20971(23-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20971   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 106  

Bogotá, D. C., veintitrés (23) de septiembre  del dos mil tres (2003).   

VISTOS  

          Decide  la Sala si es procedente admitir la demanda de casación que  presentó  el Procurador 85 Judicial Penal II contra la sentencia dictada por el  Tribunal  Superior  de  San  Andrés,  Providencia  y  Santa  Catalina  el 21 de  noviembre  del 2002, mediante la cual confirmó el fallo absolutorio emitido por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de San Andrés en el proceso adelantado contra  los   señores   LUIS  AMADEO  ROA  DÍAZ,    LUIS   ALTAMAR   CHÁVEZ     y     MILTON    EDUARDO    MURILLAS  RODRÍGUEZ.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

A  principios del mes de agosto del 2001, el  agente  de  la  policía  nacional  WILMER  CERVANTES MEZA fue contactado por su  compañero   MILTON  MURILLAS  RODRÍGUEZ  para  que  permitiera  el  ingreso  a la isla de San Andrés de un  cargamento  de  marihuana,  actividad  por  la  que  las personas interesadas le  darían  una  suma  de  dinero. Les informó aquél a sus superiores, quienes le  encargaron   adelantar   las   tareas   necesarias   para   aprehender   a   los  narcotraficantes   y   decomisar   la   sustancia,   labores  que  efectivamente  permitieron  capturar  a  los  señores LUIS AMADEO ROA  DÍAZ   y  LUIS ENRIQUE  ALTAMAR  CHÁVEZ  cuando transportaban unos 8 kilos de  la  hierba  que  poco antes uno de ellos había reclamado en el aeropuerto. Más  tarde,   el   agente  MURILLAS  RODRÍGUEZ también fue privado de libertad.   

          Después  de  que  un  fiscal  seccional de San Andrés aseguró con  detención  a los imputados por los delitos de tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes  y  cohecho  por dar u ofrecer, los dos primeros se acogieron al  beneficio  de  la  sentencia  anticipada y aceptaron el cargo únicamente por el  ilícito  contra  la  salud  pública. Por tal razón, ordenada la ruptura de la  unidad  procesal  para  continuar  el trámite contra éstos por la conducta que  afectaba  la administración pública y contra MURILLAS  RODRÍGUEZ,    además,    por    el   tráfico   de  estupefacientes,  el 7 de diciembre del 2001 los tres fueron convocados a juicio  por   los  referidos  comportamientos,  resolución  confirmada  por  un  fiscal  delegado   ante   el   Tribunal  Superior  de  Cartagena  el  31  de  enero  del  2002.   

El  16  de agosto del mismo año, el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  San  Andrés  absolvió  a los procesados de todos los  cargos.  La  sentencia, impugnada por la fiscalía y por el ministerio público,  fue  confirmada por el Tribunal Superior de ese distrito judicial mediante fallo  del 21 de noviembre.   

LA DEMANDA  

          El  Procurador  85  Judicial Penal II formuló tres cargos contra la  sentencia de segunda instancia:   

          El   primero,  con  apoyo  en  el  cuerpo  segundo   de   la   causal   primera   de   casación,  porque  el  Ad  quem  incurrió  en falsos juicios de  existencia  por  omitir  la  valoración  de los indicios de participación y de  oportunidad para delinquir.   

          Respecto  del  primero, dice que el hecho indicador lo constituye la  grabación  de  la  conversación  que sostuvieron el agente CERVANTES MEZA y el  apodado  JORGE,  en  la  que  éste  le explica cómo ingresaría la marihuana y  cómo  iría  vestida  la  persona  que  la  reclamaría. En ella, JORGE alude a  MILTON,  quien  le  venía  colaborando  a la organización para desarrollar sus  actividades en la isla.   

          Esta  prueba  documental,  agrega,  valorada  con  el  testimonio de  CERVANTES   MEZA   en   cuanto   informa   que  MILTON  MURILLAS  fue  quien  lo  puso  en  contacto  con  los  narcotraficantes,  permite  inferir  como  hecho  desconocido  o indicado que el  MILTON  de  que habla JORGE “eventualmente pueda ser el mismo procesado MILTON  MURILLAS  RODRÍGUEZ”,  coincidencia que refuerza el grado de probabilidad que  hay entre los hechos indicador e indicado.   

          Considera   que   la   prueba  no  puede  reputarse  ilegal,  porque  reiteradamente  esta  Corporación  ha sostenido la validez de la grabación que  realiza  la  propia  víctima de una conducta punible o la persona que participa  en  la  conversación,  en  tanto  lo  prohibido  es que se intercepte sin orden  judicial la sostenida por terceros.   

          Es,  además, veraz, en virtud de las coincidencias que se advierten  entre  lo  dicho  por  JORGE  y  las  circunstancias  en  que  se produjeron las  aprehensiones,  especialmente  lo  relacionado  con la procedencia del vuelo, la  aerolínea  en  la  que  vendría  la  encomienda  y la descripción de quien la  reclamaría.   

          El  segundo  indicio,  que  denomina  de oportunidad para delinquir,  tiene  como  hechos  indicadores  los  testimonios  de  CÉSAR MUJICA GAVILÁN y  DIÓGENES  MARTÍNEZ  GORDON,  así  como  la  certificación de la institución  policial,   pruebas   que   acreditan   que   MURILLAS  RODRÍGUEZ  estuvo  asignado  durante  una  época  al  aeropuerto  como  guía canino antinarcóticos. Y como la sustancia fue remitida  vía  aérea,  “todo ello al ser apreciado de manera  conjunta,  permite  inferir  como hecho desconocido, que existe un alto grado de  probabilidad  que el procesado MILTON EDUARDO MURILLAS RODRÍGUEZ, se valiera de  su  cargo,  para  permitir  el  ingreso  de  sustancias  estupefacientes en esta  Ínsula”,  porque  su  trabajo en ese terminal “le  proporcionaba  una privilegiada posición de ventaja para permitir el ingreso de  las  sustancias  estupefacientes  importadas  por vía aérea en este territorio  insular”.   

          Concluye  que  si el Tribunal hubiera apreciado la prueba indiciaria  le  habría  dado  credibilidad  al  testimonio  de  CERVANTES  MEZA, medios que  “aunados  con el resto del acervo probatorio” demostraban la responsabilidad  del procesado.   

          La  segunda censura también la formula el  demandante  desde  la  perspectiva  de  la segunda parte de la causal primera de  casación,   pero   ahora   atribuyéndole   al   Ad  quem  un  falso juicio de identidad en la apreciación  del  testimonio  del  coronel  JAIME GUERRERO PARDO, lo que lo condujo a admitir  que  éste  y  CERVANTES  MEZA  se  confabularon  para perjudicar a MURILLAS,   inocente   víctima   de  las  envidias y malquerencias de ellos.   

          En  este  sentido, según el libelista, el testigo se refirió a los  inconvenientes    para    hacer    efectivo    el   traslado   de   MURILLAS  debido a la falta de presupuesto,  pero  el Tribunal entendió que se refería a dificultades surgidas entre ellos.  Tampoco   reconoció   el  oficial  el  traslado  de  aquél  para  Cali  ni  el  injustificado  retardo  para realizarlo, pues en cambio señala con claridad que  la   que  decide  esos  traslados  es  la  Dirección  General  de  la  Policía  Nacional.   

          Si  el Ad quem no  hubiera  distorsionado  ese  testimonio, concluye, habría admitido que el mismo  ratificaba  lo  relacionado con las operaciones de inteligencia adelantadas para  verificar  las  informaciones  suministradas  por CERVANTES MEZA, respecto de la  participación del procesado en los ilícitos investigados.   

          El     tercer     cargo    igualmente  se  formuló  al  amparo del cuerpo segundo de la causal  primera.  Dijo  que  en  el  fallo  atacado se incurrió en error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad, porque se apreció un cupón aéreo que autorizaba  viajar  a  la  ciudad  de  Cali, aportado al proceso cuando ya había vencido el  término  para  pedir  pruebas y solicitar nulidades en la etapa del juicio. Por  lo  tanto, a los falladores no les estaba permitido valorar ese documento, mucho  menos  para  edificar  en él el fallo absolutorio porque se confirmaría que el  coronel  GUERRERO  pretendió impedir el traslado de quien tenía en su poder el  tiquete que le permitiría trasladarse a esa ciudad.   

          Acreditado  el  error,  “se derrumba por su propio peso uno de los  presupuestos  que  sirvieron  de  base  para  la  edificación  de  la sentencia  absolutoria”   y   el   Tribunal   “seguramente   que   no  habría  avalado  implícitamente  la  teoría esgrimida por la Defensa, que fue respaldada por el  Juez  de  Primera  Instancia, en el sentido que MILTON MURILLAS ha sido víctima  de  un  complot”  urdido  por  CERVANTES y apoyado por GUERRERO, con el fin de  perjudicarlo por el supuesto traslado a Cali.   

          Finalmente,  pide  que  se  case  la  sentencia  impugnada  y  en su  reemplazo  se  dicte  otra  que declare la responsabilidad del procesado por los  cargos que le fueron imputados.   

  CONSIDERACIONES   

         

          De  acuerdo  con  lo  previsto  por  el artículo 213 del Código de  Procedimiento  Penal,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  porque  no reúne los  requisitos  establecidos  en  el  numeral  3º.  el  artículo  212 ibídem,  según el cual es indispensable  que  en  ella  se  enuncie la causal y se formule el cargo “indicando en forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas  que  el  demandante  estime  infringidas”.   

          Semejante  exigencia supone que, además de seleccionar el motivo de  casación  en  que  se  pretende  apoyar el ataque, se indique en qué radica el  defecto,  se  explique  y  demuestre  cómo  se  configuró  y  se  acredite  su  trascendencia  en  el sentido de la decisión, todo lo cual se ha de desarrollar  de  manera  completa  y  coherente  pues la demanda, que tiene la pretensión de  enjuiciar  la  legalidad  de  la  sentencia  de segunda instancia, no sólo debe  contener  con  suficiencia  todos  los  elementos del reproche, sino que se debe  elaborar con apego a las reglas de la lógica.   

          No  fue  ésta  la  tarea  realizada  por el demandante, como pasa a  examinarse.   

          Con  relación al primer cargo,  aunque ciertamente el indicio es un medio de prueba tanto como la  inspección,  la  peritación,  el  documento,  el  testimonio  o  la confesión  (artículo  233  del  Código  de  Procedimiento  Penal) y, por lo mismo, pueden  cometerse  en  su  apreciación errores de hecho y de derecho que conduzcan a la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  debe  tenerse  en cuenta que su  estructura  comporta  una  singular  característica que obliga a un tratamiento  especial  del  yerro  que  se  reclame:  se  trata  de  una  prueba indirecta  que  se obtiene a partir de un  hecho  –que se ha dado en  llamar  indicador- que debe  acreditarse   mediante   prueba   directa,  pues  resultaría  absurdo que se construyera un indicio derivado  de  otro  o  una  cadena indiciaria a partir de un indicio que a la vez sirva de  prueba del hecho indicador del siguiente y así, progresivamente.   

          Como   la   inferencia   lógica  es  el  resultado  de  un  proceso  intelectual  valorativo,  no  podría  predicarse  respecto de ella falso  juicio  de  existencia,  error  de  contemplación  en  el que sólo se puede incurrir respecto de un medio directo,  objetivo,  que  se  omite no  obstante  obrar  materialmente  en  el expediente o se  supone  porque  no  tiene  presencia  física  en  la  actuación.  Por el contrario, respecto de la inferencia, como ha sido dicho por  la  Sala, la única vía posible para atacarla en casación es el error de hecho  por   violación   de   los   principios   de   la   sana   crítica1.   

          En  verdad,  si  el indicio es una construcción valorativa que hace  el  juez  a  partir  de un hecho plenamente acreditado en el proceso, no podría  reprochársele  que  hubiese  omitido  la  valoración de un medio de prueba que  obviamente  no  existe, porque no ha sido elaborado. En este supuesto, el ataque  tendría  que  dirigirse  contra  el  hecho  indicador,  para  demostrar  que el  fallador   cometió   un   error   de  hecho  de  los  denominados  contemplativos,  que le impidió darle el  valor  probatorio  que merecía, es decir, obtener de su apreciación, a través  de  un proceso intelectivo, la consecuencia lógica que de él se derivaba o, en  otros  términos, la inferencia de la existencia del otro hecho, el desconocido.   

          En  este  sentido,  con  relación  a la primera parte del cargo, no  explica  el censor si la prueba del hecho que reputa indicador, la grabación de  una  conversación  sostenida  por  el  agente  CERVANTES  con un tal JORGE, fue  efectiva  y  adecuadamente  valorada  por  el  Tribunal  o  si  por el contrario  incurrió  en su apreciación en errores de hecho o de derecho, pues en lugar de  referirse   a   las  consideraciones  que  sobre  ella  expuso  el  Ad   quem   -como  le  correspondía  al  libelista  porque la casación es un juicio de legalidad que se le hace al fallo  de  segunda  instancia-  se  contentó con hacer él mismo su propia evaluación  del  medio  para  construir  a  su  arbitrio  un  supuesto  “indicio  grave de  participación  criminal”  que  ni  siquiera  resulta contundente, en tanto su  conclusión  se  limita  a  establecer que el MILTON que se menciona en la cinta  “eventualmente pueda ser el mismo procesado”.   

          Por  último,  conservando  su  línea  argumental  de  omitir  toda  referencia  al  contenido  de  la  sentencia  que  debía  ser  el  objeto de su  reproche,  lo  que  priva  a  la Corte de conocer los fundamentos del fallo y en  qué  medida  las afirmaciones del demandante puedan constituir la demostración  de  errores  trascendentes cometidos por el Tribunal, el casacionista dedica sus  esfuerzos   a  defender  la  legalidad  de  la  grabación  magnetofónica,  sin  identificar  si  a  tal  labor  hubo de aplicarse porque los jueces de instancia  opinaron  en  sentido  contrario  o  se  trataba  simplemente  de  un  ejercicio  académico o de erudición.   

          Respecto  de la segunda parte del cargo, atinente al falso juicio de  existencia  porque  el  Tribunal  ignoró  el “indicio grave de la oportunidad  para  delinquir”,  semejantes  son los defectos que denota la acusación tanto  en  lo  general,  ya  tratado  en  precedencia,  como en lo particular, sobre la  prueba del hecho indicador.   

No se sabe, en efecto, si los testimonios de  CÉSAR  MUJICA  y  DIÓGENES  MARTÍNEZ  y  la  certificación de la Jefatura de  Talento   Humano   de  la  Policía  Nacional  fueron  valorados  o  no  por  el  Ad  quem  ni cuáles fueron  los  errores  en  que  incurrió, de manera que su exposición sobre el punto es  apenas  producto  de  sus  reflexiones, inconducentes por lo demás, pues que el  procesado     MURILLAS    RODRÍGUEZ    hubiese  trabajado en otro tiempo en el aeropuerto y en consecuencia  tuviera  “una  privilegiada  posición  de ventaja para permitir el ingreso de  las  sustancias  estupefacientes importadas por vía aérea”, no significa que  para    la    fecha    de   los   hechos   investigados   esta   situación   se  mantuviera.   

          Dígase,  finalmente,  que  en el cargo subyace un reclamo porque al  parecer  los  juzgadores no le dieron credibilidad al dicho del agente CERVANTES  MEZA,  cuestión  que  no  es  en  sí misma atacable en casación sino sólo en  cuanto  en  la  valoración  de  la  prueba  el fallador hubiese contrariado las  reglas  de la sana crítica o, lo que es lo mismo, los principios de la lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las pautas de la experiencia, temas a los que el  censor ni siquiera alude.   

          En    el    segundo   cargo,  el  demandante interpreta el testimonio del coronel JAIRO ORLANDO  GUERRERO  PARDO  para  sostener  que  no  hizo la afirmación que el Tribunal le  atribuyó    sobre    los    inconvenientes    que    tuvo    con   MURILLAS    RODRÍGUEZ,   invitando   el  libelista  a  la  Sala  a  que  revise  “el  contenido  del testimonio” para  verificar  que  “el  inconveniente  del  que  hace mención en su declaración  (…)  se  debe  a  la  falta  de presupuesto que impidieron hacer efectivos los  traslados”.   

Olvida  el  impugnante  que, en virtud de la  naturaleza  rogada  del recurso, es a él y no a la Corte a quien le corresponde  identificar  los errores trascendentes en que eventualmente hubiere incurrido el  juez  de segunda instancia. Tampoco explica por qué la falla en la apreciación  de  esta  prueba  afectaba  la credibilidad del testimonio de CERVANTES MEZA, al  punto   de   generar   en   el   Ad  quem  la  convicción  de  que  ambos  testigos  “se amangualaron para  perjudicar  al  ahora  procesado”.  Además, como ninguna referencia hace a lo  que  supuestamente  la  declaración  del  oficial  permitía  probar,  el cargo  deviene  incompleto  pues,  aun  en caso que el yerro se hubiese demostrado, del  mismo  no se derivaría consecuencia alguna tanto respecto del propio testimonio  como  de  la  prueba  subsistente  en  la  que se habría apoyado el fallo, tema  igualmente ignorado por el demandante.   

          El  tercer cargo,  correctamente  planteado  como error de derecho por falso juicio de legalidad en  la  apreciación  de una prueba inoportunamente aportada y que, por lo tanto, no  podía   ser  valorada,  aparece  también  incompleto  porque  no  acredita  la  incidencia  del  defecto  en  el  sentido de la decisión. Apenas si sostiene el  libelista    que    “se    derrumba    por   su   propio   peso   uno  de los presupuestos que sirvieron de  base   para   la   edificación  de  la  sentencia  absolutoria”  –al  parecer  el  complot  urdido  por  CERVANTES  y  respaldado  por GUERRERO- pero no indica cuáles fueron los demás  fundamentos  del fallo ni demuestra que, retirado este soporte, se derruiría la  estructura probatoria en la que se afincó la absolución.   

          La demanda, en consecuencia, será inadmitida.   

                En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

          INADMITIR      la      demanda      de  casación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese    y  cúmplase.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS                                CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS             MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Cfr,  por ejemplo, la sentencia del 20 de octubre del  2000, radicado 11.113, M. P. Carlos Eduardo Mejía Escobar.     

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