20647(26-01-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20647  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 05  

Bogotá D.C., veintiséis  de enero de dos mil seis.   

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación    interpuesto    por   el   defensor   del   procesado   Luis  Beltrán Gutiérrez de Alba en contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida el 24 de mayo de 2002 por la  Sala  de decisión penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá,  mediante  la cual confirmó, modificándola parcialmente, la del Juzgado treinta  y  siete  penal  del  circuito  de la misma sede, que condenó al procesado como  autor  de  los  delitos  de  concierto  para  delinquir,  falsificación  o  uso  fraudulento  de  sello  oficial,  falsedad  material  de particular en documento  público,   destrucción,   supresión  u  ocultamiento  de  documentos,  estafa  agravada por la cuantía y fraude procesal.   

  HECHOS  

          Así fueron narrados en el curso de las instancias:   

“Ante   varios  Juzgados  laborales  del  circuito   de   Barranquilla,   se  crearon  procesos  en  forma  simulada,  con  participación  de  varios  abogados, entre ellos Luis  Beltrán  Gutiérrez de Alba, de servidores judiciales  y  de particulares que tuvieron acceso a los despachos, que conformaron así una  empresa  criminal concertada con el fin de defraudar el erario nacional manejado  por  el  Fondo  de  Pasivo Social de la Empresa Puertos de Colombia – Foncolpuertos, en varios millones de  pesos.”   

“Para   tal   efecto,   fueron  creados  integralmente  varios  poderes  que  supuestamente  ex  empleados  de la Empresa  Puertos  de  Colombia  habían otorgado a los abogados litigantes; así mismo se  falsificaron  las diligencias de presentación personal de éstos poderes con la  utilización  de  sellos  falsos; se falsificaron las audiencias de juzgamiento;  los   mandamientos   de  pago  y  las  respectivas  anotaciones  en  los  libros  radicadores   de   los   Juzgados  en  los  cuales  supuestamente  cursaron  los  procesos.”   

“Estos   apócrifos  documentos  fueron  utilizados   para   llevar   a   cabo  diligencias  de  conciliación  ante  las  Inspecciones   laborales;  actas  con  base  en  las  cuales  la  Dirección  de  Foncolpuertos  expidió  las  respectivas  resoluciones reconociendo los valores  conciliados  y dispuso el pago de los mismos a través de títulos de Tesorería  Clase  B,  expedidos  por  el  Ministerio  de  Hacienda y Crédito Público, los  cuales fueron efectivamente cobrados.”   ACTUACION  PROCESAL   

          A   partir  de  las  múltiples  irregularidades  detectadas  en  el  trámite  del  pago  de  cesantías  por  parte  del  Ministerio  de  Hacienda a  Foncolpuertos,  la  Unidad   Nacional  de delitos contra la Administración  Pública  de  la  Fiscalía  General  de  la Nación con sede en Bogotá, abrió  investigación   penal  en  contra  de  Luis  Beltrán  Gutiérrez  de  Alba,  con  el  fin  de  investigar su  posible  participación  en  los delitos de Concierto para delinquir en concurso  con  uso  fraudulento  de  sello  oficial,  falsedad  material  de particular en  documento  público  agravada por el uso, destrucción, supresión o ocultación  de documentos, estafa agravada por la cuantía y fraude procesal.   

          Luego  de  haber  sido  escuchado  en diligencia de indagatoria y de  haberle  sido  impuesta  medida  de  aseguramiento,  el  sindicado  Gutiérrez  de  Alba  le  manifestó  a la  fiscalía   su  voluntad  de  aceptar  cargos,  dando  origen  a  la  diligencia  correspondiente  que  llevó  a  cabo  el  día  11 de mayo de 2001 la fiscalía  séptima  seccional  especializada  de la Unidad anticorrupción de la Fiscalía  General de la Nación.   

         

El Juzgado 37 penal del circuito de Bogotá,  mediante  sentencia  del  20  de  noviembre  de 2001, condenó anticipadamente a  Gutiérrez  de Alba a la pena  principal  de  90 meses de prisión, multa en cuantía de 66.6 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  a  las  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  funciones  públicas  por el mismo lapso de la pena principal, la  suspensión  de  la  profesión  de  abogado  por  5  años,  y  al  pago de los  perjuicios  ocasionados  por  el delito en cuantía de 71.343.287.07 pesos, como  autor  responsable  de  los  delitos  de  Concierto  para  delinquir en concurso  heterogéneo  con  los  de  falsificación  o  uso fraudulento de sello oficial,  falsedad  material de particular en documento público, destrucción, supresión  u  ocultamiento  de documento público, estafa agravada por la cuantía y fraude  procesal.   

El tribunal Superior de Bogotá, mediante la  suya  del  24  de mayo de 2002, al resolver el recurso de apelación interpuesto  por  el defensor del procesado, confirmó la sentencia, pero modificando la pena  principal,  en  el  sentido  de  imponerle  al procesado la pena principal de 80  meses de prisión   

  DEMANDA     DE  CASACION   

Con  apoyo en la causal tercera, se formulan  dos  cargos  contra  la  sentencia,  anunciando  que  el primero se propone como  principal y el segundo como subsidiario.   

Primer        cargo.   

Haberse  dictado  la sentencia en un proceso  viciado de nulidad.   

A  juicio  del  demandante,  la sentencia en  contra  de Luis Beltrán Gutiérrez de Alba   fue   dictada   por   un   juez   que   carecía  de  competencia  territorial.   

En  efecto,  aduce  que investigadores de la  unidad  de delitos contra la administración pública, consignaron en el informe  número  1945  del  20  de  agosto  de  1998,  que  en los juzgados laborales de  Barranquilla   se   adelantaron  irregularmente  varios  procesos  ordinarios  y  ejecutivos  en contra de Foncolpuertos, propiciando que se pagaran por parte del  fondo  de  pasivos de esta entidad, ilegal y doblemente, cuantiosas prestaciones  sociales a los ex empleados de esa institución oficial.   

Se  estableció,  además, que en el juzgado  cuarto   laboral  de  Barranquilla  se  cambiaron  los  nombres  de  las  partes  intervinientes  en el proceso 12962 y que el folio 97, en donde se consignaba el  historial  del proceso, fue adulterado. En consecuencia, el primer delito que se  cometió  fue  el  de  falsedad  material  de documento público, que sirvió de  fundamento  para  inducir  en  error  a  los funcionarios de Foncolpuertos en la  ciudad de Bogotá, sede principal de Foncolpuertos.   

Como  se  comprende, no por la naturaleza de  los  delitos, sino por el factor territorial, el competente es el juez penal del  circuito  de Barranquilla y no el de Bogotá, que fue quien dictó finalmente la  sentencia de primera instancia.   

De  este  modo,  ni  aún  considerando  los  criterios  de  competencia  a  prevención, el competente podía ser el Juez del  circuito  de  Bogotá,  sino  el  de Barranquilla, lugar en donde se cometió la  mayoría de los comportamientos delictivos.   

Segundo      cargo      (subsidiario).   

Violación del debido proceso  

Se  pretende  con  éste  cargo que la Corte  anule  la  totalidad  del  proceso,  pues  –  argumenta  el  censor  -, tanto la  diligencia  de indagatoria como la audiencia especial, contienen vicios que solo  se   pueden   remediar   acudiendo   a   la   declaratoria   de  nulidad  de  lo  actuado.   

En   ese  orden,  indica  que  las  Cortes  Constitucional  y  Suprema  se  han  encargado  de destacar que la validez de la  sentencia  anticipada  y la audiencia especial están supeditadas al respecto de  las  garantías  judiciales, por lo que si ello no ocurre pueden anularse, salvo  que,  de una parte, los sujetos procesales no hayan contribuido a la producción  de  las  irregularidades,  y de otra, a que no se trate de una manifestación de  deslealtad   que   implique   una  forma  de  retractación  de  la  actuación.   

Acá, como se comprende, se trata de destacar  que  se  desconocieron garantías fundamentales, y entre otras la de presunción  de  inocencia, como sucedió al no haberle puesto de presente al procesado en su  diligencia  de  indagatoria  todas y cada una de las resoluciones de pago, actas  de  conciliación  y  procesos  que  hacen parte de la investigación, pese a lo  cual  se  lo  condenó  a  pagar  una  suma  de  71.349.4343.287  pesos, sin que  estuviera demostrada la defraudación en semejante cantidad.   

De  igual  modo,  la audiencia especial, tal  como  fue  estructurada, no puede equipararse a una resolución acusatoria, pues  carece  de  motivación  respecto  de  los  hechos  imputados  y  lo  reconocido  efectivamente en la injurada.   

En     conclusión,     “en  la medida que el acta tiene el mismo valor de la resolución  acusatoria,  es  obligación  del  juez  respetar  el  principio  de congruencia  dictando  la sentencia en armonía con lo acordado en ella. Es el fallador quien  debe  ejercer  el  control  de calidad –  sic  –, con  el  fin  de verificar si en las actuaciones procesales se han violado garantías  fundamentales del procesado.”   

Por  lo  tanto,  como  la audiencia especial  carece  de  la  suficiente  motivación,  se  impone la nulidad del proceso y la  restauración   de   las   garantías   quebrantadas   (artículos   29   de  la  Constitución,   40,   306  numerales  1  y  2,  del  código  de  procedimiento  penal).   

  CONCEPTO  DEL  PROCURADOR  DELEGADO   

          Tratándose  de  múltiples irregularidades vinculadas con el debido  proceso  o  el  derecho de defensa, no cabe predicar la subsidiariedad de ellas,  de  manera  que  su  proposición  debe  hacerse  respetando  la  mayor  o menor  cobertura  del vicio denunciado y sus implicaciones, de modo que en ese contexto  el  demandante  ha  debido  proponer  como  primera  opción  el llamado segundo  cargo.   

          Después  de esa advertencia, se indica en el concepto que esa falta  de  técnica  no  enerva  el estudio de las censuras, las cuales en todo caso no  están llamadas a prosperar.   

          Con  respecto  al segundo cargo, el Ministerio Público aduce que el  error  del  letrado  consiste  en  sostener  que la audiencia de formulación de  cargos  celebrada  el  11  de mayo de 2001, corresponde a un modelo de audiencia  especial  (la  ley  81 de 1993), cuando lo que el expediente demuestra es que en  el  acta  se  dejó  constancia  que  no  se  trataba de acuerdos, o de discutir  la   preclusión de comportamientos menores por duda probatoria,  sino  de una diligencia para propiciar  la sentencia anticipada.   

          Por  eso,  se  dio lectura a la resolución de acusación en la cual  se  precisó  el monto de la defraudación con su soporte probatorio, sin que el  procesado  dijera  algo  sobre su monto, ni sobre otros aspectos. Como se ve, se  trató  de  una  diligencia  en la cual el sindicado aceptó simple y llanamente  los cargos que le fueron imputados.   

          En  todo  caso,  sea  que  se  trate  de  una  u  otra  modalidad de  terminación  abreviada  del  proceso, la decisión que declara la existencia de  la  conducta  y  la  responsabilidad  teniendo  como  base  la  aquiescencia del  sindicado,  no  puede  controvertirse  por  éste, pues principios como el de la  buena  fe  procesal  le  impiden  retractarse,  limitándose la impugnación con  respecto  a  la  pena  (incluidos  los mecanismos sustitutivos),la extinción de  dominio  sobre  los  bienes,  la  vulneración  de  los  derechos  y  garantías  procesales, y la cuantía de los perjuicios.   

          Además  de  que  el demandante no desarrolla la nulidad que invoca,  sino  que  la enuncia simplemente, sin demostrar su trascendencia, materialmente  tampoco  le  asiste la razón. En efecto, nótese que en los procesos acumulados  se  le  imputaron  las conductas por las cuales fue condenado teniendo en cuenta  el  considerable  monto  de lo apropiado, y de igual manera y puntualmente se le  hizo   saber   los   cargos,   ante   cuya   evidencia   respondió:   “acepto  irrestrictamente  estar  incurso  en  los  delitos  por  los  que se me sindican  –   sic   –   en   este   proceso,   sobre   la  participación  quiero  decir  que  en  algunos  de éstos delitos participé en  forma  directamente  – sic  –    y    en    otros  indirectamente,  siendo  consciente de que estoy efectuando una confesión libre  y   espontánea   de   los   hechos   investigados   y   participación  en  los  mismos.”   

          A  ello,  agréguese  que  el  haberse  desempeñado  el funcionario  condenado  como  un  eficiente  empleado  por  largos  años de la jurisdicción  laboral,   le   permitió   ser  pieza  clave  en  la  defraudación  y  conocer  efectivamente  que  como  consecuencia  de  los  distintos mandamientos de pago,  logró  defraudar  al  estado  en  la  cuantía  por  la  cual efectivamente fue  condenado  y  que se cuantificó en las decisiones en las cuales se resolvió su  situación jurídica.   

          El cargo, entonces, no está llamado a prosperar.   

          El  primer  cargo  menos.  En efecto, de acuerdo con el artículo 79  del  decreto 2700 de 1991, vigente para la época de los hechos, las unidades de  fiscalía  tienen  competencia en todo el territorio nacional, de modo que no se  vulneró   la  competencia  para  el  juzgamiento,  máxime  si  fue  la  unidad  especializada  de  delitos  contra  la  administración  pública  con  sede  en  Bogotá,  donde  se  pusieron  de  manifiesto  las irregularidades en el pago de  indemnizaciones  a  las  cuales  no  había lugar, con base en la documentación  procedente desde los juzgados de Barranquilla.   

          Menos  tratándose  de  hechos  conexos descubiertos en esta ciudad,  pues  si se observa el artículo 80 del citado estatuto, se observará que éste  permite  que  la  competencia  la  asuma  el  Juez del lugar en donde primero se  formula la denuncia o donde se inició el proceso.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  demanda no está llamada a prosperar, tal y como se indicará en  los  apartes  siguientes,  en  los  que parcialmente se comparte el concepto del  Ministerio Público.   

          Primero:  Cierto  que,  como lo señala el  Ministerio  Público,  no  existe relación de subsidiariedad entre los diversos  cargos  que  se  formulan con apoyo en la causal tercera de casación, de manera  que  la  prioridad  para  su  estudio surge de la mayor o menor cobertura de los  vicios  y  de sus implicaciones en la actuación judicial. Por lo tanto, dada la  mayor  repercusión  del  segundo  cargo,  la  Sala asumirá el estudio en orden  inverso al propuesto por el demandante.   

Segundo:  “El  legislador  –  como lo ha  dicho  la  Corte  –  , en  ejercicio     de    su    poder    de    configuración    puede    ‘regular  el  procedimiento mediante el  cual   se  verifica,  determina  y  realiza  la  pretensión  penal,’    1    cuidando    siempre    de  privilegiar  la  protección  de las garantías de la persona sometida a proceso  penal  y  las de los sujetos que en él intervienen, sin lo cual la búsqueda de  la  verdad  y  la  aplicación  del  derecho sustancial no tendrían el grado de  racionalidad  y  legitimidad que un estado democrático fundado en el respeto de  la   dignidad   del   ser   humano   impone.”   2   

Precisamente a partir de esa comprensión, en  ese  marco  teórico que permite materializar las garantías constitucionales en  el   proceso   penal,  debe  entenderse  que  la  infracción  de  los  derechos  fundamentales  de los sujetos procesales son en todo o en parte insubsanables si  no  resisten el test de proporcionalidad (el análisis  a   partir   de   la   tensión   entre   los   derechos   del  procesado  y  la  justicia), que se debe formular teniendo en cuenta los  principios  de  convalidación, trascendencia y protección (numerales 1, 3, 4 y  5 inciso 2 del artículo 310 de la ley 600 de 2000).   

En  ese  contexto,  que  puede  decirse  que  corresponde  a  una  teoría afín con un concepto material de nulidad, la Corte  estudiará los cargos formulados.   

          Tercero:  La legitimidad de las decisiones  judiciales  descansa  en  el respeto por las garantías fundamentales, entre las  cuales  se incluye el debido proceso, entendido como un método para aproximarse  a la verdad y aplicar la ley sustancial.   

          Aproximarse  a la verdad y aplicar la ley sustancial, en el lenguaje  del  proceso  penal,  no  es  nada  distinto  a  la  búsqueda  por  confirmar o  desvirtuar  la presunción de inocencia, a lo que se puede llegar por dos vías:  (i)  a través de un proceso  ordinario      con      todas      sus      etapas,     o      (ii)  mediante  un  proceso  abreviado  en  donde  el  sindicado acepta voluntaria y libremente su responsabilidad. En uno y  otro   caso,   pero  para  lo  que  ahora  importa,  en  éste  último  evento,  “el  juez  no puede fallar basado exclusivamente en  el  dicho  o  aceptación  de  los  hechos  por parte del procesado, sino en las  pruebas  que  ineludiblemente  lo  lleven  al  convencimiento  de  que  éste es  culpable.  La  aceptación  por parte del implicado de ser el autor o partícipe  de  los  hechos  investigados  penalmente,  aunada  a  la  existencia  de prueba  suficiente  e  idónea  que  demuestre  tal  afirmación,  permite desvirtuar la  presunción       de       inocencia.”       3   

          En  consecuencia,  si  la prueba de cargo conduce a la demostración  de     los     supuestos     básicos    del    hecho    punible    (tipicidad,      antijuridicidad     y     culpabilidad),  y  si  la  aceptación del procesado reafirma esa conclusión, es  obvio  que  la  presunción  de  inocencia  debe  ceder  para abrir espacio a la  declaración  de  responsabilidad  del  acusado, evento en el cual surge para el  sindicado  la  posibilidad  controvertir  esa  decisión,  bien  sea alegando la  vulneración   de  garantías  fundamentales  o  el  quantum  o  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena,  o  la  extinción  del derecho de dominio sobre los  bienes    (artículo   40   de   la   ley   600   de  2000).   

Ahora  bien,  cuando  se  trata de denunciar  violación  de  garantías  fundamentales,  conforme  al pensamiento de la Sala,  “no    puede  tenerse  por  satisfecho  con  la  invocación  de cualquier  causal   de   nulidad,   sino   que   la   misma  debe  encontrarse  referida  a  irregularidades  sustanciales  vinculadas  a  la  estructura  del  proceso  o al  trámite  mismo  de  la  audiencia  especial  o  de  la sentencia anticipada. Un  planteamiento  de  nulidad  al  margen  de  tales  hipótesis,  por lo tanto, es  identificable  solo  como  pretexto  de  retractación  de  un  cargo libremente  aceptado  por  el procesado o acordado con la Fiscalía, lo cual hace manifiesta  la      ausencia      de      interés.”      4    

          Pues bien:   

          De  lo  expuesto  se  advierte  que  el demandante no diferencia los  principios  de  presunción  de  inocencia  y  de congruencia entre acusación y  sentencia,  pues  mientras aquel hace referencia a la imposibilidad de construir  una  sentencia  condenatoria  sin la previa demostración de las categorías que  definen   una   conducta   punible,  éste  dice  relación  a  la  simetría  o  equivalencia  que debe existir entre los cargos formulados en la acusación o en  la diligencia de formulación de cargos y la sentencia.   

          Es mas:   

No  logra  diferenciar  los  principios  de  presunción  de  inocencia  y congruencia de la condena en perjuicios, que es el  asunto  al  cual  finalmente se remite y para lo cual, tratándose de un aspecto  meramente  económico,  ha  debido recurrir a las causales y motivos consignados  en  la  legislación  procesal civil (artículo 208 del  código   de   procedimiento   penal).   5   

          Desde  este  punto  de  vista el cargo no tiene porque estudiarse de  fondo,  pues  él  ha  debido  ser inadmitido al trámite extraordinario. Por lo  mismo,  ante  esta  evidencia  que  no  se  constató  al  cotejar  los aspectos  simplemente  formales,  se  impone la desestimación del cargo, tal y como lo ha  indicado  la  Sala  en  múltiples  oportunidades.  6   

            Pero  aun  aceptando que el cargo postulado hubiese sido formulado  correctamente,  advierte  la  Corte  que la condena en perjuicios descansa en el  concepto  de  solidaridad,  según  el cual la indemnización se puede exigir de  uno  de  los coautores, quien puede a su vez redimir el pago frente a los demás  7.  En efecto, el juzgado al respecto expresó lo siguiente:   

“De los medios de prueba reseñados en el  cuerpo  de  éste  proveído  (en  particular  de las  resoluciones  de Foncolpuertos, las actas de conciliación y los mandamientos de  pago)    se    establece   que   los   concertados  se  apropiaron de la suma de  setenta  y  un  mil  trescientos cuarenta y  tres  mil  doscientos  ochenta  y siete pesos con siete centavos  (71.349.443.287.07).  En consecuencia, el perjuicio material por daño emergente  se  fija en la suma anteriormente mencionada y el lucro cesante en la respectiva  corrección  monetaria  causada  desde el mes de abril de 1998…” (resaltado fuera de texto)   

          De  modo  que,  en  uno  y  otro  caso  no  le  asiste  la razón al  recurrente.   

          Cuarto:  El  primer cargo, relacionado con  la  falta de competencia, es mas aparente que real. En efecto, la investigación  la  inició  la  Unidad  de  fiscalía  especializada  para la investigación de  delitos  contra  la  Administración  Pública  con  sede  en Bogotá, la cual a  través  de  sus  funcionarios  estableció  que  en  los  juzgados laborales de  Barranquilla  se  habían  simulado  procesos  y  decretado mandamientos de pago  ilegítimos,  mediante  los  cuales  se perfeccionaba en la ciudad de Bogotá el  desembolso  de dineros destinados a pagar millonarias indemnizaciones no debidas  por el estado a empleados de Foncolpuertos.   

          Desde  ese  punto  de vista, nótese que el artículo 80 del decreto  2700  de  1991,  norma  vigente  para  la época de los hechos – sustancialmente  idéntica  al  artículo  83  de  la  ley 600 de 2000 -, disponía que cuando el  hecho  punible se hubiese realizado en varios sitios a la vez, conocería de él  el  funcionario  judicial  en  donde  primero se hubiese formulado la denuncia o  donde   primero   se   hubiese   proferido   la   resolución   de  apertura  de  instrucción.   

Tratándose  de  un  proceso  complejo  que  ameritó  la  intervención  directa  de  las  fiscalías  adscritas a la Unidad  especializada  de  Bogotá,  no queda duda que por ese conocimiento y porque fue  en  esta ciudad en donde se descubrió el entramado delictual, debe considerarse  a  aquella  y  no  a Barranquilla como la ciudad en donde primero se formuló la  denuncia.   

En  efecto, los delitos de fraude procesal y  falsedad   se   ejecutaron   principalmente   en  Bogotá,  aun  cuando  fue  en  Barranquilla  en  donde  se delineó el plan para defraudar al Estado, siendo en  todo caso descubiertas las conductas en principio en esta sede.   

Pero   además  de  ello  no  advierte  el  demandante,  y  la  Corte  tampoco  encuentra  ninguna razón trascendental para  anular  el  fallo  por causa de la competencia, pues no se afectó el derecho de  defensa  y  el  acto  cumplió  con  la finalidad para la cual estaba destinado:  juzgar  en  forma  imparcial y con la plenitud de las formas al sindicado, si es  que  alguna  tacha contra el procedimiento hubiese, aun cuando ciertamente no la  hay.  (numeral  1  del  artículo 310 de la ley 600 de  2000).   

El    cargo,    por    lo    tanto,   no  prospera.   

  Decisión   

Por  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  ADMINISTRANDO  JUSTICIA  EN  NOMBRE DE LA  REPUBLICA DE COLOMBIA Y POR AUTORIDAD DE LA LEY,   

RESUELVE   

          No  casar la sentencia de segunda instancia  de fecha y origen indicados   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO  O  PEREZ  PINZON                

MARINA        PULIDO        DE  BARON                  JORGE              QUINTERO  MILANES              

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Maier,  Julio  B.  Derecho  procesal  penal.  Tomo I. Fundamentos, Editorial Del  Puerto, Buenos Aires, 2002.     

2  Corte Suprema de Justicia, radicado 20763, mayo 11 de  2005.   

3 Corte  Constitucional, sentencia C 425 de 1996.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  casación  penal, sentencia del 29 de junio de  2005, radicado 18401    

5 Cfr,  providencias  del 15 de mayo de 2003, radicado 14582, y 10 de noviembre de 2004,  radicado 21726.   

6 Cfr,  entre  otros  pronunciamientos,  providencias  del  18  febrero   de  2004. Radicado 18378, 9 de febrero  de 2005, radicado 21424.   

7 Cfr.,  artículo  2344  del  código  civil, según el cual: “Si un delito o culpa ha  sido  cometido  por  dos  o mas personas, cada una de ellas será solidariamente  responsable    de    todo    perjuicio    procedente    del   mismo   delito   o  culpa…”     

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