21416(30-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  21416   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 058.  

          Bogotá    D.C.,    junio   treinta   (30)   de   dos   mil   cuatro  (2004)   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JUAN FRANCISCO PELAYO RIVERA,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Barranquilla  el 12 de mayo de 2003, mediante la cual confirmó el fallo dictado  por  el Juzgado Sexto Penal del Circuito de la misma ciudad el 28 de enero de la  referida   anualidad,  por  cuyo  medio  lo  condenó  como  coautor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado en Rafael   Enrique   Ramos   Rambla,  hurto  calificado   y   agravado,   y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los   hechos   que   motivaron  esta  investigación  se  encuentran  adecuadamente sintetizados en el fallo de primer grado, así:   

“el  día  6  de  noviembre  de  2002 aproximadamente a las 14:00 horas JOSE LUIS PELAYO PAYARES y  JUAN   FRANCISCO   PELAYO   RIVERA   llegaron  al  establecimiento  de  servicio  telefónico   llamado   Tele   8   en   la   carrera   8   #   33   –   16  de  esta  ciudad  (de  Barranquilla, se aclara), aparentando  estar  interesados  en  hacer  una  llamada telefónica cuando el propósito era  efectuar  un  delito  de hurto. JOSE LUIS PELAYO PAYARES, que portaba un arma de  fuego,  entró  a  la  parte de atrás del establecimiento y dio muerte a RAFAEL  ENRIQUE  RAMOS RAMBAL, mientras que JUAN FRANCISCO PELAYO RIVERA hizo guardia en  la  entrada  vigilando  a  la  joven  que  inicialmente  le había atendido. Los  sujetos  huyeron  juntos  del  lugar  de los hechos pero, la ciudadanía que fue  alertada,   los   capturó   enseguida   y   entregó   a   las  autoridades  de  Policía”.   

          Al   día  siguiente  a  los  sucesos,  la  Fiscalía  Seccional  de  Barranquilla  declaró  abierta la instrucción, en cuyo marco vinculó mediante  indagatoria  a JUAN FRANCISCO PELAYO RIVERA  y  JOSE  LUIS PELAYO PAYARES,   resolviéndoles   su   situación   jurídica   con   medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva sin derecho a libertad provisional como  posibles  coautores  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado,  hurto  calificado  y agravado, y porte ilegal de armas de defensa personal, providencia  contra  la  cual  el  defensor  del  primero  interpuso  sin  éxito  recurso de  apelación.   

Como    el    incriminado   JOSE  LUIS  PELAYO  PAYARES  se sometió a  sentencia   anticipada,   la  actuación  prosiguió  únicamente  respecto  del  sindicado  JUAN  FRANCISCO  PELAYO  RIVERA.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el 25 de febrero de 2002 con resolución de acusación en contra del  procesado  PELAYO RIVERA, como  presunto  coautor  del  concurso  de  delitos que motivó la medida asegurativa.  Impugnada  esta  providencia  por  el  defensor,  la  Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  la  confirmó  el  12  de  mayo  del mismo  año.   

          La  fase del juicio correspondió adelantarla al Juzgado Sexto Penal  del  Circuito  de  Barranquilla, despacho que una vez surtido el rito pertinente  profirió  fallo  el  28 de enero de 2003, por cuyo medio condenó a  JUAN  FRANCISCO  PELAYO RIVERA, a la pena  principal   de   veintiséis   (26)   años  de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por diez  (10)  años,  y al pago de la correspondiente indemnización de perjuicios, como  coautor  penalmente  responsable  del concurso de delitos de homicidio agravado,  hurto   calificado   y   agravado,   y   porte   ilegal   de  armas  de  defensa  personal.   

La  decisión  anterior fue impugnada por el  defensor,  y  el  Tribunal  Superior de Barranquilla la confirmó mediante fallo  del  12  de mayo de 2003, el cual es ahora objeto de impugnación extraordinaria  por  parte  del  asesor  técnico  de  JUAN  FRANCISCO  PELAYO.   

LA DEMANDA  

El defensor señala que invoca como causal de  casación  “la  primera  de las indicadas en el art.  207  del  Código de Procedimiento Penal, por considerar que la sentencia objeto  del   recurso   como   violatoria   de   los   artículos   232233  (sic)   y  239  del  C.P.P.,  normas  que  establecen    que    en   materia   (sic)  no  se podrá dictar sentencia condenatoria si en el expediente no  obran  plenas  pruebas  para condenar, o sea que conduzcan a la certeza real del  hecho  punible.  Y  que  el  funcionario  debe apreciar las pruebas en conjunto,  según las reglas de la sana crítica”.   

Refiere  que  “en  este  caso  el  enjuiciado  siempre  ha  alegado que el  (sic)  estuvo  en  el  lugar  de  los  hechos víctima  del  (sic)  las amenazas que  contra  el recaen por parte de su primo y amigos de este, quienes lo indujeron a  bajarse  del  carro  y presumir que iba a llamar por el teléfono y este momento  fue  aprovechado por el primo y amigos para consumar su delito, pero cual sería  la  inocencia  de  mi  poderdante  que permaneció en el lugar de los hechos sin  importarle    las    consecuencias    funestas    que    iba    a   tener   este  desenlace”.   

Aduce  que  la  conducta  de su representado  “se encuentra justificada al actuar por fuerza mayor  a  su  voluntad,  por  el engaño y las amenazas de que fue víctima”   y  que  su  cooperación  “no  fue  esencial  para  la  consumación  del  delito de hurto y la posterior muerte del  señor  Ramo  (sic)  Rambal,  porque  estos  señores  son  expertos  atracadores  y su especialidad es buscar  personas   incautas   con   el  fin  de  someterlas  a  sus  caprichos.  Lo  que  facilito    (sic)    la  consumación  del  delito,  y  posterior  endilgamiento  a quien no estuvo en el  lugar     por    su    voluntad,    sino    por    voluntad    ajena”.   

          También  anota  que  “tanto  el Fiscal,  como  el Juez, de la causa no tuvieron en cuenta los testimonios de los testigos  de  mi  patrocinado  y se limitaron a observar los que le perjudicaba y por esta  razón    despacharon    en    su    contra    tan    exageradamente”.   

          Finalmente   concluye  que  “no  existen  plenas  pruebas que conduzcan afirmar (sic)  que mi defendido es la persona responsable de la muerte del señor  Rafael  Enrique  Ramos  Rambal”,  razón por la cual  solicita  a  los Magistrados de la Sala que “revoquen  la  providencia”  de primera instancia y se disponga  la absolución de su representado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Sin dificultad advierte la Sala que el censor  omite  en  su  libelo  señalar  el  sentido  de  la  causal invocada, es decir,  precisar  si  se  trata  de  violación  de la ley sustancial por vía directa o  indirecta,  indicar  y demostrar en el primer supuesto la exclusión evidente de  normas  sustanciales,  su aplicación indebida o su interpretación errónea. Y,  en  el  segundo,  pertinente  resulta que identifique la presencia de errores de  hecho  en  la  actividad de los juzgadores, bien por falso juicio de existencia,  ora  por  falso  juicio  de identidad o ya por falso raciocinio, o de errores de  derecho,  determinados  por  un falso juicio de convicción o un falso juicio de  legalidad.   

          Es  evidente  que             el   defensor   olvida  que  este  trámite  es  extraordinario,  y que, por tanto, no son de recibo las argumentaciones libres y  espontáneas  de los demandantes, en tanto que es preciso que la formulación se  someta  a  las  reglas  taxativamente  señaladas por el legislador, en punto de  denunciar  errores  trascendentes  de  los  funcionarios judiciales que pudieron  haber  afectado  garantías  de  los  sujetos  procesales,  vulnerando directa o  indirectamente  normas  sustanciales, o desconociendo las bases fundamentales de  la instrucción o el juzgamiento.   

          Ahora,  si  lo  pretendido por el actor era invocar el quebranto del  principio  de  investigación  integral,  le  correspondía  acudir  a la causal  tercera  de  casación,  habida  cuenta  que  se  trata de un error in   procedendo,   con   la  indeclinable  obligación   de  acreditar  que  los  funcionarios  judiciales  no  adelantaron  esfuerzo  alguno por verificar las citas del procesado en sus intervenciones, ni  las  emanadas  de  otras  pruebas en su favor en punto de la práctica de medios  probatorios  conducentes,  pertinentes  y  no  superfluos, y lo más importante,  debía   demostrar   que  por  tales  omisiones  el  fallo  fue  adverso  a  sus  intereses.   

Sin  duda,  resulta  insuficiente  que  el  defensor  pretenda  mediante  un  escrito  de  libre  formulación  y carente de  técnica,  exponer  su  personal  percepción  de  las  pruebas  obrantes  en la  actuación,  para  sin  más  concluir  de manera confusa que su asistido actuó  “por voluntad ajena”, sin  realizar esfuerzo alguno por así acreditarlo.   

También  se  tiene que si el propósito del  casacionista  era  censurar  la  falta de aplicación del principio in  dubio  pro reo, no bastaba con señalar  la  causal  primera  de  casación,  pues debía identificar si se trataba de la  vía  directa  o  la  indirecta,  y  a  partir  de  ello,  en  el  desarrollo  y  acreditación  del  cargo le correspondía, en caso de la primera, demostrar que  el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de la providencia atacada la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado, y pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena con exclusión evidente de la norma señalada,  cuando le correspondía en consonancia con su exposición absolver.   

Y si de la segunda se trataba, esto es, si el  vicio  denunciado  se  fundaba  en la violación indirecta de la ley sustancial,  era  necesario  que señalara si se trató de un error de hecho por falso juicio  de  existencia,  falso  juicio de identidad o falso raciocinio, o de un error de  derecho  por  falso juicio de convicción o falso juicio de legalidad, cometidos  que de ninguna manera asumió el impugnante.   

Oportuno  se  ofrece  indicar  que  si  la  inconformidad  del  censor  radicaba en la valoración indebida de los medios de  prueba  por  quebranto  de  las  reglas  de la sana crítica, debía postular la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por falso  raciocinio,  caso  en  el  cual  le  correspondía  indicar  qué dice de manera  objetiva  el  medio,  qué infirió de él el juzgador, cuál mérito persuasivo  le  fue  otorgado,  señalar  cuál postulado de la lógica, ley de la ciencia o  máxima  de experiencia fue desconocida, y cuál el aporte científico correcto,  la  regla lógica apropiada o la máxima de la experiencia que debió tomarse en  consideración.  Además,  demostrar la trascendencia del error, indicando cuál  debía  ser  la apreciación correcta de la prueba o pruebas cuestionadas, y que  habría  dado lugar a proferir un fallo diverso al reprochado, labor que tampoco  adelantó.   

Finalmente  se encuentra, que ni siquiera el  actor  solicita  la casación del fallo de segundo grado, sino la revocatoria de  la  sentencia de primera instancia, proceder que denota su ostensible confusión  en  punto  de  las  exigencias  y  rigores  propios  de  este medio impugnaticio  extraordinario,  argumento  adicional  para  advertir  que  ha  incumplido en la  presentación   del  libelo  con  los  requisitos  formales  dispuestos  por  el  legislador para demandar en casación.   

Por  tanto,  evidente resulta que la demanda  acusa  las  graves  falencias técnicas destacadas, que no pueden en modo alguno  ser  subsanadas  por  la  Corte, pues ello lo impide el principio de limitación  que  rige  el  trámite  casacional,  imponiéndose  de  plano su inadmisión de  conformidad   con   lo   dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   JUAN  FRANCISCO  PELAYO  RIVERA,  por  las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *