al    pago   de   los   perjuicios   morales   causados   con   la  infracción.   

El Tribunal Superior del Distrito Judicial de  ahí  confirmó  en  su  integridad  la  decisión  del  Juzgado,  a  través de  providencia  que  el  defensor  del procesado recurrió en casación2.   

LA DEMANDA:  

Cargo Único.  

Con fundamento en la causal primera se acusa  la  sentencia  por  error  de  hecho en la apreciación de las pruebas porque el  fallador   les   otorgó   un   valor  que  no  tienen  y  dedujo  de  ellas  la  responsabilidad  penal  del  procesado  sin tener en cuenta que la condena sólo  procede cuando existe certeza sobre ese tópico.   

Si  la  “certeza” es la seguridad que se  tiene  de  algo  y  que  excluye  cualquier  duda que pueda existir, para dictar  sentencia  condenatoria  contra  ARGOTE  NARVÁEZ  se  requería,  no de simples  indicios  que  comprometieran su responsabilidad, sino de la absoluta certeza de  su    participación    como    determinador    del    homicidio   de   Mercedes  García.   

En otras palabras: de los hechos indicadores  existentes  debía  inferirse que el procesado tomó parte en el homicidio, así  fuera  como determinador, porque si los ocurridos antes y después del delito no  guardan  correspondencia  con  la  conducta  criminosa, no es posible atribuirle  responsabilidad.   

El  planteamiento  de  la  Fiscalía  en  la  audiencia  pública  resulta  acertado  no  solo por favorecer al procesado sino  porque  proviene  de  la  misma funcionaria que dictó la resolución acusatoria  quien,  a  no  dudarlo,  de haber existido mérito, habría solicitado sentencia  condenatoria.   

Ninguno  de  los  seis  indicios  en  que el  Tribunal  se  apoyó para confirmar la condena es indicativo de su compromiso en  la  preparación  y  realización  del  homicidio,  ni  demuestra  el nexo entre  determinador  y  determinados. Así, el indicio de manifestaciones anteriores al  delito,  que  se concretarían en las amenazas proferidas por el procesado antes  de  los  hechos, advierte que esa circunstancia es mencionada principalmente por  los  familiares  de la interfecta a quienes no les consta haber visto u oído al  sindicado   amenazarla  de  muerte,  porque  todas  estas  apreciaciones  fueron  vertidas en vida por la misma dama.   

El  conocimiento de la víctima por parte de  los  sicarios,  es una deducción que en nada compromete a su representado en la  comisión  del  crimen,  porque  no  existe  prueba  del  nexo entre éste y los  ejecutores del hecho.   

El indicio de las intenciones de ARGOTE para  consumar  el  delito,  derivado  del  hecho  de  haber  enviado a la víctima al  granero  para  comprar  el  desayuno,  donde  fue  sacrificada, advierte que las  diferentes  declaraciones  rendidas  en  el  proceso  aclaran  que era muy de la  rutina  diaria  de  Mercedes  García  dirigirse  a  ese  lugar   a comprar  víveres,  de  donde  se  advierte  que  el  procesado  no  estaba  haciendo una  solicitud fuera de lo normal.   

El   indicio   de  huida  derivado  de  la  desaparición  del  procesado luego de ocurrido el hecho se debió a que una vez  tuvo  conocimiento,  se comunicó con los familiares de la occisa para confirmar  la  noticia,  quienes de inmediato le elevaron reclamos que lo llevaron a prever  que  su presencia podía acarrearle peligros, tal como lo confirman los testigos  que cita.   

La  responsabilidad de un homicidio no se le  puede  atribuir  a los celos de la pareja ni a la idea de no querer compartir el  patrimonio.  Y,  del  testimonio  del hijo del procesado, el Tribunal colige que  ARGOTE  NARVÁEZ  compró  un arma para facilitársela a los homicidas, sin caer  en  cuenta  que  la  víctima fue ultimada con un revólver y aquél compró una  pistola 7.65 con proveedor.   

Con  ese fundamento, se aspira a que se case  la  sentencia  y  se  dicte  la  absolutoria de reemplazo a favor del condenado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  La  demanda de casación que se acaba de  revisar,   no   cumple  con  la  totalidad  de  los  lineamientos  que  para  su  admisibilidad establece el artículo 212 de la Ley 600 de 2000.   

En  efecto:  el  numeral  3º  de  la citada  disposición  establece  que  la  demanda  debe  contener  la enunciación de la  causal  y  la  formulación del cargo, con la indicación clara y precisa de sus  fundamentos y las normas que el demandante estime infringidas.   

          La   demanda   de   casación   es  un  juicio  técnico–jurídico  que  se  le  formula  a  la  sentencia  que  pone  fin  a  un  proceso,  cuyo objetivo es la remoción de esa  decisión  con fundamento en las causales expresamente consagradas para ese fin,  sin  que  sea  posible  reiterar  los  debates  planteados en las instancias con  ausencia  del  rigor  de la técnica y la metodología que le es propia y que la  Corte de manera incansable se ha ocupado de ilustrar.   

2.  El  recurrente acude a la causal primera  para  demandar  un  error en la apreciación de la  prueba indiciaria, pero  no  identifica  de  manera  concreta la clase de error que se cometió y si este  recae  sobre  el  hecho  indicador o la inferencia lógica, sino que proyecta su  reproche   a  disentir  del  mérito  que  le  fue  asignado  por  el  juzgador.   

No  se  detuvo  a  indicar si respecto de la  prueba  que demuestra el hecho indicador, se cometió algún error de hecho o de  derecho.  Tampoco,  si  el  dislate  se  cometió en el proceso valorativo de la  inferencia   lógica   por   haberse   vulnerado   los  postulados  de  la  sana  crítica,   y  con  esa orientación precisarle a la Corte la forma como se  desconocieron  los  principios  de  la  lógica,  las  leyes de la ciencia o las  reglas  de  la  experiencia  y  su  trascendencia  en  la  decisión  recurrida.   

La  postura  del casacionista desconoce esas  mínimas  pautas  de  orden  técnico  porque  no  resulta  admisible tomar cada  indicio  aisladamente  para  asegurar que carece de la fuerza demostrativa de la  certeza  sobre  la responsabilidad del procesado, si se tiene en cuenta además,  que  el  mérito  probatorio  de  la prueba indirecta se aquilata a partir de su  apreciación  en  conjunto,  la  cual  el  libelista  ni siquiera se encargó de  desvirtuar,    pues   se   limita   a   descalificar   las   apreciaciones   del  sentenciador   para  sobreponer  las suyas y a tratar de justificar algunos  comportamientos   del   procesado,   como  haber  desaparecido  de  su  habitual  residencia una vez se produjo el homicidio.   

          3.  Se  desconoce  que las censuras elevadas en sede de casación no  pueden  fundamentarse  a manera de alegato de instancia para tratar de prolongar  un  debate  probatorio  que  ya  fue definido, sino mediante la postulación, en  forma  clara  y precisa, de los yerros de juicio o de procedimiento, al tenor de  las  causales  expresamente  previstas  por  la  ley  y  su  trascendencia en la  decisión recurrida.   

Los  planteamientos  aludidos  lo único que  evidencian  es su intención de incursionar en el campo de la crítica subjetiva  acerca  de  la  forma como debieron valorarse los elementos de convicción sobre  los  cuales  hace  recaer  el error de apreciación denunciado, para oponerla al  análisis  de  los juzgadores, postura que resulta ajena a la carga de acreditar  desatino   alguno  debido  a  que  los  fallos  están  amparados  de  la  doble  presunción  de acierto y legalidad, razones todas que ineludiblemente llevan al  fracaso del extraordinario recurso.   

         

A mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:   

INADMITIR la demanda de casación presentada  por el defensor de GUILLERMO ARGOTE NARVÁEZ.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  ningún recurso.   

CÚMPLASE  

         

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                  ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

SECRETARIA  

           

1  Folios 34,76, 94 221.   

2  Folios 248, 296, 312 y 353.     

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