20773(25-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20773  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente:   

                                               Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                               Aprobado Acta No. 013   

Bogotá, D.C., veinticinco (25) de febrero de  dos mil cuatro (2004).   

VISTOS:  

Decide  la  Sala  el  recurso  de reposición  interpuesto  por  JAIRO  VILLEGAS  AMARILES,  ciudadano  colombiano requerido en  extradición  por el Gobierno de los Estados Unidos, contra el auto proferido el  pasado  22  de  octubre de 2003, mediante el cual se negaron las pruebas pedidas  en este trámite.   

EL RECURSO:  

Manifiesta el recurrente, que en materias como  la  que  es objeto de este trámite, a la Corte le corresponde acatar y respetar  lo   dispuesto   en   Tratados  Internacionales  y  también,  desde  luego,  la  regulación  pertinente  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  “en  todo su  contexto  allí  existente,  es decir considerándose tanto lo desfavorable como  lo  favorable, el ejercicio del derecho de defensa, el derecho de contradicción  que  tiene  todo  investigado,  implicado,  sumariado  o  procesado  dentro  del  régimen  penal,  y  precisamente  la  práctica  de  pruebas,  como bien fueron  invocadas  por  la  honorable Sala de Casación Penal, cuando dio traslado tanto  al  suscrito  sindicado  como  a  su  defensa  técnica,  en  cumplimiento  a lo  dispuesto  por  el  Art.  518  del  C.P.P.,  y  a  cabalidad su despacho así lo  dispuso”.   

A partir de esta premisa, de manera insistente  el  recurrente  manifiesta  que  el traslado que se corrió para la solicitud de  pruebas  fue  apenas  un  distractor porque la Corte negó las deprecadas por su  defensor,  en  una  clara  violación al derecho de defensa y el debido proceso,  desconocedor  también de preceptos constitucionales e internacionales a los que  se  ha  comprometido  el  Estado  Colombiano,  tanto,  que por ese motivo se han  instaurado   demandas   ante   organismos   internacionales  como  la  Comisión  Interamericana de Derechos Humanos y la ONU.   

Según el petente, el criterio de la Corte es  que  ningún  ciudadano  colombiano  sindicado  de la comisión de delitos en el  exterior,  tiene  derecho a controvertir los hechos que se le imputan  “y  menos  aún  naturalmente  a través del único medio probatorio y procesalmente  legal,  como  es la práctica de pruebas, con elemental y distractor fundamento,  de  que  éstas  no  son  aplicables, en este tipo de procesos, como en mi caso,  para  colombianos  en  Colombia y dentro de nuestro ordenamiento jurídico Penal  en   lo   que   favorece   pero   si   aplicable   en   todo  lo  que  le  (sic)  desfavorable”.   

Por  último, agrega que no entiende por qué  la  Corte  tramita  esta  clase  de  asuntos  sin  ningún  respeto a las normas  nacionales e internacionales.   

Solicita,  por  tanto,  se  revoque  el  auto  recurrido y se disponga la práctica de las pruebas deprecadas.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  Como  es  sabido, en materia procesal los  recursos  tienen por finalidad permitirle a las partes la controversia sobre las  decisiones   que  les  generan  perjuicio,  por  contener  errores  fácticos  o  jurídicos.  De  ahí que, como elemento que es del derecho a la defensa, supone  el  cumplimiento  de  unos básicos requisitos, como que se ejerza dentro de los  límites  temporales indicados en la ley y se expongan las razones de hecho o de  derecho  por  las  cuales  el sujeto inconforme considera necesario que el mismo  funcionario  que la profirió o el superior jerárquico, según el caso, vuelvan  sobre  sus  fundamentos  y  los  confronten  con  los  que  pone  de presente el  recurrente,  a  fin  de constatar el acierto de la determinación adoptada, pues  de  presentarse  lo  primero procedería su revocatoria, aclaración, adición o  modificación,  pero,  si  es  lo  segundo,  lo  que  se  impondría  sería  su  confirmación.   

2.  En el caso presente, debe precisarse, que  si  bien  el  recurso de reposición se interpuso oportunamente, los fundamentos  de   la  inconformidad  del  recurrente  no  indican  desacierto  alguno  en  la  decisión,  pues  solo se limita a afirmar reiteradamente que la negativa de las  pruebas  le  parece  violatorio del derecho de defensa y del debido proceso, sin  que  con  esa  tesis logre desvirtuar las razones en que se apoyó la Corte para  no acceder a la práctica de las  deprecadas por su defensor.   

3.  Por  el  contrario,  los  argumentos  del  recurrente  ponen  de relieve una confusión sobre la naturaleza jurídica de la  extradición  y  el  contenido  del auto objeto de cuestionamiento, toda vez que  parte  del  equívoco  supuesto  de  que  en  esta clase de trámites se cumplen  funciones  investigativas  sobre  los  hechos que motivan la solicitud del país  extranjero,  y  que  los  ciudadanos  colombianos  pedidos en extradición “no  tienen derecho a defenderse”.   

4. En estas condiciones, corresponde dejar en  claro  que  tal  y  como  lo  admite  el  propio  petente,  en  este  caso,  las  disposiciones  aplicables  según  el  concepto  respectivo  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  no  son  otras  que  las  contenidas  en  el Código de  Procedimiento  Penal  sobre  extradición.  Esto  significa, que las autoridades  colombianas  que  intervienen  en  esta  clase  de  asuntos  deben  observar  lo  dispuesto  en  el  Capítulo  III del Libro V del ordenamiento procesal interno.  Por  ello, en lo que concierne a la actuación de la Corte, no puede perderse de  vista  que  su función es la de emitir concepto sobre la procedencia o no de la  extradición  fundamentándose  en  “la  validez  formal  de la documentación  presentada,  en  la  demostración  de  la plena identidad del solicitado, en el  principio  de  la  doble  incriminación,  en  la equivalencia de la providencia  proferida  en  el  extranjero  y, cuando fuere el caso, en el cumplimiento de lo  previsto en los tratados Públicos” (Artículo 520 ibídem).   

5.  Por eso mismo, la etapa probatoria que se  surte  ante  esta  Corporación,  tiene  como  finalidad  expresa  practicar las  pruebas  solicitadas  y las “que a juicio de la Corte sean indispensables para  emitir  concepto”,  es  decir,  que  los  elementos a recaudar, deben, como se  anotó  en el auto recurrido cumplir las condiciones de procedencia, pertinencia  y  conducencia  frente  a  los temas objeto del concepto. Lo contrario, esto es,  que  se debe “considerar” lo favorable y desfavorable, como pareciera que es  el  entendimiento  que  tiene  JAIRO  VILLEGAS  AMARILES  sobre  el  trámite de  extradición,  es confundir una actuación en la que no se juzga nada distinto a  los   requisitos  de  procedencia  de  la  solicitud  elevada  por  un  Gobierno  extranjero,  con  el  proceso que adelantan las autoridades judiciales del país  requirente.  Y como es allí donde se definirá lo atinente a la responsabilidad  de  la  persona  solicitada,  es  en  su  interior  donde  incumbe  debatir  las  imputaciones  y  los  medios  de  convicción  en  las  que  se  soportan.  Esa,  precisamente  es la finalidad de la extradición: procurar que la persona que ha  cometido  un  delito  o  ha  sido  acusada o condenada por ello en un país y se  refugia  en  otro, comparezca personalmente al proceso o afronte directamente la  sanción que pesa en su contra.    

7.   A   propósito   de   este   tema,  la  jurisprudencia  de  la Sala ha sostenido que: “Pretender probar en el trámite  de  extradición la inocencia del requerido en el proceso penal que da origen al  inicio  de  este trámite es confundir la naturaleza de los dos asuntos, pues en  el  primero,  el  proceso  penal  propiamente dicho, es obvio, no lo adelanta la  Corte,  sino  las  Autoridades  Judiciales de un país extranjero y es en él en  donde  se discute la participación del solicitado en la comisión de un delito,  sus   circunstancias   de   tiempo,   modo   y  lugar,  su  responsabilidad,  la  calificación  jurídica  de su conducta y desde luego, las consecuencias que le  acarrearía  una  decisión  de  condena.  En  lo  segundo,  en  el  trámite de  extradición,  para  el  caso concreto el que se adelanta en Colombia cuando una  persona   es   reclamada   por  otro  Estado,  no  solo  intervienen  diferentes  autoridades  de  la  Rama Ejecutiva y Judicial, sino que lo que aquí se discute  es  el  cumplimiento  de  una  serie  de  requisitos  formales  que  permiten la  aplicación  de este instrumento internacional, sin que sea objeto de estudio la  legalidad  o  la  capacidad incriminatoria de las pruebas en que se apoyaron las  Autoridades  Judiciales  Extranjeras  para  acusar  o  condenar a una persona, y  mucho   menos   el  acierto  de  sus  decisiones  en  ese  sentido,  pues,  como  reiteradamente  ha debido recordarlo la Sala, en esta clase de diligenciamientos  esta  Corporación no actúa como el Juez del caso, y mucho menos con facultades  decisiorias  en  torno  al  fondo  del  asunto  que  motiva  un  pedido  de esta  naturaleza”  (auto  del  8 de julio de 2003, rad. 20.803, M.P., Carlos Augusto  Gálvez Argote).   

La  decisión  atacada,  entonces,  deberá  mantenerse.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

No reponer el auto del 22 de octubre de 2003,  mediante  el  cual  se  negaron  las  pruebas  pedidas  por el defensor de JAIRO  VILLEGAS AMARILES.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

HERMÁN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE        ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                              ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                             

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                             ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                   

MARINA         PULIDO        DE  BARÓN                                 JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                      

YESID            RAMÍREZ  BASTIDAS                                           MAURO SOLARTE PORTILLA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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