21752(17-03-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21752  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 23  

Bogotá, D. C., diecisiete (17) de marzo del  dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

      Procede   la  Sala  a  pronunciarse  sobre la posibilidad de admitir la demanda de casación instaurada  por  el  defensor   de  Hugo Luis Mindiola Reales  contra   la  sentencia  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Valledupar, mediante la cual fue condenado por los delitos  de   homicidio,  en  concurso  homogéneo,  y  porte  ilegal  de  arma  de fuego de  defensa    personal.    Así   mismo,   toma   otra  determinación.   

                        HECHOS   

1. El 31 de marzo  de  1997,  en un establecimiento comercial situado en la carrera 30 con calle 12  del  municipio de Agustín Codazzi (Cesar), fueron ultimados, con arma de fuego,  Astolfo  Luis  Vergara  y  Ever  Enrique Obredor. Los autores de los homicidios,  huyeron inmediatamente del lugar.    

2. Días después,  el  10  de  abril  de  1997, la policía allanó dos  inmuebles en la misma  población.  En  uno  de  ellos,  fue aprehendido Hugo  Luis  Mindiola, a quien le decomisó una pistola marca  Smith  & Wesson, N° A- 348943, calibre 9 mm., con espacio para 21 cartuchos  y otra arma de fabricación hechiza con la misma capacidad.   

                     ACTUACIÓN PROCESAL   

1.  El  20  de  octubre  de 1998, la Fiscalía 26 Seccional de Agustín Codazzi (Cesar) acusó a  Hugo  Luis  Mindiola Reales  de  ser autor de porte ilegal de arma de fuego de defensa personal y municiones,  según  la definición del artículo 201 del Código Penal de 1980 (Decreto 3664  de 1986).   

          2.  En  la  misma  fecha,  aun cuando en  pliego aparte, lo acusó como coautor de doble homicidio.   

3.  El  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Valledupar, lo halló  penalmente  responsable  de  los  homicidios  y  del  porte  armas, a título de  coautor.   

          3.  Contra  la  sentencia,  su  defensor  interpuso  el  recurso de apelación y la Sala Penal del Tribunal de Valledupar,  al conocer de la decisión, la confirmó.   

                 

LA DEMANDA  

             El  censor  formula, al amparo de la causal primera de casación (artículo 207,  numeral  1°, cuerpo segundo, del Código de Procedimiento Penal), dos reproches  a los fundamentos probatorios de la sentencia:   

Primero. Violación indirecta.  

El  Tribunal,  al  distorsionar  el sentido  objetivo  de  algunas pruebas en particular, y en general de todas las que obran  en  el  proceso, incurre en un error de hecho por falso  juicio de identidad.   

Así lo sustenta:  

El yerro, en concreto, consiste en que el  fallador,  en  criterio  del  demandante,  por  no  aplicar  las  reglas  de  la  sana  crítica en el examen  de  las  pruebas,  valoró  equivocadamente  los hechos en sí mismos y, por esa  razón, extrajo de ellos inferencias erróneas.   

Al proceso se allegaron pruebas como el acta  de   levantamiento   de   los   cadáveres,   la  necropsia,  la  diligencia  de  allanamiento,  el  hallazgo de las armas y el informe de captura de Hugo     Luis     Mindiola     y    el  coprocesado.   

Pero   el  juzgador,  al  apreciarlas  en  conjunto,  sólo  le otorgó credibilidad a lo que Leonardo Monsalvo Gutiérrez,  uno  de  los  agentes  del  procedimiento,  manifestó  en  el sentido de que el  sentenciado   había  reconocido  ante  él  ser  el  autor  de  los  homicidios  investigados.   

No  advirtió  que  este  testigo, quien le  atribuyó  al  procesado,  además, ser miembro de un grupo guerrillero, haberlo  amenazado  de  muerte  y  haber violado sexualmente a una niña,  tenía un  marcado   interés,  como  miembro  del  C.T.I.,  por  hallar  elementos  de  juicio  que  comprometieran a  Hugo   Luis   Mindiola.   

De  otra  parte,  el  informe  suscrito por  Leonardo  Monsalvo,  de  acuerdo  con  el artículo 50 de la Ley 504 de 1999, no  tiene  ningún  valor  dentro  del  proceso.  Por tanto, dado que ello implicaba  violar  las  reglas  de  la  sana crítica, el Tribunal no podía apreciar, y lo  hizo, esa prueba.   

En cambio, omitió considerar integralmente  la  versión de Rubén Darío Fernández Obredor, padre de una de las víctimas,  quien  manifestó  que,  aunque no pudo reconocer a los autores del homicidio de  su   hijo   y   su   contertulio,   sí   se   dio   cuenta   de   que  portaban  ametralladoras.   

El  Tribunal apreció parcialmente lo dicho  por  Fernández Obredor. Sólo asumió posición frente a la segunda parte de su  atestación,  mas  no  respecto  de su primer elemento integrador. Si Fernández  Obredor  relató  que  a los capturados los conoce de vista en Agustín Codazzi,  pero  que  no  los  identifica  como  los  que causaron la muerte a Astolfo Luis  Vergara  y  Ever Enrique Obredor,  el Tribunal debió apreciar en conjunto,  sin parcelarlo, su testimonio.   

En  este sentido, por haber tomado de estas  pruebas  –los testimonios  de  Leonardo  Monsalvo  y de Fernández Obredor- sólo sus aspectos negativos, y  omitir  hacerlo con relación a sus elementos positivos, el Tribunal cayó en un  error    de    hecho    por    falso    juicio    de  identidad.    

Segundo. Violación indirecta.  

El  Tribunal, por omitir la apreciación de  uno  de  los  dos  informes  de  balística  aportados  al proceso, incurrió en  error    de    hecho    por    falso    juicio    de  existencia.   

Así lo sustenta:  

A  lo  largo  de  la  investigación,  se  practicaron  dos  exámenes  de  balística.  El primero, distinguido con el N°  GB-1204  del 21 de mayo de 1998, y el segundo, practicado el 22 de mayo de 1998,  cuyo número es GB-1205.   

El Tribunal únicamente apreció el primero.  No   así   el   segundo.  En  éste  –el  1205-,  se  dijo  que,  probado  el proyectil de muestra en las  pistolas  decomisadas  a  los incriminados, “no se logró establecer identidad  entre  los  mismos,  lo  anterior  con  base en marcas microscópicas que quedan  sobre  el  cuerpo  del  proyectil  a  su  paso  por  el  cañón del arma que lo  dispara”.   

Y  luego,  el experto concluyó: “lo cual  significa  que  ese  proyectil,  no fue disparado en ninguna de las dos armas de  fuego”.   

Sobre la base de estos dos errores, solicita  a  la  Sala casar la sentencia y, como consecuencia de ello, proceder a proferir  fallo absolutorio de reemplazo.   

CONSIDERACIONES  

Una,        previa.   

Dentro  de  este  proceso,  la  resolución  acusatoria  por  el  delito  de  porte de armas de fuego de defensa personal fue  proferida   el  20  de  octubre  de  1998    y   obtuvo   ejecutoria   el   18   de   noviembre siguiente.   

De acuerdo con el artículo 201 del Código  Penal  de  1980,  la pena para quienes incurran en este delito, oscila entre uno  (1)  y  cuatro (4) años de prisión. Si se aplica la regla del artículo 83 del  Código  Penal,  en  concordancia  con  el  86  del  mismo estatuto punitivo, se  observa  que  el término prescriptivo de la acción, hecho el cómputo a partir  de  la firmeza del pliego, en lo que respecta con esta conducta, es de cinco (5)  años.   

Ese  lapso,  se  cumplió  el  18  de  noviembre  del 2003, antes de que  el  asunto  arribara  a  la Corte. Por tanto, se impone declarar, dentro de esta  misma  providencia,  la  prescripción  de  la acción  en  lo  que  atañe con el delito contra la seguridad  pública.   

La Corte, entonces, procederá a efectuar la  readecuación  punitiva  que  ocasiona la declaratoria de la prescripción de la  acción  penal  respecto  de  esa  conducta. Si el fenómeno prescriptivo es una  realidad  objetiva  dentro de este proceso, se impone extraer del monto total de  la   sanción   impuesta   al  sentenciado,  la  porción  de  ese  quantum  punitivo  que, por extinción de  la   causa   que  la  generó,  no  debe  descontar  en  prisión.  Adelante  lo  hará.   

                                     

Frente    a    la    demanda.   

                  

Ésta, por no ceñirse a los requerimientos  técnico-formales  esenciales  señalados  en  el  artículo  212 del Código de  Procedimiento   Penal,   no   puede   ser   admitida.   Las   razones   son  las  siguientes:   

Respecto del primer cargo.  

1. El demandante  pasa  por  alto,  a  lo  largo  del  desarrollo  del  reproche,  el principio  de  claridad  y  precisión que  gobierna la técnica de casación.   

Inicialmente,  sustenta  la  censura  en el  hecho  de  que  el  juzgador,  dentro de la valoración conjunta de las pruebas,  incurrió    en   un   falso   raciocinio   por   inobservancia   de   las   reglas   de   la   sana  crítica. Pero más adelante, acusa  el  fallo  de  estar  fundado  en  errores de hecho por  falso   juicio   de   identidad   derivados   de  la  tergiversación   de   los   hechos   que   revelan  determinados  elementos  de  convicción.   

Esta manifiesta confusión inicial, impide a  la  Corte  precisar,  para acometer el estudio de fondo de la demanda, si lo que  el  impugnante pretende es poner de relieve, por la vía de la causal primera de  casación,  la existencia de errores de hecho por falso  raciocinio   en  la  apreciación  conjunta  de  las  pruebas,  o si su propósito es el de acusar el fallo por yerros derivados de un  falso     juicio    de    identidad    sobre    unos   elementos   de   análisis   en   particular.    

2.  Si   el  recurrente      pretendía      formular     ambas     censuras     –una   al  razonamiento  general  del  juzgador  y otra basada en singulares errores objetivos-, su deber era ceñirse,  al  formular  los  cargos  y  desarrollarlos,  a  las pautas establecidas por el  principio  de  autonomía,  otro de los pilares de la técnica de casación.   

Si su objetivo era formular varios cargos  dentro  de  una  misma  causal  debió  enunciarlos  y  fundamentarlos de manera  autónoma       e       independiente.    Pero  así  no  procedió.  Dentro  de  la  misma  causal  –la  primera-, se ocupó  de    hacer,    mezclados,    reproches   por   falso  raciocinio  y por errores de  hecho por falso juicio de identidad.   

3.  Por contera,  luego  de  su  informal  desarrollo  de  los  errores detectados, el impugnante,  además  de  que  hizo  un  inadmisible  juicio  valorativo y no objetivo de las  pruebas,  omitió señalar de modo riguroso cuál hubiera sido, de prosperar las  censuras,  la  trascendencia  de su invalidez en el sentido final de la sentencia.   

4. Y agréguese:  sobre  el  mismo yerro, es decir, siguiendo con la mixtura indebida, respecto de  algunas   de  las  pruebas  a  cuyos  análisis  endosa  en  veces  falso  juicio  de  identidad  y  en veces  falso   raciocinio,   en  ocasiones  adiciona  otra  forma de error: falso juicio  de   existencia.   Y   esto,   desde  luego,  no  es  admisible.   

Respecto del segundo cargo.  

1. El reproche no  ha  sido acertadamente formulado. La prueba pericial o testimonial que haya sido  recopilada  en  varias sesiones, debe asumirse, no como un conjunto de elementos  de  convicción autónomos, sino  como una unidad. Por eso, los informes de  balística  GB-N°  1204  del  21  de mayo de 1998 y GB-N° 1205 del 22 mayo del  mismo  año, no constituyen dos pruebas distintas sino  partes integradoras  de un todo.   

Si el Tribunal apreció el primero de esos  informes,  pero  se abstuvo de hacerlo respecto del segundo, la vía para atacar  la  sentencia  no podía ser la causal primera de casación, cuerpo segundo, por  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia por  omisión  de  prueba,  sino  el  error  de  hecho por  falso      juicio      de      identidad      por  cercenamiento  de  uno  de  los elementos propios del  hecho que revela la prueba.   

2.  Sobre  la  técnica  para  cuestionar  una  determinada prueba técnica o testimonial y sus  ampliaciones, la Sala ha hecho la siguiente precisión:   

“El supuesto falso juicio de existencia el  actor  lo  funda de manera antitécnica en la falta de apreciación de partes de  los  medios de prueba registrados, ignorando que de tiempo atrás la Corte viene  pregonando,  que cuando el ataque  se dirige hacia el desconocimiento de un  segmento  del  contenido material de un medio de convicción, es el falso juicio  de  identidad  el  que se debe plantear, dado que con esa actitud el Funcionario  Judicial  tergiversa  su  contenido  real  y  material, como quiera que no omite  analizar  la  totalidad  del  medio  de  prueba legalmente producido. Desarreglo  formal  que  per  se   da  al  traste  con  el  éxito del cargo, frente al  principio  de limitación que gobierna este instituto, y que prohibe a la Corte,  complementar    o    adicionar,    la    demanda    por    los    defectos   que  presente”. (Sentencia del 3 de octubre del 2001, M.  P. Edgar Lombana Trujillo, radicación número 13.219).   

De  modo que la formulación de la censura,  hecha  desde  la  perspectiva  del  error de hecho por  falso  juicio  de  existencia, resulta equivocada. Lo  adecuado  hubiera  sido  plantearla,  para  probar  que  el  juzgador  lo había  tergiversado      en      cualquiera      de     sus     formas     –adición,     cercenamiento     y  segmentación    de    sus    elementos    constitutivos-    por    error   de   hecho   por   falso   juicio  de  identidad.             

3. Añádase: en  el  mismo contexto, el actor hace otro reparo: el juzgador no ha debido tener en  cuenta  un  informe  policivo por la expresa prohibición del artículo 50 de la  Ley   504   de  1999,  equívoco  que  sustenta  en  el  desconocimiento  de  la  sana    crítica    o,  interpretadas    sus    palabras,    en    un   falso  raciocinio.   

El error del casacionista también es grave  pues  cuando el legislador prohíbe prestar atención a un medio probatorio y el  juez  se  la  presta,  la falencia debe ser atacada con fundamento en violación  indirecta  de  la  ley sustancial por error de derecho nacido de un falso  juicio  de  convicción pues, en el  fondo,   el  creador  de  la  ley  lo  que  hace  es  plasmar  una  tarifa legal negativa.   

     

Como el principio  de  limitación,  uno  de los que gobierna el recurso  extraordinario  de  casación,  le impide a la Corte suplir las faltas técnicas  de la demanda, ella deberá ser inadmitida.   

Sobre    la   redosificación   de   la  pena.   

1.  Hugo  Luis Mindiola Reales  fue  condenado,  como coautor de los delitos de homicidio (dos) y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego de defensa personal, en concurso homogéneo y  heterogéneo  de  hechos  punibles,  a  la pena principal de treinta y ocho (38)  años de prisión.   

          2.   El   sentenciador,  atendiendo  al  principio  de  favorabilidad, graduó la sanción con fundamento en lo dispuesto  en  la Ley 599 del 2000, artículo 103. Esta norma tiene establecido que la pena  para  el delito de homicidio oscila entre trece (13) y veinticinco (25) años de  prisión.   

Al  convertir estos dos extremos punitivos  en  meses  – 156 para el  mínimo  y  300  meses  para  el  máximo-,  el  juzgador  dedujo que el ámbito  punitivo   de  movilidad  equivalía  a  144  meses.  Pero  como  encontró  que  concurría    una    circunstancia    de    mayor    punibilidad    –artículo 58, numeral 10°, de la Ley  599  del 2000-, se situó, para efectos de individualizar la pena, en el segundo  cuarto, que oscila entre 192 y 228 meses.   

Dispuso,  entonces, que para el primero de  los  homicidios  la  pena  sería  de  228 meses, equivalentes a diecinueve (19)  años de prisión.   

Pero  por efecto del concurso homogéneo y  heterogéneo   de   hechos  punibles  –puesto  que se trata de dos homicidios, en concurso a su vez con el  delito  de  porte  ilegal  de  armas  de  defensa personal-, incrementó la pena  en  otro  tanto, esto es, en  diecinueve  (19) años, por aplicación de la regla contenida en el artículo 26  del Código Penal.   

De  este  modo,  concluyó que la sanción  privativa  de la libertad sería, en definitiva, de treinta y ocho (38) años de  prisión.   

3. Al declararse  la  prescripción  de  la  acción  penal respecto del delito de porte ilegal de  arma  de  fuego  de  defensa personal, se impone hacer un elemental razonamiento  para efectos de redosificarle la pena al sentenciado.   

Si  la  judicatura  consideró que la pena  para  uno  de  los  homicidios  era de diecinueve (19) años, base sobre la cual  aplicó  en  otro  tanto la  regla  del  artículo  26  del Código Penal anterior, en razón de que se está  frente  a  un concurso homogéneo y heterogéneo de hechos punibles –doble  homicidio  y  porte  ilegal de  arma  de  fuego-, eso significa que el incremento ocasionado por la concurrencia  del  segundo  de los homicidios, fue de dieciocho (18) años, y uno (1) más por  haberse  cometido  ambos  atentados  contra la vida mediante el empleo ilegal de  arma de fuego de defensa personal.   

Descontada  la  pena  correspondiente  al  delito  contra  la  seguridad  pública, esto es, un (1) año, la pena principal  para   el   sentenciado   debe   quedar   en  treinta  y  siete  (37)  años  de  prisión.    

                                                                  

               En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

1.  Declarar la  prescripción  de  la  acción  por  el  delito  de  porte de armas y, por ende,  cesar procedimiento por tal  hecho.   

2. Readecuar   la   sanción  impuesta  al  sentenciado.  En  consecuencia,  y  de  conformidad  con la parte motiva de este  proveído,  la  pena  principal  definitiva  para Hugo  Luis  Mindiola quedará fijada en treinta y siete (37)  años de prisión.   

3.  Inadmitir la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  Hugo Luis  Mindiola Reales.    

Contra  las  decisiones tomadas en los dos  primeros  numerales,  procede  el  recurso de reposición. Contra la tercera, no  procede ninguna impugnación.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Comisión de servicio  

JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO              ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO          

ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN      

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                              JORGE    L.    QUINTERO  MILANÉS     

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

           

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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