21302(27-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21302  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  077   

Bogotá,   D.   C.,  veintisiete (27) de julio de dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O   S  :   

En  ejercicio  de la facultad otorgada a la  Corte  en el texto final del artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de  2000,  se  ocupa la Sala de dictar la sentencia de casación en este proceso que  por  el  delito  de  homicidio  simple  se  adelanta  contra  JUAN CARLOS CORREA  CRISTANCHO.   

ANTECEDENTES   FÁCTICOS   Y   PROCESALES :   

1.          Los  primeros  fueron  resumidos por la  Sala en auto del 19 de agosto de 2004, así:   

“Hacia las 00:40 horas del 30 de enero de  1999,  en  el establecimiento Billares Salamanca del barrio Serrezuela de Madrid  (Cundinamarca),  Jairo  Pedraza  Triana  recibió un disparo en el tórax que le  produjo la muerte.   

Las autoridades de policía supieron que el  autor  de  la  agresión  había  sido  JUAN CARLOS CORREA CRISTANCHO y lograron  aprehenderlo  en  la  misma  madrugada  de  los hechos en el Alto de la Tribuna,  lugar  hasta el cual había logrado avanzar en su huida a bordo de un automóvil  que el mismo conducía.”   

2.          Abierta  la  investigación y vinculado  JUAN  CARLOS  CORREA CRISTANCHO al proceso mediante indagatoria, la Fiscalía al  calificar  el  mérito  sumarial  en  resolución  del  4  de  enero de 2002, le  formuló  acusación  como presunto autor del delito de homicidio simple causado  a Jairo Pedraza Triana.   

3.           Correspondió  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Funza  adelantar  el  juicio  y  celebrada  la  audiencia pública  resolvió  en  sentencia  del  19  de  diciembre  de  2002, imponerle al acusado  condena  consistente  en  trece  (13)  años  de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo lapso, sanciones cuya ejecución ordenó simultáneamente.   

Adicionalmente  le impuso la obligación de  pagar  a  favor  de Alba Mireya Silva de Pedraza, Yury Adriana, Nidia Patricia y  Jairo  Eduardo  Pedraza  Silva,  la  suma  equivalente,  en  moneda  nacional, a  doscientos   cincuenta   y  cinco  (255)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  como  indemnización  por  los  perjuicios  morales  causados  con la  conducta punible sancionada.   

4.           Contra  la  providencia  anterior  el  defensor  y  el apoderado de parte civil interpusieron el recurso de apelación,  alzada  que  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca desató  mediante  la  suya  del  25  de  marzo  de  2003,  impartiéndole  confirmación  integral.   

5.          La sentencia del Ad quem fue objeto del  recurso  de  casación y presentada la demanda respectiva, la Sala, por auto del  19  de agosto de 2004, la inadmitió por no reunir los requisitos formales, pero  como  advirtió  la  eventual  conculcación  de  la garantía constitucional de  favorabilidad  al  procesado,  ordenó  dar traslado al Ministerio Público para  que   conceptuara   sobre   la  posibilidad  de  casar  oficiosamente  el  fallo  impugnado.   

6.          Empero  dicho sujeto procesal interpuso  el  recurso  de   reposición  contra  tal  determinación y al sustentarlo  planteó  una  nulidad  a  cuya  declaratoria se negó la Sala en auto del 20 de  octubre   de   2004,   en   que   insistió   en   la  rendición  del  concepto  respectivo.   

EL     MINISTERIO     PÚBLICO  :   

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para la  Casación Penal opina que el fallo se debe casar parcialmente.   

A  partir  de  la imposición a JUAN CARLOS  CORREA  CRISTANCHO  en la sentencia de primera instancia de la pena principal de  trece  (13)  años  de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  lapso  igual, al hallarlo  responsable  del  homicidio del cual fue víctima Jairo Pedraza Triana, ocurrido  el  30  de  enero  de  1999, comparó el límite máximo fijado para la sanción  accesoria  mencionada,  tanto  en  el  artículo  44  del  Decreto  100  de 1980  (modificado  por  el  artículo 28 de la Ley 40 de 1993 y el artículo 3° de la  Ley  365  de 1997), en concordancia con el artículo 52 ibídem, vigentes por la  época delictual, como en la Ley 599 de 2000 actualmente en vigor.   

Estableció  que  mientras  la normatividad  derogada  fijaba  un  tope  máximo  de  hasta  diez  años  para  la  señalada  inhabilitación  cuando  fuera  impuesta  como  accesoria  a la prisión, la hoy  vigente  determinó  un  lapso igual al de la pena principal, con la posibilidad  de  un incremento hasta en una tercera parte, sin exceder el tope máximo de los  50 años señalado en la Ley 890 de 2004.   

Al  verificar  que  las  normas  derogadas  permiten  en  el presente caso imponer la mencionada inhabilidad por un término  menor  que  el  previsto en las actualmente en vigor, concluyó que la sentencia  recurrida  desconoció el principio de favorabilidad que autoriza la aplicación  ultractiva  de aquellas en tanto que la conducta punible sancionada fue cometida  durante  su  vigencia, y, en consecuencia, pidió casar el numeral primero de la  sección  resolutiva  de  la sentencia de segundo grado mediante el cual se  impartió  confirmación  integral  al  fallo  de  primer grado, y, en su lugar,  revocar la pena accesoria para reducirla a diez años.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE  :   

1.          El principio de la legalidad de la pena  cuya  naturaleza  garantista  para el procesado y para la sociedad es una verdad  inconcusa,   implica   que   no  se  le  podrán  imponer  al  acusado  penas  o  restricciones  que  no  hayan sido establecidas previamente a la realización de  la  conducta  punible,  ni se podrán  superar los límites cuantitativos y  cualitativos  contemplados  en  el  ordenamiento  jurídico.  Adicionalmente, su  observancia  por  parte  de la jurisdicción genera seguridad jurídica para los  asociados,  indispensable  para  el logro de la convivencia pacífica que es uno  de  los  fines  pretendidos  por el Estado Social de Derecho según declaración  contenida en el artículo 1° de la Carta Política de 1991.   

2.          El  anterior  axioma  y el principio de  favorabilidad   cuyo  linaje  constitucional  deriva  de  su  inclusión  en  el  artículo  29 del Ordenamiento Superior, consagrados conjuntamente y reafirmados  mutuamente  en  el  artículo  6° de la ley 600 de 2000, constituyen garantías  integrantes   del   núcleo   del  derecho  fundamental  al  debido  proceso  de  obligatoria   y   oficiosa  protección  durante  todo  su  transcurso  por  las  autoridades que intervienen en él.   

3.           Consultada  la  normatividad  que  en  materia  de  la  pena  accesoria  de interdicción en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  que  por  favorabilidad  se imponía aplicar en este caso,  esto   es,   la   contenida   en   el   artículo   44   del  Decreto-Ley 100 de 1980, la Sala ha sentado el siguiente criterio  en casos que guardan identidad con el aquí tratado:   

“…cuando  la  pena  de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  se impone como accesoria a la de prisión, su  tiempo  de  duración  será  igual  a ésta, sin que pueda exceder de 10 años,  según  lo  establecen  los  artículos 44 (modificado por el 28 de la ley 40 de  1993  y  luego  por el 3° de la ley 365 de 1997) y 52 del Código Penal de 1980  aplicable al caso.   

“En   relación   con   este   tópico,  recientemente  la  Corte  precisó  que  cuando la pena privativa de la libertad  excede  los  diez  años  de  prisión, no resulta aplicable el artículo 52 del  Decreto  100  de  1980. Indicó, además, que, en dicha hipótesis, el artículo  44  ejusdem  (modificado por el 28 de la ley 40 de 1993 y luego por el 3° de la  ley  365  de  1997),  no  faculta  al  juzgador para imponer la interdicción de  derechos  y  funciones públicas por tiempo menor de diez años, prevalido de la  expresión               ‘hasta’ allí  utilizada.   

“La genuina interpretación judicial, dijo  la   Sala,   ‘conduce  a  entender  que  si  la  pena  principal  es  menor de diez años, la accesoria en  cuestión  será también menor, pero que si la pena principal es de diez años,  por  ejemplo,  también en ese rango será la accesoria, por contera, si la pena  principal  supera  los  diez  años,  por mandato del artículo 44 precitado, la  interdicción  será de 10 años, límite máximo, porque, la aplicación de las  normas  (52  y  44  del  Código  anterior)  en  cuestión obedece a un criterio  sistemático,  en virtud del cual, las normas no pueden obrar aisladamente, sino  de  manera  complementaria,  en  función  de un todo, que, por lo mismo, impide  aislarlas  para  su  cabal  aplicación’  (Cfr.  sent. cas. julio 31/03, M. P. Dr. Galán Castellanos. Rad.  15063)”1.   

4.          Se consignó al iniciar esta providencia  que  el  Juzgado  Penal del Circuito de Funza, en la sentencia del 4 de enero de  2000,   le  impuso  a  JUAN  CARLOS  CORREA  CRISTANCHO  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio  simple  la pena principal de trece (13)  años  de prisión y la accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual,  decisión que avaló el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  al desatar la alzada interpuesta contra dicho fallo.   

5.          Los artículos 44 y 52 del Código Penal  de  1980,  vigentes el 30 de enero de 1999, fecha en que tuvieron ocurrencia los  episodios  sancionados en este proceso, contienen previsiones más favorables al  procesado  que  las estipuladas en los artículos 51 y 52 de la Ley  599 de  2000,  en  cuanto  la pena de prisión conllevaba la interdicción de derechos y  funciones  públicas  por un lapso igual a la pena principal, sin que en ningún  caso pudiera superar el límite máximo de diez (10) años.   

Al  haber impuesto, entonces, los jueces de  instancia  a  JUAN  CARLOS  CORREA  CRISTANCHO  la mencionada inhabilidad por un  término  de  duración  de  trece (13) años, es evidente el desbordamiento del  límite  máximo  señalado  por  la ley, y la consecuentemente vulneración del  postulado de legalidad de la pena.   

6.           Además,  ignoraron  el  principio  de  favorabilidad  al  momento  de individualizar la citada sanción accesoria, pues  seleccionaron  los  artículos 51 y 52 del la Ley 599 de 2000, y desdeñaron los  artículos  44  y  52  del  Decreto  Ley  100  de  1980,  vigentes por la época  delictual  y  a  todas  luces  mucho  más  favorables  al sentenciado en cuanto  regulaban  la  imposición  de  dicha  pena  por  un  lapso máximo menor y cuya  aplicación   ultractiva   se   imponía,   según   fundada   opinión   de  la  Delegada.   

7.          En  tales  condiciones,  la  Sala  debe  corregir  tal yerro casando oficiosa y parcialmente la sentencia, con fundamento  en  la  facultad  que  le  otorga  el artículo 216 de la ley 600 de 2000, y, en  consecuencia, fijar su duración en un lapso de diez (10) años.   

A  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E :  

1.                    CASAR   oficiosa   y   parcialmente   la  sentencia impugnada.   

2.            FIJAR en diez  (10)  años  el tiempo de duración de la pena accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  impuesta al procesado JUAN  CARLOS CORREA CRISTANCHO.   

3.            PRECISAR  que  las restantes determinaciones del fallo se mantienen incólumes.   

4.            ADVERTIR  que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

  MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                                                   ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                                            MARINA PULIDO DE BARÓN   

  JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS                          YESID RAMÍREZ  BASTIDAS   

  JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

    

1 CORTE  SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Sents.  de  Casación del 6 de agosto de 2003, rad. N° 16.680; y del 26  de abril de 2006, rad. N° 19.561.     

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