21019(23-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21019  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 106  

Bogotá,   D.   C.,  veintitrés  (23)  de  septiembre del dos mil tres (2003).   

VISTOS  

      Procede   la   Sala  a  pronunciarse  en  torno  a  la  posibilidad de admitir las demandas de casación  instauradas  por  los  defensores  de  María  Sofía  Romero    Quitián    de   Guevara   y   Alba   Marlén  Romero  Ariza  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá, mediante la  cual    la    primera    fue   condenada   por   el   delito   de   receptación  (artículo  447 del Código  Penal)         y         la         segunda        por         favorecimiento (artículo 446 del Código  Penal).   

HECHOS  

   En la entrada a Engativá, el 26  de  marzo  de  1997,  a  eso de las 7:45 de la noche, fue secuestrado, cuando se  movilizaba  en  su  vehículo  con  dos  de sus empleadas, Carlos Federico Ruiz.   

Del hecho se sindicó a Israel Martínez y a  Álvaro  Delgado.  Pero  a  lo  largo  de  las  pesquisas, se estableció que al  celular  registrado  a  nombre  de Alba Marlén Romero  Ariza,  durante el cautiverio del secuestrado, habían  entrado   unas   llamadas   provenientes   del  teléfono  del  segundo  de  los  mencionados.   

María  Sofía Romero Quitián,  en  cambio,  fue  vinculada  al proceso por el hecho de que había  comprado  un  lote, el mismo donde construyó su casa, con dineros suministrados  por Israel Martínez.   

    

ACTUACIÓN PROCESAL  

Luego de perfeccionada la etapa del sumario  y  cerrada  la  investigación,  la  Unidad  Antiextorsión  y  Secuestro  de la  Fiscalía   General  del  la  Nación,  el  1°  de  marzo  de  1999,  profirió  resolución  acusatoria  contra  María Sofía Romero  Quitián  y  Alba Marlén Romero, entre otras personas.  En  esa  providencia,  se  les imputó la comisión, a la primera, del delito de  receptación     y,     a    la    segunda,    del    de    encubrimiento    por  favorecimiento.   

Esta decisión no fue impugnada y, luego de  alcanzar  su  ejecutoria,  se  remitió el proceso al Juzgado Séptimo Penal del  Circuito  Especializado  de  Bogotá.   Este  despacho,  el 2 de agosto del  2001,  profirió  la sentencia, mediante la cual condenó a las acusadas por los  delitos imputados en la resolución acusatoria.   

Contra  esta  providencia,  los  defensores  interpusieron el recurso de apelación.   

El  Tribunal  Superior  de Bogotá, el 18 de  febrero   del   2002,   confirmó   el   fallo.  Por  tal  virtud,  Alba  Marlén Romero Ariza fue condenada a  la   pena   principal   de  cinco  (5)  años  de  prisión  por  el  delito  de  favorecimiento     y     María    Sofía    Romero  Quitián  a  veinte  (20)  meses  por  el  delito  de  receptación.   

LAS DEMANDAS  

          Primera.  A FAVOR DE ALBA MARLÉN ROMERO  ARIZA.   

           El  censor  formuló,  por  la  vía  de  la  causal  primera  de casación, un solo  cargo.    

Así lo sustentó:  

La sentencia, violó los artículos 33 de la  Constitución  Política  y  28  del  Código  de  Procedimiento Penal.  La  primera   norma   hace   referencia   al   deber   de   declarar.   Alba  Marlén  Romero Ariza, por la época  de  los  hechos,  era  la  compañera permanente de Israel Martínez, uno de los  principales implicados en el secuestro de Carlos Federico Ruiz.   

La  prueba  de su cohabitación, surge de la  diligencia  de  allanamiento  llevada  a  efecto  por  la  fiscalía.  Allí  se  comprobó  que  vivían  bajo  el mismo techo. En estas circunstancias, ella, de  acuerdo  con el artículo 33 de la Constitución Política, estaba exonerada del  deber  de  denunciar. Por eso, al no anteponerle el texto de esta norma antes de  dar    su    versión,    se    le    violó    esta    garantía    de    rango  constitucional.   

Solicitó,   en   consecuencia,  casar  la  sentencia  y, en su lugar, revocar el fallo condenatorio contra ella proferido y  expedir uno de sustitución de carácter absolutorio.   

Segunda. A FAVOR  DE MARÍA SOFÍA ROMERO QUITIÁN.   

Por  los  cauces  de  la  causal  primera de  casación,  cuerpo  primero  (artículo 207 del Código de Procedimiento Penal),  el demandante formuló un cargo contra la sentencia.   

Así lo fundamentó:  

Contra  la  sentenciada se emitió juicio de  condena  con  base  en  tres  testimonios:  los  de Germán Melo Martínez, Juan  Gerardo  Cáceres  y  Oscar  Flórez  Echeverri.  De lo que ellos expresaron, el  juzgador  dedujo  que María Sofía Romero,  con  el  dinero  producto de las múltiples actividades ilícitas  desplegadas  por  la  organización  delictiva  liderada  por  Israel Martínez,  construyó una casa en el barrio Valladolid de esta ciudad.   

Es  cierto  que  en  la  sentencia  se  hace  claridad  en  torno a que ella no participó en forma directa en el secuestro de  Carlos  Federico  Ruiz. Pero se sostuvo, en cambio, sin  fundamentos,  que recibió dineros provenientes de ese  delito   para    edificar  su  vivienda,  en  calidad   de  compañera  permanente de Israel Martínez.   

Para desvirtuar este falso convencimiento, el  fallador  debió apreciar los  testimonios  de  Julio  César  Romero,  León  Ramiro  Guevara  y José Ignacio  Jiménez.  Pero  no  lo  hizo.  Si  los  hubiera  valorado, habría llegado a la  conclusión  de  que  María Sofía Romero  ha  sido toda la vida una persona trabajadora. Por tanto, existió  un error de hecho en la apreciación de la prueba testimonial.   

La   sentencia,   además,   desconoció  la prueba documental obrante a  folios  111  al  116 del cuaderno N°6 y al folio 115 al 126 del cuaderno N° 5,  toda    ella   relativa   a   la   actividad   legal   de   doña   María Sofía.   

Pero, sobre todo, el fallo es violatorio del  debido  proceso. El artículo  29  de  la  Constitución  Política,  hace  alusión  a  la  legalidad  y  a la  observancia  de  las  formas  en el proceso penal. Este  precepto  fue  desconocido.  El fallo proferido contra  María  Sofía Romero, está  sustentado  en  los  tres  testimonios  que fueron objeto de apreciación por el  Tribunal.  De  ninguno  de  ellos  se  infiere  que  se  dedicaba  a actividades  ilícitas.  Por  tanto, del hecho de que María Sofía  Romero haya tenido relaciones amorosas permanentes con  Israel  Martínez,  uno  de los autores del secuestro, como ella lo reconoció y  lo  confirmaron  los  declarantes  anotados,  no podía  deducirse que ella actuó dolosamente en el delito que  se le imputa.   

Un  defecto adicional observable en el fallo  lo  constituye  el  hecho  de  que  está  fundada  en  dos testimonios aducidos  sin las formalidades legales.  Como  puede  constatarse,  ni  Germán Melo ni Oscar Flórez fueron impuestos  del juramento antes de rendir su  versión.   

Por,  último, no se probó, para establecer  si   María  Sofía  Romero  había  recibido  dinero de Israel Martínez, que él hubiera cometido un delito  distinto  al  del  secuestro de Carlos Federico Ruiz. Como este ilícito no  se  agotó,  puesto  que  sus  autores  no  recibieron  la suma exigida, resulta  imposible  afirmar,  por  sustracción de materia, que la sentenciada fue autora  del delito de receptación.   

Estos  testimonios,  por  su  ilegalidad, no  pueden  servir de sustento a un fallo condenatorio. Mediante su apreciación, se  violaron   los  artículos  232  y  266  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Solicita,  entonces,  sobre  estas bases, se  case   la  sentencia  y, en su lugar, se profiera una de reemplazo, pero de  carácter  absolutorio,  a  favor  de  María  Sofía  Romero.   

             

CONSIDERACIONES  

Dado  que  las  demandas  no  reúnen  los  requisitos  básicos técnico-formales previstos en el artículo 212 del Código  de Procedimiento Penal del 2000, la Corte las inadmitirá.   

Las  razones  en  que  se  fundamenta esta  decisión, son las siguientes:   

Primero. DEMANDA A  FAVOR DE ALBA MARLÉN ROMERO ARIZA.   

La        formulación  del cargo, y su fundamentación,   no  se  ciñen  a  las  exigencias  relacionadas  en  el  artículo  212  del  Código  de Procedimiento  Penal.   

En efecto:  

Dijo el actor que acudía, como único cargo,  a  la  primera  de  las  causales de casación, prevista en el artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  “por  considerar  la  sentencia objeto del  recurso  como  violatoria  del  artículo  33  de  la  Constitución Nacional, y  28…”  del  mismo  estatuto.  Pero  no expresó su modalidad, es decir, si lo  hacía  a  través de la violación directa    o    de    la   indirecta.   

Si se hiciera un esfuerzo y se supusiera que  estaba  pensando en aquella, no se refirió a ninguna de sus especies, o sea, si  veía      vulneración      por      falta     de  aplicación,   aplicación  indebida  o  interpretación  errónea    de   una   disposición   de   carácter  sustancial.   

Si  se  quisiera  creer que se apoyaba en la  infracción  indirecta  -hipótesis de pronto más factible por cuanto en alguna  parte  dice  que  “del  análisis  probatorio  podemos  afirmar  sin  temor  a  equívocos  que  mi  procurada  no  es responsable penalmente”-, igual habría  pecado  pues  en  ningún sector de la demanda explicó a cuál especie de ésta  se   refería,   es   decir,   si  la  vulneración  procedía  de  error  de  hecho o  de derecho.   

No  expresado  lo  anterior, le era también  imposible    aseverar    la    clase    de    error    de   hecho   –falso   juicio   de   existencia,  de  identidad   o   falso   raciocinio-   o   de  derecho  –falso juicio de legalidad  o,   excepcionalmente,  de  convicción- en que cimentaba el reparo.   

De  manera extraña, propuso desconocimiento  de  los  artículos  33  de  la  Constitución  Nacional  y  28  del  Código de  Procedimiento  Penal,  disposiciones  que  se  refieren  a  la  imposibilidad de  obligar  a  declarar contra “sí mismo” y contra personas muy cercanas. Y al  tratar  de  desarrollar  la  imputación,  se  fue,  tomó otro rumbo: optó por  estudiar  la  prueba,  de acuerdo con su criterio, para demostrar que su cliente  no  era  responsable  “en virtud a que no fue ni autora como tampoco participe  en  ningún  grado  dentro  del  reato  de  la  referencia”.  Como se percibe,  estrictamente  hablando,  lo  uno  no  tiene  que  ver con lo otro. Mejor dicho,  formuló   un  reproche  específico  –quebrantamiento  de  las normas acabadas de citar- y desarrolló uno  que   no   había   hecho.  Así,  no  hay  coincidencia  entre  proposición  y  demostración de ésta.   

Luego,  tomando  la  prueba  testimonial, se  propuso  comprobar  otro  hecho: que la señora Romero  Ariza  era  la compañera permanente del señor Israel  Martínez.   

Pero  jamás explicó concretamente el yerro  del  Tribunal  o,  en  general,  de la justicia. Para corroborar lo dicho, basta  mirar  la  demanda, en la cual no se detecta ninguna afirmación ni explicación  sobre  cómo  fueron  violadas  la  Constitución  Nacional  y la norma procesal  citada.   Así,   por   ejemplo,  no  se  encuentra  cómo  fue  obligada  doña  Alba  Marlén  a  declarar  contra ella o contra sus personas próximas.   

El escrito no reúne los requisitos básicos  elementales. Por ello será totalmente inadmitido.   

Segundo. DEMANDA A  FAVOR DE MARÍA SOFÍA ROMERO.   

Apoyado en la causal primera de casación, el  impugnante   plantea   la   existencia  de  varios  motivos  de  ilegalidad  del  fallo.   

Si  se  comparan  ley procesal y demanda, el  desajuste  es  bastante notorio. El actor no cumplió los requisitos elementales  mínimos en la confección de su escrito. Véase:   

Si  bajo  una  misma  causal  de  casación  –en este caso la primera,  cuerpo  primero-  se proponen varios cargos, deben ser sustentados en capítulos  separados.  Esta regla no fue tenida en la cuenta por el censor, porque respecto  de  distintas pruebas, y apoyado en una misma causal, formuló distintos reparos  a la sentencia.   

Este modo de proceder no es aceptable en esta  sede,  salvo  si   con una correcta y lógica ilación se comprueba que una  violación es consecuencia obligada de la otra.   

El  cumplimiento  de  esta  exigencia,  que  corresponde   a   la   aplicación  del  principio  de  autonomía  propio  de  esta  disciplina,  constituye  presupuesto   indispensable  para  darle  curso  a  la  demanda.  La  Corte,  en  desarrollo  de  su  labor  pedagógica,  ha  sido  clara  al  respecto.  Así ha  discurrido:   

“Olvida,  entonces,  el recurrente que es  principio  que  gobierna  el  recurso  extraordinario  de  casación,  el  de la  autonomía  respecto  de  cada  una  de las causales que a bien tenga invocar el  censor,  tanto  en la enunciación como en la demostración de los cargos que se  formulen  contra  el  fallo objeto de impugnación, lo cual, contrario sensu, ha  implicado  colegir  que  le  está  vedado  al demandante entremezclar  las  diversas  causales  en  un  solo cargo, no sólo porque resulta desconociendo el  igualmente  primordial principio de claridad y precisión que debe respetarse en  el  decurso  del  libelo,  sino porque, a la postre, la pretensión no puede ser  estudiada  por  la  Corte,  pues,  como  es  igualmente  sabido, cada una de las  causales  casacionales,  dentro  de  la generalidad del recurso, tiene su propia  naturaleza,  contenido  y  alcance” (Sentencia del 19  de  julio  del  2001,  M.  P.  Herman  Galán  Castellanos,  radicación número  14.823).   

  Dentro de la  misma  causal  –primera de  casación-,   el  censor  ha  expresado  simultáneamente,  sin  atenerse  a  la  metodología    de    la    casación,    que    el    fallo   es   ilegal,  no  sólo  porque  se  dejaron de  considerar  algunos  testimonios  y  una  prueba  testimonial,  sino  porque  el  juzgador,    al    valorar   la   prueba,  aparte  de  haber hecho una inferencia equivocada a partir de las  relaciones  afectivas  existentes entre el principal implicado y la sentenciada,  reconoció       unas       declaraciones      ilegalmente      aducidas      al  investigativo.   

Todas  estas censuras, postuladas libremente  por  el  demandante,  sin  señalar  de  qué  modo  cada  una  de  las  pruebas  relacionadas  era  violatoria  de  la  ley  sustancial  por vía directa -si por  suposición,  omisión  o interpretación errónea-, no pueden ser atendidas por  la  Sala,  máxime  cuando  ellas han sido fusionadas bajo una misma causal, sin  ajustarse  a la regla diseñada por el numeral 4° del artículo 212 del Código  de Procedimiento Penal.   

Si  lo  que  pretendía  develar  era que se  habían  dejado  de  apreciar  unos  testimonios  y  la prueba documental, la vía para hacerlo, desde luego en  la  forma  correcta  antes  señalada,  no  era  la causal primera de casación,  cuerpo  primero,  por  violación  directa de la ley sustancial. Lo adecuado era  acudir,  para  poner  al  descubierto  un  error  de  hecho  por falso juicio de  existencia  por  omisión  material  de  prueba  y probar su trascendencia en el  fallo,  a  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, por violación    indirecta    de    la    ley    sustancial.   

Y,  asimismo, si su propósito era denunciar  la      sentencia      porque      de     una     circunstancia     –los  amoríos de la procesada y uno de  los  principales  implicados  en el secuestro de Carlos Federico Ruiz- no podía  deducirse  su  participación  en  calidad de receptadora dentro del proceso, lo  correcto  hubiera  sido  que  invocara  la  causal  primera de casación, cuerpo  segundo,   para  acusar  la  sentencia  de  estar  fundada  en  un  error      de     hecho     por     falso     raciocinio.   

Por   último,   si  consideraba  que  los  testimonios  de  Germán  Melo y Oscar Flórez no fueron allegados legalmente al  proceso,  en  razón  de  que  no  se  les  impuso  la  fórmula sacramental del  juramento,  debió  encauzar  su  censura  por  la senda de la causal primera de  casación,  cuerpo  segundo,  por  error de derecho por  falso juicio de legalidad.   

                  

La  desatención  de  estas  directrices  técnicas  y  metodológicas,  constituye  razón  suficiente  para inadmitir la  demanda.   

Este  escrito, por supuesto, tampoco reúne  las más elementales exigencias legales.   

           En  mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  las  demandas  presentadas  por  los  defensores  de  Alba  Marlén     Romero     Ariza     y     María  Sofía Romero Quitián de Guevara.   

Contra  este  auto,  no  procede  ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS   A.  GÁLVEZ    ARGOTE                         

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                ÉDGAR         LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                MAURO         SOLARTE  PORTILLA               

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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