21159(02-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21159   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 46.  

          Bogotá D.C., junio dos (2) de dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisión formal de  la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  de  los  procesados  EDMUNDO  ENRIQUE VÁSQUEZ BARRIOS, LUIS ANTONIO RIVERA  CHACÓN  y  FERNANDO  VALETA  MORALES  contra  la sentencia anticipada proferida por  el  Tribunal Superior de Bucaramanga, de fecha 14 de noviembre de 2002, mediante  la  cual  confirmó  la  dictada  por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito por  cuyo  medio  los  condenó  por los delitos de hurto calificado agravado y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

Fueron  declarados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“De  acuerdo  con  el  recaudo  probatorio,  el  señor GUILLERMO URIBE GARAY, se encontraba el día 13  de  marzo  del  presente  año  (2002),  aproximadamente  a  las  14:00,  en  el  restaurante  La  Parada,  ubicado  en  el  barrio  San Bernardo del municipio de  Florida  Blanca,  en  compañía  del  señor  JORGE ENRIQUE RAMÍREZ, cuando de  repente  llegaron  a  este  lugar  tres  individuos de apariencia joven, quienes  pidieron  unas  gaseosas  y  cuando  salían  del  restaurante  uno  de ellos le  arrebató  al  señor  Uribe  su  teléfono  celular  y  cuando  éste trató de  reaccionar  otro  de los sujetos le apuntó con un arma de fuego, por lo cual el  ofendido  tuvo  que  protegerse  en  una  caseta.  Logrado  su cometido los tres  individuos  salieron  corriendo  del  establecimiento y huyeron en un taxi, pero  como  la  Policía  había  sido  informada  del  hecho  a  los pocos minutos se  hicieron  presentes  agentes  motorizados,  quienes iniciaron la persecución de  los  autores  del  hecho  logrando  primeramente  la  captura de EDMUNDO ENRIQUE  VASQUEZ  BARRIOS,  cuando  se  desplazaba  en  una buseta de servicio público y  posteriormente  la aprehensión de LUIS ANTONIO RIVERA CHACÓN Y FERNANDO VALETA  MORALES,  cuando  se  movilizaban en el taxi de placa XVK-800, hallándose en su  poder  una  escopeta  de fabricación casera y el celular marca Nokia que había  sido  hurtado momentos antes al señor Guillermo Uribe Garay, quien reconoció a  los   tres   capturados   como   los   individuos   que   cometieron   el  hecho  punible”    

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

La Fiscalía Cuarta  Seccional   de  Bucaramanga  declaró  abierta  la  instrucción  y  ordenó  la  vinculación  de  los  capturados.  Posteriormente,  se  les  escuchó   en  indagatoria  y  se resolvió su situación jurídica con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva  por los delitos de hurto calificado agravado y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

          El 8 de abril de 2002, se suscribió acta  de  sentencia  anticipada,  en donde los sindicados aceptaron su responsabilidad  por  los  delitos  de  hurto  calificado “por haberse  cometido  con violencia sobre las personas”, agravado  “de  acuerdo  con  la  circunstancia  prevista en el  artículo  365  del  código penal” , en concurso con  el  delito  de  porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal “tipificado  en  el artículo 365 del código penal”.    

          El  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito de Bucaramanga profirió  sentencia  anticipada,  por  cuyo  medio  condenó  a  los  procesados a la pena  principal  de  20  meses  y 10 días de prisión y el decomiso del arma de fuego  incautada,  a  la  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas por un  período  igual  al  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  como  coautores  penalmente  responsables  de los delitos aceptados en la diligencia previa y les  negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

          Apelada  la  anterior  determinación por la defensa técnica de los  procesados,  el  Tribunal  mediante providencia de fecha noviembre 14 de 2002 la  confirmó.   

                     

LA DEMANDA  

Con   el   fin  de  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  contra  el  fallo  del  Tribunal, el  defensor  de los tres procesados presentó demanda, a través de la cual formula  dos cargos, con fundamento legal en la causal primera, así:   

Primer cargo, violación  directa por interpretación errónea de la ley sustancial.   

En  sustento  de  esta  primera censura, el actor señala lo siguiente:   

“La sentencia impugnada  o  demandada al interpretar los Art. 4; 38 y 63 del C. Penal lo hizo incurriendo  el  error  al  tener  como  criterio  lo  relativo  a  la  función  retributiva  respondiendo   al  mal  del  delito   con   el   mal   de   la   pena,  o  con  el  eufemismo  o  utopismo del restablecimiento del orden  jurídico     de     la     sociedad    –estado.   Porque,  la  función  preventiva  de  la  pena como  amenaza  dirigida  a  los  asociados  para  que  se  abstengan de cometer hechos  punibles,  para  que  no delincan, es anhelo judicial simplemente ilusorio, bajo  el  signo de estos tiempos de corrupción total y crisis de los antiguos valores  sociales     de    honorabilidad,    buena    fe,    corrección    privada    y  pública.   

“Pero  en  verdad, el  error  de  interpretación por parte de la sentencia impugnada, se acentúa más  aún  al  SUPONER  o  CONSIDERAR  que  los  procesados  requieren de tratamiento  penitenciario  olvidando  la  función  protectora  de  la  norma,  buscando  la  enmienda  de  los  procesados  mediante  la  educación y trabajo en una cárcel  junto  a  delincuentes  peligrosos,  terroristas,  secuestradores, guerrilleros,  paramilitares,  atracadores  e integrantes de bandas delincuenciales y altamente  hacinadas.  Equivocación  en  la  interpretación  de  las  normas mencionadas,  definitivamente   acrecentada,   manifiesta,  al  querer  atribuir  la  función  resocializadora  o  reinsetora  social  individual  de  EDMUNDO  ENRIQUE VASQUEZ  BARRIOS,  LUIS  ANTONIO  RIVERA  CHACÓN  y    FERNANDO  VALETA  MORALES,  mediante  su  readaptación  a  la  vida  social, alejándolos  paradójicamente  de  esa  sociedad  y  entorno  familiar,  para ubicarlos en el  metífico,  dañoso  y  pervertido ambiente carcelario.  Error al suponer y  considerar  los  Honorables  Magistrados  en  la  sentencia  impugnada que si no  aparecen  antecedentes penales de los procesados pueden aparecer o que seguirán  delinquiendo     en     el    futuro    –futuro  que  va  pasando y hasta el momento no han puesto en peligro a la comunidad ya que se  encuentran  en  libertad  provisional  desde  el  19  de  marzo del año 2002”  (mayúsculas  y  subrayas  tomadas del texto original).   

En razón de lo expuesto, indica, se violaron  los artículos 4°, 38 y 63 del Código Penal.   

Segundo  cargo, violación directa por falta  de aplicación.    

Con el fin de sustentar este segundo reproche  propuesto el libelista aduce:   

“La sentencia impugnada o demandada al no  aplicar  a  favor  de los procesados el Art. 268 del C. Penal como circunstancia  de   atenuación   punitiva   es   violatoria   de   dicha   norma   de  derecho  sustancial.   

“Según el mismo denunciante el valor del  objeto  o  cosa  (celular) avaluado en $ 250.000 m/cte, sobre la cual recayó la  conducta  de  los  procesados  no  superaba  su valor a un salario mínimo legal  mensual  ($309.000  pesos  m/cte)  amen  de  que  fue  recuperado  e indemnizado  integralmente  de  todos los perjuicios no ocasionando grave daño a la víctima  y  sin  antecedentes  penales  mis  poderdantes  son  acreedores   a que se  atenúe  la pena en la mitad impuesta, es decir, diez (10) meses cinco (5) días  de prisión”.   

Con  base  en  la  anterior  argumentación,  estima que se transgredió el artículo 268 del código Penal.   

Por   último,   en  el  capítulo  de  la  “petición”, solicita se  case  la  sentencia  impugnada para que se modifique en el sentido de conceder a  sus  defendidos los subrogados de suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  “y/o  la prisión domiciliaria”  y  la  rebaja  de  pena  prevista en el artículo 268 ídem.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  atención a que el primero de los cargos  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  los procesados no reúne los  requisitos  formales  exigidos por el artículo 212 del estatuto procesal penal,  y  a  que  en  cuanto al segundo es evidente la falta de interés jurídico para  acudir  al  recurso  de  casación, se procederá a su inadmisión, en tanto que  esta  es  la  consecuencia  procesal  prevista  para  una y otra eventualidad de  conformidad con el artículo 213 ejusdem.   

A  la anterior conclusión se llega con base  en los siguientes argumentos:   

Primer cargo, violación  directa por interpretación errónea de la ley sustancial.   

A  juicio  del  actor,  en  la  sentencia se  incurrió  en  interpretación errónea de los artículos 4, 38 y 63 del Código  Penal,  por  haberse  negado  a  sus defendidos la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y/o  la  prisión  domiciliaria,  en aplicación de un  criterio  retributivo  sobre la función de la pena y bajo la suposición de que  requerían  tratamiento  penitenciario, pero sin advertir que tal situación les  puede  acarrear  un  perjuicio  mayor,  conocidas  las  condiciones  actuales de  reclusión carcelaria.    

Sobre  la  forma de violación directa de la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea que invoca el casacionista, esta  Sala tiene  dicho lo siguiente:     

“En  la interpretación errónea se parte  de  que  se  acepta  el  precepto  aplicado  en cuanto es el que precisamente se  vincula  con  el  asunto concreto pues que la norma elegida es la adecuada, pero  que  se  yerra en su interpretación por cuanto se le da un sentido o un alcance  que   no  tiene.   El  equívoco  judicial  aquí  tiene  que  ver  con  el  significado  de  la  norma,  con  su  contenido,  más  no  con  su selección o  escogencia.  Por  ello, en esta hipótesis, al deber de aceptar los hechos y las  pruebas,  se debe sumar la obligación de aceptar que la selección de la fuente  formal  en la que el juzgador resuelve el problema es la correcta, pues el error  no  recae  en  la selección de la norma, sino en su entendimiento, porque se le  da  un valor que trastoca su verdadero contenido, menguándolo o aumentándolo o  en  algunos  extremos  tergiversándolo ( C. S. J., Sentencia del 11 de marzo de  1996,  M.  P.  Dr.  Carlos  Eduardo  Mejía Escobar). El precepto seleccionado o  escogido  es  el pertinente pero se le atribuye un alcance y un contenido que no  tiene”1.   

Se  extrae  de  lo  anterior, que uno de los  presupuestos  fundamentales  para  la  concreción  del  sentido  de  violación  deprecado  por el casacionista en este reproche, radica en que las normas que se  aducen  conculcadas  deben ser efectivamente aplicadas por el sentenciador, pues  no  de  otra  manera  puede  admitirse que se incurra en un error respecto de su  hermenéutica.   

Así  las  cosas,  éste  no  es  un  error  atribuible  al proceso de selección de la norma que implementa el sentenciador,  como  ocurre  con  la  aplicación  indebida o la falta de aplicación, sino que  está  relacionado  con  el alcance o sentido que se le otorga al precepto luego  de que es correctamente elegido.   

En la propuesta contenida en el primer cargo  de  la  demanda  objeto  de  examen,  se repite, el casacionista propugna por el  reconocimiento  en  favor  de sus prohijados de los subrogados penales previstos  en  los  artículos  38  y/o  63  del  estatuto  penal, esto es, en su orden, la  prisión  domiciliaria y la suspensión condicional de la ejecución de la pena,  con fundamento en que no merecen tratamiento penitenciario.   

Tal  propuesta  implica admitir, obviamente,  que  las normas que regulan los institutos en cuestión no fueron aplicadas para  el  caso  particular, de donde mal se puede inferir su interpretación errónea,  por  lo que resulta infortunada la propuesta en la que el libelista encasilla el  yerro.    

La  pretensión del censor, de la forma como  está  elaborada,  podría  estar  encaminada  a  que  los  preceptos  no fueron  aplicados,  situación  que  compaginaría  con  la violación directa de la ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  y  no  habría ningún inconveniente en  entenderlo  de  esa  manera  si  del contexto y de la demostración del reproche  así  se  extrajera,  en  virtud  del  precepto  constitucional  referido  a  la  prevalencia   del   derecho   sustancial   sobre  el  formal  (art.  228  de  la  C.P.).   

Sin  embargo, ésta tampoco es la situación  que  se evidencia porque el casacionista en la fundamentación de su pretensión  parte  de  la  premisa  de  que  el  juzgador incurrió en el error señalado al  “suponer  o  considerar”  que  sus  prohijados  requerían  tratamiento penitenciario y, en esa medida, no  concedió los subrogados penales.   

Con  la anterior afirmación el casacionista  pone  de  manifiesto  que  no  comparte  los  supuestos  fácticos y probatorios  aceptados  en  el  fallo,  condicionamiento  que,  como  es bien sabido, resulta  indispensable  para  que  proceda  el ataque por la violación directa de la ley  sustancial en cualquiera de sus acepciones o sentidos.   

En  efecto,  si  con  sustento  en la causal  primera  de  casación  se  plantea  un  cargo  de  violación directa de la ley  sustancial,   se   le  impone  a  la  parte  proponente  la  aceptación  de  la  apreciación  probatoria  realizada por el juzgador en la sentencia e igualmente  del  supuesto  de  hecho  que  declaró  demostrado  en  la  misma, porque en la  violación  directa  la  transgresión  de  la ley no se produce a través de la  prueba,  sino  que es el efecto de un error de juicio jurídico, originado en la  aplicación  indebida de la norma sustancial, en su falta de aplicación o en su  interpretación errónea.   

          El  demandante  se  aparta  de  las  directrices señaladas, pues es  claro  que  disiente  del  contenido  de los dos fallos en lo relacionado con la  necesidad  de  tratamiento  penitenciario  para  todos  los  procesados, tópico  respecto   del   cual,   dicho   sea  de  paso,  conforman  unidad  jurídica  e  inescindible,  al  existir  convergencia  en  la decisión.   Sobre el  particular    el    a-quo,  indicó:   

“…en  cuanto  al  segundo  aspecto  y  concretamente  en  relación   con  la  gravedad y modalidad de la conducta  punible,  se  infiere  que  los sentenciados requieren  tratamiento    penitenciario    por   lo    que   se   les   negará   este  subrogado…” (negrillas fuera de texto).   

          Por   su   parte,   el  Tribunal  en  torno  a  la  misma  temática  consideró:   

“Como  no  reúnen  los  procesados en su  totalidad  los  ingredientes  del  factor  subjetivo del subrogado, se impone la  ratificación  de  la  negativa, no sin rechazar la pretensión que el subrogado  obligatoriamente  deba  concederse en casos como el presente, en razón al monto  de  la pena, sin el examen de los demás requisitos que la norma invocada exige,  por  lo  que  el  tratamiento penitenciario dispuesto  debe  mantenerse,  sin  que  pueda dejarse de lado la  autonomía     de     los     jueces     en    sus    decisiones    –art.   230   C.N.-…”    (negrillas   fuera   del   texto   original).      

         

De  lo  anterior  se  desprende,  que  no es  posible  encontrar  en  los  argumentos  del censor una propuesta compatible con  alguno  de  los  sentidos  inherentes  a  la forma de quebranto que depreca para  suplir       el      yerro      técnico      en      el      que      incurrió  inicialmente.              

          Así  las  cosas, la conclusión que surge en cuanto respecta a este  cargo,  es que no atiende a los parámetros técnicos del recurso extraordinario  y,  como  consecuencia  lógica  que  comporta  esa  situación,  en  virtud del  señalamiento  previsto  en  el  artículo  213  del estatuto procesal penal, se  impone su inadmisión.   

          Segundo  cargo,  violación  directa  por falta de aplicación de la  ley sustancial:   

          En  este  reproche  el  casacionista  asevera que se incurrió en el  tipo  de violación aludido dado que no se aplicó en favor de sus defendidos la  circunstancia  de  atenuación  punitiva  establecida  en  el  artículo 268 del  Código   Penal,   concerniente   a  la  cuantía  del  objeto  material  de  la  conducta.    

Pronto se advierte que al casacionista no le  asiste   interés   para   impugnar   la  sentencia  a  través  de  esta  forma  extraordinaria  de  impugnación en relación con el aspecto referido y que, por  ende,  el  cargo  se  debe desestimar de plano, en atención a la preceptiva del  artículo  213  del  estatuto  procesal  penal,  al señalar que “Si  el  demandante  carece  de  interés  o la demanda no reúne los  requisitos  se  inadmitirá  y  se  devolverá  el  expediente  al  despacho  de  origen.”   

Para proveer en el sentido indicado se tienen  en cuenta las razones siguientes:   

Constituye  presupuesto  del  derecho  a  la  impugnación,  el interés jurídico del sujeto procesal que pretende, a través  del  ejercicio  de  los  recursos, la reparación de un desmedro causado con una  decisión  judicial,  por  manera  que  lo que se persigue es remover, mejorar o  atemperar  una  situación que resulta gravosa, criterio desde luego extensivo y  aplicable a la casación.   

La  jurisprudencia  de  la  Sala ha expuesto  reiteradamente,  de  modo  general,  que  la  no  interposición o sustentación  debida  del  recurso  de apelación respecto de la sentencia de primer grado, es  señal  de  conformidad del sujeto procesal con el contenido de tal providencia,  razón  por  la cual carecerá de interés jurídico para impugnar la de segunda  instancia  que  no  reforme  aquélla  en  perjuicio  de  la  situación  del no  recurrente,  quien  no  puede  invocar  a última hora un agravio, con el fin de  legitimarse en casación.   

En  otra  palabras,  si  cualquiera  de  los  sujetos  procesales  se  abstiene de interponer o sustentar en tiempo el recurso  de  apelación  contra la sentencia de primera instancia, estando en condiciones  de  hacerlo,  se  ha  de  entender  que  se  muestra  conforme  con la decisión  proferida  y  el  ad  quem  no  puede,  por  su iniciativa, entrar a examinar su  situación.   

Desde  el  momento  de  efectuar  la primera  determinación  de  la  carencia  de interés para acudir en casación, si no se  agotaba  el  recurso  de apelación, en general, la Corte ha precisado que sólo  se puede prescindir de tal exigencia, en los siguientes casos:   

1.-             Cuando   aparezca   demostrado   que  arbitrariamente    se    le    impidió    el    ejercicio    del   recurso   de  instancia.   

2.-             Cuando   el  fallo  de  segundo  grado  modifique  su  situación  jurídica,  de  manera  negativa, desventajosa o más  gravosa.   

3.-            Cuando  se  trate de fallos consultables  que causen perjuicio.   

4.-     Cuando el sujeto  procesal  proponga  nulidad  por  la  vía extraordinaria, siempre que medie una  demanda  en forma, pues “la aceptación del contenido  material  del  fallo, revelada a través del silencio de la parte, sólo resulta  válida  si el procedimiento que lo sustenta es legítimo, y en la circunstancia  de   ser   la   casación  en  nuestro  medio,  fundamentalmente  un  juicio  de  validez”2   

.  

La falta de interés para recurrir, cuando se  ha  dejado  de  impugnar  la  sentencia de primera instancia, con las salvedades  planteadas,  se predica de todos los sujetos procesales, sin privilegio distinto  del que pueda surgir normativamente.   

A  partir del anterior marco conceptual debe  precisar  la  Sala  que  la defensa no cumplió con la obligación de interponer  recurso  de  apelación contra el fallo de primer grado en relación con el tema  específico  de  la  causal  de  atenuación  punitiva  que sólo hasta ahora le  genera   inconformidad,   circunstancia  que  evidentemente  lo  margina  de  la  posibilidad   de   efectuar   reproche  sobre  el  tema  por  vía  del  recurso  extraordinario de casación.   

Es  claro,  además, que no le es permitido  alegar  en  su  favor la conjugación de una cualquiera de las cuatro hipótesis  referidas  en precedencia como excepción a la carga de impugnar la sentencia de  primer  grado  sobre  los  mismos  aspectos  que  son  ahora  objeto del recurso  extraordinario  de  casación, en cuanto la de segundo grado confirmó en lo que  fue objeto de impugnación el fallo recurrido.   

Ahora  bien,  ha  dicho  la  Sala  que  de  conformidad  con  la  preceptiva  del  artículo  204 de la Ley 600 del 2000, el  Tribunal  tiene  competencia  exclusiva  para  pronunciarse  sobre  los aspectos  impugnados  por  el  apelante  e  igualmente  respecto de aquellos estrechamente  vinculados a los mismos.   

En el caso materia de análisis se advierte  que  el  fundamento  del  recurso  de  apelación interpuesto por el defensor se  concretó   al   reconocimiento  en  favor  de  los  procesados,  con  carácter  principal,   del  “subrogado  de  la  condena  a  de  ejecución    condicional”    y   de   manera  subsidiaria,      al      de     la     “prisión  domiciliaria”,  sin  que al interior de su propuesta  se  planteara  la  temática  referente  a  la  circunstancia de atenuación que  aborda      en      el     segundo     reproche     de     la     demanda     de  casación.       

Así  las  cosas, como la inconformidad del  recurrente  radica en un aspecto que no fue objeto del recurso de apelación que  el  defensor  instauró  contra  la  sentencia  de  primer  grado y por lo mismo  tampoco  objeto  de  pronunciamiento  en  la  sentencia de segunda instancia, es  evidente su falta de interés jurídico para acudir en casación.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  EDMUNDO  ENRIQUE VÁSQUEZ BARRIOS, LUIS ANTONIO RIVERA  CHACÓN  y  FERNANDO  VALETA  MORALES,    por las razones expuestas en la anterior motivación.   

         

Contra  este  proveído  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                       ÁLVARO ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Radicado  16678,  decisión  del 14 de febrero de 2000, M.P. Dr. Álvaro Orlando  Pérez Pinzón.   

2 Entre  otros,  auto  feb.11/99, rad. 9998, M. P. Fernando E. Arboleda Ripoll; casación  feb,24/2000,  rad.  10.809,  M.  P.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego;  casación  feb.13/2001, rad. 14.370, M. P. Nilson Pinilla Pinilla.     

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