21622(18-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21622   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.53  

Bogotá D.C., dieciocho (18) de abril de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca de la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  LEONEL  RUEDA  SIERRA,  condenado  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Armenia   (Quindío),  mediante  sentencia  anticipada,  como  autor  penalmente  responsable  de  los  delitos  de  hurto calificado y agravado y porte ilegal de  armas  de  fuego,  decisión  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  del mismo  Distrito Judicial.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

“Se  tuvo  conocimiento  que  el día 3 de  abril  del  año retropróximo (2002), varios hombres, con los rostros cubiertos  y  exhibiendo  armas  de  fuego,  irrumpieron  en  la vivienda de la finca “La  Argentina”  de  la vereda del mismo nombre, del municipio de La Tebaida, a eso  de  las  seis y media de la tarde, sometiendo con las armas de fuego a todas las  personas  que  allí se encontraban, encerrándolas luego, procediendo a empacar  los  objetos  de la casa; como a las diez de la noche llegó una camioneta en la  cual  recogieron  las cosas hurtadas y se fueron. Al pasar por la finca “Santa  Fe”   de   la  misma  vereda,  realizaron  otro  hurto  de  varios  elementos,  electrodomésticos,  usando  el mismo modus operandi, es decir, reduciendo a los  moradores,  encerrándolos en una pieza y cargando los objetos sustraídos en la  misma camioneta que llevaban.   

“Seguidamente,  mediante  informe policivo  fechado  el  25  de  abril,  fueron capturados varios individuos señalados como  partícipes    en   los   hechos   enunciados,   entre   ellos,   Leonel   Rueda  Sierra”.1   

A  la  investigación fue vinculado mediante  indagatoria,   entre   otros,   LEONEL   RUEDA   SIERRA,   y  una  vez  resuelta  provisionalmente   su  situación  jurídica,  fue  el  primero  en  acogerse  a  sentencia  anticipada,  para  lo  cual,  el 21 de octubre de 2002, le formularon  cargos  como  coautor  de  hurto calificado y agravado, en concurso homogéneo y  heterogéneo  con  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa personal, de  conformidad  con  lo normado en los artículos 240, 241, numerales 4, 8, 9 y 10,  y 365 del Código Penal.   

Verificada  la incolumidad de las garantías  fundamentales  del  procesado,  el  22  de  noviembre de 2002 el Juzgado Segundo  Penal  del Circuito de Armenia, dictó sentencia condenatoria por los cargos que  libre  y  voluntariamente  aceptó,  en  razón  de  los  cuales  le impuso pena  principal  de  cinco  años,  tres  meses  y  diez  días  de  prisión, más la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por igual lapso, y  le negó la prisión domiciliaria.   

El  a-quo  no  concedió  al  sentenciado la  rebaja  de  pena  prevista  en el artículo 269 de la Ley 599 de 2000, porque no  obstante   que  a  la  actuación  se  allegaron  depósitos  judiciales  por  $  2’422.000  y  $  324.000,  constituidos  por  los  procesados  con  la  pretensión  de hacerlos valer como  reparación  e  indemnización  de  los  perjuicios ocasionados a Gonzalo Marino  López,   y   Maria   Cristina   Vélez   Nauer,  administrador  y  propietaria,  respectivamente,  de  la  finca  “Santa  Fe”,  y Carlos Arturo Arias Botero,  propietario  de  la  finca  “La  Argentina”,  para  ese  momento,  no obraba  manifestación     de     las    víctimas    aceptando    esas    sumas    como  indemnización.   

El defensor, inconforme con la dosificación  de  la  pena,  la  negación  de  la  rebaja  por  indemnización integral y los  subrogados  penales,  formuló  recurso de apelación contra el citado fallo, el  cual  confirmó  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Armenia mediante  el suyo de 29 de enero de 2003.   

LA DEMANDA  

El  apoderado  especial  de  RUEDA  SIERRA  presenta  demanda  para  promover  acción de revisión con base en el artículo  220,  numeral  3°,  del  Estatuto Procesal Penal (Ley  600  de  2000), pues considera que aquél tiene derecho  al   “…reconocimiento   de   la  rebaja  que  por  reparación  o indemnización de los perjuicios a los ofendidos se le reconoció  a  las  demás  coprocesados…” y que le fue negada  porque  al  “…momento de ser condenado no aparecía  en    el    plenario    el    consentimiento    de    quienes   figuraban   como  ofendidos”; agrega que su representado tiene derecho  a  ese  “subrogado” penal,  según  lo  demostrará  “…mediante copia autentica  de   las  declaraciones  de  los  ofendidos  aceptando  la  reparación  de  los  perjuicios  y  de  las sentencias condenatorias debidamente ejecutoriadas de los  procesados  que  obtuvieron  el  beneficio  de  la rebaja de pena”.   

Además de las fotocopias auténticas de los  fallos  de  primera  y  segunda instancia emitidos contra el su representado, el  libelista  adjunta  las  de  las  sentencias anticipadas emitidas por los mismos  hechos  en  el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  Armenia, contra Luís  Fernando  Rincón Mejía, el 19 de febrero de 2003; José Pastor Murillo Peláez  y  Oscar  Humberto  Reyes  Herran, el 21 de marzo del mismo año; y Jairo López  Patiño,  el  8  de  abril siguiente (modificada ésta  por  el  Tribunal  el  10  de  junio  de  2003  en  cuanto a la pena),  por  los  delitos de hurto calificado y agravado en concurso con  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal, y concierto para delinquir  respecto de los tres últimos.   

También allega fotocopias informales de las  declaraciones  de  Gonzalo Marino López Gaviria, Maria Cristina Vélez Nauer, y  Carlos  Arturo Arias Botero, rendidas el 20 y 28 de enero de 2003 ante el Fiscal  que   adelantó   la   investigación,   mediante   las   cuales   aceptan  como  indemnización integral las sumas consignadas por los procesados.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La finalidad de la acción de revisión está  encaminada  legalmente  como  mecanismo a través del cual se busca la remoción  de  una  providencia  que  pese a tener ejecutoria material y por lo tanto haber  hecho  tránsito a cosa juzgada, de ella se advierte razonablemente un contenido  de  injusticia  porque  la verdad procesal declarada es bien diversa a la verdad  histórica del acontecer objeto de juzgamiento.   

En  manera  alguna  la  acción de revisión  constituye  un  instrumento extraordinario para revivir debates superados en las  etapas  del  proceso,  ni  para  desconocer, sin más, el carácter definitivo e  inmutable  de la declaración de justicia contenida en los fallos judiciales. El  ejercicio  de  este  instituto ha de fundarse en la posibilidad real de levantar  los  efectos  de  la  cosa  juzgada,  mediante la demostración de alguno de los  precisos  motivos  previa  y  expresamente establecidos en la ley, constituyendo  presupuesto  insoslayable  que la demanda cumpla estrictamente los requisitos de  admisibilidad  recogidos  por  el  artículo  222  del  Código de Procedimiento  Penal.   

La normatividad en materia de revisión tiene  previsto  como  carga  del  actor la de seleccionar cuidadosamente la causal que  pretenda  aducir  en apoyo de la pretensión, al igual que las pruebas en que se  funde,  y  la  exposición  racional tendiente a la demostración del motivo que  escoja,  de  modo  que los fundamentos fácticos y jurídicos en que se apoya la  solicitud queden nítidamente exteriorizados.   

No  se trata, por tanto, de la continuación  del  juicio  que  culminó  con la providencia ejecutoriada que hizo tránsito a  cosa  juzgada, ni de revivir el debate jurídico-probatorio que se llevó a cabo  en  el  fenecido  proceso,  sino  de  realizar  un  cuestionamiento  serio  a la  presunción  de justicia que selló definitivamente la controversia procesal con  la decisión en firme.   

De acuerdo con el inciso final del artículo  222  del Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000, el accionante, además  de  anexar  con  su  demanda  copia  de  las  decisiones  de  primera  y segunda  instancia,  debe  aportar la respectiva constancia acerca de la ejecutoria de la  providencia  cuya  revisión  anhela,  situación  que  no  se  exige  por meros  aspectos  formales, pues lo que con ello se busca es delimitar la procedencia de  la  acción, que lo es contra sentencias ejecutoriadas y autos de preclusión de  la  investigación,  de una parte, y de otra propiciar la necesaria comparación  entre la sentencia a cuya revisión se aspira y la causal invocada.   

En  este  contexto,  el demandante tiene por  deber  allegar  copia de la sentencia de segunda instancia, con el fin de que la  Corte  pueda,  con  base  en  la causal alegada, que en este caso es la tercera,  analizar  si  es  o  no  viable  la demanda que se postula y si el debate que se  propone  se amolda al motivo seleccionado por el demandante, dentro del régimen  de  taxatividad que a esta acción le es propio, sin que ello implique aventurar  una decisión final.   

Ciertamente,  en  este  evento,  el  actor  adjuntó  fotocopia  autentica  de  los  fallos  de  primera y segunda instancia  emitidos  contra  su  representado con la respectiva constancia de ejecutoria, y  en  cuanto  a la causal, invoca la contenida en el numeral 3º del artículo 220  de   la   Ley   600   de   2000,   cuyo  tenor  es  el  siguiente,  “Cuando  después  de  la  sentencia condenatoria aparezcan hechos  nuevos  o  surjan  pruebas  nuevas,  no  conocidas  al  tiempo  de  los debates,  que  establezcan  la  inocencia  del  condenado, o su  inimputabilidad”.  (Negrillas fuera de texto).   

Tras  observar  la  concreta pretensión del  libelista  y  la finalidad de la causal alegada, se evidencia de manera palmaria  la  improcedencia  de  la  acción,  como  que esta no se orienta a demostrar la  inocencia del condenado o su  inimputabilidad,  sino  a  revivir  un  debate acerca de una circunstancia morigeradora de la pena impuesta  al sentenciado.   

En  efecto,  las  pruebas  anexadas  por  el  libelista,  en  concreto  las  declaraciones  de  Gonzalo Marino López Gaviria,  Maria  Cristina  Vélez  Nauer,  y  Carlos Arturo Arias Botero, rendidas las dos  primeras  el  20  de  enero  de  2003, y la última el 28 del mismo mes, ante el  Fiscal  que  adelantó  la investigación, dan cuenta es de un hecho posterior a  la  conducta  punible,  el  cual  consiste  en  que  las víctimas de los hurtos  cometidos  el  3  de  abril  de  2002  por  RUEDA  SIERRA en compañía de otros  implicados,  en  la  fecha  en que rindieron los aludidos testimonios, aceptaron  como  indemnización  las  sumas  que por su propia iniciativa e inconsultamente  habían  constituido  los  procesados  a  través  de  depósitos judiciales, en  procura  de  alcanzar  la  rebaja  de  pena  consagrada  en el artículo 269 del  Código Penal.   

Tal  presupuesto, esto es, la manifestación  expresa  de  los  ofendidos  con  los delitos contra el patrimonio económico de  aceptar  como indemnización aquellas cantidades dinerarias, estaba ausente para  cuando  se  emitió la sentencia condenatoria de primera instancia (noviembre  22  de  2002)  con  base en la  aceptación  anticipada de responsabilidad de RUEDA SIERRA, y por la ausencia de  ese  requisito  el  juez  a-quo  omitió  la rebaja de pena prevista en la norma  sustantiva,  como  de  igual  manera tampoco se hallaba acreditado en el momento  del  fallo  del  Tribunal  de  Armenia  (enero  29 de  2003) que confirmó el de primer grado.   

La  causal  tercera  de  revisión  al hacer  alusión    a    un    “hecho    nuevo”,  no  se  refiere  a  algo  que  haya  ocurrido  después  de la  sentencia,  o con posterioridad al delito, sino a aquél acontecimiento fáctico  vinculado,  ligado  a  la  conducta  punible  que  fue  objeto de investigación  procesal,  que  no  se  conoció  en  ninguna  de  las  etapas  de la actuación  judicial,  y  que  de  haber sido controvertido permitiría acreditar bien de la  inocencia  del  procesado,  o  la condición de inimputable de éste frente a la  realización del comportamiento delictivo.   

Por   su   parte,   la   “prueba  nueva  no  conocida  al  tiempo  de  los debates”   puede   ser   cualquier   mecanismo  probatorio  (dictamen,  testimonio,  documento,  etc.),  que  por  alguna  causa  no se incorporó al proceso, y cuyo aporte ex   novo  tiene  un  valor  sustancial  y  trascendente  respecto  del  juicio  positivo  de  responsabilidad  penal que se  concretó en la condena del procesado.   

Resulta   diáfano  que  con  las  pruebas  allegadas  el  aquí  accionante no pretende evidenciar la desvinculación de su  representado  frente a las conductas punibles por las que fue hallado penalmente  responsable,  no  es  esa  su  pretensión  como  expresamente lo reconoce, sino  revivir   un   debate   acerca   de  un  comportamiento  post-delictual  de  los  coprocesados,  cuyos presupuestos para el cabal reconocimiento de sus efectos en  la  sanción,  no  estaban presentes en el momento de la decisión de condena de  RUEDA  SIERRA  por  parte  del  fallador  de  primer grado, aspecto al que no se  extiende  la  causal  de  revisión  invocada  en  la  demanda,  y  por lo mismo  determinante de la indamisión del libelo.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  revisión  presentada  por  el apoderado especial de LEONEL RUEDA SIERRA, de  conformidad con las razones consignadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  procede recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ALVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                         JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                           JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Situación fáctica tomada de la sentencia de segunda instancia.     

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