20535(11-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20535  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 32  

          Bogotá,   D.   C.,   once   (11)   de   marzo   del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante sentencia del 20 de noviembre de  2001,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Cali  declaró  al señor  Norbey   Monsalve   Virama  penalmente  responsable,  como  autor,  del  concurso  de  delitos  de homicidio  agravado,  porte  ilegal  de  armas  de  defensa  personal  y  violación carnal  agravada.   A   Alexánder  Montoya  Pizo  y Ricardo Arturo Aguilar Ruiz  los  absolvió  del  cargo  de  homicidio  y les dedujo autoría y  complicidad,  respectivamente,  en relación con los dos últimos delitos. En su  orden,  les  impuso  las  sanciones  principales  de  425,  143  y  89  meses de  prisión.   

          El  fallo  fue apelado por el Fiscal Delegado y, en decisión del 27  de  septiembre  de  2002, el Tribunal Superior de Cali, respecto de Montoya  Pizo,  revocó la absolución por  el  cargo  de  homicidio agravado. En su lugar, lo condenó por esa conducta, en  concurso  con  las  otras  dos  y  le  fijó como penas principales 425 meses de  prisión  y  el decomiso del arma, y la accesoria de interdicción de derechos y  funciones públicas por 10 años.   

          El    defensor    del    señor   Montoya  Pizo acudió a la casación, que se concedió. La Sala  se   pronuncia   sobre   los   presupuestos   formales   de   la   sustentación  presentada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Aproximadamente  a  las  7:15 de la mañana del 29 de enero de 2000,  la  niña  Juliana  Murillo Jaramillo, de 15 años de edad, salió de su casa de  la  calle  1ª  Oeste,  número 52-330 de Cali. A eso de las 7:30, desconocidos,  luego  de  violara,  le  causaron  la  muerte con dos disparos de arma de fuego,  dejando  su  cuerpo  abandonado  en  la  vía  que conduce a la vereda La Fonda,  corregimiento  de  Villa Carmelo. Trabajadores de una obra cercana vieron cuando  la  menor  fue arrojada desde un vehículo, a partir de lo cual se identificó a  Alexánder   Montoya  Pizo,  Norbey  Monsalve  Virama  y  Ricardo  Arturo Aguilar Ruiz,  como partícipes en el hecho.   

          Adelantada  la correspondiente investigación, el 31 de mayo de 2000  se  acusó  a  los  sindicados como autores del concurso de delitos de homicidio  agravado,  acceso  carnal violento agravado y porte de armas de uso personal. La  resolución  fue apelada y confirmada por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior, el 25 de agosto del mismo año.   

          Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias, se  acudió a la casación.   

LA DEMANDA  

          El  apoderado  formuló  un  cargo,  soportado  en  la  causal   primera,   cuerpo   segundo.  El  Tribunal  incurrió  en  error  de  hecho,   a  través  de  un  falso  juicio  de  identidad.  El problema planteado apunta a ”resolver  la  contradicción  resultante entre el alcance probatorio dado a la versión de  Ricardo  Arturo  Aguilar  Ruiz  y  Jackson  Emir  Vargas Garzón, en el fallo de  segunda  instancia,  con relación a deducir el delito de homicidio” en cabeza  de su acudido.   

          Transcribe  apartes de la versión de Aguilar Ruiz, para afirmar que  “no  se puede concluir que Montoya Pizo acompañó a Monsalve Virama cuando se  alejó  con la menor del vehículo y luego la asesinó”, ni que “se alejaron  del  vehículo  y  asesinaron a Murillo Jaramillo”. Agrega que el Ad quem, sin  precisar  la  inferencia  lógica,  concluyó  que  el acusado “lo aceptó (el  homicidio), se alió o coludió con Norbey Monsalve”.   

          Respecto  de  la  de  Vargas  Garzón,  anota  que la sentencia, sin  ningún  análisis  y  producto de una mala lectura, concluyó que corroboró al  anterior.  Con  transcripciones  del  relato, realiza un estudio del elemento de  juicio  e  infiere  que  el  señor Vargas no fue testigo presencial y que quien  disparó  fue  Norbey  Monsalve,  quien actuó solo. Así, surge una duda enorme  respecto de si el acusado compartió o no el propósito homicida.   

          Se  infringieron  los  artículos  6,  29  y  83 de la Constitución  Nacional;  3,  6,  7,  232,  233,  234,  237,  238,  276  y  277  del Código de  Procedimiento  Penal;  y  103 y 104 del Penal. Solicita se case el fallo y,  en su lugar, se revoque la condena por homicidio.   

CONSIDERACIONES  

          1.  El  artículo 213 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000)  dice  que  “Si  el demandante carece de interés o la demanda no reúne  los  requisitos  se  inadmitirá  y  se  devolverá el expediente al despacho de  origen”.   

          La  Sala  resolverá  en  esos  términos,  por cuanto el escrito no  cumplió  con  la  exigencia  técnica  del  artículo  212-3,  esto  es,  la de  presentar  “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

          2.  El  censor  acudió  al  apartado  segundo de la causal primera,  acusando  al  Tribunal  de  cometer un falso juicio de  identidad.  Pero se quedó en el enunciado, pues en el  desarrollo  que  intentó,  no  demostró,  como  le  correspondía, que los dos  testimonios   que  señaló  hubieran  sido  distorsionados,  falseados  en  sus  expresiones fácticas, haciéndoles decir lo que no decían.   

          3.  El demandante no cumplió ese cometido. Se dedicó a transcribir  los  argumentos  de  la sentencia censurada, a los cuales opuso su personal modo  de  estimación  probatoria  y  concluyó en la equivocación de las inferencias  judiciales.  Así,  es  claro que el reproche no apuntó a la tergiversación de  lo  realmente  dicho  por  los  testigos,  sino  a  que  consideró  erradas las  conclusiones   a   las  que  llegó  el  juzgador  partiendo  de  lo  dicho  por  ellos.   

          Esos  cuestionamientos  han  debido  ser presentados, no como errado  juicio    de    identidad,    sino    como    falso  raciocinio. No lo hizo así el censor. Pero aún en el  supuesto  de  que  hubiera acertado en la vía, la propuesta igualmente estaría  llamada  a  la  desestimación,  puesto  que  tampoco  cumplió  con la carga de  señalar  que  en el proceso de apreciación de los elementos de convicción, el  juez  colegiado  vulneró  los postulados de la sana crítica, lo cual, además,  comportaba  que  precisara cuáles reglas lógicas, máximas de la experiencia o  aportes  científicos –como  componentes  de  la sana crítica- fueron desconocidos y, a la vez, los que eran  de recibo.   

          4.  A  pesar  de  anunciar  que  el  error de identidad se presentó  respecto  de los testimonios de Arturo Aguilar y Emir Vargas, en algunos apartes  el  demandante  censuró  el  “hecho indicador” del que partió el fallo, lo  que hizo “sin precisar la inferencia lógica”.   

          La  contradicción  es  evidente,  además  de que tratándose de la  construcción  indiciaria,  la  técnica  en el recurso extraordinario exige del  actor  que  concrete  si  su  queja  radica en la prueba del hecho indicador, la  inferencia  lógica o el grado de persuasión que le concedió el juez, ocurrido  lo  cual,  en cuanto al primero, debe probar si se incurrió en errores de hecho  (en  sus modalidades de falso juicio de existencia, identidad o raciocinio) o de  derecho  por  falso  juicio de legalidad, en tanto que si se acusa la deducción  lógica  le  compete  acreditar  que  en la aplicación de las reglas de la sana  crítica  se  cayó  en un yerro de hecho por equivocado raciocinio; finalmente,  si  el  ataque  se  dirige  al  grado  de convicción conferido al indicio, ello  implica  aceptación  de  la  prueba  del  hecho  indicador  y  del  proceso  de  inferencia. Con nada de esto cumplió la demanda.   

          5.  El  casacionista  se  dedicó  a  elaborar  un  estudio de libre  factura.  A partir de los argumentos del fallo censurado, realizó un personal y  subjetivo  análisis  de  los  elementos  de  juicio,  con  el  anhelo de que se  privilegie el suyo.   

          La  Sala,  de  manera  reiterada,  ha insistido en que ese mecanismo  podría  ser  de  buen  recibo  en  las  dos instancias que conforman el proceso  penal,  pero  no  en  sede  de  casación,  pues  ésta  no se constituye en una  adicional  a  la  cual  se  pueda  llegar  con  el  anhelo de reabrir debates ya  superados.  Su  carácter  excepcional  y  rogado  exige que quien acuda a ella,  demuestre  la  ilegalidad  de  la  sentencia  de  segunda  instancia, que arriba  precedida  de  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad. Ésta sólo se  desvirtúa  a  través de la demostración de errores precisos, lo que no logran  las genéricas disquisiciones del defensor.   

          6.  La  redacción  de  la  demanda muestra tal desatención por las  formas  regladas  en  la  ley,  que  se llegó al extremo de que en el Capítulo  “IV.  ACTUACIÓN  PROCESAL”,  lo único que se anotó fue una instrucción a  un   tercero   de   “Copiar   un   resumen   (de)   esta   por   que   no   la  tengo”.   

          7.  Las  normas  que el señor defensor cita como violadas niegan el  cargo  propuesto:  infracción  a  la  ley  sustantiva, que aspira a un fallo de  sustitución.   

          7.1.  En  ninguna  parte  del  escrito se indica ni demuestra que el  juzgador  se  extralimitara  en  el  ejercicio  de  sus  funciones, esto es, que  infringiera  el  artículo  6°  de  la  Carta  Política. Además, ese proceder  judicial  daría  lugar  a  la  causal  tercera de nulidad, por faltas al debido  proceso o al derecho a la defensa.   

          7.2.  El  demandante  no  indicó  ni  demostró  en  qué  forma la  sentencia  del  Tribunal  desconoció  los  postulados  superiores  que  ordenan  presumir  la  buena  fe y el sometimiento a la ley. Tampoco lo hizo en relación  con  el  principio  rector  del  procedimiento  que  protege la libertad; por el  contrario,  la  existencia de medida de aseguramiento, resolución de acusación  y  sentencia  de  condena,  ponen  de  presente  que la misma se restringió con  sujeción estricta a lo que manda el legislador.   

          7.3.   Invocó   como   lesionado   el  principio  de  la  legalidad  preexistente,  pero no dijo en qué consistió la afectación. La indicación de  los  delitos  por  los  que  se condenó y de los jueces que fallaron el asunto,  evidencian  el  respeto  a  ese mandato, porque unos y otros fueron establecidos  con antelación a la ocurrencia del hecho.   

          7.4.  Ningún  argumento  de  la demanda verifica la forma en que se  infringió  el  artículo  233  procesal  que  señala  los medios de prueba. Lo  propio  sucede  con  el  234  que  ordena  al  funcionario  ser  imparcial en la  búsqueda  de la prueba, pues no se citan los elementos de juicio que se dejaron  de  practicar  y  su  incidencia  en  la  situación  del procesado. Además, la  vulneración  a  este  enunciado,  que  incide  directamente  en el derecho a la  defensa,    se    impone    invocarla   por   vía   del   motivo   tercero   de  casación.   

          7.5.  Sin sentido se muestra el reproche atinente a que se violó la  norma  que  regula  la libertad probatoria, en el entendido de que los elementos  de   la   conducta   punible   “podrán   demostrarse   con   cualquier  medio  probatorio”.  De  la  reseña  del  escrito surge precisamente que el fallador  acató esa orden.   

          7.6.  El  recurrente  no  demostró  que  en  la  recepción  de los  testimonios  se faltara a las formas del artículo 276 procesal. Por otra parte,  esta  censura  no  se  podía  invocar  como  error de hecho por falso juicio de  identidad, sino como uno de derecho por falso juicio de legalidad.   

          En  consecuencia,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   

RESUELVE  

         

          Inadmitir la demanda de casación presentada.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

          Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL   HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                JORGE    ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA  TRUJILLO           ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  Secretaria   

    

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